Esas partículas elementales

Hace poco más de un año que me recomendaste leer a Houellebecq. Para qué voy a mentirte… Fui a pedirlo a la librería y todavía estoy esperando. Me han hablado de él gente que lo ha leído y, claro, cada vez que nombran a Júlebec te me vienes a la cabeza. Ayer hizo un año desde que te despedimos. Según dicen, los humanos acumulamos recuerdos para sentirnos menos solos en el momento de la muerte. Hace un año que se nos fue tu sonrisa. Al poco de irte cerró tu tele con Loma, Álvaro, Rico, Luis… Pero tranquila, cada uno está en lo suyo.

Esto lo empecé a escribir hace semanas, cuando no conocía a tu hermano más allá de las redes sociales pero, ¡ay!, las cosas del destino, este fin de semana me lo crucé por los pasillos de ESIC y no pude resistirme a saludarle. No iba en bici… Después de la que lio con la historia del robo de su bici me lo imaginaba siempre pedaleando, pero qué va.

¿Sabes cuál es el problema? Que aunque sigas estando por aquí ya no te vemos. Pasar por la calle Strachan ya no tiene la gracia de pensar que puedas estar ahí, fumando. Cuánto habría disfrutado en los meses en los que estuve en la tele si hubiéramos coincidido en las ruedas de prensa. He conseguido imaginar que iba a doblar la esquina e ibas a estar tú para empezar a hablar de esos políticos a los que, extrañamente, admirábamos. Pero se quedaba solo en imaginaciones mías.

Es difícil olvidarse del día en el que Mora y yo fuimos a tu programa de Feria y repartimos estopa como si nadie nos estuviera mirando, y tú ahí, provocándonos y diciendo que volviéramos. Y Migue, que por fin ha conseguido el DVD que te pidió.

Pues eso, que aunque te hayas ido, aunque te fueras hace un año y un día, por aquí te seguimos recordando mucho… No sabes cuánto, Olga.

Reivindicaciones

La fiesta de la crítica ha cobrado este año, y en estas semifinales del concurso de canto, un sentido muy especial. Los carnavaleros han decidido unir sus fuerzas para protestar por lo que entienden que es una falta de respeto hacia este colectivo malaguita. Los gerifaltes de la radio televisión autonómica han decidido que las semifinales del Carnaval de Málaga no merecen ser retransmitidas por un medio público, que hasta hace un año venía cumpliendo con esa vocación de servicio público y emitía todo lo que pasaba en el Teatro Cervantes.

Este año no hay semifinales en la pública andaluza porque, según sabe Dios qué criterios, alguien ha decidido que Pepelu Ramos, Paco Rodríguez o David Delfín no tienen porqué estar a pie de tablas para llevar a los malagueños una de sus fiestas. Han decidido que los ángeles además de no tener sexo no tengan voz, o que no podamos dejarnos seducir por las historias de personajes propios de nuestra ciudad. Decisiones que se toman mientras que hay gente que trata de llevar lo más alto posible una fiesta en auge. ¿Que no? Solo hay que ver cómo estaba el domingo el Potaje perchelero, cómo la gente estaba con los grupos, disfrutando de su fiesta.

Porque el Carnaval no es la fiesta de una Fundación, ya se encargan en ella de que el Carnaval sea de todos los malagueños aunque haya quien quiera dar la espalda. Qué le vamos a hacer. Habrá que estar al pie del cañón para no perder puntada del #CoacMLG.

Carnavalero y cofrade

Seguramente en los años en los que la gente no era libre y el Carnaval estaba prohibido, el simple hecho de invocar a las fiestas del invierno supusiera una blasfemia digna de retirada del saludo. Qué cosas. Hay cofrades que siguen sosteniendo esa gilipollez de que el Carnaval es cosa de paganos, de rojos, invertidos y prostitutas… Gilipollez, insisto, guerracivilista y cutre, al estilo de las beatonas de velo. Lo triste es que esos cofrades existen. Pero a Dios gracias son pocos.

En el bando –qué fea suena esa palabra…- de enfrente hay carnavaleros que piensan que eso de la Semana Santa es de fachas, de bigote, puro y sombrero. Como Amador, ese del que hablaba Antonio Banderas en su pregón.

Cuánto ciego. Poniéndome en comparsista, seguro que don Carnal y doña Cuaresma, esos iconos añejos y casposos, se han encontrado más de una vez en un callejón y el canalla acabó de fiesta y a saber que más con la puritana. Está claro. Los tiempos han cambiado y muchos cofrades son los que vertebran esta fiesta. No me valen generalizaciones vagas de culturetas de mentira ni me sirve que metan en un mismo saco a todo un gremio a cambio de un aplauso.

Si a más de uno le dieran a elegir una u otra fiesta, la decisión sería difícil y, al fin y al cabo, solo perdería Málaga, esa mujer a la que por Carnavales todos queremos y cantamos más que nunca. Y es que, con la que está cayendo, mi niña siempre estás sonriendo.

Los muertos de Rajoy

Como es lógico y normal, la persona que más afectuosos recuerdos recibe de los letristas es el presidente del Gobierno. Estos años, Mariano, te toca a ti. Incluso hay quien ha invocado a todos los muertos de Rajoy. Un murga de Torrox con una pitonisa de aire legionario quiso que el presidente se apareciera entre zombies y banqueros. Una maravilla, presidente. Pásate cuando quieras, que más de uno con tanto recorte te llama Mariano Rajón. Humor andaluz, presidente.

Los políticos son siempre centro de las críticas de los carnavaleros. El alcalde, Francisco de la Torre, tiende a ser el culpable de todos los males, incluso los que no son competencia suya. Es normal, Paco, si te tenemos más cerca te toca cuidar de nosotros. El metro sigue siendo uno de esos temas infalibles para la crítica. Aunque el alcalde este año tiene hasta un estribillo muy gráfico en el que la murga “El verano es mío”, de Kike, imita a De la Torre en su ‘actividad diaria’ –toques de campana incluidos- pero no todo es positivo. Hasta el tocamiento de entrepierna, dicen, le sale perfecto al alcalde.

Yo no sé qué pasaría si no tuviéramos estos políticos de murga que nos joden la vida y nos alegran las fiestas. El Carnaval sería un coñazo supino, porque los repertorios de algunos girarían aún más alrededor de figuras de altos intelectuales como Paquirrín o Falete y eso… eso no es bueno, amigos. Mañana os cuento.

Asuntos internos

El núcleo duro de este nuestro Carnaval en el teatro se compone de agrupaciones que llevan saliendo habitualmente durante la última década. De los primeros años del milenio hasta hoy, entre los grupos han ido asentándose filias y fobias centradas en la rivalidad sobre el escenario y fuera de él. Las redes sociales y la supuesta popularidad de los miembros de murgas y comparsas–tener tres mil seguidores en Twitter no significa absolutamente nada- han ido haciendo que esa rivalidad se haya enquistado a lo largo de todo el año dentro de esos grupos -a los que ya me he referido como legiones- del emperador carnavalesco de turno.

Y hablo por mí cuando digo que el Carnaval tiene que ser la fiesta de la crítica en la que, por supuesto, está permitido y es necesario hacer autocrítica, sino aviados vamos y no se avanzaría. Sin embargo, me sorprende cómo en los concursos –no solo en Málaga- está muy presente en el teatro contar en las coplas el día a día de esas relaciones carnavalescas. A los parias como yo, que van a escuchar letras originales y con enjundia, les chirría que el que está en las tablas le quiera hacer tomar parte de unos asuntos internos que ni les van ni les vienen; o que basen su repertorio en decir cosas a medias para que solo se entere la legión. Total, que los asuntos internos son aspectos que está bien que se conozcan, pero no deben mediatizar todo un concurso de canto. Al final, acaba viéndose como una fiesta cerrada, y nada más lejos de la realidad.

Hace falta un manguerazo

Ese anuncio de televisión en el que Imanol Arias lo repite todo dos veces es insufrible. Insufrible. Tanto como el grasiento y pesado debate sobre nuestra casta política. Política. Ahora que ya sabemos que todos son malos, malos, lo que toca no es regocijarse en eso, sino regenerar. Regenerar la raíz para que elimine los frutos nocivos por políticos formados, no por ello necesariamente tecnócratas.

Las juventudes políticas de hoy tienen malas compañías. Compañías que hacen que solo piensen en escalar a base de jugarretas por la espalda, loas a los jefes y adalides del pensamiento único que fomentan los codazos. Codazos como todo mérito dentro de los partidos para acabar siendo asistentes personales de los líderes. Líderes que necesitan quien les lleve el bolso y quien le lama el trasero cada mañana por primavera camino de los mítines. Mítines en los que los mayores se toman la libertad de maldecir instituciones que ellos mismos han convertido en lo que critican y aprovechan para aleccionar a sus cachorros, víctimas de un proceso de coma profundo en su capacidad crítica. Crítica que no existe dentro de los partidos puesto que los gerifaltes se han encargado de que las voces discordantes se alejen, todo aquel que pueda hacerles sombra debe estar fuera. Fuera de unos partidos en los que ha vencido la mediocridad desde la base hasta la cima, en los que no existe una voz que proponga por miedo a ser aplastado.

Y a todo esto aparecen los sobres sobre la mesa: hasta el más tonto cobraba, pero nadie sabía nada. Ay. Los cachorros en lugar de callar y tragar empiezan a sacar trapos sucios del enemigo. Mierda sobre mierda. Hace falta un buen manguerazo  que limpie de basura partidos e instituciones y crezca el verde entre el estiércol. Y hace falta ya. Hace falta ya…

Al primer toque

En los albores del concurso de coplas en el Teatro Alameda pasa lo que es casi una tradición. Los de toda la vida están, esos nos fallan nunca, pero el resto de butacas se ocupan dependiendo de lo que toque en ese momento en el escenario. Es lógico, ¿no? Cada murga y cada comparsa tiene a sus incondicionales y la legión tiene que apoyar a sus emperadores, ese ardor guerrero se superpone en buena parte de las ocasiones a las voces de los participantes en el concurso de canto. Más de un comparsista se ha quedado a un paso de subir a las tablas, pero ha demostrado desde su butaca su potencia pulmonar. Oooooole.

Cuando los grupos participantes vienen de allende las Pedrizas el escenario se convierte en otra historia. Ni mejor ni peor, distinta. Los quéguapoestácuñao se convierten en silencios y aplausos al estilo operístico que vienen a agradecerse entre la también necesaria algarabía localista. Las preliminares dejan patente lo importante de la existencia de una base sobre la que edificar esta iglesia carnavalesca.

Para que el Alameda no tenga una sola butaca vacía, hay que recordar que existe una iniciativa de Malakatown.es que ha hecho suya la Fundación del Carnaval y que consiste en la rotación de entradas a través del hashtag tuitero #mesobraunaentrada para que los que se marchen del teatro cedan su sitio a algún carnavalero callejero que esté solo, fané, descangallado y sin entrada. Después del calentamiento empezamos a entrenar. Preliminares van…