De chusma y maricones
Soy de los que creció con el mantra de que el Carnaval de Málaga era cosa de la chusma y los maricones. La chusma tomaba el centro para, disfrazados, hacer el cafre y emborracharse; los maricones aprovechaban para disfrazarse de mujeres, porque claro, todos los maricas son travestis. Esta simplificación chusca, homófoba y torticera estaba en mi cabeza anclada como un evangelio cívico. Pues mira tú por donde, el tiempo me ha dado razones para pensar que de eso no tiene nada. El Carnaval es una fiesta más para toda la ciudad, como lo fue décadas atrás.
Ya lo cantó la comparsa alhaurina La Catedral en la final del Cervantes: “No soy un flojo merdellón sin ná que hacer, ni un bicho raro analfabeto, no soy un bufón ni soy payaso”. Tanta razón en una copla. No es el Carnaval “una fiesta cualquiera que le sirva a los parados para estar de borrachera”. Es la fiesta de la calle, la de la poca vergüenza y la mucha crítica.
Este sábado tenemos la oportunidad de echarnos a la calle disfrazados a escuchar los grupos, a divertirnos porque sí, a protestar y gritar contra el gobernante con la misma razón que en una manifestación. Está claro, a día de hoy los ciudadanos somos mera comparsa para los de arriba, pero a base de darles la murga tenemos que hacernos oír. El Carnaval siempre fue la fiesta del pueblo, también en esta Málaga olvidadiza que es capaz aparcar una fiesta con historia a la que tampoco, obviamente, hay que meter con calzador.
Así que rápido, pecad, malditos. Que luego los carnavaleros soltarán el disfraz para ir a probarse la túnica. Porque en la mayoría de estas cosas somos los mismos. En la puerta del Cervantes hablaban Rafael Acejo e Ignacio A. Castillo sobre esto. Está claro, hay un sector, entre los que me incluyo, que somos otra raza: somos ‘malaguitas’.
Mucho tapeo y poco paseo
Está la cosa revuelta por Martiricos, llevo días escuchando a amigos de primos de jugadores, a sobrinos de cuñados de directivos y a los suegros del que le cambia la rueda al coche de Batman que tiene el jeque Al-Thani y no paran de hablar de lo que se viene encima en La Rosaleda. Todos esos días son los que yo llevo nervioso y meditabundo. Paseo por el centro distraído esperando que el Málaga se calme, que los periodistas no le metan más yesca para que arda. Me meto tanto en mis pensamientos que el otro día iba caminando distraído y con la caraja le pegué un rodillazo a una muchacha que estaba sentada en una terraza fumando un cigarro. Le tiré medio café hirviendo en lo alto, se quemó el pantalón, se acordó de mis antepasados… vaya, una alegría.
Ni pensar distraído puede uno por la calle. La proliferación, cual setas, de las terrazas han hecho posible que Málaga pueda ser cruzada por una ardilla de norte a sur y de este a oeste sin tocar el suelo, solo brincando de sombrilla en sombrilla. Eso sí, que la ardilla tenga cuidado, no se vaya a escaldar con los ‘champiñones’ de butano que nos dan calorcito.
El ciudadano ha perdido espacio a costa del consumidor. Es más importante en ésta nuestra ciudad que el que quiera un café esté cómodo antes que poder disfrutar de rincones como la plaza del Carbón, colonizada por un restaurante, o la de las Flores, donde es más fácil no entrar si uno no quiere darse de bruces contra una silla de anea artificial. Ejemplos hay a patadas, hay zonas de la ciudad que se han convertido en no aptas para el paseo y sobresalientes para el tapeo. Quizá la solución a la coyuntura malaguista esté en esas calles con terrazas. Quién sabe si el revulsivo que este equipo necesita no está dando ahora mismo una vuelta por el centro driblando mesas y camareros. Eso sí, espero que con humildad y valores.
SoHo: Putas y modernos
¿Me explicas de qué va todo este rollo del Soho malagueño? Mira que he intentado informarme y preguntar, pero no hay manera, cada uno cuenta una versión y no me acabo de enterar en qué consiste realmente el proyecto. Sé que hay algo de crear un distrito cultural en la zona sur de la Alameda. Entre puticlubes y sex shops es una delicia pasear con la muchachada por allí. Y donde no hay un puti hay un parking precioso. La zona, business district por el día y barrio rojo por la noche, es un perfecto paradigma para explicar grosso modo cómo es ésta nuestra ciudad: espasmódica en sus gustos.
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Cuéntame un cuento
Érase una vez en Málaga un Convento que se quedó vacío. La Administración lo dejó morir poco a poco y de repente un día apareció una feliz idea: convertirlo en el Parque de los Cuentos. La gente se lo tomó en serio, y pensó que por fin harían algo por rehabilitar un monumento que la ciudad había abandonado…”
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El clásico
El madribarsa a mi plim. En serio, denominar esos partidos como clásicos empieza a ser un choteo innecesario. Aburre ya. En todo caso podrán decir que es el pesao. Por ejemplo, señora, en lo que usted se queda embarazada y nace su retoño se han podido jugar nueve partidos. Y en todos se la juegan a vida o muerte, de eso depende el futuro de los niños de África… ¡Váyase a paseo, oiga! ¿Quieren un clásico de verdad? El bochorno del malagueño, la guantada sin mano que las administraciones se encargan de atizarnos a nosotros, pobres desgraciados, que confiamos en su capacidad para hacer de este un mundo mejor. ¡Ja! El ridículo de Málaga llega en fechas. Ya pasamos un bochorno con el aplazamiento de la inauguración del metro más de un año, o con la inauguración-clausura-inauguración del Muelle Uno.
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Estamos jodidos…
En realidad no estamos jodidos, yo diría que estamos un poco más, lo siguiente. En estas fiestas en las que todos estamos atontados con tanto dulce, no dejan de ocurrir cosas a nuestro alrededor. No sé si el Apocalipsis está tan cerca como dicen los cines que dijeron los mayas o ya llevamos tiempo viendo cabalgar a los cuatro jinetes. Parece que 2011 al menos ha tenido algo bueno, y es que será mejor que 2012. Bienvenidos, nos lo van a poner fino filipino.
Lo último es quejarse y dar los partidos por perdidos, pero hay veces que entran ganas de agachar los brazos y mandarlo todo, directamente, a tomar por culo. Casi todos los sectores están sufriendo de lo lindo las consecuencias del compañero de viaje más pesado, la crisis. Es como el que se te sienta al lado en el autobús y empieza: «Qué móvil más chulo, a verlo. Pero déjamelo. ¿Tú de dónde eres?». La diferencia es que la crisis no se calla con una mirada asesina.
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La píldora del día después
El día después de haberse dejado llevar por el placer casi siempre asalta el sentimiento de culpa y un ligero arrepentimiento. Sobre todo si, además, no se ha usado protección. Entonces se desata la locura. Habría que inventar una píldora del día después para aquellos que no son capaces de utilizar la abstinencia como mejor anticonceptivo de ardores y demás consecuencias de los excesos culinarios navideños.
Parte de la fórmula mágica de esa píldora la daba Ignacio A. Castillo esta semana en el periódico invocando a san Almax, patrón del día después. En Navidad, porque sí, se nos va la olla comiendo como si no hubiera mañana e inventando excusas y reuniones para comer por comer.
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La reina del baile
El sátrapa norcoreano se nos ha ido. ¡Qué pena, oiga! No, de verdad. Yo soy muy de cumplir la constitución, aunque sea la coreana, por eso muestro mi dolor por su pérdida. Bah. En estas fechas hay que ser bueno y apiadarse de cualquier alma, ¿no? Digo yo que Kim Jong-Il se merece el mismo respeto que aquel pobre economista afín al régimen que fue -según dicen algunos medios- ajusticiado porque su reforma no sirvió para que el dictatorzuelo con alzas pudiera minimizar la asquerosa pobreza en la que vive su pueblo, el del amado líder.
Kim, que tiene nombre de adolescente estadounidense vestida de tul para el baile en el que será proclamada reina, era el yerno que cualquier suegra querría para su hija. Claro que sí. Un tipo con poder, sin escrúpulos, con dinero, con un ejército a sus órdenes capaz de desfilar con armas sin munición sólo para asustar al vecino de abajo. Un tío serio.
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Los pobres de Alba
El escritor sevillano Alfonso Grosso cuenta en su bibliografía con excelentes retratos de la sociedad andaluza de mediados del siglo veinte. En El Capirote, Grosso retrata tabernas desiertas aún de jornaleros que cobrasen el PER para gastarlo en cerveza. La imagen de una Andalucía polarizada entre terratenientes hijosdeputa y jornaleros explotados que trabajaban hasta que el cuerpo dijera basta. Y la sempiterna presencia de la Guardia Civil como normalizadora de la situación, siempre a favor del señorito.
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Granja de compradores
Lo bueno (lo mejor) de este puente-no-puente es que hemos tenido dos días para comprobar que la gente sale al Centro de debajo de las piedras a poco que haya un rato libre. El martes, uno de los festivos en los que la Junta permite al pequeño comercio abrir en exclusiva, más de un comerciante debió tirarse de los pelos. No fueron pocos los que paseaban por Larios o Granada buscando algún regalo para ir adelantando y no pudieron más que sentarse a tomar un cafelito. Casi ninguna tienda quiso aprovechar el tirón y la que lo hizo tuvo buena venta.
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