Vino y rosas
Me da igual lo bueno o lo malo que sea un periodista. Al final lo que nos hace buenos o malos es cómo seamos como personas. Una obviedad, vale. Igual que ahora todos hablamos de su eterna sonrisa, de su infinito buen humor, de lo gran profesional que era, etc… Y todos estaremos en lo cierto porque era fácil decirle a Olga cosas como “tía, estás loca” o “eres la hostia”.
Los que realmente lo van a tener jodido, además de su familia, son los que la tenían al lado cada día y cada hora. Álvaro, con quien echaba horas el uno frente al otro preparando informativos; o Rico, con quien formaba un dúo perfecto en las ruedas de prensa y yo rezaba por encontrármelos y echar unas risas a costa de cualquier chorrada; o Loma, César, Luis…
La casualidad –o lo que sea…- hizo que ayer nada más despertarme abriera una libreta por la página en la que Olga me dejó escrita a lápiz una recomendación literaria: La posibilidad de una isla, de Houellebecq. “Esas cosas que no conoce casi nadie eran muy de Olga”, me decía Mora mientras desayunábamos recordando aquella intervención delirante que hicimos en MálagaTV en la última Feria con ella. Hacer de su marcha el tema de una elegía hernandiana es casi ineludible, pero mejor quedarse –entre la inevitable amargura- con las cinco vidas que se han salvado gracias a ella y sus órganos.
Cantaba la comparsa de Juan Carlos Aragón hace unos años eso de que “la muerte compra en el supermercado vino y rosas para merendar”… el lunes por la noche invitó a Olga y a la mañana siguiente se fueron las dos juntas quién sabe adónde. Como escribió San Agustín: “La muerte no es nada, solo he pasado a la habitación de al lado”… Pero te has ido de nuestra habitación muy pronto. Demasiado. Saluda a Manolo y dile a Marga cómo están las cosas por aquí. Yo me tomo una copa en Mitjana este viernes, esperando a que llegues.
Pasodoble a la muerte. Los comparsistas se las dan de artistas
Malos ejemplos
Al Málaga le quedan dos partidos para certificar su mejor temporada en la élite del fútbol. Todos felices. Yo el primero, pero manda huevos que, en estos tiempos en los que se nos supone más formados, para la mayoría de la población sea una banda de once tipos pateando un balón los que repartan la felicidad y la miseria. Pero el deporte al que llaman rey tiene mucha historia en todo lo que va de lo profesional a lo amateur. Sin hablar de las patadas y peleas entre equipos rivales, o de las agresiones y faltas de respeto a los árbitros, el fútbol base tiene mucha tela que cortar.
Si la educación no se cuida desde abajo, difícil es que después podamos exigir algo a los chavales cuando hayan crecido. Tanto más complicado se hace pedir a un niño que cumpla cualquier norma si ve como cada domingo su padre o los padres de sus compañeros de equipo se pasan por el forro ciertas reglas. Por ejemplo, qué simple se hace ir a un campo de fútbol de titularidad municipal y acercarse a la barra a pedir un bacardipesi o un gintonicpara hacer más llevadero el partido del sobrino, que juega en los cadetes de un equipo de Málaga Este.
El artículo 26.1c de la Ley de prevención y asistencia en materia de drogas de la Junta de Andalucía lo deja clarito: Está prohibida la venta y el consumo de bebidas alcohólicas superiores a 20 grados en las instalaciones deportivas. A cualquier padre medianamente responsable debe rechinarle ver cómo mientras sus hijos practican deporte hay gente que está de copas. No es difícil ver carteles de prohibición para comer pipas –“porque estropean el césped artificial que nos han puesto”, dicen-, pero vender alcohol no es malo –“porque ayuda a subsistir al club, todos lo hacen”, dicen también-… ¿No debería el Ayuntamiento cortar el grifo y denunciar a los arrendatarios de los bares de los campos de titularidad pública que vulneran la ley? Preguntas retóricas. Ya.
Andalucía impagable
“Quienes vais a sufrir todo esto sois vosotros, los jóvenes”, gracias señora. Me lo decía en una cafetería una señora de pelo cardado y blusa color hueso a la que por el cuello le asomaba un collar de perlas con broche dorado. Lo hacía mientras ojeaba por encima un artículo que hablaba de la recesión económica en la que ha entrado España. Joder, si entre mis colegas –expertos todos en economía, obvio– ya hablábamos de la recesión hace tiempo.
Vaya, lo que vino a hacer el Banco de España es poner unos kilómetros más por delante a la autopista de la crisis en la que llevamos quién sabe cuánto. Qué coñazo. Entre recortes, anuncios de recortes y rumores de recortes la gente está histérica, de psiquiátrico. Y todo eso sin que Griñán sea todavía presidente y empiece con sus recortes, los que prometió en campaña, como cargarse a tanto alto cargo. Y mientras los ERE de fondo.
Mientras a los ciudadanos nos recortan servicios a los que estábamos acostumbrados, los políticos se rodean de cargos de confianza que se llevan una pasta por hacer un trabajo que, quién sabe, bien podría hacer un funcionario del grupo A. Solo en la Administración regional tenemos 269 altos cargos que se levantan entre todos 22 millones de euros (sale a más de 81.000 euritos per cápita).
La Administración nos va a crujir hasta decir basta, todo eso después de habernos tenido sedados con el mamoneo del estipendio libre y la alfombra del estado del bienestar bajo la que caben cargos de confianza, gerentes de empresas públicas sin formación o directores generales de todo que no saben de nada. Con lo fácil que parece que un gobernante sea capaz de gastar solo lo que hay en la caja y lo difícil que es que lo hagan. Así, claro, las cosas se estudiarán rebién, pero no habrá un duro para poder hacerlas. Ya se sabe: Andalucía impagable.
Luz en las trincheras
A pocos días de la Pascua de Resurrección, el Grupo Municipal Socialista ha decidido devolver a la vida a un monumento olvidado. Después del intento de asesinato de El sonajero hace unos años por unos chalaos que quisieron hacerla chatarra, la farola descansaba en paz en las instalaciones municipales esperando sabe Dios qué destino. Felizmente alguien, además de Alfonso Vázquez en La Opinión de Málaga, se ha acordado de él.
¿Recolocar El sonajero en la Plaza de la Constitución? Es, de primeras, lo que propone el concejal socialista Manuel Hurtado. Pero, imagino que consciente de la dificultad, abre la puerta a una nueva ubicación. Y en esas que llega María Gámez y abre la puerta a propuestas de ubicación a través de Twitter –la red social de moda en la que muchos hablamos y pocos dicen algo-.
¿Es un buen entorno el de la Aduana para su reubicación? Lo proponía Ignacio Narváez. Siendo realistas, es de los pocos sitios donde medio puede casar El sonajero, justo en la confluencia de Císter con Alcazabilla, iluminando ese descampado que ha quedado tras la rehabilitación de la urbanización de la Aduana. Con todo y con eso, ya había quien decía –con sorna, claro- que no se puede colocar la farola en la Plaza de la Constitución por culpa de la tribuna oficial de la Semana Santa. Claro, porque como una vez escuché: “El urbanismo de Málaga está hecho a golpe de saeta”. Paparruchas.
Y entre propuesta y propuesta aparecen las huestes con mensajes del manual del politiquillo que se dedican a repartir leña a todo lo que huela al equipo contrario. Mientras María Gámez pide propuestas y colaboración, la retaguardia ataca con críticas sin sentido que nada tienen que ver con la ubicación del monumento. Vamos, lo de siempre. La política en Málaga se ha convertido en una guerra de trincheras hasta para hablar de una farola. Aburre.
High School San Julián
Peggy Sue decidió apoyar a Jack Johnson en su candidatura a representante de los alumnos del instituto San Julián. La jefa de animadoras quiso colaborar con el apuesto muchacho, era uno de los más populares de último curso y las chicas se volvían cuando pasaba. Sin embargo, no todo iba a ser tan fácil para Jack Johnson. Inesperadamente, John Jackson, un repetidor también de último curso, decidió presentarse a las elecciones para dar un poco de chicha al tema. Jackson, además, contaba con el apoyo de Ray McKoy, el quaterback del equipo de fútbol del instituto. Total, que era una lucha encarnizada. Además, ambos candidatos tenían por seguro que iban a ganar: uno controlaba a las animadoras (y por ende a aquellos que miraban lascivamente las chapas con el nombre del candidato a la altura de los pechos) y otro al equipo de fútbol (ergo controlaban a los deportistas y a las chicas que miraban a McKoy ensimismadas).
Pues algo así es como me imagino la carrera electoral por San Julián, la verdad. Dos candidatos con fuerzas similares y con programas parecidos: como Jack Johnson y John Jackson. Los 195 electores lo tendrán tan fácil como difícil, porque –hasta donde sabe el pueblo llano entre el que nos encontramos la gran mayoría de los cofrades- lo que dice uno es igual que lo que dice el otro pero al revés… o directamente igual.
Lo único cierto es que quedan más de 60 días de carrera hasta las elecciones y, a día de hoy, parece que vamos a unas elecciones con dos candidaturas: Pastor vs. Atencia. Decantarme por uno de los dos sería fácil…o no. Uno de ellos es el hermano mayor de mi cofradía, un tío que ha demostrado que es capaz de unir lo mil veces quebrado y hacer que se sostenga y se reconvierta en un referente. Pero es que el segundo, pese a estar ya en la retaguardia de su hermandad, fue promotor de un grupo con gente joven y cohesionada, algo que le ha llevado a sacar a la calle a más de 1200 personas cada Lunes Santo. Ambos tienen algo en común, son jóvenes y son buenos líderes.
Las formas excesivamente políticas que está tomando el asunto de la carrera por el trono de San Julián dan pábulo a que esto se convierta en una campaña electoral al más puro estilo de las primarias republicanas de Estados Unidos: dos católicos buscando el voto entre los distintos colectivos para representar al lobby cofrade. Matt Groening, filósofo contemporáneo (aunque él no lo sepa) y dibujante de series como Los Simpsons y Futurama da en la clave. Para los que estamos cansados de la política en las cofradías: Partido del apático
Coda: Ancha es Castilla, pero castellano, lo que se dice castellano, aquí nos interesan los zapatos –que son muy cofrades- y lo que diga el médico, por saber.
Cajas de cartón mojado
El del pirata cojo
“No soy un fulano con la lágrima fácil de esos que se quejan solo por vicio”, así empieza Sabina ‘La del pirata cojo’. Con las elecciones a la vuelta de la esquina y con el voto por decidir en esta ‘utilérrima’ campaña electoral jalonada de guerreros enchironados y otros sazonadores, se me ocurre que jugar al ‘Quién es quién’ y voy a ir descartando papeletas.
No votaré a ningún partido que tenga cargos electos con el poder de crear estructuras financieras y legales paralelas a la Administración y éstas le sirvan para trincar como si no hubiera mañana. Como no se me ocurrirá meter en un sobre el nombre de una formación que sea capaz de colocar a sus coleguitas en empresas públicas con sueldos a cargo de mis impuestos. Ni mucho menos, macho.
Igual que se hace difícil perder la mañana en hacer cola para coger la papeleta de un partido que critique al bipartidismo mientras es cómplice y colaborador necesario para el bipartidismo canovista que nos ha tocado, todo a cambio de un plato de lentejas. Con chorizo, claro. Tampoco haré lo propio con un partido cuyas bases están en una encarnizada guerra interna y no son capaces de ver la realidad del exterior, como las acémilas en el campo.
Se hace difícil ser demócrata y tomar partido por un ídem que decide a su presidente en una habitación llena de humo mediante una absurda votación, tan democrática que una sola llamada desde la sede central la tira al suelo, la pisotea y la cambia por el nombre ‘correcto’.
Puestos a elegir entre todos estos… yo me quedo con el pirata cojo, al menos sabemos que la pata de palo, el parche en el ojo y la cara de malo no pueden engañarnos mucho. Voten en libertad, obviamente, pero recuerden la frase de Larra: “Los hombres están más comedidos con quien peor los trata”.





















