Un sueño de lecturas

Iba a titular este breve texto como “sueños de cultura”, pero pronto me pareció el título ambiguo a la vez que pretencioso : nada existe “fuera de” la cultura. Nada que pueda escribirse o verbalizarse, ya que el propio lenguaje, en cualquiera de sus formas, es cultura. La razón del título rechazado bien pronto era simple : lo que se refiere a continuación es un sueño de Theodor W. Adorno, y este crítico y hombre de gran cultura, en ese sueño que vamos a referir lo que muestra haber soñado es “algo que sabe” por haberlo leído, por su cultura, y no “algo que le pasa”. Lo normal es o suele ser que soñamos cosas que nos pasan : ya sea en el interior de nuestra mente, en nuestros pensamientos, ya sea en nuestro vivir “externo”, o si se prefiere, “visible”.

La imagen que ilustra este texto es la de un cuadro, titulado “Mujer desnuda frente a la salamandra”, de 1900. La elección de tal ilustración es puramente simbólica y tiene que ver con otro sueño, esta vez no de Th. W. Adorno, sino relacionado con otro autor alemán del siglo XIX. Ya se comentará este segundo caso, la ilustración, el cuadro, la época romántica alemana…
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Terapias de sueño

estatua de Asclepios, o Esculapio

En un texto anterior, del 28 de febrero del año en curso (2012), titulado “De los sueños : el Comienzo”, se trataba del curioso y, a mi entender, bien avanzado procedimiento de medicina natural que practicaron los griegos clásicos, desde el siglo VI a. de C. al menos, y que se realizaba en templos dedicados sobre todo a este menester : la curación de ciertos males por medio de tratamientos oníricos, donde el paciente acudía a esos templos, en los que dormía, y era asistido por unos sacerdotes expertos en el tema : onierólogos, posiblemente. Puede incluso que se cultivara, ya en un estado de tratamiento más intenso, las oneiromancias. Eso último, ahora, lo dejamos de lado : será abordado con mayor detalle en otro texto.

Dichos templos, como el de Epidauro, uno de los más famosos de su época y no mal conservado en la actualidad, solían estar bajo la protección de Asclepios, nombre griego que se latiniza en Esculapio, dios de la medicina, o simple hombre sabio luego deificado. Las prácticas terápicas por sueño de aquellos tiempos deben considerarse antecesoras de otras, ya muy actuales, y también de planteamientos de nuestra misma época, como los que en su día hiciera el doctor don Luis Cencillo, cuyos libros y teorías están al alcance de cualquier lector que desee conocerlos.

En este texto sólo decimos, de momento, estas cosas, y reproducimos una imagen, conservada en forma de estatua, de notable perfección, de ese griego, real o mítico, como se le quiera considerar, pero de indudable presencia en todo el mundo clásico antiguo del que nosotros, los occidentales europeos, venimos.

(Continuará)

Un dios menor

Relieve del dios menor BES

“Lo que se supo de los sueños”, decíamos en la anterior entrada. Y hablábamos de que eso, lo que de cosas como el dormir y el soñar, o como el alimentarse y trabajar, o como otras mil y uno de los asuntos que ocupan nuestra vida, todo eso son elementos que configuran nuestro cerebro y diseñan nuestra mentalidad.

Lo que se sabe de los sueños, ahora, lo dejamos a un lado. Lo que se supo, en cambio, lo tomamos de la mano y procuramos que nos lleve a algún modo de entendimiento de este “milagro” (¿a la vez que este misterio?) que somos todos los seres vivos, en especial los seres humanos. Digo eso, milagro y misterio, porque somos capaces de dimensionarnos más allá del tiempo. Entre otras cosas, con el lenguaje escrito y con la memoria viva del pasado.

De los sueños se supo, básicamente, estas tres cosas : una, que era una vía mántica, un modo de acceder a posibles adivinaciones sobre las cosas futuras y también sobra otras que, siendo ya, no son aquí, sino “al otro lado del río” : en el más allá de la vida y la muerte. Sirva de ejemplo el famoso “Sueño de Escipión”, que relata Marco Tulio Cicerón en el libro VI de su República, si mal no recuerdo. Es un texto muy estudiado y comentado. Otra cosa, que los sueños se podían usar para curar determinadas dolencias, mentales sobre todo, y como prueba de ello están los textos griegos ( y sus templos, como el de Epidauro, entre otros muchos ) donde se practicaba la terapia con sueños.

Y la cosa tercera, – entre otras más que ahora dejamos para ocasiones posteriores -, que se sabía de los sueños es que los había “verdaderos” y “falsos”, y los verdaderos podían conectar al soñador con divinidades varias y recibir así instrucciones valiosas. Esta tercera cosa está, como es lógico, muy conectada a la primera, y también a algo que ha llegado hasta nuestros días : los sueños pueden ser interpretados. Como prueba de ello, entre otras muchas, está el libro de Artemidoro de Éfeso (o de Daldis, que el griego se adscribía con frecuencia a la patra chica de su madre, más que a la ciudad de Éfeso), titulado “La interpretación de los sueños”. Eso, por no citar textos de diversos libros de la Biblia donde se refieren hechos y vida y “milagros” de grandes intérpretes bíblicos de sueños, como José ante el Faraón, o como Daniel, que interpreta el sueño de Nabucodonosor.

Como es lógico, en aquellos pueblos de la Antigüedad, – hebreos, caldeos, egipcios, griegos, latinos…, etc. -, había el correspondiente “dios del sueño”, como ese Bes que representamos en la imagen, enano protector también del hogar y celoso guardador de la danza y la alegría, entre otras cosas. Ni que decir tiene que para el pueblo hebreo sólo el Dios Único podía dar o no dar el don de la clarividencia de los sueños. Seguiremos con estas cosas.

HYPNOS

El nombre Hipnos es griego, como lo son el mito y la escultura misma del dios del Sueño. El palacio de Hipnos era una caverna y su madre era Nix, “La Noche”. Cerca, se encontraba el río cuyas aguas producían el olvido, el Leteo.

En esta breve, muy breve entrada, nada más vamos a decir ahora : sepa sólo el lector que en lo que siga nos ocuparemos de ese mundo de los sueños, como hemos venido haciendo, pero ahora centrándonos sobre todo en lo que se supo de ello, no en lo que se sabe, y a partir de ahí en lo que ese saber, es decir, ese “lo que se supo del sueño”, produjo en la configuración mental del mundo entre los seres que, pese a mil y una barbaridades, no nos consideramos bárbaros sino plenamente humanos y (¡lo que es casi increíble!) hasta “civilizados”. Gracias.

Sueños : ¿remansos?

“En algunas ocasiones, -me dijo-, mis sueños son como remansos en medio de tempestades; y en otras, carecen de sentido. Los mire por donde los mire, son absurdos”. De nada sirvió que le hablara del Surrealismo, de su uso de los mundos oníricos para la creación de nuevos espacios literarios, y demás. Tampoco le consolaba que desde el Romanticismo el sueño fuera un elemento de notable valor en muchos autores y obras. “Mire usted, -me dijo, cortante-, cuando una cosa es absurda para uno, es absurda y basta. ¡Y algunos de mis sueños son absurdos, tan absurdos que ni pueden ser referidos por persona cuerda alguna!”

Entonces le pregunté :

“¿Ha probado usted con la Simbología?”

Me dijo que sólo se guiaba por lo que se lee en diccionarios de sueños, y que también acudía, últimamente, a lo que se lee en la red. “Internet es como Dios”, me aseguró. “Y  es Google su Profeta”, añadí en tono irónico. No le gustó mi broma : su sentido del humor andaba bajo mínimos, deduje.

“Hay estupendos Diccionarios de Símbolos, -le comenté. Como el de Hans Bierdermann, o el de Jean Chevalier y Alain Gheerbrandt. Eso, sin contar las cosas que se han escrito sobre los significados de sueños desde Artemidoro de Éfeso (o de Daldis) hasta Sigmundo Freud y ese gran maestro que es…”

“¡ A la mierda !”  Me dijo bruscamente, casi gritando, e hizo el ademán de arrojar algo al suelo con violencia. Luego, se calmó un tanto, se disculpó y me comentó:

“Usted me disculpe, pero es que de pronto me ha venido la sensación de que todo lo que me estaba diciendo ya lo había soñado yo antes. Y eso ocurrió en un sueño donde aparecía de pronto un volumen de la Patrología de Jacques P. Migne, y alguien, una especie de enano con aspecto diabólico, me lo arrojaba a la cabeza mientras me recitaba esos nombres y otros más…”

Le disculpé, como no podía ser de otro modo, dadas las circunstancias que me atañían : tenía yo la intención de lograr valiosas informaciones de mi curioso interlocutor.

Me esforzaba en lograr que se calmara algo más, lo que no era difícil al tratarse de una persona por lo general afable, y mientras eso hacía iba yo dándole vueltas a la idea de que me relatara el sueño a que había aludido. “Suelo interpretar bastante bien los sueños”, le aseguré.

Consintió en referirme el sueño. “Pero nunca cuente usted que yo se lo conté”, me advirtió. “Cuente con ello”, le respondí al tiempo que le dedicaba un guiño.

El sueño del señor XXX.-

“Estoy en un promontorio cercano a la costa. No sé qué costa es, no la reconozco. El mar está en plena tempestad, y sobre las aguas veo muchas pequeñas embarcaciones que avanzan con dificultades, zarandeadas por las olas. Esta visión dura unos segundos, calculo. Luego, el mar se calma y me doy cuenta de que las embarcaciones se apresuran a dirigirse cada una a su punto de destino, acercándose a la costa y llegando todas, a salvo ya de cambios de tiempo, a sus puertos o lugares de amarre. Tengo la sensación de cada embarcación va guiada por un solo individuo, a lo sumo, dos. Me despierto con la idea, vagamente recordada, de haber leído en algún lugar y momento del sueño estas palabras : sonnos : remansos. Y de algún rincón del recuerdo (que se va desvaneciendo en mi memoria) del sueño, me vienen las palabras “Patrología” y “Migne”.

Algunas premisas.-

“¿Me permite algunas preguntas?”, le digo, apenas he comprobado que su relato del sueño está debidamente grabado.

“Sí, claro. Siempre que se trate de preguntas…, pertinentes”.

“Por supuesto. Serán preguntas idóneas, como podrá comprobar”, le digo, y paso a explicarle que en todo sueño suele haber detalles que el soñador no refiere pero que si se les preguntan, los recuerdan. “¿Detalles, como cuáles?”, me dice.

“Pues verá : y son las preguntas que les decía. ¿Recuerda el color de las aguas del mar? ¿Qué luz había, era la mañana, la tarde, iba a oscurecer? ¿Había sonidos en el sueño, como por ejemplo del viento, o de la misma tempestad y oleaje?”

(Continuará)

Sueños de Espacios y Realidades


La Sierpe Arcoiris. (Australia)

Llamo ahora “sueños de espacios y realidades” a un tipo de sueños, de carácter en principio “normal” donde, a lo sumo, el soñador sólo llega a saber, en el mismo sueño por lo general, que está soñando, es decir, que está teniendo eso que se conoce como “sueño lúcido”. Todo lo demás, lo que luego alcanza a saber, es algo que le viene dado por el tiempo y las experiencias, por la reflexión y el sucederse las cosas en la vida de uno. Y lo que se alcanza a saber es que en sueños se vieron espacios y se conocieron realidades que no existían en el momento en que soñaba.

Son espacios oníricos de un tipo muy especial : si andando el tiempo, en la realidad de la vigilia, tales sueños dejan de ser sólo realidades de carácter estrictamente onírico y se convierten en cosas o realidades de tipo ya supra- o extra-onírico, entonces es cuando podemos empezar a plantearnos la posibilidad de lo que llamamos “sueño profético”, con esta salvedad : que su contenido no es de naturaleza mística ni religiosa, no es del tipo de profecía que, por ejemplo,  se encuentra en la Biblia o en otros textos de similar naturaleza.

En una entrada anterior de este mismo espacio referimos un sueño. Como estaba ya publicado en “Episodios Malagueños” por el propio soñador (y autor del citado libro, que no es otro que mi padre, Manuel Laza Palacio, que en Paz está) no tuvimos ningún empacho en relatarlo. Ahora no lo vamos a repetir aquí, sino que nos limitaremos a dar el link que remita al lector que desee leer, o en su caso re-leer, lo que allí se decía. El texto a que me refiero se titula “Saber de Sueños”, y el lector curioso puede acceder a él a través de este “puente” que se oferta :

Saber de Sueños

¿Cuál es la explicación científica de este tipo de fenómenos? ¿Hay acaso un modo de supra-temporalidad a la que la psique humana tiene acceso en estados de conciencia alterada, como desde una amplia perspectiva podría decirse que es el estado de la actividad onírica del sueño? Que tales cosas suceden no creo que nadie, con un mínimo de experiencia o de conocimiento de estos temas, se atreva a negar. Como mucho, podemos encontrar quienes, absolutamente escépticos, digan que los sueños no se recuerdan (en base a que ellos mismos nunca los recuerdan) o, lo que ya me resultaba inconcebible hasta que lo comprobé, quienes nieguen tener sueños. “Yo nunca sueño”, me aseguraba una persona que durante años ha sido colega mío en un centro de enseñanza.

Pero lo normal, lo general, es que se reconozcan tales fenómenos y sólo se produzcan discrepancias en la interpretación de su realidad. Ahí, y hasta tanto la Ciencia deje bien asentado el terreno por el que se transite, caben muchas posturas y son muchas también las posibles hipótesis explicativas. Pero volvamos a lo nuestro.

Un señor sueña con un lugar real, y en el sueño lo percibe y lo ve de un tamaño y de un modo que no es el que tiene en la vigilia. Durante meses, durante un lapso de tiempo suficientemente largo, tal lugar es recordado en el sueño de una manera, y sigue siendo visto de otra manera en la vida de vigilia, (“en la realidad”, se diría por lo común) : tal como es en su actualidad. La cuestión es : ¿qué es más real, lo visto en el sueño, que no es ahora pero que va a ser más adelante, o lo que se está viendo en la vigilia hic et nunc?

Porque resulta que en un plazo relativamente breve, el espacio soñado devino real, y aquel otro que era el que existía en el momento en que se tuvo el sueño pasó al recuerdo, dejó de existir, y para siempre, como había sido hasta entonces. Lo que se veía “aquí y ahora” en la vida de vigilia como por arte de magia se ha convertido en lo que se soñó y aún no existía… Un “espacio onírico” se ha convertido en “espacio físico” pasado un tiempo. Cierto : no hay magia. La obra del hombre ha hecho posible el cambio. Pero el sueño estaba ahí…, sólo que, ¿desde cuándo?

Porque el sueño ha precedido a la obra misma del hombre, conque ¿no estamos ante un tipo de fenómenos que puede -y recalco “puede”- llegar a cuestionar muchas de las cosas que solemos dar por rotundas realidades incuestionables, a la vez que podemos llegar a ver como posibilidades futuras efectivas y reales a otras muchas que solemos considerar como fantasías? Medite cada lector estas cosas, y si le es hacedero, acuda a su propia experiencia : la simple reflexión sobre las cosas que nos pasan suele ser un libro tan veraz e instructivo como muy pocas veces leído. Gracias. Seguiremos con este tema.

Espacios Oníricos


Ocurre a veces en los sueños que la propia mente, (es posible que aún se ignore el motivo pero podemos intuirlo), construye lo que podríamos llamar “un espacio onírico personal”. Con esto queremos decir que no es raro que soñemos con lugares, ya sean casas, caminos, paisajes o simples habitaciones más o menos amplias, como un dormitorio, una cocina, un salón de estar…, que de un sueño a otro son reconocidas como “espacios ya soñados”. No se identifican siempre con  espacios conocidos de la vida de vigilia, sino que son únicos en sí mismos. Son estrictamente “lugares oníricos”, espacios del sueño.

En ellos son diferentes las cosas que luego se ven o se vivencian en el soñar : episodios que tienen que ver con lo que a diario tratamos y gestionamos, o que nada tienen que ver con nuestras actividades cotidianas. Si uno sueña una playa, un camino entre riscos, o una carretera terriza, que serpea entre arboledas, y con casas acá y allá, eso puede luego ser reconocido como algo que existe en la vida de vigilia, a la que solemos llamar “real” – olvidando que los sueños son también algo real, sólo que de naturaleza diferente, de distinto modo de realidad -, o como algo absolutamente nuevo que sólo conocemos (y re-conocemos, a veces) en el seno de nuestros soñares. Y en esos lugares, en el sueño, las cosas que ocurren o que soñamos que ocurren, son unas veces como una historia que se continúa de sueño en sueño, y otras veces nada tienen que ver unas con otras. fenómenos corrientes de los procesos oníricos que solemos recordar.

El espacio onírico debemos en principio concebirlo como algo que existe en nuestra mente, o que es construido, fabricado por la mente a partir de los datos que se han ido almacenando en ella a lo largo de nuestras experiencias vitales, tanto las de la vida de la vigilia como las que tenemos en anteriores sueños, y además de esos datos, estos otros : lo que leemos, lo que imaginamos, lo que deseamos, lo que nos decimos o decimos a otros, son también construcciones mentales que se deben tener en cuenta cuando se quiere explicar eso que venimos llamando “espacio onírico”. Ahora bien : ¿cuál es la realidad de dicho espacio? ¿Coincide con la del sueño en sí, o hay en ese “lugar de sueño” algo más de lo que en el sueño mismo podemos encontrar?

Aquí debemos anotar que no entendemos ahora por espacio mental lo que planteara en su momento Fauconnier en su conocido modelo lingüístico, con lo que nos ceñimos a lo que de manera concisa ahora se explicita.

La realidad de lo que llamamos espacio onírico es, en primer lugar, mental. Ni más ni menos que como lo son las cosas que sólo pueden ser imaginadas, aun cuando las imaginemos en lo que llamamos “realidad de la vigilia”. Pero además de eso, la realidad de los espacios oníricos puede tener concordancias con otras realidades ya no mentales, sino “trans-mentales”, o “supra-mentales” : las de aquellas cosas que ocupan espacios propios en la vida de vigilia, pero como “cosas que pertenecen al mundo imaginario”, pero que han encontrado un modo de entidad real fuera de lo estrictamente mental. Por ejemplo, los mundos novelescos, al igual que muchos personajes de novelas o de obras literarias, pueden haber sido antes “entes oníricos”. Es típico el caso del doctor Jekyll y el señor Hyde : son, ambos, seres producto de un sueño de Roberto Louis Stevenson, y que éste finalmente los convierte en obra literaria. Se trata de un ejemplo ya paradigmático, y al que hemos acudido más de una vez.

Esto debería dejar bien claro que el trasvase entre lo que se sueña y lo que se encuentra uno en la vida de la vigilia es algo normal, constante, y que en ocasiones puede tener una gran fluidez. Debemos habituarnos a este tipo de hechos, y de ese modo, expresiones como “espectáculo dantesco”, para querer decir algo que nos horroriza, (lo que a su vez indica que de todo el mundo que crea Dante, sólo en “Inferno” es lo que impacta de veras nuestra imaginación, y el Paraíso queda relegado al olvido : ¿no es algo, eso, que habla de la naturaleza humana, más proclive a lo negativo que no a la positividad?), o por el contrario, “lugar de ensueño”, para indicar algo sumamente hermoso y deseable, indican que lo que pasa en los mundos imaginarios forma en gran medida parte de lo que llamamos “realidad”. Y también definen nuestro mundo mental.

Resulta que las relaciones entre la creatividad (literaria, en especial) y el sueño son cosa bastante más frecuente de lo que se podría, en principio, suponer; y por otra parte, las que se dan entre el mundo “real” de la vigilia, lo que ocurre “afuera de nosotros”, y la misma creación (literaria : ahora también), son igualmente cosa habitual. Obras como la de Franz Kafka son derivaciones de sueños, del mundo onírico del famoso escritor, o como algunas de las de Federico García Lorca o Antonio Machado están inspiradas en hechos ocurridos en sus días. Tal es el caso de “Bodas de Sangre”, o del crimen que se relata en “La tierra de Alvar González”. Y con esto nos quedamos en ejemplos mínimos, sobre los que ya hemos incidido alguna vez, y sobre los que volveremos para extraer de ellos algunas otras curiosas conclusiones. O, si no conclusiones, lo que podría parecer pretencioso por nuestra parte, sí que preguntas. Y preguntas de cierto calado.

Con lo hasta aquí dicho, se aborda un primer aspecto, muy genérico, de lo que llamamos “espacio onírico”. En sucesivos textos en este mismo foro iremos un poco más allá, y entraremos de lleno en sueños dados, esto es, referidos y publicados, y en obras de muchos conocidas. Por ejemplo, en ese relato de Julio Cortázar, que se recomienda, y que se titula “La noche boca arriba”. Acudan a ese breve texto : lo tiene en la red. Gratis.

Mirando hacia Adentro

1.-

Las conexiones entre cerebro y visión en la Pintura han sido estudiadas con técnicas actuales. Las relaciones entre el sueño y la creación literaria, ha sido desde hace tiempo señaladas. Pero el conjunto de “efectos” que las conexiones y relaciones entre Arte, Creatividad, Sueño y alteraciones de la personalidad, ¿hasta qué punto se contemplan? En el caso de William Blake, por ejemplo.

Como en el de Marcel Proust, o como en el de Franz Kafka… La lista puede ser tan amplia como se quiera: el binomio genio-locura está de lleno en el centro de muchas interpretaciones del arte, tanto en la actualidad como en el pasado. Sin ir más lejos, el propio S. Dalí es autor de una interpretación paranoico-creativa de la obra de arte, si no recuerdo mal el nombre que Dalí daba a su aportación en este sentido que estábamos aquí planteando”.

2.-

Pongamos frente a frente estas dos afirmaciones :

“Estamos hechos del mismo tejido de nuestros sueños”, la primera; y la otra :

“En sueños, el hombre se revela por completo a sí mismo”.

La afirmación primera es de W. Shakespeare; la otra es de Alfred Maury.

En principio no hay mucho que objetar a estas dos sentencias, -ya que eso nos parecen ser, dado que son afirmaciones muy bien perfiladas y tajantes y claras sobre una cuestión de bastante relevancia.

Sin embargo, pronto sobrevienen al paso algunas dudas, ciertas preguntas :

¿Están en sus debidos contextos?

Eso, ante todo. Y más :

¿Son los autores de esas sentencias en el momento de escribirlas hombres que apuntan a un mismo centro, a una misma diana, con sus frases? ¿Están sus pensamientos orientados hacia un mismo objetivo?

Se comprenderá que estos interrogantes son claves y sin su debida respuesta no nos sirve, o no debería servirnos in extremis lo que ahí se dice “de cara a lo que luego se va a decir respecto al sueño”. Es una observación que hacemos al buen libro que es el de Pierre Fluchaire y que, con la debida distancia y respeto, hemos más de una vez consultado y citado en estos foros. Porque aquello de que “no hay libro malo que no tenga algo bueno” (dijo el gran don Miguel de Cervantes) es una gran verdad. Y también a la inversa : no hay libro bueno que no tenga (¡o pueda tener!) algo no válido. Ya lo veremos, en su momento.

3.-

Intuyo una manera extraña de relación entre algunos aspectos de la tensión artística y el mundo onírico que están aún como solapados en no sé qué rincones del ser humano en su interior más hondo o menos patente.

No hablo ahora de los símbolos ni de los arquetipos que con tanto sano rigor estudiara Carl Gustav Jung. Hablo de cosas que no he visto nunca planteada en las investigaciones y teorías diversas que conozco sobre los sueños y su mundo.

Hablo de algo que una vez llamé “para-demiúrgico”, por asimilarlo de algún modo al potencial creativo o creador de lo que consideramos “divino”.

Y como de esto que ahora abordo sé muy poco, pero algo sí he podido, para mi suerte o mi desdicha, – que eso el tiempo lo dirá -, vivir en propia carne, (pues que es la mente también, como lo es el alma, algo “atado a carne”…), pondré directamente los casos mondos y lirondos.

Y que cada cual se piense para sus adentros lo que quiera, o simplemente aquello que le sea hacedero pensar. Que más allá no es nos es posible llegar :

nosotros somos seres infinitos

al tiempo que hondamente limitados.

4.-

Acaso las palabras son como ventanas por las que vemos de un modo u otro el mundo. El interior, el mundo interior, y también el que sabemos que está ahí afuera, el mundo externo a nosotros. Aunque…, ¿qué clase de realidad le podemos conceder a un mundo externo que captamos sólo a través de un órgano interno, como es el cerebro mismo nuestro?

Y en cuanto al lenguaje cabe hacer la misma o una muy similar pregunta, pues al cabo, ¿no son las palabras construcciones mentales? Y acaso, ¿no es el cerebro algo como suma plasticidad, como los neuro-científicos ya saben y estudian cada vez más, y la propia mente se va re-modelando a partir de lo que nos decimos, o escuchamos decir y asumimos?

La cuestión ahora sería esta : ¿qué papel juega lo que soñamos, nuestros ensueños en tanto estamos durmiendo, en esas remodelaciones, o adaptaciones, o configuraciones sucesivas de nuestro cerebro? Y esto otro, para acabar aquí hoy : ¿dónde empieza y dónde acaba eso que tan fácil es de decir, lo de “mundo interior” y “mundo exterior”? Antes de darnos una respuesta, meditemos muy a fondo la cuestión. Merece la pena.

Nota.-

En próximos días, y a no tardar más de una semana, sólo traeremos a cuento en estas páginas unos sueños muy curiosos y que, (que yo sepa), no han sido estudiados aún.

Es posible que algún lector pueda identificarse con “parte” de alguno de los sueños que se van a referir y, en lo posible, tratar de interpretar. No extrañe eso : se va sabiendo que cada noche son muchos los que, sin ser de ello conscientes, suelen tener sueños muy parecidos : ahí están los llamados “bancos de sueños”, para dejar constancia de eso que decimos. Gracias.


Saber de Sueños

Saber de Sueños

Portada de la primera edición de EPISODIOS MALAGUEÑOS

Hay un tipo de sueños que en muchos ámbitos se llaman “proféticos”, y por varias razones pueden llamarse así : desde la perspectiva de esa cultura nuestra, honda y sólida, de quienes conocen bien los textos clásicos del pasado histórico, tanto los de los antiguos griegos como los de los latinos, así como los de los textos bíblicos, los de las culturas medievales, tanto del medievo mediterráneo como el anglosajón o el centroeuropeo… Y, además de esos textos, tan ricos y variados, los estudios que sobre ellos se han venido haciendo, en especial desde finales del siglo XVIII y XIX hasta la actualidad. Con ese bagaje, digo, muchos tipos de sueños donde el que los sueña aprende algo de singular importancia para él, y ese algo era, antes de ser soñado, cosa oculta o desconocida para todos, sí podrían llamarse así : proféticos.

Por nuestra parte, en lugar de llamarlos “proféticos”, preferimos llamarlos “sueños de conocimiento”, y damos la razón de esta preferencia : la palabra “profético” nos remite, emocional e ideológicamente, a la figura del profeta, o de los profetas, y esta figura a los textos bíblicos. Y creo que lo que se va a relatar un poco más abajo no debe ser conectado por nosotros aquí ni a profeta alguno ni tampoco a ningún modo de profecía, y sí, en cambio, a maneras como el saber humano se nutre, y no pocas veces, de fenómenos que no están en principio conectados con el modo habitual como solemos aprender y conocer el mundo que nos rodea, o las cosas que atañen a este mundo y que debemos ir conociendo.

Sin embargo, la expresión “de conocimiento” nos cierra esa puerta de lo bíblico y profético, – o, al menos, nos la deja bastante entornada -, y nos abre otras varias : a) las de los sueños donde “vemos” cosas que van a ocurrir sin que por ello tenga que mediar profecía ni profeta alguno; b) las de los sueños, también, donde algo que sólo se atrevía uno a intentar conocer o saber, o querría uno saber mejor, se nos pone de manifiesto y luego de haber dormido con esa idea de “querría saber si…”, despertamos con esa condicional “si…”, pero ya como incógnita despejada. Despertamos sabiendo lo que antes de dormir no sabíamos del todo, o no acabábamos de ver claro. Y, por último, c) las de los sueños donde algo que se estaba buscando, se descubre. Pongamos aquí como ejemplo el modo como el químico Kekulé, a través de un sueño que tuvo, descubrió la estructura de la molécula del benceno, una de las más complejas en su momento y que se le resistía. El propio químico orgánico Federico Augusto Kekulé (1829 – 1896) relató su experiencia onírica y, en una conferencia que dio a sus colegas, pronunció aquellas palabras que en un anterior texto sobre estos temas de los sueños ya se han referido : “Señores, -dijo Kekulé-, aprendamos a soñar.”

El sueño que voy a referir ahora tiene para mí una gran resonancia : anímica y vivencial. Y cada vez que lo recuerdo o lo releo, – pues se trata de un sueño que en su día se publicó en libro, como se verá más adelante -, causa en mi ánimo, a la vez, un extraño tipo de energía, y un raro modo de nostalgia. Que se pueden sentir ambas cosas, la nostalgia y la energía anímica, a la vez. Dirán ustedes, o algunos al menos : “¡Qué raro, eso de estar al mismo tiempo sintiendo nostalgia y energía!” Ocurre, sin embargo. Y cuando ocurre, el efecto que suele causar y que nos dura un tiempo, es muy difícil de describir : hay que vivirlo para saber del todo qué es eso.

Está en “Episodios Malagueños” y lo escribe y relata la misma persona que ahora está ya en bien ganada “Requies in Pace”, autor del citado libro entre otros varios, a cual más notable a medida que el tiempo pasa y los va puliendo, y que no es otro que mi propio padre, Manuel Laza Palacio. Él lo tituló, al sueño que tuvo, (y él sí que tenía motivos para usar el término que yo, por respeto, he sustituido), “Un sueño profético”.

He aquí, en resumen, y reducido a lo más escueto y elemental del sueño en cuestión,  lo que puede leerse en el libro citado. Libro, por otra parte, de muy amena y grata lectura, y cuya re-edición, hecha por el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria en el 2005 en Airón Ediciones, está en la actualidad agotada (salvo que quede algún ejemplar en el propio Ayuntamiento, cosa que ignoro).

Una edición anterior, la primera, es del año 1975 y ésta hecha a expensas del propio autor, circuló por Málaga y ya sólo es posible, con suerte, encontrar algún ejemplar en librerías de libros descatalogados y de segunda mano. Cito por la edición que presentó Francisco Puche junto con una breve semblanza de mi padre, Manuel Laza Palacio, y que es la del 2005.

“… Ya cundía el desánimo… Pero, he aquí lo asombroso. Una noche, de madrugada ya, me desperté sobresaltado. Acababa de tener un sueño inquietante… Soñé que estaba en la Cueva, en un rincón ya visitado por nosotros, pero yo veía en el sueño tal rincón enormemente amplio, mucho mayor de lo que yo lo conocía en la realidad. Me veía en el centro de esa amplia cavidad y, de pronto, veo que de entre las paredes surge la figura de mi tío Laureano, muerto hacía más de un año. Era hermano de tío Enrique.

Yo había vivido con él, cuando era pequeño. Avanzaba hacia mí, sonriente y llamándome. Sentí miedo en el sueño… Me decía a mí mismo : “Pero, si está muerto.” Tío Laureano seguía sonriéndome, pero, ahora me señalaba, insistentemente, con su índice derecho, un punto de la pared del fondo, de donde él había salido. La inquietud, el miedo, me despertaron. No pude volver a dormirme.

Pensaba que aquello había sido algo inesperado, inesperado, para mí inconcebible, pero un no sé qué me decía claramente que tío Laureano me había indicado el sitio donde estaba la entrada que buscábamos desde hacía tiempo. /…/

¡Por fin! El día 12 de octubre de 1951, a mediodía, al quitar unas piedras grandes, salió un chorro de aire frío que pagaba la llama de los aparatos de carburo. /…/ Al fondo se abría una amplia galería por donde caminábamos boquiabiertos y en silencio. Vivíamos un sueño de las Mil y una noches… Aquello llevaba cerrado ya muchos años… /…/

Todo esto explica que esté expuesta en la sala primera de la caverna una imagen de la Virgen del Pilar y que esa sala se llame “de la Virgen: Lo que yo había visto en sueños (meses antes) se hizo realidad precisamente el día 12 de octubre de 1951.”

Eso y bastante más puede leerse en la obra antes citada. La cantidad de cosas, y de hechos, (y, ya en nuestros días, de estudios científicos que desbrozan parte de los caminos y amplios territorios del mundo de los sueños), de experiencias y aparentes casualidades, – que más bien habría que llamar “causalidades”-,  es enorme. Y aún mayor es el interés que estas cosas adquieren desde el momento en que uno comienza a tratar de vivir directamente experiencias propias, con una simple atención al fenómeno onírico pero con la máxima paciencia : porque no se topa uno, de buenas a primeras, con casos de interés, sino que es sólo luego de, como decía, gran atención a los fenómenos oníricos cuando en realidad podemos un buen día sentir que ya, al fin, estamos dentro de un territorio nuevo del que cada cual debe, por su cuenta, levantar sus planos y mapas : cada uno tiene su propio mundo interior, y los sueños no son más que una parte, nada desdeñable pero no única, de ese interior y rico mundo. Aprendamos a apreciarlo, señores, aprendamos a apreciarlo. A ese interior mundo, digo. Nos va gran parte de lo que llaman “calidad de vida “ en ello. Seguiremos con estas cosas, que no estamos sino bajando por la punta del iceberg… Gracias.

Parte II : El Sueño

Vista del Cabo de Gata : un lugar único, un lugar para soñar.

1.- ¿Cómo llegamos a con-formarnos, es decir, a organizarnos en torno a un núcleo vital y de experiencia “imaginal”?

Este término, imaginal, lo usa Pierre Fluchaire en su libro “La Revolución del Sueño”, y explica que lo toma de una palabra, a su vez usada por Henri Corbin, que carece de traducción en nuestra lengua. Y con esa palabra que ideó el erudito francés , según explica él mismo, trata de eludir el uso de “imaginario” para traducir un término existente en las lenguas árabe y persa, de las que era gran conocedor, y referirse a algo real (no imaginario) pero abstracto (no tangible). Veré de pasar a los lectores un texto de H. C. donde se aclara, en buena medida, todo esto. Dice así :

“Las imágenes psíquicas tienen vida propia, existen en nosotros; son también subjetivas, porque son la expresión concentrada de la situación psíquica del sujeto. Por tanto, no se puede utilizar, a propósito de los sueños, la palabra “imaginario” sino, como dice Henri Corbin, la palabra “imaginal” * que es la percepción por la imaginación de un plano “abstracto” totalmente real.

El sueño es la expresión de la realidad esencial de nuestro psiquismo.

(Pág. 107 del libro antes citado, “La Revolución del Sueño”. Con el signo * el autor hace una llamada a pie de página donde aclara : “No existe una traducción precisa de este término en castellano”.

Y otra anotación : no se confunda a Henri Corbin, a quien citamos, y que es un estudioso de estos temas y otros de sumo interés, con Henri Corblin, inventor de un compresor. El que citamos es francés, y el inventor es norteamericano).

Los lectores que hayan seguido nuestros ya numerosos textos donde hemos hablado de la naturaleza de los sueños podrán recordar que, en más de una ocasión, se ha defendido la tesis de que, del mismo modo que tenemos un plano de la realidad donde nos desenvolvemos en estado de vigilia, es decir, despiertos, también existe otro plano, igualmente “real” pero de diferente tipo de realidad, que es el plano onírico, y donde nos desenvolvemos cuando, ya una vez dormidos, soñamos.

2.- En este sentido, la palabra “imaginal” no nos es necesaria : hay un mundo onírico, que cada cual vivencia por lo general a solas, y otro mundo “fuera del sueño”, que llamamos “real” pero que es tan “imaginado”, esto es, tan “filtrado” por el cerebro y los sentidos, como el otro, como el del sueño, sólo que este segundo sí puede ser compartido a la vez por muchos individuos. Y, -para nosotros, quiero decir que para quien esto escribe-, ambos mundos son imaginarios : el mundo real está “más arriba” : nos trasciende. Pero volvamos a nuestra actual “realidad” y retomemos el tema de la posible entidad del sueño. Y de paso, y antes de seguir, acudan a este link, que les puede resultar ilustrativo :

http://onironautas.org/robert_louis_stevenson.html

¿Cómo puede negarse esto, la realidad de los sueños, cuando solemos pasar por lo menos una cuarta parte de nuestra vida durmiendo, – unas seis horas, de las 24 de cada día -, y se sabe que durante el estado del dormir solemos soñar, o “ensoñar”, por lo menos unas seis o más veces durante ese tiempo?

No importa ahora que sólo se recuerden algunos sueños, o a veces ninguno, lo cierto es que se tienen ensoñaciones o sueños, y las pruebas de ellos nos vienen dadas por estudios realizados en Laboratorios del Sueño, como puede cualquier lector comprobar, por ejemplo, en el libro de Peretz Lavie titulado “El fascinante mundo del sueño”, citado y comentado también algunas veces en este mismo blog.

Es más : ha habido personas cuyas vidas han cambiado de manera bastante sensible a raíz de haber soñado algo. Y esto otro : en sueños, nuestro cerebro resuelve problemas, toma decisiones, aprende cosas que despiertos no somos capaces de ver o entender con entera claridad. Más abajo, pondré ejemplos históricos y comprobables de esos casos de personas que cambiaron sus vidas a partir de sueños tenidos. Ahora, lo que queremos dejar en claro es el modo como nuestro “Yo” se con-forma, es decir, se organiza y construye, en torno a ese núcleo vital, absolutamente individual y rara vez posible de compartir del todo con otras personas. Y anoto : los casos de sueños determinantes los pondré en un post venidero. Adelanto que serán en torno a vivencias de  Don Bosco, del científico Kekulé, de Robert Louis Stevenson, y de mi propio padre, Manuel Laza Palacio.

3.- Salvo casos excepcionales, no soñamos conjuntamente con otras personas a la vez los mismos sueños, sino que cada uno “sueña sus sueños” de manera completamente individual; y no se habla ahora de compartir tal o cual ilusión, o esperanza, o ideal, o “sueños no-vividos”, sino de “ensueños” : esas imágenes que se producen en el cerebro en tanto estamos durmiendo y sólo en ese estado : dormidos.

Siendo esto así es más fácil explicar el por qué cada individuo humano es irrepetible y único, cosa que en otros tipos de seres vivos no sabemos si ocurre igual : hormigas, abejas, plantas, moscas…

Y nuestro Yo se organiza de este modo unipersonal debido, sobre todo, a algo que se conoce ya desde el campo de la Neurología, y que consiste en la extraordinaria “plasticidad” del cerebro humano : cada vez que decimos o pensamos algo, cada vez que se inventa uno una historia, se memoriza algo, etc., estamos en realidad creando modificaciones en zonas de nuestro cerebro, y estos procesos son del todo personales, con lo que cada cerebro humano acaba siendo único, y esa “unidad” a la vez que “unicidad”, es lo que forma y constituye la base de nuestros “yo-es”. Y cuanto soñamos, es decir, lo que ocurre en nuestro estado de Yo-en-Sueño, nos configura también. Y a veces, con mucha más fuerza y determinación de lo que en principio quizá supongamos. Pero eso es ya tema de otro texto, próximo en este mismo blog, andando los días.

Porque esa es otra : no tenemos un único “yo”, sino una multiplicidad de “sub-yoes”, que muchas veces entran en conflicto entre sí. Y tales conflictos suelen a su vez resolverse con mayor facilidad cuando somos capaces de aprender a recordar y controlar nuestros sueños. Estamos aquí ante un verdadero continente sumergido, o si se prefiere, ante un universo ignoto, prácticamente inexplorado. Y a eso debemos añadir lo antes dicho : la idea de que nuestro cerebro queda ya estructurado para siempre a partir de cierta edad, ya no es admitida por la Ciencia.