Mirando hacia Adentro

1.-

Las conexiones entre cerebro y visión en la Pintura han sido estudiadas con técnicas actuales. Las relaciones entre el sueño y la creación literaria, ha sido desde hace tiempo señaladas. Pero el conjunto de “efectos” que las conexiones y relaciones entre Arte, Creatividad, Sueño y alteraciones de la personalidad, ¿hasta qué punto se contemplan? En el caso de William Blake, por ejemplo.

Como en el de Marcel Proust, o como en el de Franz Kafka… La lista puede ser tan amplia como se quiera: el binomio genio-locura está de lleno en el centro de muchas interpretaciones del arte, tanto en la actualidad como en el pasado. Sin ir más lejos, el propio S. Dalí es autor de una interpretación paranoico-creativa de la obra de arte, si no recuerdo mal el nombre que Dalí daba a su aportación en este sentido que estábamos aquí planteando”.

2.-

Pongamos frente a frente estas dos afirmaciones :

“Estamos hechos del mismo tejido de nuestros sueños”, la primera; y la otra :

“En sueños, el hombre se revela por completo a sí mismo”.

La afirmación primera es de W. Shakespeare; la otra es de Alfred Maury.

En principio no hay mucho que objetar a estas dos sentencias, -ya que eso nos parecen ser, dado que son afirmaciones muy bien perfiladas y tajantes y claras sobre una cuestión de bastante relevancia.

Sin embargo, pronto sobrevienen al paso algunas dudas, ciertas preguntas :

¿Están en sus debidos contextos?

Eso, ante todo. Y más :

¿Son los autores de esas sentencias en el momento de escribirlas hombres que apuntan a un mismo centro, a una misma diana, con sus frases? ¿Están sus pensamientos orientados hacia un mismo objetivo?

Se comprenderá que estos interrogantes son claves y sin su debida respuesta no nos sirve, o no debería servirnos in extremis lo que ahí se dice “de cara a lo que luego se va a decir respecto al sueño”. Es una observación que hacemos al buen libro que es el de Pierre Fluchaire y que, con la debida distancia y respeto, hemos más de una vez consultado y citado en estos foros. Porque aquello de que “no hay libro malo que no tenga algo bueno” (dijo el gran don Miguel de Cervantes) es una gran verdad. Y también a la inversa : no hay libro bueno que no tenga (¡o pueda tener!) algo no válido. Ya lo veremos, en su momento.

3.-

Intuyo una manera extraña de relación entre algunos aspectos de la tensión artística y el mundo onírico que están aún como solapados en no sé qué rincones del ser humano en su interior más hondo o menos patente.

No hablo ahora de los símbolos ni de los arquetipos que con tanto sano rigor estudiara Carl Gustav Jung. Hablo de cosas que no he visto nunca planteada en las investigaciones y teorías diversas que conozco sobre los sueños y su mundo.

Hablo de algo que una vez llamé “para-demiúrgico”, por asimilarlo de algún modo al potencial creativo o creador de lo que consideramos “divino”.

Y como de esto que ahora abordo sé muy poco, pero algo sí he podido, para mi suerte o mi desdicha, – que eso el tiempo lo dirá -, vivir en propia carne, (pues que es la mente también, como lo es el alma, algo “atado a carne”…), pondré directamente los casos mondos y lirondos.

Y que cada cual se piense para sus adentros lo que quiera, o simplemente aquello que le sea hacedero pensar. Que más allá no es nos es posible llegar :

nosotros somos seres infinitos

al tiempo que hondamente limitados.

4.-

Acaso las palabras son como ventanas por las que vemos de un modo u otro el mundo. El interior, el mundo interior, y también el que sabemos que está ahí afuera, el mundo externo a nosotros. Aunque…, ¿qué clase de realidad le podemos conceder a un mundo externo que captamos sólo a través de un órgano interno, como es el cerebro mismo nuestro?

Y en cuanto al lenguaje cabe hacer la misma o una muy similar pregunta, pues al cabo, ¿no son las palabras construcciones mentales? Y acaso, ¿no es el cerebro algo como suma plasticidad, como los neuro-científicos ya saben y estudian cada vez más, y la propia mente se va re-modelando a partir de lo que nos decimos, o escuchamos decir y asumimos?

La cuestión ahora sería esta : ¿qué papel juega lo que soñamos, nuestros ensueños en tanto estamos durmiendo, en esas remodelaciones, o adaptaciones, o configuraciones sucesivas de nuestro cerebro? Y esto otro, para acabar aquí hoy : ¿dónde empieza y dónde acaba eso que tan fácil es de decir, lo de “mundo interior” y “mundo exterior”? Antes de darnos una respuesta, meditemos muy a fondo la cuestión. Merece la pena.

Nota.-

En próximos días, y a no tardar más de una semana, sólo traeremos a cuento en estas páginas unos sueños muy curiosos y que, (que yo sepa), no han sido estudiados aún.

Es posible que algún lector pueda identificarse con “parte” de alguno de los sueños que se van a referir y, en lo posible, tratar de interpretar. No extrañe eso : se va sabiendo que cada noche son muchos los que, sin ser de ello conscientes, suelen tener sueños muy parecidos : ahí están los llamados “bancos de sueños”, para dejar constancia de eso que decimos. Gracias.


Saber de Sueños

Saber de Sueños

Portada de la primera edición de EPISODIOS MALAGUEÑOS

Hay un tipo de sueños que en muchos ámbitos se llaman “proféticos”, y por varias razones pueden llamarse así : desde la perspectiva de esa cultura nuestra, honda y sólida, de quienes conocen bien los textos clásicos del pasado histórico, tanto los de los antiguos griegos como los de los latinos, así como los de los textos bíblicos, los de las culturas medievales, tanto del medievo mediterráneo como el anglosajón o el centroeuropeo… Y, además de esos textos, tan ricos y variados, los estudios que sobre ellos se han venido haciendo, en especial desde finales del siglo XVIII y XIX hasta la actualidad. Con ese bagaje, digo, muchos tipos de sueños donde el que los sueña aprende algo de singular importancia para él, y ese algo era, antes de ser soñado, cosa oculta o desconocida para todos, sí podrían llamarse así : proféticos.

Por nuestra parte, en lugar de llamarlos “proféticos”, preferimos llamarlos “sueños de conocimiento”, y damos la razón de esta preferencia : la palabra “profético” nos remite, emocional e ideológicamente, a la figura del profeta, o de los profetas, y esta figura a los textos bíblicos. Y creo que lo que se va a relatar un poco más abajo no debe ser conectado por nosotros aquí ni a profeta alguno ni tampoco a ningún modo de profecía, y sí, en cambio, a maneras como el saber humano se nutre, y no pocas veces, de fenómenos que no están en principio conectados con el modo habitual como solemos aprender y conocer el mundo que nos rodea, o las cosas que atañen a este mundo y que debemos ir conociendo.

Sin embargo, la expresión “de conocimiento” nos cierra esa puerta de lo bíblico y profético, – o, al menos, nos la deja bastante entornada -, y nos abre otras varias : a) las de los sueños donde “vemos” cosas que van a ocurrir sin que por ello tenga que mediar profecía ni profeta alguno; b) las de los sueños, también, donde algo que sólo se atrevía uno a intentar conocer o saber, o querría uno saber mejor, se nos pone de manifiesto y luego de haber dormido con esa idea de “querría saber si…”, despertamos con esa condicional “si…”, pero ya como incógnita despejada. Despertamos sabiendo lo que antes de dormir no sabíamos del todo, o no acabábamos de ver claro. Y, por último, c) las de los sueños donde algo que se estaba buscando, se descubre. Pongamos aquí como ejemplo el modo como el químico Kekulé, a través de un sueño que tuvo, descubrió la estructura de la molécula del benceno, una de las más complejas en su momento y que se le resistía. El propio químico orgánico Federico Augusto Kekulé (1829 – 1896) relató su experiencia onírica y, en una conferencia que dio a sus colegas, pronunció aquellas palabras que en un anterior texto sobre estos temas de los sueños ya se han referido : “Señores, -dijo Kekulé-, aprendamos a soñar.”

El sueño que voy a referir ahora tiene para mí una gran resonancia : anímica y vivencial. Y cada vez que lo recuerdo o lo releo, – pues se trata de un sueño que en su día se publicó en libro, como se verá más adelante -, causa en mi ánimo, a la vez, un extraño tipo de energía, y un raro modo de nostalgia. Que se pueden sentir ambas cosas, la nostalgia y la energía anímica, a la vez. Dirán ustedes, o algunos al menos : “¡Qué raro, eso de estar al mismo tiempo sintiendo nostalgia y energía!” Ocurre, sin embargo. Y cuando ocurre, el efecto que suele causar y que nos dura un tiempo, es muy difícil de describir : hay que vivirlo para saber del todo qué es eso.

Está en “Episodios Malagueños” y lo escribe y relata la misma persona que ahora está ya en bien ganada “Requies in Pace”, autor del citado libro entre otros varios, a cual más notable a medida que el tiempo pasa y los va puliendo, y que no es otro que mi propio padre, Manuel Laza Palacio. Él lo tituló, al sueño que tuvo, (y él sí que tenía motivos para usar el término que yo, por respeto, he sustituido), “Un sueño profético”.

He aquí, en resumen, y reducido a lo más escueto y elemental del sueño en cuestión,  lo que puede leerse en el libro citado. Libro, por otra parte, de muy amena y grata lectura, y cuya re-edición, hecha por el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria en el 2005 en Airón Ediciones, está en la actualidad agotada (salvo que quede algún ejemplar en el propio Ayuntamiento, cosa que ignoro).

Una edición anterior, la primera, es del año 1975 y ésta hecha a expensas del propio autor, circuló por Málaga y ya sólo es posible, con suerte, encontrar algún ejemplar en librerías de libros descatalogados y de segunda mano. Cito por la edición que presentó Francisco Puche junto con una breve semblanza de mi padre, Manuel Laza Palacio, y que es la del 2005.

“… Ya cundía el desánimo… Pero, he aquí lo asombroso. Una noche, de madrugada ya, me desperté sobresaltado. Acababa de tener un sueño inquietante… Soñé que estaba en la Cueva, en un rincón ya visitado por nosotros, pero yo veía en el sueño tal rincón enormemente amplio, mucho mayor de lo que yo lo conocía en la realidad. Me veía en el centro de esa amplia cavidad y, de pronto, veo que de entre las paredes surge la figura de mi tío Laureano, muerto hacía más de un año. Era hermano de tío Enrique.

Yo había vivido con él, cuando era pequeño. Avanzaba hacia mí, sonriente y llamándome. Sentí miedo en el sueño… Me decía a mí mismo : “Pero, si está muerto.” Tío Laureano seguía sonriéndome, pero, ahora me señalaba, insistentemente, con su índice derecho, un punto de la pared del fondo, de donde él había salido. La inquietud, el miedo, me despertaron. No pude volver a dormirme.

Pensaba que aquello había sido algo inesperado, inesperado, para mí inconcebible, pero un no sé qué me decía claramente que tío Laureano me había indicado el sitio donde estaba la entrada que buscábamos desde hacía tiempo. /…/

¡Por fin! El día 12 de octubre de 1951, a mediodía, al quitar unas piedras grandes, salió un chorro de aire frío que pagaba la llama de los aparatos de carburo. /…/ Al fondo se abría una amplia galería por donde caminábamos boquiabiertos y en silencio. Vivíamos un sueño de las Mil y una noches… Aquello llevaba cerrado ya muchos años… /…/

Todo esto explica que esté expuesta en la sala primera de la caverna una imagen de la Virgen del Pilar y que esa sala se llame “de la Virgen: Lo que yo había visto en sueños (meses antes) se hizo realidad precisamente el día 12 de octubre de 1951.”

Eso y bastante más puede leerse en la obra antes citada. La cantidad de cosas, y de hechos, (y, ya en nuestros días, de estudios científicos que desbrozan parte de los caminos y amplios territorios del mundo de los sueños), de experiencias y aparentes casualidades, – que más bien habría que llamar “causalidades”-,  es enorme. Y aún mayor es el interés que estas cosas adquieren desde el momento en que uno comienza a tratar de vivir directamente experiencias propias, con una simple atención al fenómeno onírico pero con la máxima paciencia : porque no se topa uno, de buenas a primeras, con casos de interés, sino que es sólo luego de, como decía, gran atención a los fenómenos oníricos cuando en realidad podemos un buen día sentir que ya, al fin, estamos dentro de un territorio nuevo del que cada cual debe, por su cuenta, levantar sus planos y mapas : cada uno tiene su propio mundo interior, y los sueños no son más que una parte, nada desdeñable pero no única, de ese interior y rico mundo. Aprendamos a apreciarlo, señores, aprendamos a apreciarlo. A ese interior mundo, digo. Nos va gran parte de lo que llaman “calidad de vida “ en ello. Seguiremos con estas cosas, que no estamos sino bajando por la punta del iceberg… Gracias.

Parte II : El Sueño

Vista del Cabo de Gata : un lugar único, un lugar para soñar.

1.- ¿Cómo llegamos a con-formarnos, es decir, a organizarnos en torno a un núcleo vital y de experiencia “imaginal”?

Este término, imaginal, lo usa Pierre Fluchaire en su libro “La Revolución del Sueño”, y explica que lo toma de una palabra, a su vez usada por Henri Corbin, que carece de traducción en nuestra lengua. Y con esa palabra que ideó el erudito francés , según explica él mismo, trata de eludir el uso de “imaginario” para traducir un término existente en las lenguas árabe y persa, de las que era gran conocedor, y referirse a algo real (no imaginario) pero abstracto (no tangible). Veré de pasar a los lectores un texto de H. C. donde se aclara, en buena medida, todo esto. Dice así :

“Las imágenes psíquicas tienen vida propia, existen en nosotros; son también subjetivas, porque son la expresión concentrada de la situación psíquica del sujeto. Por tanto, no se puede utilizar, a propósito de los sueños, la palabra “imaginario” sino, como dice Henri Corbin, la palabra “imaginal” * que es la percepción por la imaginación de un plano “abstracto” totalmente real.

El sueño es la expresión de la realidad esencial de nuestro psiquismo.

(Pág. 107 del libro antes citado, “La Revolución del Sueño”. Con el signo * el autor hace una llamada a pie de página donde aclara : “No existe una traducción precisa de este término en castellano”.

Y otra anotación : no se confunda a Henri Corbin, a quien citamos, y que es un estudioso de estos temas y otros de sumo interés, con Henri Corblin, inventor de un compresor. El que citamos es francés, y el inventor es norteamericano).

Los lectores que hayan seguido nuestros ya numerosos textos donde hemos hablado de la naturaleza de los sueños podrán recordar que, en más de una ocasión, se ha defendido la tesis de que, del mismo modo que tenemos un plano de la realidad donde nos desenvolvemos en estado de vigilia, es decir, despiertos, también existe otro plano, igualmente “real” pero de diferente tipo de realidad, que es el plano onírico, y donde nos desenvolvemos cuando, ya una vez dormidos, soñamos.

2.- En este sentido, la palabra “imaginal” no nos es necesaria : hay un mundo onírico, que cada cual vivencia por lo general a solas, y otro mundo “fuera del sueño”, que llamamos “real” pero que es tan “imaginado”, esto es, tan “filtrado” por el cerebro y los sentidos, como el otro, como el del sueño, sólo que este segundo sí puede ser compartido a la vez por muchos individuos. Y, -para nosotros, quiero decir que para quien esto escribe-, ambos mundos son imaginarios : el mundo real está “más arriba” : nos trasciende. Pero volvamos a nuestra actual “realidad” y retomemos el tema de la posible entidad del sueño. Y de paso, y antes de seguir, acudan a este link, que les puede resultar ilustrativo :

http://onironautas.org/robert_louis_stevenson.html

¿Cómo puede negarse esto, la realidad de los sueños, cuando solemos pasar por lo menos una cuarta parte de nuestra vida durmiendo, – unas seis horas, de las 24 de cada día -, y se sabe que durante el estado del dormir solemos soñar, o “ensoñar”, por lo menos unas seis o más veces durante ese tiempo?

No importa ahora que sólo se recuerden algunos sueños, o a veces ninguno, lo cierto es que se tienen ensoñaciones o sueños, y las pruebas de ellos nos vienen dadas por estudios realizados en Laboratorios del Sueño, como puede cualquier lector comprobar, por ejemplo, en el libro de Peretz Lavie titulado “El fascinante mundo del sueño”, citado y comentado también algunas veces en este mismo blog.

Es más : ha habido personas cuyas vidas han cambiado de manera bastante sensible a raíz de haber soñado algo. Y esto otro : en sueños, nuestro cerebro resuelve problemas, toma decisiones, aprende cosas que despiertos no somos capaces de ver o entender con entera claridad. Más abajo, pondré ejemplos históricos y comprobables de esos casos de personas que cambiaron sus vidas a partir de sueños tenidos. Ahora, lo que queremos dejar en claro es el modo como nuestro “Yo” se con-forma, es decir, se organiza y construye, en torno a ese núcleo vital, absolutamente individual y rara vez posible de compartir del todo con otras personas. Y anoto : los casos de sueños determinantes los pondré en un post venidero. Adelanto que serán en torno a vivencias de  Don Bosco, del científico Kekulé, de Robert Louis Stevenson, y de mi propio padre, Manuel Laza Palacio.

3.- Salvo casos excepcionales, no soñamos conjuntamente con otras personas a la vez los mismos sueños, sino que cada uno “sueña sus sueños” de manera completamente individual; y no se habla ahora de compartir tal o cual ilusión, o esperanza, o ideal, o “sueños no-vividos”, sino de “ensueños” : esas imágenes que se producen en el cerebro en tanto estamos durmiendo y sólo en ese estado : dormidos.

Siendo esto así es más fácil explicar el por qué cada individuo humano es irrepetible y único, cosa que en otros tipos de seres vivos no sabemos si ocurre igual : hormigas, abejas, plantas, moscas…

Y nuestro Yo se organiza de este modo unipersonal debido, sobre todo, a algo que se conoce ya desde el campo de la Neurología, y que consiste en la extraordinaria “plasticidad” del cerebro humano : cada vez que decimos o pensamos algo, cada vez que se inventa uno una historia, se memoriza algo, etc., estamos en realidad creando modificaciones en zonas de nuestro cerebro, y estos procesos son del todo personales, con lo que cada cerebro humano acaba siendo único, y esa “unidad” a la vez que “unicidad”, es lo que forma y constituye la base de nuestros “yo-es”. Y cuanto soñamos, es decir, lo que ocurre en nuestro estado de Yo-en-Sueño, nos configura también. Y a veces, con mucha más fuerza y determinación de lo que en principio quizá supongamos. Pero eso es ya tema de otro texto, próximo en este mismo blog, andando los días.

Porque esa es otra : no tenemos un único “yo”, sino una multiplicidad de “sub-yoes”, que muchas veces entran en conflicto entre sí. Y tales conflictos suelen a su vez resolverse con mayor facilidad cuando somos capaces de aprender a recordar y controlar nuestros sueños. Estamos aquí ante un verdadero continente sumergido, o si se prefiere, ante un universo ignoto, prácticamente inexplorado. Y a eso debemos añadir lo antes dicho : la idea de que nuestro cerebro queda ya estructurado para siempre a partir de cierta edad, ya no es admitida por la Ciencia.


El Yo y el Sueño


Danah Zohar

Parte IEL YO

1.- Algunas de estas cosas que se van a reproducir ahora son conocidas por la ciencia desde décadas atrás, y siguen estando sometidas tanto a nuevos estudios y teorías como a constantes revisiones. Atañen a eso que llamamos “el yo”, cosa que en principio suponemos ser nosotros mismos, en el sentido de que nos identificamos con él, con nuestro personal “yo” : una persona, por ejemplo, que haya sufrido una amputación de un brazo, debido a un accidente, o que haya donado un órgano como un riñón, no deja por eso de considerarse la misma : su “yo” personal asume el cambio y no por eso cambia él mismo.

De manera similar, cuando, pongo por caso, llegados que estemos a edades como los 40 años, o los 60, y nos auto-contemplamos retrospectivamente en nuestros 12, 15 años, o en los veintitantos, ahí, en esas edades del pasado, pese a los cambios de aspectos y modificaciones que constatemos, nos seguimos pensando los mismos. Nuestro yo, permanece. Bien. Ahora, veamos qué cosas dice al respecto un curioso libro, que es un buen ensayo y que en gran parte continúa teniendo vigencia. Se trata de una obra cuya autora es Dana Zohar. El título de la traducción del libro al castellano, “El Yo Cuántico”.

La edición primera inglesa, “The Quantum Self” es del 1990, la tradujo, en abril de 1996, Rafael Quijano, y esa primera edición traducida es la que ahora manejamos. Debemos insistir en este hecho : aunque los estudios de Neurociencia, y los de Física Cuántica entre otras disciplinas, así como la Psiquiatría y otros campos del saber han avanzado en muchos aspectos desde ese año de 1990 hasta la actualidad, las cosas que se plantean en este lúcido libro de D. Zohar, en parte porque ya en su inicio eran muy novedosas y en parte porque estas disciplinas experimentan aún “vaivenes”, por así decirlo, y determinadas “construcciones mentales” sobre cuestiones de estas ciencias caen en un relativo descrédito por un tiempo, luego renacen y vuelven a retomarse a la luz de nuevos descubrimientos que obligan a volver sobre lo que se desechó. Naturalmente, sí que siempre hay aspectos que quedan definitivamente superados. Pero suelen ser los menos.

2.- Pero vamos a algunas de las afirmaciones que encontramos acá y allá en el texto del libro citado : “Como dice mi hija de cinco años, muy razonablemente, “Si todos fuéramos lo mismo, nos sentiríamos muy confusos”. Si las partículas (elementales, cuánticas, aclaramos nosotros) fueran todas lo mismo, la naturaleza sería muy confusa.” Y más abajo, continúa la autora :

“… los fenómenos del cerebro dividido son prueba de que el yo no es un total eterno e indivisible, como afirmaba Descartes, ni las partículas como pequeñísimas bolas de billar, sólidas e indivisibles, como suponían  la física de Newton. Tanto los yoes como las partículas son más fluidos que eso y ambos un poco más “mutables”. Fluyen dentro y fuera de la existencia, ahora tranquilas y solitarias, ahora casándose con otros yoes o partículas, ahora desapareciendo en su totalidad … burlándonos con sus formas danzarinas y sus sombras.” (pág. 107).

La situación de “cerebro dividido” es un caso extremo. Lo normal es un cerebro relativamente unificado, sólo que contiene una diversidad de “sub-yoes”. Los médicos psiquiatras, -afirma la autora-, están habituados a tratar a sis pacientes haciéndoles entablar diálogos con esos diferentes aspectos de su personalidad, que aparece escindida a veces en grado sumo, aunque por lo general sin que llegue a estarlo de manera grave. Con todo, lo usual es un yo integrado, y vamos a ver qué pasa con éste.

Les paso lo que se lee en página 111 :

“En virtud de que los sistemas cuánticos están ondulando y sus fronteras están cambiando, el grado hasta el cual el yo está integrado en un momento dado, puede variar de momento a momento. El acto de prestar atención enfoca nuestra energía mental, por lo que, a través del mecanismo de atención selectiva, podemos canalizar más energía en algún aspecto particular del yo, “iluminándolo” (dándole más coherencia); mientras que otros (sub-yoes, aclaramos) retroceden hasta el fondo. En ocasiones podemos incluso encontrarnos “apoderados” por uno de nuestros sub-yoes. Por ejemplo, cuando una persona enojada no puede pensar en nada bueno respecto a la persona que ma durante una disputa; o una persona deprimida no puede pensar en ninguna razón para sentirse feliz cuando sufre su aflicción. Cuando esto ocurre, decimos que la persona está “desequilibrada”, correcta descripción dada a la dinámica cuántica de la personalidad.”

En la parte II, abordaremos lo relativo al SUEÑO en esta perspectiva, es decir, en lo que desde este estudio, ya señero y aún con amplias zonas de aceptación y otras en vías de superación. Eso, en la próxima entrega. Gracias.

Mundo y Sueño

I .- MUNDO

COSMOGONÍA

Ni tiniebla ni caos. La tiniebla

requiere ojos que ven, como el sonido

y el silencio requieren el oído,

y el espejo, la forma que lo puebla.

Ni el espacio ni el tiempo. Ni siquiera

una divinidad que premedita

el silencio anterior a la primera

noche del tiempo, que será infinita.

El gran río de Heráclito el Oscuro

su irrevocable curso no ha emprendido,

que del pasado fluye hacia al futuro,

que del olvido fluye hacia el olvido.

Algo que ya padece. Algo que implora.

Después la historia universal. Ahora.

El soneto, que en la edición de Miguel García-Posada es uno de los cuatro textos que se han seleccionado de entre los de Jorge Luis Borges, posee esa rara perfección que los textos poéticos del ilustre argentino tienen. Si en su prosa podemos encontrar, acá y allá, la sorpresa en un adjetivo, en su poesía es difícil remarcar una sola cosa sobre todas las otras, pues todas aparecen en completo equilibrio.

Hay en su texto poético una enorme carga de cultura. Y de cultura asimilada, pasada por ese siempre difícil cedazo de la selección que lima, perfecciona, ordena y configura : se libra de ese modo J. L. Borges de convertirse en una de sus personales criaturas literarias, la de Funes,  -recuerde el lector su “Funes el memorioso”-, porque ¿qué sería de la obra de Borges si, con su inmenso caudal de lecturas, no hubiera sido capaz de haber ido seleccionando lo que leía, al mismo tiempo que lo leía? Hablo de esa selección que se hace mentalmente y luego nos lleva, inevitablemente, a la re-lectura. Puede que hubiera sido eso que al principio de su soneto niega : tiniebla y caos.

Pero no es el caso : la obra entera de Borges es un ordenado cosmos donde, si alguna vez aparece algo que pueda parecer como ajeno al orden, pongo por caso esos extraños laberintos, esos impares espejos, o esos personajes absolutamente individualizados y tan borgianos como son kafkianos la mayoría de los de F. Kafka, todos tienen su exacto lugar en la gran obra del argentino.

El texto empieza, por así decirlo, en el propio relato del Génesis : “… la tierra era confusión y caos. Y las tinieblas cubrían la superficie del Océano…” Y todo ello, en el marco de un omnipresente Verbum, el Verbo Creador. El del Dios, el Demiurgo. O el del poeta, ese frágil creador humano. Y el texto, tras de aludir al espacio y al tiempo, nombrar a Heráclito y su eterno río, esa grandiosa metáfora, quizá la más destacada de cuantas la cultura humana supo ver, acaba en la historia universal : Ahora.

Observen el detalle del último verso del texto, del soneto : empieza con un adverbio, “Después…”, y termina con otro, “Ahora”. Uno, continuativo, el otro, puntual. Y esto : de hecho, Jorge Luis Borges nos mete en esas cinco palabras ( : “Después la historia universal. Ahora” ), nos pone ahí TODA la historia universal, (¡toda!), centrada en una continuidad que es un eterno hic et nunc. Un hac hora : Ahora.

Parece como si frente a todo esa “Cosmogonía” que da título al soneto y que condensa esa visión del todo que ahí nos ofrece Borges, el mundo de lo humano, la historia universal, no fuera nada más que una pasadera circunstancia, cosa que posiblemente muchos así mismo lo consideren : no somos más que una mota de polvo en el seno de unos cuantos miles de millones de galaxias, algunas inexistentes desde hace eones, y otras por existir aún dentro también de eones de tiempo.

Pero todas estas cosas  no pasan de ser dispersiones con respecto a lo que el título promete : Mundo y Sueño. Conque vayamos a lo que íbamos :

El texto poético nos ha situado conjuntamente el Mundo, y en él, luego de esa soterrada idea de “creación”, nos ha situado al Hombre. Pero, ¿qué es el hombre, sino algo que es “polvo de estrellas”, o “materia de un sueño que se desvanece”? Porque aún nos falta ver algo sobre eso otro : el Sueño.

II.- SUEÑO

El “Libro de sueños” de Jorge Luis Borges (en La Biblioteca de Babel, de Ediciones Siruela, 1976), es un clásico. Para la segunda parte del breve texto que estamos ofertando a la curiosidad de los lectores nos vamos a quedar en ese único libro, no sin antes recomendarlo a todos cuantos, teniendo el gusto por la lectura, sean amigos de la variedad, la brevedad y la, a veces y siempre muy oportuna, sorpresa. Para más, no nos espacio daría este texto, ya que deseamos hacerlo lo menos extenso posible.

Arrancando de una metáfora de J. Addison que apareció en un ensayo del Espectador, Borges argumenta con la posibilidad de que :

“… los sueños constituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros literarios.”

La idea, por sorprendente que pueda parecer, no es en absoluto descabellada; pero eso es ahora otro tema. Lo que a continuación sigue tiene tanto interés que en un próximo post,  – lo más inmediato a éste de hoy que nos sea posible – , lo retomaremos y trataremos más extensamente ya que vamos a encontrarnos con un elemento arquetípico y simbólico de suma antigüedad e importancia, y ello en el seno de un muy curioso sueño. Un sueño del propio J. L. Borges.

LA CIERVA BLANCA

¿De qué agreste balada de la verde Inglaterra,

De qué lámina persa, de qué región arcana

De las noches y días que nuestro ayer encierra,

Vino la cierva blanca que soñé esta mañana?

Duraría un segundo. La vi cruzar el prado

Y perderse en el oro de una tarde ilusoria,

Leve criatura hecha de un poco de memoria

Y de un poco de olvido, cierva de un solo lado.

Los númenes que rigen este curioso mundo

Me dejaron soñarte, pero no ser tu dueño;

Tal vez en un recodo del porvenir profundo

Te encontraré de nuevo, cierva blanca de un sueño.

Yo también soy un sueño lúcido que perdura

Un tiempo más que el sueño del prado y la blancura.

(Jorge Luis Borges; pág. 121 del libro arriba citado)

Escribe William Blake en “Augurios de inocencia” :

“El ciervo salvaje, que vaga aquí y allá,

protege al alma humana de las

preocupaciones.”

En el Libro de los Símbolos, obra de inestimable valor y que será la que nos acompañará en el prometido y espero que no muy lejano texto sobre este mismo tema, se dice del ciervo blanco que “al caminar hacia adelante a la ligera entre el aquí y lo que no es aquí mientras mira hacia atrás sobre su hombro, este reluciente ciervo blanco salva las esferas terrenal y espiritual, encarna el ámbito simbólico e intermedio del alma y nos conduce hacia él.”

Y más adelante, recordando que desde el Paleolítico hasta la era industrial los ciervos han sido proveedores del género humano y en todas las culturas de todas las épocas venerados de una u otra manera, se nos dice que “ El señor celta de las bestias del bosque, Cernunnos, adornado con frondosas astas, recoge las almas de los moribundos y las acompaña hasta el inframundo.” Baste con esto de momento, pues como se ha anunciado antes, retomaremos el tema.

Allí, en el texto próximo, se dará cumplida razón del citado libro, obra de muchos autores y publicado en muy esmerada edición en el 2011 en TASCHEN. Y entraremos de más de lleno en ese tema, ese arquetipo universal, tratando de “viajar” desde las pinturas del Paleolítico hasta los autores más próximos a nuestro tiempo. Gracias.

De los Sueños : El Comienzo


En un anterior texto nos preguntábamos si alguien recordaba o había alguna vez reparado en el hecho, muy general, de que no se suele ver, en sueños, ni la sombra del propio cuerpo ni tampoco la de objetos diversos que puedan proyectar sombra. Hoy vamos a derivar hacia otras cuestiones también relacionadas con el sueño, pero ahora no vamos a partir de una observación, o por decir mejor, de una pregunta que surgió en su momento en nosotros mismos, sino que partiremos de observaciones tomadas de estudiosos del tema, de auténticos maestros y, en esta ocasión, maestros del campo de la ciencia misma, de la medicina, de la neurociencia. Investigadores cualificados del cerebro humano en su actividad, (por lo muy general, actividad cotidiana : todo el mundo duerme y sueña), onírica, es decir, mientras duerme y sueña. 

Y la autoridad que en esta ocasión va a ser nuestro principal guía es el Dr. Peretz Lavie, de quien en ocasiones anteriores hemos hablado. Hay una obra suya que ya debe considerarse clásica sobre estos temas : “El fascinante mundo del sueño”. El libro se publicó primero en hebreo, en 1993, y luego, en 1996 en inglés en Yale y Londres, simultáneamente. Y la traducción al castellano se hizo el año siguiente, 1997, en Crítica-Grijalbo, a cargo de Joandomènec Ros. La edición castellana tiene una presentación de otra gran autoridad científica en la materia : Michel Jouvet.

Si algún  lector asiduo de estas páginas recuerda estos datos, nada hay de extraño : no me cansaré de recomendar este libro, altamente esclarecedor, y mucho menos después de llevar años constatando algo que a estas alturas no deja de sorprenderme, y que es la “enciclopédica ignorancia” que tenemos sobre estos temas relacionados con algo tan vital y tan de nuestra especie como es el sueño y el dormir. Y, dentro del dormir, el soñar. Algo que hacemos durante, al menos, una cuarta parte de nuestra vida, como es esa necesidad de dormir, es “terra incognita” para la inmensa mayoría de nuestra “culta” civilización de “primer mundo”… Pero dejemos eso, y vamos al tema.

Leamos cosas que dice el Dr. Peretz Lavie en el capítulo 10 de su libro, y luego que cada cual medite o trate de pensar sobre lo que todo eso implica. En dicha tarea, avanzando en estos temas durante próximas entregas, procuraremos ayudar en la medida de nuestras posibilidades, que no creo sean muchas pero sí suficientes, llegado el caso.

1.- “En muchas ocasiones en las que se me pide que proporcione una definición científica del sueño, suelo empezar describiendo las variaciones en la actividad eléctrica del cerebro…” (Se refiere a las que se dan en la fase de transición : “entre vigilia y sueño”, para decirlo con palabras suyas). Pág. 106.

2.- “La mayoría de los investigadores que ha estudiado el sueño de animales están de acuerdo en que el “sueño verdadero” /…/ no apareció en la escala evolutiva hasta después del desarrollo del prosencéfalo y que, asimismo, ello sólo tuvo lugar en los animales de sangre caliente.

Las características electrofisiológicas del sueño paradójico y de otros estadios del sueño aparecen claramente en el mundo de las aves.” Pág. 107.

3.- “Los estudios del sueño realizados en animales han revelado que la primera aparición del sueño paradójico tuvo lugar aparentemente hace unos 180 millones de años. Ello se basa en la existencia de sueño paradójico en la zarigüeya, un marsupial norteamericano que se cree que es un “fósil viviente”, un superviviente de aquel período temprano.” Pág. 111

En el punto 1 nos detenemos para mostrar al lector cómo es posible el estudio que estos científicos hacen del sueño : mediante electrodos conectados al cerebro que miden la actividad de la energía del mismo, que es de carácter electromagnética y se mide por ondas : beta, alfa, theta, delta.

En el punto 2 tratamos de poner de manifiesto la íntima conexión entre el desarrollo de ese órgano tan central ( y aún tan lleno de incógnitas ) y capital que es el cerebro, (en todos los seres cerebrados, pero en especial en los mamíferos, y de modo muy particular en los humanos) y la actividad misma del dormir y el soñar.

Y en el punto 3 centramos nuestra atención en la relativa “novedad” que significó tanto el llamado “sueño paradójico” ( en los demás animales ) como la conocida como “fase REM” del sueño ( en los humanos ). Novedad, pues en realidad esos 180 millones de años en la escala evolutiva son apenas un suspiro. Y más si, como veremos en su momento, cabe la posibilidad de aceptar la hipótesis de que el ser humano, nosotros, llegado un momento de la evolución, hayamos logrado la proeza de “introyectar el Cosmos” en nuestro cerebro.

Volveremos sobre esto, que por mucho que pueda parecer “místico” y hasta “altamente esotérico”, no deja de tener su singular trascendencia. Insistiremos en ello cuando hagamos un recorrido por la terapias con sueños en la Grecia Clásica. Sin embargo, y para no dejar en este punto las cosas algo confusas a lector alguno, citamos al neurocientífico argentino Jorge Affanni, del que trataremos de proporcionar el oportuno link para que todo lector curioso ( o escéptico, llegado el caso : ambas cosa se agradecen ) pueda discurrir sobre el tema con mayores y más fiables datos que no sólo los que mi palabra escrita puede ahora aportar.

Y acabamos hoy aquí : términos como “prosencéfalo”, “sueño paradójico” o “fase REM” están al alcance de todo lector de estos textos ya que aparecen suficientemente explicados en esa “enciclopedia libre” que se conoce como Wikipedia, y estos textos aparecen en la edición digital de La Opinión de Málaga, es decir, en la Red.

De los Sueños : La Sombra

1.- En una teoría general de los sueños serían muchos los aspectos que habría que abarcar, y la razón de esto es doble : en primer lugar, habría que considerar la historia misma de los sueños, y junto con ello las valoraciones que, a lo largo de su historia, la Humanidad ha ido dando a este asunto, el del soñar; y en segundo lugar no podríamos edificar dicha “teoría general” sin tener en cuenta todo lo que la ciencia del estudio del cerebro humano nos vaya haciendo saber.

Sólo con tratar de abordar la historia de los sueños en las diversas culturas humanas, desde la misma prehistoria hasta la actualidad, ya tendríamos un considerable trabajo por delante. Porque esto es algo que no podemos en ningún caso dejar de lado : hay un “universo onírico”, y nosotros, los seres humanos, estamos de lleno en dicho universo. De momento, y en este breve texto de hoy, sólo nos vamos a ocupar de un aspecto muy parcial de ese mundo que cada vez que dormimos solemos visitar, y dejaremos planteada una cuestión que durante algún tiempo nos dará algo en qué pensar : la de “la sombra” en los sueños.

Aclaremos antes de seguir esto de “sombra” : no me refiero ahora a lo que se llama “sombra” y que es algo que se suele identificar con un tipo de presencia o energía, independiente de uno mismo, y que es capaz de manifestarse de maneras diversas. Ahora, y en este texto, nos referimos al hecho de que, por regla general, son muy pocas las personas que en un sueño cualquiera visualizan, o recuerdan haber visualizado, la sombra propia, la sombra de su cuerpo, en esos sueños.

Y si se nos apura : tampoco se suele ver la sombra de los cuerpos de otros individuos o seres con los que se haya inter-actuado en el proceso del sueño mismo. Ya sean seres-personas, seres-animales, o simples seres-presencias.

¿Cuál es la razón de esto, es decir, por qué no vemos las sombras de cuerpos en sueños?

No lo sé. No tengo una respuesta satisfactoria para esta pregunta, y de momento debo conformarme con la pregunta misma, que ya en sí no creo que sea poco. Y será a partir de la búsqueda de respuesta como se podrá ir generando un mínimo capítulo, por así llamarlo, a integrarse, en su día, en esa futura Teoría General del Universo Onírico.

2.- Se sabe que en la Antigüedad se le dio a los sueños una gran importancia. En todas las culturas : desde la China hasta Egipto, desde la Grecia Clásica y su heredera Roma hasta Israel y la Historia del Pueblo Hebreo. En Australia y sus culturas aborígenes. Entre los indios de las praderas de la América del Norte y entre los de las selvas amazónicas, en la India, entre los habitantes y monjes del Tíbet, en todos los pueblos del Africa tanto la antigua como la actual.

En textos anteriores a éste ya mencionamos los estudios de un antropólogo de hacia la primera mitad del siglo XX, Kilton Stewart, que convivió con el pueblo de los Senoi, en las montañas de Malasia, y los estudió profundamente durante más de 15 años. Más abajo ofrecemos un link sobre este interesante capítulo de la Historia de los Sueños entre los Pueblos de la Tierra.

Y desde tiempos muy primitivos, ya en la misma Prehistoria, hasta la actualidad, los sueños han sido altamente valorados y considerados incluso como una vía de conocimiento, tanto para sabios y científicos como para santos y hombres de religión. Pensemos en Don Bosco, por ejemplo. Con un breve lapsus de unos dos siglos, entre fines del XVII y parte de los siglos XVIII y XIX, en que se consideró que los sueños no eran cosa que debería tomar en cuenta una mentalidad “racional y científica”, siempre fueron valorados. Hoy se vuelve a saber que aquel desdén era fruto de una visión errónea del tema, y producto, en realidad, de la ignorancia más que de otra cosa. En definitiva, es un muy gran error el desprecio por el valor de los sueños.

Para una mentalidad medianamente racional y abierta bastaría con que se tomara en cuenta la constitución de la misma Ciencia de la Psiquiatría, con Sigmund Freud a la cabeza y sus posteriores discípulos después, como Alfred Adler, precursor de la psicoterapia, o Carl Gustav Jung, por un lado, y la enorme importancia de los sueños en la misma Historia de la Literatura por otro : muchas obras literarias, poéticas y novelescas, tienen sus origen en sueños, sueños que han conducido a sus autores a logros estéticos de la magnitud de “El extraño caso del Dr. Jekill y Mister Hyde”, de Robert Louis Stevenson. Y es sólo un ejemplo entre decenas posibles, por no decir cantidad mayor que pueda parecer exagerada.

Las Nubes a Veces

Nubes sobre la mar en Marbella. Fotografía de A. Ciero Reina

De pronto las imágenes se abren hacia afuera, la cámara oscura revela abismos insondables. Es el alma, es el alma, es la diosa que se torna nubes en atardeceres, en la mañana, en los celajes fugitivos. El hombre que paseaba junto a la ribera capta un instante en el horizonte, mira despacio los cielos, el rumoroso paisaje, y prepara su brevísimo acto (¡sublime!) donde la técnica y el punto exacto del enfoque apresan perspectivas, castillos, montes, poblados, mil y una cosas añejas, mares preñados de presagios con esas nubes que auguran miradas de deidades. O pueblos eternos entre sembrados y riscos que vistos desde la sabia mirada interior del que maneja la cámara parecen como recién salidos de un sueño.

“¡Amo las nubes, las nubes, las maravillosas nubes…!” , como escribió Baudelaire en el texto que inicia sus “Petits poemas en prose” : “J`aime les nuages… les nuages que passent… labas… les merveilleux nuages!”

Nubes que son mucho más cuando devienen patria : porque también en el aire se tiene, se reconoce la propia tierra que uno sueña. Y porque las nubes a veces son alma, alma que es como la verdadera tierra de la patria.

De J. M. William Turner se cuenta que, luego de ver un daguerrotipo, parece que  reflexionó sobre los efectos de la venidera cámara fotográfica en relación con el futuro de la pintura, y dijo que se sentía feliz de haber pintado ya cuanto le interesaba pintar, ya que consideraba que a partir de ese “artefacto” el arte de la pintura cedería ante el nuevo invento. ¿Cómo iba la mano humana a competir con el fotón?

Como en los textos que seguirán a este de hoy nos vamos a ocupar de un tipo de fotografía que con plenitud de sentido podemos considerar artística, y como esas cuestiones de lindes entre artes, de límites donde la pintura quiere copiar el natural, o por el contrario, trata de interpretar lo que el ojo capta sin llegar a ver “lo que realmente ve”, que más que el ojo son determinadas operaciones, algunas de las cuales estudia en la actualidad la Neurociencia, y otras son objeto de consideración por los historiadores del Arte, no abundaremos ahora mucho en ese tema. Nos quedamos únicamente con esto, que citamos de obra que abajo se indica, y luego pasamos a ver, sin más decir por el momento, uno de esos cuadros-fotografía, (como casi habrá que llamarlos en alguna ocasión) :

Cézanne solía pasar muchas horas contemplando una pincelada. En sus paseos solitarios, se quedaba mirando su tema hasta que éste se derretía bajo su mirada, hasta que las formas del mundo se desintegraban en una masa informe. Al hacer que su visión se desintegrara, estaba intentando volver al comienzo de la visión, es decir, estaba intentando convertirse en una simple “placa de grabar sensible”…” (Pág. 131, “Proust y la Neurociencia”, Jonah Lehrer. Paidós, Madrid. 1ª edición, marzo del 2010).

Y ahora, la cuestión central, la que nos ocupará en otros textos venideros : ¿acaso la fotografía de Antonio Ciero Reina no es en sí un modo “nuevo” de ver el mundo cotidiano? En realidad, todo el arte lo es. Siempre. Y estas fotografías, de las que en la cabecera de este texto ponemos una sólo, pero de las que ofertamos desde aquí el propio Portfolio de Antonio Ciero Reina, son ambas cosas : arte, y modo nuevo de ver el mundo. Quede para más adelante insistir en esta idea, razonarla, y tratar de convencer, en su caso, al lector que pueda albergar dudas al respecto. Gracias.


Los chamanes del siglo XXI


Según un místico dominico alemán de la segunda mitad del siglo XIII, Meister Eckhart, “Cuando el alma quiere experimentar algo, lanza una imagen frente a sí misma, y después se entra en esa imagen.” Tal cosa sería el símbolo. Los símbolos suelen darse por definidos en la mayoría de los usos que se hacen del término.

Quiero decir : si ahora, en este texto, sigo hablando de otras cosas, como las que se dirán en torno a un cuadro (y a la pintura) de Cinta Aller Krähe, y una y otra vez empleo la palabra símbolo, y no explico lo que para nosotros significa dicha palabra, nadie se preguntará por el significado, por el sentido en que uso tal término. Posiblemente, nadie. Eso, sin embargo, es un error : en todo escrito de interpretación de alguna obra como pueda ser un cuadro, un poema, o una serie de signos, todos y cada uno de los términos específicos que se usen deberían ser previamente aclarados.

Según esto, “símbolo”, “chamanes”, y ese “y después se entra en esa imagen”, entre otras cosas aún no escritas, deben ser suficientemente puestos en claro. ¿Qué es eso de “entrarse uno en la imagen (que ha creado antes y la ha puesto ante sí)?

En el inicio mismo de su obra “El hombre y sus símbolos”, K. G. Jung escribía :

“La psique no puede conocer su propia substancia psíquica”, y ello quedaba dentro de un más amplio y problemático contexto epistemológico : “no podemos conocer la naturaleza última de la materia”. Cuando aparece esa obra última de Jung ya se han producido las grandes discusiones en torno a la naturaleza de las partículas consideradas elementales de la todas las cosas, ya ha nacido y crecido la Mecánica Cuántica, que es la gran revolución de la Física en el siglo XX.

Y hoy, en la actualidad, a eso hay que sumar lo que sobre la “misteriosa” organización del cerebro humano se está estudiando : la neuro-psicología ha llegado a los umbrales de un misterio, que es el del propio cerebro humano como “objeto físico de estudio” (¡ni siquiera aún hablamos de la mente!), y se está aplicando lo que se va sabiendo al estudio de las obras de arte : la obra literaria de Marcel Proust, la de Joan Miró, la de Vincent van Gogh

Lo propio del artista moderno es, ante todo, crear un mundo de símbolos, un océano de representaciones o ideaciones simbolizantes, mar en el que se sumerge y en el que se entra, y desde esos abismos nos lanza destellos : tenemos que captarlos a tratar de conectar con al artista a través de sus símbolos, o sea, de cada una de las creaciones donde nos propone auténticos enigmas.

Esto es así de una manera muy clara y explícita en literatura desde la obra de Charles Baudelaire, que usó con sumo acierto , en ese rotundo texto que es su poema Correspondances, la expresión “bosque de símbolos”. Por no irnos a otros autores y obras anteriores, y también bastantes otros posteriores. Y lo que vale para la literatura suele valer en general para la pintura, y a la inversa : nos movemos en las lindes visibles de la creatividad del ser humano en poesía, en pintura. Y no queremos entrarnos en otros universos artísticos, ni podríamos hacerlo sin menoscabo de la reducida extensión que debemos dar a este tipo de textos.

En la naturaleza del símbolo está implícito un proceso. Dicho proceso queda ya planteado en la propia etimología de la palabra : lanzar algo hacia otro lugar desde un previo algo diferente, sería la más clara explicación del proceso a que aludimos. La palabra griega compuesta “Sym-bólon / sym-bállein”, de donde “símbolo” .

Hay cuadros “realistas”, que reproducen un a imagen del natural sin ir más allá de lo que se mira, y obras “simbólicas”, que desde lo que se reproduce hay que “saltar” hacia otra cosa, por lo general, no explícita, sino sólo simbolizada, escondida, oculta. Y ahí, en ese modo de simbolizar, entra la actitud que hemos llamado “chamánica” : muchos de los artistas modernos, o no pocos de ellos, en el fondo son chamanes en potencia, en tanto bucean en sus almas y desde sus almas tratan de entrársenos en las nuestras.

En la obra de Cinta Aller Krähe se da, en mi opinión, este tipo de fenómeno y me atrevo a decir que eso ocurre con cierto conocimiento de la pintora misma, que no rehuye el reto de abismarse en sí misma para alcanzar la plenitud de una comunicación interna que desvela y conjura al mismo tiempo. “Revela” (en el sentido de “descubre”), y a la vez “re-vela” (esconde doblemente). Ahí es donde veo uno de los aspectos que he definido, de un modo aún sólo aproximado y sin irme muy al fondo, chamánico. O si se prefiere, demiúrgico. Porque en realidad todo creador de algo es un demiurgo : su propia alma entra en el proceso creador y ahí es donde el artista, en este caso la pintora C.A.K., “se la juega” : su interior es su propio reto.

En una entrada posterior a esta, trataré de justificar gran parte de lo hasta aquí dicho, y daré la bibliografía oportuna. Gracias.

Cosas, territorios, símbolos


1.- No es fácil concebir un objeto con vida propia que esté libre de todo tipo de contexto. Cualquier cosa que podamos imaginar, sólo nos resulta imaginable en el seno de un conjunto, el que sea, de otras diversas cosas. Esto debe ser así porque cualquier objeto, incluso cualquier teoría o, en su lugar, cualquier “mundo mental específico”, sólo pueden tener existencia si hay una previa concepción de tales cosas por una o por varias mentes suficientemente centradas en ellos, en los tales objetos, cosas, teorías o mundos que sean posibles de idear.

Del mismo modo que todo lo que pueda ser nombrado tiene que serlo a partir de un determinado lenguaje, el que sea, así también todo lo que pueda ser imaginado tiene que serlo a partir de una, – o unas, como se ha dicho antes -, mente que imagina. Antes de que existan los mapas han existido los territorios, y luego, una vez que se han hecho mapas a partir de esos territorios, se pueden ampliar, acortar, discutir o inventar nuevos mapas.

Pero no podemos “construir” territorios desde la propia mente como no sean “territorios estrictamente mentales”, sólo ideales, “ficciones de territorios”. El Dorado en el siglo XVI y en el ámbito hispánico es un territorio ideado, una ficción territorial. Existe en el lenguaje, en un lenguaje inicial (el castellano del siglo XVI) del que luego puede pasar a otros lenguajes. Pero no existe en lo que llamamos “geografía de un mundo real”. Piensen ustedes un tenedor, una pipa para tabaco, un casco de ciclista o uno de soldado de los tercios españoles del XVI o del XVII.

Ahora piensen el tenedor pintado junto a otros tenedores, dos o tres, cuatro o incluso cinco, y exhibido junto al nombre de un restaurante. O piénsenlo como un objeto de plata, por ejemplo, y útil para ser usado sobre carne, pescados, alguna fruta…, etc., y con el que nos disponemos a cortar filetes con un cuchillo, o a tomar trozos menudos de comida de un plato. Uno y otro son tenedores de diferente orden de cosas, y en cada caso están en contextos diferentes, tienen sus propios territorios, si se nos permite ahora la metáfora. Y además de cosa (tenedor) pueden ser símbolo (categoría del restaurante) : primarios o de primer grado el tenedor pintado junto a otros semejantes para indicar categoría, o símbolos eventuales en el caso del tenedor-objeto real. Y lo mismo hagan, cambiando los elementos adecuados, con la pipa. O con los cascos. En cada caso estaremos en contextos distintos, y cada contexto constituye un territorio propio. Y cada uno de estos contextos o territorios, ¿no son mundos mentales, no “están ahí” a partir de nuestras previas concepciones, aquellas mismas que los hicieron inicialmente posibles? ¿No es la heráldica, por ejemplo, todo un mundo mental con su amplio y propio territorio?

2.- En cierto sentido podemos decir que somos responsables de los mundos mentales donde al cabo nos instalamos y a los que habitamos como seres pensantes. Y los habitamos a la vez como agentes (y pacientes también) de nuestras propias ideaciones, e ideaciones con las que nos implicamos al tiempo que implicamos con nosotros a otros muchos más : a nuestros coetáneos; y, de modo eventual, a nuestros descendientes, los seres que nacerán luego que nosotros y vivirán en el (o en los) mundo(s) que les dejamos por nosotros mismos fabricado.

Pues bien : esto ocurre en política, en las modas, en las nociones de justicia social, en todo tipo de códigos, ya sean expresos, o ya sólo existan de manera implícita, como sobre-entendidos. Esto ocurre en todos los órdenes de la vida por la sencilla razón de que somos seres sociables, nos guste o no. Pero ahora vamos a salir de esta atmósfera general que hasta aquí hemos estado manejando y nos vamos a centrar en un ámbito más concreto : el de los Símbolos, y dentro de estos, el de los símbolos en cierta parcela del mundo de las Artes, en concreto, la Pintura.

3.- Empezaremos diciendo que los símbolos son un lenguaje que tiene en principio una doble dirección : por un lado, son universales. Contienen en sí lo que se conoce como “arquetipo”, y su carácter es general, abarca a toda la Humanidad y las culturas. Y por otro lado son particulares y se dirigen en concreto a cada individuo : se “particularizan” porque cada ser humano necesita, – y esto no es más que un ejemplo -, ver/sentir en sus soñares, a veces, mensajes “duros” y, como dice Pierre Fluchaire, “no todo el mundo es masoquista” (vid. “La revolución de los sueños”).

Cuando decimos que los símbolos son universales y con-forman con frecuencia estructuras arquetípicas no se debe dejar de lado el hecho de que tales universalidades son restringidas : cada gran ciclo cultural tiene su propia universalidad. Al menos en los simbolismos del mundo onírico, en los sueños, debe ser así : una cruz, o el pan, por ejemplo, símbolos ambos que propone P. Fluchaire en una parte de su obra, no pueden “decir” lo mismo en el sueño de un romano de los siglos anteriores a Cristo, (la cruz), o en el de un amerindio, (el pan), que se alimente básicamente de maíz o de “pan de casabe”, hecho a partir de la yuca.

Cosa diferente es cuando tratemos con símbolos de carácter mucho más universal, como el puedan ser el fuego, las aves, el agua o las nubes y las tormentas. Un “esqueleto de símbolos” deberá superponerse a otros, y conformarse según estratos de mayor a menos universalidad, dependiendo de la hondura que tengan en el subconsciente de los seres humanos formando culturas diversas. Y ahora, pasamos a la cuestión central de este escrito de hoy, que precederá o otros más sobre obras pictóricas de Cinta Aller Krähe y de Igor Torres : ¿a qué categoría pertenecen los símbolos que encontramos en las obras de arte que contemplamos como pinturas?

4.- ¿Están en un mismo estrato de simbolización un bisonte pintado en las paredes de una caverna hace 30.000 años, pongamos por caso, que un toro plasmado en un lienzo por Picasso, por ejemplo? Sabemos que Pablo Ruiz Picasso admiraba profundamente la capacidad que él percibía en el modo de reflejar con un rápido y único trazo el movimiento de animales representados por los artistas (¿chamanes, además de artistas? Un libro de Jean Clottes y David Lewis-Williams, de notable vigencia, y que se titula “Los chamanes de la prehistoria”, eso propone) prehistóricos, y lo manifestó en más de una ocasión, pero, ¿iguala eso en algo el tipo de pintura que él iba desarrollando y la que muchos milenios más tarde descubre la humanidad actual que hacían los hombres del paleolítico? ¿Son equiparables, aun cuando sea grosso modo, los artistas pintores de la actualidad a los de aquellos remotos tiempos? Parece que en determinadas cosas, por cierto muy puntuales, podrían serlo. Y en otras muchas, desde luego que sería muy discutible aceptar esa idea. Y no sólo por las respectivas “funciones del arte” implícitas en las sociedades y mundos donde se dan ambos modos de pinturas, sino por otras muy diferentes razones.

En entradas en este mismo blog, y también en ese otro que se titula “La Voz al Vuelo”, ambos de La Opinión de Málaga, entraremos ya en las visiones interiores que nos proponen las obras de Cinta Aller Krähe, de quien ya dimos noticia en otro texto anterior a este, y de Igor Torres, cuya obra tiene también una especial manera de fascinar, como podremos ver.

Resta decir que la obra que arriba ilustra esta entrada es de Cinta A. K. y forma parte de una serie dedicada a los filósofos pre-socráticos, cuyas reflexiones e ideas, en palabras de la propia pintora, ya le impresionaron cuando los estudiaba por primera vez en su 3º de BUP, aquel bendito Bachillerato hoy ya en mejor vida. Gracias.