¿Oscuros Sueños?
¿Existen “sueños oscuros”? Quiero decir que si sería algo posible aceptar que en el seno del ámbito puramente humano, en este pequeño “microcosmos” que es cada ser humano, existe un “algo” que desconocemos y que podemos asimilar a lo que en el Universo se conoce como materia/energía oscuras. Y que ese algo estaría representado en gran medida por nuestros sueños : nuestro sueños esconden unas tres cuartas partes de nuestra personalidad, del mismo modo que la materia oscura y la energía oscura del Universo “esconden” en una altísima medida la naturaleza misma de lo que hasta antes de ayer creíamos conocer de manera bastante fiable.
A partir del descubrimiento de la llamada “materia oscura”, y de la “energía oscura”, los astrofísico más sensatos reconocen que “ahora sabemos menos del Universo de lo que creíamos saber antes de esos descubrimientos”. Expliquemos esto : hasta que los grandes telescopios, como el Hubble, dieron cuenta de fenómenos de curvatura en el seno del Cosmos y abarcando distancias enormes, curvaturas que presuponían la existencia de un tipo de materia y de energía a las que adjetivaron de “oscuras” porque no eran ( : no son) directamente observables. Su No-Observabilidad es lo que las ha mantenido fuera de las especulaciones científicas hasta hace unas tres décadas como mucho, aproximadamente.
Sin embargo, esto de que “sabemos menos” es un modo de decir las cosas, porque en realidad las cosas pueden (y deben de) verse de otro modo : sabemos más, pues hemos descubierto algo antes no conocido, pero parece que sabemos menos, porque esos “algo antes no conocido” ( : la dichosa materia y energía oscuras), al cuestionar casi todo lo que en astrofísica y cosmología se daba como cosa ya firme, se plantean nuevas preguntas, surgen nuevas incógnitas y, de ese modo, de nuevo y una vez más en la Historia de la Ciencia la perplejidad se instala, no se sabe por cuánto tiempo, en el centro del viejo saber.
Lo que ahora queríamos plantear es lo siguiente : del mismo modo, en el seno de la psicología del ser humano, en el conocimiento de nuestro mayor o menor “espacio mental ya firmemente sabido o controlado”, los sueños pueden representar ese “mundus absconditus” o mundo escondido que, una vez desvelado, sí que podríamos trazar un claro “mapamundi de nuestro ser mental y psíquico”.
Ambos temas, el del cosmos y el de los sueños, desde muchos ámbitos, lector amable, me/nos interesan profundamente. Y aunque a algunos, sobre todo los relacionados con la Física y la Cosmología, sólo nos es posible acceder a través de obras de divulgación, (pues no tengo una formación científica sólida en las materias que yo desearía, que siempre se suele desear lo que no se tiene, en especial en esto del saber), sin embargo sí que nos es posible trazar caminos razonables hacia metas por conocer. Y esto, debido sobre todo al alto poder comunicativo de esas grandes obras de divulgación científica.
En el caso de los sueños, ya es otro el cantar. No diré esa osadía de que ahí sea yo sabedor de grandes o de muchas cosas, pero desde luego sí que puedo razonar no pocas (cosas) para conmigo mismo y, desde ese modo de “insight”, para con los lectores. Y una de esas cosas es la posible similitud, el plausible paralelismo, entre cosas del cosmos y cosas del ser humano y sus cerebro : como máximos exponentes de lo que hasta hoy eso que llamamos “Vida” ha puesto al alcance de nuestra Ciencia : la que se ha venido fraguando desde el tiempo de las cavernas ( e incluso mucho antes), con el uso deliberado del fuego, de las pinturas en cuevas y abrigos, de los útiles por rudimentarios que sean, y de la transmisión de todos esos saberes que van desde la talla de una piedra o de los mitos iniciáticos a la formulación de una serie de principios que, respetados de todos, hacen posible la convivencia pacífica entre los seres humanos y sus mutuas ayudas. Seguiremos con este nuevo sesgo del tema “Sueños/dreams/rêves”.
Sueños : Mente
Los sueños pueden ser destruidos de muchas maneras. Puede hacerse destruyendo a sus portadores, a quienes los producen, a los soñadores. También pueden alterarse sus contenidos, y de ese modo des-virtuarlos. Un sueño desvirtuado, esto es, desprovisto de su virtud, ya no es un sueño : es un cascarón vacío. Otro de los muchos modos de eliminar el mundo de los sueños y, con ello, a los sueños mismos, es cercenando de raíz la posibilidad de que se sueñe : deje usted a un durmiente sin sus sueños, y habrá cercenado en dicho durmiente algo más que la virtualidad de su soñar, pues llegará a alterar hasta tal punto su mente, que hará de un ser humano una entidad sin contenido realmente humano. Un loco, un ser “demens”, es decir, “sin mente”. La mente humana se alimenta de sueños, esto es una realidad incontestable.
Cuando los estudiosos del mundo de los hombres de las cavernas, nuestros ancestros de hace 30 ó 40 mil años, e incluso más, vieron eso que con tanta nitidez ha explicado María Zambrano en sus ensayos sobre el sueño, esto es, que el sueño es arte y que el arte nace del sueño, y cuando esos estudiosos -hablo de eminencias como David Lewis Williams, por ejemplo- llegan a comprender que los hombres que pintaron cavernas como la de Lascaux, pongamos por caso, y que al hacer eso estaban actuando según patrones neurológicos que hoy comienzan a conocerse con más detalle merced a la Neurología, y vieron más aún : que tales “patrones del cerebro” los igualaban en gran medida a lo que hoy somos los seres humanos, esto es, que eran como nosotros en lo básico, se puede decir que habíamos topado con una “piedra rosetta” de nuestra propia identidad : aquellos hombres eran, neurológicamente, como somos nosotros.
Soy consciente de que esta afirmación podrá sorprender a muchos, y no faltarán quienes consideren que entre el hombre que pintaba bisontes y caballos y manos en Lascaux o en La Pileta (Ronda) o en Altamira, y nosotros, los hombres actuales, median abismos.
Sin embargo, y luego de valorar una serie de elementos el menor de los cuales no es la capacidad de hacer arte, la de soñar y tratar de incubar sueños, (que eso es lo que, quizá, esté haciendo el chamán-hombre-pájaro que “duerme” en Lascaux junto a su bastón chamánico con su puño igualmente representando un pájaro, ( : lo mismo que su rostro, “disfrazado” de pájaro), y ante la imagen de un gran bisonte : está incubando un sueño), así como organizar sus vidas y moradas de acuerdo con unos esquemas que nos remiten, al creer y razonar de muchos, a un cosmos “real” que existe sobre nuestras cabezas y vemos cada noche en los cielos despejados, y, luego de valorados esos elementos, caer en la cuenta de que tales cosas se han dado en todos los pueblos de todas las latitudes del planeta que habitamos, y nos han llegado a través de culturas ya tan cercanas y tan “nuestras” como las de los griegos clásicos y los romanos de la época de Cicerón, y la de los celtas y germanos, etc., etc., finalmente he llegado a la conclusión de que los sueños son en sí una especie de “piedra rosetta” de la mente humana, de que sin sueños no nos es posible ser real y verdaderamente humanos, y que son los sueños el más elemental alimento de nuestra mente.
Pero como esto que se acaba de decir necesita de una mucho más cimentada base, y como el material de que disponemos para ello es amplio y está a la fácil comprensión de todos los lectores, en sucesivas entradas a este blog iremos dando datos y razones, y, luego de ello, ya podremos entrar en las discusiones que quieran ustedes. Antes de irme hoy : mil gracias a cuantos se dirigen a mí y me consultan cosas, o me dan datos que no tenía yo, o me niegan, simple y llanamente, lo que creo saber : todos ellos me enriquecen y animan. Gracias.
Soñar es Arte
La Física nos dice que somos seres materiales. Y deducimos de ahí que estamos en un cuerpo y en un espacio, y que todo eso que somos está dentro de un tiempo, pasado el cual, dejamos de ser lo que somos y nos desvanecemos. Somos cenizas o polvo que retornan un día a lo que fueron. De la Química deducimos, entre otras muchas cosas, que memoria, deseos, pensamientos, sensaciones…, todo cuanto la mente desde el cerebro elabora, son reacciones : a partir de las neuronas, de todos los circuitos y conexiones que constituyen esa fantástica “máquina viva” que es el cerebro humano, desde ese complejo que no tenemos por qué convertir en nada “misterioso” ni “mágico”, (por más que no sea éste, nuestro cerebro, aún conocido del todo), desde ahí con-formamos todo lo demás. Y la ciencia de la Neurología se esfuerza en esa tarea : desentrañar esa máquina, el cerebro.
Pero las cosas, por lo menos para un cierto número de formas de pensar, no son tan simples o, al menos, no terminan ahí. Todo lo contrario : es “ahí” donde empiezan todas las cosas, es a partir de ahí donde comienzan a nacer innumerables preguntas cuyas respuestas, o no están dadas del todo, o cambian con los tiempos, o hallan, sí, eventuales soluciones que dejan de ser válidas un día…, y vuelta a empezar.
Las indagaciones sobre el lenguaje, los fundamentos de determinadas corrientes de la filosofía, el ser mismo del arte en muchas de sus manifestaciones, cuestionan, en sus bases, en sus más fiables bases, en principio, estas tan elementales y, al parecer, innegables respuestas de la física y la química. Eso, por no entrar en otras ciencias de la naturaleza ni meternos en aquellas camisas de once varas de las ciencias del espíritu, suponiendo que haya una “ciencia” del espíritu y, desde luego, sin plantearnos aquí y ahora la definición de esa escurridiza palabra : espíritu.
Algo (anticipo) que sí que haremos en otros textos, más adelante, cuando tengamos más acotado ciertos “campos” que aún habremos de delimitar con certeza, pues son campos de la ciencia del lenguaje, de la semántica, de los orígenes de las palabras. Me refiero con ese “algo” a abordar un intento de trazar una determinada “cartografía” de lo que hoy por hoy podemos entender por “espíritu humano”. Pero hoy, nos quedamos en las lindes de ello, y seguimos con los fantasmales y luminosos parajes de los sueños.
“Nace la pintura, como es sabido, en las cavernas para apresar mágicamente algo que fluye y se escapa : las almas de los vivientes codiciados.” Es cita de un texto de María Zambrano, y es cita donde nos hemos permitido hacer una modificación que inmediatamente voy a aclarar. Donde hemos puesto esos dos puntos (:) entre “…escapa” y “las almas…”, lo que la discípula de Ortega y Gasset nacida en Vélez Málaga había escrito era, simplemente, una coma (,). He creído, y espero no haber incurrido con ello en un error, que con los dos puntos daba ahora más rotundidad a la afirmación de la gran filósofa española del siglo XX. Ojalá hayamos acertado.
Los sueños constituyen por sí mismos un universo tan rico y complejo que no creo que puedan ser desentrañados ni por la Física, ni por la Química, ni tan siquiera por la misma Neurología, aunque sí puedan ser tratados en parte por la Psicología y la Psiquiatría. Porque, -y es esto una creencia muy afirmada en nuestro más íntimo ser-, los sueños en gran medida constituyen un arte. Sí : existe un arte del soñar, o del “ensoñar”, y es desde esa forma de arte que se originan en una muy gran medida gran cantidad de obras de arte y hasta se configuran determinados artistas y pensadores, creadores todos ellos, antes de, durante el, y después del Surrealismo.
Venidos más acá de los años donde se dio lo más fecundo y granado del Surrealismo, los de las dos primeras décadas del siglo XX, han seguido surgiendo creadores que continúan las líneas maestras de los maestros del movimiento “sur – real”. Uno de ellos, de quien espero ocuparme con mayor detenimiento en próximas entregas a este foro, es el creador polaco Jacek Yerka, de quien es ese cuadro que hoy elegimos como ilustración a este post de hoy.
Sueño y Tiempo
Podría parecer que los sueños carecen de tiempo, que no hay realmente eso que conocemos como “tiempo” en las horas de la vigilia, en los sueños, se nos esfuma, desaparece. Pero sería un error ceder ante esa primera impresión. De hecho, de tal error ya nos sacan, sobre todo, dos escritoras del pensamiento, dos pensadoras del decir y del hablar, del lenguaje : María Zambrano y Chantal Maillard. La discípula de Ortega, en su “El sueño creador” (1986), sobre todo; Chantal, en su “La creación por la metáfora. Introducción a la razón poética”(mayo, 1992), uno de los mejores estudios reflexivos, (¿qué estudio que no lo sea de veras no es, necesariamente, reflexivo?), que conozco sobre la obra de María Zambrano. Pero vayamos a lo nuestro, que no puede ser en este foro sólo un filosofar : hemos de centrarnos en aquellos aspectos de la naturaleza de los sueños que nos los hagan comprensibles o, al menos, más comprensibles, a la inmensa mayoría de los lectores.
En los sueños hay unos modos de tiempo que no son, ciertamente, el tiempo de la vigilia, el tiempo de “estar uno en su ser lúcido”. Citemos aquí unas palabras de la obra antes dicha de Chantal Maillad : “El tiempo de los sueños es la atemporalidad.” (pág. 83). Y antes, un par de párrafos arriba, hemos leído estas reveladoras secuencias de palabras : ” En el sueño no hay acción porque no hay pregunta, no hay pregunta porque no hay extrañeza, y porque no hay pregunta no hay decisión. En suma, en los sueños no hay propiamente “pensar”. /…/ “Es una situación de pasividad; en los sueños, asistimos -recalca Ch. Maillard-, un poco desde dentro, un poco desde fuera.”
Ahora bien, nos preguntaríamos nosotros, ¿qué modo de “atemporalidad” es la de los sueños? Porque si bien no hay en el soñar rastro apenas ( o sin “apenas”) del tiempo como sucesión, sí que percibimos una cierta sucesión de cosas a las que asistimos, cosas que se nos van dando como lo que me atrevo a llamar “pasividad en acción”. Porque en sueños estamos en gran medida sometidos a un modo de pasividad ( : no podemos evitar aquello a lo que “asistimos”, como decía Chantal ) donde se activan estados de aceptación o de rechazo que nos producen reacciones. Y son “reacciones” que presuponen en nuestro ser un modo de ser “más profundo” que, por lo que sabemos, a veces nos anonada, a veces nos horroriza, a veces nos obliga a despertar como de golpe.
Son como reacciones desde lo más profundo de nuestro ser, lo que supone, sin duda, que no es que seamos realmente “otros” – cosa sobre la que hemos pasado como de puntillas en un anterior texto- sino que bajo ese YO que somos, hay como sub-yoes” preexistentes. O si se prefiere : en la vigilia asistimos a lo que creemos/tememos/deseamos ser “de verdad”; y en sueños nos asomamos a los que “somos más abajo”. Y subrayemos ese “los que somos”, que apunta a los otros yo-es antes dicho. Y eso que “somos más abajo”, ¡como que nos abisma!, y puede producir cierto pasmo apenas se produce el despertar : algunas de las cosas que soñamos, hasta tal punto nos pasman, que producen en muchos seres actos creadores múltiples, como obras literarias o como pinturas, en tanto que a otros puede conducirles a extrañas maneras de locura.
Los sueños, pues, siendo “sucesos sin tiempo” o una “cosa atemporal”, tienen un a modo de “tiempo interno” del que nos hacemos conscientes cuando (y esto, ya voluntariamente por lo general) despiertos recordamos lo soñado. Porque hay que distinguir entre el sueño en sí, y el recuerdo del sueño : no son la misma cosa, por mucho que nos parezca esto un imposible. Apenas lo pensemos un poco, un sueño y el recuerdo de un sueño no son la misma cosa, de la misma manera que no lo son un beso y el recuerdo de un beso, o un rapto de rabia y el recuerdo de ese rapto de rabia. ¿O acaso vamos a caer en pensar que, por mucho que “la pintura (sea) un sueño”, “La pintura (sea) cauce del soñar”, como leemos en María Zambrano, sueño y obra pintada sean la misma cosa? No podemos tampoco, creo, ceder a tal idea.
Seguiremos con estas cosas, pero antes dejo aquí citada la obra de Zambrano de donde he tomado esas dos citas recién escritas y donde nosotros hemos repuesto el verbo “ser” ( : en su forma “sea”), “Algunos lugares de la pintura”, Editorial Eutelequia, de octubre de 2012, con introducción y notas de Pedro Chacón, Catedrático de Filosofía de la Complutense. Gracias, lectores. Y se me disculpe esta vez el -quizá- exceso de citas.
Sueños : ¿ser “otros”?
“Existen otras formas de vida donde no hay tiempo, y ahora estás a punto de entrar en una de ellas.” Eso me dijo X en una anterior conversación que tuvimos sobre un sueño, que ya me contó, y que yo referí en un post anterior, el titulado “Calles”. El sueño en cuestión era uno de esos que se repiten, sueños recurrentes cuyos significados o sentidos pueden ser muy variados, dependiendo del soñador y de sus circunstancias. Aquí, en gran medida, tiene validez aquello que dijera don José Ortega y Gasset : “Yo soy yo y mis circunstancias”. Pero ya volveremos, en otra ocasión, a “Calles”.
Un inciso : en alguna ocasión, en mis clases de literatura, he tenido la muy relativa osadía de modificar esta especie de axioma de Ortega y lo convertía en “Yo soy yo a pesar de mis circunstancias” : quería recalcar así la elemental esencialidad de cada ser humano, minimizar todo lo posible el peso de las circunstancias, y elevar al máximo nivel de potencialidad el valor de lo esencial humano. Poner el Ser sobre o por encima de el Existir. Pero sigamos con lo nuestro.
Los sueños, ¿son sólo circunstancias nuestras, sólo “aventuras insólitas” de la mente, o tienen en sí una muy mayor carga atonal, carga de sentido, carga de “esencialidad”, que nos lleva a recorrer, de alguna forma, territorios in-explorables de otro modo? ¿Son los sueños “puertas” hacia ámbitos, paisajes, lugares muy diversos que nos están vedados en el estado de vigilia? Bueno, esto es una posibilidad, pero en ella no se agotan los múltiples sentidos que comportan los diferentes estados oníricos. Porque por ahí debemos empezar hoy : hay sueños y sueños. Quiero decir que no todos los sueños son del mismo tipo, ni tienen la misma naturaleza, por más que el hecho de ser fenómenos, -o “cosas”-, que nos ocurren en un estado determinado ( : durmiendo, por lo general, aunque a veces incluso sin estar dormidos… Ya abarcaremos tales estados.) tienda a enmascararlos y hacerlos parecer a todos iguales, aproximadamente iguales al menos.
Pues bien : no hay tal. Hay sueños cuya naturaleza supera con mucho determinados estados de supuesta “vigilia” y adquieren una dimensión tan especial que nos vemos obligados a considerarlos de algún modo “sueños inspiradores” : de obras de arte, de fenómenos de superación personal, de conocimientos de cosas ocultas. En un libro del que nos hemos ocupado ya en anteriores textos, y cuyo autor es Pierre Fluchaire (: “El Universo Secreto de los Sueños”) se aclara que hay personas que durante largos periodos de su habitual estado de vigilia en realidad se encuentran en un estado de somnolencia que no siempre llegan a apreciar o del que no son del todo conscientes, y en ese estado, sueñan, tienen sueños como si durmieran. Esto al margen de que hay sueños en fase REM y también los hay en fase No-REM.
Y lleguemos ya al argumento del título : en sueños, ¿podemos llegar a “ser otros”, llegamos de hecho a vivenciar “otros yo-es” desde o en nuestro potencial “yo-único”? Bueno, igual no existe en realidad eso de un YO-ÚNICO… ¿Qué hacen en realidad algunos, (incluso muchos), artistas cuando componen obras donde dan vida a seres que en cierto modo son proyecciones de su propio ser interior, el cual, por cierto, NO ES NUNCA ÚNICO?
Observen ese estado de latente silencio de ese cuadro de Giorgio de Chirico, ese estado de quietud anclada en sí misma, y ese juego de contraste entre la luminosidad y la sombra, – tan diferente, por otra parte, ¡y tan “otro”!, que el que se diera en la pintura del barroco-, pero quietud y contraste y amarre tan intensos que casi llegan a anular toda posibilidad de movimiento en el cuadro : tal es el “peso” de la geometría de esa misteriosa calle, tan ominosa, que parece tener a la niña que corre con el aro como detenida, fatalmente quieta en su carrera… ¡Fascinante!
Sí : en muchos sueños “somos otros”. Quiérese con esto decir que nuestro “yo superior” se hace en sueños capaz, a veces, de observar otros “sub-yoes”, los cuales yacen como vetas de mineral viviente bajo nuestra consciencia de vigilia. Tal tipo de observación lo podremos desarrollar con mayor amplitud comentando algunas observaciones de la obra de Danah Zohar, “El Yo Cuántico”, que también en otros textos anteriores hemos comentado. Porque hay esto, lector : para mejor entender lo que soñamos es preciso “viajar” por libros que no tratan de sueños, sino que se adentran en lo que es nuestro cerebro y se va descubriendo de él, y en los lenguajes basados en la simbología universal, “lenguajes” que por cierto no son sino un ancestral eco de esa incomparable “unidad de sentido” que es el ser humano en su totalidad y a lo largo de toda la Historia : la del Ser, y la del Cosmos.
Calles
La palabra aquí usada como título, “calles”, así a solas, ¿qué significa? Si la consideramos verbo, es fácil asociarla a “hablar, silencio, secreto, preguntas…” y un largo etcétera. Y si la consideramos sustantivo, -que es el caso : nos referimos al plural del término nominal calle-, no nos costaría mucho asociarla a “ciudad, calzada, aceras, casas…” y otros muchos de dicho abanico semántico, tan propio del mundo ya sometido a la acción civilizadora del ser humano. Conque esté desde ahora claro del todo : hemos escrito ahí arriba “calles” con el valor sustantivo que la hace ser “street” en inglés y formar parte de la frase “courir les rues”, que suele tener un sentido figurado.
Un amante de la pintura moderna podría asociarla también a un famoso cuadro de Giorgio de Chirico, que se titula “Misterio y melancolía de una calle”, obra llena de soledad a la vez que de un simbolismo que sólo ( o casi sólo ) podemos encontrar en los sueños. Porque las calles de que vamos a hablar a partir de ahora van a ser todas, o casi todas, “calles oníricas”, van a ser de esas que nos llegan como recién nacidas de algún sueño.
Las calles, en la realidad del mundo actual, nos han llevado bastante lejos de la vida rural y de las vivencias del campo. Nos han lanzado en tropel a formas de vida que son a la vez azarosas y calculadas. Formas de vida que parecen estar gobernadas por los relojes y el tiempo medido con cuenta gotas, y en cierto modo sometidas a sorpresas : solemos recorrer las mismas calles; y tanto y tanto las pasamos un día y otro, que apenas reparamos en ellas y casi nunca nos sorprenden con novedad alguna…, salvo cuando tenemos ese encuentro repentino e inesperado que dejó de Chirico en la parte no visible de su óleo antes citado. Porque las calles están llenas de tiempo, de poesía tan ingrávida que apenas de percibe, y de un no sé qué de vida propia que les hace ser, con suma facilidad, símbolo siempre de algo y, por supuesto, escenarios de vidas anónimas a la vez que de sucesos que hacen girar la historia. Pero vayamos ahora al sueño :
“Estaba en una calle que reconocí tan sólo un poco más tarde como recorrida en otros sueños : No sabía que estaba soñando hasta que me fijé en la calle, me quise preguntar por su nombre y re-orientarme en mi camino, y entonces caí en la cuenta de que aquella calle ya la había soñado en anteriores veces, y que ese sueño, -porque entonces supe que era un sueño-, nunca antes me había llevado a lugar alguno, pues siempre acababa despertando sin más, sin llegar a lugar alguno, y sin terminar de recorrerla. Y al despertar, como solía ser otras veces, me diría que aquella calle era también otras muchas calles”
Ese ha sido el sueño. Un sueño que se repite de vez en cuando y cuyo sentido se me escapa, me dijo X. Le pregunté si había algo especial en esa calle que le llamara la atención, y me dijo que sí, y que era algo que no solía contar (salvo a su psiquiatra) porque no quería que se le tomara por persona algo “tocada” de la cabeza.
¿Qué es?, le pregunté. Y me dijo, tranquilamente, que en esa calle era posible (con un mínimo de voluntad por nuestra parte) oír los colores y sentir el sabor de los pensamientos, el peso de las palabras, y hasta percibir un susurro que se traduce en un “…existen formas de vida donde no hay tiempo, y ahora estás a punto de entrar en una de ellas.”
- ¿Podría decirme el sentido de este sueño? Usted es psicólogo y ha escrito un libro de sueños.
Me miró con fijeza, y luego de unos segundos que me parecieron de plomo, dijo :
- ¿Podrías decirme qué es un agujero negro? Eres cosmólogo, y lees muchas tesis sobre el universo.
Ambos entonces comprendimos que cuando se llega a callejones sin salida, lo mejor es despertar, si se está dormido, o dar la vuelta atrás, si estamos en la vida real de la vigilia. Porque símbolos o no, las calles deben ser abolidas cuando no nos llevan a lugar alguno. Y ambos supimos también, como en otras muchas ocasiones anteriores, que X siempre solía ser yo : yo, esa forma de condena inevitable.
¿Sueños : velos?
Los sueños, ¿velan, o revelan? Se usa aquí “revelar” en su sentido más directo de “quitar el velo”, y no en ese otro, que se deduce del valor tan general del prefijo castellano re-, y que le hace significar “velar doblemente, volver a velar”. Y la cuestión inicialmente planteada sobre si los sueños velan o revelan queda así en pie en su sentido más directo y unívoco : un sueño puede tanto “velar”, esto es, ocultar una cosa, como “des-velarla” o revelarla, esto es, mostrarnos cómo es la cosa.
Un inciso, sólo para curiosos : ese libro que se titula “Isis sin velo”, y que cae de lleno en la corriente del pensamiento teosófico que propagó la señora Helena P. Blavatsky, cuyo título en inglés ( “Isis Unveiled”) resulta tan inequívoco como su traducción española, ese libro que se publica inicialmente en 1877, y que ya anuncia la consolidación de la Teosofía, “ciencia” de la que la “La doctrina secreta” es algo así como su Biblia, no carece (aún) del todo de interés, y ES EN CIERTO SENTIDO UN LIBRO SOÑADO. Volveremos sobre esta cuestión en otros textos, cuando abordemos el sentido de los sueños en relación con la muerte y desde el punto de vista del budismo más ortodoxo, que para un servidor de ustedes es el Dalai Lama.
Volviendo a la pregunta inicial, y sin ánimo de caer en juegos de palabras, podríamos apuntar que “los sueños son velos que revelan.” Despejemos la aparente paradoja : ¿acaso todo velo, al tratar de tapar u ocultar algo, no está ya des-velando la naturaleza secreta de ese algo? Saber que algo tiene en sí una naturaleza secreta, es ya una revelación acerca de ese algo : nos avisa, nos previene y, tal vez, nos predispone a tratar de esclarecer ese tal secreto. Pero el camino que queremos seguir hoy en este texto tampoco va por esos derroteros, pues la naturaleza “veladora” a la vez que “reveladora” de los sueños deberá ser cimentada sobre otros varios textos, autores, ejemplos y casos que, sin duda para nosotros, pondrán a gran parte de nuestros lectores en la pista fiable de lo que tratamos de explicar con esa primera pregunta de si son o no son los sueños como velos. Y si lo son, con qué modo de velar nos topamos.
Antes de seguir, esto : “velar”, en su etimología, procede del latín “vigilare”, que significa básicamente “estar atento, permanecer en vela”. “Vela”, en este sentido, es “vigilia” y no hay que confundir este valor de “vela” con las velas, el velamen de un navío.
Íbamos nosotros ahora a dejar planteado algo que tiene que ver con cosas ya expuetas en textos anteriores : el hecho de que puedan solaparse “cosas” (id est : realidades) como la vigilia y lo que despiertos vivenciamos y el dormir y lo que dormidos soñamos o “ensoñamos”. Y para no extendernos más de la cuenta, leamos esto que sigue :
Hay un fenómeno bastante común que se conoce como sinestesia. Dice David Eagleman en un libro que se publicó en inglés en el 2011 y que se ha traducido al castellano en febrero del 2013, y que más abajo citaremos, que “Las percepciones sinestésicas son involuntarias, automáticas y consecuentes a lo largo del tiempo.” (pág. 100 de la obra que abajo se citará). Luego, en la página siguiente, habla de unos tipos de sinestesias que llama “sinestesia de secuencia espacial”. Estos sinestésicos son individuos que “visualizan” el tiempo, y a quienes poseen esta capacidad “les resulta muy difícil entender cómo la gente puede vivir SIN visualizar el tiempo.” (pág. 101 de la obra que luego cito).
Dicen también que uno de estos fenómenos sinestésicos más común es el de percibir los días de la semana en color, y le sigue el ver letras y números de colores. “Pueden saborear palabras, oír colores, percibir las líneas numéricas en formas tridimensionales, y experimentar las letras y los números como si tuvieran sexo y personalidad.” Cito de nuevo de la página 100, y con la pronta referencia del libro de D. Eagleman daré la indicación cibernética precisa que el autor ofrece para que cada cual pueda, por su cuenta, averiguar ( o “desvelar”…) si tiene o no algún tipo de sinestesia. Porque es el caso que podemos vivir toda nuestra vida sin ser conscientes de que tenemos una o varias formas de sinestesias.
Bien, y llegamos hoy al final : en los sueños se producen fenómenos de sinestesia con la vigilia, y también de solapamientos de unos sueños con otros, a veces “soñamos dentro de otro sueño”, otras veces despertamos de un sueño que sólo al despertar reconocemos como tal, esto es, que mientras estábamos en el sueño creíamos estar despiertos. ( Ojo : no se confunda esto con lo que se llama “sueño lúcido”, que es cuando soñamos y, soñando, sabemos que estamos en el seno del ensoñar, en un sueño…). Los fenómenos de sinestesia que se suelen dar en los sueños son a veces tan gratos que uno lamenta haber despertado, y otras veces al revés : sólo al despertar salimos de un “pequeño infierno altamente personalizado”. Seguiremos con estas cosas.
Sueños : Sentidos del Sinsentido
¿Son los sueños en ocasiones “sentidos de un sinsentido”? Empiezo de manera un tanto abrupta con esta pregunta por dos razones : la primera, dar una muy fiable pista acerca del significado que queremos dar al título de esta entrada; y la segunda y principal : queremos dejar desde en inicio ya clara constancia de cómo tratamos nosotros de entender el sentido, el significado intrínseco de lo que se sueña. Porque se parte de la base de que en el seno de la vida en general, tanto humana como la que se extiende más allá de los límites de los humano, nada hay que carezca de sentido. TODO TIENE SU PROPIA RAZÓN DE SER.
La razón de ser una cosa, de un fenómeno o de un proceso cualquiera, es ya su sentido, contiene en sí necesariamente su sentido. Incluso eso que llamamos CAOS ( y que posiblemente no lo sea; quiero decir que puede que lo que vemos o percibimos como caótico posea un “modo de orden” a nosotros, hoy por hoy, oculto) tiene “sentido”. Desde ese punto de vista, lo que se ha llamado “el sinsentido” no sería en realidad un verdadero “algo carente de sentido”, sino un “algo cuyo sentido no nos es accesible”. Y dichas estas cosas, vayamos a ciertos posibles sentidos de esos sueños que a primera vista se nos aparecen, en el recuerdo de los mismos, (cuando tal recuerdo se nos hace posible, lo que no siempre ocurre), como carentes de significado posible por su incoherencias o por sus “absurdos implícitos”, o quizá también por sus propios contenidos que nuestra habitual moral rechaza, con elementos oníricos como el de los asesinatos, el incesto, los actos físicos “imposibles” en la vida de vigilia…, etc.
Ese tipo de sueños en principio bien pueden ser vistos como procesos mentales inconscientes, no deliberados ni regidos por nuestra voluntad, que en sí mismos están ya acercándonos a darle un sentido ( : el que fuere ) a lo que “ab initio” habíamos concebido como un sinsentido. Para ver esto mejor, atendamos a unas palabras de ese tan notable sabio y estudioso que es C. G. JUNG :
“En las ciencias de la naturaleza es una regla de juego invariable el dar por conocido el objeto sólo si la investigación sabe decir algo científicamente válido sobre él. En este sentido, sólo es válido lo que se puede probar con hechos. /…/ En las ciencias de la naturaleza la pregunta por la substancia de lo observado sólo es posible allí donde hay un punto arquimédico exterior. Para la psique falta tal punto de observación exterior, porque sólo la psique puede observar a la psique. /…/ Pero no está en absoluto excluido que la física atómica del futuro nos proporcione, por fin, ese punto arquimédico.” (Pág. 191 del Preámbulo del capítulo 8 del vol. 9/1 de las Obras Completas de C.G. JUNG. Editorial TROTTA, 2ª edición, 2010).
La observación de Jung sobre la posibilidad de que el avance del estudio de “la física atómica del futuro”, lo que hoy constituye la mecánica cuántica o lo que se centra en el estudio de las partículas sub-atómicas, es de notable agudeza. No olvidemos que Jung estuvo bastante en contacto con los estudiosos de su época de esa novedosa rama del saber científico, donde hay nombres hay tan reconocidos ya como Pauli, Heisenberg, y otros.
Tan acertado está Jung, a nuestro “lego entender”, en su observación, que si acuden ustedes a un libro de Roger Penrose publicado en 1989 en la Oxford University Press, ( su título originario : “The Emperor’s New Mind”. Ha sido traducido castellano por Javier García Sanz en 1991, año en que se editó en Grijalbo Mondadori. Cito por la versión castellana.), en la página 525 cita un fragmento de una carta de Einstein donde se pone de manifiesto la no necesaria verbalidad del pensamiento : no nos es necesario el lenguaje, el uso de palabras, para pensar. Esto escribió Einstein :
“… Las palabras o el lenguaje, ya sea escrito o hablado, no parecen jugar ningún papel en mi mecanismo de pensamiento.”
Y en la misma página ya dicha antes ( : 525) se cita a un genetista, Francis Galton, quien escribe lo que sigue :
“… no pienso tan fácilmente en palabras como en otras formas.” Y a continuación explica el eminente estudioso de la genética las dificultades que encuentra cuando, teniendo una idea muy clara y nítida de algún tema, puede llegar a resultar obscuro y difícil de entender para los demás al tratar de exponer ( ¿diríamos aquí mejor “traducir”?) sus pensamientos con palabras y frases verbales.
La cuestión ahora es : ¿No ocurre algo así como muchas imágenes oníricas? ¿Y qué decir del arte, sobre todo del arte pictórico “no figurativo”, esto es, ese que algunos llaman “abstracto”? ¿No será que hay “sueños de/con palabras” y también “sueños sin palabras”. Parecerá un mal chiste lo que voy a decir aquí : que hay “chistes sin palabras” que a veces nos hacen sonreír con mayor intensidad que muchos de los “chistes verbalizados”. ¿No habrá muchos sueños que no sean sino pensamientos no verbalizables, ideas de imposible traducción a palabras? Visto esto así, hay sinsentidos que están plenos de sentido.
Sueños : su interpretación
De toda persona aficionada al estudio de los sueños es sabido que uno de sus aspectos más populares es el que se refiere a su interpretación. Este interés no es nuevo, sino que nos viene desde los inicios mismos de nuestra cultura, entendiendo (ahora y aquí : no se puede generalizar en exceso) por “nuestra” la cultura, o por ser más exactos, las culturas, en plural, de los seres humanos. Desde Alaska a los pueblos dogones, desde el continente americano a las tradiciones de pueblos dispersos en numerosas islas del océano Pacífico, entre las tribus de las praderas del Far West o entre las de las cuencas de los ríos de la Amazonía. O sea, siempre y en todo lugar, el ser humano se ha interesado por el posible significado de lo que sueña.
Hablando de los manuales al uso que se corresponden con tal interés, una persona sabia y de gran valía escribió esto que reproducimos a continuación :
“Son manuales de sueños repletos de interesantes reliquias de la astrología y de otras ciencias antiguas : la idea, por ejemplo, que asocia la suerte a la mano derecha o a la izquierda, es una supervivencia de una ciencia religiosa llamada “augurio”, que predecía el futuro mediante la observación del vuelo de los pájaros; el que éstos aparecieran a la derecha o a la izquierda marcaba la diferencia entre la buena y la mala suerte. La creencia respecto de los sueños soñados el viernes por la noche probablemente es de origen judío : el “sabbat” empezaba al anochecer del viernes, de ahí que un sueño soñado esa noche no podía ser obra de demonios.”
( Robert Graves, “El sentido de los sueños”. Ediciones Península. 1ª edición de junio del 2007. La cita que acabo de reproducir puede leerse en el capítulo 1, titulado “Teorías del pasado hasta Freud”).
El libro de R. Graves tiene un enorme interés. Es una obra sin pretensiones, y pese a ser obra de juventud (se publicó por primera vez en Londres en 1924) anuncia ya al creador y erudito que iba a ser el autor de “Yo, Claudio”, -primera parte de un díptico que llegó a ser emitido en capítulos por la tve-, y autor también de su estupendo ensayo “La Diosa Blanca”. En esta obra suya sobre el sentido de los sueños pone ante los lectores un documento de sumo interés, como se acaba de señalar.Roberto Graves contempla tanto el pasado como la modernidad, dice cosas tan notables como el que el poeta J. Keats… : “Fue también en el estado onírico cuando le sobrevino el presentimiento, no aún la certeza, de que estaba destinado a morir de tuberculosis, una enfermedad en aquel entonces incurable…” (pág. 105 del libro citado de R. G.). Entre otras muy interesantes observaciones.
Al inicio de su obra Graves explica la razón de que muchas personas desdeñen y hasta se burlen de quienes creen que los sueños puedan tener significados, y significados o sentidos que puedan ser o llegar a ser interpretados de una forma bastante aceptable para toda mente abierta y a la vez lógica y observadora, y por lo tanto sea un día posible integrarlos de alguna manera en nuestro hacer y vivir personal y diario sin establecer esa tenaz línea divisoria entre lo que soñamos y lo que podemos pesar, tocar, guardar o perder durante la vida de vigilia, cuando estamos despiertos.
Personalmente, y como espero poder razonar ante ustedes desde este mismo foro de los blogs de “La Opinión de Málaga”, voy quizá un poco más allá : porque creo que es demostrable que del mismo modo que en el ámbito de la física de partículas pueden de algún modo llegar a “solaparse” el estado de éstas, las partículas, que se nos presentan ya como “ondas” ya de manera “corpuscular”, también los estados de vigilia llegan a solaparse con los oníricos aun cuando no siempre seamos capaces de percatarnos de ello. tales solapamientos sólo son una mostración más de que “TODO ESTÁ EN TODO”. Es el sentido holístico de la existencia : formamos parte de un todo, y por mucho que nos empecinemos en establecer “parcelas” tanto en nuestra actividad diaria como en la vida en general, LOS SERES NO SOMOS PARCELABLES.
Añadiría una metáfora : despiertos, estamos en tierra firme; dormidos, navegamos mares ignotos. Conque…, ¡aprendamos a navegar!
Sueños : La Palabra
“CONVERSAR”
En un poema leo :
“conversar es divino.”
Pero los dioses no hablan :
hacen, deshacen mundos
mientras los hombres hablan.
Los dioses, sin palabras, juegan juegos terribles.
El espíritu baja
y desata las lenguas
pero no habla palabras :
habla lumbre. El lenguaje,
por el dios encendido,
es una profecía
de llamas y un desplome
de sílabas quemadas :
ceniza sin sentido.
La palabra del hombre
es hija de la muerte.
Hablamos porque somos
mortales : las palabras
no son signos, son años.
Al decir lo que dicen
los nombres que decimos
dicen tiempo : nos dicen,
somos nombres del tiempo.
Conversar es humano.
El poema que acaban ustedes de leer ahí, “Conversar”, lo publicó Octavio Paz en su libro “ÁRBOL ADENTRO”, cuya primera edición es del año de 1987. La editorial era Seix Barral, y por ella cito.
La palabra “conversar”, que hoy aparece como título de un poema, tiene una curiosa “historia familiar”, si así la podemos llamar. Está en el mismo saco que las palabras “vertiente”, “vértebra”, “vertedero”…, y otras como “verso”, “versal”, versículo”. Disimula su ascendencia con ese prefijo latino “CUM-”, que se nos torna o convierte en el castellano CON-. Conversar es humano, (escribe al final de su poema Octavio Paz), como humano es convertirse en algo, ser algo que de pronto se hace otra cosa, mal que les pese a los no conversos, llegado el caso.
Y la palabra “PALABRA” es hija directa del vocablo griego PARÁ-BOLÉ, ( : “Parábola”), porque las palabras son “parábolas de las cosas que se nombran”. En cierto modo, y sólo en cierto modo, los sueños son muchas veces hijos, esta vez no directos sino hasta cierto punto indirectos, de las palabras. Quiero decir que hay sueños que proceden de las conversaciones últimas que hemos tenido con alguien – e incluso con uno mismo, a solas – antes de acabar la jornada del día. Quiero decir, (se insiste), en que a veces se sueña con lo que se piensa o lo que se dice, esto es, con palabras. Porque pensamos normalmente con palabras, aunque también sea posible pensar sin ellas, pensar con sonidos musicales o con colores o con ideas que carecen de nombres. Pensar con figuraciones.
Y, ¡qué curioso! : los sueños, que predominantemente son imágenes, pueden con frecuencia nacer de palabras, que son parábolas de imágenes tantas y tantas veces. Pero volvamos al texto poético de O. Paz : Conversar, ¿es humano, o es divino? Porque el poeta, el gran poeta mexicano autor entre otras muchas obras de “Árbol adentro”, afirma ambas cosas. La cuestión está en dilucidar en qué sentido usa el término “divino” en el verso “Conversar es divino”. Eso, entre otras cuestiones más, que ahora se dejan al borde del sendero.
Pero no se deje esto aparte : lo mismo que a veces las palabras generan sueños, los sueños siempre, (o casi), generan palabras : los sueños se cuentan, se relatan, se escriben. Algunas veces se convierten en obras enteras, obras de largo recorrido humano, artístico, literario, de hondas repercusiones psicológicas. ¿Alguna vez alguien ha pensado que una gran cantidad de veces lo que queda de nosotros, más allá de lo que es la vida animada en un cuerpo sensible, son palabras? Muchas, sin duda. Conocemos a Cervantes o a Luis Cernuda, a Platón o a Séneca, por lo que convirtieron en palabras, por sus obras escritas, que al cabo no son sino palabras. Y de aquella persona amada, que murió o quien sabe qué, a veces sólo se conserva una carta, sólo se recuerda una frase, algunas palabras, al margen ahora la vivísima imagen de su cara o de su sonrisa. Las palabras son sueños y los sueños son palabras, muchas veces. ¿Es por eso que “Conversar es humano”?









