¡Oh, verja!
Mientras la vieja Europa se desangra y la cuna de la democracia se vende al mejor postor, China puede ser un buen comprador, nuestra verja sigue en pie
En una espiral de despropósitos, la opinión técnica del arquitecto Jerónimo Junquera ha triunfado, obligando a la ciudad a mantenerse separada de su puerto marítimo por una verja absurda y vieja, no una antigüedad. Las administraciones involucradas tampoco han estado finas. Si la Junta de Andalucía se comprometió a eliminarla, finalmente se conformó con la provisionalidad de retranquearla, para decidir más adelante. Desde marzo, fecha de la inauguración del palmeral y del remozado muelle, han pasado noventa días sin noticias sobre el asunto. Tras el silencio electoral, la verja sigue allí imponiendo su división, más dura de tirar que el muro de Berlín.
Una vez más, como en tanto otros asuntos de la ciudad, la Junta y el Ayuntamiento de Málaga se miran pero no se perciben. El desacuerdo está en la propuesta del Consistorio de construir un tercer carril en el paseo de los Curas en dirección Este, para aprovechar el espacio ocupado ahora por la verja; la Junta no quiere aprobar eso, el arquitecto de las palmeras tampoco. Su argumento es el incremento en la inseguridad para los peatones al tener que cruzar una vía de tres carriles en pos del palmeral. Sin duda, es discutible ya que se han inventado los controles de velocidad e incluso los semáforos peatonales. La frontera de hierro y piedra sigue allí, como siempre ha sido.
Hay que recordar que la idea original de todo este embrollo palmeral, es que el paseo fuera soterrado, sin peligro alguno para los sufridos peatones. Eso, con la crisis en la que está instalada España, no es posible. Pero que haya dos carriles como ahora o tres, ¿en qué medida aumenta la peligrosidad? Es que hay otro detalle: el desnivel entre la zona nueva del puerto-palmeral y la calle. Junquera se niega a poner rampas de acceso para salvarlo. Cosas de la estética de los arquitectos. La verja ríe en silencio.
La delegada del gobierno andaluz, Remedios Martell apuesta por tirar la verja, siempre y cuando se olviden del tercer carril. Todo tiene que ver con reducir la intensidad del tráfico automotriz por la ciudad. El tema estará en la agenda de los políticos (Martell-de la Torre) en su anunciada reunión del próximo 12 de julio. El Ayuntamiento piensa en el desvío, al que tendrá que obligar las obras del Metro, que pronto llegarán a la Alameda y a la plaza de la Marina, y plantea ese tercer carril como aliviadero. La verja en pie resuelve el problema: ni más ni menos tráfico y que los peatones entren y salgan por la única puerta accesible, frente a la Marina.
Rara vez las condiciones técnicas coinciden con el sentir popular, que en este caso sería ver, por fin, integrados puerto y ciudad. Mucho más difícil es que las administraciones piensen en eso como punto prioritario. Primero se anteponen las razones políticas para fastidiar al contrincante que el sentido común, que en este caso sí es el más común de los sentidos. Cada instancia de la ciudad para mejorar su entorno físico es una batalla interminable, una cruzada de siglos. Todavía colea el PGOU, tal como anunciamos el pasado martes. Un aburrimiento permanente, que nubla el entendimiento y afloja las voluntades. Dejen la verja en pie, total forma parte del paisaje urbano degradado de ese parque tan preciado y difícil de mantener verde. La verja es un símbolo de la separación que nos desune. Por tanto, juega un papel fundamental en la mentalidad subdesarrollada y estéril de algunos dirigentes, no sólo de los políticos. Ahora que Pendón puede recalar en el puerto, nos atrevemos a sugerirle que componga unos verdiales a la verja, para que quede en la memoria colectiva tan señera imagen del acervo popular. ¡Que viva la verja! Símbolo máximo de la incongruencia de una ciudad a la que no dejan madurar.
Benítez: el laberinto
El PGOU se vuelve a atascar. El plan, que ayudará a poner en marcha el empleo en Málaga, se detiene porque la Junta de Andalucía se pone puntillosa
La lucha institucional se librará hasta el final. Por la ruta del desencuentro se tropieza con el presupuesto, que cada quien debe poner, para convertir el Campamento Benítez en un parque verde de verdad. No es lo mismo un parque urbano, responsabilidad prácticamente exclusiva del Ayuntamiento de Málaga, y por tanto su financiación; que un parque periurbano, en cuyo proyecto la Junta tendría que retratarse al unísono con el Consistorio local. Como en un cuento borgiano, el laberinto institucional se enrosca sobre sí mismo en unos recovecos interminables, mientras el personal currante espera que la administración pública comience a reactivar las obras grandes, medianas y pequeñas, que palien la zozobra del desempleo.
Tras ocho años de tiras y aflojas, y a punto de ser proclamado como aprobado, el PGOU se estrella contra la minuciosidad del detalle técnico: ¿urbano o periurbano? Un tecnicismo, que significa dinero. Sostiene la Junta que ese territorio es un equipamiento ‘territorial’, es decir parque urbano; mientras que el Ayuntamiento malagueño mantiene que es periurbano. La diferencia no es sólo técnica, sino presupuestaria. Si es urbano la Junta se desentiende de su financiación, mientras que si es periurbano tiene que apechugar con parte del presupuesto. Así de simple. Málaga sigue esperando la reactivación que significaría tener el documento llamado PGOU aprobado y en marcha.
Pero no queda aquí la cuestión. La Junta acusa al Consistorio malagueño de hacer correcciones inaceptables y de última hora, tales como convertir suelos no urbanizables en urbanizables en la zona del río Campanillas y el incremento o disminución de la edificabilidad en otras áreas de la ciudad. De tal manera, que la culpa de todo este nuevo y sorpresivo retraso es del Ayuntamiento, lo cual impide su publicación y ejecución inmediata, tal como se había anunciado. En la casa consistorial se mira esto como otra manera, una vez más, de escamotear y retrasar la aprobación del plan regidor urbano de Málaga. Dicen que en la última reunión celebrada en Sevilla la pasada semana, se puntualizaron aspectos técnicos de menor calado o correcciones de planos, cosa usual en este tipo de acuerdos finales, previamente pactados por las diferentes autoridades políticas.
La cuestión se extenderá ahora en cartas de requerimiento de la Junta al Ayuntamiento; de aquí a Sevilla y de allí a Málaga, en un vaivén, en otra batalla administrativa, cuyo retraso perjudica tan sólo a la ciudad sin PGOU aprobado. El Consistorio calculaba aprobar el escurridizo documento en un pleno extraordinario en julio, pero ahora, como un pez recién pescado, se le vuelve a escapar de las manos. Si así hubiera sido, el famoso plan, que ha acaparado más titulares que ningún otro tema citadino, podría haberse empezado a aplicar en agosto. Ahora, el verano puede esperar e incluso el alcalde cree que lo que resta de año puede escaparse sin PGOU.
Un procedimiento inacabable, que condena a la ciudad a mantener su desarrollo y ordenación urbanística en una eterna propuesta que nunca se concreta. Más grave si cabe en estos momentos de aguda crisis económica, donde reactivar la economía de la construcción es un imperativo social. Independientemente de que las precisiones técnicas deben y tienen que ser exactas y consensuadas, estos largos años de retrasos parecen ser más que suficientes para que ya tuviéramos un PGOU en marcha. No ha sido, ni aún es así. Si Kafka estuviera por aquí vería con agrado como sus tesis sobre la burocracia, que administra la cosa pública con una lentitud que enreda y exaspera a cualquiera en sus vericuetos, funciona como él previó, con la exactitud de un mecanismo de relojería. Larga vida al PGOU.
Pitufolandia
Para alegría de las familias depauperadas llegan los pitufos. No son una metáfora del PP municipal y autonómico, pero sí un amago de ilusión en el porvenir
El azul pitufo se pone de moda en el escenario español. Un pueblo en paro renace al color de nueve toneladas de pintura, que una hábil maniobra del marketing total involucra a una pequeñísima villa andaluza y la catapulta a la popularidad mundial de las redes sociales. Los pitufos existen y habitan en Júzcar, que ha sido nombrado con honor, ‘primer pueblo pitufo del mundo’. En el paraíso de la indignación, que también haya pitufos es una alegría. Todo ha servido para lanzar en Europa la nueva película de los personajillos azules, ahora en 3D. De paso, han puesto en el mapa mundial del milagro a esta exigua villa malagueña de la serranía de Ronda, que alcanza la modesta cifra de 218 habitantes, ahora ‘pitufos’ a mucha honra.
La pitufada ha disparado las visitas de curiosos turistas ocasionales. El bar del pueblecito ya tiene un menú pitufo y los barriles de cerveza, al calor de la fiesta, no dan para tanta caña. El alcalde socialista, David Fernández, rodeado de tanto azul, y aunque ya lo llaman papá pitufo, no cree que el pueblo siga mostrando ese intenso azulado más allá de septiembre, siente que no es su color. Pero por ahora se apunta el tanto de haber colocado a su pueblo en el Google de todas las consultas. Este enclave, famoso por sus setas, singular residencia de los duendecillos amantes de la naturaleza y defensores del medio ambiente, ha acogido como una bendición esta operación hollywoodense que les ha devuelto la vida laboral en el peor momento de su historia.
Los pitufos viven en setas, cosa que los habitantes de Júzcar conocen bien. Con sus gorros frigios blancos y su color de cielo andaluz, recorren las calles del pueblo en alegre algarabía perseguidos por el maligno Gárgamel y su gato, el malo del cuento que les acosa. Pitufos son todos, menos el jubilado Barlomé que ha sido designado el ‘malvado’ de la historia. Todos han contribuido, especialmente los doce parados, que se han convertido en pintores del azul, a seis los han hecho fijos. La pitufada ha valido la pena para esa media docena de exparados.
El pueblo es un hervidero de pitufos, Papá pitufo, pitufina; rutas pitufas para el verano; el mercapitufo con viandas locales; bodas pintadas de azul y la Virgen de la Moción lucirá un manto azulado en la romería anual. Tras el jolgorio veraniego, decidirán si vuelven a ser el pueblecito blanco de toda la vida o se quedan instalados en el milagro azul de ‘Júzcar, el primer pueblo pitufo del planeta’.
La lotería cayó en Júzcar, pero parece un premio de relumbrón. Una fantasía animada de ayer y de hoy como dicen los cartoons americanos. Vivimos a remolque de una aparición milagrosa. Si la crisis no se resuelve este año, habrá que ir a Lourdes; salir en procesión clamando al cielo que unos americanos, unos árabes millonarios o unos extraterrestres lleguen en sus naves salvadoras repletas de divisas fuertes. Ya tenemos ejemplos: un jeque, estos de Sony Pictures o el mismo Gadafi o Chávez con sus petrodólares y sus pedidos de naves artilladas.
No es la única mirada americana que enfoca en España virtudes escondidas. El Secretario de transportes de EEUU, Ray LaHood ha dicho, que tras visitar a varios países europeos, como un experto ojeador de trenes, el AVE hispano es uno de los mejores, por no decir el mejor de los mejores, y que lo van a imponer en el país de Washington, el padre de la patria de la libertad y las oportunidades. Una buena ocasión para que España exporte, además de sol y algo de aceite de oliva, vías de alta velocidad tan modernas, eficientes y deslumbrantes a las praderas del oeste americano. Al final, Mr. Marshall está llegando a la estación 60 años después, disfrazado de pitufo; desde luego él no viajaba en AVE, cuya puntualidad es ya proverbial.
Mierda a flote
Bañarse puede perjudicar la salud. Residuos fecales enturbian las aguas costeras de Málaga. El domingo levantaron la prohibición, el mar ha disuelto la mierda
La medida preventiva parece razonable si la medición realizada daba una altísima concentración de microorganismos (6.000 unidades por 100 mililitros, lo normal no debe sobrepasar las 200). Las causas ponen la sospecha en un vertido de aguas residuales sin depurar, aunque nadie ha asegurado aún nada en concreto; vamos, como la e-Coli alemana, más o menos; porque esta es de la misma familia. Hay mierda en el agua de las playas malagueñas, pero no sabemos de dónde ha venido. ¿De un barco, de las cañerías que descargan al mar? No es un secreto que el déficit de depuradoras en nuestra Costa del Sol viene de lejos.
Esta es una prueba más de la desconfianza entre administraciones y de lo que este Estado Federal, no declarado, nos suele deparar. En Sevilla D.F. se cumple con la normativa de analizar las aguas costeras, y si hay que cerrar las playas de una zona que vive, principalmente, del turismo, pues se cierran. No se solucionan las causas, que sería terminar de tener las depuradoras que necesita esta región, cuya calidad de las aguas marítimas es deplorable, sobre todo en verano, cuando se incrementa considerablemente la población costera.
Se cierran las playas de la costa urbana malagueña y a esperar unos días a que el mar haga el trabajo, que no cobra, nunca está en paro y siempre se regenera. Es la vía más fácil, pero la más costosa. El efecto sobre las contrataciones y reservas turísticas es inmediato. Como en la falsa acusación alemana a los pepinos españoles, esta prohibición de bañarse en dos playas de la ciudad, hace cundir el pánico entre los turistas del norte que se prometían bronceados apolíneos y cutis soleados. Los hoteleros comenzaron a recibir cancelaciones. Para un lector alemán, sueco o británico, el titular de la noticia no discrimina playas, lee que la Costa del Sol está contaminada, que sus playas están cerradas. Ya no valen las explicaciones de los touroperadores, de que son sólo 400 metros de playas de la ciudad de Málaga, que eso ha durado menos de cuatro días, que está todo bajo control, que no se extenderá. La alarma ya está instalada en los vecinos turistas que van cambiando sus planes.
A los comerciantes del turismo se les exige cumplir las normativas de salubridad, higiene y distancia de la orilla del mar; ahora ellos reclaman posibles perjuicios por lo que la medida pueda provocar en la disminución del caudal de clientes este verano. Llevan cuarenta años reclamando el saneamiento integral del Costa del Sol, que los responsables políticos de la Junta de Andalucía no han sabido, no han querido o no han podido realizar al completo. Piedras para sus cabezas, pues la industria del turismo es la principal baza de esta región. Cuidarla, mimarla, expandirla con todas las garantías es fundamental en estos tiempos de depresión económica. Estos empresarios están más que cabreados. Pepino va, pepino viene, y ahora otra e-Coli también en las playas.
Que la medición se haya hecho en días de tormenta no parece una excusa aceptable, pues la raíz del problema está en la red saneamiento, que es insuficiente. Se ha dejado de lado su puesta al día, su ampliación necesaria y suficiente para una costa repleta de viviendas y desbordada en los meses de veraneo. En cuatro décadas ha habido tiempo, la explosión demográfica de esta costa ha sido acelerada, precisamente, por la afluencia turística de la que tanta gente vive o sobrevive.
La Empresa Municipal de Aguas (EMASA) realizó el viernes pasado el análisis de muestras en las playas de la Malagueta y Huelin, con resultados aceptables, pero la decisión de levantar la prohibición está en manos de la autoridad comunitaria andaluza. Puso en duda las hechas por EMASA, ya que no están equipadas para comprobar el agua salada, sino sólo la dulce, dijeron. Las administraciones de signos distintos están destinadas a no ponerse de acuerdo nunca. Mientras tanto, el mar, de agua salada, hace el trabajo por ellos.
Imagen de marca
Lo que publican los Medios se toma por verdad incuestionable. La acusación de Alemania a España tardará tiempo en borrarse, aunque paguen perjuicios
La fama de soñolientos, que tenemos por el Norte europeo, se ha venido consolidando desde que los viajeros del romanticismo se paseaban por aquella España anclada en el tiempo. La evolución de este Sur, de solecito alegre, cachondeo y relajo permanente, no se ha vendido bien a los rubios. No es que nos hayamos convertidos en arios puros por una transición genético-política, pero el avance en el sector agropecuario y hortifrutícula, única industria de exportación tecnificada, potente y próspera que tenemos, ha dejado atrás las fumigaciones químicas para adentrarse en los cultivos biológicos, cumpliendo más que bien con las exigencias de los compradores asépticos de la Germania europea. En esta ocasión el prejuicio ha llevado a un perjuicio de grandes proporciones. La marca España está devaluada.
Puede que tengamos parte de culpa. El sector empresarial andaluz tiene poca cultura del marketing actual, donde la comunicación en los ámbitos exteriores es fundamental. La información como herramienta de desarrollo empresarial está ausente o escasamente presente en este tipo de empresas agrícolas. Tampoco el gobierno nacional maneja criterios firmes en cuanto a mantener lobbies de influencia en nuestros mercados naturales y, por supuesto, en el centro del poder europeo: Bruselas. Invertir en campañas informativas, no sólo al consumidor final, sino sobre toda la cadena de comercialización hay que mirarlo como lo que es: una inversión y no un gasto.
Cuando se llega a establecer que los pepinos o pimientos o frutas españoles están libres de contaminación, ya es tarde. El daño está hecho, las pérdidas se cuentan por millones de euros, por miles de toneladas de productos que hay que tirar para que se los coman las cabras, en el mejor de los casos. Con estos alimentos no se puede arriesgar ni un día, porque son perecederos. No son tornillos o recambios que se pueden guardar hasta que pase el temporal.
Tras obligar a los responsables alemanes a que paguen sus falsas acusaciones y cubran las pérdidas dinerarias, los productores españoles tienen que ir pensando en crear sus lobbies y contratar a expertos en comunicación global, incluidas las redes sociales, para que tracen una campaña de información permanente, que enseñe al resto de los europeos, sean consumidores finales o autoridades, a que tenemos la mayor superficie agrícola ecológica de Europa, a que nuestras hortalizas y frutas son de alta calidad, que se la pueden comer con toda confianza y que nuestros controles sanitarios cumplen con creces toda la normativa de la UE.
Esto, desde luego, tendrá más fuerza y fluidez, si nuestras propias autoridades políticas se dedican a defender este sector exportador sin dudas, ni demoras. El momento económico no está para tibieces o retardos, hay que actuar con la rapidez que marca la gravedad de la situación. Exportar en grande significa poder incrementar los números del PIB, crecer en credibilidad y comenzar a salir de este marasmo que nos tiene aletargados, como nos vieron Irving, Mérimée, Andersen y tantos otros en el siglo XIX. Los españoles de esta hora son los mejores preparados de toda la historia hispana, es el momento de crecerse ante tanta adversidad y cantarle a los alemanes, tan dueños de esta Europa de hoy, que se coman nuestros pepinos porque son mejores, más grandes y más sabrosos que los suyos.
No estaría de más buscar nuevos mercados. Tal vez China esté muy lejos, pero tiene 1.600 millones de bocas que alimentar. Los alemanes les venden ya, en grandes cantidades, todas las marcas de sus automóviles. En Shangai, la ciudad más poblada de China, con más de 20 millones de habitantes, todos los taxis son Volkswagen. El pepino español tiene futuro.
Un pepino
El detalle que faltaba para hundir las exportaciones agrícolas. Pepinos envenenados que infectan y matan a alemanes sin haberles declarado la guerra
Esta crisis del pepino no es nueva. El punto de mira alemán está en que estos pepinos andaluces son ahora cultivos ecológicos, que compiten con ventaja sobre los germanos, cuyos ciudadanos están muy concienciados y acostumbrados a consumir este tipo de hortalizas. Si, efectivamente, algunos pepinos han llegado contaminados –aunque sus verdaderas causas no están claras aún–, la alarma se disparó y lo fácil fue culpar a esa producción y, por extensión, a todo lo que venga de Andalucía. El favorecido claro e inmediato es el productor local, aunque sus pepinos sean más caros para el cliente final.
La cronología de esta guerra alemana contra la horticultura andaluza tiene tradición. En diciembre del año pasado, Alemania y Holanda informaron a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, que habían entrado en sus mercados un lote de pimientos de Almería, donde habían encontrado un pesticida prohibido denominado Efetón (isofenfos metil). En esa ocasión, la Junta de Andalucía precintó 37 explotaciones en la provincia almeriense, ya que algunas de ellas dieron positivo en el análisis de dicha sustancia. El Efetón es un pesticida que se usa para incrementar la maduración de esos frutos, pero prohibido desde junio de 2010 en pimientos, aunque curiosamente se puede usar en tomates. Los distribuidores alemanes Kaufland y Lidl, este con presencia en España, suspendieron las importaciones de pimientos españoles. La asociación Hortyfruta se defendió asegurando que el pesticida sólo se había usado de manera puntual, y que no podía extenderse la condena a todos los productores andaluces, cuyo principal interés es dar prestigio de calidad a sus productos agrícolas.
La sabrosa fresa de Huelva, tampoco se ha salvado de la aguda lupa alimentaria europea. Hace un año los cultivadores de fresas denunciaron ante la Comisión Europea las acciones de Suiza por desprestigiar a su producto. Los celosos helvéticos lo hicieron a través de un reportaje de la televisión suiza, donde declaraban las condiciones laborales impropias de los trabajadores del sector.
En el trasfondo de toda esta guerra del pepino, de la fresa y del pimiento se encuentra la necesidad de sustituir los herbicidas químicos por procesos biológicos naturales, donde la utilización de bacterias o insectos se encargan de combatir las plagas. La nueva reglamentación fitosanitaria europea apunta hacia esa práctica, que propicia el camino hacia los productos ecológicos. El uso de estos sistemas naturales ya se viene aplicando en los invernaderos de Almería y también en los campos de fresas de Huelva.
Pero la guerra no es sólo externa. También aquí se libran batallas. La pugna entre Almería y Murcia por colocar sus producciones está en liza desde 2007, cuando se enfrentaron por un vídeo estrenado en la feria Fruitlogístic de Berlín. Allí los murcianos decían ser diferentes de otros colegas españoles, aprovechando las denuncias alemanas sobre pimientos almerienses, llegaron a decir que comer esos pimientos podía ocasionar graves consecuencias para la salud. La competencia es feroz y todo vale, casi como en la política, para desprestigiar al adversario.
El pepino, que hasta ahora ha matado a diez personas y mantiene infectadas a otras mil, agrava la situación de los cultivadores andaluces, ya que estos productos envenenados proceden, al parecer, de una cooperativa ecológica, donde no se presume que esto pueda suceder, pues no utilizan productos químicos. La aparición de la bacteria E-coli Enterohemorrágica ocurre en un mal momento, ya que España quiere ser punta de lanza en Europa de la producción ecológica con casi 850.000 hectáreas, según el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica. No obstante, con estos pepinos en los titulares, ya hemos dejado de vender 200.000 kilos la semana pasada. Mientras se realizan las comprobaciones, el sector horticultor de la Axarquía declara que se les echa encima la ruina total. Ya todo vale un pimiento o un pepino. En Europa sólo ganamos en el fútbol, algo es algo.
Voto y revolución
El PP arrasa sobre la cresta de la crisis. El PSOE se hunde tras la era Zapatero, que será difícil de olvidar. La revolución del Sol continúa en la calle
Hay un ganador mayor y uno menor, pero, sobre todo el panorama electoral, un gran perdedor, que se queda solo, ensimismado en su mismidad: Zapatero. De aquel diputado grisáceo se levantó un presidente de gobierno por la fuerza de la circunstancias, que nunca habría ganado, según las encuestas de aquel fatídico 2003, pero que una vez en el sillón se dedicó a levantar a media España contra la otra media, a olvidar el espíritu de la Transición y querer ganar aquella guerra más de sesenta años después. El camino se le torció, y desde aquella sentada ante la bandera estadounidense, su izquierdismo se tiñó de liberalismo por la imposición de otro cariz inesperado, llamado crisis de la economía capitalista, que para bien o mal, nos acoge. De aquellos vientos de cambio, esta tempestad de votos a favor de la única tabla de salvación aparente que nos queda a flote: el PP.
No lo tienen fácil, el panorama español les muestra un nuevo mapa político favorable en términos generales, pero que en lo fundamental sigue igual: 5 millones de parados, unas reglas europeas más que rígidas, una banca en recesión, una economía en terapia intensiva, pero sin signos de recuperación verdadera a corto plazo, una inflación irrespirable, una ETA legitimada por una mayoría apreciable de votos vascos y navarros y, en la calle, miles de protestantes bajo la bandera vario pinta de ‘Democracia Real Ya’. El patio está que arde, de esta no hemos salido aún.
No sería nada despreciable, que esa voz de la calle se escuchara de verdad. Más allá de las manipulaciones oscuras que este tipo de levantamientos suelen ocultar, es cierto que todo sistema democrático, tan joven como el español, necesita revisarse, requiere un proceso de aggiornamento, lo hizo hasta el Vaticano, en aquella renovación del Concilio II. Los profesionales de la política conocen perfectamente que el sistema electoral presenta fallas gruesas que hay que corregir. Que la descentralización, especialmente en nuestra comunidad andaluza, no se ha completado a cabalidad. Que se dan paradojas, como que partidos nacionalistas impongan condiciones inaceptables a la gobernabilidad de la nación a cambio de autonomías cada vez mayores, hasta rozar la independencia de sus territorios. O que para gobernar haya que arrancar de las urnas mayorías absolutas, para traspasar las alianzas a posteriori de los que sacan menos votos. Esta Real Democracia necesita revisarse a fondo, para avanzar, porque este sistema no es perfecto, pero puede perfeccionarse.
El caso andaluz es más paradigmático que otros. Tras treinta años de gobierno se cae en la rutina del cortijo. Se pastorea al rebaño con la espalda al sol, mientras se ve venir el atardecer. En la penumbra andaluza se come y se bebe bien. Desde Sevilla se han administrado los recursos económicos más ingentes de toda la historia de esta tierra mágica y pródiga. En el camino se ha desviado mucho dinero, se ha administrado con cortedad de miras y el subdesarrollo continúa, aunque se haya avanzado en muchos reglones, faltaría más, con todo ese apoyo de los fondos europeos para las zonas aún deprimidas del sur de Europa. Hay que cambiar de administradores, porque estos ya han tenido su oportunidad, más que sostenida por un pueblo paciente durante tres décadas. El aluvión de votos de estas municipales andaluzas así lo presagia. Si los que entran, o continúan en el poder municipal y diputaciones, entienden que el momento español requiere de profundos cambios de mentalidad y tienen la fuerza de voluntad y valentía para encararlos, esta democracia saldrá fortalecida, si no la calle va a marchar sobre una utopía, que como todas son alegres y bellas, pero tienen un porvenir incierto.
Por los momentos, nos acostamos rojos y amanecimos azules. Los votos han hablado. Andalucía ha ganado una batalla importante, pero no la guerra al desempleo, el mayor de España, ni a la desesperanza. Se abre una puerta al futuro que hay que aprovechar sin sectarismo, ni revanchismo. La hora es mayúscula, aquí, o nos salvamos todos o perdemos el tren de la historia.
Putas y suciedad
Málaga se debate entre ser una ciudad más limpia y encontrar un lugar para las profesionales del sexo. Tras el domingo electoral habrá que encontrar soluciones
Mientras, el tráfico sigue siendo una preocupación diaria y la paciencia de los ciudadanos, sin más remedio, se acostumbra a una calamidad que parece no tener solución, a menos que nuevas Rondas y otras vías se abran hacia la zona oeste (Universidad, Clínico, Ciudad de la Justicia, PTA y la nueva barriada en expansión de Teatinos), cuyos atascos son ya una rutina kilométrica en horas punta. Las alternativas de una mejora en la red pública de transporte están por instrumentarse, un Metro que no llegará a Campanillas ni al PTA, de poco servirá y autobuses insuficientes para el personal universitario o el que acude a diario a los tribunales, hacen que esa zona sea un embudo de atascos en el panorama cotidiano de la ciudad. Por si esto fuera poco los ciudadanos piensa que Málaga es una ciudad sucia.
Si bien es cierto, que la concejalía de Medio Ambiente tiene la delegación de la muy mejorable Limasa, y ha funcionado con poca o escasa planificación (sin capacidad para reponer contenedores, por ejemplo), que requiere una ciudad de estas dimensiones de población, no lo es menos que muchos malagueños creen que la calle es un contenedor de sus desechos. La colaboración ciudadana es imprescindible si se quiere mantener un nivel aceptable de limpieza. Siempre es mejor no ensuciar que tener que limpiar. Tal vez, la nueva concejala encargada de las relaciones con la empresa mixta Limasa tenga la fuerza y la voluntad necesarias para organizar mejor a esa legión de trabajadores y maquinaria, que se encargan de pasar la escoba a diario. Pero sin una campaña de educación a los malagueños, la tarea parece cosa imposible. Si tal edila es Teresa Porras, agallas no le faltan. Esta capital de la Costa del Sol, cuyo aliciente económico es el turismo, necesita presentar una cara limpia.
¿Votan las putas de la calle? Las ahora organizadas prostitutas, que se hacen llamar ‘trabajadoras del sexo’, se manifiestan en la céntrica calle Larios para protestar por el acoso a la que las somete la autoridad policial local y pedir un espacio abierto donde ejercer su oficio sin perturbar el orden público y vecinal. Han anunciado que podrían formar una cooperativa para adquirir una parcela, donde posesionar su oferta carnal. Un colectivo que piensa en convertirse en empresarias con títulos de propiedad, tal vez merezca una subvención, por tal ardor en tiempos de crisis. Trabajadoras por cuenta propia, pero con mercancía ajena. Como quiera que sea queda pendiente su legalización, que no desagradaría a Hacienda en su afán recaudatorio.
Todo empezó con la Ordenanza para la Garantía de la Convivencia Ciudadana, que contemplan multas de hasta 1.500 euros tanto a quienes ejerzan en las cercanías de casas y colegios, como para los usuarios de estos servicios. El asunto está atascado. ¿Dónde fijar el espacio para este amoródromo? No hay acuerdo. Los vecinos dicen que en sus aledaños no. Las trabajadoras sexuales no aceptaron la zona de Los Asperones. Por ahora siguen ejerciendo entre el acoso, la inseguridad y multas a granel. Daniela, la portavoz de las hetairas malagueñas, ha dicho que la única salida a esta situación es la legalización. Pondría coto a la explotación que soportan de las mafias internacionales del sexo. Pero eso es una decisión nacional y no local.
Con el inicio, a partir del 23 de mayo próximo, de una nueva administración municipal, bueno es el momento para que estos dos problemas principales, limpieza y tráfico, además de las desamparadas mujeres de la prostitución al aire libre se tomen como verdaderas cuestiones a resolver. Con la que cae sobre el suelo patrio, pueden parecer cosas menores, pero una cosa lleva a la otra, al final todo tiene que ver con conseguir una sociedad cercana más humanitaria. Menos tráfico, más limpieza y mayor seguridad social para las putas pueden mostrarnos una ciudad mejor.
Confianza cero
El PP de Málaga pide estar alertas, no dormirse en los logros que se avizoran en los sondeos favorables. El PSOE intenta sacar fuerzas de la derrota porcentual
Esta confrontación electoral se desliza entre dos bloques, pese a que agrupaciones históricas como IU o nuevas como UPyD existen como telón de fondo democrático. El fantasma de la desidia sobrevuela en todas las alocuciones. Se pide el voto, pero más allá de la retórica de las campañas, el objetivo final del marketing electoral es que las papeletas se introduzcan en las urnas. La abstención es un no-voto que nadie quiere en sus filas, por más que los matemáticos electorales calculen que puede favorecer al ganador.
Hay razones varias para que el personal decida no ir a las mesas electorales el domingo 22. La hartura de crisis es la primera, porque les ha llevado a la desconfianza en los políticos con mayúsculas y sin siglas. Son aquellas personas en edad de votar, que lo han hecho antes, pero que ya las palabras no le suenan a soluciones. Las noticias sobre la corrupción de unos pocos han hecho ensanchar a este conglomerado de ciudadanos cabreados, que están a punto de no votar en son de protesta ahogada. Está el natural indeciso, que pasa de este ejercicio de responsabilidad democrática y prefiere un baño de sol o de vaguedad dominical.
Han aparecido en forma digital los cabreados militantes. Reunidos en un grupo que llama al ‘voto en blanco’ -no por Blanco-, en un intento por ser contabilizados como anti-candidatos. Un voto a medias entre la protesta y la militancia activa. Esta acción requiere de una conciencia y una voluntad en la misma medida, ya que hay que acercarse a la urna para no consignar a nadie. Hay otras actitudes frente al voto, según cada cual. Al final un hombre un voto, significa una opción tan individual y compleja como la vida misma. Podríamos citar algunos:
El voto-castigo. Este puede ser un votante de ‘A’ que vota por ‘B’, porque está harto de los suyos. En una acción punitiva: mete el voto que nunca habría pensado, pero la situación extrema lo convierte en verdugo de su propia agrupación y como aquellos ejecutores pedirá perdón al reo que eliminan.
El voto-cabreo. Es el voto inesperado de los indecisos, que en esta ocasión están más cabreados que nunca con los que le gobiernan y va con una papeleta contraria. Las causas pueden ser varias, desde que no arreglaron la acera de su calle, hasta una multa o unas oposiciones que no aprobó. El cabreo tiene tantas posibilidades, que es un imponderable en las encuestas y tienen que colocarlo en la categoría de ‘no sabe, no contesta’ o de los que aún no se han decidido. En realidad, en estos días son legión.
El voto-pasota. Votan por joder. Les da lo mismo estos que aquellos. Meten la primera papeleta que cogen, distinta a los dos grandes partidos. No distinguen entre siglas. Es un acto contra el sistema, como quemar un contenedor, como hacer un garabato en una pared. Cualquiera agrupación es buena, mientras más marginal mejor.
El voto-militante. Es el previsible, el que tienen contado ya cada partido político, el que les asegura un determinado número de concejales. Si bajan o suben, será por la variada gama de votantes existentes en medio de este ecosistema político tan ensombrecido por la crisis.
Tenemos además, el complejo panorama provincial que da pie a gobernar ese ente supramunicipal que se llama Diputación. En Málaga, como en otras provincias andaluzas, cada pueblo es un mundo electoral. Se dan paradojas que sólo se explican en la teoría política incomprensible de que no gobierna quien más votos saca, sino quien más concejales obtiene. Ya sucedió en 2007: PP con más votos (244.836) no puedo acceder al sillón provincial, se lo quedó el PSOE con menos votos (227.262), pero que le dieron 237 concejales más. En esta ocasión, los dos grandes quieren instalarse en la Diputación, como la guinda final, el trofeo provincial que encumbraría a uno y salvaría los muebles a otros. Es la aritmética asimétrica de los pueblos. Ya lo dijo aquel viejo zorro alemán, Otto von Bismarck: ‘La política no es una ciencia exacta’.
Prensa y libertad
Hoy es el día mundial de la libertad de prensa, pero hay poco que conmemorar. Redacciones demacradas por los despidos son un signo de escasez de libertad
Si las estimaciones del informe anual de la profesión periodística 2010 son acertados, y así lo estima el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, patrocinador del estudio; el año pasado se cerró con 5.564 periodistas en la cola del paro. Esta cifra cobra su siniestro significado por dos razones fundamentales. Una, la incidencia de esa merma en la calidad de la información y, por consiguiente, en su grado de ejercicio de la libertad de expresión consignada en la Constitución Española y de obligado cumplimiento por la prensa libre, al menos en la teoría del Estado democrático. Dos, en un mercado periodístico en contracción, las Facultades de periodismo de España gradúan este año a 6.000 mil nuevos licenciados, una cantidad que no podrá absorber. La contabilidad que emite el informe habla de 68.000 licenciados a la fecha, pero para un mercado laboral de unos 30.000 puestos de trabajo. La ecuación no cuadra. Medios que reducen a su personal, mientras los nuevos periodistas salen a un territorio plagado de cesados en paro.
Pero los que aún conservan su trabajo, ganan menos que al comienzo de la crisis. Si en 2009 el salario medio de un redactor era de unos 35.000 euros brutos/año, ahora ha bajado a 30.000. Los contratos temporales, al contrario, han subido: de 8 al 14 por ciento. Las sinergias de las empresas periodísticas en su afán por recortar gastos, pasa por cargarse a un canal solo noticias como CNN o dejar a una redacción local con 20 periodistas de los 60 iniciales. Así la calidad informativa no se puede garantizar, pero ¿a quién le importa eso? A nosotros sí nos importa.
González Urbaneja ha dicho que la situación del sector periodístico es muy grave y se complica aún más, ya que “tanto el gobierno como la oposición están dando un trato a la profesión que es una vergüenza”. Compara este desprecio por la actividad de la profesión informativa con la última etapa franquista, donde se atreve a afirmar que había más respeto que hoy. Se aprecia esto en el ‘hoy no toca’, frase que esgrimen ciertos políticos cuando se les pregunta por algún tema del que prefieren escabullirse. O en las ruedas de prensa estrictamente informativas, sin preguntas, de las cuales debemos huir como de la peste. Si no se puede preguntar, ¿qué hacemos allí? Decía Milan Kundera, que el periodista no sólo tiene la obligación de preguntar, sino la de exigir respuestas.
En medio de esta grave crisis de la que desconocemos aún toda su compleja dimensión y duración, se hace más que nunca necesario un periodismo valiente, comprometido con la verdad, como dijo Ernesto Sábato. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Hay/nombrar/verdad/elpepisoc/20020510elpepisoc_12/Tes. Desmenuzando redacciones, debilitando al mensajero, se apaga el mensaje. Los medios de comunicación tradicionales están en la encrucijada que los han colocado las nuevas tecnologías. Blogueros, redes, artilugios manuales de transmisión/recepción han convertido a cualquier ciudadano, sobre todo a los más jóvenes en nativos del espacio/tiempo cibernético. Ya nada es lo mismo. Los medios se rompen por lo más delgado, sus periodistas. Craso error. Los profesionales son los únicos valores que tiene una empresa para poder sacarla de este marasmo comercial en la que están metidas. La formula es la calidad de la información. Los periódicos, ya no pueden competir con la inmediatez y el feedback de las nuevas redes de información, que son más rápidas, pero no más confiables. Los diarios en papel y en formatos digitales, aún por encontrar; tienen la posibilidad de contar las historias, decirnos por qué, cómo y con cuáles consecuencias para la sociedad ocurren las noticias ciertas que corretean por las redes sociales. Y eso, no se consigue despidiendo a periodistas, sino adquiriendo una decisión difícil, arriesgada y valiente. Recoger el motivo de ser de la prensa, porque si no la libertad de expresión peligra y con ella el propio sistema. Feliz día mundial de la libertad de prensa.































