Oswaldo Álvarez Paz: un preso político en Venezuela
Como en Cuba, los presos políticos o de conciencia también comienzan a plagar los calabozos del régimen chavista. No es casual que Oswaldo Álvarez Paz, un incómodo opositor, se halle hoy tras las rejas de las depedendencias de la policía política bolivariana. El gobierno se lava la manos diciendo que no es orden suya, sino de los tribunales. ¿Pero a quién obedecen éstos en la Venezuela de la revolución que se inventó el comandante-presidente? Álvarez Paz ha sido y es un destacado dirigente de la democracia cristiana de rancia tradición en la Venezuela de la IV República. Ha ocupado altos cargos políticos y partidistas y fue candidato a la presidencia. No cabe duda que representa, hoy por hoy, una referencia de la oposición más seria al gobierno de Chávez. Está preso y quieren acusarlo judicialmente por la vía penal (entre 2 y 12 años de prisión) por decir lo que piensa. Por tanto es un reo de la libertad de expresión, que molesta al caudillo de la nación bolivariana.Seguir Leyendo »
El gran atasco
Trabajar al noroeste de la ciudad es resignarse a pasar horas en atascos diarios. Universidad, Clínico o PTA son los sitios paradigmáticos
No se calculó bien o ni siquiera se pensó, pero con una Universidad en expansión, un Parque Tecnológico con más de cien empresas y en pleno crecimiento y un Hospital Clínico sobrepasado de pacientes y personal, las vías de acceso están colapsadas desde hace años y van a más. Llegar o salir de allí es una misión que pone a prueba el sistema nervioso.
Como el genial cuento de Julio Cortázar, ‘La autopista del sur’, que ya prescribía a mediados de los años sesenta el absurdo de la urbanización humana que regresaba a París sin conseguirlo, los planificadores del estupendo PTA, del hospital dentro del campus universitario y de la propia UMA, orgullosa de su aumento de edificabilidad, no leyeron nunca al escritor argentino.
Ahora hay una solución, que pasa por un cambio de hábitos: dejar el coche en casa y usar un tren de cercanías o Metro específico para entrar y salir de esa ruta infernal del mayor atasco cotidiano de la ciudad. Acabar o, al menos, paliar esa cola automotriz que se extiende por kilómetros desde más allá del Rincón hasta los verdes prados del PTA, y desde las siete a las diez de la mañana, de lunes a viernes. Para eso, -¿cuándo llegará?- es necesario proyectar y construirlo. No hay que ser especialista, basta con ser político con poder de decisión, para entender que esto es urgente, ponerse a trabajar y buscar el presupuesto. Málaga ha crecido más rápido que el pensamiento.
Las 7.000 personas que trabajan en el PTA, pasan casi dos horas cada día en sus coches para acceder o salir del valle tecnológico de Andalucía. Siete de cada diez, declara usar su vehículo para trasladarse. No les queda otra, hasta allí sólo llega el autobús de la EMT o un prohibitivo taxi. Más de 30.000 alumnos y miles de profesores acuden a clases, mayoritariamente, en sus propios vehículos al campus universitario de Teatinos. Cosa similar ocurre con los empleados del Clínico o los pacientes, que se trasladan hasta allí en sus automóviles.
Está claro que esto es también un problema de conciencia ambiental, de educación hacia el uso del transporte público, pero para que eso se desarrolle antes hay que tenerlo en uso. Es muy fácil escudarse en que no lo hay, y por eso tengo que ir en mi coche. Pero, según el estudio promovido por el mismo PTA, si hubiera Metro o tren de cercanías, ‘se evitaría la presencia de 20.000 coches al año’, qué duda cabe que las emisiones de dióxido de carbono bajarían en más de 23.000 toneladas/año y quedarían libres superficies de unos 100.000 metros cuadrados.
Otro tanto, podría suceder en el campus, abarrotado de coches hoy en día. Los grandes aparcamientos podrían ser utilizados para que crecieran zonas verdes, carriles bici, guarderías. Y el hospital hasta podría ampliarse. En fin, no es un sueño imposible, pero es de urgente solución, porque los atascos seguirán creciendo a lo largo y ancho de la autovía y llegará un día en que la gente se quede atrapada para siempre como en el premonitorio cuento de Cortázar.
Málaga vuela
Pese al mal tiempo parece que clarea en la ciudad. Entramos en el ranking europeo de los aeropuertos. Los cruceros van a más y el Psoe milita en Málaga
La ampliación del aeropuerto de Málaga es un hecho desde hoy mismo. Es una obra singular, que se termina en plazo y adelantándose a las necesidades del futuro turístico. Falta la segunda parte, una nueva pista, que situará el presupuesto final en casi 2.000 millones de euros. Para 2013 tendremos un puerto aéreo de primer nivel, a la altura de los mejores de Europa. Ya era hora.
Se calcula, que la capacidad se situará en unos 30 millones de pasajeros por año. Actualmente sobrepasa en algo los 10 millones de viajeros. Este incremento que triplica la actual capacidad, supone un movimiento económico de más de 15.000 millones de euros, la cuarta parte del PIB de la provincia de Málaga. No es nada despreciable. Además, en esta crisis nada coyuntural, que pica y se extiende, su capacidad de atender a 9.000 pasajeros por hora y que podrá despachar 14.000 maletas en el mismo tiempo, será el motor de empleo directo o indirectamente para 200.000 trabajadores de toda categoría.
Actualmente, de cada diez aviones que toman tierra o despegan de Andalucía, siete lo hacen desde Málaga. Con este nuevo y verdadero aeropuerto internacional, ese porcentaje aumentará. Es también la oportunidad de abrir nuevas rutas desde la ciudad, sin tener que volar a Madrid o Barcelona previamente. El destino turístico de Andalucía pasa y seguirá pasando por Málaga. Una inmensa puerta a Andalucía y a España, que va dar un gran poder a la ciudad, situada en el horizonte de afianzarse como motor económico de la región y seguir aspirando a metas más altas, como obtener la capitalidad cultural de 2016.
Hay otros indicadores que hacen pensar en una Málaga del futuro, que se asoma ya a este presente. Los 600.000 cruceristas que está previsto desembarquen este año provenientes de 326 cruceros, un 8 por ciento más que en 2009, y su proyección a más en 2011, hacen prever un punto de atraque fijo para este tipo de viajes. La ciudad también debe prepararse para acoger a este turista rasante que baja, consume y embarca en cuestión de pocas horas. Un comercio más activo tiene que recibirle. Si se quiere vender hay que tener las puertas abiertas. También la recuperación del centro histórico es imprescindible, pues el paseo fugaz de esos visitantes es recorrer las calles del núcleo de la capital, que deja aún mucho que desear. Rehabilitación de edificios, seguridad y cara limpia es una tarea urgente.
También el PSOE reacciona y se reorganiza con malagueños en cargos claves. Si recibimos estas alegrías, no siempre en periodismo las noticias que se publican son malas, aunque el Málaga pasa de la gloria al ridículo, mientras la afición sigue aguardando poder gritar gol. Se inicia el macro proceso judicial, ‘Ballena Blanca’, donde el choriceo de alto vuelo marbellí ajusta cuentas. Y ojo con la Carretera, en la de Cádiz malagueña, los parados se manifiestan como una forma de gritar en la calle, que no pueden vivir así, ¿quién puede, con 450 euros de paro?
Circula una orden conminando a los mandos policiales a extremar el celo en la expulsión exprés de inmigrantes sin papeles. Las onegés denuncian y señalan los visos de racismo. Los policías también. Algunos ficus centenarios de la Alameda se han jubilado, cumplieron con su sombra suficientemente.
Carambolas
Un malabarista no lo tendría más difícil. Resolver, a la vez, el equipamiento cultural en la Merced y el Puerto, el bulevar sobre las vías del tren y Carretera de Cádiz

Los tiempos se echan encima. Las cuentas no salen, aunque se recortan gastos hasta en el cómodo transporte de los electos. Mal año este, sobre todo con el horizonte electoral municipal tan a la vista. Falta dinero y suelo, sobran proyectos. El pugilato Junta-Ayuntamiento se escenifica con un ojo puesto en las elecciones. El que antes comience una obra significativa se asegurará una mayor caudal de votos. Esa es, al menos, la aritmética sencilla que usan los políticos sumidos en sus divagaciones.
Carretera de Cádiz. Un espacio a considerar prioritario. Un caudal considerable de votantes ansiosos porque se les mejore su entorno, a propósito de la finalización de las obras del Metro. La Junta ha sacado sus cuentas, fáciles: si arreglamos esta zona que se sepa que somos nosotros, no los otros…asegurando votos. Se le cambia esa ‘estampita’ al Consistorio malagueño, que ellos se pongan con el bulevar, se lo dejamos, que no nos den el dinero del Metro, que lo usen en esa obra, que mientras se apañan con el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), le cogen las elecciones. Es el juego de los tiempos políticos. A veces fallan, pero hay que intentarlo.
Bulevar. El proyecto es incuestionable. Cerrar ese largo bache entre dos zonas de la ciudad, mejorando su entorno peatonal y circulatorio. Pero tiene dos inconvenientes: la financiación y Adif. Se calcula que costará unos 30 millones de euros. El Ayuntamiento contaba con que la Junta aportara la mitad. Ahora no. Así que el trueque propuesto por Sevilla tiene veneno. Además, está Adif instalado en la negativa de ceder los terrenos, si no se les paga, claro. Esta polémica lleva meses y, como es usual, se eterniza en los detalles técnicos, administrativos y, hasta judiciales, cuyo final puede dilatarse para congratulación de los renovadores de la Carretera de Cádiz.
Plaza de la Merced-Puerto. Aquí tenemos otro proyecto de remodelación del entorno picassiano, agregando un significativo nuevo enclave cultural en el edificio de los cines Astoria y Victoria. Se combina con la pretensión del Ayuntamiento de levantar otro equipamiento similar en la esquina este del Puerto. Aquí la situación es que hay demasiados actores para ponerse de acuerdo. Para desbloquear la deuda de los propietarios de los cines hay que contar con Unicaja, además de compensar ese suelo de propiedad privada. La autoridad portuaria no ve clara la operación y la entidad financiera tampoco.
Nadie duda de que Málaga necesite esos centros de cultura. Uno para que ponga en valor esa ruta del pintor, con la posibilidad de ampliar el espacio expositivo de la Casa Natal. Igualmente, que si, finalmente, la ciudad recupera el Puerto como espacio alternativo de ocio, haya allí también un lugar donde se respire cultura, además de la sal marina.
Lo único malo con todo este entramado de proyectos por resolver es que dependen de demasiadas carambolas. Que ese juego de billar consiga embocar a cada bola en su agujero y en orden. Y el reloj no se detiene. Porque de empezar mañana con estas obras, los tiempos políticos son ya imposibles de cuadrar. Mientras tanto este Mare Nostrum espera.
Dimitir
Un verbo de extraña conjugación entre la clase política. Quien lo pronuncia es una rara avis en este universo de eternos cargos acomodados a las prebendas

Tal vez sea por motivos genéticos de la historia patria, o por el ejemplo engastado en los cargos que ocupan, sean electos o no, que les da ese pasado cercano aún de aquel dictador que hasta en su lecho de muerte segura se aferraba al sillón de mando, y sólo abandonó el deber cuando dejó de respirar. Es duro renunciar a un cargo, muchos caídos del cielo, cuando se les señala de algún acto improcedente y aunque no se sea culpable directo, lo parezca ¿Por qué es tan difícil aceptar haber errado?
En cualquier empresa privada, los directivos son cesados o renuncian con mayor prontitud. En la cosa pública es al revés. A los que incumplen se les premia. A los ineptos en el desempeño de sus funciones se les eleva, ensalza, gratifica. Por el contrario a los eficientes se les margina, se les mira con desdén y si se les puede echar antes que tarde mejor. Es un mundo al revés, donde la partidocracia tiene la función implacable de proteger a los incondicionales, garantizándoles cargos casi vitalicios, aunque sean incompetentes. Donde el verbo dimitir es desconocido, incómodo, impronunciable, inconjugable.
El optimista cultural
El optimismo es una cualidad a toda prueba que algunos, metidos en faena política, exhiben sin pudor. El delegado de cultura municipal es uno de ellos
Durante los casi tres años que esta Delegación de Cultura lleva con la responsabilidad principal de impulsar la aspiración malagueña a ser capital cultural de Europa en 2016, no ha sabido transmitir claramente sus avances, si es que los ha habido. Han dicho tener una Oficina de la Capitalidad, estar elaborando un programa desde una reunión de sabios, han creado una página Web poco frecuentada, han recogido firmas de adhesión y han fichado a un estelar galo. Pero lo fundamental no lo ha conseguido: convertir la candidatura en un proyecto de toda la ciudad.
Ante tanta displicencia la máxima autoridad municipal ha tomado la decisión, final y posiblemente tardía, de crear la ‘Fundación Málaga Ciudad Cultural’, con una estructura paralela e independiente de dicha Delegación, a fin de que se consiga aglutinar a las fuerzas sociales y políticas de Málaga en torno al proyecto. ¿Por qué la Delegación responsable no lo hizo antes? Ahora quedan escasos cinco meses para aprobar el primer corte. Esperamos que así sea.
Al frente de la nueva Fundación, los socios participantes han elegido a Juan López Cohard, un empresario culto, que ya es raro, pero que garantiza un consenso difícil de alcanzar ante la escasa capacidad negociadora exhibida por el optimista. El alcalde ha colocado como gerente a su mejor hombre, Javier Ferrer, que es su jefe de gabinete y un organizador pausado y seguro. Ambos no lo tienen fácil. La faena no está completada, ni el toro ha sido amansado. Algunos de los socios de la Fundación no ven como propia tal tarea y están ahí porque no les queda más opción.
Los nuevos responsables no han visto con buenos ojos que el optimista salga ahora a reivindicar, en una entrevista otorgada a deshoras y publicada el pasado sábado en este diario, una labor que hizo a medias. Sabemos, además, de buenas fuentes contrastadas, que el asesor transpirenáico no parece imprescindible para la nueva etapa que inaugura la Fundación. Todo parece indicar que tienen que partir prácticamente de cero con el tiempo soplando en su contra. Es de esperar que la política de paños calientes anterior será sustituida por una acción seria, rápida y bien comunicada.
La gran falla de comunicación del proyecto, si es que existe, ha sido reconocida por el propio, hasta ahora, responsable de la candidatura. Pero claro si no tenía nada que informar, es lógico que el silencio haya imperado en relación a este tema. Nadie compra una idea que no conoce.
Nuestra ciudad compite con otras dieciséis capitales españolas. Andalucía es la única Comunidad que presenta a dos: Córdoba y Málaga. La oficialidad socialista se ha decantado por la capital califal. Lo tenemos difícil, aunque las esperanzas están en pie. Tenemos material para aprobar la preselección. No sólo museos nuevos, rehabilitados o antiguos. Tenemos historia milenaria. También estamos en el mapa del mundo actual. Buenas puertas de entrada y salida que nos comunican con el continente y el mundo. Marca de fábrica turística, adolecemos de muchos detalles, pero aún nos falta el entusiasmo, el que los malagueños todos se crean que esto puede ser cierto y no una verdad llena de falso optimismo, pero que nunca sucederá.
Ladrillos locales
Las obras menores han pasado a contratarse con lupa, con luz y taquígrafo, como suelen decir los políticos. Las empresas locales salen perjudicadas
Carlos Pérez Ariza
Parece que es peor el remedio que la enfermedad. Buscando la máxima transparencia, y tras la obligada dimisión del edil del cuñado, el Ayuntamiento de Málaga se ha creído obligado a convocar concurso público a toda obra que necesite emprender por pequeña que sea. Esto ha perjudicado a los pequeños contratistas locales, que no puede competir en precio con otras constructoras de mayor calado, cuyos márgenes son más amplios y presentan presupuestos muy competitivos, llevándose los contratos a territorios foráneos.
Aunque la acción es loable, el resultado es censurable, pues la intención de esos presupuestos, asignados por la administración central para agilizar el empleo en un sector más que deprimido, está ahora perjudicando a las empresas malagueñas. Un exceso de celo en la aplicación de la normativa pública de contratación que ha originado la protesta de la Asociación de Constructores y Promotores de Málaga –ACP–.
Ayudas y boquerones

La historia se repite con idéntico guión. Ayudar a los amigos o familiares desde los presupuestos públicos da dolor de cabeza. ¡Las formas, son las formas!
Carlos Pérez Ariza
No es tanto, sino lo seguido. Al alcalde se la cuelan entre las piernas. Y su lugar en el campo no es la de portero, sino la de central. Pero eso son las consecuencias de jugar con un equipo poco entrenado en estas lides. Las ayudas a parientes o Asociaciones amigas generan sospechas evidentes, aunque no haya habido intención de dolo. Un jugador fue ya retirado, la siguiente espera su turno.
Con la Armada socialista emplazada frente a la Casona, buscando ubicación y ángulo de tiro, estos malos jugadores le hacen un flaquísimo favor al alcalde, cada vez que por sus faltas le sacan una roja directa. Parece que es hora ya de que el capitán reorganice su equipo, que juega con otros lesionados y agotados por la larga marcha hacia el 2016 o por deficientes gestiones en algunos servicios cotidianos de la ciudad.
Las batallas externas son suficientemente complejas, arduas y dilatadas, como para tener una casa sin barrer. Da la impresión, y ahí está el último Pleno, que cuando las cosas se ponen tensas y peligran los votos, es el capitán quien tiene que cuidar la puerta propia y arremeter contra la contraria. Pero sólo ante el peligro no se ganan los partidos. Sin equipo cohesionado no se marcan goles eficientes.
Nadie duda que cuando este capitán es acorralado, incluso por sus propios partidarios, juega aún mejor, pero tanta carrera cansa y el desgaste pasa factura, sobretodo porque el adversario sigue fresco y planifica el próximo ataque sin prisas, pero sin pausas. No va a dar descanso, y el que tiene que arriesgar es el que manda en la Casona del Parque. El primer tiempo y el descanso han concluido, comienza el segundo y definitivo.
Mientras tanto nos enteramos del paro abrumador de Málaga, casi del veinte por ciento del total andaluz, que supera el millón de desempleados, tras el derrumbamiento del salvaje boom inmobiliario. De la pérdida de un millón de turistas durante el año pasado. Gravísimo si recordamos que es la única industria fuerte que queda en pie en este hermoso patio que llamamos Andalucía. Y de que 15.000 jóvenes malagueños, cuya preocupación principal es no trabajar, nunca se han formado suficientemente, pese a que poseen el sistema educativo más accesible que nunca haya tenido España. Sin esfuerzo no hay paraíso.
No todo es malo. El Metro sigue avanzando por los lados de El Perchel, que ha convertido la zona en un paisaje bélico. Las instalaciones del nuevo aeropuerto están siendo probadas por cientos de figurantes. El mercado de Atarazanas está a punto de recuperar su tradicional espacio para el bullicio de la compra ciudadana y las instalaciones de Limasa (la empresa que intenta limpiar a esta ciudad a diario) amplia sus infraestructura.
Sin embargo, los buenos boquerones, alimento del mar que ha dado fama a Málaga, empiezan a escasear. Los vaticinios mayas no tienen nada que ver con esto, suponemos, pero esa otra industria, familiar muchas de las veces, mira al fondo de la mar con preocupación y nostalgia de aquellas 2.700 toneladas pescadas en 2001 a las de este año que comienza, que no sobrepasarán las 280. Y es que la crisis no respeta ni a los tranquilos y sabrosos pececillos.
Un PGOU de pega

Los diez mandamientos tardaron menos en ser impresos. Este documento, que fija el futuro urbanístico de Málaga, por fin, saldrá a la luz en abril.
Nada es comparable a revisar un macro documento, cuya principal virtud es fijar el futuro de una ciudad donde gobierna la oposición a la tolda política de Sevilla. Produce un morbo especial ir encontrando contradicciones, pequeñas imprecisiones, grandes errores de conceptos, que dejan al descubierto concepciones disímiles acerca de la ideología urbanística, lagunas conceptuales, errores de forma, misteriosas opacidades de suelos no calificados aún para ser urbanizados, ausencias de parques o la insistente cabezonería de construir en zonas protegidas más al norte de lo posible.
El Plan General de Ordenación Urbana –PGOU– de Málaga es ya famoso por ser uno de los pocos planes de grandes ciudades españolas sobre el que no se consigue acuerdo. Sin embargo, no hay que desesperar. Sus más connotados especialistas ya dicen que será aprobado y bendecido, por fin, en el próximo mes de abril. Una fecha que podría grabarse en una piedra para la eternidad en cada edificación que se pueda construir a partir de entonces.
Los políticos y los técnicos rara vez coinciden. Sobre todo si a los criterios de los especialistas se les interponen los colores partidistas. Pero cuando se trata de decidir por dónde irá una urbe con poco espacio ya y saturada de edificios, calles, autovías, rondas y tráfico automotor, la cosa se torna imposible. El desarrollismo es imperdonable para aquéllos, que imponen un desarrollo sostenible, mientras que para éstos es, en no pocos de los casos, muy deseable.
El jefe de Málaga se va a Sevilla y sale trasquilado. El ‘capricho’ de Arraijanal hay que pagarlo, dicen aquí. El PGOU no tiene que ver con más Fondos Europeos, afirman allá. La prensa local ya califica el asunto como los ‘episodios bélicos’, digno título de una saga de tebeos por editar.
En el camino van quedando heridos y cadáveres no exquisitos: El Megahospital, una idea sin proyecto al que el PGOU reserva ya 25 hectáreas. El Guadalmedina, aguarda la decisión técnica en la sede del Cedex si desaparecerá embovedado o seguirá como cloaca urbana al aire libre. El Metro que avanza milímetro a milímetro sobre trabas de todo tipo. El ruso de San Antón es el adalid del frente Norte, cuya maniobra ha sido llevada al TSJA por los celosos defensores de la sostenibilidad a ultranza. El intercambiador de transporte debajo de la plaza de la Marina, originó otra refriega que quedó en el olvido. El hotel de Moneo espera por la decisión técnica, que quiere tumbarle un par de plantas. Las VPO, en tú haces poco y tú menos. Las torres de Repsol, aún no levantan un palmo del suelo. El Museo Picasso, en un entorno de asco, sigue sin aceptar a la autoridad local como socio. Esto, ilustra algunas de las batallas, sin contar los Baños del Carmen, el puerto deportivo del Morlaco, el bulevar bajo el soterramiento del tren y Arraijanal, entre otras escaramuzas que van quedando para los anales de una ciudad que espera.
Aquí lo que se necesita es agilidad, menos pensar en los votos y más en el futuro de Málaga, que llega con retraso siempre. En esta hora, crear empleo en las obras públicas que es lo poco que le queda al ladrillo aullante. Vamos a por ese PGOU, aunque no sea perfecto, al menos permitirá seguir creciendo.
Barrer la casa

Mientras el PSOE consagra a su candidato a la alcaldía, la casa está sin barrer. Hasta los propios trabajadores de Limasa creen que su imagen es mala
Carlos Pérez Ariza
Los socialistas del Ayuntamiento de Málaga han venido dando trompicones políticos desde que comenzó este período municipal. Ha sido un grupo irregular plagado de deserciones, sin un líder claro, fuerte y visible. Desde otoño del año pasado, el jefe de sus filas parece haber encontrado un tono, un perfil de denuncias que a veces le salen bien, aunque no ha conseguido erosionar del todo a esa dura roca que gobierna en la Casona del Parque.
Ahora, parecen haber encontrado un contendiente dispuesto a jugarse su prestigio académico en las arenas cenagosas de la política local. El que más suena en los corrillos habituales de periodistas es José María Martín Delgado, a quien consagró el propio presidente de la Junta, José Antonio Griñán, que se aventuró a predecir el ‘seguro’ triunfo del PSOE en la capital y aun en Marbella.
Tiene dos problemas. Uno. En el soporífero estío malagueño, sólo quedarán unos irregulares doce meses hasta la cita electoral de mayo de 2011, y este prestigioso precandidato tendrá que hacer una apresurada campaña puerta a puerta por los barrios donde no le conocen ni de oídas, y asaltar Facebook para arañar esos votos cibernéticos cual un Obama local.
Dos. Tiene un perfil muy parecido al actual alcalde. Empezando por la edad, sobre los sesenta, un universitario de alto rango, culto, que sabe de lo que habla, que conoce los asuntos de la ciudad, pero que no exhibe una diferencia apreciable, a no ser los matices ideológicos. Porque aquí de lo que se trata es de la imagen pública, la que puede percibir de primera mano el ciudadano común y corriente, el que vota el domingo que toque. Necesitará algo más que un eslogan para ganar.
Barrer la casa. Pero como las elecciones se inventaron para cambiar a los que gobiernan malamente, es conveniente que se les haga caso a las llamadas de atención, a las tarjetas verdes y rojas que le sacan al actual equipo de gobierno. Por ejemplo, las protestas de vecinos del Centro de la ciudad por los modernísimos contenedores soterrados, que se insiste en colocar en los sitios menos adecuados. Los recipientes que no son renovados en muchos barrios cuando los queman o se deterioran por el uso. Los solares-vertederos.
Algo chirría en Limasa cuando la propia plantilla de sus trabajadores reconoce, en una encuesta interna (usual cada año), que los ciudadanos no están satisfecho con el servicio que presta la empresa a la ciudad. ¿Qué habrá que hacer para que eso mejore? Seguramente no es fácil, con un personal levantisco y amenazante de dejar sin esa indispensable asistencia al menor contratiempo con sus contratos, nada despreciables por cierto. Y no contar con vecinos más consciente de su papel como colaboradores necesarios en la limpieza de su ciudad. Esto sin contar, lo que se puede ver en el cauce de nuestro río urbano cuando las lluvias bajan revueltas. Desde electrodomésticos hasta carritos de la compra. O las aceras, donde hay que caminar saltando, como aquel personaje de Jack Nicholson, para evitar pisar las cacas de los perros, cuyos amos olvidan recoger. Así está Málaga toda.

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