Educallón

Donde comienzan las primeras luces del conocimiento

En medio de la inamovilidad de los proyectos, Málaga se vistió de cine para ver algunas películas desechables. Mientras, el botellón goza de buena salud

La educación básica, como la economía, no tiene buena prensa. Son asuntos van de mal a peor desde hace ya demasiado tiempo. Nos sorprende el ministro del ramo con que sería conveniente que todos los alumnos salgan de las aulas sabiendo hablar, escribir y leer bien el castellano, un idioma que se extendió por el mundo y que muchos llaman español. Es una verdad de Perogrullo, porque si no salen con ese idioma dominado, ¿con qué saldrán?
Es evidente que en las aulas universitarias, sobre todo en las carreras de nuestras letras, las deficiencias son más que evidentes y sangrantes. Alguna alumna o alumno puede llegar a confundir la lluvia con la yubia (sic), no sabemos cómo se origina esa confusión, pero corregirla en primero de Periodismo, por ejemplo, resulta harto difícil.
El sistema de la educación española se va por las ramas y no acomete lo fundamental, que es sencillo. Sobre todo aprender a leer comprendiendo lo que se lee. Sin lectura no hay vocabulario y sin éste formamos a analfabetos funcionales, que no entienden lo poco que leen y, además, cometen errores de ortografía y de sintaxis. Esto es otra gran laguna profunda y extensa que notamos en la Academia. Así que entre las fallas del sistema y las pocas ganas de los adolescentes por los temas, el resultado es una masa de estudiantes que ingresan a la universidad ayunos de alfabetización.
Sin una educación sólida, el futuro de España va a ser complicado, más allá de que solucionemos el paro, cambiemos las formas de contratar o de jubilarse. Sin calidad no hay futuro. Tiene razón el ministro de Educación, hay que conseguir dominar nuestro idioma principal, tan bien como los otros de quienes poseen la riqueza de tener dos de cuna: Vasco, catalán, gallego, mallorquín, valenciano, entre otros. No sería malo que se fomente también el inglés como tercera lengua o el mandarín, por lo que pueda pasar.
Estamos en un mundo que cambia por segundos. Los latinos de EE. UU. tienen ya un diccionario de spanglish. La RAE hace esfuerzos por acumular en una sola obra el español de las dos orillas, no sea que nos pase como a los británicos a los que separa de sus primos americanos el mismo idioma. Si descuidamos lo que todavía nos une, esa lengua hablada con distintos acentos, pero en la que nos entendemos y escrita con los mismos puntos y comas, habremos perdido un gran tesoro, tal vez el único que nos queda en pie.
Mientras nos ponemos de acuerdo con el castellano, aquí en Málaga Los Baños del Carmen llevan veinte años esperando por Costas; el Bulevar es un solar desvalido; el Málaga no acierta a colar el balón en las redes; el ruso sigue rebelde y atrincherado en Pinares y los estudiantes usan la redes sociales, rápidas y eficaces como no son los administradores públicos, para beber al abrigo de la tierra de nadie del campus universitario. Salud.

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