El Perro Andaluz: Modernidad y progresía en la Málaga de los setenta.
Debe ser producto del desconocimiento o más bien de la inexistencia, el que a día de hoy no consten en Málaga lugares, locales, bares o tugurios donde se pueda afirmar que se reúnan las gentes “despiertas” o simplemente un poco más comprometidas con la política y la intríngulis social en todos los niveles.
Este tipo de corrientes no deben relacionarse con lugares sombríos de mesas y sillas incómodas. Más bien todo lo contrario. Puede tratarse de espacios de música fuerte y poca luz pero donde se reúnan gentes con unos pareceres algo similares en cuanto a su visión social.
En la Málaga actual, lo más cerca que te puedes encontrar de un lugar así es El Casino, en calle Pedro de Toledo, donde una noche de alboroto puedes descubrir reuniones interesantes. En cualquier caso, la “democratización” y unificación de la noche malacitana ha hecho que no exista una profusa diferencia entre un local y los 54 siguientes puesto que, en muchos de los casos, están cortados con el mismo patrón.
Ante esta realidad en la que vivimos, es necesario recordar, conocer y promover la recuperación de lugares como lo fue la discoteca El Perro Andaluz.
En el paseo de Sancha, tras la muerte de Franco y de la mano de Enrique Diestro y un peso pesado de la hostelería y vida social malagueña como es Curro Conde, abre sus puertas una discoteca que supo atraer a un segmento de la sociedad por cuyas manos ha pasado mucho del presente actual de esta tierra. Los nombres de aquella época hoy son reconocibles por todos siendo en aquellos tiempos “jóvenes” que movían ya sus mentes por Málaga.
En una casa que fuera el hogar de una reconocida familia malagueña – de las de toda la vida-, se asentaba la sala de fiestas que Conde dejó en manos de un arquitecto malagueño para su rehabilitación. Este experto y asiduo cliente del local era Pepe Seguí, uno de los arquitectos responsables del mayor número de proyectos de envergadura realizados en Málaga.
El diseño del local era de por sí uno de los atractivos del lugar puesto que combinaba una gran sala con otro espacio elevado y reservado, dando a la sala un toque aún más selecto.
El nombre de la discoteca pertenece a otro de los protagonistas de estas corrientes: Salvador Moreno Peralta. La idea de Conde era la de trasladar a Málaga esos ambientes un poco más intelectuales y comprometidos que, hasta la fecha, se quedaban en Torremolinos y algunos locales de Pedregalejo. Ante este planteamiento y teniendo en cuenta los tiempos que corrían de transición democrática y explosión de libertades, qué mejor forma de bautizar a un local, que quería ser encuentro de gentes con esos ideales, que con el título del corto que rodaran Buñuel y Dalí allá por los años veinte. Fue el arquitecto Salva Moreno quien tuvo la idea del nombre que reflejó a la perfección la vida del local.
Málaga fue y sigue siendo un lugar donde hierven ideas y gentes muy comprometidas que en muchos casos acaban por despistarse con superficialidades propias de la ciudad. Esa idea de trasfondo cargado de mensajes revestido de jolgorio y surrealismo es una fiel representación de lo que Málaga es. Y si encima se trata de un cortometraje mudo, ya te das cuenta que nos estaban retratando.
La clave del éxito del local era su clientela. Existía una diversidad de público diferenciada entre la gente de aquí y los invitados ilustres.
Con respecto a los segundos, si alguien relativamente importante pasaba noches de fiesta en Málaga, lo hacía visitando El Perro. Por allí pasaron noches de juerga personalidades de la talla del escritor y poeta Antonio Gala, la actriz Ava Gadner, la modelo Amparo Muñoz, el diestro rondeño Antonio Ordoñez, el artista Demis Roussos o el actor Antonio Ozores así como los prestigiosos urbanistas y arquitectos Manuel Solá, Joan Busquets o Eduardo Leira. A esta lista, que es interminable, de personajes que pasaron noches festivas en aquel rincón hay que sumarle la gente de la ciudad. El Perro Andaluz era un lugar donde había espacio y momento para la fiesta y también para las reuniones serias. Aquí se congregaban los arquitectos que mandaban en el Colegio de Arquitectos de Málaga en los años de su “junta roja” donde se reflexionaba sobre planes y proyectos que definieron la fisonomía de la ciudad, aquí también lo hacían los políticos de izquierdas que en aquellos años comenzaban a dar sus primeros pasos en esto de la vida pública. Era rostros habituales los de Damián Quero, José Seguí, Machuca o Adolfo Gea.
En el perro se celebraba la legalización del Partido Comunista desde las clases más “pudientes” –que también las hay de izquierdas- conformándose un ambiente de progresía a ritmo de Saturday´s Night Fever. Para muchos, este tipo de situaciones donde gente, encuadrada de inmediato en el grupo de personas ultraconservadoras por el hecho de su procedencia o diversos aspectos superficiales, eran vistas con desprecio al no entender la compatibilidad de unas ideas con estilos distintos al predefinido.
Otra de las singularidades de este espacio único era el servicio del local y su música. Se trataba de una discoteca con un servicio exquisito. Con camareros perfectamente uniformados con traje y pajarita, un gran animador y una música que sonaba desde la cabina capitaneada por alguien muy especial. Se trataba de Roberto, un joven de ventitantos años muy culto y también muy anárquico. Manejaba toda la música del momento y fue miembro de distintas bandas hasta que finalmente formó un grupo con el que vivió hasta el fin de sus días hace ahora unos cuantos meses. Se trataba de Rockberto, el alma de Tabletom.
Así era El Perro Andaluz. Un local de éxito que murió por caducidad y quién sabe si por ser fiel reflejo de lo que es Málaga. Para el recuerdo queda la memoria de aquellos que participaron de ese proyecto y de la idea y trabajo de personas como Curro Conde que supo aunar de forma magistral diferentes corrientes y ambientes en un espacio único.
Al final Málaga vive de recuerdos de lo que fue y ya no es. En cierto modo es un bucle del que nunca salimos pero con el que vamos creciendo poco a poco. La incertidumbre que me asola es que, por más que busco, no encuentro lugares así a día de hoy. Puede que no los haya buscado bien o que estén a punto de resurgir.
Viva Málaga.
Don Miguel de los Reyes
Málaga tiene en su haber un cuaderno. Una libretita donde están apuntados los nombres de las personas que han hecho algo por la ciudad pero que no tienen fundaciones ni paguitas de las cajas de ahorro. Gente que por sus dimensiones personales, artísticas y sobre todo, por su cariño a la ciudad, han decidido decir que son de esta tierra allá donde han ido.
Es difícil vender a Málaga en según que momentos y situaciones pero hay quien lo ha hecho con el mayor de los orgullos.
La del malagueño famoso con su ciudad es una relación compleja y más si tu fama es motivo de envidia.
Es asombroso ver a gente defender a su ciudad cuando ésta muestra absoluta indiferencia a ellos. En cualquier caso todo no es tan sombrío por aquí. Al fin y al cabo Málaga es una historia que se repite una y otra vez en la vida de las gentes. Málaga es quien ayudaba al artista de las Lagunillas y también es quien lo ignoraba.
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Andalucía suena distinta

Pilar, Alejandro y Hugo, fundadores de CaraB.
Si bien la historia musical andaluza experimenta signos de incoherencia al verse representada en muchos casos únicamente por reputados casos de folklorismo, está siendo escrita de manera paralela la identidad de la otra Andalucía musical.
Es aquí donde grupos y solistas de diversa índole han nacido creando señas y estilos que han sido y siguen siendo formas nuevas de interpretación de la música.
Así, este tipo de géneros independientes han llevado consigo una infraestructura altruista de promoción y apoyo que ha hecho que podamos llegar a ellos y consumir su música con cierta facilidad.
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¡Madre de Dios!
La deriva urbana se ha establecido como un medio necesario para poder entender un poco mejor las ciudades. Ahora está de moda el término y se usa mucho tanto para analizar verazmente la fisonomía real de un entorno como para hacerse el entendido y quedar bien en una reunión e incluso organizar mesas redondas sobre ellas.
Desprendiéndose de necedades puedes reducir la expresión a contemplar el entorno. No fijarse en el camino por el que discurres y sí en su aquello que conforma el mismo. Observar lo que hay. Mirar hacia arriba. Ver.
De esta manera te das cuenta que hay lugares en Málaga que sobreviven. Que se renuevan con soltura y que subsisten de manera solvente al paso de los años.
Es la realidad de la calle Madre de Dios.
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Muelle uno – Málaga cero
Puerto de Málaga. Tres mil años de historia. Toda la que Málaga tiene pasa por allí. Fenicios, Cartagineses, Romanos, Musulmanes, Don Fadrique de Toledo, Carlos III, Larios, Loring, Heredia, José Gálvez, Cánovas del Castillo…todos han formado parte de la historia del puerto de Málaga al ser éste eje vertebrador de gran parte de nuestra sociedad.
Ahora, en dos mil doce, hemos de sumarle algunos nombres más que pasarán a la historia de Málaga: Amigos Grill Mexican & Indian Cuisine, Foster´s Hollywood, Cervecería La Sureña, Lencería Yamamay, Jabones Bicentín y Zapatería Deichmann entre muchos otros. Sin duda alguna estamos acertando con el cambio de registro. De toda la vida comprar cuquitos y zapatos en uno de las mejores localizaciones de la ciudad ha sido la ilusión de todos los malagueños.
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El estudio de la vida y el arte

Javier Conde, Gonzalo León y Estrella Morente -con su sobrina, Regina Conde-, en el estudio donde viven y respiran arte, vida y familia.
Es difícil querer a Málaga. Mucho. No se entiende incontables veces a esta ciudad donde a simple vista nunca pasa nada. Donde el tiempo transcurre y ella se va de vacío. Málaga es complicada. Hay que saber apreciarla y disfrutarla. Para poder hacerlo hay que excavar. Preocuparse. Interesarse y buscar más allá del envoltorio. Encontrarse con la ciudad real que queremos que exista y que nunca llega. Pero la debe buscar uno. Ella nunca te lo mostrará.
Es muy común e incluso forma parte de nuestro carácter malagueño la asimilación de ese papel de ciudad callada. Pero por fortuna no es así. Hay muchas Málagas. Distintas. Ocultas. Con gente muy interesante. Comprometida con la ciudad y que han apostado por ella para vivir y trabajar. Así llegué hasta ese lugar tan extraordinario del que ahora les hablo: el estudio de Estrella.
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La Feria de la indiferencia
Estamos digiriendo los últimos polvorones y desintoxicándonos de las comidas navideñas al calor de la estufa y aparece el concejal de Cultura para hablarnos sobre la feria. La de Málaga. La de Agosto. Ha sido un rayo de luz entre tinieblas. Un soplo esperanzador y una prueba inequívoca de que tiene ganas de cambiar el sistema actual. ¡Bravo!
Durante la pasada feria ya escribí sobre el asunto y repartí unos cuantos dardos hacia nosotros mismos, los malagueños, por ser los culpables de la situación en la que se desarrolla a día de hoy la feria del centro.
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Píldoras para una Málaga abatida
Me niego a asumir continuamente que la cultura popular malacitana pasa por asumir los arquetipos de ciudad embadurnada en ambigüedad y chovinismo de tercera basado en el propio desprecio por aquello que te pertenece. No deja de ser cultura el respeto y protección del patrimonio local como herramienta diferenciadora y con capacidad para que todos los malagueños nos convirtamos en guardianes de lo nuestro.

Calle Tomás de Cozar.
Con estas premisas y cercando nuestro proyecto en la conservación del centro histórico como elemento significativo, aparece un panorama desolador de miseria, inmundicia e indiferencia hacia el patrimonio que estamos perdiendo. A día de hoy, trazando los límites del centro de bien de interés cultural desde el la Trinidad a Gibralfaro y desde el Puerto hasta el Molinillo, podemos afirmar con total rotundidad que el nivel de marginalidad y decadencia supera con creces al de la mayoría de cascos históricos andaluces.
Para analizar dicha realidad considero necesaria la diferenciación entre dos tipos de ruinas: la patrimonial y la social. Con respecto a la primera, el nivel de ruina es alarmante. Es más, resulta mucho más sencillo enumerar las calles dignas que tenemos y considerar el resto en estado de postguerra que repasarlo de la manera inversa.
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El tiriri se nos escapa
Que Málaga tiene rota la línea del tiempo es un hecho más que evidente. Solamente hay que considerar el que debería ser nuestro pasado más próximo para darnos cuenta cómo en ninguno de los casos éste permanece en nuestra memoria.
En base a ello y tras reflexionar sobre el carácter propio de los malagueños, llegaba hace días a la conclusión de que el «excava y recuerda» con el que comenzaba mi primer artículo, nos lleva inevitablemente a un sistema basado en el rechazo del pasado para comenzar siempre un nuevo futuro. Me decía en twitter Salvador Moreno Peralta que debiéramos hablar de una idea sugestiva de «excavar hacia el futuro» para intentar encontrar nuestra identidad. A dicha conclusión sólo se llega si tras excavar no aparece nada porque todo ha desaparecido. Es el reflejo de Málaga.
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Excava y recuerda
Por el zaguán de lo que antes fue una casa y ahora es un derribo asoma una mirada vieja. Gastada y perdida. Es el rostro de quien fue algo y ya no es nada. De quien habló de sí misma con suficiencia, representó a mucha gente y se enseñaba orgullosa. Un ser de gesto sereno pero con la memoria interrumpida en los tiempos en los que se conocía y sentía. Camina por la vida sin ganas porque no se siente bien. No está cómodo con lo que ve y vive con pesadumbre por no ser reconocido por nadie.
Esta entidad viaja en el tiempo y se encuentra con su gente que tanto la admiró. Con personajes variopintos de todas clases sociales y de diferentes mundos. Tenía a su alrededor pintores, músicos, periodistas o personas anónimas que se enamoraban de ella al contemplarla. Nadie se atrevía a dañarla puesto que siempre estaba observada y cuidada por muchos.
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