Salvadores del mundo

jesuitas5Habida cuenta de que los islamistas somalíes castigan a sus mujeres por llevar sujetador, ya no hay más coartada que buscar para cargar a fuego abierto contra Somalia, donde Defensa acaba de enviar la fragata Méndez Núñez con todas las de la Ley. Causam habemus. Más allá de que nuestros atuneros sean secuestrados por los piratas somalíes, se trata, sobre todo, de liberar a sus féminas de la opresión machista y evangelizar el país con nuestros valores democráticos. Como se ha pretendido hacer en Irak, Afganistán e Irán, donde un nuevo espíritu de Cruzada anima no tanto a domeñar a los infieles como a convertirlos y llevarlos por el camino de la civilización y el bienestar.
Bajo el nombre de misiones humanitarias y la tutela del iluminado Obama, hemos reinventado el concepto de guerra santa, la que hacían los ejércitos papales por redimir a los pueblos herejes de sus credos blasfemos y sus bárbaras costumbres en el nombre inapelable de Dios. El mismo Dios, único y trino, por el que la milicia jesuítica tuvo a bien exterminar a gran parte de los indígenas americanos, no por otra cosa que su propio bien; aquellas pobres criaturas, sumidas en el oscurantismo de sus supersticiones y aferradas a sus hábitos primitivos, ignorantes del verdadero credo, que lampaban por sus fueros medio en pelotas como felices bestezuelas, sin duda, no necesitaban otra cosa que llegasen los pueblos civilizadores a imprimirles a sangre y fuego la fe católica, la verdadera, mientras, de camino, les privaban de esos bienes materiales que, ya se sabe, tanto envilecen al espíritu. De modo que a los que sobrevivieron de las evangelizadoras matanzas, les hicieron el favor de retirarles el oro y la plata para santificar con su brillo los altares del otro lado del charco y convertir la sede oficial de Dios en el Vaticano en ese complejo palaciego en el que dar digno albergue a los ministros de Cristo que, desde Roma, tanto se habían desvelado por su causa; la Causa. Así, gracias a la encomiable labor evangelizadora de los pueblos conquistadores, los pueblos conquistados sin riquezas que les entretuviesen de la austera profesión de la Fe, la verdadera, veían por fin la Luz y, abandonando sus lenguas y costumbres bárbaras, quedaron pobres pero civilizados para que, siendo ya los últimos, pudieran llegar a ser los primeros en el Reino de los Cielos. Tremenda Misión.
Dando un buen vistazo retrospectivo a la historia, queda bien claro que las armas pueden ser más peligrosas antes si las carga Dios que el diablo. Cuando la guerra se convierte en Cruzada, no se mata, se redime y la acción más sangrienta se justifica como necesaria para la Causa. Esto es, cuando la causa es el Bien, no hay mal posible. Bajo la tutela de Dios, hay licencia absoluta para matar.
En nombre de ese Dios, ya explícitamente llamado Capital, se siguen organizando cruzadas bajo la consigna de causas inexcusables, la democratización de los pueblos, la liberación de sus mujeres y un todo sea porque esos infieles, abonados a sus hábitos bárbaros sean evangelizados en la fe única y verdadera del nuevo imperio. Por eso las acciones benefactoras que Obama emprenda contra los países islámicos, aunque a veces vayan aparejadas a cierta violencia inevitable para la Causa –daños colaterales- no pueden ser consideradas sino misiones humanitarias. Simples preparativos a la sumisión, digo a la paz, que ya lo dice el dicho “Si vis pacem, para bellum”. Nuestro querido emperador, por el momento, prepara la guerra pero porque quiere la paz y, como la intención es lo que cuenta, se le concede el Nobel de la Paz a cuenta de lo que venga.
Por aquí vamos aprendiendo del estilo. Cualquier defensa o ataque que se aplique ahora contra los famélicos piratas somalíes quedará plenamente justificada por la Causa de que sus oprimidas mujeres puedan ponerse el sostén. Este país, que ilustra cada día las páginas de sucesos con nuevos casos de violencia de género, tiene mucho feminismo que enseñar a esas rudas culturas de bárbaras costumbres. Sobre todo, si se inspira en las estrategias de nuestra sede de Occidente; esa patria espiritual donde nunca hubiera ganado las elecciones Hillary Clinton. Arruinados o muertos, al final nos deberán la democracia. Gracias a Dios.

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Comentarios

La verdad es que es mejor que lo dejen a uno condenarse en paz. Diablos!!!

El artículo está bien, pero la imagen vale más que mil palabras…

Resulta vergonzoso que Occidente ponga de pretexto el feminismo para cargarse y saquear los países islámicos. Bravo, Lola.

Encantadora crónica del horror. Todas mis simpatías.

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