Merkel, no nos hagas la peseta

Una de las antiguas pesetas

Para la mejora de la economía andaluza, más que las medidas de ahorro que ha propuesto-impuesto- Griñán, tal vez no haya mejor medida que ahorrarse al propio Griñán y a su equipo de gobierno, dado que, en vista de que no piensan –ni pueden- sino acatar las órdenes que dicte el Gobierno central, lo más barato y eficaz sería pagar sólo a éste, recortando los cuantiosos gastos que suponen los salarios de los representantes de una autonomía, a lo que se ve, autónoma únicamente a efectos simbólicos, ya que, como advirtió la voz de los supertacañones desde que se hicieron con el congreso de diputados de Madrid, pensaban tocarle la campana a toda autonomía que se excediese de los presupuestos marcados desde la capital del reino y, en dicho caso, absorber sus funciones y hasta prescindir de ella. Esto es, nuestra Junta podrá ser de izquierdas, siempre que aplique las mismas medidas de derechas, que estipule el gobierno global de la nación, que pinte las siglas que pinte, no hará tampoco más que obedecer ciegamente a lo que disponga la Merkel, quien, a todos los efectos, es la única que nos manda, sin prisa pero sin pausa, a que vayamos tomando todos por el saco. Después del drama que ronda a los griegos hacia su dracma, la señora amenaza con hacernos la peseta, si no ofrecemos el cuello a su yugo hitleriano. Por lo cual, me temo que las alternativas que nos oferta se resumen a dos opciones; o nos suicidamos por propio motu, arrojándonos sobre la espada, o nos mata ella misma, echándonos de casa. Cual si fuese esa madrastra despótica que nos exige la bolsa y la vida, mientras que sigamos malviviendo bajo su mismo techo.
Total que para lo que valen –o, mejor dicho, lo que cuestan- tantos gobiernos que, en realidad, no gobiernan, más nos valdría ahorrárnoslos todos, el autonómico e incluso el central y pagar con dicho ahorro nuestra insaciable deuda pública. No es lógico que paguemos por democracia, lo que es hace ya un largo tiempo, una simple y explícita dictadura.
Nada ha sido como imaginábamos –al fin y al cabo, eso es la vida- y el gobierno que votamos los andaluces no ha resultado ser la mano izquierda que no sabe lo que hace la derecha, por lo que, a la postre, nos sentimos engañados como chinos; un decir, pues, como ya sabemos, a un chino no lo engaña ni Dios. Entre otras cosas, porque muchos de ellos, debido a su credo comunista, son ateos, si bien, como también sabemos, hay chinos para todo. Hasta para ser profundamente católicos, como se confiesa el propietario del bazar a quien le acabo de comprar un imán de Fray Leopoldo de Alpandeire para pegarlo en la nevera. En una comunión de creencias y culturas, hemos convenido en que éste es nuestro beato favorito. Para mí, directamente infalible, pues aún no me ha defraudado en ninguna de las muchas encomiendas que le he hecho y con las cuales tengo siempre al fraile atareado –para que luego digan que los andaluces no trabajan- lo que resulta de mayor admiración, habida cuenta de que, por otra parte, soy atea, si no es cuando el beato de Ronda entra en juego. En la coyuntura actual, ya sólo creo en el Málaga C.F y Fray Leopoldo de Alpandeire, le digo al chino que se pone muy triste, pues alega que no hay tormento mayor que vivir sin fe y, de todas las fes, ninguna como la católica.
Él mismo, cuando llegó a España, se encomendó a los santos católicos, que vende en toda su diversidad, formatos y colores y, desde entonces, el negocio le ha prosperado una barbaridad. Por lo que respecta al fútbol, no obstante, me confiesa que, aunque es del Real Madrid de toda la vida, empieza a sentirse algo malaguita en los últimos tiempos, dándome la gran noticia de que acaba de encargar una remesa de bufandas, camisetas y banderines blanquiazules para apoyar nuestra afición a miniprecios orientales; vamos, que salgo de la tienda muy confortada, pensando en el ejemplo de integración que es este inmigrante para el país. Si bien, vuelvo a la zozobra, cuando leo en el periódico el anuncio de las nuevas medidas de ahorro que acaba de imponer el Gobierno de la Junta de Andalucía por bemoles, o sea, por decreto, y el modo violento en que las cargas policiales han disuelto las manifestaciones juveniles en memoria del 15-M. Todo con un saborcillo a tardofranquismo, con grises recuperados para la causa, bien ilustrada por columnistas bien rancios como recobrados de la revista “Escorial”, que tachan a la muchachada de perroflautas –que es lo que sustituye ahora al antiguo “melenudos”- y de niñatos mimados que, por no haber recibido los cachetes que le hicieron falta en su día, ahora se llevan todas las hostias juntas, subrayando la supina ignorancia que les mueve. Una desfachatez, teniendo en cuenta el largo empeño taimado que, desde cada gobierno, se ha ido poniendo en dicha ignorancia, a base de deficientes sistemas educativos. Tal que se pueda escuchar a más de un chaval afirmar que lo que nos espera es un golpe militar que instaure la República como en 1936. La juventud más preparada de la historia –no, de la Historia, precisamente-.
En todo caso, para volver a una dictadura, ya no haría ni falta un golpe militar. Ese trabajo ya está hecho.

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Tristeza

Carlos Fuentes

Hoy he sabido de la muerte de Carlos Fuentes, el emblemático escritor del boom de la novela hispanoamericana de los 60. Erudito, inquieto, enamorado de la literatura, de la cultura; el mejor narrador del fracaso de la Revolución Mexicana (“Los años con Laura Diaz”, “La muerte de Artemio Cruz”). Una especie en extinción ,sin duda, y tan necesaria…
Hoy, una compañera me interpretó “Tristesse” de Chopin al piano y me emocioné sin saber el motivo, fue un presagio, el prodigio de sus dedos.
Y ahora sólo puedo decir que me siento un poco rota. Si no conocéis aún a este escritor, conocedlo, obra y biografía, su muerte es el fin de una época todavía con valores e ilusiones. Cómo no voy a estar triste.

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El amor sí era esto

Somos los mejores

Hoy he visto en calle Larios una afición impresionante al Málaga CF. Niños, mayores y hasta perros con camisetas blanquiazules al son del himno de nuestro equipo. Por supuesto, me detuve con ellos y emocionada, coree la letra. Me encanta vernos a todos unidos con ilusión por una causa común; nos hace falta querernos, abrazarnos y sentirnos orgullosos de nuestra ciudad, por fin, a costa del fútbol o lo que haga falta.
Yo lo vuelvo a decir, éste es el equipo de mis amores, mañana estaré a todo pulmón animándolo en la Rosaleda y, aunque perdiese, no dejaría de apoyarlo, pues va a jugar de corazón y con victoria o derrota, estos serán siempre mis colores.
Todos juntos, ya, con nuestro Málaga y a por la Champions. Somos los mejores.
Os vuelvo a mandar el himno del Málaga C.F. Pinchad abajo y cantemos juntos;
HIMNO DEL MÁLAGA C.F.

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El amor no era eso

José Bretón

¿Quién ama más quien muere por amor o quien mata por amor? Se diría, sin duda, que el primero, aunque en ningún caso sean aconsejables tales extremos. El amor y la muerte sólo combinan bien en las tragedias de García Lorca y alguna canción de Joaquín Sabina, como pura estrategia estética para la creación literaria o la canción melódica, pero nunca para ser noticia común en la vida real, como moneda corriente de una conducta brutal que no tiene otro móvil que la maldad simple y dura. El amor nunca puede ser coartada para un asesinato; “quien ama, no mata”, ya lo decía el título de aquel célebre culebrón brasileño, por más que hasta no hace tanto el código penal haya contemplado como crímenes pasionales, los ahora llamado casos de violencia machista, eximiendo de culpa a los asesinos por seguir la línea del código del honor que, en el siglo XVII, daba licencia al marido para matar a su esposa por la simple sospecha de adulterio, con el consentimiento del rey y del propio padre de la susodicha. Lo que nos sigue pasando es consecuencia de una tremenda permisividad con actitudes primarias y agresivas y de una falsa y delirante educación sentimental que nos ha inyectado en vena chorradas tan flagrantes cuales que el odio es la otra cara del amor, prestigiando los celos como exponente de un alto sentimiento que, bien mirado, no es sino prepotencia, egoísmo y mezquindad. El verdadero amor –el único que merece tal nombre- es un sentimiento confiado y generoso, incapaz de sospechar infidelidades cuando no las haya y también capaz de perdonarlas si las hubiere e incluso de aceptar, llegado el caso, que esa persona amada se aleje y encuentre la felicidad con un tercero, pues el enamorado desea la felicidad de la persona amada por encima de la suya propia y no se deja llevar por el despecho ni se enajena de vanidad al ser rechazado ni se obstina en imponer sus sentimientos con medidas intimidatorias y violentas que destrocen el objeto de su propio amor, a favor de su henchida egolatría. Quien ama no impone, quien ama no acosa ni daña ni amenaza, ni se venga. Quien ama, sobre todo, no mata. Ni mucho menos cae en el enrevesamiento de matar a sus propios hijos por provocar el dolor de su expareja. Como parece ser, según indican los indicios, que hizo José Bretón con esas dos criaturitas, Ruth y José, cuyos tiernos rostros nos conmueven, un día sí y otro también, en periódicos, pancartas y telediarios.
Según se cuenta, el individuo quiso vengarse con este crimen de su esposa, Ruth Ortiz, ya que ésta presuntamente quería separarse. Con motivos de sobra, cual podemos deducir. A lo que se ve, el sujeto padecía de un trastorno mental que, no obstante, no le impidió planear con total frialdad, premeditación y alevosía, durante dos meses, su crimen, tan impecable de no dejar rastro y con la ayuda de un sicario o incluso de un amigo con el cual pudo hacer un pacto “de caballeros”. Hay todavía quien está dispuesto a comprender la situación de un amigo desesperado por el amor de una mujer –a su juicio- casquivana y echarle una mano. Tal hizo el célebre Cuco por Miguel Carcaño, exnovio de Marta del Castillo.
José Bretón padece del llamado síndrome de Medea, protagonista de una tragedia griega que mató a sus propios hijos por vengarse de la traición de Jasón. Aunque el síndrome tiene nombre de mujer, por estos lares, acomete más a los hombres. En lo que va de década, llevo contados tres casos. Las mujeres no suelen llegar a tanto, si bien, en los procesos de separación, algunas los arrancan del lado paterno para usarlos como rehenes de su rencor. Otras veces, son ambos, padre y madre, quienes pelean por la custodia de los niños, sirviéndose de ellos como arma arrojadiza de sus mutuas rencillas; lo que hace crecer a las malqueridas criaturas, divididas en el juicio salomónico, en permanente estado de tensión y zozobra, con el corazón partío y un desequilibrio emotivo del copón. Esto ocurre cuando el amor toma otros nombres que no le corresponden y asoma, quizá, la verdadera cara que tuvo desde un principio: odio, egoísmo, posesión y destrucción.
Nosotros, ciudadanos, todos, reconocemos también la herida de un amor que nunca fue, cuando los bancos que, en falso, tanto dijeron querernos, nos concedieron con sus créditos asesinos, los vanos sueños de prosperidad que jamás debimos concebir hasta arrastrarnos ante el altar para decir el sí quiero a un matrimonio nefando con cadena perpetua de hipoteca, que nos mata, mes a mes, y nos asesina la cuenta con sus criminales intereses. Y de ese otro amor que nos fingieron los políticos a cambio del voto para luego despilfarrar nuestro dinero en obras inútiles y corruptelas. Por nuestro bien, por amor, en lo presente, nos van estrangulando el salario y matándonos a impuestos. Ahora sabemos que el amor no era eso.

P:D: Este artículo va dedicado a mi colega de diario, Alejandra Guillén, quien, con su gran profesionalidad, hizo de una entrevista, una distendida conversación entre amigas.
También a la periodista de Málaga Televisión, Olga Muñoz, a la que se llevó la muerte, en plena juventud, tal vez enamorada de su sonrisa.
Estos versos de Miguel Hernández parecen escritos para ella:
Un manotazo duro, un golpe helado
un hachazo invisible y homicida
un empujón brutal te ha derribado.
Temprano levantó la muerte el vuelo
temprano madrugó la madrugada…

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J.R no se jubila

El malvado J.R

Cuando era pequeña, mi madre no me dejaba ver “Dallas”; esa serie americana que disparó los índices de audiencia nacional, teniendo a toda España pendiente de las tropelías del muy millonario y malvado J.R. Si mi madre hubiese estado encargada de programar los contenidos televisivos, sólo habrían dado tertulias de sesudos intelectuales y documentales de interés cultural, con lo cual, a estas alturas, seríamos, sin duda, el país más erudito del planeta.
No ha sido el caso, pues desde “Dallas” hasta hoy la televisión ha ido degradándose sin tocar nunca fondo en la devaluación del nivel. Mucho más destructiva que constructiva; la televisión, hoy por hoy, es un arma cargada de ignorancia. Una coartada que en manos de unos y otros, educa a la población hacia la planicie mental, el espíritu acrítico y la pereza del raciocinio, cual anestesia del pensamiento; cual grueso forraje con el que se alimenta a un ganado sumiso y manipulable.
Tal es el efecto de las series pseudo-costumbristas que, en parangón, harían brillante cualquier comedia de Alfonso Paso, los macro-programas de humor que abundan en gracietas zafias y groseras y los pretendidos debates en torno a la crónica rosa o la actualidad política en los que los contertulios se dedican a destrozar reputaciones ajenas, despellejándose, de camino, los unos a los otros como en un patio de vecinas de la peor ralea; sin respetar los turnos de palabra ni privarse de la descalificación a grito pelado; aullando al unísono como una rabiosa jauría para ejemplo de los televidentes que, receptivos a copiar lo que retransmite la pequeña pantalla, ya empiezan a practicar la conversación a pie de calle en idénticos términos brutales. Como si la razón estuviese de parte del que gritase más sin escuchar jamás al otro.
Esto es, salvo rosas excepciones, la televisión hoy día; ignorancia a manos llenas, de lo que se puede colegir que, tras una velada de tele, uno exclame al modo de Alberti: “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.
Por lo que he leído en prensa, parece ser que van a grabar nuevos capítulos de la serie “Dallas”; noticia que adjunta una foto actualizada de la popular familia de los ochenta, ya todos luciendo canas. Hasta el malvadísimo J.R, hecho un abuelo, con sus incisivos rasgos dulcificados por la vejez, que ahora provocan más piedad que odio. Da pena pensar que este hombre rico se haya convertido en un pobre hombre que no se pueda permitir el lujo de jubilarse a estas alturas. Como los “Beach boys”, como los “Rolling Stones”, como Leonard Cohen, como Raphael o los mismos Serrat y Joaquín Sabina que se venden cual el Titanic a punto de hundirse o como “dos pájaros de un tiro”; el tiro de gracia, se diría. Dan lástima pero también ejemplo, pues las tendencias del mercado laboral por imposición decretada de los gobiernos instan a retrasar cada vez más la edad de jubilación, de modo que el anciano permanezca en activo hasta coronar el grado más álgido de la senectud. Si el hoy inmediato la pone en 67 años, el mañana próximo la situará en 75 hasta que el pasado mañana y el otro la conviertan, directamente, en una utopía. Por necesidades del guión económico, según dice el político de turno –sí, ése que con una acaudalada pensión por su excargo se retira al reposo en plena flor de la vida. Cuán relajantes se veían las imágenes de Zapatero pasando el puente en Lanzarote- y también por nuestro propio bien. El trabajo es salud, al fin y al cabo y, mientras uno se mantiene ocupado, lo mismo se le olvida que tiene artritis, reuma y demás achaques que depara la edad. Igual se le olvida todo, porque tiene alzheimer que es una lacra también muy propia del que empieza a traspasar cierta frontera de décadas y, siendo, por ejemplo, administrativo, pone en parálisis a una larga cola de ciudadanos impacientes:
-¿Dónde tengo que firmar?
-Se me ha olvidado.
-¿Cuándo podré recoger el certificado?
-Se me ha olvidado.
-Dígame cuál es su nombre para ponerle una reclamación.
-Se me ha olvidado.
En cualquier caso, siempre estará mejor el anciano en su puesto de trabajo que en su casa cobrando una pensión mínima. Cuando uno se queda en casa, le da muchas vueltas a la cabeza y se cree hasta que está enfermo y necesita medicinas que ya no son gratis, como si las hubiese pagado con sus impuestos.
Eso si no lo han desahuciado como esa anciana que pagaba con su pensión los gastos de sus dos hijos parados y se encadenó al Banco de España como protesta. Después de varias horas, los guardias civiles le pusieron encima una multa ¿Con qué la pagaría?
No es país para viejos.

P.D: Me siento madre. Hoy he recibido quince ejemplares nuevecitos de mi libro “Sola en el Mundo (El libro de las mujeres contado por ellas mismas”. Os adjunto una foto de mi criatura,

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Orgullo malagueño

Emilio Prados

Básicamente, hay dos clases de chinos. Bueno, en realidad, hay muchas más, pero todas no me caben en un solo artículo. Si tuviese que hablar de todas las clases de chinos que hay en el mundo, tendría que escribir un libro o incluso una enciclopedia. Llegado el caso de que lo requiriesen mis lectores; por ellos, ustedes, escribo yo lo que haga falta. Sólo que éste no es el momento ni el lugar –me faltan líneas- y para hablar de las miles de diversas especies de chinos, ya está el blog “Chinitis” de Joaquín Campos. De modo que, por la presente, nos ocuparemos sólo de las dos clases de chinos susodichas, a saber; los que tienen una peña madridista en Pekín y los que tienen una peña culé también en Pekín. Los primeros disfrutaron muchísimo con el triunfo del Madrid el sábado pasado. Los segundos, sin embargo, sufrieron una barbaridad con la derrota del Barça también el sábado pasado y volvieron a sufrir con el empate del Barça ante el Chelsea el pasado martes. Llama la atención que un chino, desde Pekín, tenga que sufrir por los reveses de un equipo que, presuntamente, representa a Barcelona y, no obstante, tiene su máximo potencial en un goleador argentino (Messi), de lo cual se deducen dos cosas; la primera que el ser humano, sea chino o no, siempre halla cualquier pretexto para sufrir, puesto a ello, y la segunda, que los sentimientos hoy día, por encima de todo nacionalismo, andan de lo más globalizados. También, por supuesto, que hay chinos para todo.
Criterio que, igualmente, podría aplicarse a los argentinos. O sea, que lo mismo hay un argentino para ser pichichi del Barcelona, otra para ser presidenta del Gobierno y expropiar la empresa YPF y otros que dirijan películas de cine, sin que todos ellos puedan ser adscritos a una sola categoría. Dado lo cual, resulta de los más patético e irrisorio que cierto público del Festival de Cine de Málaga haya decidido boicotear las películas argentinas en protesta contra los últimos desmanes de Cristina Kirchner como si la señora presidenta tuviese que ver con este asunto o le importase tal boicot un bledo. Valga lo dicho, no obstante, para explicar el hecho de que, a la proyección del filme “Road July”, del director argentino Gaspar Gómez, cuyo actor protagonista era por cierto, chileno, asistiese esta menda casi como única representante de la madre patria. Allí no descubrí el petróleo, es cierto; la película, agradable de ver, presentaba un drama ya tratado en otras ocasiones, el encuentro de un padre biológico con su hija, desconocida hasta entonces, durante un pintoresco viaje por carretera, pero juro por Dios que no defendió en momento alguno la postura de la Kirchner en el asunto de la YPF. Ni siquiera estaba entre el público, que yo sepa.
Al salir del cine, me encontré con un montón de clases de malagueños, pero, básicamente, con dos; los que hablan mal del Festival de Cine de Málaga y los que hablan bien del Festival de Cine de Málaga. Por supuesto, me sumé a los segundos, pues, si bien no soy nada nacionalista, puedo llegar a ser muy localista cuando me tocan las narices. De hecho, aunque no me guste el fútbol, soy del Málaga hasta las trancas, pues he decidido que para sufrir por otro equipo forastero, mejor que sea por el autóctono. O no sufrir, ya que el verdadero hincha aprende a interpretar los partidos a su favor, aunque no los vea. Si gana es porque su equipo lo hizo con todas las de la ley y si pierde es porque el equipo en liza jugó sucio y el árbitro estaba vendido.
Con las mismas, yo apuesto por el Festival de Cine de Málaga, aún cuando, a veces, no se dé como debiera. Siempre tiene que haber un espacio abierto para el cine español, por si nos recuperamos de esta racha y se vuelve a hacer buen cine español. O buen cine, en general; la mala racha está globalizada. No es el caso, por el momento, teniendo en cuenta que el más popular de los filmes resultó ser “Carmina o revienta”; un grotesco esperpento que protagoniza una señora vulgarísima con la dudosa gracia de cagarse- literalmente- en tó.
De entre los documentales, se habló mucho del dedicado al mocito feliz. Un majarón prototípico malagueño que viaja a donde haga falta con tal de salir en la tele al lado de los famosos; sea la Duquesa de Alba o el mismo mochuelo de María Santísima. Para hablar de tipos malagueños, yo hubiera preferido que se insistiese más en la figura del poeta Emilio Prados, quien cumplió el pasado martes cincuenta años de su muerte, ganándose a pulso la fama por propia mano con sus versos teñidos de humanidad y melancolía. Miembro esforzado de la Generación del 27, a quien silencian incluso los libros de literatura de 2º de Bachillerato. Como a Altolaguirre o Hinojosa. De modo que cualquier bachiller malagueño sabrá quién es el mocito feliz, pero, si sale a colación el nombre de Emilio Prados, sólo exclamará, “Anda, si se llama igual que un instituto”. O tempora, o mores.

P.D: Os dedico el himno del Málaga C.F. Pinchad abajo. Que no decaiga:
HIMNO DEL MÁLAGA C.F.

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El cazador cazado

Se ha abierto la veda, incluso contra la Casa Real y, al primer disparo, la jauría de fauces voraces corre al unísono a cobrar su pieza, por más que se trate de una especie hasta hoy tan protegida como el propio Rey de España. Pero parece que los tiempos han democratizado incluso una caza tan mayor y desde el cortesano al plebeyo se les puede permitir hacerse malas lenguas de la conducta de quien hasta ayer mismo fue autoridad inviolable según la propia Constitución. Abierto ya el fuego, sin embargo, por los flancos de las firmas más célebres del país- y del Mundo- y los medios, en general, que ya se atreven a opinar sobre lo que otrora resultaba inopinable, la masa salida del chiquero se desata en furibundos ardores republicanos. Cuando se abre un camino expedito al acoso y derribo de un individuo –deporte, si cabe, más nacional que los propios toros- no hay quien pierda comba y deje la ocasión de apuntarse a la festiva ceremonia del despiece, si bien haya de olvidarse de ser aquel que ayer no más decía profesarse, ante todo, juancarlista. Muchos eran, se diría que casi todos y, sin embargo, cuán pocos van quedando entre esta multitud que sale ahora confesa de ser antimonárquica de toda la vida y que en este rey que proclamó como emblema de lo moderno, denuncia los hábitos rancios de sus predecesores, fuesen Austrias o Borbones, entregados a cacerías y otras carísimas diversiones con sus favoritas, bien olvidados de las preocupaciones y miserias de su pueblo.
Consideraciones todas que no hubiesen tenido cabida de haber continuado aquella racha feliz de la prosperidad, pero que ahora la crisis saca a relucir por razones obvias. Si las consignas oficiales nos instan a vivir como mendigos, nadie quiere que haya otro que viva como un rey. Ni siquiera el propio Rey por aquello de que su vida real, incluso la privada, sea costeada con dinero público. Por lo cual, el debate se orienta no tanto en considerar si los personajes públicos tienen derecho a tener vida privada, sino en determinar si esa vida privada ha de ser financiada por los contribuyentes. En tal caso, sería de recibo, ya que los recibos corren de nuestra cuenta, conocer qué tipo de actividades estamos pagando por si acaso no nos interesase pagarlas. Tal vez porque quizá prefiramos invertir ese dinero en aligerar la carga de la hipoteca o, simplemente, en comer antes que en subvencionar matanzas de elefantes que, como dice Brigitte Bardot, son una especie amenazada. Por qué, si ya muchos de nosotros consideramos que la fiesta nacional es una tortura innecesaria de los toros, habíamos de contribuir a que, con desigual criterio, fuesen matados elefantes por diversión. Definitivamente, una vida privada que se costea con dinero público, tendría que ser pública del todo. O no ser; he ahí la cuestión. Porque los ánimos más encendidos ya proponen que, dada la dureza de las reformas laborales que ponen en la calle a cualquier currito en un periquete, con las mismas se proceda al despido del Rey así, de la noche a la mañana, a la usanza de otros antepasados Borbones que también tuvieron que huir de España a todo trapo por la puerta de atrás.
Después de tantas décadas de reputación inviolable, de vida privada en la más intacta privacidad, el asunto lo debe tener perplejo. Pero debió pensárselo antes que dejar que se cruzase en su camino tal animal que, si bien, por tradición, es símbolo de fortuna, casi se carga la próspera suerte de la gran Roma. Desde África, los elefantes de Aníbal a poco dejan en agua de borrajas lo que sería el mayor imperio de la historia; qué será en esta pobre tierra donde ya no deja hace tiempo de ponerse el sol.
Aunque no creamos, por simple superstición, que la corona pueda ser aplastada por la simple pezuña de un paquidermo. La desautorización del Rey viene de atrás, ya avalada por la RAE que hizo norma de que su nombre pudiese ser escrito con minúsculas como el de un correo electrónico de cualquier hijo de vecino y por los medios que ahora se permiten transformar su vida real en un reality-show. Algo inconcebible hasta el momento.
Probablemente, el rey no ha hecho nada que no hubiese hecho antes, del hábito de hacerlo se deduce el desparpajo con el que ha repetido su costumbre- puede que esta cacería sea la última pero seguro que no la primera-. También se deduce por el poco disimulo con el que el inefable yerno Urdangarin trapicheaba con fondos millonarios, que lo hacía por abuso del uso, considerándose intocable. Al abrigo de una soberana y absoluta complicidad.
Lo que no se explica, si no es por hipótesis, es por qué, ese tabú que rodeaba a las actividades en torno a la Casa Real se haya convertido en un secreto a voces. Incluso las relaciones sentimentales del rey en páginas del ABC.
Por alguna razón, se ha abierto la veda, pero no sabemos por quién ni por quiénes; sólo somos jauría.
El Rey no ha hecho nada extraordinario. Solamente coger el rifle en un momento inoportuno.
Y ya debería saber, por experiencia, que las armas las carga el diablo.

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¿Por qué lo llaman neonazi?

Un neonazi

¿Por qué lo llaman neo-nazi cuando quieren decir imbécil? “Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas”, que diría Juan Ramón Jiménez. Salvo rosas excepciones que nosotros no conocemos, un neo-nazi es un imbécil que, al resguardo de un dudoso amparo ideológico, encuentra una coartada para dar de sí toda la inmensa imbecilidad de la que es capaz. Y es capaz de mucha, muchísima, nos tememos. Como todo imbécil, el neo-nazi, atormentado por su propio complejo de inferioridad –no obstante, es el penúltimo peldaño de la inteligencia a la baja- busca obsesivamente a otro más inferior aún al que humillar para demostrar esa grandeza de la que carece por sino natural. Es comprensible –si lo fuese- que, siendo un inútil para crear algo admirable o meritorio a los ojos de la humanidad, emplee toda su energía en mostrar al mundo que, debajo de su bajeza, hay aún seres más bajos, a su escaso juicio, a los que se complacen en aplastar del modo más bajuno. Tal es la medida de su grandeza, tan improbable como incierta, ya que ni siquiera un idiota, último escalón en la escala de la inteligencia humana, es inferior al susodicho imbécil. Pues, si bien el idiota carece de las mínimas luces del raciocinio, al menos puede revestir cierta calidad como persona. Un idiota no tiene maldad y resulta inofensivo a no ser que, ejerciendo un cargo de relevancia social, haya de perjudicar al resto de la sociedad con sus irreflexivas decisiones. No obstante, el imbécil si es dañino en cualquier ámbito, ya que, no siendo mucho mayor su inteligencia, la emplea únicamente en satisfacer un congénito rencor insaciable contra cualquier víctima propiciatoria que le salga al paso, de manera que cuando encuentra una etiqueta que le autorice, vagamente, a ser el gran capullo que es –y se sabe- no se lo piensa dos veces, que es lo suyo, dando rienda suelta a sus instintos destructivos. Esto es un neo-nazi; un imbécil con la veda abierta para maltratar a los que, a sus paupérrimas luces, son sus inferiores; inmigrantes, prostitutas, homosexuales, mendigos o el tonto del pueblo. En realidad, su ideología no llega a mayor enjundia que la de raparse la cabeza para ponerla a juego con su cerebro también calvo de neuronas.
Por ignorarlo todo, el neonazi ni aún sabe qué significa ser neonazi, pues, si el Hitler en nombre del que, presuntamente, actúan, levantase la cabeza los mandaría a él y a sus colegas, en masa, a la cámara de gas, ahorrándose la molestia de afeitarles las cabezas ya rasuradas.
Esto haría el Führer con esos neonazis también extendidos en la población latinoamericana que, descendientes de indígenas, en nada emulan con sus rasgos aindiados a esa raza aria que el dictador alemán pretendía dejar como única pobladora del planeta.
Pero los asesinos chilenos de Daniel Zamudio, un joven homosexual de veinticuatro años, seguramente, no encontraron otro argumento de peso para torturar por diversión durante seis horas a quien, en sus nulas luces, consideraban un inferior. Con que ellos fuesen neonazis y su víctima gay se diría que sobrasen otras razones.
Desde esta orilla, el bárbaro suceso, denunciado y narrado al detalle por el reciente Nobel, Mario Vargas Llosa, nos llena de una aprensión –incluso algo xenófoba- contra las atrocidades que aún se llevan a cabo en ultramar. Quizá sin reparar demasiado en que ese cáncer homófobo todavía devora las entrañas de la madre patria. De no ser así, no tendrían cabida las palabras que el obispo de Alcalá de Henares pronunció en plena homilía de viernes santo, según las cuales, los homosexuales lo son por la desviación consecuente de una educación equívoca que los conduce a probar experiencias en los clubes de hombres y, luego, a ejercer la prostitución y hallar el infierno. Una barbaridad, en suma, tan grande como asegurar que los sacerdotes por el simple hecho de ser ordenados sacerdotes y asumir el voto de castidad, son todos unos pederastas.
Afortunadamente, por estos lares, ya estamos libres de que nos caiga otra ley como la que ahora en Rusia se ha puesto en vigor contra los homosexuales y aquella otra castradora por la que, en el régimen castrista de Cuba, los gays recibían el trato- maltrato- de delincuentes.
Ya no estamos bajo esa dictadura franquista que encarcelaba a los homosexuales y por cuya persecución, el artista malagueño, Miguel de Molina, tuvo que exiliarse a Argentina, después de haber recibido una paliza casi mortal. Esto, sin embargo, no quita para que sigamos respirando homofobia en el ambiente –en el que no es el suyo, digo-. Homofobia explícita en las palabras de un obispo e implícita y solapada en ciertas expresiones habituales como las de “tolerar” o “aceptar” a los gays, que no tendrían cabida si se contemplasen a estos individuos tal cual son; normales. Tampoco debería ser ya normal que las cadenas televisivas contraten para sus programas presentadores y contertulios que exageren su pluma para divertir a la concurrencia. Mal asunto sería que la homosexualidad siga siendo cosa de risa.

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Un negocio de muerte

Para ser un buen emprendedor hay que tener el olfato fino. Los negocios prósperos se huelen de lejos, aunque no siempre huelan a rosas. Los hay que huelen a muerto y, siendo fructíferos, no son por ello contrarios a la honradez. Por más que se diga, ganancia y honestidad pueden, a veces, ser compatibles, si el empresario elige atinadamente el negocio pertinente, como es el caso de las pompas fúnebres que, frente a otros, que echan el cierre cada día, parece ser de los únicos que sobreviven, ya que, por el momento, todos somos clientes en potencia. Claro está que uno puede dejar de comer, pero nunca de morirse, sin crisis y, sobre todo, con ella. De ahí que, cual según deduzco por un documental televisivo, nada apto para insomnes, los funerarios están de enhorabuena. Aunque no es oro todo lo que reluce, pues los fabricantes de ataúdes se quejan de la competencia desleal de los chinos. No sólo porque los venden a nada y menos, sino porque hasta que quizá ni siquiera ellos mismos los compren. Hay gente mala, muy mala que asegura que los chinos por ahorrar no se mueren, sino que se reencarnan, a lo peor, hasta en ternera en salsa de ostras. No obstante, contra la invasión asiática, más que la envidia, puede la imaginación, en la que se diría que el funerario español no tiene parangón, por el ingenio de los admirables productos que lanza al mercado. Ni por asomo se me hubiese ocurrido que con las cenizas se pudieran hacer tales virguerías; desde aderezar una obra de arte- yo he hecho un cuadro abstracto con las cenizas de mi suegra –dice muy ufano, uno de estos vanguardistas del sepelio- hasta la fabricación de brillantes de no sé cuántos quilates:
-Qué collar tan bonito llevas, querida.
-Bueno, es mi tío Manolo, que siempre ha sido muy brillante.
Pero el oficio de funerario no sólo requiere creatividad, sino también espíritu de sacrificio y templanza. Según me informo en este reportaje de mis desvelos, la gente puede ser tan desconsiderada de morirse a las tantas de la mañana y tenerte en guardia las veinticuatro horas del día y sus familiares de liarse a piñas en el tanatorio, discutiendo “el tema de las herencias”. Pero, sobre todo, tal oficio exige vocación, por la que le preguntan a un muchacho, heredero de una saga de tradición funeraria desde tiempos inmemoriales. Crudo lo tiene el chaval, pues si responde que no, se diría negligente y si dice que sí, resulta morboso. O sea, que dice que el oficio le encanta, a lo que añade su hermana que, contra lo que se piense, las familias dedicadas al negocio del sepelio no son esos seres sombríos e inquietantes que se presume, pues la suya se pasa el día entre coronas y ataúdes haciendo jajajá, jijijí, lo cual no deja de parecer menos inquietante.
Sin embargo, a los clientes lo que les inquieta no es el humor del enterrador sino el precio del entierro, que no es de risa. Tal y como se están poniendo las cosas, ya hay quien no tiene dónde caerse muerto. Con los seguros funerarios, se puede pagar a plazos con antelación, desde los veinte años, un entierro de muerte; con ataúd de roble, coronas, caballos con penachos y todo el lío, lo que ocurre; dice un gestor de dichos seguros, es que la gente no se muere a los tres años para disfrutar del chollo y así no hay quien rentabilice. Total, que el paisanaje incapaz de morir ni de pagar los recibos, los devuelve y acude a la ciencia masivamente para vender su cuerpo, lo que emula una conversación telefónica, propia de Gila:
-Oiga, ¿Es la ciencia? Es que quiero vender mi cuerpo.
-Los cuerpos, señorita, no se venden a la ciencia, se donan.
-Pero es que mi cuerpo no es un cuerpo cualquiera. Cuando los albañiles trabajaban decían, a mi paso por la obra, que mi cuerpo sí que era un cuerpo y no el de la Guardia Civil. Además, que yo ya lo he vendido varias veces en clubes de alterne y siempre me lo devuelven como nuevo.
-Debo entender, entonces, que su cuerpo no es de primera mano.
-Ni de segunda ni de tercera, pero le he introducido muchas mejoras. Me he aumentado los pechos y reducido las cartucheras, aunque, si no le parece bien, le vendo el de una cuñada mía soltera. No es de desfile, pero, que yo sepa, está a estrenar. El problema es que no está muerta, pero lo más seguro es que cualquier día de estos la mate.
Pienso en este diálogo y ahora comprendo por qué decían las monjas que no debías dejar que jugasen con tu cuerpo ni muerta. Sobre todo, si ni siquiera te pagan
Al final, el modo más barato y cómodo de morirse es resucitar al tercer día.

P.D: Este artículo va dedicado a Antonio Mingote, maestro del humor blanco y del humor negro; pintor de todos los humores del humano, humilde que nunca, en la memoria, será humo. Con todo mi amor y todo mi humor.

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Carta al nuevo gobierno andaluz

Querido Gobierno:
Ante todo, te pido que seas de izquierdas, pues es la izquierda quien te ha elegido. La izquierda que ha vuelto a vencer en Andalucía contra lo que puedan decir algunos, pues la cosa canta por simple y objetiva razón numérica si se suman los votos del PSOE a los de IU y la abstención de quienes se quedaron en casa, sin duda, los más izquierdistas de todos.
En esta tierra del sur, donde aún predominan los de abajo, se identifica la derecha no con unas siglas abstractas, sino con ese señorito cacique de reclinatorio reservado en cada domingo de misa, que, por campechanía que ostentase, trataba a sus jornaleros como el culo. Y eso sigue doliendo; una barbaridad.
Contra la marea azul que invade toda España, el pueblo, tu pueblo, te ha elegido en nombre de su propia idiosincrasia. Te pido, por tanto, que no los defraudes y que seas de izquierdas como te han querido, no sólo en las formas sino en el fondo. Que no imites esos hábitos que, en la derecha, denosta tu electorado; la jerarquía, el despotismo, el favoritismo familiar e incluso hereditario y la limitación a la libertad de expresión. Demuestra que eres demócrata y acepta las opiniones de los unos y los otros que, en suma, somos todos. Y también las críticas, de las que siempre se aprende.
No nos vendas más pasado con la estrategia sensiblera de los vencidos en la Guerra Civil que ya no van a ganarla, ni nos alimentes de cadáveres. Ni el oprobio al muy difunto Generalísimo ni los necrófilos homenajes a García Lorca, que no nos van a sacar ya de pobres. Si eres progresista, mira al futuro, que no pueden ser sino los jóvenes, quienes no saben ni entienden de viejas cuitas. Prepáralos para que administren el porvenir, para que algún día puedan gobernar con prudencia y sabiduría, porque se hace imprescindible el relevo generacional y sólo ellos son nuestra esperanza. Mejora el sistema educativo y no los alinees en la ignorancia ni los hastíes con continuos casos de corrupción que les hagan renegar de la política. Que sepan que la política decide nuestros destinos y la puedan comprender, en su sentido griego primigenio, como el desempeño de una labor a favor del ciudadano –que vuelvan el estudio del griego y el latín que enseñan a pensar y, por tanto, a decidir-. Dales la inaplazable oportunidad de que con la formación que ellos precisan y sus energías que todos necesitamos, hagan de esta región deprimida una tierra de progreso. Y no los adocenes a todos en ficticios estudios de instituto y universidad para luego estrellarse en el desempleo. Fomenta también la FP, cuyos graduados necesita la oferta y hazles saber que el trabajo indigno no es el que se hace con las manos, sino aquel que se hace sin amor.
Alimenta, a su vez, las becas para investigadores, por que ellos no tengan que abandonar su amada tierra y porque esta tierra los necesita como agua de mayo.
Si enarbolas la bandera de la república, recuerda y recrea su espíritu, que siempre abogó por culturizar al pueblo con sus Misiones pedagógicas, su Caracol de Rivas Cherif y su Barraca de García Lorca. Si te llamas obrero, si te llamas izquierda, no trates a los obreros como una jauría a la que pueda desperdigarse sobre sus fauces, las migajas de los ERES y los peres, como hacía César Augusto con sus repartos de víveres. Si los quieres, no los subestimes. No les des un pez; enséñalos a pescar. No sólo a votar. Piensa que, si nuestros trabajadores han levantado con su esfuerzo Cataluña, esa región que ahora tanto nos tacha de holgazanes, bien pueden levantar su propia tierra; Andalucía y que estos malhablados, según Artur Mas, han sido escritores nobeles y universales. Y que sólo en Málaga pudo nacer un Picasso.
Usa tu poder para que podamos demostrar que los andaluces podemos llegar a ser lo que fuimos, hombres de luz que a los hombres almas de hombres le dimos. Y nunca en provecho propio o en el de algunos que, por envidia a los ricos, pretendan ser nuevos ricos o nuevos caciques que repartan como privado el dinero público. Elegid los cargos cuidadosamente para que esta Andalucía que os elige pueda reivindicar su dignidad y no sea el hazmerreír del resto de España. Eso os pedimos los que, pese a todo, seguimos teniendo la sangre roja y el corazón a la izquierda.

P.D: Os voy a dedicar el himno de Andalucía. Creo que ahora mismo nos conviene, más que nunca, escucharlo detenidamente:
HIMNO DE ANDALUCÍA

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