Borrachos de éxito

Zeus pide una copa

Si los seres humanos necesitan embriagarse de vez en cuando para olvidarse de los problemas, imaginemos los dioses. Es muy difícil ser un dios a palo seco, cuando se ha de sobrellevar la carga sobrehumana de tantos contratiempos terrenos y celestiales. Por lo que se explica que hasta Zeus, dios de dioses, hubiese de aligerar tal gravamen con alguna que otra copita.
Más aún, teniendo en cuenta la plantilla con la que cada día de la eternidad tenía que lidiar el célebre empresario del Olimpo. Un elenco de divinidades libertinas, conspiradoras, intrigantes, insubordinadas y belicosas que, con sus rivalidades internas, no dejaban ni un momento de dar guerra, poniendo al jefe en la sempiterna coyuntura de un actual secretario general del PSOE.
Los dioses griegos, como ya sabemos, no eran unos santos, sino de esa clase de empleados que pasan más tiempo en huelgas y manifestaciones que en el propio despacho y, contra los que no hay reformas laborales que valgan; a dicha tropa no la despedía ni dios. Ni el mismísimo Zeus al que, se entiende que traían de cabeza, sin que pudieran ya aliviarle las cefaleas siquiera las artes de Vulcano, quien, en una desdichada ocasión, se ofreció a sacarle con el martillo los dolores de la cabeza a lo bruto con la consecuente desgracia de extraer del dolorido melón omnipotente, una Atenea armada de pies a cabeza, cual suerte de Esperanza Aguirre, dispuesta a dar más guerra todavía. De modo que, cuando a Zeus, le volvían de modo irreversible las jaquecas no le quedaba otra que evadirse olímpicamente de tanto disgusto en esa única nube, donde ni aún su amantísima y muy histérica esposa pudiese localizarle.
Agotado de la impía jornada, se arrellanaba el divino ínclito entre brumas y llamaba a su apuesto camarero, el Garzón de Ida; lo suyo es que lo hiciere al elegante modo francés, dando una palmada y exclamando, “garçon”, pero al dios del águila y el rayo, el cansancio y el cabreo lo ponían merdellón y, muy de otro modo, convocaba la presencia del efebo celeste, “oyer, niño, porme un cacharro”, gritaba gruesamente el furibundo omnímodo un segundo antes de que su bello copero acudiese a servirle con pies ligeros un copón de néctar rebosante. No sabemos bien en qué consistía aquel néctar de dioses, pero aventuramos que podría tratarse de una bebida etílica de alta graduación con cierto aliño de sustancia anfetamínica, pues, en cuanto Zeus vaciaba su copa, se ponía hecho un toro y le daba, por ejemplo, por raptar Europa. Y en esas andamos todavía, que los griegos, de un modo u otro, terminan siempre liando la de Troya. Siendo su Olimpo, gobernado por dioses borrachos, cuna de nuestra civilización, será de ley que también sea símbolo de su mortaja. Y, sin embargo, tampoco sería justo culpar al solo Zeus por una copa de más. No hay dios que pueda tolerar el gobierno del cosmos sin el alivio de un trago oportuno. El hijo de Dios hecho hombre también tomaba vino en las cenas, por cuya ingesta, algunos agnósticos le atribuyen la presunta extravagancia de ciertas sentencias y parábolas como la del hijo pródigo. Bien está que, a lo que sabemos, Jesucristo bebía con moderación, pues era el hijo de Dios hecho hombre, pero también que, por tanto, entendamos que los hijos de hombre hechos dioses lo hagan con exceso, pues se trata de una condición completamente contra natura que no se sostiene sin la ayuda de alguna poción mágica. Sea alcohol, alucinógenos o ambos sendamente. Por ello, cuando vuelve a caer una diva, como, en este caso, Whitney Houston, víctima de sus abusos con las drogas y la botella, comprendo perfectamente el asunto. Y cómo no; si un humano de a pie necesita a veces de un traguito para consolarse del simple hecho de ser humano, qué no necesitará un humano que tenga que ser dios constantemente, ya sea en el terreno del arte o el deporte. El público denuncia el abuso de ciertas sustancias de sus divos, sin considerar el propio abuso al que someten a sus admiradas criaturas al pedirle cualidades sobrehumanas. Así pues, estaría dispuesta a entender que si los deportistas y atletas se dopasen no lo harían por vicio, sino por satisfacer las inabarcables expectativas de esos seguidores que les piden lo imposible; ser dioses por encima de su propia naturaleza. Dicho esto, no me declaro a favor del dopaje ni de sus sospechas, si bien me resultaría una falta comprensible y humana, dadas las presiones. No hay Dios que pueda soportar el peso de la bóveda celeste sin la ayuda de alguna poción mágica. Precisamente, se explica que Alá, siendo abstemio, no encarnase forma humana. Pero, en tanto, hasta Zeus el barbiluengo, dios de dioses, siendo la más olímpica de las divinidades, no pudo pasar por omnipotente sin su copón de néctar de vez en cuando. Fuese aquello alcohol o quizá viagra.

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

Como una cabra

No estoy como una cabra. Las cabras adoran a los machos cabríos, o sea, cabrones. Y yo no estoy por la labor; no soy tan animal. Los machos cabríos y algunos humanos –más machos que humanos, todo hay que decirlo- tienden a usar sus cuernos como objeto de violencia. Los segundos, en su nombre, perpetran crímenes machistas, los primeros los utilizan como arma de seducción, según esa bárbara ceremonia de la berrea en la que ambos contendientes entrechocan sus cornamentas a fin de medir sus fuerzas de modo que el vencedor obtenga el galardón de la hembra en liza. Imagino que las cabras que para eso están –como una cabra- no tienen sino que aceptar la coyunda con el vencedor, que es el más animal y, sin embargo, pienso que, de haber nacido cabra en alguna reencarnación, desafiaría esta ley natural, optando por el cornudo y vapuleado. Será que está en la naturaleza femenina elegir al más fuerte, pero no es menos femenino el instinto maternal. Así que, esa cabra que yo sería, de serlo, tiraría al monte con el derrotado, le prepararía un caldito de verduras –tengo entendido que los caprinos son vegetarianos- le curaría los heridos cuernos con primor y agua oxigenada y le cantaría una nana hasta que cayese en un sueño reparador. No es lo usual en los documentales de la 2, pero sí lo suyo; hay que estar como una cabra para irse, a sabiendas, con el más cabrón.
Y, sin embargo, ése es el comportamiento al que aún aleccionan ciertas capciosas publicidades dirigidas al mujerío humano, según las cuales puede, por ejemplo, saberse de la existencia de un perfume con matices y tonos de frutas rojas, champán rosado y rosas de pitiminí, cuya fragancia despierta en el hombre el instinto animal, obrando, se supone, la consabida conducta que, en muchos casos, no precisa de ningún producto adicional. O sea, para que un hombre se comporte con su prójima como un animal, no es necesario gastarse un pastón en aguas de colonia, de ello informan sobradamente las páginas de sucesos de los periódicos día a día. Para ese viaje no hacen falta alforjas ni costosas esencias; incluso con olor a sobaquina, las animaladas salen caras pero son gratis. Por lo cual, más vale no sacarle al varón el animal que lleva dentro sino al ser pensante a todas luces.
La Razón si tiene razones que entiende el corazón y conviene educar los sentidos para que no se confundan con los sentimientos antes de que el libre albedrío de los instintos te arrastre, a ciegas, al infierno de los juzgados y las órdenes de alejamiento.
Pero son muchos años de falsa educación sentimental con todo su aliño de tópicos idiotas, los que hay que ir desmontando del subconsciente colectivo. Como, por ejemplo, esa estupidez de que los polos opuestos se atraen y aquella otra de que los amores queridos son los más reñidos. Las parejas que no tienen nada en común, sin capacidad para hacerse compañía, acaban en soledad, aburrimiento, frustración y, con suerte, en divorcio. Y aquellas que discuten continuamente sólo parecen divertidas en las películas americanas, tal que “Historias de Filadelfia” o “La costilla de Adán”, tan falsas como suele serlo la propia ficción en la que nada es lo que parece, ni siquiera los actores, Cary Grant, Katharine Hepburn o Spencer Tracy que, habiendo sido por generaciones nuestro modelo de parejas heterosexuales, resultaron ser propietarios de identidades libertinas y ambiguas, a pavo y a nabo. Según cuenta ese ilustre chaperillo y gigoló que retrata los años dorados de Hollywood en unas memorias que ya van por hacerse de oro. Todo falso a fin de cuentas, pues si las parejas discuten no es porque en el fondo se amen sino porque no se aguantan y el prestigiado chico malo no se hace bueno al final (“Al este del Edén”), sino peor. Tampoco es cierto que el matrimonio los mejore; lo lógico si te casas con un cabrito es que acabe siendo un cabrón. Por simple evolución de la especie y derivación morfológica. Conviene saber que un hombre casado no es un burro domado, pues al que, a priori, es burro, los años lo hacen más borrico y no hay quien lo dome.
En fin, valga todo lo dicho para ir desmontando ese falso prestigio del instinto básico que, día a día, vuelve a nuestra sociedad más primaria y animal. En todos los terrenos; también y mucho en el político, donde la lucha por el poder entre Rubalcaba y Carmé Chacón más bien ha parecido una berrea, a cornada limpia entre dos barones, si bien uno era mujer y, a lo que se ve, en este caso, más frágil.
En clara desventaja, la oponente acorralada se quiso defender con un discurso histérico, propio del terror, donde la desesperación le hizo hasta sacar a colación a un abuelo republicano –como si no hubiésemos tenido bastante con el abuelísimo de Zapatero-. Sólo entonces sentí simpatía por Chacón, porque su incapacidad para mentir es virtud de personas sinceras y porque, como a Bob Dylan, me privan los derrotados.
Como se puede suponer en toda berrea, ganó Rubalcaba que era el mayor, el más hombre y el más fuerte. Ahora dicen que es un animal político. A lo que íbamos.

P.D: Os envío una canción que ilustra muy bien cuál ha sido nuestra confusa educación sentimental. Sara Montiel está guapísima, pinchad abajo:
ES MI HOMBRE
Y esta otra, interpretada por Martirio y Kiko Veneno
Si tú, Si yo
Os añado también una versión gay de ES MI HOMBRE, que me ha parecido muy simpática, ¿A que sí?
VERSIÓN GAY \"ES MI HOMBRE\"

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

¡No tienen cara!

Anonymous


En esta vida, cada cual lleva su máscara. Aunque algunos más que otros. Los Anonymous, por ejemplo, sin su máscara no son nadie, si bien con ella tampoco, pues, en dicho caso, sólo son Anonymous que, según tengo entendido, es la negación de toda identidad.
Sabemos de ellos, no obstante, que, cuando se indignan lo hacen como nadie, lo cual es lógico, ya que no son nadie en concreto. También, por otra parte, resulta lógico que se indignen como todos. Quien más y quien menos tiene, en el fondo, sobrados motivos hoy día para tener un cabreo del copón. Lo que ocurre es que algunos para indignarnos damos la cara –así nos va- y los Anonymous no la dan. Y eso no son formas. Ni tampoco fondo, si tenemos en cuenta el fútil motivo del cabreo supino de los susodichos enmascarados, quienes no claman por un trabajo digno, sino por una mayor variedad de ocio. Será que ya tienen la vida solucionada y bien cubiertas las necesidades de su cuerpo, pues están preocupados por su derecho gratuito al arte que es una necesidad del alma y, por tanto, no precisamente un artículo de primera necesidad. A no ser que, dada su naturaleza espiritual e intangible, se muevan por el único dictado de su aura y pidan sólo lo que les sale del alma y, a lo que se ve, lo que les sale del alma no es trabajar por cuenta propia, sino que otros, los artistas, trabajen gratis para ellos por la cara. No tienen cara; tienen careta. Son Anonymous. Y por ser quienes son, no son nadie, reclaman su impunidad para descargarse desde su ordenata fantasma todo el laburo de quienes fueren los cantantes, escritores o cineastas que les vayan viniendo en gana, ya que consideran que el arte no tiene precio. Y que los artistas, tan espirituales como ellos, no deben de ser apremiados por la vulgar necesidad de comer. Tal vez, argumentándose en ese tipo de imaginero romántico por el cual un artista alimenta más y mejor su inspiración con el estómago vacío y perseguido de continuo por sus acreedores. Tal que le ocurriese a Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Dostoievsky o a esa bohemia parisina que dio tantos poetas y pintores malditos, la mar de creativos en el entorno misérrimo de sus buhardillas infectadas de cucarachas, como en el caso de Modigliani, Toulouse-Lautrec o Baudelaire quienes, frente a la grisura de la acomodaticia y metódica vida burguesa, eligieron el hastío, el caos existencial, el desorden horario, la absenta y una mustia patata hervida de vez en cuando. Decadencias pintorescas que, sin duda, han generado dañinos prejuicios entre un público que tiende a considerar que el artista por tanto –o por tonto- ha de darse por pagado con el advenimiento de una fama imperecedera, por lo general, a título póstumo. Para que, además de haberse fastidiado con una perra existencia de hambre y privaciones, no pueda conocer el éxito sino muerto, o sea, no conocerlo en toda su vida puñetera y se vaya bien jodido al más allá. Si bien premiado por el excelso honor de que un joven poeta le componga una sentida elegía, diciéndole “Manolo, allí donde estés…” (como si el pobre hombre estuviese en parte alguna) o el ayuntamiento le ponga una calle que, de encontrarse en esta ciudad, estará llena de cagarrutas de perro, si es que no vienen a remediarlo antes esas multas según las cuales se analizará en el excremento del can su ADN para multar al puerco propietario. En fin, una cagada.
Pero no todos los artistas están dispuestos a trabajar por mero amor al arte. Los hay también que, aparte de alimentar su ego, intentan alimentar su cuerpo y lo alimentan a conciencia, se diría, según reflejan algunas fotografías. Lo cual no se explica cómo, cuando es sabido que el grueso de su obra les es mangado a troche y moche por gentileza de los Anonymous, a no ser porque, arrimándose al poder hayan de hacer de trovadores de palacio como el poeta mendigo Villasandino. Muy de otro modo, al autor íntegro e insobornable sólo le queda hacerse un artista maldito para que los malditos Anonymous le hagan el favor de choricearle el trabajo, lo cual supone, al menos, un reconocimiento en vida, en el fondo. Pero no son formas.
Será que el arte no tiene precio, pero cuesta una barbaridad. Detrás de una canción, una novela o una película –incluso si son malas- hay jornadas enteras de dedicación entre ensayos, tomas y correcciones. Una labor intensa y muy difícil de valorar por quienes parecen no estar muy habituados a dar un palo al agua. Dado que disponen de tanto tiempo de ocio como para descargarse la producción artística del mundo entero. Será que, acostumbrados a vivir de gratis bajo el techo de esos condescendientes padres ya mayores, incapaces de negarles el mínimo capricho, piensan que el resto de la humanidad va a estar a su servicio a cambio de sus pataletas. No tienen cara. Porque, si la diesen, ya se les podría haber caído de vergüenza. Qué caretas.

P.D: En la entrada anterior, “Mota me mata”, os he dedicado una canción, interpretada por nuestra ilustre intérprete malagueña, María Barranco, disfrutadla…

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

Mota me mata

Se vuelve a llevar la canción melódica. Ese tipo de canción melosa, tan premiada en los festivales de Benidorm, que solían interpretar señores trajeados con gran empalago sentimental en las letras y amplio despliegue de gorgoritos, aunque, todo hay que decirlo, sin utilizar aún el falsete caprino del que se valieron luego cantantes como Julio Iglesias o el propio Serrat para disimular la falta de voz. De aquella hornada de intérpretes, se podrían recordar, si se recordasen, nombres como Juan Camacho, Juan Bau, Braulio o Danny Daniel, que otrora dieron grandes éxitos a las listas de los cuarentas principales y robaron el corazón de una generación de amas de casa, modistas y peluqueras. Normalmente, aquellos señores de melena crecidita, patillas y pantalón de campana prestaban su caudal de voz a unas letras cansinas que abundaban en un sólito argumento. El cantante de sobriedad gestual, por no parecer demasiado sarasa –lo de Raphael chocaba por lo excepcional- se ponía una mano en el corazón y, morreando el micrófono, planteaba que andaba con el alma desgarrada por culpa de la frialdad de una mujer que no le hacía caso puñetero. Nada que no hubieran dicho ya los trovadores medievales en sus cansó o sus cántigas de amante, pero todo ello resumido a la pobreza de dos o tres conceptos clave; pasión, dolor –incluso gorrión- sin ti, cariño mío y poco más, lo cual a cierto público femenino nos daba que pensar que la frialdad de la mujer de sus cuitas estaba plenamente justificada, pues ante un plasta semejante que viene a destrozarte el tímpano con tamañas sandeces, lo mejor es darle puerta cuanto antes.
Mi primo Marcial, gran entendido en este género musical, definía tales canciones como “las del tío que no acaba nunca”, ya que los susodichos interpretes se quedaban suspendidos en la palabra final, normalmente “amor”, prolongando el gorgorito mucho más allá de lo tolerable para cualquier oído humano. No digo con esto que abomine de la música romántica en general, si bien hay que admitir que nada es tan difícil como componer una canción de amor sin que resulte cursi y empachosa. Ahora mismo se me ocurren solo cuatro; “Te doy una canción” de Silvio Rodríguez, “Te quiero” con letra de Mario Benedetti, “Soy un corazón tendido al sol” de Víctor Manuel y “Himno al amor”, cantada por Edith Piaf, pero ninguna que se salve en el panorama actual, donde se abunda en un revival de la peor canción melódica de los años setenta. Se dice que precisamente, a causa de tal mediocridad ambiental, triunfan como respectivos números uno y dos de las listas de éxitos del momento, Pablo Alborán y Sergio Dalma. Nada que objetar, por mi parte, al caudal de voz del malagueño Alborán y quizá de Sergio Dalma, sin embargo, he de admitir que su tonillo monocromo y sus letras de merengue azucarado, me resultan bastante soporíferas.
Pero no sólo en la música, también en el humor vamos de ramalazo setentero; viendo los chistes de paletos de José Mota, con la vieja´l visillo, el tío de la vara, Aberroncho, tía Blasa y etcétera, nos devuelven a esa década que tocó a todos sus cómicos de boina para hacer sus gracias. Desde Fernando Esteso cantando “La Ramona” o “Bellotero”, pasando por “La charanga del tío Honorio”, Juanito Navarro, Paco Martínez Soria, Pajares hasta cubrir esa larga nómina que amenizaba los programas de variedades del sábado, con Íñigo o sin él.
Tampoco es que las bromas de paletos se inventasen en los setenta, pues ya estaban presentes en clásicos griegos como Aristófanes o latinos como Plauto, pero ni por antiguas me hacen mucha gracia. Presentar al hombre de campo como bestezuela ante el citadino nunca me pareció de recibo, dada la injusticia del agravio comparativo. Como Hesiodo en “Los trabajos y los días”, como Virgilio en “Las Georgicas”, como Delibes en tantísimas novelas y el poeta José Antonio Muñoz Rojas en “Las cosas del campo”, siempre he admirado la sabiduría milenaria del campesino que lee en el cielo la hora y, en el humor de las estrellas, el tiempo que va a hacer mañana, que conoce la bondad exacta de cada tierra para cada fruto, que distingue la miel de cada panal y conjura el aguijón de las abejas. Con respecto a sus modales, he de decir que yendo de excursión con mi padre por campos de la Axarquia, en cortijos muy lejos del mundanal ruido, he encontrado a gentes, tal vez analfabetas, pero con un impecable sentido de la hospitalidad, la cortesía y el respeto. Valores que se van perdiendo entre los habitantes de las ciudades, de conducta, día a día, más agreste y asilvestrada. Por no hablar de la ignorancia que supone no distinguir entre una cagarruta de cabra y una pepita de chocolate. Eso puede ocurrir si se cambia la cultura de la tierra por la cultura del cemento.

P.D: Os envío dos de mis canciones favoritas de amor. Estoy más de acuerdo con la letra de la primera de Mario Benedetti, pero Edith Piaf es siempre impresionante. Disfrutadlas.
TE QUIERO
HIMNO AL AMOR
Os añado además la letra de Mario Benedetti, Te quiero, para tararear…

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

El hombre de color

Fraga y Carrillo

Hay hombres muy grises. Pero no todos son así; los hay también marrones y azul marino. Esto es en la temporada de otoño-invierno, pues de la primavera al verano, abundan en colores-pocos-neutros, dando de sí alguna tonalidad-pocas- de gama más vivaz. No es sólo cuestión de gustos, sino más bien de idiosincrasia y, cómo no, de prejuicios. El hombre que no quiere que se ponga su virilidad bajo sospecha, vive algo asfixiado dentro de un limitado ropero que le permite pocos y sufridos tonos por no desentonar de su condición masculina. Por eso, cuando algún hombre sale del armario lo hace con todas las de la ley, atreviéndose a vestir todos y cada color del “arco-iris”. Desde el fucsia al pistacho, incluso en estrepitosa confluencia de estampados geométricos o florales. Así se suma a esa clase de libertad de la que las mujeres siempre hemos disfrutado frente a los hombres; la moda. No parece un gran privilegio y, sin embargo, gracias a ella, desde el albor de los tiempos, nos hemos permitido el lujo de darle algo de color, cualquier color, hasta a los días más grises y de hacer, a su vez, cosas muy divertidas que un hombre de pelo en pecho sólo consigue emular en carnaval; maquillarse, encaramarse a tacones de doce centímetros y, en fin, disfrazarse y dotarse de mil caras de lunes a domingo que es una alternativa a la rutina de saberse siempre igual a uno mismo; lo que lleva, francamente, a aburrir.
Seguir Leyendo »

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

Tantos que roban y tontos que pagan

La realidad es cual esa novela ovípara de la que hablaba Unamuno. Si la dejas a su aire pone un huevo. Y pone dos y pone tres como esa gallina Turuleta, que pone huevos en la sala y también en la cocina, pero nunca los pone en el corral. Porque la realidad no es la gallina de los huevos de oro, sino, más bien, un rollo repollo. Y, cada vez más, parece oler a repollo hervido como el patio de una casa de vecinas, arruinadas de ánimo y pecunio.

Puestos así, dan ganas de mandar esa realidad huevona al cuerno y evadirse de ella, componiendo versos a la jarra de cerveza como hacía Mallarmé, pero una no es poeta maldita y, más mal que bien, siendo articulista, se alimenta de esa cruda realidad, pues es su objeto.
Difícil encrucijada esta; si me tomo la realidad en serio, acabaré pegándome un tiro en la sien como Mariano José de Larra, si me la tomo a broma, podré ser tachada de subversiva y, con ello, me pasarán por las armas al amanecer. O matarse o ser muerta; se diría que no quede otra salida y, si la hubiere, ésa apunta al fondo a la derecha. El futuro es entonces cual lo pintaba Madame Bovary como un largo y oscuro pasillo con una puerta bien cerrada al fondo.
Seguir Leyendo »

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

Día de Reyes

Hoy han venido los Reyes Magos a mi casa y todavía estoy muerta de risa. Desde que Elvira Lindo y Javier Cercas dijeron que la risa, hoy día, es un acto subversivo, no paro de reírme, porque a mí lo subversivo es lo que se me da mejor o, a lo mejor, es lo único que se me da.
Pero estaba hablando de la visita de mis Reyes Magos, que ésa es otra.
Tengo la teoría de que cada cual tiene los Reyes Magos que se merece, como hechos a su medida. Por lo cual, he de decir que los míos, como corresponde, son muy poco ágiles y, cuando intentaron entrar por la ventana, se quedaron con los mantos reales enganchados en la cortina, armando tal estruendo, que, lógicamente, acabaron despertándome, de modo que los pillé infraganti. Ante tal coyuntura, se perdió el secretismo habitual y la magia de la sorpresa pero, qué caray, por contra, nos lo pasamos en grande los cuatro.
Seguir Leyendo »

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

Nos están quitando el trabajo

Tres sudamericanos quitándole el trabajo a los españoles

Perdonen, pero a mí no me caen mal los chinos. Será cuestión de consanguinidad, pues uno de mis abuelos lo fue. Aunque este hecho se deba a un raro capricho de la genética, ya que se desconoce la existencia de pioneros chinos en Alfarnate (Málaga) que pudiesen servir de antepasados a mi abuelo, no obstante, había detalles de forma y de fondo en su persona que lo delataban como chino de pura cepa. Valga cual ejemplo su modo de hablar con la ele y un nato talento oriental para los negocios para los que gozaba de un olfato singular, tal que olía el fraude desde lejos. Cuando al gran Pepe Reyes le intentaban colar algún gazapo en las cuentas, exclamaba, aquí hay un “errol”. Y vaya sí lo había. A mi abuelo no se la daban nunca con queso. Bueno, al menos, en los tratos, que solía hacer de modo oral para que no le pudieran timar con la letra pequeña. En tales ocasiones, cuando adivinaba turbios embelecos en el tratante, se le achinaban los ojos en esa expresión comercial que en lenguaje ejecutivo chino suele definirse como un “Ya-te-veo- Ma-teo”. Contra lo que se haya dicho antaño, no hay nada tan difícil como engañar a un chino. Prueben, si no, a engañar a alguno de esos dependientes que regentan los comercios más habituales en la ciudad, a ver qué tal.
Seguir Leyendo »

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

Suspenso en educación

Suspender nunca es un cometido agradable. En especial, cuando el objeto de ese suspenso es un alumno simpático, agradable y tal vez muy buena persona. Una tierna criaturita de ojos dulces que, a lo peor, se echa a llorar. A cualquiera se le parte el corazón, a cualquiera le entran ganas de regalarle un cinco en el último momento y desearle feliz navidad y próspero año nuevo. Pero eso no sería serio ni para el docente ni para el propio alumno, que debería de saber que el suspenso no es una descalificación a su persona, sino una simple advertencia de que tiene que prepararse más para lograr los objetivos que exige el aprendizaje, lo cual no lo exime de seguir siendo un muchacho excelente ni implica la enemistad del profesor. Un suspenso no atenta contra la integridad del individuo ni le resta méritos para ser querido.


Seguir Leyendo »

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter

Mucha iluminación y muy pocas luces

Calle Larios, Navidad 2011-2012

Estamos iluminados. Desde el 26 de noviembre, lucimos en Málaga el alumbrado navideño más caro de Anda-lucía y hasta de España entera, con tropescientas mil bombillas rutilantes. Tenemos la mar de luces, aunque, como ya es sabido, las luces no siempre son sinónimo de inteligencia. Una bombilla en la cabeza no es metáfora de buena idea, necesariamente. Incluso podría parecer cosa de mala idea si dicha fanfarria lumínica felicita dudosas fiestas en una ciudad que padece una tasa de paro del 18´7 % y asoma a no pocos habitantes al umbral de la pobreza. De tal modo se multiplican los mendigos que, si el niño Dios quisiera nacer ahora en alguno de nuestros portales, carecería de lugar por encontrarse en pleno over-booking.
Seguir Leyendo »

Comparte esta información:
  • email
  • Print
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • PDF
  • Reddit
  • RSS
  • Slashdot
  • Technorati
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks
  • co.mments
  • LinkedIn
  • Linkter