Las gaviotas
La gaviota es un ave merdellona. Chilla mucho y ensucia una barbaridad. Parece que en Málaga se encuentre en su medio, donde no deja de crecer y multiplicarse. Son una plaga y allá donde van, ponen el huevo. Aquí las tenemos de tres clases; las patiamarillas, las sombrías y las reidoras, que han desarrollado un carácter muy autóctono, porque, después de hacer la gracia, se cagan de risa en tus narices; menudas pájaras montan. Ahora, más aún, pues están en periodo de cría y eso las pone de los nervios. Por lo que leo en un reportaje, como siempre, impagable de José Torres, las gaviotas adultas monitorean el aprendizaje de sus gaviotillos, que se inician en el vuelo, no siempre de modo ejemplar, pues lo más torpes acaban haciendo el ganso y cayendo al suelo, lo que le vale las recriminaciones de sus padres, que les riñen con unos chillidos tan ensordecedores de enloquecer al vecindario humano que ha de sufrirlas bien de cerca. La educación de las gaviotas nos está saliendo por un pico. Por lo que interpreto del lenguaje de las aves malagueñas, el diálogo debe darse más o menos así:
Gaviota madre: Yonatán Lui, ¿quieres dejarte de hacer el maharón?
Gaviota hijo: No me ralles, mamá, que me lo estoy pasando pechá de bien con la Yésica y con el Adri.
Gaviota madre: De eso, ni mijita. Te he dicho cienes y cienes de veces que pa la casa.
Como toda madre malagueña, la gaviota puede dar mucho el cante al reprender a sus criaturas, pero, no obstante, pues es, en el fondo, una madraza, se pone hecha una fiera cuando alguien osa agredir a alguno de sus polluelos. Así ante la amenaza que supone el dispositivo que el ayuntamiento ha puesto en marcha para erradicar la plaga de estas aves invasoras, se ha advertido de que las susodichas aves pueden adoptar comportamientos muy violentos como, por ejemplo, me temo, agredir a un viandante. Probabilidad aterradora que recrea en la memoria colectiva, aquella escalofriante imagen en la que una enfurecida gaviota daba un picotazo hasta hacer sangrar la bella y rubia cabeza de Tippi Hedren. Era una secuencia de la película “Los pájaros” de Hitchcock; un film sobrecogedor, por cuyo impacto visual, varias generaciones perdimos nuestra concepción ingenua de las aves, evitando mirarlas demasiado de cerca.
Tampoco volvimos a mirar igual al propio Hitchcock, de quien se decía que tramó aquella película como una venganza personal contra Tippi Hedren, actriz por la que sentía una obsesión amorosa enfermiza que no halló más respuesta que la inquebrantable indiferencia de la rubia.
De modo que el cineasta convirtiese su deseo frustrado en la rabia, recreada por esas bandadas de pájaros enloquecidos que sometían el cuerpo de Tippi Hedren a toda clase de acosos y vejaciones. La historia de un despecho; podría ser. Incluso los peores sentimientos pueden inspirar las mejores obras de arte. La inspiración es materia caprichosa. La que hace, por ejemplo, que las palomas y las gaviotas gocen de un desmesurado prestigio lírico, que, en nada, corresponde a su natural carroñero. Ambas son amigas de vertederos y de dejarlo todo apercodido. También de reproducirse mucho, con lo cual llegan a protagonizar invasiones bastante bárbaras. Por ejemplo en Venecia, cuyos monumentos se deterioran hace siglos por el alto poder corrosivo de sus excrementos. Como recitaba Alberti; “se equivocó la paloma, se equivocaba”. Antes de que la ciudad de los canales sea inundada del todo por el Acqua alta, se la habrán cargado –perdón, cagado- las palomas. La paloma, siendo el símbolo de la paz, es un pájaro que da mucha guerra, pero cuesta dejar de concebirla como ese icono cándido y níveo que pintó Picasso con una rama de olivo en el pico. La imaginación da muchas alas y todo lo alado inspira. Incluso las moscas a Antonio Machado, “por amor a todo lo que vuela”.
Casualidad será pero, como símbolo, encuentro que las palomas son más de izquierdas y las gaviotas más de derechas. Ha sido nombrar la paloma y ya me ha salido un poeta y un pintor comunistas y es nombrar la gaviota y venírseme canciones de Julio Iglesias y José Luis Perales. Por algo la gaviota es icono del PP, también es símbolo de la libertad, pero eso ahora no viene al caso. Me llevaría a hablar de Juan Salvador Gaviota y no me cuadra en el artículo. O sí. Juan Salvador Gaviota, en otro estilo, era tan raro como quien fue el máximo representante del PP, José María Aznar, un pájaro de cuidado que amenaza con volver y que, mirado de cerca, a mí por lo menos, me da tanto miedo como alguna de las aves de Hitchcock. Sobre todo, si vuelve de la mano con Esperanza Aguirre. Dice él que España y la gaviota lo necesitan. En esto último, tiene razón, la gaviota anda últimamente maltrecha y como mostrando por todas partes su lado oscuro. Se le está viendo el plumero. Es dar una patada y salir dinero negro y negocios sucios por doquier. La gaviota, como ave del PP, podría llamarse avecrem porque sabe a sopa de sobre. No te rías, que es peor.
Pedir educación a gritos
La indignación hace que los españoles tomen las calles. Buena cosa; si tenemos que indignarnos, mejor que lo hagamos al aire libre. Indignarse en casa a través de las redes sociales, resulta riesgoso para la salud física y mental del ciudadano, quien, por ende, acaba desembocando en la obesidad y la psicopatía como podemos comprobar por los informativos, que nos devuelven al conflicto de Segismundo. La criatura que vive enclaustrada y hace del hogar su gruta, puede acabar asalvajada y desarrollando comportamientos brutales cuando, llegado el caso, ha de salir a espacios abiertos y relacionarse con otros seres de carne y hueso. Tal llega a ser su confusión por la falta de hábito que no se le ocurra cosa mejor que poner bombas o liarse a tiros con todo Quisque que le salga al paso. Los encierros generan mentes cerradas, capaces de muchísimas barbaridades y, por fortuna, no están asociados a nuestra idiosincrasia de país mediterráneo, cuyo clima benigno invita al paseo y la sociabilidad a cielo abierto. Nuestra cultura solar como la griega y la romana es más de plaza pública y lo que a ellos fue el ágora o el foro, a nosotros ayer mismo fueron los mercados. Qué lugar mejor para debatir de lo humano y lo divino que en la cola del puesto de la pescadería con ese pescadero, de moderador, que además suele ser filósofo y saber de la vida más que nadie –o que naiden-. Pero no hay caso, estamos perdiendo las buenas costumbres e integrando en detrimento hábitos de países fríos y oscuros contra nuestra natura. Cierran mercados bulliciosos, coloridos, vitalistas y abren supermercados funcionales, impersonales, donde nos volvemos flores de invernadero bajo la luz eléctrica y las familias, ajenas a un sábado esplendido de sol, pasean como zombies por el sótano de un centro comercial como si estuviesen en Noruega. El mundo es un disparate. Los rusos compran en la Costa del Sol, el sol que no tienen y los chavales costasoleños, más rusos que los rusos, aúllan cuando se sube la persiana y entra el astro rey como si padeciesen de fotofobia. Educados en la ética y la estética de “Crepúsculo”, reaccionan como vampiros ante la luz del día y da grima verlos sudar, envueltos en sus negros disfraces de góticos, a los treinta grados del mediodía. Los góticos quedan divinos en los barrios londinenses, donde llueve en verano y, del modo más natural, los chicos y chicas lucen extrema palidez y ojeras violáceas. Aquí no, aquí los góticos son una anacronía y una auténtica chaladura. Somos europeos, sí, pero no europeos del norte; en todo caso, europeos mediterráneos con su mijita también de africanos. Y, a mucha honra, cabría decir, no nos vayan a trastocar los papeles, a tocarnos la moral esas invasiones bárbaras con su lideresa, color lenguado, tan ambigua toda ella, ora comunista, ora neo-hitleriana y siempre, en todo caso, la mar de antipática; insaciable en sus exigencias; sobriedad, austeridad, sacrificio y nada pródiga en sus favores ¿cómo no se va a propagar la eurofobia?
Desde el euro pagamos más de la cuenta. Desde la Merkel, nos hemos vuelto una colonia de criaturas pesimistas, macilentas, culpables, acomplejadas. E incluso góticas. Desde que somos europeos, casi no pisamos la calle. El euro no nos ha hecho felices, si acaso sólo más pobres. Y más solitarios, lo que antes eran mil pesetas, un talego, con el que financiar una tarde de copas con los amigos, ahora son seis euros; o sea, calderilla para tabaco y poco más. Así no hay quien salga. Por eso, en lugar de relacionarnos, interactuamos, donde antes le dábamos a la lengua, le damos a la tecla y, si hay que gritar, escribimos con mayúsculas, nos cabreamos con medio mundo que, gracias a Internet, ahora está a tiro de piedra, pero sin dar un ruido. Y así nos va. Mientras discutíamos en Facebook con un ciudadano de New Jersey, el vecino de arriba, a pique del desahucio, se tiró por la ventana. Ni idea de cómo se llamaba. Esto no es lo nuestro, cuando interactuabamos con los vecinos en el rellano o a grito pelado por el ojo patio, sentíamos más de cerca el calor humano y, de no haber perdido aquella sana costumbre, tal vez hubiésemos caído antes en el timo colectivo de que estábamos siendo objeto. Hablando se entiende la gente, cara a cara y en la calle, que es nuestro hábitat natural y nuestra idiosincrasia.
La indignación volvió a tomar las calles el jueves pasado. Ya era hora; de la indignación y de que nos diera un poco el fresco. Daba un poco de grima ver a los profesionales de la enseñanza pidiendo educación a gritos y mucho que pensar que los presentes hubiesen perdido el salario de ese día, precisamente por ir a una huelga en la que protestaban por los recortes salariales.
La huelga, sin embargo, se saldó con resultados satisfactorios; para las consejerías que se embolsaron el dinero perdido por los huelguistas, para los sindicatos que se inventaron un 72% de participación a su favor y para los alumnos que vinieron muy bronceados de una esplendida jornada de playa.
A lo que se ve, las reformas del ministro Wert quedaron paralizadas. No importa, si no es Wert siempre habrá por ahí otro ministro dispuesto a devaluar aún más el sistema educativo. En eso estamos desde hace veinte años. Hay cosas en las que los dos grandes partidos están de acuerdo. Mientras la enseñanza siga empeorando, nunca se formará un tercer partido que les haga sombra. De aquí a la eternidad.
Club literario “La Coracha”
Mañana, jueves 16, a las 6 de la tarde en el Museo MUPAM, Paseo de Reding nº 1, Málaga (en la cafetería) volveré a presentar mi libro de humor “Sola en el Mundo” y charlaré con los asistentes sobre la literatura de lo cotidiano, a tenor de la exposición de Pedro Escalona, “Iluminaciones cotidianas”.Lo pasaremos bien hablando de experiencias literarias y biográficas y tomando algo fresquito. Venga, anímate.
Llegas demasiado tarde, Princesa
Las niñas ya no quieren ser princesas; no me extraña. A estas alturas, ser princesa se ha convertido en un oficio de alto riesgo, tanto que, para salir de palacio, mas va valiendo llevar un casco que una diadema. Por el momento, doña Letizia, como todo el mundo sabe, se puso un singular casquete para la ceremonia de investidura de los reyes de Holanda, que le ha valido ser una vez más diana de los dardos envenenados del marujeo internacional y los mariquitas de la prensa del corazón; una legión terriblemente nociva cuando se lanza a disparar, todos a una y que, desde el principio, se la tenía jurada a la señora de don Felipe por ser la chica tan mona y llevarse al mozo real, alto, guapo y rubio, que es que no hay derecho a que unas tengan tanta suerte y otras tan poca, qué caray, sobre todo, habida cuenta de que la muchacha era plebeya y no estaba preparada para ser consorte real. En lo cual no les faltaba su parte de razón. Hay que estar muy preparada, desde la infancia, para soportar el tremendo latazo que ha de suponer vivir como una Reina, que tiene que ser, imagino, tan cansino como ir de bautizo todos los días sin poder, cual hace el populacho, quedarse luego con los tacones en la mano, emborracharse y bailar la Raspa para relajarse. Un día se me ocurrió recrear la jornada cotidiana de una Reina entre rígidos protocolos y aburridísimos actos oficiales y me salió el relato más trágico de mi libro “Sola en el Mundo”; creo que casi lloré al escribir las últimas líneas.Es cierto que Doña Letizia no estaba preparada para ser como la Reina Sofía, cuyo ejemplo se le ocurrió invocar en mala hora a punto de fichar por la Casa Real e ignorando, me temo, en el fregado que se estaba metiendo, la pobre. Se dejaba adivinar que la chica era plebeya por su discurso atolondrado, tal vez inspirado por la ilógica irracionalidad del amor, que, en materia monárquica, es una auténtica locura. Una reina tuvo España a quien se le ocurrió enamorarse de su marido y pasó a la historia como “Juana la Loca”. A diferencia de sus concuñados, más taimados en sus intereses, se ve que Letizia se casó por amor y ahí empezó su calvario. Por dar la talla se subió a tacones de altura imposible y por dar el peso casi se queda en los huesos lirondos. Luego vinieron los Bracket y las operaciones de cirugía estética, archicomentadas en las tertulias chismográficas de sobremesa con sañudo encono, donde no han dejado de caerle toda clase de chuzos de punta. Que era cosa de ponerse el casco o, en su defecto, el casquete, por el cual ha vuelto a abrir hacia sí la caja de los truenos. No voy a decir yo que el dichoso tocado disco con pétalos de organza y plumas fuese un prodigio de la estética, pero tampoco hay para tanto. En materia de sombrerazos y pamelas horrendas la corona inglesa ha puesto el listón tan alto que el personal ya debería estar curado de espanto, si bien la advenediza Camilla Parker-Bowles, con sus recurrentes coronas de espigas ha moderado el habitual estilo agresivo de la casa real británica. Normal y sensato es que la mujer del eterno heredero repita una fórmula que le funciona, pues, en su caso, sería asunto de alto riesgo aventurarse con mayores experimentos.
Y así, poco a poco, va saliendo airosa del agravio comparativo con la fallecida Diana, sobre todo a nivel moral, porque a cualquier cabeza le sientan mejor las espigas que los cuernos.
Lo de Letizia es peor pues haga lo que haga, la grima mediática siempre soplándole en contra, no está dispuesta a pasarle una, lo que se deja entrever por la suerte de comentarios viperinos que suelen ir asociados a su imagen. A propósito, por ejemplo, del polémico casquete, pude leer; “a la princesa no le queda bien tener nada en la cabeza”. Escrito en una cursiva cargada de dobles intenciones y sentidos. Intentarlo, que no se diga, lo intenta desde el punto y hora que cambió su destino de periodista liberal por el de muñeca repollo, bien corregida en actitudes temerarias como quitarle al Príncipe la palabra. Quien te ha visto y quien te ve, silenciosa y sumisa, ni sombra de lo que eras, que sin sombra se diría que te quedas, cuando te pones de perfil en el desamparo de esa foto de familia donde van desapareciendo los miembros como en la novela “Diez negritos” ¿cuál será la próxima cabeza que se lleve al cesto la guillotina?
Con la peor de las fortunas, doña Letizia ha llegado a la Casa Real, justo en la agonía del juancarlismo para hacer el papel de María Antonieta, ahora que piden transparencia y ese tipo de requisitos contra natura a la condición congénita de la rancia monarquía, que cuestionan privilegios que se daban por supuestos hasta hace muy poco ¿desde cuándo una infanta es puesta en tela de juicio? ¿Desde cuándo es un delito que los reyes españoles tengan queridas y vayan de cacería?
No será lo peor que Letizia tenga que renunciar al trono, sino que realmente llegue a convertirse en Reina, a esas alturas su alteza habrá perdido ya tantos quilos que, en vez de cantarle el Dios salve a la Reina, habrá que cantarle una saeta. Ay, ay, ay.
P.D: Voy a colocar aquí una canción de Sabina que ,se entienda, viene al pelo -sólo- por el estribillo, ahí va Llegas demasiado tarde, Princesa
Día de la Madre
La gitanilla enfurruñada soy yo. La mujer estupenda, mi madre, observándome, como siempre muy de cerca. Mi mamá me mima. Felicidades, mamá.
P.D: El montaje de la foto es del siempre ínclito, Pablo Darío Martín Fontana, hermoso ¿no es cierto?
Quince años y un día
Samuel vuelve a clase después de tres días de ausencia y viene con un justificante firmado por su madre, donde alega que su hijo ha estado aquejado de gripe. La nota esta escrita con una ejemplar caligrafía inglesa, observando una gramática impecable y el uso correcto de cada tilde. Es, en fin, un raro monumento de la lengua escrita, que, en estos tiempos de semianalfabetismo, agradece y emociona a un filólogo, que es mi caso. Admirada por lo que leo, siento la curiosidad de preguntarle a Samuel a qué se dedica su madre, oficio que presumo de alguna relevancia intelectual. No así, Samuel me responde que su madre es cocinera, con una sonrisa de satisfacción por la que puede interpretarse que está orgulloso de que su madre sea cocinera y, más aún, de que su madre sea su madre. Detrás de un alumno satisfecho, hay siempre una madre ejemplar –y, en otras ocasiones, un padre- si bien por lo que Samuel me cuenta, dentro de su timidez, parece que su madre esté exenta de marido. Tal vez separada o viuda, eso no se lo voy a preguntar. A como calibro la situación, dicha madre se basta y se sobra para educar a su hijo en la excelencia. Si fuese un solo hijo, la coyuntura sería más fácil de explicar, pero no es así.Samuel tiene otros tres hermanos, a los que su madre atiende con idéntico celo, después de atender a su trabajo de jornada completa en la cocina. Uno por uno, les supervisa los deberes, sin olvidarse de las vísperas de examen que le tocan a cada cual.
-A ver, Samuel, ¿de qué nos examinamos mañana?
Ella habla en plural porque cada examen de sus hijos es también cosa suya. Por eso, lo mismo toquen subordinadas adverbiales o la Generación del 27, lee y relee los textos del libro para luego explicárselos al niño y preguntarle. El resultado de este repaso será para los dos un triunfo mutuo. El niño se sentirá orgulloso de traerle a su madre un notable y la madre pletórica de que su hijo saque un notable. A esas alturas, ya se le habrá olvidado de lo mucho que contribuyó ella misma a ese notable. Las madres generosas, siempre minimizan su papel y sólo están pendientes del progreso que alcanzan sus hijos, a los que se entregan en cuerpo y alma. Y los hijos, que tienen dichas madres, viven felices por darles la ocasión de otorgarles un premio, que las haga sonreír. Ningún niño o niña, aprecia tanto un regalo como el que sus padres le brindan cuando se interesan por ellos, los escuchan y los atienden y tampoco ningún niño o niña es feliz, cuando se desinteresan por ellos, en especial, a altas horas de la noche y los dejan dormir solos en la inquietante oscuridad. Los niños de quince años aún son niños y tienen miedo, muchísimos miedos, cuando esos padres ausentes no vienen a darles siquiera las buenas noches. Ese cariño que les arropa y les hace dormir a pierna suelta, es más impagable que los regalos de lujo, que los cruceros, que los colegios de pago. El padre, la madre presente hacen más felices a sus hijos con su atención y su cariño que los padres ausentes con sus regalos, de los que se aburren muy pronto. Así, se resienten, se rebelan y empiezan a hacer barbaridades sólo por lograr esa atención de los padres pasotas. Que, en ocasiones, creen que ganar la simpatía de ese hijo del que nunca se han ocupado, del que nada saben consiste en apoyar siempre sus actuaciones aunque rayen en lo delictivo. A mi hijo, a mi hija no le grito nunca y nunca lo castigo, quién osa entonces hacerlo. Así se comprende que incluso uno de dichos padres se atreva a encararse con el policía que detuvo a su hija por haberla encontrado robando en un centro comercial. El policía solicitó por teléfono la presencia del padre en el local, quien muy ofendido y molesto por recibir llamada tan inoportuna en el arranque festivo del fin de semana- tal vez fuese por la segunda copa en el pub- le respondió destemplado:
- Que mi hija ha robado y qué si mi hija roba. Más ha robado Bárcenas y está ahí el tío tan fresco.
Por supuesto, no va a interrumpir su juerga por ir a defender a su hija, in situ, cara a cara. Faltaría más. Ya tiene el hombre bastante con ir entresemana al instituto, si es preciso, a partirle la cara a ese profesor que se atreve a reprender la nefasta conducta de su hija. Que se porta cada vez peor, quizás en la ingenua esperanza de que algún día su padre se pregunte por qué lo hace, que intenté corregir su actitud, que se interese por ella. Pero no hay caso, la autoridad y el castigo suponen un esfuerzo que es un concepto, hoy día, de lo más desprestigiado. Y, sin embargo, un esfuerzo que los hijos reclaman como agua de mayo. Ningún pedagogo sensato afirmaría lo contrario.
Me entero de que “Quince años y un día”, la película de Gracia Querejeta sobre un adolescente conflictivo con una madre que no sabe manejar la situación, se ha llevado la palma de las biznagas de oro. No, en balde, pone el dedo en la llaga de ese problema que aqueja a la mayoría de las familias desestructuradas a día de hoy. Eso he dicho, la mayoría.
P.D: Quiero dedicarle una canción a una persona que quiero mucho y mañana cumple quince años. La canción se titula “Para ti”, es de mis favoritas, pero a mí me gusta titularla “Quince años cumplidos”. Ahí va con la letra, pinchad abajo:
Quince años cumplidos
Y la letra:
Para ti, que estás de morros esta noche
que descubres los secretos de tu cuerpo
que sonrojas tu nariz casi queriendo
que eres un gran aprendiz de seductor
Para ti, que debiste nacer en Frisco
que te rascas pensativo la melena
que calculas un placer remunerado
que te ves poco a poco generador
Para ti, que sólo tienes quince años cumplidos.
para ti que no desprecias ningún plato lindo
para ti que aún careces de prejuicios bobos
para ti lleno de infantil egoísmo del lobo
Para ti, que devoras con otras color virgen
para ti que no soportas ningún rollo horrible
para ti que en los cines de verano y costa
para ti lo mejor ha seleccionado Morgan
Para ti tiene razón todo un estilo
toda la locura de los locutores locos
todo el cadenaje que enmudeció a virtuosos
toda la energía de ese motor estalló
Para ti nos buscamos el paraíso
nos cocinamos melodías con su charme
nos olvidamos de los críticos seniles
nos encerramos en castillos de cartón
Para ti, que sólo tienes quince años cumplidos.
para ti que naciste en tiempos asesinos
para ti que te llevas a las nenas de calle
para ti en cuyo placer aún hay ambigüedades
Para ti que vas a caballo del fin del mundo
para ti que ves las Cortes como un cine mudo
para ti que comprobarás lo que otros han dicho
para ti queremos otear el paraíso
Para ti que sólo tienes quince años cumplidos
para ti que sólo tienes quince años cumplidos
para ti , para ti, para ti…
Club literario “La Coracha”
Mañana jueves a las 18:00 en el Museo Municipal de Málaga (MUPAM) Paseo de Reding nº 1, estaré dando una charla-coloquio para seguir despegando el club literario “La Coracha”. Con la inspiración de la exposición “Iluminaciones cotidianas” del prestigiado pintor malagueño, Pedro Escalona, compartiremos experiencias terrestres y celestes, leeremos textos de escritores que hablan del día a día y pondremos las bases de un taller de creación literaria para ponerle letra a nuestra biografía, a lo que más nos importe, lo inmediato, lo nuestro. Lo que más queráis. Anímate y ven, te estamos esperando como agua de mayo…
Una victoria algo sufrida
Ganamos frente al Getafe, pero hemos tenido que sufrir mucho hasta el último minuto. El equipo madrileño no se resignaba a dejar de marcar el segundo tanto del empate y ha tocado defender la portería con uñas y dientes, aunque no se puede decir que nuestro equipo haya dejado de buscar el tercer tanto hasta el final para que el triunfo no fuese tan ajustado. Pero fue. Un triunfo, por el que hay que felicitar a todo el equipo, con mención especial de Santa Cruz que ha hecho un partidazo y, como siempre, a Willy Caballero, autor de unos cuantos paradones impresionantes.Por supuesto, no dejar de celebrar el segundo gol de Welington, que nos hizo respirar de alivio y las intervenciones de Baptista y Joaquín, ésta última muy breve pero lúcida.
Lo mejor, en cualquier caso y, como de costumbre, el trabajo de equipo donde también entra la sabia coordinación de Pellegrini y el entusiasmo de la afición. Ole mi Málaga y venga ese himno:
Himno del Málaga C.F
Ayer no más
No hace falta remontar mucho la memoria para recordar ese país próspero donde vivíamos, adorando al becerro de oro. Ayer no más eran los tiempos de Españavabien. España va bien, lo repetía aquel tipo y, después de todo, no se ponía en duda, porque algo así apetece creérselo y porque, a falta de ideologías, nos conformamos con la publicidad. Damos por verdadero lo que se dice muchas veces y lo repetimos como si fuese una opinión y no un estribillo. Donde un día se dijo España va bien, muchos dicen ahora España va mal, porque toca, sin que su vida haya cambiado sustancialmente, pues, en medio de todas las adversidades, en honor a la verdad, hay que reconocer que no a todos les ha afectado este revés de las cosas, por más que sirvan de eco a la tarandilla oficial y se apunten al pesimismo ambiental por inercia y porque sale en televisión como el bífidus activo.España iba bien, recuerdan, y de eso hace bien poco. Por lo que sabemos a día de hoy, en aquel pasado reciente no había tampoco moral ni valores ni equidad ni justicia, pero había dinero y eso parecía suficiente. Había dinero o parecía que había dinero, porque qué es el dinero mismo sino simple apariencia; un papel que te asegura la presencia de un oro que nadie sabe dónde está, una fábrica de intereses en la que nosotros hacemos el papel de bobalicones y ajenos. No tenemos ni idea, ésa es la verdad. Sólo nos tocan las duras y las maduras cuando tocan y disfrutamos lo bueno mientras duró, igual que ahora padecemos lo malo sin saber muy bien por qué. La pobreza de hoy es igual de sospechosa que la riqueza de ayer, pero el bienestar no levanta suspicacias. Mientras se viva bien, a qué viene plantearse la angustia, plantearse nada. Lo que pasaba no era normal, pero era divino. Los bancos regalaban dinero a cualquiera y cualquiera se iba de viaje al Caribe y se compraba un piso de lujo y un apartamento en la playa y un coche de alta gama y la mar en coche. España iba bien, lo decía aquel tipo y a cualquier pringado le hacían una tarjeta oro y le llamaban distinguido cliente. Vaya lujo y quien lo trujo.
Estudiar no servía para nada, los alumnos se largaban del instituto en 3º de ESO a trabajar en la obra para participar del boom del ladrillo, después de hacerle un corte de mangas al profesor
-Ahí te quedas, voy a ganar el doble que tú, pringao.
Y, después de unas semanas, iban a cortejar a las niñas en un flamante deportivo descapotable parpadeando los focos al mismo ritmo de la música chunga-chunga de la radio a todo volumen. Triunfador de la vida a los dieciséis años sin necesidad de estudiar, de pensar. A quién se le ocurría pensar en aquellos días de vino y rosas. Había dinero, había subvenciones, había créditos. También políticos que no le interesaban a nadie y que tampoco se esmeraban por atraer la atención hacía sí mismos. El apoliticismo, extendido entre la mayoría, era un fenómeno que los propios políticos observaban con complacencia. De este modo, podían hacer y deshacer a su antojo sin ser vigilados en sus idas y venidas, porque los políticos a diferencia de los apolíticos sabían que aquella racha de prosperidad no iba a durar eternamente y, como la hormiga, almacenaban el grano para el invierno. Sus viajes a Suiza pasaban desapercibidos porque a todo el mundo le importaban un pijo. Éste es un país generoso, mientras tengas los bolsillos llenos, te importan poco cómo estén los bolsillos de los demás. Nada fue para siempre, sin embargo, la prosperidad estalló por sus costuras y a la cigarra le vinieron tiempos duros, después de tan largas vacaciones. Se acabó el trabajo, el crédito y las subvenciones y los políticos, hasta entonces invisibles, tomaron peso en sus vidas. Llegaron los recortes, los despidos, los desahucios, las reformas laborales, cómo es eso. Y, para pedir cuentas, era demasiado tarde. Tampoco se sabía muy bien cómo hacerlo, tantos años macerados en la total despreocupación, en el desentendimiento de los asuntos de estado, no dan de sí para ningún tipo de pensamiento crítico. Sin estudiar, sin pensar y bebiendo en la tele, la ciencia de Operación Triunfo y Gran hermano, dónde vas, Manolo, a estas alturas.
La indignación, vale, pero sin organización es como una orgía de Lepe. Con un garrote no se levanta un país sino, a lo más, la charanga del tío Honorio.
El asunto, claro está, se viene hilando fino desde hace décadas. Para desbancar a los políticos actuales, se necesitan políticos nuevos que no se han formado en estos años. Las demás posibles vías; acabar con todos los políticos en bloque y derogar la Corona, llevarían a una acracia imposible o a una dictadura militar o a un gobierno burocrático designado desde Alemania con tintes hitlerianos. La historia de España es como una morcilla, está hecha de sangre y se repite, decía el poeta Ángel González. Tendremos que desmentirlo como sea.
Mujer y creación literaria
Os invito a la Mesa Redonda, organizada por la Diputación de Málaga, sobre “Mujer y Creación Literaria” que se celebrará mañana jueves a las seis de la tarde en la sede de la secretaría de la Mujer (C/ Carretería nº 60, detrás del muro de San Julían, Málaga-centro.) Algunas escritoras malagueñas presentaremos nuestros libros y debatiremos sobre el papel de la mujer en la literatura. Será ameno, constructivo y divertido. Animaos y venid. En la imagen podréis ver con detalle la invitación. Os espero.






























