Un día clave para España
En las elecciones generales de 2004 y 2008, los españoles acudimos a las urnas sacudidos por la barbarie terrorista del islamismo radical que causó la matanza del 11-M y por el cobarde asesinato del exconcejal socialista Isaías Carrasco en Mondragón perpetrado por un pistolero de ETA. Hoy serán las primeras elecciones en las que los españoles no votaremos bajo la amenaza de los terroristas. Es para celebrarlo aunque en esta campaña electoral pocas hayan sido las referencias a una de las mejores noticias de la historia democrática de España. Y ello se debe a que existe otra amenaza más intangible y no menos letal como es la devastadora crisis económica que ya ha provocado el rescate económico de Grecia, Irlanda y Portugal y la caída de dos gobiernos: el griego y el italiano. Lo preocupante de la situación es que la crisis económica internacional se ha convertido en una gigantesca crisis política, donde los gobernantes europeos se enfrentan a diario a recomendaciones de expertos muchas veces contradictorias y con poco margen de maniobra en la toma de decisiones debido a que la autonomía nacional cada vez es menor. Somos Europa para lo bueno y para lo malo. Y parece que nadie tiene la pócima mágica que permita ver la luz en este gigantesco túnel. El último informe de la Comisión Europea despejó cualquier esperanza de recuperación a corto plazo: el crecimiento se ha detenido en Europa y la economía comunitaria va camino de una recesión profunda y prolongada con leves crecimientos del PIB en 2012 del 0,8% para Alemania; del 0,7% para España; del 0,6% para Francia o del 0,1% para Italia. A este demoledor informe se sumó esta semana el hostigamiento de los mercados con la prima de riesgo española superando los 501 puntos y bordeando una posible intervención.
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La milonga del PP con la Aduana
Es lo que tienen las hemerotecas. No perdonan. Son así de juguetonas y un elemento imprescindible de consulta en época de mercadeo de votos, de promesas o reproches y de medias verdades. Los políticos, no todos, confían en la falta de memoria de los ciudadanos y se lanzan a la búsqueda de titulares pomposos que, también hay que decirlo, los medios de comunicación solemos comprar sin más explicaciones. Es lo que ha sucedido esta semana con la polémica sobre el Museo de Málaga. Celia Villalobos y el parlamentario Antonio Garrido convocaron a la prensa en la puerta del Palacio de la Aduana para enfangar quizás uno de los pocos proyectos donde los gobiernos del PP más tienen que callar. La candidata popular rememoró cómo en 1995 ambos reivindicaron ante el entonces gobernador civil socialista que el Palacio de la Aduana fuera el Museo de Bellas Artes cuya colección había sido desplazada del Palacio de Bellavista para la ubicación en este edificio del Museo Picasso Málaga.
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El CIS despeja hasta la incógnita andaluza
La encuesta del CIS nos deja sin partido en el primera día de campaña electoral. El sondeo augura la mayor victoria del PP y el hundimiento del PSOE debido al vuelco histórico que se produciría en Andalucía y en menor medida en Cataluña. El CIS confirma lo que ya todos sabíamos y ahora las apuestas se fijan en si Mariano Rajoy será capaz de superar los 202 escaños que obtuvo Felipe González en 1982 y que dejó a AP en 107 diputados. Los datos del CIS conceden al PP 195 escaños frente a los 121 del PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba, una aplastante derrota que desdibuja la campaña socialista y traslada casi la estrategia del partido en cómo administrar el varapalo tras las elecciones del 20-N.
En la sede popular de Génova han dado la orden de que nadie ponga a enfriar el champán (ésta vez no necesitan el cava catalán), pero la euforia contenida ya se refleja en el brillo de los ojos de los cientos de candidatos que pululan por campaña, algunos con mensajes poco o nada acertados acusando al propio Rubalcaba de cocinar una encuesta para que el votante conservador se quede en casa al dar por sentado que estas elecciones ya están decididas. En campaña se admite todo tipo de estrategia, incluso la mentira burda y torticera.
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Loco abecedario
Ana Mato hace de la demagogia su principal arma política cada vez que visita Andalucía. Y siempre en campaña. En 2008 tildó casi de analfabetos a los escolares andaluces y el jueves denunció que se sientan en el suelo para dar clases sin más datos que una fotografía. Busca la victoria barata con la manipulación como verdad política. Rajoy y numerosos dirigentes populares la jalearon en twitter. Lamentable educación.
Bendodo celebra el 175 aniversario de la Diputación con la máxima de que estas instituciones son necesarias pese al debate sobre su mantenimiento. Bendodo tiene cuatro años para demostrar su utilidad. Por lo pronto acude al rescate financiero de casi treinta alcaldes de la provincia.
Celia Villalobos no deja indiferente. Atribuye todas las infraestructuras que ahora se inauguran a proyectos del PP y acusa al PSOE de no tener ideas. Y ojo, saca pecho de su bluff electoral con el encauzamiento del río Guadalmedina. El PP estuvo ocho años en el Gobierno y salvo maquetas e informes nada se hizo.
Damián Caneda juega fuerte. Anunció que reuniría a los colectivos para definir un modelo de Feria y ya tenemos la primera propuesta. Plantea eliminar del Centro las casetas que tienen barra exterior para lograr una imagen homogénea. Busca poner coto al botellón y que la Feria recupere la esencia de los años 80. Difícil.
Enrique Salvo Tierra intensifica su campaña para acercar a los ciudadanos a la realidad del metro. No funcionará el 11 del 11 del 2011, pero comerciantes y vecinos visitan estos días andenes, estaciones… En breve llegarán las seis unidades de tren que faltan y tras las elecciones se harán demostraciones de su funcionamiento.
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El delfín Francisco de la Torre
El único delfín del alcalde de Málaga es el senador Francisco de la Torre, un político singular y tozudo que no da ningún balón por perdido para desesperación de sus propios compañeros de partido. Es como una roca. Hasta la fecha ha fagocitado, desdibujado o ahogado a los numerosos delfines que jugueteaban con su vara de mando en la piscina municipal. Y lo que es más importante, la caza ha sido limpia, metódica. Casi por aburrimiento unos y otros cetáceos han cambiado de rumbo ante la certeza de que a Francisco de la Torre sólo pueden retirarlo de la alcaldía de Málaga los electores o una de esas operaciones extrañas y egocéntricas propias de Javier Arenas en el último minuto de partido. El alcalde tiene decidido aguantar los cuatro años de mandato y, si se ve con fuerzas, intentar repetir como cabeza de lista. Derribarlo internamente se presume complicado pues su capacidad de aguante, solidez y resistencia es superior a las acometidas. Ya lo ha demostrado y ahora tensó la cuerda con su desafío de ir al Senado. Quiere sentirse vivo. Y que lo sientan.
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Un festival de contratos
El Festival de Cine de Málaga solo emite ahora películas de terror debido a los reiterativos cortometrajes cuyo argumento hablan de despidos, ceses, pérdidas, reincorporaciones, amiguetes y mamoneos diversos que desfilan por la alfombra roja del certamen. La última es de nota. O de Goya. Una sentencia obliga al Festival a readmitir al anterior coordinador general, Antonio Luque, que fue despedido por el director del Festival, Carmelo Romero, argumentando una absoluta falta de confianza. Ahora Carmelo se encuentra que tiene a dos coordinadores generales y la ciudad descubre que parte de la plantilla contratada por Salomón Castiel para el Festival de Cine es inamovible. Vamos que urdió un convenio colectivo en 2007 que impide al Ayuntamiento de Málaga despedir a nadie y convierte al personal contratado por Castiel o Romero en función de afinidad, amistad, colegeo o profesionalidad en casi funcionarios del Ayuntamiento de Málaga. Lo que decía. De Goya.
Para tratar de quitarles la estatuilla a los personajes más cómicos por ser benevolente, el concejal de Cultura, Damián Caneda, sigue con su afan de meterse en todos los charcos a pesar de la profundidad y espesor de algunos de sus lodos. El concejal se ha mostrado muy crítico con el «conveniazo de Castiel» y busca ya argumentos jurídicos para plantear su anticonstitucionalidad en los tribunales. En menos de cien días Caneda ha pisado ya tantos callos dentro del propio Ayuntamiento en su afán de poner orden y de gestionar de una manera más racional los recursos públicos que veremos como escapa.
Rajoy no necesita programa electoral
Las expectativas se cumplieron. El Partido Popular no quiere ningún tipo de sobresalto que pueda complicar la más que segura llegada de Mariano Rajoy a la Moncloa y guardó las ideas en un cajón. Todas bajo llave. Las buenas, las regulares y las polémicas. El programa, para otro día. Mariano Rajoy no lo necesita para ganar. Hay que evitar todo lo que pueda distraer al ciudadano sobre los efectos de la crisis económica y su consiguiente cabreo con la gestión del Gobierno socialista de Zapatero. La convención nacional del PP en Málaga ha quedado, por tanto, reducida a un espectacular despliegue del poder institucional que ya acumulan los populares, cuyos primeros espadas han desfilado por el enorme plató televisivo instalado en el Palacio de Ferias con la única intención de lanzar mensajes de estopa contra la herencia envenenada de Zapatero y del «vicezapatero», como ahora llaman a Rubalcaba, pero poco más en lo ideológico, pues de política sí se hablo, pero en general. Tres días de convención programática finalizan sin programa, con escasas propuestas y, por supuesto, sin desarrollar las pocas aportaciones que se hicieron.
Pero ni los medios de comunicación, ni las declaraciones de dirigentes del PSOE iban a cambiar la hoja de ruta trazada en la cocina de Génova. Al pragmatismo de Rajoy, que casi nunca hace nada que no tenga una finalidad concreta, se suman las tesis que manejan sus asesores desde hace tiempo. «Mariano, sigue tumbado en el diván, que ellos solos se encargan de llevarte a la victoria». Y tienen razón, pues todas las encuestas desde hace dos años elevan a Rajoy a los altares del Congreso de los Diputados sin necesidad de lanzar mensajes claros y nítidos. No ha tenido necesidad de llenar el espacio político con propuestas serias y concretas, así que a los populares no les sonroja organizar una convención programática en la que no se ha presentado ningún programa o borrador. A escasos días de las elecciones, aún se desconoce la postura oficial y firme del Partido Popular, ni un papel, ni un apunte o esqueleto de la oferta electoral.
Algunos dirigentes se afanan en explicar que no se dará a conocer las líneas maestras porque tienen que ajustarlas y muchas dependen de las variaciones y cambios constantes de la economía. Otros, sin embargo, confiesan que se trata de una estrategia marcada por el propio Rajoy que quiere evitar exponerse en público y abrir frentes innecesarios que pueden restar más que sumar. Los debates del aborto, el matrimonio homosexual, los impuestos, la reforma de las administraciones, las pensiones, la reforma laboral, la aplicación de la ley de dependencia, los recortes del estado del bienestar…, seguirán en el cajón derecho de la mesa del líder del PP.
Resulta descorazonador que un partido, cualquiera, sea de derechas, de izquierdas o de Constantinopla pueda arrasar en unas elecciones generales sin que haya explicado con detalle su programa electoral. Pero más grave es que los ciudadanos voten sin conocer o exigir que les expliquen con claridad ese programa. Claro, que con casi cinco millones de parados, con la Europa de Merkel organizándonos la casa y con las agencias de calificación bajándonos los pantalones por las pantorrilas, lo del programa, programa, programa es absurdo e innecesario.
Y a falta de ideas concretas, la política-espectáculo fue la protagonista de la cita en Málaga. El PP sólo avanzó que reformará el Código Penal para incluir la cadena perpetua revisable (ya lo intentó), cambiará el sistema de elección de Consejo General del Poder Judicial para que doce de sus veinte vocales sean designados por los jueces o impulsará una ley para evitar abusos a personas mayores por parte de las grandes empresas como los bancos o las compañías telefónicas. Poco más. Lo demás ha sido un carrusel de intervenciones (casi cuarenta el viernes); loas sonrojantes hacia su líder como hizo María Dolores de Cospedal, atizarle con dureza al más que amortizado Zapatero como se encargó el expresidente José María Aznar para regocijo de la parte más conservadora del PP y unas interminables demostraciones de músculo político. Ojo, se lo pueden permitir gracias a los espectaculares resultados del 22-M, preludio de la victoria del 20-N.
Y es tal la euforia y la convicción de que gobernarán España, que nadie quiso ausentarse de la convención. Los que tienen ya poder institucional, para ir pidiendo transferencias económicas pues están tiesos; y los que carecen de poder o cargo, para dejar su hoja de servicio por si hiciera falta algún subsecretario de estado de agricultura o un director general de la agencia de control de plagas. Hasta José María Aznar asistió, acompañado de su esposa Ana Botella, a la clausura de ayer después de dejar bien clarito (no como en el congreso de Valencia) que Mariano Rajoy es el único líder del PP. El ahora «bankero» Rodrigo Rato también se dejó ver por el Palacio de Ferias. Y si esta convención nacional será recordada como el prólogo del cambio, también será especial para el joven equipo que lidera Elías Bendodo en Málaga. No ha sido casual la elección de Málaga como sede de la convención, sino un extraordinario premio a los formidables resultados cosechados por los populares en las últimas elecciones municipales.
El festín del PP en Málaga
El Partido Popular se dará desde mañana jueves hasta el próximo sábado un festín de poder institucional como preámbulo del que le falta por conquistar el 20 de noviembre. Málaga, sin duda, será durante unos días la “capital política de España” con la presencia de Mariano Rajoy, de todos sus barones autonómicos y casi del 80 por ciento de sus alcaldes. Una exhibición de músculo institucional, una demostración en toda regla de que si el PP conquista el poder en las próximas generales y andaluzas igualaría en resultados a los míticos que alcanzó Felipe González en 1982. El mapa político de España sería monocolor con todos los inconvenientes que eso supone.
Curiosamente ambas formaciones comparten casi el mismo eslogan de campaña. “Por el cambio” fue el usado por Felipe González en 1982 para obtener la friolera cifra de 202 escaños por los 107 de Alianza Popular y “Empieza el cambio” es el utilizado ahora por Rajoy para su tercer asalto a La Moncloa. La palabra cambio en un eslogan inspira esperanza en el futuro, promete resultados y ofrece un cambio de las cosas. Esa es la razón por la que puede que sea el término más usado por las formaciones políticas durante una campaña electoral. CiU, Giscard d’Estaing, Jospin, François Bayrou, Jimmy Carter, Walter Mondale, Bill Clinton o Barack Obama son algunos de los cientos de políticos que se apoyaron en esta palabra para transmitir la idea de que las cosas cambiarán si se les vota.
Pero lo interesante de esta convención será conocer el verdadero programa que el Partido Popular aplicará cuando gobierne España, pues sólo un aventurero no daría por segura su victoria electoral. Es saludable el cambio y todos esos rollos, pero cambiar el qué. ¿Sólo de personas¿, ¿qué significa ese cambio? Hasta la fecha todo han sido evasivas y silencios y los ciudadanos deben saber qué pasará con la educación, la sanidad, los impuestos, la cobertura por desempleo que anunció Cospedal aunque el PP la matizara ayer, la ley del aborto, el matrimonio homosexual, la píldora del día después… Demasiados asuntos vitales que afectan al día a día de los ciudadanos que deberían definirlos. Veremos
Ronda, la puntilla goyesca del PSOE
No hemos aprendido nada, pero tampoco quisimos ver nada. La última operación policial contra una supuesta trama de corrupción político-urbanística en Ronda evidencia que hace falta una regeneración brutal entre la clase política y en la misma sociedad. Durante demasiados años cabalgamos en las olas de la abundancia, del dinero fácil y rápido, sin prestar atención a las continuas luces de alarma que avisaban de la invasión silenciosa de las tramas de corrupción en la provincia de Málaga. No era normal que el desarrollo urbanístico de la Costa del Sol doblara en ritmos al de otras zonas también turísticas, como tampoco era normal ver esos jamones de pata negra y las copas de champán en el Salón Inmobiliario de Málaga, una feria que fotografiaba a la perfección la alegría urbanística, los excesos y el oropel. Eran tiempos felices…
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El satélite de la Nasa
Lunes, 19 de septiembre
El turismo hace amigos
Algún día del siglo XXII o XXIII los gobernantes asimilarán que una sociedad avanza con más facilidad cuando las administraciones de distinto signo político son capaces de entenderse y trabajar en una misma dirección. No es tan difícil y reconforta conocer que existen políticos comprometidos con los ciudadanos aunque cada uno lo haga desde la perspectiva ideológica de las siglas que defienden. En Málaga la confrontación resulta ya cansina. Agota. Sobran esos dirigentes que sólo entienden la política del mandoblazo y la foto fácil, sin altura de miras ni intención de tenerla, que aún es peor. Abundan los que hacen de la mentira su verdad y los que disfrutan en el barro pese a enlodar o retrasar el futuro de la provincia.
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