El señor del topacio azul

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, coloca la primera piedra del futuro museo Art Natura en octubre de 2008.
Ninguno de los dos estaba en Málaga el día de autos. El fiasco del museo de las gemas de Tabacalera abrió sus puertas para cerrar horas después sin que dos de los protagonistas de esta tremenda historia estuvieran en la ciudad. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, asistía el miércoles en Madrid a la presentación de la oferta turística de la ciudad y hasta allí fue a buscarle Fulgencio Alcaraz, máximo responsable de Royal Collections (promotora de Art Natura) y del fracaso de su presunto museo. Alcaraz parecía un alma en pena merodeando por las inmediaciones del stand de Málaga para buscar ese encuentro fortuito con el regidor cuyas consecuencias nunca conoceremos. Es sólo un episodio más de una triste historia que se vendió en 2006 como una de las mayores apuestas culturales de la ciudad y que se ha convertido en una máquina perfecta de titulares negativos. Tiene razón el alcalde de Málaga en reclamar una indemnización a la promotora de Art Natura por dañar la imagen de la ciudad, pues en toda España se equiparó este fiasco con el del aeropuerto sin aviones de Castellón, pero sería injusto depositar todas las manzanas podridas de esta historia en el cesto de la promotora del fallido museo.
Al Ayuntamiento de Málaga se le puede discutir su apuesta por este proyecto en 2006 cuando sus propietarios ya intentaron sin éxito montar uno parecido en la Comunidad Valenciana. Aquí se les recibió encantados y desde el equipo de gobierno del PP se pensó equivocadamente que el mejor uso que podría tener el edificio de Tabacalera sería el de ubicar un museo con una de las mayores colecciones de gemas del mundo. No hay que ser experto para intuir que la propia temática ya invitaba casi al fracaso por mucho que desde el Ayuntamiento se tratara de convencer de que significaría un revulsivo para la oferta turística de la ciudad y para toda la zona Oeste de la capital. Se recibió con los brazos abiertos a Fulgencio Alcaraz y a su inseparable topacio azul, se firmó un convenio más que favorable para la empresa concesionaria y no se incluyó ninguna garantía o aval de que la empresa devolviera los fondos públicos del canon anual en caso de que no cumpliera con lo estipulado en el contrato.
Pero más allá de invertir más de 20 millones de euros en rehabilitar el edificio de Tabacalera con un diseño específico para ese museo o pagarle 5.675.035,90 euros en concepto de cuatro años de canon, al Ayuntamiento hay que recriminarle su poca acertada gestión de este proyecto, pues desde el 14 de diciembre de 2010 se conocía que el señor del topacio azul no tenía ningún interés en abrir este presunto museo. Ese día presentó un escrito solicitando la resolución del contrato y una indemnización al entender que el Ayuntamiento no había cumplido con los plazos fijados para la entrega del edificio. Una petición que repitió el 29 de junio de 2011, confirmando lo que el Consistorio ya sabía pero que se negaba a anunciar en público hasta esta pasada semana: Art Natura no quería abrir el museo y sí obtener más dinero del Ayuntamiento de Málaga. Una desfachatez en toda regla.
Por el camino ha quedado un reguero de cruce de descalificaciones, acusaciones de que el Ayuntamiento entregó el edificio tarde, sin las medidas de seguridad necesarios y bla, bla, bla…, hasta que se le dio un tardío ultimátum el 20 de septiembre de 2011 de que tenía 180 días para abrir el museo. Era la hora de la verdad y cuando llegó el día, Fulgencio Alcaraz, además de irse a Madrid ordenó que abrieran las puertas de un museo que sólo ofrecía paredes vacías, vitrinas amontonadas sin colocar, operarios montando y desmontando la nada… Un estreno que carecía de licencia municipal, de permiso de Bomberos pero al que le sobraba todo el pelo que durante tanto tiempo le ha tomado a la ciudad de Málaga. No había ni rastro de piedras preciosas ni nada que hiciera sospechar que lo habían intentado. Ni personal, ni campañas previas. Nada. No había nada, si es que alguna vez lo hubo.
Este espantoso capítulo que ha vivido la ciudad de Málaga se trató de evitar a lo largo de numerosas reuniones entre las partes para tratar de reconducir el museo. La última reunión se celebró un domingo de diciembre, víspera del puente de la Constitución, en el propio Ayuntamiento de Málaga. A la cita se convocó también a empresarios que forman parte del consejo asesor de Art Natura para que mediaran y se buscara una solución que impidiera hacer durante más tiempo el ridículo. Se propuso un acuerdo por el que Art Natura renunciaba al museo a cambio de una indemnización muy inferior a la que la empresa había solicitado e incluso los asistentes a la reunión se mostraron de acuerdo en defender ante la opinión pública que la solución alcanzada era la menos mala de todas las posibles. El alcalde de Málaga se negó en redondo a pactar cualquier documento y darle más dinero al del topacio. Se mantuvo firme en su idea de que el 18 de enero debía abrir el museo conforme al convenio suscrito o iniciaría los mecanismos para rescindir el contrato, reclamar la devolución del canon, solicitar una indemnización por daños y la entrega de las llaves del edificio. Fortalecido por dos autos judiciales que le habían dado la razón al Ayuntamiento, Francisco de la Torre optó por la vía judicial sin intuir el largo y tortuoso camino que le espera frente al señor del topacio azul. Ya fue a buscarle a Madrid el mismo día que debía estar abriendo el museo en Málaga y los que lo conocen y han tratado con él aseguran que es un hombre de fijaciones. La suya se llama ahora Francisco de la Torre. Fulgencio Alcaraz, rey y señor de las piedras preciosas, ya no será una bella gema azul en la vida de esta ciudad. Se ha transformado en una vulgar china que molestará y perseguirá al alcalde de Málaga de por vida.
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Clarificador, grato de leer y en su justa medida. Enhorabuena. Con un cordial saludo.
MLZ