El gazpacho

La política y la gestión de la Junta de Andalucía en Málaga empieza a parecerse a un gazpacho. Cada consejería, director general, subalterno…, mete en la batidora los ingredientes políticos que mejor le parecen para cocinar un proyecto o modificar el existente y vivir políticamente de él durante años sin que el ciudadano lo deguste. Tiene su mérito. Sabemos que los proyectos justifican al político mientras se redactan, se tramitan, se venden a la sociedad, se modifican, se vuelven a presentar…; pero también los delatan, pues el espacio temporal no es eterno y siempre llega ese día en el que debe empezar la obra para cumplir con lo prometido. Durante los últimos años, la Junta de Andalucía ha demostrado ser un fabulosa cocinera a la hora de mezclar ingredientes para presentar a los ciudadanos platos de primera, pero cuando se acerca el convite siempre falta la comida y andan listos estos cocinillas para responsabilizar a otros. Esto también tienen su mérito.
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Pellegrini, fiel en el campo

Manuel Pellegrini ha hecho del Málaga CF un gran equipo, aislando a los jugadores de los desconocidos avatares del interior del club y de los linchamientos mediáticos de la UEFA. El técnico ha logrado en estas dos temporadas y media lo impensable en Málaga y su silencioso trabajo se aprecia no sólo en el campo, si no que alcanza de lleno los despachos del club. Lo dejó caer con elegancia en una entrevista en El Larguero de la cadena Ser: «El equipo ha ordenado el club con la gloria deportiva». Un mensaje cifrado ante la incertidumbre que rodea a toda la entidad y que presagia el peor de los escenarios posibles para la próxima temporada.
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El plasma

Vivimos en una democracia de plasma. En una telerrealidad continua producida por los propios partidos políticos para que el ciudadano se diluya en un permanente reality show que le impida ver la gravedad de la situación cotidiana. Todos somos un poco Truman Burbank, ese personaje protagonizado por Jim Carrey en el Show de Truman, el cual no sabe que toda su vida ha sido un reality show transmitido en un canal de televisión las 24 horas del día. Con la madurez empieza a sospechar de que el ambiente donde creció tiene algo raro, se siente engañado, siempre sintoniza los mismos mensajes sin poder interactuar e inicia un carrera de obstáculos para tratar de alcanzar la verdad y salir de esa vida ficticia. Algo similar sucede en España, donde todos creíamos que la democracia política, institucionalizada parlamentariamente, era ante todo un método pacifico de resolución de conflictos, donde se atienden las pretensiones participativas, se explican las decisiones a los ciudadanos y los medios de comunicación pueden cuestionar en directo a las gobernantes sobre la toma de decisiones. Pero no. A los partidos, no a todos y no de forma generalizada, les interesa más que los ciudadanos vivan como Truman Burbank, anestesiados, y que sólo sus mensajes de gestión se proyecten en las pantallas multicolor durante las 24 horas del día sin dejar el más mínimo hueco en la parrilla a los casos de corrupción, a las explicaciones de por qué tras cinco años de crisis ninguno de los dos grandes partidos que han gobernado, PSOE y PP, ha sido capaz de detener esta hemorragia o al menos mitigar sus efectos sobre el empleo y el estado del bienestar. Pero esto no entra en sus agendas y están a un paso de viajar a los tiempos del Nodo, a la televisión en blanco y negro, aunque con una diferencia importante: los ciudadanos ahora son libres y pueden pensar, reflexionar y manifestarse. Hay un embrión en la calle de algo, no se sabe bien de qué, pero los dos partidos mayoritarios se demuestran incapaces de liderar esas soluciones a los problemas que no entran en su programación.
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Diez años de reptiles

No son momentos para gracietas, para frases recurrentes fabricadas por algún asesor espabilado que ideó un titular redondo para que sus jefes escurran el bulto sobre la formidable y monumental trama de corrupción política que anida en la antesala de las entrañas de la Junta de Andalucía. Pero más grave aún es que la célebre frase la pronunció el consejero andaluz de Justicia e Interior, antes fiscal, Emilio de Llera, que impartió el pasado viernes su providencial «Justicia» antes de que la juez Alaya concluya judicialmente el bochornoso saqueó sistemático de las cuentas públicas andaluzas. La frase tiene su miga y, por qué no decirlo, es redonda y vendible; cosa distinta es que se compre. Vino a decir Emilio de Llera sobre la reactivación del caso de los expedientes de empleo (ERE) fraudulentos que «se ha puesto de manifiesto que aquí no existía un fondo de reptiles; a lo más, unos cuantos reptiles». Esa no es más que su percepción y una línea de defensa peligrosa a que la se puede agarrar el PSOE andaluz, el gobierno de José Antonio Griñán y de la que trata de escabullirse su socio de Gobierno, IU, que con la boca pequeña insinua que tomará decisiones sobre el pacto de gobierno como la investigación de Alaya sobrepase en resultados a los de la comisión parlamentaria. Diego Valderas se ha creado un problema él solito. La fase de instrucción de este caso ha desbordado con creces la pantomima de la comisión creada en el parlamento andaluz.

Veamos. La juez Mercedes Alaya ha vuelto a la escena jurídica con fuerzas renovadas tras más de seis meses de baja por enfermedad y varios anuncios fallidos sobre su incorporación laboral. Se le acusó de que sus autos más polémicos solían coincidir con fechas electorales, pero ella, distante e imparable, perseverante y enigmática, siguió su curso. La magistrada andaluza fascina a los medios (no a todos) y para algunos es una juez estrella, tanto por su forma de instruir como por su estética. Tiene miles de seguidores en facebook y su imagen no pasa desapercibida, por su tenacidad, por su melena, por su forma de vestir y de llegar a los juzgados sevillanos con su inseparable maleta con ruedas cargada de acusaciones. Por lo pronto ha puesto esta semana otra vez en jaque a la Junta andaluza y al PSOE que tanto disfrutaba con el lodozal de Bárcenas, Gúrtel…
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La confrontación

Susana Díaz, consejera de Presidencia de la Junta de Andalucía, expresó el viernes en Málaga uno de esos tópicos políticos que luego nadie cumple, que llenan titulares y espacios de radios y que en realidad es una acusación formal y una confrontación en sí misma. Vino a pedir que no se usara el metro como arma arrojadiza entre administraciones, una petición algo tardía pues desde el minuto uno esta proyecto encabeza los encuentros, desencuentros, putaditas, mamoneos y deslealtades entre el Ayuntamiento de Málaga y la Junta de Andalucía. Y así seguirá, pues existen dos posturas bien definidas, las del PP e IU, mientras que el PSOE deambula por este debate sin saber si honrar a su memoria histórica o sentarse mudito en el asiento de copiloto de la coalición de izquierdas. El metro era el principal proyecto del Gobierno andaluz para la ciudad de Málaga, un ejecutivo sujetado durante décadas por un PSOE con mayoría absoluta y que diseñó y pactó con el Ayuntamiento de Málaga un proyecto de transporte bajo tierra, con unos plazos, unas inversiones…, y la crisis económica y su socio de gobierno, IU, han sepultado todo lo firmado. La Consejería de Fomento, gestionada por la coalición de izquierdas, plantea un tranvía en superficie a su paso por la Alameda y el Paseo del Parque aduciendo una serie de razones económicas, plazos, sostenibilidad e incluso ironizando con que los malagueños no son topos o que el PP lo quiere bajo tierra para que los ricos circulen por encima con sus audis. Dejando fuera estas dos últimas razones de peso, lo que plantea IU tiene su lógica, como también que el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, mantenga invariable su postura inicial de que circule bajo tierra por más que se rescaten unas declaraciones suyas en blanco y negro en las que vaticinaba que los problemas de movilidad de Málaga se solucionaban con un tranvía ligero. Y en este nuevo escenario el PSOE administra su penitencia en silencio mientras ve como su socio de gobierno modifica y lidera su principal inversión en la ciudad. De los socialistas y de su cuota en el Gobierno andaluz sólo sabemos por boca de Griñán que hay financiación para construir el metro por abajo o por arriba a su paso por la Alameda y el Paseo del Parque.
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Habemus Champions

Dios tuvo ayer demasiado trabajo como para visitar La Rosaleda. No hizo falta. En un homenaje a Messi, decidió nombrar a otro argentino como su representante en la tierra y no se acordó de que en la otra bombonera jugaba un equipo al que también le hacía falta algo de justicia divina. Y la hubo, pero por méritos propios. El equipo, arropado por la mejor afición de España, supo escapar del vértigo inicial del partido para dibujar sobre el lienzo de La Rosaleda ese fútbol de toco y me voy con el que enamoró a media europa en la fase clasificatoria de la liga europea.
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Concejales a dieta

El Gobierno de Mariano Rajoy quiere voluntarios en la política. Quiere denigrar aún más a la ya maltratada clase política. La ley que ha sido presentada por el ejecutivo como la mayor reforma de la administración municipal desde que la democracia regresó a los ayuntamientos, en 1979, contiene algunos cambios de calado, en la línea de simplificar y reducir el gasto público, de simplificar competencias, eliminar organismos y empresas públicas, de rebajar esa corte de asesores de los que un alto porcentaje corresponde a la cuotas de los partidos; pero comete un error capital como pretender que el servicio público municipal no esté remunerado en España. Es un paso peligroso. El Gobierno ha decidido para ahorrar unos cuantos cientos de miles de euros que el 82% de los concejales de España no cobren retribución por su trabajo salvo algunas dietas. Ya no se les ofrece ni un contrato basura como a los jóvenes, ni esos modernos «mini jobs» que tanto molan en la Alemania de los recortes. Nada. A partir de ahora se impone trabajar para la sociedad por la jeta y, encima, con el nuevo yugo de la responsabilidad penal por las posibles decisiones erróneas que adopten.
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