Jane Jacobs y los pabellones ‘desenvueltos’

Hay que felicitar a la antigua Renfe por el titánico esfuerzo administrativo que le ha llevado a luchar contra el tiempo y conseguir, tan solo tres años y medio después de que se inaugurara el AVE, que se adjudiquen las obras de rehabilitación de los antiguos pabellones de pasajeros delante de la estación María Zambrano, vulgo Vialia.

Cuando los malagueños ya creían que los pabellones iban a quedarse empaquetados de aquí a la eternidad, como un regalo que despierta poca curiosidad, se ha roto de un certero mandoble el nudo gordiano administrativo que impedía recuperar estas joyas ninguneadas.

Al terreno de los misterios sin resolver, o más bien de la grasienta especulación urbanística malagueña, pertenece el inexplicable episodio de la marquesina, declarada, junto con los dos pabellones Bien de Interés Cultural, pero primorosamente almacenada para que nos olvidemos de ella en unos almacenes municipales.

La idea primigenia siempre fue sacar el máximo dinero posible al invento y construir un amplio pero anodino centro comercial ferroviario. Si ustedes se dieran una vuelta por la estación Príncipe Pío de Madrid, caerían en la cuenta de cómo nos la gastamos en el Salvaje Oeste de la Costa del Sol y lo que nos hemos perdido en Málaga.

En las ciudades civilizadas europeas sencillamente no se llevan a cabo estas maniobras que nos recuerdan, por su filosofía primitiva, al ex presidente del Atlético de Madrid.

La recuperación de la marquesina, eliminando todos los añadidos de los años 70 e integrándola en la estación del AVE habría contextualizado además los dos pabellones de viajeros, que ahora quedarán tan perdidos como una cabra en un garaje. Rehabilitados pero fuera de lugar.

La teórica norteamericana del Urbanismo Jane Jacobs califica esta materia, el Urbanismo, de «pseudociencia sustentada en cimientos idiotas».

Esta frase le viene al pelo si contemplamos cómo se ha planificado la nueva estación de tren de Málaga. Por lo menos nos quedan los pabellones.

Terra incognita

Al comienzo de la calle Galíndez de Carvajal, en la cuesta que lleva a la Alegría de la Huerta, descansa una mediana de considerable tamaño que bien podría albergar, si se lo propusiera, una colonia de caimanes.

Condiciones hay para la cría y reproducción, porque el peatón tiene delante una frondosa colección de matojos secos a pocos metros del nuevo parque próximo a San José.

Es probable que la parcela viaria no esté recepcionada por el Ayuntamiento o si lo está, que su tupido interior frene a los técnicos municipales, que lo mismo calibran si no se encontrarán con una tribu amazónica en la espesura.

En cualquier caso, pocas zonas de la tierra han sido tan poco holladas por el hombre como este rinconcito de Ciudad Jardín. Cuando pensábamos que se había acabado la era de las grandes exploraciones, aquí nos topamos con una terra incognita que algunos vecinos quisieran convertida, al menos, en tierra baldía (o con césped).

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Bañistas fumadores, la plaga de todos los veranos

El 1 de julio es una fecha psicológicamente importante. Las personas que, a estas alturas de la crisis, tienen el privilegio de contar con un trabajo, ponen su mirada en la playa, a la que querrían llegar atravesando agrestes cerros de expedientes, diligencias judiciales y estrategias de márketing.

La playa, el verano, las vacaciones, llaman a la puerta como hace el Destino en la quinta de Beethoven.

Pero esta llamada psicológica hacia una vida mejor, aderezada con espetos en un merendero, se topa todos los años con una espesa alfombra de nicotina, la que de forma insolidaria nos regalan tantos bañistas fumadores.

En una certera campaña municipal, un monigote aparece haciendo aguas menores en una planta de interior, situada en el salón de su vivienda prototípica (lo de prototípica viene porque junto a la televisión aparecen tres libros de adorno). Las palabras que acompañan esta campaña son «Si no lo haces en casa por qué lo haces en la calle». Habría que trasladar la escena de este gorrino meón a nuestras playas y meter en la mollera de nuestros bañistas fumadores que utilizar la playa de cenicero es uno de los gestos más insolidarios, incívicos y degradantes con que nos pueden obsequiar.

Muy pronto lo notarán desde Sacaba Beach hasta La Araña. Tiendan la toalla en la arena y examinen el piso. Detectarán una miríada de colillas de todas las longitudes y estados, así como hebras de tabaco.

A un ejército insolidario de fumeques malagueños de todas las edades, bolsillos y colegios, no se le mete en la cabeza que no se puede tirar la colilla en la arena. Resulta ridículo que muchos de ellos critiquen el estado de nuestras playas si son los primeros que contribuyen a su declive.

A veces, los pasos para conseguir una ciudad más civilizada son pequeños. Basta con llevar un papelito a la playa, hacer un cono –o la figura geométrica que prefieran– con tal de que sirva para guardar la colilla dentro en vez de desentenderse de ella para que se pierda en la arena o flote unos minutos en el Mar de Alborán. Luego se deposita en una papelera y asunto arreglado: hemos conseguido un modesto pero bello triunfo de la civilización.

Si usted fuma en la playa y la usa como cenicero, acuérdese de que no está contribuyendo a la mejora de la especie. Con insolidarios como usted, la Humanidad dejará de avanzar y seremos dignos de entrar en cualquier isla de los famosos. Disculpen la comparación.

El descanso

El miércoles, tres chicas guiris se sentaron en el suelo de la plaza del Siglo a las cinco de la tarde, bajo uno de los árboles plantados en esta inhóspita plaza mal ejecutada. Sentadas en los incómodos adoquines redondos y con las manos apoyadas en un suelo que, por su configuración, suele atesorar durante días un agüilla negra nada bucólica, el único consuelo ante un descanso tan arriesgado es que, a pocos metros, contaban con una clínica en la que poder ser atendidas en caso de infección.

El único que puede tocar la plaza del Siglo, y esperemos que sea para remodelarla, es el Ayuntamiento. En cuanto a los mortales, mejor ni tocarla.

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Concentración arbustiva en Capuchinos

La distribución de poder de las administraciones ha variado bastante en los últimos años. El poderoso gobernador civil del pasado es hoy el subdelegado del Gobierno, con una función que cada día se asemeja más a un jarrón chino.

Por contra, el engorde competencial se ha notado en la Junta de Andalucía, que presenta ya unas hechuras que cualquier día entrará de lleno en la categoría de la obesidad mórbida administrativa.

Mucho menos entrada en carnes, aunque con aspecto rollizo, se encuentra la administración municipal.

Con este reparto de las calorías, es normal que de la administración del Estado esta sección hable de higos a brevas, mientras que la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento se lleven casi toda la atención, seguidas muy de lejos por la administración provincial, que para algunos también es un jarrón chino, pero de los caros.

Pero hoy toca hablar de la administración central porque la zona exterior del antiguo convento y cuartel de Capuchinos, hoy Centro de Internamiento de Extranjeros, está hecho unos verdaderos zorros.

Si el visitante quiere llevarse una impresión aún más penosa, sólo debe subir los veinticinco gastados escalones que unen la calle Empecinado con la plaza de Capuchinos y que, puesto que se trata de una escalinata histórica, no debería presentar ni tantos hierbajos ni tantos requiebros en su acabado. Un día de estos habrá que plantearse rehabilitarla o emplazar en lo alto una Casa de Socorro para auxiliar a todos los que suban por ella.

Sin embargo, la escalinata, que suponemos que es municipal, es una menudencia comparada con el parterre que se extiende por el lateral del antiguo cuartel, a lo largo de cien metros, delante de la calle Empecinado.

Cuando uno sube los escalones, mejor que no mire a la izquierda: tendrá una versión muy poco amable de la Naturaleza. En efecto, ante él se extenderá un mar descendente de rastrojos secos, arbustos del tamaño del árbol de Navidad de la plaza de la Constitución y una dosis bastante resultona de basuras varias.

No es de extrañar que algunas zonas del Amazonas no disfruten de la variedad vegetal y animal de esta parcelita en la que también se aprecian excrementos, suponemos que de perros, porque es el lugar ideal para que las mascotas hagan de lo suyo, con riesgo evidente de que se pierdan y no regresen.

También llama la atención el que un lugar en el que no sería descabellado imaginar una concentración de chinches, tenga enfrente, a muy pocos metros, un parquecito infantil. Muy pronto, si los jardineros no lo remedian, las almenas del cuartel y el viejo torreón-garita serán sobrepasados por este jardín seco y salvaje. Ya les vale.

Verbena

Varias asociaciones benéficas y comedores sociales preparan una verbena el próximo mes y piden la ayuda de artistas malagueños que quieran colaborar de forma desinteresada. Más información, 666 399 389.

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Ejemplar lección de vandalismo institucional

La Unión Temporal de Administraciones tumba todas las alegaciones contra el Málaga Palacio del siglo XXI en el Hoyo de Esparteros. El disparate tiene vía libre.

Entre las modalidades de vandalismo urbanístico que nos depara esa Gran Muralla China de hoteles y viviendas de nuestra castigada costa mediterránea, el que más resistencia presenta ante las protestas ciudadanas es el vandalismo urbanístico institucional.

Cójase, de Gerona a Cádiz, un proyecto desquiciado que redunde en beneficio de unos pocos y añádase el apoyo de una institución o de varias si es posible, y ese proyecto verá la luz del día aunque para el común de los mortales sea un disparate tan grande como el ego de Maradona.

En Málaga lo hemos comprobado innumerables veces, desde el vacío legal de los años sesenta –cuando la ausencia de un plan urbanístico permitió monstruosidades de ciudad hortera– hasta nuestros días, con unas administraciones que siguen sin aprender la lección de la burbuja inmobiliaria y, en el caso de nuestro Ayuntamiento, dependiendo de constructores y promotores para dejar de ser uno de los consistorios más endeudados de España.

Sumen a esta coyuntura una preparación para la gestión política con la que muchos de nuestros políticos no durarían ni un cuarto de hora en el concurso Saber y ganar y tendrán la explicación de por qué Málaga sigue comportándose, a ratos muy intensos, con la misma codicia urbanística que en los años 70.

Y es que, como era de temer, la Unión Temporal de Administraciones formada por el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía se ha convertido en un tándem terrible cuya finalidad es que llegue a buen puerto el Málaga Palacio del siglo XXI, el hotel de Moneo, que plantará sus reales, con diez plantas de altura, en el Hoyo de Esparteros. El Ayuntamiento, en un gesto de magnanimidad, ha rechazado las cerca de 40 alegaciones contra el hotelazo, presentadas en su mayoría por una plataforma ciudadana e IU.

De nada ha valido recordar que, para satisfacer unos intereses privados, vamos a perder una calle que lleva siglos en el plano de Málaga, con gran significación histórica como el Pasillo de Atocha; además demolerán un edificio levantado por el mismo arquitecto de la calle Larios y que en los años 20 fue sede del Gobierno Civil y perderemos parte del Hoyo de Esparteros, que alojó a importantes familias malagueñas del XIX.

Poco importa que, aprovechando las ínfulas destructivas del proyecto, nuestras vandálicas autoridades, como remate van a permitir que se levante hasta la misma altura que el hotelazo la próxima Muralla China de viviendas que surja junto al río para uniformar la tropelía.

Este proyecto, que erizaría los pelos de cualquier representante de la Unesco, sigue adelante con todas las bendiciones de la Unión Temporal de Administracionesn (UTA), imbuida de esa moda cateta de captar arquitectos-estrella con barra libre para construir como quieran y donde quieran.

Por eso, habrá que rebautizar a los políticos de la Junta y el Ayuntamiento que apoyan esta idea con nombres como Trasamundo, Hilderico o Genserico, reyes vándalos que compartieron el mismo planteamiento vital de no dejar títere con cabeza ni ciudad con patrimonio. Vía libre.

Aparición de una nueva especie de ungulado

El vandalismo guarda una estrecha relación con el aburrimiento. Un gamberro que descubra que las horas muertas se pueden llenar espléndidamente con libros, buenas series de televisión, paseos, charlas con amigos o incluso visitas a la abuela, ve cómo el monto semanal de horas dedicadas a hacer el cenutrio puede bajar a índices testimoniales.

Hay que estar más aburrido que un indio sin caballo y con una visión de la vida similar a la que pueda tener un frigorífico para meterse a grafitero. Ya saben, la horda de ungulados que llena su amuermada existencia dejando su firma en las fachadas de casas ajenas y en monumentos de notable valor artístico e histórico.

En Málaga, generaciones de grafiteros ungulados se suceden. Algunos, después de años de intensa y aburrida actividad, finalmente desisten, quizás porque han hallado horizontes vitales más provechosos, o porque la multa de la Policía Local es de agárrate y no te menees. El caso es que un buen día, auténticos destructores del paisaje urbano como esos que firmaban Plaka o Besos desaparecen, pero su lugar es ocupado por nuevos amantes del bostezo como motor existencial.

Si buscan nuevos grafiteros ungulados, acaba de hacer su aparición un elemento que, para más inri, se dedica a dibujar ungulados y en concreto koalas.

El autor de estas lineas ha podido detectar dos de sus gestas en sendos edificios protegidos de origen muy diverso, lo que certifica que el sujeto tiene más mala uva que un tártaro.

El primer engendro se encuentra dibujado nada menos que en el Palacio del Obispo, en la fachada que da a la calle Fresca. No escudriñen la adormecida mente del grafitero plantígrado porque no hay misterio posible: el espécimen ha dibujado un koala y para que quede constancia, debajo ha firmado «koala». Sabia lección de concisión.

La segunda gesta pictórica la encontramos en el muro (los arquitectos lo llaman muro perimetral) de una casa con protección arquitectónica en la avenida del Pintor Sorolla número 44.

Se trata de una vivienda de aires modernistas y aspecto de haber cumplido un siglo de vida, pero al cabestro que ha plantado en el muro blanco un koala y lo ha pintado de color azul le importan un pimiento estos detalles.

Lo dicho, un animal de bellota dibujando un koala. Si lo viera Félix Rodríguez de la Fuente…

Discreción

Entre los misterios de la Naturaleza tenemos el caso del obispo de Málaga, que desde que tomó posesión del cargo en diciembre de 2008 no ha concedido entrevistas a medios de comunicación escritos y muchos creyentes no saben qué opina, qué dice, qué siente el responsable de la Diócesis de Málaga. Una discreción llevada al extremo en la era de las comunicaciones.

Málaga c.f.

El cuento de la lechera y de momento, con el cántaro felizmente sin romper.

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Casi una película: Resplandor en la niebla

Homer, no confundir con el padre sandio de los Simpson, es el protagonista de una entrañable y a ratos divertida novela del norteamericano Doctorow y como su tocayo Homero, es ciego. Pero su ceguera es progresiva, por eso, al saber que terminará con la misma destreza óptica que Pepe Leches, acude a diario al Central Park de Nueva York para constatar cómo una creciente neblina le va borrando del paisaje los lejanos edificios y los árboles, hasta que al final le invade esa sensación de estar en una noche cerrada.

Ayer, miles de malagueños se sintieron como este Homer neoyorquino o como ese personajillo de la película de Woody Allen, Sombras y niebla, llamado Max Kleinman, al que levantan a las tantas de la madrugada para hacer batidas en mitad de la noche en busca de un espécimen delictivo. Ya saben de qué va el cuento. La del 23 de junio fue una de las noches más extrañas de San Juan y al mismo tiempo, más especiales e inolvidables.

Envuelta en una bruma céltica, la noche de los júas recuperó una magia que años atrás había sido secuestrada por actos vandálicos y escenas de chusmerío beodo. Ignoro si se reprodujeron en la misma cantidad estas escenas, el caso es que fue imposible verlas en toda su mugre.

En La Misericordia, por ejemplo, las nuevas plantaciones de pinos a la orilla de la carretera, en unos túmulos que recuerdan a las dunas, conferían al paisaje una apariencia de aldea rociera fantasma, con bañistas en un gigantesco río Quema, en lugar de romeros.

La estampa más tranquila y más mágica se la llevó, a juicio de este cronista, Guadalmar. Pasear una noche de niebla por una calle dedicada a Moby Dick no me digan que no tiene encanto marinero.

Y uno no se va a poner poético. En algunas zonas de la playa flotaba un tufillo mixto a filetes muy hechos, porros y algo de esencia de mar. A las doce, la multitud, siguiendo un rito borroso, metió los pies en el agua tanteando el inseguro horizonte, mientras las hogueras (este año menos que otros años por la advertencia municipal) despedían un halo anaranjado. Unos júas envueltos en vapor de agua que por su maravillosa novedad serán difíciles de olvidar.

Las teselitas

El responsable de las obras de rehabilitación del palacio de Villalón (el actual Museo Thyssen), José María Gómez Aracil, ha hecho llegar al autor de estas líneas tres teselitas de las que enmascaraban el precioso edificio de la calle Compañía cuando tenía un destino comercial. Estas teselas, con el mismo acabado que los cuartos de baño de los años 70, simbolizan el punto más elevado de la arquitectura merdellona malagueña y al mismo tiempo, el punto más bajo de aprecio por el Patrimonio local.

Por todo ello, ocuparán un lugar muy apreciado en el corazón del firmante. Si algún día nuestro Ayuntamiento se atreve con una macroexposición con el esclarecedor título de 100 años de Urbanismo cutre autóctono, ya sabe donde encontrar estas piezas de cine de terror.

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Las lianas voladoras y el marqués de Salamanca

En una reciente y voluminosa biografía sobre Isabel II, el marqués de Salamanca no sale bien parado. Al contrario, es tratado como un hábil especulador que supo arrimarse a la polémica madre de Isabel II, la reina regente María Cristina, la que dio título a la famosa canción (María Cristina me quiere gobernar).

Pero incluso si estos hechos fueran ciertos, el paso del tiempo ha borrado las iniquidades en las que se sustentan algunas grandes fortunas. Por eso, el Ayuntamiento de Málaga homenajeó a don José de Salamanca hace poco menos de un mes, coincidiendo con el 200 aniversario del nacimiento del marqués. Y lo hizo colocando nuestro alcalde una guirnalda en la placa conmemorativa de su casa natal, en la calle Correo Viejo. La placa conservaba la porquería desde la Semana Trágica de Barcelona (fue colocada por el Ayuntamiento de 1909) y reza un escueto «Aquí nació Salamanca».

Pero la ceremonia, bonita y merecida, se vio empañada desde el punto de vista estético por esas boas negras que recorren nuestro cielo de forma impune, en este caso por un doble cable, posiblemente del teléfono y de la luz, justo delante del rincón del homenajeado.

El cable aéreo, por cierto, surgía de una maraña de adláteres de la pared vecina. La colocación de este tipo de guirnaldas es una rémora del siglo XX que nuestras compañías punteras no han sido capaces de resolver todavía.

En el primer tramo de la calle Correo Viejo, sin ir más lejos, y estamos hablando de algo más de 30 metros de largo, hay tres de estas boas, una de ellas además en forma de triángulo ya que algún iluminado ha conducido el cable por el enganche de un anuncio publicitario.

A pesar de la renovación del Centro Histórico, los cables cruzan por encima de nuestras cabezas como en una ciudad a medio construir que no concluye nunca. En las áreas más visitadas por los turistas se permite este signo aéreo de subdesarrollo y para que una de estas boas vaya al subsuelo hay que remover Roma con Santiago, pero difícilmente se remueve Málaga.

Uno de los casos más sangrantes lo tenemos en la barriada de Girón. Según confirman los vecinos, la rehabilitación realizada por la Junta de Andalucía dejó las instalaciones listas para meter el enjambre de cables por sus respectivas canalizaciones, pero, años después de la obra, ahí permanece el batiburrillo afeando la fachada, hasta el punto de que uno no sabe si está en un barrio o en un parque infantil de lianas.

Los cables en Girón cuelgan a sus anchas, se lían y relían ofreciendo un espectáculo a años luz de la imagen de modernidad que quieren ofrecer estas compañías. Si el proverbio oriental dice eso de que «Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes», no tiene sentido que las compañías responsables de todo este maremágnum cutre nos vendan que son la vanguardia del no va más si tienen Málaga manga por hombro.

El año pasado, por cierto, a propuesta del grupo socialista, el Ayuntamiento aprobó una moción para meter por tierra todos los cables aéreos.

Pero miren al cielo y verán. Verán algo más que el sol: El circo de lianas a un palmo de nuestras cabezas.

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El cartel administrativo y el Parque del Norte

El letrero, desde el punto de vista administrativo, es impecable, aunque el lector encontrará cierta desproporción entre lo que cuenta con estilo burocrático y la cruda realidad, que es bastante cutre.

Parque del Norte de Málaga.

Parque del Norte de Málaga.

Se encuentra nada más comenzar la segunda fase del Parque del Norte y dice así: «Los propietarios quedan obligados a la recogida inmediata de las defecaciones del perro prohibiendo el abandono de estas».

En circunstancias normales, un funcionario con exceso de celo habría terminado el letrero con esta coletilla tan querida por las administraciones: «prohibiendo el abandono de las mismas». Afortunadamente no ha sido el caso.

Encabeza el cartel un impecable parque canino, a espaldas del campo de deportes, acotado por vallas y que en el momento de la visita del firmante recibía el riego automático.

En este par de bancales no abunda la sombra, pero estamos hablando de un parque canino y los perros se quejan poco.

Otra cosa es que todos los usuarios de la segunda fase del Parque del Norte sean conscientes del mensaje del cartelito porque en el parque canino se aprecian cúmulos marrones, así como dueños que sueltan a sus dos o tres perros por las zonas no acotada.

Bastante ha cambiado esta segunda mitad del Parque del Norte, la más próxima a la fábrica de Salyt, desde que era una leonera agreste, pero el resultado final está lejos de ser óptimo.

Quizás la zona más desangelada de esta segunda fase, hecha realidad gracias a la colaboración de la Junta y el Ayuntamiento, es una explanada de chinos cuajada de pequeñas chorisias. Cualquier intento de pasear por ella supone juguetear con la insolación, además del riesgo de toparse con defecaciones en mitad del páramo blanco.

Las obras para la zona de patinaje siguen su marcha en el extremo del parque, el más cercano a Monte Pavero y quizás consiga poner a tono lo que de momento son dos mitades de un mismo parque pero que parecen cada una de su padre y de su madre. Salvando las distancias, igual que Frankenstein.

Neolengua

Los comunicados de prensa municipales a veces vienen salpicados de retazos de una neolengua similar a la que se escuchaba en la obra 1984 de Orwell.

El pasado martes, sin ir más lejos, un comunicado hacía referencia al partenariado. Por mucho que ustedes lo busquen en el diccionario no lo encontrarán porque las neolenguas suelen ser traducciones macarrónicas del inglés.

Suponemos que este palabro tendrá algo que ver con el inglés partnership o incluso será una adaptación bastante complicada de una palabra que ya está en el diccionario de la RAE (la palabra de origen francés partenaire).

En Málaga también empiezan a aumentar los usuarios de otro engendro lingüístico aún más desquiciado: flyers, que no son otra cosa que los folletos publicitarios.

Enriquecer la lengua con nuevas palabras, bienvenido sea, pero sustituir una palabra española por otra extranjera es, además de un empobrecimiento del idioma, una alarmante memez.

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Arco conmemorativo para la calle México, ya

«Oh vosotros que entráis en la calle México, abandonad toda esperanza». Con el permiso de Dante, este podría ser el lema de un arco conmemorativo colocado a la entrada de esta vía que desemboca en Martínez Maldonado.

La causa está muy clara: Gracias a la pasividad municipal –también conocida como siesta administrativa– se ha convertido en una calle sin futuro y con un presente tenebroso. Qué menos que conmemorar tantas décadas de olvido y no será por falta de ganas de esta sección, que ha dedicado al menos un artículo anual los últimos siete u ocho años a esta tierra de nadie a un tiro de piedra del hospital Carlos de Haya.

Bordeando la calle México y la calle Rodrigo de Narváez se extiende un páramo polvoriento en el que aparca un centenar de coches como mínimo. Nubes de polvo en verano y barro en invierno: hasta un parking al sur del río Pecos estaría en condiciones más dignas.

Los desdichados bloques de pisos que bordean esta tierra de nadie decidieron hace tiempo formar una línea Maginot para defenderse del avance de este terrizo mugriento.

La solución elegida ha sido un jardincito de autoconstrucción, en el que abundan los cáctus, las latas de pintura convertidas en zona verde y hasta un antiguo bidet reverdecido. También hay caminos de chinos y hasta de una herrumbrosa torre de electricidad, ya sin uso, han colgado macetas.

Se trata de una respuesta digna e imaginativa frente al cutrerío que plantea el Ayuntamiento –dejar que las cosas sigan como están–. De hecho, las únicas mejoras que se aprecian en este aparcamiento son los azulejos rotos, usados para rellenar los baches. Remata el conjunto un campo de hierba en el que Rafa Nadal sólo tendría posibilidades de victoria abriéndose paso con el machete.

Lo dicho, los vecinos han perdido toda esperanza en la regeneración de esta gigantesca parcela. Una Línea Maginot de plantas es la única defensa. El arco con memorativo de tanta desidia debería levantarse cuanto antes.

Subteniente iglesias

El pasado mes de mayo falleció Antonio González López Iglesias, el guardia civil jubilado conocido en Málaga como el subteniente Iglesias. En agosto de 2010, la sección semanal Mirando Atrás le dedicó a él y a su mujer, Clara Augusto Gómez, un reportaje porque acababan de celebrar los 60 años de casados.

Después de patearse media España, don Antonio pasó a trabajar a Málaga y estuvo de vigilancia en la playa de la Malagueta, el puerto, el centro operativo de servicios de la provincia y el aeropuerto, en el que vivió el accidente del avión Spantax del 82.

El subteniente Iglesias, un hombre muy querido por sus compañeros de trabajo, transmitió a La Opinión con mucha simpatía y sencillez el resumen de una vida de intenso trabajo y sacrificio.

Vivía con su mujer y su hija Margarita en la planta baja de un bloque de Portada Alta y como recordó su hija esta misma semana, vio cumplido su sueño de contar en un periódico todo el cariño que profesaba a su mujer.

Descanse en paz.

El fútbol y su incidencia en las pugnas telúricas

El fútbol es bastante más reparador de dolencias externas e internas que muchos tratamientos de rehabilitación. ¿Cuántas personas deprimidas o con reúma pegaron un inesperado bote de alegría con el gol de Iniesta en la final de la Copa del Mundo? En circunstancias normales, ni con una grúa del Puerto se habrían levantado de sus asientos.

La propia trayectoria del final de liga del Málaga C.F. ha servido para levantar los ánimos de una ciudad castigada por el paro y, por si eso no fuera bastante, con un equipo de fútbol que parecía ir de cabeza a la Segunda División.

Bien es cierto que el palmarés del Málaga sólo es comparable con lo que algunos científicos denominan el vacío atómico, pero es un vacío recargado de ilusión gracias a la permanencia en Primera y a los nuevos fichajes.

Pero si la temporada pasada ha sido emocionante –salvo en la constatación de que la española es, junto con la escocesa, la liga más aburrida del mundo– la temporada 2011-2012 será la leche en polvo.

Y no se refiere el firmante a que el Barcelona y el Madrid volverán a amuermarnos con su arrolladora superioridad sino a la presencia, 35 años después, del Granada C.F.

No se ha ponderado bastante la incidencia que tuvo el descenso del Granada a los sucesivos círculos futbolísticos del infierno en el imaginario malagueño que, necesitado de un nuevo enemigo exterior, aprovechó la coyuntura política del momento (la Transición) para forjarse un nuevo culpable de todo lo que nos pasaba.

Y es que, la caída en desgracia del Granada coincidió con un proceso de fortalecimiento del antiguo C.D. Málaga que fue asomándose cada vez con más frecuencia a la Primera División, hasta casi perder su condición de equipo ascensor. Difuminada la rivalidad enconada –propia de ciudades vecinas– entre el Málaga y el Granada, la Transición creo un nuevo monstruo al que echarle las culpas de todo: Sevilla y por extensión, la Junta, culpable por los siglos de los siglos de elegir como capital administrativa a la ciudad de la Giralda y no a Antequera –este agravio no sólo es irreparable para muchos malagueños sino mayormente irrenunciable, pues sobre él se edifica todo el memorial de afrentas–.

La circunstancia de que la ciudad culpable de nuestros fallos tuviera no uno sino dos equipos de fútbol no hizo sino azuzar hasta límites insospechados la pugna telúrica y provinciana. Los políticos, siempre tan atentos a sus intereses, también pusieron su irreflexivo granito de arena para incendiar el ambiente y en nuestros días, son innumerables los sevillanos que viven en Málaga y que, una vez conocidos sus orígenes, tratan de justificar con una sonrisa esta mancha en su currículum vital.

¿Cambiará algo el panorama con el regreso del Granada del Averno? Resultará difícil recuperar una rivalidad futbolística tan acérrima, sustentada en parte hace 35 años por una modesta rivalidad administrativa.

Pero quién sabe si, con la acumulación de enemigos imaginarios del presente y del pasado, las pugnas provincianas con las capitales vecinas no terminan rebajando su carga de profundidad. Sería lo deseable.

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