Plaza de la Marina: de las vitrinas a las letrinas

Con el permiso de Henry James, al que le habría encantado la exposición por sus innegables aires europeos –aunque sean tan tempraneros– los encargados de la Obra Social La Caixa han conseguido dar otra vuelta de tuerca a las muestras temporales que cada año nos presentan en la plaza de la Marina.

Si en las exposiciones sobre la Prehistoria o los Iberos el contenido, muy completo, recordaba bastante a un clásico museo, con esta vida de los romanos han querido trasladarnos directamente a un rincón inspirado en Pompeya en el año 79 después de Cristo, sólo que sin el peligro de que el Vesubio se ponga gallito.

Así que en esta exposición, en lugar de vitrinas encontrarán letrinas, pero también tiendas con olores (también las letrinas), aceras, el foro, pasos de cebra, pintadas de candidatos romanos y una coqueta villa romana que nada tiene que envidiar a las mansiones con dueños exhibicionistas que aparecen en la tele.

Y preguntarán ustedes que cómo puede caber todo en lo que de lejos parece una tienda de campaña negra. Ahí está la gracia y la inteligencia de esta muestra, que en tan poco espacio ha logrado comprimir muy bien la vida de una ciudad romana para que el visitante se lleve una impresión que va más allá de lo superficial, con la compañía además de un guía.

Los visitantes pueden ver una fantástica película, proyectada en la pared de la villa romana, sobre cómo es un día normal en una ciudad del imperio y descubrir –como repiten los historiadores e ignoran las películas–, que los romanos no iban todos uniformados de togas blancas, y que, por ejemplo, si ahora nos quejamos de los niveles de ruido, den una vuelta por el Mundo Antiguo y verán lo que es una ciudad acústicamente saturada.

Lo mejor de esta compacta muestra es la sensación de palpar (y oler) la vida, algo que no siempre te lo dan los mapas ni una sucesión de obras de alfarería y si no, crucen la puerta de la villa romana, con el clásico mosaico de Cuidado con el perro y ya me dirán lo que sienten.

Quizás con una exposición más parecida a un museo tradicional los visitantes saldrían con más datos, pero hay que agradecer esta vuelta de tuerca, este cambio de tercio que nos regala un pequeño túnel del tiempo en la plaza de la Marina.

En estos tiempos de crisis, una breve escapadita espacio-temporal no le sienta mal nadie, sobre todo si el destino vacacional están tan bien montado.

Jaulas

Un malagueño aventurero, amigo de perderse por Irán admirando sus bellezas y su Historia, contaba esta semana que en el mercado de un pueblo había un vendedor con una jaula llena de pájaros y que, en lugar de venderlos para que permanecieran enjaulados o que sirvieran de almuerzo, el negocio consistía en que los compradores pagaban para que los pájaros pudieran ser liberados.

Una preciosa lección de sensibilidad y por qué no, la metáfora de un pueblo, en muchos aspectos, enjaulado.

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