Acerca del cuñadismo genético en España

Las raíces del cuñadismo hispano se pierden en la noche de los tiempos y ha tenido intensa práctica en la Málaga de los últimos tres siglos.

Por circunstancias de la vida, dos de los mayores escritores españoles de todos los tiempos, los valencianos Joanot Martorell –el autor de Tirante el Blanco– y el poeta Ausias March, eran cuñados. Este parentesco, sin embargo, no terminó mermando las respectivas producciones literarias, aunque también hay que decir que los lazos familiares sólo duraron seis meses, pues la hermana de Martorell pasó a mejor vida, no sabemos si al ser consciente de que debía permanecer el resto de su vida con el poeta.

Por razones nacidas en la noche de los tiempos el cuñadismo constituye una importante rama del humor en España y se penaliza con especial sorna en el mundo de la política, donde los cuñaos, sin la d intervocálica, siempre han hecho una importante carrera.
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El ‘anatema’ está en la Cruz del Humilladero

El objeto que más espanto debe provocar a los localistas de pro es la artística placa que en la Cruz del Humilladero une para siempre los escudos de Málaga y Sevilla.

Si de pequeño la exposición prolongada, primero a Telesur y luego a Canal Sur le provocó sarpullidos en la piel; si con la celebración de la Exposición Universal de Sevilla le dieron ganas de lanzarle tartas al alcalde Alejandro Rojas Marcos y mancharle el traje; si sus oídos se niegan a escuchar la magistral ópera El barbero de Sevilla porque contiene la palabra prohibida y en un partido del Málaga C.F. contra el Betis daría lo que fuera por saltar al campo con un corta césped y facilitar el trabajo al equipo de casa, no le dé más vueltas: es usted un localista de los que hay pocos.

En ese caso, sepa que la ciudad de Málaga es lo suficientemente grande como para no tener que pasar, precisamente, por la calle prohibida. ¿Qué necesidad tiene de un mal rato?

Lo notará enseguida, será entrar en la calle maldita, a dos pasos de la plaza de la Cruz del Humilladero y es muy probable que note la respiración acelerada y el mismo sofoco de quien asiste en traje de chaqueta a una boda en un día de terral.

Si fuera inevitable cruzarla, lo mejor es mantener la cabeza agachada para no distinguir la placa con el nombre de la vía que, hágame caso, es una afrenta a sus más respetados principios.

Porque, para escándalo de quienes defienden esta ciudad como nadie, la calle recuerda al conocido Antonio Martelo El Séneca, que no tuvo otra cosa que hacer en la vida que nacer en Sevilla en 1904 y perderla en Málaga en el año 1970 a causa de un desgraciado accidente de tráfico.

Para perpetuar su memoria, el Ayuntamiento de Málaga decidió hace 46 años dedicarle una calle y, horror de los horrores, adornar la placa con los escudos de ambas ciudades, al estilo de la calle Córdoba. Así que a la querida visión del Monte Gibralfaro, el cielo azul y los patronos hay que hacer de tripas corazón y dejar sitio nada menos que al rey San Fernando, San Isidoro de Sevilla y San Leandro de Sevilla.

Como algunos recordarán, Antonio Martelo era un actor que se hizo archifamoso, precisamente, por interpretar a El Séneca en una serie de televisión con guión de Pemán.

Homenajear a un actor admirado está muy bien pero de ahí a que eso suponga colocar el escudo de la ciudad que engulle todos los dineros de la Junta hay un majao, concluirán quienes no pasan ni una.

Un servidor confía en que esta crónica en forma de consejo haya perturbado la salud a un número infinitesimal de lectores, señal de que el número de localistas de pro está a la baja y Málaga deja atrás los complejos de pueblo. Si no es su caso respire hondo y evite la calle mencionada. El anatema está en la Cruz del Humilladero. De nada.

La subsede

Las Olimpiadas de Río rescatan por unos días ese sueño de Málaga subsede olímpica de Madrid, antes de que se cayera con todo el equipo. Alguna vez será.

Viaje usted a un novelón del XIX en Capuchinos

La escalinata que conduce al antiguo cuartel de Capuchinos es casi una reliquia arqueológica en estado de derribo y con tupida hierba en el regazo.

Hay rincones de Málaga que podían pertenecer, perfectamente, a un novelón del XIX. Suba usted las escalinatas que conducen al antiguo cuartel de Capuchinos y con independencia de su sexo se sentirá como Ana Ozores deambulando por Vetusta. Baje esas escaleras decrépitas y se convertirá en el grumete de los Episodios Nacionales mientras se dirige al puerto para tomar parte en la batalla de Trafalgar.

Ciertamente la escalera de la plaza de Capuchinos es un conducto literario y allí los Pokémon con los que puedan toparse los abducidos por este juego lucirán levita y sombrero de copa, aunque más les valdría lucir un casco de protección.
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La dura existencia de las mujeres de la playa

El nuevo número de los Cuadernos del Rebalaje es una conmovedora monografía sobre la vida de las mujeres en las playas del Palo en los años 40 a 60.

Si alguna vez los Amigos de la Barca de Jábega se animan a recopilar todos sus Cuadernos del Rebalaje, la publicación trimensual de la que llevan publicados 35 números hasta la fecha, obtendremos una enciclopedia de la Bahía de la Málaga con gran parte de nuestra cultura marítima.

Hace algunas semanas comentábamos en esta misma sección el número dedicado a la poco conocida visita a Málaga en 1859 de Carlota de Bélgica y Maximiliano de Habsburgo, los futuros emperadores de México que terminaron como el rosario de la aurora al otro lado del charco. En esta ocasión, el número 35 continúa la labor de la antropóloga Eva Cote y después de un monográfico sobre los hombres del rebalaje ahora le toca el turno a las mujeres y en concreto, a las de las playas del Palo.
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La plaza de Miguel de los Reyes, ya sin tufarada

El cierre de unos solares purulentos y el desigual combate municipal contra las manchas del grafiti convierte en visitable este rincón de Lagunillas.

Cada vez que esta sección se ha aproximado a la plaza de Miguel de los Reyes, en Lagunillas, ha sido para constatar la distancia entre el sueño y la realidad.

Pasó algo parecido con la plaza del centro deportivo de la ACB junto al arroyo Jaboneros. En el proyecto dibujado por el organismo deportivo los jardines colgantes de Babilonia eran un parterre sin gracia al lado de lo que pensaba plantar en este espacio, antiguamente ocupado por las cocheras de tranvías y autobuses. Pero la realidad no superó al proyecto y la ACB se limitó a lo imprescindible.
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Del ’saleazo’ y su plasmación en la Alameda

El paso de cebra de la Alameda Principal más próximo a la calle Córdoba es una peligrosa grieta tectónica que el viernes se cobró una víctima de avanzada edad.

Los turistas que visitan la ciudad de Nueva York y que no se quedan absortos al contemplar las grandes alturas, tendrán la capacidad de observación suficiente como para constatar que las aceras de las avenidas más lujosas de Manhattan no merecerían el visto bueno del tugurio más chungo de Málaga. Ciertamente, las cutrísimas aceras de Manhattan son la prueba del poco peso del Estado en los Estados Unidos.

Pero en la Ciudad del Paraíso no siempre hemos mirado por encima del hombro las aceras de Nueva York. De hecho, el vocabulario popular de Málaga es rico en expresiones relativas a las precipitaciones, y no hablamos aquí de la lluvia galaica sino de la precipitación de las personas, mayormente a la vía pública.
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La garrafa de Stevenson y el viaje de los 21 siglos

Si están hasta el gorro de cazar Pokemon y de la comedia de formación de Gobierno asistan a la experiencia única de una obra en el Teatro Romano.

Un relato hasta hace poco inédito de Stevenson elucubra sobre unos minúsculos seres que en una habitación vacía, presidida por un reloj, se desarrollan en una garrafa olvidada de agua. Estos seres, los animálculos, tienen su propia teoría del mundo que les rodea y deducen que todo es obra de un misterioso relojero, que finalmente entra en la habitación y tira la garrafa de agua podrida.

Como dijo aquel, en referencia a los varones, no somos nada y menos en calzoncillos.
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Los vecinos de San Félix Cantalicio y los apaguataos

Tras muchos meses de denuncia, el Ayuntamiento continúa absorto sin atender el problema de los vecinos de una promoción municipal de viviendas.

En muchas ocasiones, el saber popular sigue un camino distinto al del diccionario. Según la RAE, un pazguato es la persona que se pasma y admira de lo que ve u oye. No hay que confundir con apazguado, que según el diccionario es la persona con quien se ha hecho las paces.

En Málaga, el vocabulario popular cuenta con la palabra apazguatao o apaguatao, y hace referencia a la persona absorta que no percibe lo que sucede en su entorno (un sinónimo malaguita, aunque pueda tener otro significado, sería atontolinao).
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La hazaña de la banderita en el corazón de Gibraltar

Un hombre de negocios muy conocido, afincado en Málaga, remató una obra en el Peñón con la bandera española. Y estas fueron las consecuencias….

La anécdota que contamos tuvo lugar en unos tiempos en los que las películas de Berlanga y el guionista Rafael Azcona bebían de la realidad diaria española, que parecía nutrir de capítulos a una tragicomedia de 40 años que también habría encandilado a Miguel Mihura.

Eran los años de La Codorniz, la cárcel de papel y la autocensura pero también de las bravatas peliculeras que tan bien le salían en la gran pantalla a José Luis López Vázquez, Toni Leblanc y Manolo Gómez Bur.
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Reconversión de un polo de atracción de concejales

Una casa abandonada en la calle Villafuerte, el antiguo centro de menores Grazalema, se reconvierte estos días en un centro de día de Aldeas Infantiles.

El político de base tiene por delante numerosos retos. Uno de ellos es introducir en su vocabulario diario palabras y expresiones políticamente correctas, aunque bastante cúrsiles, como «ciudadanía», «sociedad civil» o «empoderamiento».

Otro reto es hacer bulto en las charlas de los jefes, que en los últimos tiempos destierran los atriles y las corbatas y prefieren sentarse en unos cubos grandes, como de guardería, para arremeter contra los malos en plan desenfadado.
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