Perseverar hasta lograr un hito inquietante

Casi todos los alcaldes del último medio siglo han disfrutado de algún gran error urbanístico. De la Torre persevera para conseguir el hotel de Hoyo de Esparteros.

Casi todos los alcaldes del último medio siglo han recibido uno o varios goles urbanísticos por la escuadra de los que la ciudad se lleva resintiendo desde entonces. Nadie es perfecto.

Recordemos el patético detalle, producido hace poco, de tener que cambiar de orientación la escultura del Biznaguero, en los Jardines de Pedro Luis Alonso, para que las personas que lo fotografían no se lleven de recuerdo el bloque ilegal de los Campos Elíseos, que el monumento de Jaime Pimentel tiene detrás, construido por un grupo de militares a comienzos de los años 70 sin permiso del Ayuntamiento.
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Del pasadizo vietnamita y el acueducto de San Telmo

Un inhóspito pasaje junto a los molinos de San Telmo conduce al puente del Arroyo Hondo, que exhibe estos días una florida dejadez institucional.

Ayer esta sección se dio una vuelta por los restos de un antiguo sendero que, por mitad del campo florido, en las inmediaciones del túnel de San José, conduce hasta la puerta del psiquiátrico de los Hermanos de San Juan de Dios. Como parte negativa del trayecto, los túmulos de tierra con objetos semienterrados, depositados por antropoides malaguitas, en su afán por regresar, metafóricamente, a los árboles, no sin antes deteriorar el Medio Ambiente y cargarse el paisaje (si el Ayuntamiento no recoge lo acumulado en estos lares, tomen nota los chatarreros).

Muy cerca de la zona existe un camino que comparten coches y peatones y que conduce hasta el Parque Natural de los Montes de Málaga. Se encuentra a un tiro de piedra del falso túnel que hay que cruzar para entrar en el Jardín de La Concepción, en una bifurcación junto al Camino de Casabermeja.
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El desconocido camino de las adelfas

En el barrio de San José todavía pervive parte de un camino de tierra que conduce al psiquiátrico de San Juan de Dios y que termina al otro lado en el túnel de San José.

Hace no tantos años, la finca de San José era casi el finisterre para los malagueños. Más allá del veterano psiquiátrico de los Hermanos de San Juan de Dios sólo se encontraba la finca de La Concepción. Dos núcleos que de forma deliberada se habían desarrollado buscando las afueras de Málaga, el pleno campo, en busca de aislamiento, aire puro y, claro, tranquilidad.

En nuestros días, la red de carreteras y el avance de la ciudad han hecho que formen parte del núcleo urbano e incluso que una línea de autobús, la 2, y desde el año pasado unas aceras, permitan llegar a La Concepción sin que haga falta el coche.
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El poco conocido malagueño Diego de Hoces

El bachiller de Artes y sacerdote Diego de Hoces, natural de Málaga, fue uno de los diez compañeros de Ignacio de Loyola, germen de la futura Compañía de Jesús.

Hay muchos misterios a lo largo de la Historia, uno de ellos que el veinteañero Fernando de Rojas fuera capaz de escribir una obra maestra universal, La Celestina, y luego se retirara a sus quehaceres leguleyos y no publicara jamás ni una coma.

Otro, que la Reina Sofía, después de 50 años en España, siga hablando como Doña Croqueta. Sin duda hay muchos más, como el poder de atracción de la política pese a la ensalada de puñaladas traperas, mayormente de compañeros de partido, que tiene que soportar todo aspirante a esta profesión casi siempre vitalicia y bien remunerada (hace unos meses, una joven senadora confesaba su profunda vocación por el servicio público pero, sorprendentemente, entre sus planes no se encontraba, ni por asomo, opositar a la función pública…).
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Las Delicias y las voraces plantas trepadoras

Uno de los propietarios de la constructora Genco fue quien puso nombre a este barrio, cuyos bloques están surcados por una maraña irredenta de cables.

A comienzos de marzo esta sección contó el caso del aragonés José María Lobera, funcionario municipal jubilado que hacia el año 82 propuso que el barrio de casas de autoconstrucción al que se fue a vivir llevara el nombre de Monte Dorado.

José María, natural de la zona zaragozana de las cinco villas, más próxima a Jaca que a Zaragoza, y por tanto, acostumbrado a grandes nevadas y frío en el rostro en agosto, al ver ese monte dorado por el sol sacó las conclusiones oportunas y el barrio se quedó como Monte Dorado.
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El Parque de Chiquito y el ciclón de Eustakia

Con vistas espléndidas a la chimenea de Los Guindos, la zona verde dedicada a Chiquito de la Calzada sólo tiene la pega de las pintadas y las grietas en los alcorques.

Cuando hace doce años Gregorio Sánchez, Chiquito de la Calzada, inauguró el parque que lleva su nombre, entre la urbanización Parque Mediterráneo y el paseo marítimo de Poniente, aseguró que sólo le quedaba ya conseguir ser nombrado académico de la Lengua.

Resulta satisfactorio comprobar cómo los humoristas tienen un hueco en nuestra ciudad, y en concreto un hueco bien verde. Chiquito, frente a la chimenea de Los Guindos y Juan Rosa, El Pulga, fallecido en 2002, un parquecito bastante completo en Ciudad Jardín.
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El camuflaje vegetal de la plaza de toros

Detrás de la arboleda se encuentra la plaza de toros de La Malagueta.

Detrás de la arboleda se encuentra la plaza de toros de La Malagueta.

La doble hilera de ficus plantada en los 70 en el Paseo de Reding podría abrir un pequeño hueco a la altura de la plaza de toros para que dejara de estar oculta

Alguna vez en esta sección hemos hablado del monumento al Comandante Benítez en el Parque. Las palmeras que lo rodean han formado un parapeto vegetal, de tal forma que podría optar al premio europeo de camuflaje escultórico, en dura pugna con la escultura que homenajea a Félix Rodríguez de la Fuente, cuyo camuflaje vegetal –la obra está oculta en una rocalla de los Jardines de Picasso– se debe a una estrategia de defensa anti vandálica.

En el caso del Comandante Benítez tampoco hay que tirarse de los pelos –el que pueda, no un servidor, que es alopécico–. Al fin y al cabo sólo hay que esperar a que las palmeritas crezcan para que sigan tirando hacia arriba y dejen de ocultar el monumento. En cuanto al famoso naturalista de El Hombre y la Tierra, alguna vez se ha tratado la idoneidad de trasladarlo o mejorar su entorno, aislándolo en mitad de un laguito, para que la obra de arte, por lo menos, se vea.


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La trama misteriosa y la espuma de los siglos

El dichoso charquito del Rectorado, más pertinaz que la sequía, es la metafórica presencia de una Málaga fenicia, exótica y peninsular entre nosotros

Málaga en el Mundo Antiguo debió de ser como el Balneario de la Toja: agua a raudales. Los problemas con los que se enfrentaron las autoridades durante el Siglo de Oro y siguientes para atajar los desbordamientos de ríos, arroyos y torrenteras y el hecho de que la calle Victoria fuera en los orígenes un serpenteante cauce con más peligro que la mona Chita con navaja, nos da una idea de lo que pudo ser nuestra ciudad en tiempos todavía más pretéritos.

De esas inundaciones cíclicas o repentinas quedaron, además de demasiados malagueños criando malvas y puentes para el recuerdo, toneladas de limo procedentes de los Montes de Málaga que dieron lugar a fértiles huertas repartidas por toda la ciudad que todavía en nuestros días dan nombre a rincones y barrios de Málaga. No todo iban a ser desgracias.
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Un festival para poder comer en Lagunillas

Las asociaciones Amare y Victoriana de Capuchinos y el poeta Antonio García Pereyra organizan hoy en el auditorio de la Diputación un festival a beneficio de la asociación de vecinos de Lagunillas. La entrada: un kilo de alimentos.

En 2008, cuando la crisis ya comenzaba a mostrar las garras, la asociación de vecinos de Lagunillas había adelantado un mes la campaña de Navidad por la situación desesperada de muchos vecinos de la zona de Lagunillas y la Cruz Verde: «El paro afecta al 80 o 90 por ciento de la gente y no hay ayudas», contaba entonces Curro López, presidente vecinal, que añadía algo evidente, «con palabras bonitas como solidaridad no se come».

Ocho años más tarde, la campaña navideña dura todo el año casi desde entonces pero los apuros de la asociación de Lagunillas prosiguen porque ha tenido problemas con Bancosol y debe buscar los alimentos como sea y donde sea, con el fin de seguir repartiendo comida a unas 525 familias (fruta y verdura una vez a la semana y alimentos no perecederos una vez al mes).
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La algarabía del grafiti de la barriada Ruiz de Alda

La barriada Ruiz de Alda es una de las más castigadas por el grafiti asilvestrado que se adentra como un huracán por algunas de sus calles.

Hace 12 años, en la primavera de 2004, el firmante recogía las preocupaciones de los vecinos de la barriada de Ruiz de Alda, levantada en 1955 en la Carretera de Cádiz, muy cerca de la gasolinera de Alaska y los famosos terrenos de Repsol. Entonces, una de las quejas más extendidas era el preocupante número de pintadas que asolaban las calles, y eso que la Junta de Andalucía había rehabilitado las viviendas pocos años antes, en 1999.

Cuando la barriada ha superado ya la sexta década de vida las pintadas siguen siendo uno de los problemas más acuciantes, hasta el punto de que muchas de las paredes antes impolutas parecen homenajear el mural de Pollock que estos días puede verse en el Museo Picasso, con la diferencia de que detrás de ellas no hay genios incomprendidos sino cabestros del «contri peor mejor».
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