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	<title>Esquina del Globo</title>
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	<description>El mundo visto desde Málaga</description>
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		<title>&#8216;Único pero con variantes&#8217;</title>
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		<pubDate>Tue, 14 May 2013 04:08:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en La Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo cierto es que el «pensamiento único» tiene variantes, aunque resulte paradójico. Su «gracia» está justamente ahí: que admite variantes mientras no perturben el «desarrollo de los acontecimientos». Hay como una corriente central, la de lo «políticamente correcto», y unas alternativas que permiten canalizar muchas disidencias.
Digamos que está la «forma de pensar A», que sería, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo cierto es que el «pensamiento único» tiene variantes, aunque resulte paradójico. Su «gracia» está justamente ahí: que admite variantes mientras no perturben el «desarrollo de los acontecimientos». Hay como una corriente central, la de lo «políticamente correcto», y unas alternativas que permiten canalizar muchas disidencias.<br />
Digamos que está la «forma de pensar A», que sería, un poner, la del Partido Popular, con su Rajoy y su cerrada obediencia al dictado del gran capital financiero. Al margen de ella está la «forma de pensar B», que vendría a ser la del PSOE, que está casi perdida como variante porque en realidad ya ni es una «forma de pensar»: son náufragos que a veces hablan un «dialecto» ininteligible. Un ejemplo: Susana Díaz, consejera de la Junta de Andalucía, dice que los dirigentes «populares» son «antisistema». Solo le falta decir que la señora Merkel es una agitadora que quiere destruir el capitalismo.<br />
La variante A y la variante B a veces son tan parecidas que los propios medios de comunicación suman sus posibles votos y nos avisan de que «juntos» no llegan ya al 50%. Ambas están metidas en numerosos casos de corrupción y a la hora de tomar las decisiones importantes suelen coincidir (solo disienten si no ponen en riesgo al Sistema).<br />
Pero hay más posibilidades. Ahí está, por ejemplo, la UPyD de Rosa Díez, un partido furibundamente antinacionalista. Es una especie de Partido Popular con «correcciones» y en este momento encaja muy bien con la creciente ola «antiautonómica», a la que se apunta muchísima gente a raíz de la brutalidad de la crisis (se busca ahorrar «achicando» los presupuestos regionales) y del fracaso total de la democracia, también en las reivindicaciones propias de cada autonomía…<br />
El Sistema tiene también la «variante D», la de Izquierda Unida, en este caso equivalente a un PSOE con «correcciones». Aliado imperturbable de los socialistas, denunciante y cómplice de las corrupciones y corruptelas (si, una cosa y la otra, al mismo tiempo) acaba de hacer en estos días una nueva pirueta: Cayo Lara ha dicho que le gusta más el fallecido comandante Hugo Chávez que el defenestrado presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, porque éste «desahuciaba»… ¡Pero el que era socio de Izquierda Unida era el Manuel Chaves andaluz, justamente el que desahuciaba!<br />
Y hay más variantes: los mismos nacionalismos regionales de que hablábamos. ¿Todos, entonces? ¡Todos! El Sistema de partidos es el Sistema mismo.<br />
¿Y cómo encaja aquí la monarquía? En las encuestas (en la forma de preguntar, sutilmente tramposa) se ve la voluntad de volver a mejorar la tan deteriorada figura del rey Juan Carlos, al tiempo que se apuntala a toda la Familia Real, particularmente al príncipe Felipe. De modo que hay tres variantes en este caso: mantener al Rey, si se lo «rescata» de sus propios y persistentes desastres; hacerle abdicar a favor del Príncipe, si no hay forma de «rehabilitarlo»; y si el Príncipe tampoco resiste al desgaste general de los Borbones, se abriría paso a la república. ¿Por qué no? Si la garantía de continuidad para el Sistema está en el mecanismo de los partidos políticos.<br />
Encuestas muy recientes indican que el 64,2% de los españoles hace un balance de la monarquía entre regular, malo y muy malo.<br />
Otra gracia de los manipuladores de la opinión en los últimos tiempos ha sido sacarse de la manga un «pacto político anticrisis» que nadie propuso y que no tiene mayor sentido cuando Rajoy y Rubalcaba están siempre tan cercanos entre sí en todo lo que mandan los banqueros. Pero a mucha gente le suena bien y le da la sensación de que evita rencillas (rencillas casi inexistentes). Preguntan qué le parece al encuestado que el mismo Rey propicie «pactos, acuerdos, consensos» para hacer frente a la crisis y, claro, puesto así, como si eso pudiera mejorar la situación, más del 71% lo ve bien o muy bien; y ahí, pegado, sin que tampoco sea un tema puesto sobre el tapete por los partidos, preguntan «si entre los posibles pactos se debería propiciar la reforma de la Constitución»…</p>
<p>Y el «si» llega al 72,8… O sea: que se está preparando otra pirueta, si en un momento dado la realidad lo hace necesario: un «gran pacto»… para lo que sea… para «superar la crisis» (¿?) o bien… para reformar la Constitución. Así nos mantienen entretenidos. Hay todavía mucha gente que no se da cuenta de que es un espectáculo diseñado para que miremos fijo a lo que nos muestran y no veamos la trampa.</p>
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		<title>La &#8216;pescadilla&#8217; de la corrupción</title>
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		<pubDate>Tue, 07 May 2013 04:19:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en La Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[La riqueza es poder. El poder es riqueza. Hay placer en exhibirlos incluso ante quienes se hunden en la precariedad y en la miseria. A veces, parece que se goza más cuando se exhiben provocativamente
Así como todo este derrumbe al que estamos asistiendo nos pasa por primera vez… (obviamente, no se nos cae el techo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La riqueza es poder. El poder es riqueza. Hay placer en exhibirlos incluso ante quienes se hunden en la precariedad y en la miseria. A veces, parece que se goza más cuando se exhiben provocativamente</strong></p>
<p>Así como todo este derrumbe al que estamos asistiendo nos pasa por primera vez… (obviamente, no se nos cae el techo encima todos los días), un montón de secuelas están apareciendo gradualmente a nuestra vista. Y una de la que más nos sorprende y nos indigna se refiere a los nuevos símbolos de estatus. La manera cómo los ricos y poderosos hacen notar la «altura» a la que han llegado es algo que suele sublevarnos a los que estamos en los escalones «inferiores». Hoy día puede decirse que somos una masa informe de trabajadores y parados (el famoso 99%) en la que incluso se van borrando los límites entre lo que antiguamente eran «proletarios» (especie prácticamente extinguida) y los que pertenecían a la llamada «clase media».<br />
Claro que habría muchas cosas para matizar. Por ejemplo, que entre los trabajadores se fueron haciendo mayoritarios los del sector «servicios» y allí ya se ha ido produciendo, durante las últimas décadas, una «fusión» de trabajadores «manuales» y los que provenían de labores administrativas o de gestión. De ahí que resulta absurdo que algunos se esfuercen en hablar, por ejemplo, de «sindicatos de clase», apelando a una realidad que ya no existe ni en la Marinaleda de Sánchez Gordillo.<br />
En la cuestión del «estatus» es doloroso observar que las fortunas nacidas de la corrupción son lucidas como condecoraciones, en flagrante y sangrante provocación para quienes vienen decayendo en la «escala social» como producto de la misma crisis/estafa que a ellos les ha llevado o les mantiene en la «cima». Y también suele ser una triste comprobación la reincidencia de sectores amplios de la clase media que siguen las huellas de ese 1% aferrado a su creciente estatus; o sea, que reaparece la lamentable tendencia a buscar reales o supuestos placeres, no ya en el inalcanzable estatus de los «pudientes» sino en algunos signos exteriores que lo simbolizan: ropa de marca (además de ese invento tan poco funcional que se ha dado en llamar «complementos»), coches de gran tamaño, deportes sofisticados, gastronomía «creativa» cada vez más elitista, etc. Y digo reales o supuestos placeres porque seguramente son reales pero deberían tener un duro contrapeso cuando se goza de ellos viendo cuánto le cuestan esos privilegios a los que se van hundiendo en la precariedad y la indigencia.<br />
Señalaba un colega ayer mismo cómo España «toca el cielo» de las cumbres gastronómicas (medallas, reconocimientos) justamente cuando en nuestras ciudades se multiplican los sitios donde se da algo de comer a indigentes…</p>
<p>Cómo no se atragantan los gourmets de 5 o 10 tenedores ante la realidad de la miseria que se extiende es un milagro que no sé si podrán explicarnos cabalmente los psicólogos (lo explicarán, pero eso no los justifica).<br />
Los coches se hacen más grandes porque los modelos se copian de una marca a otra, con lo cual el «factor diferencial» tendrá que estar en el tamaño de la carrocería y en la mayor potencia de los motores, amén de los «complementos» específicos para los coches, sofisticaciones que sirven para poco pero también marcan estatus.<br />
En cuanto a la ropa de marca o el calzado, el sapo que habrá que tragar con cada compra es la explotación brutal de menores en los pobrísimos países donde se elaboran los productos más deseados. O sea: esa explotación como punto extremo de una explotación generalizada de la población y de una miseria que, como alguien ha recordado en estos días, reclama la pluma de Victor Hugo y sus miserables, o de Charles Dickens y esas siniestras ciudades del comienzo de la Revolución Industrial.<br />
En las novelas de Moravia hay imágenes curiosas de pueblos italianos en dónde los días festivos el «señor» de la comarca invitaba a los campesinos a su gran casa y abría las puertas de sus despensas… los paisanos, que teóricamente ya no eran «siervos», quedaban atónitos al ver los imponentes jamones, la variedad de estupendos embutidos, los deliciosos quesos curados…Algunas de aquellas auténticas «delicadezas» se convidaban a los asistentes. ¡Eso era riqueza! ¡Eso era poder! ¡Almacenes llenos de delicias que pertenecían a una sola familia!<br />
La riqueza lleva al poder. El poder lleva a la riqueza. Esa es la pescadilla de la corrupción. Pero el verdadero y monstruoso placer parece estar en poder demostrar la posesión de una y otro. Y parece que el gozo es mayor cuando se exhiben provocativamente.</p>
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		<title>El cambio &#8216;invisible&#8217;</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Apr 2013 08:14:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en La Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Las encuestas, como los resultados electorales, nos alegran si concuerdan con nuestras propias opiniones. Pero si no nos dan la razón nos sentimos autorizados a tratar de idiotas, como mínimo, a todos los que no coinciden con nosotros. Llega a ser agotador observar las flagrantes contradicciones entre nuestro modo de pensar y nuestro modo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las encuestas, como los resultados electorales, nos alegran si concuerdan con nuestras propias opiniones. Pero si no nos dan la razón nos sentimos autorizados a tratar de idiotas, como mínimo, a todos los que no coinciden con nosotros. Llega a ser agotador observar las flagrantes contradicciones entre nuestro modo de pensar y nuestro modo de actuar. Uno de los ejemplos más difundidos es el de achacar a estas seudo democracias en las que vivimos una ausencia total de representatividad pero, al mismo tiempo, culpar a la gente, a los votantes, de la situación en la que estamos. Parece obvio que, si no nos representan, no se nos puede achacar la responsabilidad de lo que la casta política hace. Claro que podemos cambiar el voto de un partido a otro– pero los políticos constituyen una casta justamente porque son intercambiables. Otro caso frecuente tiene que ver con las desgastadas «ideologías»: las vemos diluirse, entremezclarse, convertirse en meros lemas de propaganda y&#8230; sin embargo persistimos en negarnos a ajustar nuestros prejuicios a la realidad, como cuando lamentamos «la ausencia de la izquierda» o «la crisis de la izquierda», como si hubiera que subsanar ese déficit, sin querer admitir que «aquella» izquierda añorada hace tiempo que no existe.<span id="more-967"></span></p>
<p>Subterráneamente, en lo más profundo de la sociedad, se están produciendo cambios casi invisibles, que se asientan muy lentamente, mientras las nuevas tecnologías nos pasan por encima a velocidad de vértigo. Esa diferencia brutal de velocidad es en parte la que nos hace creer que los cambios sociales se van a producir «automáticamente», apenas formulados, del mismo modo que un pequeño artefacto nos permite, casi de un día para el otro, llevar la televisión en el bolsillo. Pero los cambios sociales siguen llevando su propio ritmo– siguen siendo enormemente más lentos– y esto crea una falsa sensación de inmovilidad.</p>
<p>Hace pocos días una encuesta bastante amplia daba testimonio, por ejemplo, de que, pese a las grandes manifestaciones encabezadas por Rouco Varela, un 85% del total de encuestados desea que la Iglesia cambie, en el sentido de ponerse «junto a los pobres». Y ese mismo deseo lo expresa nada menos que el 70% de las personas consultadas que se consideran católicos practicantes. Una nítida mayoría se apunta a que la Iglesia se mantenga solo con aportaciones voluntarias y a que el Papa siga una senda de sencillez– La mayoría se hace mucho más ajustada (y no es acompañada por los católicos practicantes) cuando se pregunta por la posible supresión del Estado Vaticano.</p>
<p>Pero sigue siendo una mayoría clara la que aboga por la aceptación del divorcio y los anticonceptivos, dos de las cuestiones determinantes para que un 75% de encuestados estime que la Iglesia «no se supo adaptar» a los tiempos.</p>
<p>Otras ideas que han ido ganando adeptos son las de llegar a un nuevo Concordato que suprima los privilegios eclesiásticos y particularmente acabe con las ventajas fiscales (temas asumidos con mayorías del 84 y 82%, respectivamente). Una fuerte mayoría del 88% defiende que se acabe con la discriminación de las mujeres y, curiosamente, entre los practicantes el 73% mantiene ese mismo criterio.</p>
<p>Imagino que a estas alturas se pensará que aún subsisten, sin mayores cambios, las prevenciones contra familias formadas por una pareja del mismo sexo– Y es verdad que subsisten, pero mientras el 40% opina que tal cosa «no puede ser», un 52% considera que sí puede ser.</p>
<p>En el tema del aborto, lógicamente, las diferencias se ahondan: mientras lo que respaldan la legislación actual son un 46%, el 41% defiende una ley basada en supuestos (y un 10% pretende penalizar el aborto en cualquier caso). No cabe duda de que esta es una cuestión en la que todo el peso de la Iglesia está constantemente volcado a evitar que se imponga el respeto absoluto al derecho a decidir de la mujer– Pero en líneas generales da la impresión de que la opinión pública está modificándose gradualmente: la gente espera un cambio en profundidad de la Iglesia, un «agiornamiento» que le permita jugar incluso un rol político, pero deseando que se convierta en algo muy distinto –en gran medida, opuesto– al papel que ha venido jugando la jerarquía hasta ahora, que ha sido el de acompañante y sostenedor de esta sociedad de mafias insaciables que, mientras nos vacían bolsillos, nos escamotean también nuestras principales armas: los principios morales.</p>
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		<title>Cómo medir democracias</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 16:28:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en La Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[En Occidente se «juega a la democracia» con cartas y reglamentaciones que nos dan hechas. Y después, no muy democráticamente, se dan «premios» y «castigos» a quienes se adaptan mejor, pero no a esas reglas sino a otros requisitos: la obediencia a directivas y órdenes fundamentalmente económicas.
Así ha venido ocurriendo durante los últimos casi 70 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En Occidente se «juega a la democracia» con cartas y reglamentaciones que nos dan hechas. Y después, no muy democráticamente, se dan «premios» y «castigos» a quienes se adaptan mejor, pero no a esas reglas sino a otros requisitos: la obediencia a directivas y órdenes fundamentalmente económicas.</p>
<p>Así ha venido ocurriendo durante los últimos casi 70 años, desde el final de la II Guerra Mundial. Quienes siguen las «reglas» del juego político y las órdenes en el terreno económico, son homologados y gozan de los favores del poder, lo cual no siempre supone demasiadas ventajas pero en todo caso evita quedar en el bando de los excluidos, en la zona de los «países marginales».<span id="more-962"></span></p>
<p>Pero a la democracia se puede jugar de muchas maneras. Incluso se la puede tomar como mucho más que un juego pero se corre el riesgo de caer víctimas de esa ilusión. Eso le ocurrió, paradigmáticamente, a Salvador Allende, en Chile: creyó a pie juntillas en las reglamentaciones del juego democrático de Occidente y no se dio cuenta a tiempo de que era una trampa. El Imperio, que recorría el mundo con su «pancarta» democrática, lo que exigía no era eso sino una lealtad que Allende no podía tenerle porque primero estaba su lealtad hacia Chile.</p>
<p>Así ocurrió en muchas oportunidades. En Irán, por ejemplo, en los años ´50, la CIA encumbró al Sha tras conspirar para derrocar al gobierno democrático de Mossadegh, que se había atrevido a nacionalizar el petróleo€ Los que rechazan las reglas del juego impuestas por el poder global, o adoptan otras normas€. caen bajo el anatema: no son «demócratas».</p>
<p>El que fuera presidente de Estados Unidos tras el asesinato de Kennedy, Lyndon Johnson (el que fue hundiendo cada vez más a su país en la guerra de Vietnam, un genocidio en grado de frustración porque los vietnamitas «no se dejaron») relató jocosamente cómo «hacía votar a los muertos». Una simple gracia. No fue tan gracioso comprobar que Al Gore había vencido a George Bush (junior) pero le arrebataban su victoria sin que tuviera un buen par de gónadas para reclamar lo que le correspondía. O sea, que el «histórico» Bush, famoso por su guerra de Irak, fue un presidente fraudulento€ pero ni dimitió ni USA renunció a su pretensión de país emblemático de la democracia.</p>
<p>¿La rehabilitada «democracia» en Irak? Ja. ¿La «democracia» a la rusa de Putin? Ja, ja.</p>
<p>¿En Latinoamérica? Allí hubo gobiernos fraudulentos y seudo democráticos que dan para un listado tan largo como el de las intervenciones militares en el Sur de los «demócratas» del Norte. El anterior presidente de México, Calderón, fue investido en medio de furiosas manifestaciones porque los mecanismos fraudulentos que le dieron la victoria habían sido variados y eficaces; su rival, López Obrador, reclamó hasta el agotamiento la repetición de las elecciones. Pasado el incómodo momento, México siguió su trayecto sin que nadie impugnara el carácter fraudulento de su gobierno.</p>
<p>La «democracia» española ya la conocemos a fondo: votemos lo que votemos siempre ganan los mismos, la casta política y el capital financiero. ¿Italia, Portugal, Grecia, Chipre, Irlanda€?</p>
<p>En medio de este negro panorama, hay un sitio donde a casi todos los medios de comunicación les parece evidente que no hay una auténtica «democracia», pese a que ha habido y sigue habiendo elecciones: Venezuela. Hay muchas denuncias sobre usos abusivos de medios oficiales para la propaganda del sucesor de Chávez, sobre limitaciones puestas a la oposición y triquiñuelas empleadas desde el poder€ No sabemos hasta dónde las acusaciones son reales pero muchas de ellas pueden serlo.</p>
<p>Personalmente, prefiero un método para «medir democracia» que me resulta más justo porque atiende al «carozo», al núcleo duro de este mecanismo para designar gobernantes (que esa es su misión: la democracia no es una ideología), que es el grado de «soberanía popular» que existe en un país.</p>
<p>Y con ese método de medición no caben muchas dudas de que la voluntad del pueblo venezolano se identificó en alto grado con Chávez y su propuesta bolivariana. Siendo así, parece lógico que los sucesores de Chávez, que ganaron las elecciones, por estrecho que haya sido el margen, gobiernen. Entonces se verá si siguen sintonizando con la gente o si se apartan del camino marcado por el líder fallecido.</p>
<p>El que esté gobernando y considere que de verdad se está ajustando al requisito básico de respetar la Soberanía Popular, que tire la primera piedra. Los Obama, Rajoy y similares, por favor abstenerse.</p>
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		<title>El sistema y el Borbón</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Apr 2013 08:10:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en La Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué ocurriría si a una manifestación del 15M se acercara una columna enarbolando una pancarta que dijera– «¡Sí, votamos al PP! –Pero ya nos hemos jodido bastante!»?
Yo, personalmente, los acogería con alegría. El «¡jódete!» que muchos prodigan constantemente a esos votantes se combina de maravillas con el «¡que se jodan!»– Que una diputada del PP [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué ocurriría si a una manifestación del 15M se acercara una columna enarbolando una pancarta que dijera– «¡Sí, votamos al PP! –Pero ya nos hemos jodido bastante!»?</p>
<p>Yo, personalmente, los acogería con alegría. El «¡jódete!» que muchos prodigan constantemente a esos votantes se combina de maravillas con el «¡que se jodan!»– Que una diputada del PP lanzó a todas las víctimas de los recortes. ¿Y qué pasaría si Rajoy dimitiera, cantara su mea culpa y se uniera a una manifestación de protesta contra sus propias medidas?  Si la otra posibilidad es inverosímil, ésta ya es demencial.<span id="more-960"></span></p>
<p>Hay en estos momentos dos estrategias políticas en pleno desarrollo y ambas tienden a frenar los movimientos de protesta y resistencia contra la dictadura de los mercados. La casta política ha seguido los dictados del poder mundial en todo momento pero ahora está llegando al punto de saturación: necesitan coger una bocanada de aire, recuperar fuerzas. Las encuestas marcaron el punto crítico. Los dos partidos grandes ya no lo son tanto: sus expectativas de voto, sumadas, no llegan al 50%.</p>
<p>La gente del PP imaginaba un horizonte en el cual, ya en vísperas electorales, un par de medidas demagógicas –aflojar un poco la cuerda atada al cuello– podrían devolverles buena parte de los votos perdidos. Y se tranquilizaban viendo que el PSOE seguía cayendo en picado. Pero los socialistas estudian las mismas encuestas. Si hasta Rajoy se atrevió a mostrarse rebelde con las nuevas órdenes de la señora Merkel– ¿cómo diferenciar las propuestas socialistas y hacerlas más seductoras?</p>
<p>Al paso que íbamos, cuando estuviéramos en vísperas de elecciones el bipartidismo estaría tan agrietado por la carcoma que el menor esfuerzo demagógico podría hundirlo aún más. Esperar a esas vísperas podría resultar suicida para los exgrandes, sobre todo contando con que Izquierda Unida y la UPyD de Rosa Díez están empezando a medrar del hundimiento del PPSOE.</p>
<p>Pero Rosa Díez se apresuró a atacar al movimiento antidesahucios, lo que debilitó sus posibilidades de ascenso (las encuestas indican que casi el 60% de los españoles justifican incluso los escraches, como respuesta a la impunidad de los bancos). Y los de Izquierda Unida creyeron ver una inmensa cantera de votos en la recuperación del republicanismo. En otras cosas el PSOE va detrás de ellos con entusiasmo pero en la cruda ofensiva contra el Borbón los socialistas no podrían pegarse tanto a sus aliados.</p>
<p>Todo esto quiere decir que al 15M, nave nodriza de todos los movimientos de protesta, se lo intenta alejar lentamente de sus metas originales, que no eran, como algunos lo propiciaban, contra el bipartidismo sino contra el Sistema-contra una democracia falseada que se levanta sobre la base del hundimiento del principio democrático esencial: la soberanía popular.</p>
<p>Una cosa es el 15M, asambleario y antisistema por naturaleza, y otra los partidos políticos –todos ellos– que se desesperan por sobrevivir y no les importa en absoluto (izquierdas, derechas, revolucionarios, reformistas–) que su supervivencia represente una prórroga para el Sistema y el decaimiento de los poderosos movimientos sociales que han crecido sin cesar desde que se entronizó, esa sí como monarca absolutista, la crisis/estafa.</p>
<p>Todos los militantes de todos los partidos han sido recibidos con los brazos abiertos en el 15M pero difícilmente podrían saludarse con ese sentimiento fraternal los Rubalcaba o los líderes de un sindicalismo que resignó todas sus banderas y se entregó a las subvenciones del Estado, cuando no directamente a la corrupción generalizada.</p>
<p>Para forzar el pulso que desvía al 15M de sus metas iniciales, el republicanismo probablemente sea el instrumento más idóneo. El Sistema tiene muchos recursos. Aunque ahora a muchos le pueda parecer imposible, en un momento dado se puede incluso sacrificar al Borbón para que el Sistema se mantenga a flote. De repente, nos podemos encontrar con una espléndida república que solo será una remodelación de la fachada de esta falsa democracia– ¿O no hay acaso por doquier falsas democracias republicanas, como la francesa, sin ir más lejos, con un socialista al frente de un gobierno neocolonialista que está aplastando a África?</p>
<p>¡Que golpe tan duro sería que nos presentaran otra seudo democracia, simulando atender a la gran demanda anti monárquica–! No nos confundamos: el Rey Juan Carlos ha funcionado durante un tiempo como una pieza eficaz –pero el Sistema ni lo inventó él ni depende de él.</p>
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		<title>La &#8220;realidad&#8221; no existe</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Apr 2013 01:12:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Algunos economistas empiezan ya a decir lo que no dijeron ni en la pasada década ni en los «90… aunque no llegan todavía a responder a la gran pregunta: ¿quién es el acreedor de tanta deuda como «hay» en el mundo? Dejemos las preguntas retóricas: qué pinta aquí el «cobrador del frac» –los mercados– espantando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Algunos economistas empiezan ya a decir lo que no dijeron ni en la pasada década ni en los «90… aunque no llegan todavía a responder a la gran pregunta: ¿quién es el acreedor de tanta deuda como «hay» en el mundo? Dejemos las preguntas retóricas: qué pinta aquí el «cobrador del frac» –los mercados– espantando y hundiendo en la desesperación a los pueblos, diciendo quién debe pagar urgente, quien puede tomarse un respiro y quien no tiene ninguna urgencia para «devolver» el dinero. Nadie contesta a aquella pregunta… por eso, cuando le preguntaron a José Luis Sampedro qué era la economía, dijo: «es una ideología encaminada a justificar el poder del dinero».</p>
<p>Si miramos la realidad sin deformaciones nos podemos deslumbrar. Vivimos en un mundo de fantasía… Pero no es una fantasía llena de colores y formas voluptuosas, ni una poblada de monstruos y alimañas… Es como una pesadilla en la que, simplemente, todo lo que creemos real y concreto es falso.<span id="more-956"></span></p>
<p>Vivimos rodeados de bienes materiales con un «catálogo» que trae novedades cada día. Coches, televisores gigantes, dispositivos que combinan diversas «prestaciones», modas de todo tipo (desde las de vestir hasta las de comer) y un inagotable etcétera. Todo eso, que se nos ofrece con los más variados cantos de sirena, se consigue con unos papeles impresos que en cada país reciben nombres diferentes… entre nosotros se llaman «euros».</p>
<p>Esos papeles impresos tienen unos «fabricantes» misteriosos que pueden reducir o aumentar su circulación. Sabemos, por ejemplo, que los bancos, cuando otorgan préstamos, están directamente «emitiendo» dinero. Y si ingresamos dinero en ellos, lo utilizan sin pagarnos nada por ello. En cada país, el Estado y los bancos son los que regulan la existencia y la circulación del dinero. Día tras día el dinero fluye a mayor o menor ritmo, según las conveniencias de quienes manejan sus grifos.</p>
<p>Si algunos de esos bancos «saca los pies del tiesto» es (teóricamente) «castigado»…. ¡Pero sus gestores salen premiados y enriquecidos! Todas estas acumulaciones de dinero van creando la pirámide en cuya cúspide están los propios Estados, los más fuertes… y, por encima de ellos, los que tienen el poder real, los que dominan las tecnologías más sofisticadas y los que disponen del poder militar. En la cúspide de la pirámide, Estados Unidos.</p>
<p>Aunque el poder económico se mueve de acuerdo a sus propios intereses, permanece estrechamente ligado al poder político, que a su vez se respalda en el poder militar. Se trata de un mismo y gigantesco mecanismo de dominación. Los medios de comunicación cuidan que no nos metamos del todo dentro de la monstruosa realidad, casi totalmente escondida, de la que a veces vemos algo, fugaces flashes, como si los contempláramos entre el oleaje de un mar embravecido.</p>
<p>Siempre resultó difícil entender, por ejemplo, que los países convocaran con ansiedad al gran capital para movilizar la economía. Era difícil comprenderlo porque la experiencia indicaba que esos capitales producían ganancias que se llevaban a sus naciones de origen y, al cabo de un tiempo, terminaban quitando al país «ocupado» más dinero del que habían aportado&#8230; ¿Por qué buscarlo si al final termina siempre siendo depredador? A los países que intentaron contener las fugas de capitales «se les trató casi como a parias» por desafiar a los «dioses del Mercado», nos dice ahora el economista Paul Krugman, aludiendo a que lo intentó hacer Malaisia en los últimos años del pasado siglo. Y añade: «En casi todos los casos las crisis fueron la consecuencia de la llegada al país de una avalancha de inversores extranjeros, seguida de su desaparición repentina». Justo lo contrario de lo que ha sido durante muchas décadas la «doctrina oficial» de la economía&#8230;</p>
<p>El mundo de fantasía es el que nos hacen creer que existe a nuestro alrededor y la realidad parece, al estilo de las historias de Julio Verne, como metida en el fondo de las profundidades marinas… El Sistema hace la alquimia, crea la apariencia en la que vivimos enjaulados. No existe el gran acreedor, no existe el dinero (al menos ese que creemos que se obtiene «trabajando», cuando no nos dejan siquiera trabajar)… nos muestran montones y montones de «maravillas» y nos dan unos pocos papelitos para jugar…. Por eso la llaman «economía de casino»: el ganador es siempre el más corrupto; y el «gran público», que somos nosotros, no puede ni siquiera acercarse a las tragaperras.</p>
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		<title>Dos siglos atrás</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Apr 2013 07:53:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Suele decirse en casos parecidos que «si no existiera Kim-Jong-un habría que inventarlo». ¡Vaya responsabilidad inventar a un sujeto como ese! Pero hay quienes ven con alborozo su existencia y quizás querrían tener algo así en el caso de que la realidad no lo hubiera hecho brotar. Nos referimos sobre todo a Estados Unidos, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Suele decirse en casos parecidos que «si no existiera Kim-Jong-un habría que inventarlo». ¡Vaya responsabilidad inventar a un sujeto como ese! Pero hay quienes ven con alborozo su existencia y quizás querrían tener algo así en el caso de que la realidad no lo hubiera hecho brotar. Nos referimos sobre todo a Estados Unidos, que ve en Corea del Norte el tronco contra el cual afilar sus uñas€ y a unos cuantos militantes o pequeños grupos de ciudadanos que celebran la existencia de este foco atómico «anti imperialista».</p>
<p>A los norteamericanos, particularmente al Pentágono, un enemigo así, «surrealista» pero con armamento atómico real, le permite sostener los presupuestos militares más allá de los «drones» (aviones asesinos sin piloto) y otras minucias en cuanto a coste, y seguir dándole cuerda a las altas tecnologías militares en materia nuclear.</p>
<p>Se puede partir de la base de que para los pueblos de este planeta es positivo que exista un «contrapoder» que actúe como freno a la expansión de Estados Unidos, lo que se perdió hace más de dos décadas con el derrumbe de la Unión Soviética. Y es que, más allá de los genocidios y variadas ferocidades soviéticas, la existencia de un «matón» que desafíe al «capo de mafia» mundial tiene sus aspectos beneficiosos: no queda el planeta entero sometido a un único superpoder, como nos ocurre ahora.<span id="more-953"></span></p>
<p>Habrá quien argumente que las rivalidades y tensiones al estilo de la guerra fría nos mantenían siempre al borde de guerras locales e incluso de una nueva «gran guerra» cargada de amenazas de destrucción masiva. Pero es que la existencia de un superpoder único, global, no evita la multiplicación de guerras localizadas y, como se ve ahora con los desplantes de Corea del Norte, ni siquiera nos pone a resguardo de una «guerra exterminadora».</p>
<p>Algunos cronistas manipuladores comparan rápidamente la situación en el Pacífico con la de Medio Oriente, aludiendo a proliferaciones atómicas que puedan nacer alimentadas por «el temor a Irán». Estas elucubraciones son pura propaganda: ni hay pruebas de que Irán disponga ya del arma atómica, ni son los iraníes quienes propician una «carrera» a la que llegarían últimos; aquí no hay nadie que «se lo esté pensando»: disponen ya de la bomba atómica en China, en Pakistán, en la India, en Israel€</p>
<p>Otra manipulación que nos cuelan cuando pueden es la de poner a Rusia y a China en posición de «superpotencias» que tratan de impedir la expansión de los norteamericanos en el Pacífico. Por supuesto que tratan de impedirlo pero no porque disputen la hegemonía a los norteamericanos en el terreno militar, sino porque nadie quiere que Washington ocupe cada vez mayor «espacio»€</p>
<p>Los que gustan creer también en esos «cuentos» sobre la superpotencia rusa o la superpotencia china (que sí puede serlo pero solo en el terreno económico) son aquellas personas y grupos que aún agitan la palabra «comunismo» como si con ella pudieran convocar otros tiempos. A este respecto conviene puntualizar varias cosas. La primera, que aquellos tiempos que algunos añoran fueron verdaderamente monstruosos: dictaduras brutales, represión permanente, asesinatos y genocidios. La segunda, que ni en Rusia ni en China quedan siquiera rastros de las ideologías comunistas originales: son países integrados totalmente en el sistema capitalista (con sus peores lacras incluidas: la corrupción está ampliamente ramificada) y que intentan frenar a Washington pero se cuidan muy bien de interponerse en el camino del capitalismo reinante, al que se han adaptado con impresionante rapidez.</p>
<p>Quienes quieran soñar con ideologías que algunos llaman «comunismo», no solo están en su derecho sino que la realidad de hoy les alienta. Un pensador francés (Alain de Benoist) escribió hace ya unos cuantos años: «El comunismo ha sido una mala respuesta a una buena pregunta. Y esa pregunta sigue (€) planteándose con más fuerza que nunca». Y añadió: «El movimiento socialista, cuyas aspiraciones habían sido desviadas por el comunismo soviético, ha sido siempre producto de la injusticia liberal, de la explotación capitalista y de la mercantilización de las relaciones sociales».</p>
<p>Se ha dicho (creo que fue el humor de Idígoras y Pachi) que Kim-Song-un nos ha hecho retroceder un siglo€ Eso será, quizás, por ese infernal juego con el arma atómica; en cuanto a los desplantes, tal vez sean por lo menos dos siglos.</p>
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		<title>¿Quién empezó?</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Mar 2013 10:13:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en La Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Las peleas infantiles solían arbitrarse con un «¿quién empezó?» Aquel mítico califa de Bagdad de Las mil y una noches, Harum Al Raschid, iba embozado por las calles y trataba de impartir justicia con sincera ausencia de favoritismo hacia los contendientes, desconocidos para él. Aquel principio de justicia no parece haber salido de las páginas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las peleas infantiles solían arbitrarse con un «¿quién empezó?» Aquel mítico califa de Bagdad de Las mil y una noches, Harum Al Raschid, iba embozado por las calles y trataba de impartir justicia con sincera ausencia de favoritismo hacia los contendientes, desconocidos para él. Aquel principio de justicia no parece haber salido de las páginas del libro para germinar en las calles de la realidad.</p>
<p>Un rotundo artículo de Rosa Díez, titulado secamente No, enlaza argumentos para sostener que el «escrache» debe rechazarse sin margen de dudas. Tropezar con la palabra «escrache» es caer en terreno pantanoso porque se trata del argot lunfardo de Buenos Aires. Raúl del Pozo dice que es «algo así como patota o gresca callejera». El diccionario lunfardo explica que «escrachar» significa «arrojar algo con fuerza». La palabra se actualizó con los finales del siglo XX, cuando Argentina desembocó en una crisis de tal tamaño que las grandes manifestaciones terminaron pidiendo, simplemente, «que se vayan todos». «Escrachar» era plantarse ante un edificio o una casa, para señalar que allí estaba (o se ocultaba) alguien que había sido protagonista o cómplice de sucesos ignominiosos: agentes o torturadores de la dictadura militar, o responsables de desfalcos, estafas, fugas de capitales, «corralitos» y miserias varias–<span id="more-951"></span></p>
<p>Reconoce Rosa Díez: «Uno de los mayores males de nuestra democracia es la impunidad». Y añade que la falta de transparencia «nos distingue de los países en los que existe una democracia de calidad». Se echa de menos que nos diga cuáles son esos países. Seguramente no se referirá a la Norteamérica de las cárceles secretas, las torturas y los asesinatos con aviones sin piloto. Tampoco aludirá a naciones europeas que han sido y siguen siendo cómplices de los Estados Unidos; no será Alemania, que está arrojando a la miseria a pueblos enteros; ni Francia, que ha reciclado el colonialismo bombardeando a un país indefenso.</p>
<p>Efectivamente, los «escraches» pueden ser acusados de «ilegalidad». Recuerdan claramente los comienzos del sindicalismo, que desbordaba los límites del orden establecido para defenderse de empresas que contrataban matones para apalear y obligar a trabajar a los huelguistas y en ocasiones asesinar a los líderes. Por aquel entonces parecía bastante claro a quién le hubiera dado la razón el Califa de Bagdad: habían «empezado» los patrones, con salarios de hambre, explotación infantil, trabajo a destajo sin el menor descanso– ¿Y ahora? ¿Quién empezó? He visto una lista de 13 suicidios de 2012 y otros 13 en lo poco que llevamos del 2013€ suicidios atribuibles a la crisis/estafa, casi siempre vinculados con los desahucios.</p>
<p>Se queja Rosa Díez de que unos manifestantes siguieron insultándoles después de que el Congreso votara a favor de dictar una ley antidesahucios€¿No querían eso?, se pregunta. Ni siquiera se le pasa por la cabeza que la indignación no cejara cuando la ley no va a resucitar a los suicidas. ¿Ignora, quizás, que se llegó a esta situación porque un Sistema, al que ella pertenece, premió a los estafadores y está llevando al pueblo español a inéditos extremos de desesperación?</p>
<p>Añade el artículo: «€ Pero el compromiso de acabar con la impunidad no puede ser selectivo». ¿Se trata, entonces, de perseguir a los manifestantes que acuden a las puertas de los políticos para «escracharlos», pero no a los que nos llevaron hasta este desastre?</p>
<p>La trampa del razonamiento está en anunciarnos que «puede ocurrir» lo que ya ocurrió. Los suicidios ya se han consumado. Y la pérdida de conquistas y nivel de vida se consuma día a día. Ella anuncia que no aceptará jamás que una «democracia asamblearia» sustituya «al voto emitido por los ciudadanos en la urna»– ¡pero sí está aceptando que el poder financiero tuerza la voluntad del pueblo español y nos imponga una miseria creciente, como la que ahoga a Grecia, Portugal o Chipre!</p>
<p>Algo parecido está ocurriendo con Izquierda Unida: todavía no ha roto con el Gobierno andaluz, aunque esté a la vista que hay todo tipo de complicidades en el entramado de los ERE» y que los grandes sindicatos han recibido una gorda tajada de aquellas estafas.</p>
<p>Mientras están renegando de todos los valores de la democracia nos piden que la protejamos de unos insidiosos enemigos que serían los «escrachadores» y no el conjunto de la casta política y del poder económico. ¿O cabe aquí alguna duda sobre «quién empezó»?</p>
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		<title>¿La iglesia quiere salvarse?</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Mar 2013 07:53:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Eichelbaum</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos en La Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[No sé por qué se me ha puesto entre ceja y ceja que tiene que haber una conexión entre la elección del Papa Negro y los «drones» del Presidente Negro. Pero por más vueltas que le doy me salen al encuentro esas frases que se burlan de las comparaciones: un tema y otro parecen tan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No sé por qué se me ha puesto entre ceja y ceja que tiene que haber una conexión entre la elección del Papa Negro y los «drones» del Presidente Negro. Pero por más vueltas que le doy me salen al encuentro esas frases que se burlan de las comparaciones: un tema y otro parecen tan alejados como la velocidad del tocino o el culo de las témperas.</p>
<p>Los «drones» del Presidente Negro están siendo objetados por los rivales de Obama, que quieren complicarle la vida al presidente. Algunos se quejan, con razón, de que el gobierno de los Estados Unidos (la mayor democracia del mundo, suele decirse) no ofrece suficiente información sobre estos asesinatos y se ha llegado al extremo de matar a un ciudadano norteamericano, sospechoso de ser jefe de Al Kaida en Yemen. Parlamentarios republicanos y también algunos demócratas, reclaman mayor transparencia. Esta reivindicación tiene un fuerte toque de humor negro: la mayor democracia del mundo€¿no deberían plantearse, más allá de la transparencia, la monstruosidad de cometer sistemáticos asesinatos de Estado? ¿No deberían preguntarse si 4.700 asesinatos (este es el dato que dio un senador republicano) no resultan una cifra atroz, no constituyen una «práctica» que echa por tierra todo el sistema de garantías? ¿No deberían volverse todos los dedos acusadores al bueno de Obama para señalarlo como alguien que se está cargando el propio sistema democrático? ¿No es el final de la democracia que el país «líder» del frente político de naciones que estimulan, impulsan y promocionan dicho sistema político haya asesinado sin juicio ni defensa posible a Bin Laden€? ¡Pero, además, a otros 4.700 «sospechosos»!<span id="more-948"></span></p>
<p>Los nuevos dirigentes chinos (los cambios en China son aún más lentos que los de la Iglesia: ¡recién ahora hay 2 mujeres en el politburó de 25 miembros!) se plantean tener un ejército «capaz de ganar batallas»&#8230; siguen hablando de la guerra como si estuviéramos en la época de Napoleón€ Estados Unidos tiene ya una serie de artilugios tecnológicos para la guerra del futuro. ¡Una guerra que están librando ellos solos contra un enemigo inexistente! Es obvio que hay por el mundo terroristas, a veces organizados en grupos y bandas€ Pero no es menos evidente que se trata de unas «pandillas», de pequeñas células que hacen pie en unos pocos sitios del planeta, que están vigilados constantemente y que son objeto de persecución sistemática€Como suelen ser musulmanes y se «ocultan» en países musulmanes, ofrecen a Occidente la «ventaja» de que se puede matar impunemente a todos los civiles que les rodean: nadie se angustia demasiado en Occidente porque «solo» son musulmanes.</p>
<p>Hace más de 7 años que los norteamericanos desarrollan medios de guerra cibernéticos o aéreos sin pilotos. Hace poco, un reportaje nos ilustró sobre la variedad de armamentos de los que casi nunca se nos habla: el software «Riot» permite rastrear las redes sociales en busca de huellas de «agitadores» que mañana pueden ser «terroristas» (permiten predecir nuestros comportamientos) y ya no sabemos si la estrategia del Imperio es ahora la de matar a esos seres potencialmente peligrosos antes de que ellos mismos sepan que pueden llegar a ser terroristas€ Los UCAV son armas integradas: plataforma volante de control remoto, enlaces vía satélite, cámaras para seguimiento de objetivos€ Pueden detectar y matar personas en cualquier lugar del planeta. Las bases para operar van desde Nueva México hasta Arabia Saudí pasando por Irak, Pakistán, Seychelles y Niger. Como acota el autor del reportaje: «queda agotado el espacio para la ciencia ficción». Hay mucha gente que se espanta pero se tapa los ojos. Cuesta creer que todo el paripé democrático se derrumbe de un plumazo (ya incluso no es lo principal que caigan tantas «víctimas inocentes», porque para un sistema democrático todos los que mata el Imperio están bajo presunción de inocencia).</p>
<p>¿Y el Papa Negro? ¿Dónde nos queda el Papa Negro? Tal vez haya una «conexión». ¿Cómo es posible que una Iglesia que parecía dominada por el Opus Dei o los «Neocatecúmenos» haya elegido un Papa jesuita y que se «apunta» voluntariamente al espíritu franciscano? Si hay que encontrarle una explicación a este fenómeno, sin caer en la magia del Espíritu Santo, tendremos que rebuscar por el lado de los «drones» y de una democracia que se hunde€. ¿Será que la Iglesia no quiere derrumbarse arrastrada por un Sistema en crisis terminal?</p>
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		<title>Chocan dos mitos&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Mar 2013 08:49:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si queremos ver un poco más de lo que nos muestran tenemos que salirnos de la huella. Nos estamos refiriendo a Hugo Chávez y a las visiones opuestas que se nos quieren imponer. Una de ellas nace de la necesidad de apuntalar el mito. Un mito que comprende todo lo que se puede nombrar como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si queremos ver un poco más de lo que nos muestran tenemos que salirnos de la huella. Nos estamos refiriendo a Hugo Chávez y a las visiones opuestas que se nos quieren imponer. Una de ellas nace de la necesidad de apuntalar el mito. Un mito que comprende todo lo que se puede nombrar como «izquierda» pero también todo lo que abarca el campo de los pueblos frente al poder del imperio, todo lo que se transforma, de un modo u otro, en resistencia al poder globalizado.</p>
<p>El símbolo de ese gran conglomerado es la presencia del presidente iraní, Ahmadineyad, y que, según los cronistas de los fastos fúnebres de Chávez, fuera el más aplaudido.<span id="more-946"></span></p>
<p>Pero en el caso de Chávez hay una connotación que le da un pronunciado matiz «izquierdista»: su estrecha relación con la Cuba de los hermanos Castro. Hay una complicada maraña de símbolos y códigos que vincula al enorme continente que se yergue al sur del Río Bravo con Cuba. En los momentos de fuerte polarización Cuba se ha elevado como el desafío al Imperio, y ese valor simbólico ha tenido un enorme peso. El castrismo ha sido la astilla que marcaba la posibilidad de dañar al súperpoder, más que nada porque el propio Imperio persistió absurdamente en su bloqueo de la isla (que hasta Franco rompió con autobuses Pegaso). Acosada por el Imperio, Cuba estuvo también limitada por el otro Imperio, el soviético, que la mantenía con el nudo ajustado: azúcar pagada a buen precio con toneles de petróleo. La supervivencia pero poco más. No hubo «espacio» para el sueño de diversificación económica del Ché Guevara.</p>
<p>Por ese persistente valor simbólico, Cuba fue siempre una amistad a cultivar por quienes querían marcar claramente a qué bando pertenecían. Por eso ahora Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Venezuela&#8230; incluso, a cierta distancia, Argentina y Brasil€ quieren dejar señalizada su amistad con el castrismo, por muchas diferencias que mantengan y por notables que sean las «renuncias» de la revolución cubana. Tras las grandes banderas revolucionarias vino una interminable serie de «recortes» que dejaron a la isla convertida finalmente en un duro esfuerzo por mantener una buena atención médica y una educación universal que casi se quedó en alfabetización. Poco para una revolución que surgió con tantas ínfulas pero bastante para un contexto centroamericano de pobreza asesina, donde el terremoto de Haití sigue siendo la herida incurable abandonada por todos.</p>
<p>¿Pero qué pasa en el otro «bando»? ¿Qué pasa en el mundo del capital financiero salvaje? Lo suyo es leer a Mario Vargas Llosa que casi siempre nos indica la dirección€ equivocada. Se trata simplemente de sostener otro mito, el de la «democracia». De modo que cada palabra que se diga contra Chávez tiene que reforzar el credo que rige en Occidente. Este escritor, que lleva tantos años poniendo su nombre (y su fama literaria) al servicio del Sistema cae por momentos en la calumnia, calificando a las guerrillas del FARC colombiano de «vasallas» de Chávez. Sin embargo, no le queda a Vargas más remedio que reconocer que Chávez «nunca acabó de cerrar todos los espacios para la disidencia y la crítica», y que las elecciones, «por lo menos algunas de ellas, como la última, las ganó limpiamente»-</p>
<p>Ya en el final aconseja a los venezolanos no perseverar «en el error populista y revolucionario», sino «en la opción democrática, es decir, en el único sistema que ha sido capaz de conciliar la libertad, la legalidad y el progreso, creando oportunidades para todos en un régimen de coexistencia y de paz». O sea: frente al mito del caudillo popular que fue capaz, por encima de todo, de redistribuir la riqueza, de amortiguar el hambre y mejorar la salud en los gigantescos barrios de chabolas, ese arruinado anfiteatro que rodea a Caracas, hay que optar por este otro mito: el de una democracia que dé «oportunidades para todos». ¿Cuál democracia será? ¿En qué mundo vivirá Vargas?</p>
<p>Hace algunos años, el venezolano Boris Izaguirre escribía sobre Caracas y recordaba cómo, ya de mayor, por primera vez en su vida había «subido» a ese mundo de chabolas y la enorme impresión que le había causado visitar aquella «mitad» desconocida€ Que Chávez haya llegado a ser caudillo popular –un «título» que nadie regala– ocurrió porque dio visibilidad a esa mitad invisible de Venezuela. Eso que tantos años de «democracia» no habían conseguido.</p>
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