Qué querían los mercados

Puede ser que haya llegado el momento de saber cuál es el propósito ‘último’ de los famosos mercados. Qué querían. Qué quieren ahora. Hace ya un tiempo que me entró la cruel sospecha de que pretendían cargarse al proyecto europeo: morder los debilitados flancos de la Unión (los corresponsales empiezan a llamarla ‘Unión’ a secas: será para compensar que es cuando menos unida está).

¿A qué ensañarse con Europa?. Era, por decirlo de alguna manera, una “nueva oportunidad de negocio”. Los negocios en el tercer mundo siempre van viento en popa pero cada vez más claramente se trata de morder a animales flacos y enfermos, machacando países casi inexistentes, llevándose, como siempre, materias primas vitales de todos los tiempos y las nacidas de los nuevos tiempos (como el coltan).

Morder en Estados Unidos es siempre más difícil. Ni los propios mercados se atreven a comenzar a dar bocados al gigante, tal vez porque el gigante puede revolverse furioso y los sensibles mercados no son muy patriotas pero, si de alguna patria conviene disponer para pilotar la ‘corrección política’ mundial, esa es la patria imperial.

Si no existieran esos reparos, Estados Unidos debió haber padecido antes que Europa porque el gigante tiene una deuda también gigantesca. De modo que la economía norteamericana pudo dejar de resbalar y trata de volver a tenerse en pie. Y la de los chinos, por precaución, ha asumido una ‘velocidad de crucero’ algo más moderada.

Lo más práctico era, entonces, apurar la demolición de Europa. Pero tal vez ahora estemos en un punto de inflexión. Conviene atajar a los que en seguida quieren buscar explicaciones políticas (aunque, curiosamente, son los que todo lo remiten a lo económico): no se trata de que en Francia pueda ganar un socialista, Hollande. La mismísima señora Merkel acaba de dar uno de sus inesperados vuelcos, adelantándose a la segunda vuelta de las elecciones francesas y dando por perdido (aunque nunca se sabe) a su gran aliado de la austeridad, Sarkozy. La Merkel y el Hollande van a encontrarse en un punto: la primera corrección a la salvaje política de austeridad impuesta al influjo del poder de los mercados.

Y es que no parece que se pueda seguir exprimiendo más, sin dar al menos un respiro. Todas las sogas están ajustadas al máximo, de casi toda la periferia europea gotea miseria creciente y el derrumbe del ‘bienestar’ es ya un paisaje después de la batalla. A partir del 6 de mayo se entrará en la nueva etapa: segunda ronda en Francia y elecciones en Grecia, donde se presume que va a quedar un ‘parlamento collage’ con 8 ó 10 partidos representados. ¿Cómo aplacarán a los mercados? En principio, podrán seguir mordiendo el ancho espacio que les ha quedado despejado por la ‘austeridad’. En algunos sitios, como en nuestra España, los recortes serán una ‘sección fija’: los anunciarán todos los viernes, como para convertir al lunes, revirtiendo su papel tradicional, en un día de alivio. Pero la nueva baza será darles entrada en un gran fondo de unos 200.000 millones de euros (por ahora solo se dispondrá de un 5 o 10% con capitales públicos como ‘carnada’), bautizado por el poder como ‘Pacto por el Crecimiento’ y explicado como un nuevo Plan Marshall, pero de ‘autorescate’. También se lo podría llamar Plan de Reconstrucción, imitando los que se despliegan en los países arrasados por los ejércitos imperiales, como Irak o Afganistán. Estaría encargado de crear nuevas infraestructuras, de ‘madurar’ las energías verdes y de aventurarse con tecnologías avanzadas. ¡Ese es el nuevo ‘negocio’! Un hueso por ahora con poca carne pero que –se espera- pueda atraer a los mercados, que creerán que la Unión, efectivamente, necesita una transfusión para no hundirse del todo.

Y es que el influjo de una estructura de poder capitalista es tan poderoso que incluso en Grecia, donde es entendible un espíritu ‘homicida’ contra la clase política que hundió al país, las encuestas dicen que el 70% no se atreve a abandonar el barco europeo. Lo sienten como arrojarse a un precipicio en cuyo fondo –dicen- corre un pequeño arroyo de agua límpida….Seguiremos –griegos, españoles y todos los traicionados y envenenados ciudadanos de la Unión— embretados en esta falsa ‘Unión’ mientras nos quede una expectativa de supervivencia: casi nadie se apunta a la esperanza de que se pueda caer justo sobre el cauce de agua fresca que dicen que hay al fondo del precipicio.

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