Orwell en la ‘nube’

Hace más de 10 años (en febrero de 2003) publiqué en El Correo de Andalucía de Sevilla un artículo titulado «La ciudad sin ley». Eran los tiempos en que denunciaba que vivíamos en una dictadura mundial. El artículo terminaba así: «…tras haber convertido en papel mojado cualquier principio de derecho internacional, se considerarían (los norteamericanos) libres de todo freno para actuar a su arbitrio sobre el planeta. Para ser frente al mundo entero (aunque no ante su manipulada opinión interna) una dictadura global sin disimulos».

Ahora, el gobierno de Obama ha tenido que reconocer abiertamente que desde hace varios años espían en el mundo entero a los usuarios de las redes sociales con el auxilio de las grandes multinacionales que dominan internet. Era un secreto a voces. Pero lo tragicómico del caso es que lo presentan como algo «legal». Porque la cosa comenzó con Bush, con autorización del Congreso y de un juez… ¡de un tribunal secreto creado para «legalizar» la flagrante ilegalidad! Una justicia paralela (como los tribunales especiales del franquismo) para crear una pantalla de supuesta legalidad.
Seguir Leyendo »

Capacidad de asombro

No me imagino que Colón, en su segundo viaje –y en los siguientes—pusiera, al llegar a América, la misma cara de sorpresa que la primera vez. «Ooohhhh… ¿Qué es esto? ¡Hemos llegado a las Indias viniendo en dirección prohibida!». No me lo imagino: el impacto de haber llegado a esas tierras se habrá producido solo la primera vez. Después habrá habido otros motivos de preocupación y de sorpresa pero ya no ése. Todas las veces el vigía habrá gritado «¡Tierra!» pero solo la primera vez habrá causado admiración y asombro tropezarse con esos territorios en vez de «caerse del mapa» siguiendo los cánones precolombinos de que la Tierra era plana.
Mucha, muchísima gente, sigue descubriendo todos los días cosas tan evidentes como que vivimos en un mundo de corrupción donde las mafias no hacen más que crecer y, consiguientemente, la pobreza también. Las autoridades chinas, que manejan el país con el piloto automático, han graduado unos puntos de disminución de la miseria por cuestiones vinculadas a necesidades macro económicas. Pero en términos planetarios la pobreza no disminuye y el abismo entre pobres y ricos aumenta sin cesar. Podemos seguir denunciándolo, obviamente, pero ya no nos podemos asombrar.
Resulta ridículo que dediquemos a este poder universal, cruel y genocida, intentos de condena del tipo de «¡no sé cómo no se les cae la cara de vergüenza!» ¿Cuál cara? Si el poder no tiene rostro, aunque nos guste identificarlo con el Club Bilderberg, al que se puede ver como un grupo de «gerentes» globalizados cuando se trata de encuentros entre mafiosos, bien parecidos a las cumbres de la «cosa nostra» retratadas tantas veces por Coppola. Y ¿cuál vergüenza? ¿Le preguntaríamos al Padrino si no le avergüenza haber matado a un rival? Hasta Marlon Brando incluiría una sonora carcajada en su impecable creación del cinismo, seña de identidad de los mafiosos.
Otro asombro que ya aburre es el «descubrimiento» que denuncia con aire irritado que tal señor, titulado socialista, en realidad «no es de izquierdas». Esto ocurrió con Felipe González y con muchos otros, como Toni Blair o el francés Hollande… ¡y cada vez provoca sorpresa!
¿No hay forma de «registrar» que la izquierda, tal como la conocimos, hace mucho tiempo que no existe? Ni existe en Europa ni existe en Rusia, ni era izquierda cuando Rusia era el gran poder dentro de la Unión Soviética. Ni existe en esta China conducida por un Partido Comunista que hace décadas que perdió toda conexión con la idea comunista original.
En España tenemos ahora dos movidas que agitan al Gobierno, a cargo de dos expresidentes que hoy son solo empleados de multinacionales: José María Aznar y Felipe González. El felipismo hace ya un tiempo que está buscando un «pacto» entre PSOE y PP, para crear un «sólido frente» ante Europa. ¡Pero si ese frente existe ya! ¿Pactar para seguir haciendo lo que vienen haciendo cada día, que es obedecer a los poderes financieros?
Y del otro lado, Aznar. Es, simplemente otra «familia» mafiosa. Pretende que Rajoy sea aún más duro. Pero sobre todo quiere un «cambio de guardia» porque el presidente está demasiado desprestigiado y él (Aznar) cree que, recordando su gracioso eslogan de «España va bien» (una bandera que nos trajo a esta catástrofe) podrá recuperar algunos de los votos perdidos.
Suele hablarse de que la realidad termina por hacernos perder «la capacidad de asombro». Pero parece que el problema con analistas, politólogos, catedráticos de lo que sea y presuntos ideólogos, es el contrario: no paran de asombrarse ante las mismas «noticias». Las propuestas políticas y los pactos que hace rato que están en vigor, aunque nadie los haya firmado, no son más que un gran telón detrás del cual, entre bambalinas, todos son negocios turbios, estafas y robos, tras los cuales hay todavía otra realidad aún más cruel: la miseria sigue creciendo sin parar, a la par que la acumulación de poder y de riqueza. O sea, que siguen atendiendo a los «signos exteriores» y siguen ignorando que son solo mafias que explotan, maltratan y matan. Como todas las mafias.
Si, ya sé que Colón no descubrió nada. Fueron los indios los que «descubrieron» un inmenso poder que venía, justamente, a explotarlos, maltratarlos y matarlos.
Ahora pasa lo mismo: ellos no descubrieron nada… somos nosotros los que estamos descubriendo cómo funciona esto. Está a la vista cada día de un modo más brutal. Lo vemos, lo vemos, lo vemos… ¡y seguimos asombrándonos!

Francia, el Israel europeo

Los burócratas le echan la culpa a presuntos neonazis del hundimiento del proyecto europeo, un trabajo metódico de «deconstrucción» que hicieron entre ellos y los políticos

Los pequeños partidos antieuropeos (rápidamente catalogados como neonazis) están siendo ya enfilados como los culpables de que se esté disolviendo el proyecto político de unidad continental.

Resulta tragicómico que quienes frustraron la posibilidad de fundar realmente una Unión Europea estén ahora buscando culpables para no asumir que fueron ellos, políticos y burócratas, los que hundieron la posibilidad de consolidar un continente unido.
Es como si un laboratorio medicinal experimentara inoculando a un paciente un virus que le provocara una reacción alérgica y los médicos dijeran que la alergia –no el virus– está matando al enfermo.
Las fuerzas políticas llamadas «euroescépticas» nacieron al calor abrasador de una gran estafa que dura ya un lustro y que se presenta bajo la apariencia de una crisis. Estamos ante la aceleración de un mecanismo perverso que se mueve simultáneamente hacia tres objetivos: uno, la concentración aún mayor del poder económico/financiero y la extensión de su dominio hasta el último rincón del planeta; dos, el sometimiento total de la casta política y los medios de comunicación; tres, la acumulación de una variada gama de medios represivos que defienden al poder «macro» (misiles que pueden llegar en tiempo récord a cualquier punto del planeta) y al poder micro, controlando el ciberespacio con drones y una variedad de artefactos minúsculos para el espionaje y el crimen organizado de las mafias de Estado.
A la par que se extienden esas sofisticadas armas y herramientas se inicia una operación de marketing para el «lavado de imagen» del Imperio: puesto que ya no hay necesidad de grandes guerras locales para asegurar las fuentes de energía, ha llegado la hora de volver a ofrecer la vertiente paternalista del poder imperial. Para ello, Estados Unidos estimula a algunos países europeos, sobre todo Francia, para que repriman al «antiguo estilo», con bombardeos e invasiones, lugares donde surgen pequeños focos de resistencia. Los franceses son los encargados de asumir el desgaste que supone el neocolonialismo en Somalia, Mali o Túnez. Francia ha asumido para el norte de África un papel similar al que viene cumpliendo Israel en el Cercano Oriente. Ese protagonismo francés ya se vio en Libia y mañana puede presentarse en Siria.
Pero resulta que este nuevo paso, el de la instrumentalización geopolítica de Francia (que también defiende sus propios intereses, claro está) deja ver cómo Alemania ha puesto distancia y no se deja arrastrar por Estados Unidos…
Este es, pues, quizás el último fleco de la desintegración de la Unión Europea: que Francia sea brazo ejecutor de los norteamericanos y Alemania se niegue a cumplir ese papel. Retrocediendo, podemos ver toda la «película», esa que han troceado (mostrando algunos trozos, escondiendo otros y manipulándolo todo). Porque la estrategia norteamericana vio con entusiasmo cómo, tras la reunificación alemana, le costaba tanto a Europa reacomodar las cargas de los desniveles económicos que suponía incorporar a la Unión Europea a países débiles, como Grecia, Portugal, la pequeña Chipre, o incluso Irlanda y España. Y muy poco después, cuando la UE parecía todavía una serpiente boa con la forma gigantesca del conjunto de países que trataba de digerir, llegó el trago enorme de la Europa del Este: se incorporaron países que habían sido machacados por el poder soviético y que resultaron aliados naturales de Washington.
Si lo que se pretendía era crear una Europa unida y fuerte la estrategia no pudo ser más desastrosa. Europa crecía desaforadamente y se movía con lentitud, con el paso vacilante que le imponían esos delgados primos del Este y con el tonel sin fondo de las ayudas a las economías más débiles, que tragaban euros sin masticarlos.
Cuando se vio que Europa era la principal víctima del avance de los mercados sobre el mundo entero, el mal estaba muy avanzado: la Unión Europea sigue padeciendo su mecanismo crónico de centrifugado (la unión política sigue siendo una quimera) y reacciona como un animal herido y frágil, viendo como el Reino Unido pone distancia otra vez y cómo cada economía débil, al Este y al Oeste, se revuelve ante los mordiscos de los mercados. Los reales o presuntos neonazis y los grupos radicales de todo pelaje tuvieron poco que hacer hasta que la gran estafa dejó la trama a la vista…

¡Y ahora resultan ellos los acusados de hundir a Europa!

Comments Off

Entre Kennedy y Bush

Obama pone a prueba su fuerza y su futuro con la idea de cerrar la «guerra inexistente» contra el terrorismo. La necesidad de «blanquear» un poder desbocado por invasiones y asesinatos

Desde que fue elegido la primera vez, muchos nos preguntamos hasta dónde querría y podría llegar Obama. ¿Cuál sería el «karma» de Obama? ¿Hasta qué punto tendría que ser, por fuerza, una reencarnación de Bush…? ¿O sería, tal vez, la continuación, tras un largo intervalo, de la «gran reforma» política que alentaba John Kennedy… intención que tanto aceleró el final de sus días?
Quizás cabe todavía una tercera posibilidad, trazando un caprichoso puente entre la reforma kennedyana y la contrarreforma de Bush. En tal caso los historiadores podrán contar las cosas más o menos así: «Obama, el primer presidente negro de la historia norteamericana, tuvo que hacerse perdonar sus afanes de cambio, disimulándolos durante varios años, convencido de que la exhibición descarnada de sus ideas podía costarle el gobierno y quizás la vida.
Pero llegado a un punto, cuando se sintió suficientemente fuerte, comprendió que solo podía seguir avanzando si plantaba cara al auténtico poder de su país. Ese poder que seguía estando ahí, no semioculto, como en los tiempos de Eisenhower; ni escrupulosamente escondido y protegido por un ejército de cómplices, como cuando mataron a Kennedy; ni enteramente a la vista y arrogante, como cuando el reciclado ‘complejo militar-industrial’ se encarnó en la figura, maleable como un muñeco de goma, de Bush junior».
Desde los suburbios del mundo o desde esta misma Europa, que ha perdido su centralidad, se han seguido viendo las atrocidades que cometen los norteamericanos con la doble moral de siempre: unos, como productos de las «servidumbres» del poder planetario, con Guantánamos, cárceles secretas, torturas «legalizadas», guerras contra los pueblos presentadas como restauradoras de democracias inexistentes (Afganistán, Irak, Pakistán…), asesinatos cometidos por robots (drones); otros, pensando que el poder global nunca estuvo en peligro y que tales atrocidades no eran más que eso, sin justificación ni redención posible: atrocidades.
Ha tenido que ser la misma «lógica interna» del Sistema la que ha llevado a Obama a hacerse las preguntas que de alguna forma se habían hecho casi todos los habitantes de este planeta. La transcribe así un corresponsal que escuchó el discurso del presidente del pasado 23 de abril: «es espeluznante pensar que la nación que se proclama  guardián de los derechos humanos mantenga retenidos dentro de 10 o 20 años a un puñado de individuos que ni siquiera han sido acusados de algún delito». En su discurso, Obama proclamó la necesidad de «redefinir» y llegar a «revocar» la ley que, tras el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, dio al presidente poderes prácticamente ilimitados para actuar contra cualquier «amenaza», en cualquier lugar del planeta.
La «guerra contra el terrorismo», sigue siendo algo que para muchos no se parece en nada a una guerra sino más bien a la creación de una suerte de «policía planetaria». Obama dijo ahora: «como todas las guerras, tiene que terminar. Esto es lo que dice la historia, esto es lo que nuestra democracia nos demanda». Tarde parece para «blanquear» un proceso tan turbio y brutal como el que Estados Unidos ha recorrido, en solitario pero con muchos cómplices. Tan dudosa es todavía la «salida» de ese túnel que el mismo corresponsal subraya que habrá que cerrar de una vez por todas Guantánamo pero en cuanto a los «drones» (que en la «era Obama» cometieron más asesinatos que nunca) no habla de suprimirlos sino solo de «limitar su uso». Y es que llegado a ese punto están las prioridades del Pentágono, bajo la creciente influencia de la CIA.
En el Reino Unido y en Francia acaban de producirse atentados de presuntos terroristas islámicos a los que ya llaman «lobos solitarios» y es obvio que ningún estado entra en guerra para perseguir a unos delincuentes. Y ahora Obama dice, refiriéndose a esa «extraña guerra»: «tenemos que definir la naturaleza y el alcance de esta lucha o ella nos definirá a nosotros». Y este es el caso: esta presunta guerra ya ha definido al Imperio, cuyos soldados y espías parecen llevar todos en su mochila aquella orden que el Rey de Francia (Luis XIII) había firmado para proteger al mosquetero D’Artagnan: «Por orden mía y para bien de Francia ha hecho el portador de la presente lo que ha hecho». Todo legal. Lo dice el Rey. O lo dice el Imperio.

Comments Off

Destripar encuestas

Cuando se muestra tanta ansiedad por encuestar a los ciudadanos no suele ser sana curiosidad sino avidez por utilizar los resultados y las «interpretaciones» de los datos para intentar remendar el Sistema

Los medios de comunicación se han lanzado en estos días a una fiebre encuestadora. Siempre que surge tal «ansiedad» por saber qué opinan los ciudadanos hay alguna intención aviesa. Días pasados comentamos cómo se hacían pequeños «retoques» en la interpretación de una encuesta sobre la Casa Real, para hacer coincidir los deseos con los resultados aritméticos. Preguntaban a la gente dos cuestiones que se sacaban de la manga: una especie de «pacto anticrisis» y otro «pacto de Estado» para reformar la Constitución, propuestas que no estaban concretadas ni aparecían como exigencias de nadie… preguntar por ellas era una forma de darles vida.
Otra empresa encuestadora ofreció ahora datos muy recientes de intención de voto que ponían al PP en 22,5% y al PSOE en 20,2, de tal modo que los dos «grandes» no solo estaban, sumados, por debajo del 50%, sino ya por debajo del 43%. Izquierda Unida había trepado hasta el 16,6, apenas 3,6 puntos debajo del PSOE. Y la UPyD de Rosa Díez, con el 13,7, estaba a menos de 3 enteros de Izquierda Unida.
Una semana después (el pasado domingo) apareció una «macroencuesta» que era en realidad un «refrito» de varias realizadas desde el pasado enero, sumando un total de 14.000 entrevistas… de ese «pastiche» se extraía un resultado electoral posible, en votos y en escaños. Hacían un habilidoso uso del material. Porque la mezcla de tanto dato desbocado hacía subir de nuevo al PP hasta el 28,6 y al PSOE hasta el 25,1… De tantas vueltas aritméticas se había sacado un aumento de 6 enteros para el PP y otro de casi 5 enteros para el PSOE (con relación a la última encuesta, con los datos mucho más frescos que hemos reproducido antes).
¿A qué vendrá tanto esfuerzo encuestador? Lo que Jorge Luis Borges dijo como broma, aunque no del todo («la democracia es un abuso de la estadística») se va convirtiendo en un lamentable anticipo de la realidad: con las encuestas intentan manipular, cada vez más abiertamente, los resultados de las elecciones. La macroencuesta inventada viene titulada así: «A las puertas de un nuevo modelo político». Y se explica más abajo que en vez de un formato de dos partidos absolutamente dominantes, en el futuro probablemente tendremos un sistema con cuatro partidos. Luego hay algunas «afirmaciones tácitas»:
Primera afirmación tácita: se da por hecho que el Sistema sobrevive (el único problema es que pase de dos a cuatro partidos). Segunda afirmación tácita: ni se apunta el posible nivel de abstención ni se da relevancia a esta deslegitimación del Sistema en cualquiera de sus variantes.
Junto a los porcentajes vienen dos artículos firmados. Uno, de los responsables de la encuesta, asegurando lo contrario de lo que están haciendo: que se trata puramente de un «ejercicio intelectual», un «ejercicio de simulación», que de ningún modo debe tomarse como «anticipación, estimación o pronóstico»…. Los dos artículos procuran transmitir un mensaje a los propios partidos: hay que atender a los reclamos sociales, hay que escuchar «la voz ciudadana». En otras palabras: «amigos del poder… si no frenáis ya mismo, desembocaréis, como mal menor, en un incómodo Sistema de 4 partidos…»
Otro de los puntos de la encuesta parece destinado a conciliar al 15M con ese posible esquema de 4 partidos y a instigarlo a que se sume a alguna de esas fuerzas o a que presente su propia propuesta… es decir, a integrarse en el Sistema. Dice que el «fondo de la protesta» del 15M ha quedado «difuminado» y que los indignados no han traducido sus reclamaciones en «una opción política institucional clara»; es decir, que todavía no ha ocurrido lo que ellos esperan: que el 15M pueda ser domesticado.
Tan evidente es la intención que se pregunta si el movimiento «pretende regenerar la actual democracia» (el «si» llega al 60%) o si es «un movimiento radical y antisistema que pretende sustituir al actual sistema político por otro»… (el «si»  se queda en el 23%).
Intenciones aviesas, desde luego… preguntas con trampa. Ya que la respuesta poniendo al 15M como «antisistema» hace pensar que el movimiento se quiere cargar la democracia (puesto que es habitual que se hable del «sistema democrático»)… el encuestado tenderá a pensar que si la quisieran defender estarían eligiendo la otra respuesta, la que apunta a «regenerarla»…¡Cuando la realidad es exactamente al revés! ¡Querer regenerar la democracia es precisamente estar contra el actual Sistema que la vació de todo contenido!
Tenemos que adiestrarnos para destripar las intenciones escondidas de las encuestas.

Comments Off

‘Único pero con variantes’

Lo cierto es que el «pensamiento único» tiene variantes, aunque resulte paradójico. Su «gracia» está justamente ahí: que admite variantes mientras no perturben el «desarrollo de los acontecimientos». Hay como una corriente central, la de lo «políticamente correcto», y unas alternativas que permiten canalizar muchas disidencias.
Digamos que está la «forma de pensar A», que sería, un poner, la del Partido Popular, con su Rajoy y su cerrada obediencia al dictado del gran capital financiero. Al margen de ella está la «forma de pensar B», que vendría a ser la del PSOE, que está casi perdida como variante porque en realidad ya ni es una «forma de pensar»: son náufragos que a veces hablan un «dialecto» ininteligible. Un ejemplo: Susana Díaz, consejera de la Junta de Andalucía, dice que los dirigentes «populares» son «antisistema». Solo le falta decir que la señora Merkel es una agitadora que quiere destruir el capitalismo.
La variante A y la variante B a veces son tan parecidas que los propios medios de comunicación suman sus posibles votos y nos avisan de que «juntos» no llegan ya al 50%. Ambas están metidas en numerosos casos de corrupción y a la hora de tomar las decisiones importantes suelen coincidir (solo disienten si no ponen en riesgo al Sistema).
Pero hay más posibilidades. Ahí está, por ejemplo, la UPyD de Rosa Díez, un partido furibundamente antinacionalista. Es una especie de Partido Popular con «correcciones» y en este momento encaja muy bien con la creciente ola «antiautonómica», a la que se apunta muchísima gente a raíz de la brutalidad de la crisis (se busca ahorrar «achicando» los presupuestos regionales) y del fracaso total de la democracia, también en las reivindicaciones propias de cada autonomía…
El Sistema tiene también la «variante D», la de Izquierda Unida, en este caso equivalente a un PSOE con «correcciones». Aliado imperturbable de los socialistas, denunciante y cómplice de las corrupciones y corruptelas (si, una cosa y la otra, al mismo tiempo) acaba de hacer en estos días una nueva pirueta: Cayo Lara ha dicho que le gusta más el fallecido comandante Hugo Chávez que el defenestrado presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, porque éste «desahuciaba»… ¡Pero el que era socio de Izquierda Unida era el Manuel Chaves andaluz, justamente el que desahuciaba!
Y hay más variantes: los mismos nacionalismos regionales de que hablábamos. ¿Todos, entonces? ¡Todos! El Sistema de partidos es el Sistema mismo.
¿Y cómo encaja aquí la monarquía? En las encuestas (en la forma de preguntar, sutilmente tramposa) se ve la voluntad de volver a mejorar la tan deteriorada figura del rey Juan Carlos, al tiempo que se apuntala a toda la Familia Real, particularmente al príncipe Felipe. De modo que hay tres variantes en este caso: mantener al Rey, si se lo «rescata» de sus propios y persistentes desastres; hacerle abdicar a favor del Príncipe, si no hay forma de «rehabilitarlo»; y si el Príncipe tampoco resiste al desgaste general de los Borbones, se abriría paso a la república. ¿Por qué no? Si la garantía de continuidad para el Sistema está en el mecanismo de los partidos políticos.
Encuestas muy recientes indican que el 64,2% de los españoles hace un balance de la monarquía entre regular, malo y muy malo.
Otra gracia de los manipuladores de la opinión en los últimos tiempos ha sido sacarse de la manga un «pacto político anticrisis» que nadie propuso y que no tiene mayor sentido cuando Rajoy y Rubalcaba están siempre tan cercanos entre sí en todo lo que mandan los banqueros. Pero a mucha gente le suena bien y le da la sensación de que evita rencillas (rencillas casi inexistentes). Preguntan qué le parece al encuestado que el mismo Rey propicie «pactos, acuerdos, consensos» para hacer frente a la crisis y, claro, puesto así, como si eso pudiera mejorar la situación, más del 71% lo ve bien o muy bien; y ahí, pegado, sin que tampoco sea un tema puesto sobre el tapete por los partidos, preguntan «si entre los posibles pactos se debería propiciar la reforma de la Constitución»…

Y el «si» llega al 72,8… O sea: que se está preparando otra pirueta, si en un momento dado la realidad lo hace necesario: un «gran pacto»… para lo que sea… para «superar la crisis» (¿?) o bien… para reformar la Constitución. Así nos mantienen entretenidos. Hay todavía mucha gente que no se da cuenta de que es un espectáculo diseñado para que miremos fijo a lo que nos muestran y no veamos la trampa.

Comments Off