¿Cuál Iglesia, cuál 15-M?
Rajoy tiene ahora una fuerza impresionante dentro de su partido. Tanto, que se ha atrevido a pasarle paternalmente el brazo sobre el hombro a Aznar. Y desde esa altura Rajoy se ha puesto también paternalista con los 5’3 millones de parados, en cuya representación se atrevió a hablar. Quizás haya imaginado que esos centenares de miles de manifestantes de más de 50 ciudades españolas se habían reunido sin contar con ningún desempleado; para el presidente del Gobierno, los desempleados estaban todos simbólicamente subidos a su tribuna «pepera».
Pero la plataforma que dio a Rajoy tanto atrevimiento no fue su dominio sobre sus «correligionarios» del PP, ni que se haya podido liberar de la sombra de Aznar (y, de paso, haya recuperado a los medios de comunicación aznarianos, que le daban más palos que los medios afines al PSOE)… Su fuerza no estuvo allí, sino en la acera de enfrente: la poderosa protesta ciudadana fue convocada por los sindicalistas de UGT y Comisiones Obreras, acompañados en algunos sitios de personalidades socialistas tan destacadas como la mismísima Carmen Chacón. Esos dirigentes quemados, a los que la gente ha perdido todo el respeto fueron las grietas por las que se coló la osadía de Rajoy. Y por esas mismas fisuras puede perder comba el 15M, que no ha querido esquivar su presencia, pese al disgusto generalizado con los sindicalistas que hasta ahora se habían hecho cómplices de toda clase de retrocesos y recortes.
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¡Miren para Hungría!
Dos cosas están a la vista: una, que el bipartidismo es una fórmula de alternancia entre dos propuestas similares y que se parece mucho a un ‘partido único’; y la otra, que hay una estrategia, más abarcadora, por encima incluso de ambos partidos, que establece una cierta supervisión sobre el conjunto de los mensajes que nos llegan por distintas vías. O sea: que hay un Sistema que diseña e impone el ‘pensamiento único’ y que crea ‘moldes’ interpretativos ‘correctos’.
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El PSOE se extinguió
Los observadores están mirando al 38º congreso del PSOE –sus sesiones y sus secuelas- sin tomar del todo en cuenta que se hallan ante una especie en vías de extinción. Y es lógico porque, si asumieran la envergadura del desastre de los socialistas, los medios de comunicación no deberían dedicar tantísimo espacio y tantísimo tiempo a los avatares de esa legión de mil delegados.
Claro que de tanto en tanto los observadores recuerdan –y hacen un apunte al margen- que las terribles disputas entre el vencedor Rubalcaba y la perdedora Chacón son choques feroces pero solo por los despojos de un naufragio. Pero si dieran su dimensión real a las peleas internas de los socialistas deberían revisar tanta dedicación: así como un sabio consejo del oficio periodístico es el de no dejar nunca que la verdad nos arruine un buen reportaje, tampoco los encargados de la distribución del espacio/tiempo en los medios deben dejar que la realidad fastidie sus planes. ¿Les interesará tanto el 38º congreso porque verdaderamente creen que esta gente será la que disputará en el futuro el gobierno al Partido Popular? Es posible pero de ningún modo puede darse por seguro. Hay otras posibilidades en el horizonte. Puede ocurrir que Izquierda Unida y la UPyD sigan ganando terreno y quizás también lo logren las fuerzas nacionalistas; puede ocurrir que a alguien se le ocurra refundar un partido socialista, si quedara un espacio –al menos en teoría- entre IU y el partido de Rosa Díez; y puede incurrir, incluso, que haya que ‘refundar’ a este mismo Partido Socialista desde su interior… pero esto último no parece que pueda suceder con los elencos dirigentes que han quedado al frente del PSOE tras este congreso.
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La obligación de creer
Hay un cierto consenso sobre los defectos graves de nuestras ‘democracias’ aunque después haya una amplísima gama de matices: desde quienes ven al sistema democrático pachucho, alicaído, sin vigor, hasta los que lo consideramos directamente muerto… manteniendo una ficción con instituciones que han dejado hace rato de cumplir la misión que teóricamente les corresponde. Hasta hace poco subsistía la idea de que Occidente mantenía en un pedestal algunos derechos humanos muy básicos, como normas esenciales de la democracia, como la libertad de expresión, el respeto por la integridad física de las personas y las garantías judiciales mínimas para que la ley pueda considerarse igual para todos. Para seguir creyendo en esas cosas absolutamente elementales a veces adoptábamos una mirada permisiva; por ejemplo, ante la obvia diferencia de posibilidades en los estrados judiciales entre las personas adineradas y las personas carentes de bienes.
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Justicia, con o sin venda
Este artículo fue escrito para el Boletín de Al Quds, asociación de solidaridad con el pueblo palestino
En 65 años, desde que se fundó Israel hasta ahora, la situación en Palestina ha cambiado radicalmente. Pero hay dos maneras de plantearse la cuestión: una nace de un punto de vista puramente teórico, de un principio abstracto y puro de justicia, y la otra parte de una apreciación práctica, buscando un principio de justicia relativo, condicionado por unas ‘realidades’ que parece obligado respetar.
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Enfermedad para todos…

Krishnamurti escribió algo así como que no se podía aspirar a estar sano si uno pretendía adaptarse a una sociedad enferma. Una disyuntiva parecida dio lugar, hace más de medio siglo, a una desconfianza tal acerca del psicoanálisis que se fundó la ‘contrapsiquiatría’. El nuevo invento tampoco prosperó: ¿para qué almacenar saber científico para decirle a la gente que su enfermedad era parecida a la del mundo, que pretender ‘curarse’ para convivir con una sociedad enferma… es un contrasentido? Tal vez ese mismo conflicto, que se ha ido agravando paralelamente al agravamiento de la ‘enfermedad de la humanidad’, sea el que ha desembocado en terapias breves y sencillas, que solo atinan a ‘enderezar’ a cada cual para resistir los golpes que la vida le da: muertes cercanas, separaciones, pérdida de empleos… Pero el caso es que las estadísticas sobre salud mental de la humanidad no se quedan quietas. No creo que retoquen las cifras pero sí puede haber una sofisticada manipulación de la propia definición de cada enfermedad: ¿dónde está el límite para considerar que una depresión ha adquirido la categoría de enfermedad, en vez de ser un estado de ánimo más o menos pasajero? ¿Dónde trazar la raya entre una angustia que puede verse hasta ‘normal’ ante ciertas contingencias y otra que se ha instalado con tal fuerza que domina nuestra psique’?
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¡QUE CORTEN EN DOS AL NIÑO!
Hasta los niños de 10 años, que son ‘puro’ nuevo siglo, traen un ADN dibujado durante el siglo pasado, en tanto que los tatarabueletes que vienen lastrados por 80 ó 90 años del XX saben que esos códigos de comunicación incontrolados, que tanto les separan de su entorno, son el material con el que se le da sabor al guiso del futuro.
El drama se presenta cuando esos desencuentros entre el XX y el XXI parece que deben resolverse por K.O. La reivindicación del papel social de la mujer, equiparándolo al del hombre (no hay que igualar, sino equiparar) es lo que suele llamarse un objetivo ‘horizontal’ porque se cruza con todas las verticales de nuestras sociedades…. Y tropieza con cada una de ellas. La primera es, justamente, que la reivindicación de la mujer es una de las grandes consignas de Occidente y, como tal, está padeciendo la brutal crisis de valores de unas ‘democracias’, corrompidas hasta el tuétano. Hemos querido hacer marchar a todas las naciones del planeta, en tropel, hacia las metas que les estábamos marcando, pero resulta que la mercancía que ofrecíamos estaba contaminada. De ahí que se procure, ya sin disimulos, obligar a los pueblos a mantener el mismo ritmo de marcha hacia los mismos objetivos, pero cargando con la evidencia de que están esclavizados y que no les espera ningún paraíso democrático. Muchas mujeres del Tercer Mundo que han emigrado al Primero se convierten en las más entusiasmadas defensoras de los avances metropolitanos, para tratar de contagiar a sus sociedades, porque ellas luchan contra ablaciones, contra la sobre explotación (la del Sistema y la de los hombres) y contra el dominio que las hace víctimas de violaciones y humillaciones. Pero son ellas las que pueden cambiar sus realidades; no las occidentales, que forman parte de la misma cultura que bombardea y machaca pueblos, inventa guerras y destruye culturas.
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HE VIVIDO TANTO
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he vivido tanto
o tan poco
tan sin nada
y tan sin todo
me escapé de mi
y aquí
descolocado
sin miembros sanos
sin espacio sólido
sin tinta en las arterias
con abrojos en los ojos
me llamo por mi nombre
me grito
y no me alcanzo
no pude ser dueño de mi olvido
ni alcanzar sueños pasajeros
callé palabras
barajé naipes absurdos
amé el vino que me dio la copa
vomité en mi almohada
la mordí como si fuera un cuerpo
y muy junto a mi
casi amarrado
amé desnudas alegrías
busqué labios y auxilios y drogas diferentes
viví mi funeral los días bisiestos
sacudí sábanas de soledad y asombro
mortifiqué mis uñas
puse humo en las palabras
y no caí en la cuenta
que solamente amé el mundo
que sin ganas se refleja en un espejoHéctor Descalzi
02/01/2012
¿A qué temen los árabes?
Cuando se habla del Islam y del mundo árabe se emplean unos códigos que parecen sólidamente establecidos y que limitan el mensaje según los prejuicios dominantes en Occidente y que son casi universalmente aceptados, cualquiera sea la ‘ideología’ del receptor; esos prejuicios nos han creado, por ejemplo, una gran sensibilidad a mensajes que abundan cuando se intenta construir una democracia: las clases medias, se nos dice (o los sectores liberales, o los partidos de izquierdas, o ‘los intelectuales, etc.), temen el ascenso de las fuerzas políticas musulmanas.
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La moda del ‘pastiche’
Tengo una amiga que estuvo en Nueva York y se emociona cada vez que se habla de la babélica ciudad norteamericana, que va a su aire, como si ignorara que es la verdadera capital del imperio y que, en contraste con ella, todos los bárbaros de los suburbios del mundo somos irremediablemente catetos. Estaríamos absolutamente instalados en la posmodernidad si Plácido Domingo le hubiera dado un beso a Bloomberg, el alcalde de Nueva York, y Lady Gagá hubiera asumido el papel de Neptuno en ‘La isla encantada’. Pero no llegamos a tanto: seguimos en nuestra ya vulgar Modernidad y por tanto 2012 comenzó con las cosas al revés… es decir, al derecho: Lady Gagá le dio el beso al alcalde y Plácido estrenó esa extraña amalgama de dos obras de Shakespeare (que ese sí que era moderno, aunque reinara a finales del Siglo XVI). Se trata de ‘La isla encantada’, una recuperación del pastiche. Además de Shakespeare: en el cóctel entran también Rameau, Häendel y Vivaldi.
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