José Antonio Mesa

Quienes nos conocen saben que José Antonio es para mí un hermano, lo que no va a ser un impedimento para que pueda felicitarlo desde estas líneas y además elogie su labor y su nombramiento como nuevo director del Centro de la Generación del 27 de Málaga. Cuando el entonces Patronato de la G del 27 comenzó su ya larga trayectoria José Antonio y yo éramos aún estudiantillos de Filología Hispánica en cuarto curso o así a los que, junto con otro buen grupo de buenos amigos universitarios, nos ilusionaba asistir a las conferencias y encuentros poéticos donde nos abrieron un mundo de saber vivo hasta entonces reservado para ciudades con tronío como Sevilla, Granada o Madrid. El 27, como era llamado, no sólo descubrió el paisaje de la Generación del 27, sino que a muchos amantes de la literatura en Málaga nos invitó a un palco desde el que contemplábamos un escenario repleto de escritores al que por nuestra condición de niños provincianos en aquella Málaga de los años ochenta, no teníamos acceso. Tras cada lectura, llegaba la cerveza de después y la fácil charla con aquellos en quienes reconocíamos las señas de nuestra vocación. Eran tertulias de barra junto a Rafael Pérez Estrada, Ángel Caffarena, Rafael Ballesteros, Ignacio Díaz Pardo y otros mayores cuyas enseñanzas constituían una más que lujosa tapa para acompañar aquellas tan riquísimas cervezas en la memoria. Después, el regreso hacia libros y apuntes universitarios que por magia lírica habían cobrado un nuevo sentido. Incluso al día siguiente seguíamos comentando en el bar de Luis en la Facultad de Letras, aquellos leves sucesos y anécdotas de la tarde anterior. El 27 cumplió desde sus inicios una función formadora innegable para muchos malagueños a los que catapultó hacia un recinto literario en el que querían estar y donde no podían verse porque el arte no era cosa de provincias.

De todos nosotros, Javier Labeira y José Antonio Mesa establecieron por motivos distintos un pronto vínculo especial con la institución. Javier, una promoción anterior a la nuestra, comenzó a trabajar con el 27 al poco de conseguir la licenciatura. José Antonio desde niño quería ser poeta y el 27 se convirtió en una de esas zonas de avituallamiento que la vida nos concede. Los inicios del 27 conocieron a José Antonio con un manuscrito sobre el escritorio; gracias a la labor de Ángel Caffarena aquellos poemas manuscritos se trasmutaron en primer libro -emoción encuadernada para el escritor y sus amigos-, en presentación, en lecturas, en charlas, en artículos y en beca del 27 que permitió a José Antonio trabajar en aquel jardín de sus sueños; a la vez, también le construyó un magnífico puente hacia su relación con José María Amado y la revista Litoral y, por supuesto con María José Amado y con Lorenzo Saval, con quienes la afinidad para el trabajo rimó en breves años con una amistad profunda. La llegada de Lorenzo a la dirección del 27 devolvió a José Antonio Mesa a esta institución que lo vio nacer y crecer como poeta y como filólogo. Hoy, José Antonio Mesa es un escritor consolidado y con prestigio en la literatura española contemporánea. Toda persona vinculada al 27 conoce la lealtad y el buen hacer que ha realizado junto a Julio Neira o Aurora Luque, directores de la institución. Bravo por Dª Marina Bravo, Diputada de Cultura. José Antonio Mesa se merecía ser el director de ese 27 que conoce desde sus cimientos y al que con su trabajo le ha otorgado dignidad. Un fuerte abrazo, José Antonio. Málaga ha ganado y a mí se me saltan las lágrimas cuando resumo en papel tantos años.

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Comentarios

Ya lo dices tú, José Luis, Málaga ha ganado.. y tanto.
Constancia, lealtad, trabajo, dignidad. No hay mejor equipaje para ese trayecto que inicia. Suerte y enhorabuena a mi amigo Pepe (que me disculpe, pero después de tantos años aún no me acostumbro a llamarlo ni Jose ni José Antonio)
Un abrazo para él y otro para José Luis (cada día glosa usted mejor)

Enrique

Vuelvo de una semanilla de vacaciones en el norte, y mi sana costumbre de leer tu blog me ha deparado hoy este textoPS2C tan veraz y entrañable al mismo tiempo. Gracias, José Luis, por la pequeñísima parte que me toca. Lo cierto es que, pese a todos los pesares, vamos avanzando. Besos.

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