Made in Málaga

A veces uno tiene que hablar bien de sí mismo. Recuerdo un reportaje sobre Málaga publicado en un periódico nacional hace varios años. El texto estaba escrito por Juan Bonilla, un gaditano al que admiro por su buen hacer literario y del que me consta su cariño hacia nuestra ciudad con la que se unió por voluntad propia y por múltiples vínculos. Para ser malagueño uno sólo tiene que querer estar aquí aunque su documento de identidad esté expedido en Sebastopol o Tombuctú. Eso es una gran virtud colectiva. Así San Ciriaco y Santa Paula pueden ser malagueños incluso en el caso de que procedieran de Cartago. Los de Bilbao dicen que nacen donde les da la gana y el malagueño adquiere carta de naturaleza cuando pasea por Calle Larios. Juan se fijó, ente otros, en un aspecto muy nuestro, la crítica del malagueño hacia Málaga. Una actitud sana. A veces cansa cuando uno se encuentra ciudadanos de otros lugares tan encantados de haberse conocido a sí mismos que sólo tienen ojos para sus esquinas. El malagueño reconoce los defectos propios pero quizás habría que exhibir más las virtudes, sobre todo en un mundo globalizado donde el buen paño en el arca no se vende. La mancha del tópico con otro tópico se quita.
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Impuestos

Si España fuese un bar tendría poca clientela. Pésima relación calidad-precio. Bruselas y Berlín quieren crucificarnos con más impuestos. Durante la dictadura franquista los españoles pagábamos contribuciones; en democracia, impuestos, así, sin tintes de voluntariedad. La teoría de los impuestos se basa en que el Estado tiene que funcionar para ofrecer servicios a esos ciudadanos que pagan cuando toman el primer vaso de agua de la mañana, cuando encienden la luz del pasillo camino del retrete, o cuando usan papel higiénico. Y el día no ha hecho más que comenzar. Hasta por morirse paga uno. Así se reparte la riqueza según dicen. Y hasta cierto punto es verdad, y hasta cierto punto es mentira. Para que el Estado entregue un solo euro necesita un par de funcionarios, una oficina, un jefe o dos, que con su firma sancionen la entrega, conserje y limpiadora, además de algún enlace sindical con horas liberadas. Es decir, para que algún organismo público subvencione un solo euro necesita gastar mucho más de cien mil. Escrito así es demagógico.
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Turismo gastronómico

Según parece, la Costa volverá a llenar la despensa de los malagueños este verano. Entre los curiosos monumentos del paseo marítimo de Fuengirola echo en falta la representación de un inglés con una pinta de cerveza en la mano. La necesidad de los europeos, británicos todavía incluidos, de sol, playa y diversión continúa siendo la fuente de ingresos más firme de esta provincia a la que tanto cuesta diversificar su productividad. Lo cierto es que, tras muchas décadas y a pesar de los miedos y malos augurios de algunos momentos, el rebalaje sigue siendo el imán más efectivo para los euros, libras, dólares y rublos que, al menos durante meses, generan empleo y mueven nuestra economía. Cada uno entiende las vacaciones como quiere. La Costa aún padece un exceso de demanda para unos meses concretos durante los que esas criaturitas blancuzcas de allende los Pirineos consiguen en su piel el tono rosa de un langostino sobre la plancha. La asignatura pendiente es la minimización de ese efecto de estacionalidad contra el que se pelea desde hace tiempo pero al que no se derrota. Es necesario potenciar el turismo “indoor” y perdónenme el anglicismo.
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Becarios de investigación

Al mismo tiempo que la UMA, junto con otras muchas instituciones, está alertando sobre la difícil situación en la que los recortes presupuestarios ponen a los investigadores en toda España, el Ministro Wert introduce una nueva legislación educativa que pretende erradicar el fracaso escolar y, de paso, cumplir los acuerdo con la Santa Sede, asunto de igual importancia que el primero. Fue mi amado Unamuno quien soltó su frase sobre que inventen ellos, los europeos, no los ibéricos. Él estaba preocupado por la existencia de Dios y casi imaginaba España como un enorme convento dedicado a la producción y exportación de la teología intensiva. Los caminos inexplicables condujeron a que nuestro país se sostuviera durante una década sobre una burbuja, cosa muy mística. Si los diferentes gobiernos, incluido el del Aznar el Salvador, hubieran tenido buenos asesores, o los gobernantes hubieran sido inteligentes, incluido Aznar el Salvador, la burbuja se podría haber consolidado como aquella esfera de mármol que durante muchas décadas se encontraba en los jardines de la Universidad de Columbia (Nueva York), regalada por un grupo de antiguos alumnos como agradecimiento a la formación recibida.
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Un país raruno

Desconozco si hay algún manual sobre cómo redactar artículos. Ahora que estoy escribiendo no me voy a poner a buscarlo. El libro tendría que aconsejar que cualquier género periodístico de opinión, artículo, columna o editorial, debe de estar centrado en un tema para que así no se convierta en una cascada de sueltos que distraiga o apabulle al lector con un exceso de puntos de vista. Esta norma no escrita, al menos que yo sepa, vale para sociedades racionales donde la sensatez impera sobre el despropósito. Desde muy joven aprendí en Larra que cualquiera gana el aplauso fácil cuando despotrica sobre el propio país, así a bulto. En este país. La frase es recurrente, y vale tanto para una sequía como para un aguacero. Sin embargo, la opinión está anclada a la actualidad, y esta al terruño que produce esos eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa, según Juan de Mairena; traducido por Antonio Machado como lo que pasa en la calle. La ortodoxia de los géneros periodísticos se quiebra frente a la heterodoxa moral que trasluce la actualidad española. Apenas el banquero Miguel Blesa fue enviado a prisión, la noticia corrió como fuego por pólvora. Los modernos mentideros, esto es, SMS, Whatsapp, Facebook y demás canales inmediatos de comunicación hirvieron por la rareza de que un juez enviara a un banquero a la cárcel.
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Relativismo administrativo

Urbanismo ha ordenado la rehabilitación urgente de los Baños del Carmen, único parque privado en la ciudad al que, no sé si un ansia desmedida de beneficios o una vulgar rapiña ética, privan de todo. Al paseante le es fácil imaginar, entre tanta ruina y desidia, otras épocas y otros lugares más cercanos a una escena malaguita del “Planeta de los simios”, o a una recreación del hipotético consulado de Manchuria en la Tripolitania de 1950, que a la ubicación espacio temporal en que se halla. La noticia de esta exigencia a la concesionaria de esos territorios urbano-montunos demuestra, además, la gran suerte que todos los malagueños tenemos porque la Gerencia de Urbanismo no se ocupe de las urgencias sanitarias, donde la rapidez en las actuaciones es un hecho. En los pasillos municipales usan diccionario propio; la urgencia queda tan próxima a la tardanza como esa T inicial de la U. Contrasta la parsimonia en el uso de los procedimientos sancionadores que la Administración en general aplica a las empresas y concesionarias de servicios públicos, con la diligencia que emplea para urgir a los ciudadanos que nos hemos concedido a nosotros mismos esta Administración.
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Sol y playa y español

El golf es uno de las actividades que aportan cierta estabilidad a la llegada de visitantes fuera de la temporada veraniega. La recepción de muchos hoteles y las colas de embarque en el aeropuerto parecen bosques metálicos los fines de semana. No soy aficionado a ese deporte, ni a ninguno, perdonadme, pero supongo que será más agradable una partida en otoño o primavera, e incluso en esos inviernos dorados de los que también disfrutamos en Málaga, que en mitad de julio. Una razón más para que el viajero acuda a esta tierra en días más allá de la postal con chicas en tanga, o burro con sombrero. Sin embargo, fue polémica la defensa del golf como pilar productivo de ese sector servicios que tantas veces ahuyenta el hambre de Málaga. Los argumentos contrarios se basaban en que era más ecológico un campo de nabos, por ejemplo, que el césped y el agua que exigía. Ecologismo de salón. Una vez que el sustrato de tierras y variedades de gramíneas se implantaron junto con las infraestructuras adecuadas para un riego sin derroches, hemos comprobado durante la última década que aquel campo de nabos y coliflores sólo renta una miseria por hectárea responsable del puesto de trabajo del labrador y de alguno de su prole, según estaciones y cosecha.
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El precio de la libertad

Lo barato sale caro, dice el refrán. Y si uno compra, no sé, un juego de té chinesco, en el bazar de la esquina, y revienta con la primera taza, pues no pasa nada, a no ser que el agua hirviendo se desparrame por la entrepierna de algún invitado. No todo es así de simple en la vida. El sábado por la noche acudí al concierto de un compañero que trabaja para los medios en Fuengirola. También divirtió con sus viñetas a los lectores de nuestra Opinión de Málaga durante años, Don Enrique Pedraza Díaz (EPD) quien, en sus noches de largo satén, ejerce como cantante de un grupo con efluvios rockeros. A la cita acudió un buen número de periodistas malagueños. Aunque hubieran sido de Sebastopol, estoy seguro de que la charla sobre los problemas laborales discurrirían por iguales senderos. La prensa y demás medios de información están sufriendo una reconversión al margen de esta crisis que todos padecemos y que, claro está, acaricia también con su filo de guadaña a las cabeceras de toda la Península. Creo que hoy ya sin excepción ninguna.
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Fatal

Cuando yo era pequeño uno se santiguaba antes de salir a la calle. Cruz en la frente, cruz desde la cabeza al ombligo. En la gramola de algún bar al paso se oían ritmos de flamenco pop con guitarras eléctricas y organillos. Y me tocó, me tocó perder, y me tocó, me tocó sufrir. Un concepto tremebundo de la existencia corría por las aceras sin baldosas. Era fácil ver, en aquellos tiempos, quizás en aquellos barrios, jaurías de perros que olisqueaban entre la basura. Los sorteos de la lotería, los cupones y la “rápida” retransmitían alguna esperanza frente a tanto tedio. Mañana se celebrarán al unísono la muerte de Shakespeare y Cervantes. También la muerte tiene esos golpes de gracia. Cervantes escribió sus grandes personajes marcados por el signo de los astros inamovibles y, tal vez, ese fatalismo se haya convertido en insignia de la sociedad española que aflora, como el Guadiana, cada cierto tiempo. Es fácil rastrear los surcos del destino en una tierra de sequías tan largas como sus inundaciones. Cinco siglos después del caballero de la Mancha, por hacer cuentas tan redondas como el retorno, los españoles hemos vuelto a la fatalidad, igual que Don Quijote a su casa. Una sociedad en ruina que mira al cielo y maldice el pan que no llueve. Y me tocó, me tocó perder, y me tocó, me tocó. La muerte tiene sus golpes y la vida ibérica los suyos, que son peores. No necesita balas en el cargador. Tiene buena puntería y una visión fatalista de la existencia. Buena parte de nuestra sociedad corrió tras el pan para hoy de la albañilería como si el destino nos hubiese bendecido con el don de la eterna riqueza porque sí, porque me tocó, me tocó ganar. Las sucursales de los bancos se lanzaron hacia la oferta de préstamos por casas a las que su misma alegría prestataria aumentaba el precio cada mes. Un negocio que, en busca de comisiones para sus directivos, entregaba hipotecas por una cuantía mayor que la del inmueble. Se incluían coche, mobiliario, perrito de buena familia y viaje a Cancún, sueño de hipotecados.

Las muchas administraciones, responsables de los destinos de su pueblo, aspiraron aires de época, si no de otras sustancias, y se sintieron los Reyes Magos de los gobernados y, sobre todo, mediante una caridad bien entendida, de sí mismas. Unas con métodos más o menos próximos a ley y orden, y otras con la podredumbre por montera. Emblema patrio durante más de una década. Ulises tuvo que atarse al mástil y tapar los oídos de sus marineros para que los cánticos las sirenas no condujeran su nave y su destino a la destrucción. Una buena parte del pueblo español dirigió sus naves hacia aquellas dulces voces de los préstamos bancarios y otras ofertas de rentabilidad, sin ningún timonel que la protegiera mediante ley. Ahora, un discurso populista busca culpables del naufragio e incluso responsabilidades de esta derrota más allá de las fronteras. El despectivismo nacional catalán descubrió al sur del Ebro la fuente de sus desgracias. Es fácil obtener aplausos cuando se dirige el índice hacia conceptos grandilocuentes como la banca, el capital o los políticos así a bulto. Incluso los consiguen quienes jalean el linchamiento público y tercermundista de corruptos como la Pantoja, Urdangarín o el Cachuli. Ahora la quema de brujas se trasladará hacia el domicilio de los empresarios, advierten quienes organizan esas algaradas semejantes a aquellos motines decimonónicos contra los afrancesados. Quizás sería más sensato y efectivo el estudio de la jurisprudencia. El pueblo no se equivoca salvo cuando firma, por lo visto. Durante una década, cientos de miles de jóvenes marcharon hacia los tajos, donde tocó ganar. Las balas de la vida han hecho su daño. Sin dinero en los bancos, ni en las arcas públicas, ni en la cartera, parte del pueblo busca por todas partes a quienes estrellaron la nave. Nunca vi a partido, sindicato o asociación pedir que se detuviera tanta locura. Tampoco, que nadie se persignara antes de entrar en el notario. Las madres nos enseñaban a mirar dos veces cuando uno iba a cruzar la calle. Los pueblos que no recuerdan ni reconocen sus errores están abocados a cantar por las esquinas las coplas de la fatalidad. Y me tocó, y me tocó.

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Algo de orden

Un año más, la fiesta de la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido, dice el pareado cursi. Un encuentro que comenzó como imitación de otras actividades universitarias de España, se ha convertido en eso, en un encuentro poligonero, más allá de los títulos que cada quien lleve bajo el brazo y, desde luego, al margen de la universidad. La fiesta de la primavera ha venido y gracias a los actuales métodos de comunicación miles de jóvenes han asistido. Otro año más recayó sobre las espaldas policiales la organización rápida del dispositivo de seguridad correspondiente que, no sólo conlleva vigilancia de altercados, sino también movilización de sanitarios para que un evento que no existe de modo oficial no concluya en tragedia por peleas e intoxicaciones etílicas. Una fiesta que nadie sabe cómo ha estado, tampoco ha manchado. Tres mil kilos de basura de un grupo invisible quedaron sobre el asfalto para que los servicios de limpieza los recogieran. La invisibilidad es lo que tiene, que no te ven.
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