Miedo
El pasado fin de semana, como un trabalenguas, los partidos políticos que parten el bacalao publicaron sus posturas sobre la penúltima reforma laboral. Para el Partido Popular, seguimos con las pes, la promulgación de esta norma ha constituido un acto patriótico. El PSOE, que prácticamente acaba de soltar el poder, revuelos de pes, celebró su eucaristía en Málaga, con tan noble motivo y de cara a las elecciones andaluzas dieron voz a los líderes de tercera división del terruño para que se lucieran un poco. Falta de originalidad en el discurso y ausencia de brillo como siempre. Los sindicatos convocaron la manifestación de protesta para enseñar la musculatura al gobierno y avisar de que la calle es suya. Pero la calle no crea un sólo empleo si no es para Limasa y los recoge-cartones que van por libre y a los que algún iluminado propuso hacer pagar impuestos como si fueran empresarios de lance en este sector, como los buscadores de oro de Sierra Madre o así. Esta crisis está haciendo perder la pelota a más de un prójimo, por abundar en la pe. Pero lo que disparata a la sociedad en su conjunto es este miedo que impregna sin pausa el ánimo colectivo. La factoría de Ferrari ha finalizado un año fantástico, y así me paso a la efe. Reconozco que también son buenos coches como el mío, pero a un precio que en este mismo instante me pilla un poco a trasmano. Imagino que cuando compañías como Cartier, Moschino, Rolex y similares publiquen sus balances reflejarán iguales datos.
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Desahucios
Cincuenta familias malagueñas son desalojadas de su piso cada semana. La fórmula de la tragedia es simple. El banco tasó una vivienda por encima de su valor para poder conceder un préstamo a una familia que ilusionada comprobaba sobre un papel de incierto futuro que podía adquirir una vivienda. El director de esa oficina bancaria se colgaba una medallita más delante de sus superiores y la familia se colgaba una piedra al cuello que, ahora, cuando el previsible crack llegó la arrastra hacia el fondo de una incertidumbre económica perpetua. La vivienda fue sobrevalorada por el banco que concedió más allá del 100% de la hipoteca, pero ahora exige al firmante incauto que siga pagando porque no basta la entrega de la vivienda para saciar la deuda contraída. Prestaron cien por una casa de ochenta que hoy vale sesenta. En la calle y en ruina crónica. Hace muchos años, tras la publicación de mi primer libro de poemas, reflexionando sobre la poesía de sesgo social, declaré durante una entrevista que el beso de una prostituta me parecía más noble que el abrazo de un banquero. La frase fue censurada. Hace mucho que no tengo ideología. Pienso según mis propios análisis y lo que me dictan mis luces. Desde luego, me parecería de un populismo fácil que estas líneas predicaran el asalto a la banca o su nacionalización inmediata. Los bancos también acogen el capital ahorrado con esfuerzos de hogares que se han privado hasta de pequeños caprichos y tras una vida de trabajo se encuentran con un capitalito que aleja fantasmas cuando la vejez. Una medida seudo-comunista en este sentido penalizaría el esfuerzo y en cierta medida premiaría el derroche o el disparate financiero de muchos ciudadanos durante los últimos años.
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Nervios
Al nuevo ejecutivo parece que le ha dado el nervio. Cada mañana me afeito mientras la radio enumera una batería de proyectos de ley, cada viernes almuerzo mientras la bella Soraya especifica la carta de decretos ley y futuros decretos legislativos. Este nuevo gobierno busca la foto del movimiento. Me bajaría de cualquier avión en el que viera al piloto corretear de un lado a otro del pasillo y dar órdenes sin ton ni son y chillar al pasaje de lo que va a cambiar el vuelo porque él está allí. Huiría apenas oyera el motor o rogaría a la azafata que me emborrachase para abrir los ojos al final del trayecto, y si pudiéramos dormir juntos mejor, porque esa escena de un piloto enloquecido presagia un feo punto y final. Algo así está sucediendo por los despachos ministeriales. Como ese representante artístico de “Bienvenido Míster Marshall”, como el señor Lobo de “Pulp Fiction”, como los vendedores de naderías en aquella Calle Nueva de mi niñez, así las Ministras y Ministros vociferan consignas y advierten legislaciones como el que se la tenía jurada a otro y ahora llega la revancha, sin mirar que ese otro es España.
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Empleo y subvenciones
Los alcaldes de 21 pueblos de la provincia de Málaga se quejan porque no reciben cursos de formación de la Junta de Andalucía, o no les conceden la cantidad de cursos que quisieran, la calidad se deja aparte. El sistema educativo español se transformó hace años para que un trabajador pudiera reconvertirse en el plazo de dos cursos escolares mediante un ciclo de grado medio, o uno de grado superior; en ambos casos se garantiza una formación laboral de calidad y sólida, con titulaciones homologables e incluso válidas en algunos casos como créditos de asignaturas universitarias. Las capacidades que después cada persona tenga para buscarse el puesto de trabajo o el sustento van por otros derroteros. La vida se compone de saberes y sabiduría. La Junta embrolló este sistema de formación profesional con un entramado de talleres, escuelas taller, cursos, cursillos y otros sucedáneos de capacitación laboral que trincaban fondos europeos para el desarrollo. Academias, empresas, sindicatos, ayuntamientos y asociaciones se benefician de este dinero que la Junta otorga sin un criterio claro. Este catálogo formativo que nadie parece juzgar abarca desde cursos que en efecto rellenan pequeños yacimientos de empleo fuera del sistema educativo general, junto a otros que sólo contribuyen a la ocupación de las horas en su sentido más estricto. Miles de jóvenes abandonaron las aulas llamados por el olor a billetes rápidos que desprendían las obras y la albañilería sin cualificación. Quienes hace una década eran maestros albañiles ahora tendrán más o menos trabajo pero estoy seguro de que nunca faltará un sueldo que entre en casa aunque la crisis ocasione una falta de continuidad en los ingresos.
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Enfermedades
En Málaga han vuelto a aparecer enfermedades erradicadas durante aquellos años sesenta de la incipiente industrialización. Corre la moda de no vacunar a los niños. El sarampión o la tos ferina habitan de nuevo en los hospitales. Nos faltan sólo unas cuantas piojeras masivas y algo de sífilis y tuberculosis para que hayamos alcanzado nuestro pasado más tercermundista en este último ascenso hacia el desarrollo. Desconozco si este fenómeno se está produciendo al norte de los Pirineos, o sólo al sur de Sierra Morena. A pesar de que las vacunas han contribuido al bienestar de la humanidad y de hecho han conseguido alargar esta vida que en algún momento incluso se hace más larga de la cuenta, ciertas corrientes de pensamiento anti-científico y reivindicadoras de la ciencia infusa al modo chamánico están arraigando entre algunas capas de la sociedad al margen de su condición socio-económica. El paquete ideológico suele ir completito y envuelto en una serie de tópicos recurrentes, esto es, junto a un desprecio sin justificantes tanto de la medicina como de los médicos, sobre todo de los médicos, se unen creencias espiritualoides o animistas, fundamentalismos teológicos de toda clase y un conglomerado que va desde la fe en los cristales de cuarzo como seres energéticos hasta los OVNI. En un mundo donde se cuestiona abiertamente la teoría de la evolución de las especies, por ejemplo, no iba a permanecer algún resquicio del conocimiento sin su pincelada de escepticismo tabernario. Las bases de esos modelos anti-método científico rastrean siempre alguna teoría de la conspiración que justifique de buena tinta ese artificio cognitivo que aparta la ciencia moderna y sus laboratorios del camino humano. Una de las estrategias consiste en descalificar a la industria farmacéutica. He asistido a conversaciones sonrojantes donde un tipo, a quien le hubiera gustado estar en posesión de un graduado escolar, pontificaba no sólo sobre los últimos secretos urdidos por las multinacionales farmacéuticas que él conocía de primerísima mano, sino de vacunas, virus y bioquímica en general.
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Periódico de domingo
El último fin de semana nos lega varios titulares generados por el devenir político. En Málaga, durante el mitin del PP, Arenas señaló que si llegara a la presidencia de la Junta, se encontraría con un desajuste deficitario mayor que el provocado por el anterior gobierno de España. Rubalcaba pedaleando en esa carrera por coronar la presidencia de su propio partido pidió a los votantes de Andalucía que Sierra Morena se convierta en la frontera sur del PP y en invernadero para socialistas desterrados de otras regiones como hace tiempo sucede, debería de haber añadido. Al mismo tiempo el lector que disfruta la mañana del domingo con su desayuno, música relajante de fondo y el periódico sobre la mesa, busca comprimidos contra la acidez de estómago según cada página le empoza más el ánimo. Es cierto que Andalucía necesita un cambio aunque sólo sea por oxigenar unas dependencias de poder que se encuentran ya viciadas. Si damos como inicio del régimen de Franco el año 1939, el Generalísimo estuvo 36 años en el trono, o bajo palio, o al mando del cuartel, como cada quien guste más; el PSOE, o el partido así a secas, lleva mandando en Andalucía más de 30 años. Hay cargos políticos de los de a dedo que no han cotizado más que como eso, como cargo político de los de a dedo. Treinta años borran la memoria de cualquiera aunque la letra del tango amague la ilusión de que no son nada. En esos treinta años hay quien se siente un diosecillo intocable con derecho a repartir el dinero público como a él le venga en gana, por ejemplo, en Chanel, cocaína y Dom Perignon, como así se está destapando en ese vomitivo asunto de los ERE. En efecto, imagino que si el PP ganase las elecciones andaluzas, las destructoras de papel de más de un organismo público reventarán apenas se anuncien los primeros escrutinios. Treinta años dan para mucho. No es que crea que los socialistas en sí son malos, es que considero que el ser humano alberga dentro de sí muchos tipos de semillas, como ya nos enseñaron Don Quijote, o la Celestina y bajo determinadas condiciones, florecen unas u otras.
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Stella Maris
Siempre que voy a escribir sobre el concepto cultural en Málaga recuerdo una viñeta cómica de Serafín publicada, si no me equivoco, en aquella satírica y aperturista “La Codorniz”. Un tipo en exceso rural, apoyado sobre una barra de taberna, decía a los parroquianos algo así como que en ese pueblo habían alcanzado un nivel cultural tan bajo que apedreaban el estanco porque tenía librillos de papel para fumar. Alguien en los despachos municipales debería revisar el concepto de cultura que por allí se respira, su sentido va más allá de los cuatro tópicos de manual de bachillerato con los que, concejales o delegados elegidos por su majestad el alcalde, se despachan ante cualquier inauguración de cualquier evento. Cultura es lo que alguien les chivata que es cultura, si no, no lo ven, no pueden verlo y esto es un mal crónico de nuestra ciudad que difícilmente se convertirá en un referente de vanguardia si no es vanguardia de caspa. Cuando Miguel Briones era Delegado de Cultura ocurrió en una de las Noches en Blanco que un artista colocó, en la Plaza del Obispo y fuera de la programación oficial del régimen malacitano, un cuadro de gran formato en el que se veía a un niño junto a un personaje que se alzaba una sotana hasta las rodillas. Aquella obra fue retirada con celeridad por los pretorianos (vulgo, municipales) que, ante el tamaño del cuadro y se ve que ante la sorpresa causada por un objeto al que no estaban acostumbrados, comenzaron a darle patadas. Como era acrílico sobre tela y eso no se destruye a golpes, montaron en su vehículo y pasaron al cuadro varias veces por encima, con un claro desprecio no ya por el arte sino por la propiedad privada. La historia concluyó con el auxilio de una camioneta de la basura que se llevó la obra, y con la publicación de un detallado reportaje fotográfico sobre el evento en nuestra Opinión de Málaga. Si esas imágenes las hubiéramos visto emitidas desde Teherán o Marruecos, por ejemplo, hubiéramos calificado como salvajes a los autores de tal acción. ¿Exceso de celo policial? ¿Exceso de testosterona? ¿Órdenes furibundas? Vale, las autoridades culturales malacitanas no están preparadas para ningún tipo de manifestación artística así a bote pronto. Tampoco para la custodia de lo que ya le han dicho que es importante aunque haya sido declarado Bien de Interés Cultural. Y ahora la pelota la tiene el actual Delegado Damián Caneda que de pelotas parece que entiende.
La iglesia Stella Maris, Bien de Interés Cultural, fue construida en 1961 por encargo de los Carmelitas Descalzos al arquitecto José María de Paredes Barreda. El edificio constituye en todos sus aspectos un elogio de la sencillez y de la sobriedad consonantes con el monacato cristiano que profesa la orden que allí habita. El templo pasa desapercibido para el paseante inmerso en las prisas a las que obliga el trasiego de la Alameda Principal. Un grupo de menesterosos a sus puertas sentado delata su presencia, ejemplo de arquitectura neo-funcionalista de mediados del siglo XX. Stella Maris hace esquina con Calle Tomás Heredia y su parte trasera corresponde a Calle Trinidad Grund donde se ubica un restaurante que se anuncia al público desde hace algunos meses mediante un neón luminoso taladrado sobre la fachada lateral de la iglesia sin que hasta ahora hayan intervenido ni la policía ni ninguno de todos esos organismos que nuestro alcalde considera que debe conservar íntegros, esto es, Gerencia Municipal de Urbanismo (a quien no corresponderá el asunto), Observatorio Medioambiental Urbano (a quien tampoco), o Delegación de Cultura (pasará la pelota) que, por cierto, tiene su sede muy cerquita de Stella Maris y extraña que nadie se haya percatado de un luminoso taladrado sobre un Bien de Interés Cultural. Ya puestos, y dadas las penurias económicas del Ayuntamiento, podrían alquilarse como novedosas y carísimas vallas publicitarias, pues no sé, la estatua del Marqués de Larios para sombrererías, o el pórtico de la catedral. Imaginen: “Porque te lo mereces”, en rosa. Total, son piedras improductivas y pétreas. Y aquel tipo decía: tiene librillos de papel para fumar. Pues sí, tipos de esos aquí tienen futuro.
A partir de mañana
Un año que se va lleno de pobreza y otro que llega cargado de incertidumbre. Como toda forma de comunicación humana, los sms de año nuevo significan material para el estudio del ánimo; muchos de los que recibí en mi teléfono proponían la negación de los malos augurios, imploraban la alegría en el enfoque frente a tanta nube negra que oculta el horizonte. Como feo punto y final para el año impar que se marchaba, el nuevo gobierno anunció nuevos recortes y medidas que palíen el déficit y la locura de gasto que entre todas las administraciones públicas consiguieron. El alcalde de una ciudad tan endeudada como Málaga considera que no tiene que rebajar ningún servicio público, o lo que él entiende como servicio que, quizás, se debería redefinir para concretar dónde se gasta el dinero y dónde no. La paradoja actual para muchos departamentos municipales, autonómicos y de diputaciones consiste en que la reducción presupuestaria los ha dejado sin tareas salvo la de que sus empleados, y sobre todo sus jefes, cobren a fin de mes. Es decir, con el objetivo de racionalizar el gasto público algunas zonas de la administración púbica se están convirtiendo en oficinas propias de un universo kafkiano a las que sus trabajadores acuden durante un número de horas para no hacer nada pues no pueden abordar sus tareas. Pero la administración del Estado, que comprende desde el gobierno central hasta el del municipio, está contaminada por cargos políticos que hay que colocar y por amiguetes a los que hay que meter en la cosa pública y la cosa pública, en general, se ha entendido durante demasiado tiempo como la olla pública por la que nadie se preocupó de su límite de resistencia. Nadie, por más que ahora, cuando los malos oleajes arrecian, partidos y sindicatos alcen indignados la voz al cielo como forma de protesta contra una situación a la que contribuyeron por acción, omisión, palabra o pensamiento. El ciudadano encuentra tres o cuatro departamentos iguales en la administración autonómica, local y de su diputación, pero nadie desde las instancias gubernamentales se plantea su simplificación o supresión. Habría un cargo del partido al que recolocar y eso de quedarse sin sueldo y cuota de poder no lo desea nadie y menos en tiempos de paro y crisis como estos que nos atenazan.
Hoy es lunes festivo. A partir de mañana comienza el lento deambular de este nuevo año al que ya le han colocado grilletes en sus tobillos desde los últimos días del año pasado. Después de los anuncios en tono casi tétrico de la Sáenz de Santamaría a ver cómo se estimula el consumo general de los españoles. Si no hay consumo no hay empleo; si no hay empleo no hay ingresos para que el Estado pueda cubrir los servicios públicos que necesita la ciudadanía. Un monstruo que se devora a sí mismo sin solución. La administración pública podría adelgazar mucho y en poco tiempo pero quedarían fuera militantes de partidos y otros advenedizos a la función pública que además no tendrían dónde ir porque no saben hacer nada. De ahí que D. Francisco de la Torre ya haya anunciado para tranquilidad de sus allegados que seguirán siendo desempleados de lujo, esto es sin trabajo ni funciones pero con un sueldo mientras él gobierne la casa. De ahí que las Diputaciones continúen en el organigrama estatal como reinos de taifas donde recompensar favores e, incluso, donde las cuotas de poder de una u otra corriente de uno u otro partido encuentren su propia cueva. De ahí que un gobierno recién elegido actúe como aquel personaje de José Tomás de Lampedusa que cultivado en el cinismo explicó que era necesario que todo cambiara para que todo siguiera igual, esto era, en manos de los poderosos como él. Y así sigue. Este año que hoy se inicia será el primero de una época en la que gobernarán iguales siglas en Madrid, Málaga ciudad, Málaga provincia y pronto en Sevilla. Malos tiempos para que gentes del partido queden en la calle, todo seguirá igual aunque descrito en sucesivos episodios con el tono telenovelero de la Soraya. La esperanza de un año mejor por ahora viaja en los sms.
Monólogo del día 26
Ya hemos pasado las pruebas iniciales. Los primeros ataques al colesterol, al hígado y a la glucosa. La cartera también se ha llevado lo suyo y aún estamos en mitad de la guerra porque esto no ha hecho más que empezar. Las navidades cansan, al menos a mí, o al menos aquí en el sur, por lo largas y lo desordenadas que son. En mi calendario personal, que me consta ha coincidido con muchos calendarios personales, las primeras escaramuzas se fijaron en torno al día 16 de este diciembre. Cenas de esas de las que están las sepulturas llenas con amigos a los que no veremos en estos días; no por los enormes ciegos que paradójicos se prevén, sino porque marchan a otras tierras y aquí no se perdona ni una sola ocasión de brindar por algo. Tras estos avisos con gorrito rojo y declaraciones de amistad y cariño y juramentos solemnes por la mañanas de que esas habían sido las últimas copas de estas navidades, arrecian las comidas con compañeros de trabajo e, incluso, he sabido de comidas con compañeros de desempleo. Los complementos circunstanciales no pueden amargarnos el verbo vivir. Fuera primeras marcas, chacinas con menos pedigrí en los platos y cerveza toda la noche, también a la hora de los espiritosos, mezclada con chupitos de tequila barato provoca el mismo efecto que cinco güisquis, estas son las claves. Porque se trata de almibarar un poco este fin de año al que se le fue la mano con tanta amargura ambiental. Hasta al Rey de España se le atragantó un pavo. Veremos si no lo tiene que escupir. A nadie han respetado estos doce meses que ya se diluyen. También están quienes recibieron su premio de fin de diciembre. Entre los amigos sé que no ha tocado la lotería porque aún conservo a todos; pero para gordo navideño el de las y los ministrables. Me pasé todo el día nervioso comprobando la cobertura del móvil y la línea del fijo, pero nada. Decepción por la tarde cuando no oí mis apellidos en la lista de Mariano. Tan gallego él, no soltó prenda hasta que casi estuvo ante las cámaras. No digo ni que sí ni que no, respondió enigmático a cuantos lo llamaron en esas horas previas al desenlace. En fin, tampoco me llegó la consolación de las Secretarías de Estado. Sé que ningún amigo ha sido agraciado con estos premios, porque aún me hablan todos.
En Estados Unidos existe un almacén que permanece todo el año abierto para que la parafernalia navideña pueda ser adquirida en cualquier época del año. Y allí la decoración festiva de una casa puede necesitar una central eléctrica de complemento. Sin embargo, hasta esa sociedad donde los festejos a Santa son tan señalados sufre menos liturgias que la nuestra; al menos que la nuestra malagueña, o al menos liturgias de cenas y copas hasta que algún órgano interno reviente. Y por si estas fechas no fuesen de por sí complejas, también conozco el caso del que comete la torpeza de arrastrar familia y amante a la antigua usanza hasta estos días. Ante la llegada del día 20, más o menos, al sujeto le quedan dos alternativas, esto es, o bien monta una pelea con el o la otra por el más mínimo motivo y así evita tener que realizar o contestar llamadas incómodas en momentos clave, unido a la dificultades para escapar de casa rodeado de familia, o bien dinamita las navidades en el propio hogar, cosa que jamás le perdonaría ni su propia madre y luego generaría una grave factura en el psicólogo de los niños. De ahí la frecuencia con que uno descubre en la barra de los bares corazones solitarios tocados por gorritos y ojos acuosos, y aquí el infortunio no hace distinción de sexos. Pero bueno, hoy estamos ya a 26; aún queda el regreso de amigos y familiares lo que obligará a encuentros que en nuestra cultura se materializan frente a comida y bebida. Y queda la compra de regalos para Reyes además de los que se entregaron ayer por Santa Claus, que ya tenemos dos tradiciones sumadas, como árbol y belén, uvas y sorbitos de champán, o misas y bragas rojas. Ya digo, la navidad comenzó el 17 de diciembre y acabará con serias dificultades.
Gastos municipales
Dos noticias se conjugan como radiografía del desánimo. Por un lado, el gobierno ha recortado las inversiones en investigación universitaria; por otro, el Ayuntamiento de Málaga no sabe recortar sus grandes gastos. Alguna vez he escrito que un importante inversor judío neoyorkino indicaba en una entrevista que muchos ciudadanos de gran parte de los países europeos o de Estados Unidos, se endeudan para comprar una casa; aquel hombre razonaba que era mejor endeudarse para emprender un negocio y una vez que estuviera asentado y se pudieran prever gastos e ingresos con una cierta perspectiva, entonces, llegó el momento de abordar la propiedad de la vivienda. Las diferentes escalas que componen eso que llamamos Estado Español amasaron deudas, lo que ya estamos pagando en falta de dinero para invertir y lo que es peor, adoptaron ciertos hábitos que ahora impiden la rebaja del gasto público de modo efectivo. Los grandes problemas de credibilidad de la economía española no parten ya desde las instancias del gobierno central, sino desde las diferentes taifas autonómicas, municipales y de diputaciones donde se montaron estaditos en paralelo a veces sin control efectivo de ese Estado que somos todos. Cuando el ayuntamiento de un pueblecito de Lugo por poner un lugar lejano, se entrampa más allá de sus posibilidades, aunque sus ciudadanos sean los primeros en sufrir los efectos de ese desajuste contable, al final hay facturas que tiene que abonar ese Estado que somos todos y que sólo tiene un bolsillo y una cantidad de dinero. El olvido de esta regla tan elemental provoca el perverso efecto de que la señora que cobra 500 € como pensión de viudedad, cifra de por sí vergonzosa, vea que el Estado no le aumenta la paga, lo que equivale a reducir su poder adquisitivo un 3% por coste de la vida, vea que su Ayuntamiento le sube las tasas de todo, vea que el Estado aumenta el IVA de transportes y otros servicios; al final le quedan unos 400 € para pasar el mes. Parte del producto de estas extorsiones se destinará al pago a asesorías y altos cargos municipales de ayuntamientos en quiebra que no tuvieron reparos ni obstáculos de ningún tipo para fijar los sueldos que quisieron y la cantidad de funcionarios que también quisieron como método para afianzar votos y clientela.
Ahora nos quedan años por delante de injusticias como la descrita y el Ayuntamiento de Málaga no sabe de dónde ahorrar gastos a pesar de que el alcalde siempre tuvo una más que generosa política con el número de organismos municipales de los que no ha suprimido ninguno aunque ahora sean organismos con suspensión de actividad pero no de sueldos. A pesar de que a Don Francisco se le llena la boca de la defensa y cuidado de lo que es de todos, su política municipal es nefasta para los dineros públicos y profundamente injusta con los malagueños más desfavorecidos. Como dijo aquel judío, hay que saber dónde gastar y dónde no gastar. El recorte en gastos de investigación universitaria, o en educación, no hace sino aumentar los gastos del futuro en importaciones, en dependencia tecnológica y pagos de patentes, y en ausencia de personal lo suficientemente preparado en campos económicos estratégicos como para que cuando fluya el crédito de nuevo alguien pueda invertir en empresas sostenibles a largo plazo. Es una des-inversión que significa un cierre parcial del negocio cuando además estamos pagando una tremenda hipoteca nacional con falta de ingresos a causa del paro. Si se disminuyen los flujos de capital investigación, cuando el dinero regrese a los bancos, serán los propios ayuntamientos los que se conviertan otra vez en los promotores inmobiliarios de una economía especulativa y basada en empresas efímeras de construcción pero que ingresan en sus operaciones impuestos de modo rápido. Los alcaldes volverán a montar un mini-estado con sus organismos, institutos, oficinas de, asesores en el interior y exterior y toda esa feria que en mitad de esta crisis sigue exigiendo su mordida y que, desde luego, el alcalde de Málaga no va a reordenar, vaya que se enfaden los amigos.




















