Para beber no hace falta divertirse

La vida es ocio y los sueños, sueños son en la ciudad con más parados de nuestro entorno. Se acabó la Navidad y contraataca el señor Caneda con un titular para feriantes, allanando el camino a los que no les queda más remedio que ocupar su excesivo tiempo libre de alguna forma de aquí a agosto. Dice que el Ayuntamiento eliminará las casetas del Centro durante la Feria de Málaga en su pertinaz lucha contra el botellón de los descamisados. Su remedio contra el caótico achispamiento general se traduce en apartar de la vista pública a los desorientados pero, sobre el caos no se pronuncia. A los arapahoes malagueños se les quita el agua de fuego en la calle y a cambio, se les deja que deambulen libremente por el desconcierto con opción de incluirse, si lo desean, en el folclore que pretende impulsar a base de apretujones en los huecos que queden libres. Se trata de impostar el folclore por decreto, de 10 a 16h, como si no tuviera que ver con la tradición sino con un ánimo de disfrazarse con él en un momento determinado.
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O una bicicleta

Queridos Reyes Magos:

Espero que me hayáis echado de menos durante los últimos treinta y cinco años y que os sorprenda y alegre mi decisión de retomar el contacto después de tanto tiempo. Como prueba de buena voluntad, he decidido dejar aparcado el tema de la bicicleta -por ahora- pues, al fin y al cabo, el Ayuntamiento persiste en su desinterés por ofrecerle un carril adecuado a mi escasa pericia, y no está uno ya en edad de jugarse la vida cada mañana contra todo el parque automovilístico malagueño. Por lo tanto, estoy dispuesto a seguir caminando otras tantas décadas como sean necesarias, sin rechistaros, en tanto en cuanto no consideréis a bien traerme aún la BH azul metalizada que tanto demandé y que ya sólo debe de encontrarse a la venta, como objeto de coleccionismo, en algún anticuario de Vitoria, ciudad soleada donde las haya. Lo peor para mis intereses hubiera sido que, por insignificante, ni siquiera hubieseis notado mi ausencia. Que todo es posible. El que no llora, no mama, que decía el dicho y que yo por mi idiosincrasia, suelo practicar a no ser que me indigne de forma contraproducente. La última vez en la que recuerdo haber pataleado críticamente, ajustándome al acervo popular del mamífero llorón, fue a la entrada de una de las aproximadas 40 fiestas del festival de Málaga a las que jamás he sido invitado y a las que, clamando al cielo y al infierno –y con una buena agenda de contactos-, conseguí finalmente acceder.

Pero con vosotros, majestades de mis entrañas, no fui así. Mi indignación era tal que mi soberbia pudo conmigo. Como me pasó en el Cortijo de Arte Contemporáneo del señor Francés en uno de esos ágapes poco asiduos que organiza para gente fina con los casi tres millones de euros que recibe del Ayuntamiento. Allí ni me quejé cuando vi un listado exclusivo de invitados. Me fui airado para mis adentros como para que sufrieran mi dolorosa ausencia y añorasen mi amena conversación y mejor compañía todos los selectos devoradores de sushi con pasta que allí se citaron.

Han sido demasiados años de silencio equivocado, lo reconozco. Pero os vuelvo a querer muchísimo, gracias a la crisis, y estoy dispuesto a dejar que os resarzáis de todo lo que no os he pedido en este tiempo, para que me lo traigáis recopilado y con gusto, todo en uno –o en dos, mejor dicho-. Bien mirado, ahora que está tan de moda eso de la “austeridad” en el PP, os he ahorrado treinta y cuatro viajes.

En fin, yo, para este año, en el que me he portado tan bien que ni he mencionado aún a vuestro pariente Urdangarín, ni a la fortuna que le pagamos legal y democráticamente al Jefe del Estado del Bienestar y papá político -primo vuestro, supongo-, sólo os pido dos memeces de esas que se suponen derechos fundamentales en nuestra Constitución, como el valor en la mili. No, no quiero invitaciones a saraos, ni que dejen de gastarse el dinero de los malagueños en ese tipo de actos protocolarios indecentes, ni en luces navideñas, ni en asesores taurinos, ni en museos de citrinos… Ni siquiera pediría que cesasen los sorteos de entradas para el populacho cuando se pre-reinaugure el Teatro Romano, no… Si en el fondo soy bueno y sumiso… Criticón pero bienintencionado en el sentido más desdeñoso y conformista del término. Yo sólo os pido lo que me pertenece por Derecho, porque así viene en la normativa democrática que con tanta ilusión votaron mis padres en el 78. Voy allá:

Yo sólo quiero una casa y un trabajo.

Bueno, y si puede ser, un sillón pues, mucho me temo que voy a tener que esperar sentado.

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La broma del Museo

Hoy es mi día de asuntos propios pues inocentón me considero hasta que no se demuestre lo contrario. Así que, como cada año, le pongo especial interés en aflojarle la fe a los titulares sorprendentes que me ofrece la prensa local por aquello de disimularme pillín y avezado. A diferencia del fútbol, aquí el más tonto no hace relojes, ni mucho menos, y no sería la primera vez que me creyera a pies juntillas algún inconveniente del peor gusto. Mi primera vez fue en clase adolescente, cuando aún me peinaba, y el objeto ruborizante empleado en el ardid fue una escueta nota manuscrita de la que emanaban los mismos efluvios del instinto carnal que yo encubría y que, por supuesto, no cabría imaginar en una joven tan delicada como la que supuestamente firmaba. Desde entonces soy tímido y precavido.

Tanto que, para no caer en la trampa, he decidido encontrar la noticia bromista en el periódico de hoy y demostrar mi pericia pseudoculpable. Ha sido fácil, inocente y divertida: “Los arquitectos proponen el convento de San Andrés como museo”. Qué risa, me troncho. La noticia, que parece real, continúa asegurando que “el Colegio de Arquitectos aplaude la propuesta de la inmobiliaria ImNova e insta al Ayuntamiento a estudiar el proyecto”, qué ironía más fina. Dice, “el decano del Colegio de Arquitectos de Málaga, Antonio Vargas, ha considerado que la creación de un museo dedicado a la Arquitectura podría ser un proyecto muy interesante para dinamizar aún más la actividad cultural y comercial de la ciudad”, y les ha faltado añadir lo del gran espacio de ocio para parecerse más aún al fiasco de Art Natura, qué graciosos.

A mí me gustan mucho estas bromas que, sacadas del contexto del día, podrían considerarse buenas propuestas para la ciudad. A eso le llamo yo “urdir” en la llaga. En vez de los grandísimos Museos de Museos secretos del alcalde, en vez de los enormes citrinos en La Tabacalera, un museo de Arquitectura, de cierta envergadura cultural, no estaría nada mal para una ciudad que se autoimpone esa etiqueta a bombo y platillo para no reconocerse perdedora en la carrera del 2016.

Un Museo de la Arquitectura estaría bien pero en Málaga es imposible. Aquí gemas y cuadros alquilados sí, pero museos interesantes, no. ¿Por qué? Porque según el Alcalde los museos son caros. Y a fe que debe creerlos así pues se gasta 7.800€ diarios en el Centro de Arte Contemporáneo, 5.700€ en el Thyssen, o 3.300€ en Art Natura (sin abrir). Pues claro que le salen caros. Carísimos. Sólo con estos tres espacios museísticos, nuestro Ayuntamiento se gasta 17.000€ diarios, o sea, medio millón al mes. Ahora bien, a pesar de la millonada, no son tan caros como el Museo del Prado, dice y se queda tan ancho.

Lo del Museo de Arquitectura será inviable en tiempos de crisis porque sólo teniendo que abonar una gran cantidad de dinero lo estudiaría el Consistorio, o eso se deduce de su devenir. Y no está el horno para bollos. Y menos, cuando el único bollo que se tiene entre ceja y ceja es el Museo de Museos, el que, por nuestros bolsillos, será conocido como el Museísimo del Terror.

Novatadas a mí…

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Citrino Málaga

A mediados de enero se cumplirá el plazo de 120 días que dio el Ayuntamiento a los adjudicatarios de Art Natura para la apertura de lo que se dio a conocer como “el gran centro cultural y de ocio de la capital de la Costa del Sol”, aunque todo parece indicar que no será así. Según Art Natura el conjunto edificatorio donde pudieran instalarse los tres museos previstos -el de Gemas y Arte, el de Ciencias de la Tierra y el de Ciencias de la Vida- “ni se ha entregado ni podría ser entregado en mucho tiempo”, porque las obras de su mayor superficie están paralizadas desde hace meses por parte del Ayuntamiento.

Tantas vueltas ha dado el asunto, sobre todo a lo largo del último año, que no me atrevo a asegurar que no habrá museo de las gemas en Málaga, aunque todo apunte a ese final, supongo que indeseable. Y digo supongo, porque por más que me haya esforzado en entender qué podría haber convertido al citado conjunto museístico no en uno de los mejores sino en el más grande de los centros culturales de Málaga, no he logrado encontrarle respuesta. He podido deducir que la grandeza se refiriera a los aproximadamente 15.000 metros cuadrados que ocuparían sus instalaciones (20.000 según la web oficial, www.art-natura.es), aunque de ser así, la afirmación con la que tanto el Ayuntamiento como los adjudicatarios del proyecto la definían, cuanto menos, resultaría tramposa.

No obstante, yo fui de los crédulos que consideraron como ambiciosa la apuesta municipal. Muy seguros debían de estar de lo que se traían entre manos cuando le dieron tanto protagonismo al humo y más aún cuando la semana pasada se hizo público que nuestro consistorio no dispuso de aval alguno en el contrato para poder recuperar el dinero aportado en caso de que el proyecto no se llevara a cabo. Debió de ser que prevaleció la confianza en el momento del acuerdo, digo yo. Ya hemos sufrido situaciones parecidas de riesgo gratuito, como ocurrió en el momento previo a la cesión de la obra pictórica de la baronesa, o con la red biznaga, en las que parece que a nuestro alcalde le gusta más actuar de funambulista que desdoblarse en la de hombre precavido.

Lo peor de este turbio asunto que finiquitará los desaguisados municipales del presente curso –esperemos- es que no sabemos qué ha pasado, si es que una parte ha intentado aprovecharse de la otra o, si acaso, ha sido la crisis la que se ha aprovechado de las dos. Yo que creo en las buenas intenciones de partida, imagino que los números no le salen a ninguno. Tal vez el Ayuntamiento no pueda afrontar el desembolso total de sus compromisos, o quizá, los de Royal Collections no consideren viable el mantenimiento de tan magnífico –por lo extenso- espacio cultural y de ocio. A la postre, algo que el Municipio y la empresa consideraban beneficioso, ya no lo es. Está claro. Y alguien pagará los platos rotos. También. No creo que necesite explicar aquí quiénes seremos los últimos perjudicados, sobre todo por el hábito con el que nos toca.

En definitiva, otros cinco millones de euros han volado. Y de no llegar a un acuerdo, qué pena, el mundo malagueño se perderá poder observar el Citrino rutilado Cahimbó o el Topacio Lua de Marabá. Imprescindibles, sin duda, para nuestro ocio y nuestra cultura.

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Soñar es demagogia

Me han dicho que la estrella navideña ya ha llegado a algunos puntos de la geografía española. En Teruel, por ejemplo, ha comenzado una campaña, “Besos por Navidad”, en la que la moneda de cambio será el beso-vale, que se podrá canjear por horas de parking o entradas para el cine. La idea ha sido tan tierna como efectiva pues se han sumado a ella la mayoría de comerciantes, ofreciendo descuentos de hasta un 10% en sus artículos a cambio de dos o tres besos, dependiendo de lo tacaño que sea el encargado. Esta idea que no ha surgido de ningún licenciado en economía, ni siquiera de otro en marketing, se le ocurrió a un cantautor turolense de fama muy localizada, quinientos metros a la redonda por los alrededores de su casa. El joven en cuestión, David Sancho, compuso un villancico, “Besos por Navidad” y salió a la calle dispuesto a besarse con quien se encontrara en el camino, mientras le entonaba su cantinela. Uno de los besados fue el gerente del Centro Comercial Abierto de Teruel, que interpretaba en su vida real el papel de Mr. Scrooge, debido a la consabida crisis que obliga a cerrar los pequeños comercios del Centro de aquella ciudad y tanto lo malhumoraba. Pero aquel beso cantado le cambió el día. Se volvió tan buen hombre como cualquier otro esperanzado, como los de antes, como los que convivíamos en la era del ladrillo especulado, y le propuso a aquel perroflautista de Hamelin que siguiera cantando su canción, a ver si lo seguían los compradores hasta las tiendas. Y ha funcionado. Dicen los comerciantes que las ventas se han incrementado un 17% respecto a las del año pasado. Y además, Teruel existe. Ya he disfrutado de la noticia en dos telediarios.

Y la estrella, desde Teruel, se le perdió el rastro hasta que se la vio el otro día en un pueblecito de Granada, Dúrcal. Allí, el alcalde decidió ahorrarse las luces navideñas y quitarse el sueldo para que veinte parados del municipio pudiesen soportar mejor sus navidades con setecientos euros extra en el bolsillo. Mira que podrían ser tristes las navidades sin lucecitas. Y mira qué felices están, a cambio, en el pueblo. Esa es la diferencia entre la caridad y la solidaridad. La caridad se produce entre los poderosos y sus débiles. En cambio, la solidaridad, sólo es posible entre iguales. Las Navidades perfectas son las solidarias, queda claro. Todos nos podemos besar, o todos podemos prescindir de las maravillosas lucecitas para conseguir un bien común. Setecientos euros de la nada por un trabajo, es solidario. Los mismos, regalados, son caritativos. Y dramáticos.

Extrapolar estas noticias a Málaga, sería complicado. Aquí se dan limosnas y se ponen muchas lucecitas. Málaga se gasta más que Barcelona, Sevilla o Valencia en iluminación navideña. 900.000€ de caridad municipal. Y sólo se debe a una causa: el contrato con el empresario de las luces es por trienio. El próximo año, lo mismo, ya se doblen o tripliquen las colas del paro. Aquí una campaña de besos sólo sería posible de la mano de un asesor que contratara a un economista, que contratara a un experto en marketing, que contratara a un perroflauta, por un montante total de otros 900.000€ de austeridad por el bien del comercio. Y, por supuesto, no habrá alcalde ni concejal malagueño que renuncie a su sueldo, a no ser que se vaya al senado (y por imperativo legal). Sólo con los 900.000€ de las luces y los 67.000€ a los que ha tenido que renunciar el alcalde obligado por sus nuevos menesteres patrios, se podrían contratar a 1.381 parados malagueños como los 20 de Dúrcal. Sin luces caritativas, con navidades solidarias. En general, un poquito más contentos de nosotros mismos.

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No hay puente

Las dudas sobre si era puente de la Constitución o de la Inmaculada se me han disipado este año, por fin. Ni lo uno, ni lo otro: no hay puente. Mis sobrinos van al cole, los funcionarios trabajan y los demás le rezamos plegarias constitucionales a la burbuja del Estado del Bienestar para que vuelva a nuestro lado. Vivíamos por encima de nuestras posibilidades, dicen los sabios, los mismos que callan acerca de que ahora lo hacemos por debajo y a tenor de sus caras serias, nos incitan a especular con que así seguirá siendo un poquito más que a largo plazo. Así las cosas, el mejor regalo navideño que le podemos hacer a un amigo es una buena pala que lo ayude a seguir cavándose. Pero todavía, no. Cuando llegue la Navidad, que no sé exactamente cuándo será. Otros años era ahora. Éste a saber. Sin puente por detrás ni por delante que nos delimite, no cruzamos a la otra orilla, esa de los momentos entrañables, los turrones y la zambomba. Los comercios son la prueba palpable. Siguen sin decorarse. Los arbolitos continúan en el campo y los belenes en los altillos de los armarios. Por no haber, ni pandereteo callejero del que arrepentirse en la oficina al día siguiente, tras la cena de empresa. No se sabe si habrá cena porque tampoco se puede asegurar que seguirá habiendo empresa. Cestas, pocas. Loterías, muchas. Pero acoquinando.

Nadie da nada aún, a pesar de tanto cuento navideño. Bueno, nadie, no. Para romper una lanza sobre el estado crítico de las cosas, nuestro Ayuntamiento ya ha hecho el encendido austero de las luces navideñas. Y han ahorrado en bombillas. 20.000 nada menos. Aunque al mismo precio del año pasado. No sé yo cómo, pero así ha sido. Quizá sea para reactivar al empresario bombillero, para ayudarle a crear dos puestos de trabajo. Debe de ser por eso que Málaga fue la provincia española donde más subió el paro el mes pasado, pero con dos parados menos de los previsibles.

Pero las bombillitas preciosas son tristísimas y a pesar del diseño exclusivo, decadentes, porque nadie las acompaña. Parecen luces de mediados de enero, a punto de llevarse a su almacén para que duerman. La culpa es de Europa y de las ganas que tenemos de ser como no somos. A ver si el próximo año regresa el puente y nos ponemos de acuerdo el Consistorio y sus representados para volver a darnos las pascuas conjuntamente. Aunque lo veo complicado sin permiso de Sarkozy y de Merkel, que nos subrayan la pereza hispánica en cada telediario y nos provocan remordimientos hasta de nuestras fiestas de guardar. Yo estoy seguro de que los pocos que aún podemos trabajar, lo hacemos en el no puente para demostrarnos a nosotros mismos y a los belgas y a los daneses ese mismo afán germánico por la productividad que no se nos presume, como tampoco la cobardía en la mili.

Si la semana que viene aún no es Navidad, no se preocupen, a la siguiente, con el sorteo, sí. El primer enfado navideño se pasará con la llegada de los pocos que queden por volver a casa, como en el anuncio. El resto ya lo habrá hecho a lo largo del año, con el carnet de paro bajo el brazo y ocupando a destiempo su vieja habitación de adolescente entrado en años -o estará a punto-. Sólo espero que para entonces, algún empleado de los servicios operativos municipales, no se haya despistado y haya recogido los adornos deteriorados por el abuso. No sería tan raro tras un ataque epiléptico o simplemente por estrés post-deslumbramiento. Y sería terrible perderse ese momento de Jijona sin que se reflejaran parte de esos 900.000 euros austeros en los cristales de mi hogar.

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El Muelle 1

Me dijo mi sobrino ayer que me había convertido en un refunfuñón. Debió de verme tan atribulado con su comentario que lo retiró en seguida e incluso me hizo alguna carantoña compasiva antes de irse al cine con sus amigos y mi dinero. De no haber sido por aquel encuentro, estaría criticando los 900.000€ en bombillitas de colores que se está gastando el Ayuntamiento en hacer un poquito más felices a los hijos de nuestros parados. Pero no. He decidido que a un paso de tan entrañables e iluminadas fiestas navideñas, tenía que escribir sobre algún aspecto positivo –a todas luces- de nuestra querida ciudad. Y se me ocurrió escribir sobre el Muelle 1.

Del Muelle 1 se ha hablado tanto desde hace tanto, que tanto me daba aportarle una crítica positiva a su esplendoroso momento inaugural. Una crítica positiva a la vez que constructiva, con la idea de darle un empujón a las obras y al montón de obreros que como muy bien decía ayer Don Patricio Gutiérrez del Álamo, llenaban el entorno portuario con casi tanta gente como la que había en calle Larios, pero con el mono de trabajo y el casco puesto, eso sí. Finalmente, ayer, no se pudo hacer el acto inaugural previsto. Pero no porque esté todo patas arriba y a medio hacer, que sería lo criticable, sino por un papelito burocrático que le faltaba al parking, por cierto, inacabado. De todas formas, nada grave. Los potentados de la ciudad pudieron pre-inaugurarlo por su cuenta anteayer en un cóctel nocturno para ricos, políticos y cargos de confianza. Y ayer, aunque sin acto oficial de inauguración para pobres, por el dichoso papelito del parking, los malagueños de andar por casa y pasear por el puerto tuvieron permiso para comprar, comer o beber lo que quisieran. Ya estaba abierto. O casi. Los gerentes y encargados de las tiendas y los negocios de restauración al menos estaban dentro, ajetreados. Yo me asomé a preguntar en un par de ellos si se podía pasar y la respuesta en ambos casos fue difusa. No tenían butano, me dijo uno, sin que yo entendiera que tenía que ver aquello conmigo, y que no les permitían descargar las mercancías, me dijo el otro, tras asegurarme que se había caído intentando hacerla con una polea desde el Paseo de la Farola. Así las cosas, vi a una marinera en puerto regalando botellines de cerveza de la Sureña y allí me fui a encontrarme con todos los periodistas que habían acudido a la no inauguración del Muelle 1. Oye y qué bien y qué a gustito. Ni polvo, ni camiones, ni martillos hidráulicos que consiguieran refunfuñarme. Sí, Málaga es diferente. Aquí se fija un día de inauguración con cinco años de retraso y se llega tarde. La suerte es que a pesar de que ya pasaran la inspección de Bomberos, faltara el papel. Ese que te libra del ridículo de suspender la inauguración por obras.

No seré yo quien critique hoy la gestión de nadie. A mí, lo del PuertoShop, me encanta. Primero por los 400 empleos directos que, aseguran, genera –y espero corroborarlo cuando todo esté a pleno rendimiento-. Después por los 700.000 cruceristas que, por fin, se bajarán del barco porque, aunque no se diga, Málaga es sólo una ciudad de paso con una media de tres horas de atraque. Y tercero, y más importante, porque por aquí no hay tanta lucecita barroca navideña de las que tanto le gustan a nuestro absoluto gobierno iluminado.

Como estaba todo en obras, he echado un vistazo a la web -http://www.muelleuno.com- para enterarme de qué va a ser y cómo va a quedar todo de bonito para regocijo portuario pero, tampoco pudo ser. También están en construcción. No han debido de tener tiempo de prepararla. Sin embargo, un detallazo me ha conmovido: en vez de decirte “página en construcción, perdonen las molestias”, te dicen “en breve te acercaremos al mar desde aquí”. Cómo me gusta todo.  ¡Viva el Muelle 1!

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Veintitantos N

Ya hemos ejercido nuestro derecho al voto y tan contentos. A diferencia de anteriores experiencias de este tipo, esta vez no ha ganado todo el mundo, sólo el PP. Aunque a decir verdad, satisfechos se muestran casi todos. IU y UPyD sacan pecho, con cierta razón y parecida a la de los nacionalistas de las Comunidades Autónomas Históricas españolas. Galicia, El País Vasco, Navarra y Cataluña tienen quienes los defiendan en Madrid. Como siempre. A Andalucía no le pasa porque de histórica tiene sólo el valor enciclopédico que lo demuestra, que no debe de sumar mucho en la nueva Era Postcontemporánea de las Telecomunicaciones. En esta Historia de las Actualidades, seguimos sin representantes exclusivos, y ya nos han adelantado los canarios, los asturianos y casi también los aragoneses aunque, estos, en comandita con IU. Que no tengamos nacionalistas andaluces en Madrid podría resolverse en que tampoco los tenemos en las calles. Pero a tenor de lo que sucede en Canarias o Asturias, por ejemplo, no termina de sustentarse tal desafección simplemente en el desarraigo del amor regionalista frente al fervor patrio. Yo creo que se debe más bien a la buena memoria en cuanto a los dolores inolvidables, como aquél que nos produjo el fallo de Cardeñosa en Argentina frente a Brasil, o Señor o Eloy en sus penaltis del adiós, muy buenas o, a lo que iba, Alejandro Rojas Marcos en el Congreso de los Diputados cuando quisimos ser tanto como vascos, gallegos o catalanes. De aquel PSA de 1980 no queda nada gracias a la supuesta traición del 144 de la Carta Magna. El Poder Andaluz se transformó en Partido Andalucista y dejó, poco a poco, apartadas las barricadas para intentar convertirse en partido bisagra. De la derecha o de la izquierda, pero también de arriba o de abajo. Sin ideología es difícil defender algún interés pero más aún que alguien confíe en que puedas hacerlo –que a la postre, es lo único que cuenta en nuestro sistema político de sufragio y espera-, por más andaluces que se sientan o se proclamen unos y otros. En fin, viva la solidaridad. Esta vez tampoco habrá andaluces egoístas sin disciplina de partido nacional ni en el Congreso, ni en el Senado.

Pero si bien antes hablaba de que sólo había un ganador de las recientes elecciones, en igual medida se asume que únicamente ha habido un perdedor: el PSOE. Tanto por propios –lo más sorprendente- como por extraños, el varapalo se endosa en cualquier análisis postelectoral, y venga de donde venga, siempre a los mismos. Y no es que yo dude de que haya sido así pero, tampoco recuerdo un mensaje parecido, tan derrotista, en ninguna comparecencia pública de ningún partido, por más descalabrados que saliesen tras una consulta popular. Y sólo caben dos conclusiones: o lo han hecho tan mal como parece y se encuentran en estado de contrición a la espera de recibir la gracia que los absuelva de la pesada carga del último año de gobierno a la europea, para avanzar, o lo que es peor, no les queda nadie en los confesionarios que los escuche ni, mucho menos, pueda orientarles sobre su penitencia. En ese caso no estarían esperando, sino esperando sentados.

El PP ha ganado como nunca y lo ha celebrado en catalán, o sea muy íntimamente. Dicen, con apariencia asustadiza, que es hora de trabajar. Que a pesar de la mayoría absoluta, intentarán que prevalezca el consenso. Pero no arrancan. Y una de tres: o saben ganar mucho mejor que perder y no tienen prisa o, de forma preocupante, tienen tan claro como en su ambiguo programa electoral lo que van a hacer para empezar a resolver los problemas de la crisis mundial, para que cuanto antes, repercuta en la de España o, tercero y más grave, Merkel aún no les ha chivado un plan de actuación porque ella tampoco lo tiene.

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20N

Quedan sólo cuatro días para la cita democrática por antonomasia. El domingo elegimos entre todos al nuevo gobierno que apechugará con la crisis durante la próxima legislatura. Los eruditos económicos más optimistas sitúan el final del abismo en 2016 -famoso año este- y, quien acceda a la gerencia del desastre verá coartado su margen de maniobra por los datos macroeconómicos, presumiblemente desbocados. He leído la opinión de varios sociólogos que apuntan hacia un gobierno de ida y vuelta. El que trabaje ahora a destajo podrá dejarle las arcas más o menos arruinadas al que lo suceda en 2015 para que, sin que éste haga nada, pueda llevarse todos los méritos honoris causa por el repunte anunciado. Así funciona la política cuando depende de la Economía. Uno puede arrogar todos los deméritos del capitalismo al partido oponente, por más que sea un dios inmanejable y huidizo. Los mercados, que no son nada ni nadie sino todos nosotros especulando en desorden y con libre albedrío, nos gobiernan porque el poder no lo ostentan las personas sino su dinero o en este caso crítico, su no dinero. En el siglo pasado se imaginaban los escritores con trasfondo social un mundo dominado por las máquinas. Pues no, se equivocaron. Las máquinas, como las personas se apagan cuando no hay dinero. Y digo yo, inculto en temas de trueque hiliofilizado, que por qué habiendo las mismas cosas siempre, a veces se pueden comprar y a veces no. Las mismas personas y las mismas cosas pero a las que no se puede acceder si el dinero no quiere. La crisis no significa que desaparezcan las cosas, ni las aptitudes, ni los rendimientos, significa que hay lo mismo pero que no se puede coger. Puedes mirar cómo se pudren y pudrirte tú también en firme armonía, mirando al político que señala a las leyes de mercado como gen inutilizador que lo libera de responsabilidades.

Así las cosas, sin dinero-guía que nos resuelva los problemas espirituales, ni el almuerzo, ni la cena, llegan las elecciones Generales a Málaga, con 57.880 familias atendidas por los servicios sociales según el OMAU (Observatorio de Medio Ambiente Urbano) -que no sé lo que es pero existe en lo alto de un monte-, 238.100 parados y una tasa de actividad del 59,19%. Porque toda España está en crisis, sí, pero lo de Málaga es crisis y media. En España, la que gana los mundiales de fútbol, la renta per cápita -de hoy- ronda los 17.000€ anuales. En Málaga, 12.600€. Mileuristas, nosotros y, lo demás, tierra conquistada. En España, la que nunca gana Eurovisión, la tasa de desempleo es del 21%. En Málaga, del 30%. Pero hay que votar, nos dicen. Desde el desánimo, sin pegar ojo de tanta resta, desconfiando de todos y de todo, pero votando. Al Real Madrid, al Banco de Santander, a una ONG, o a lo que se quiera -que para el caso-, pero democráticamente. Porque a falta de una democracia más directa y participativa, lo que le queda al ciudadano es única y exclusivamente el voto a unas listas cerradas, acordadas por los gerifaltes de los partidos políticos, para convertirse en un verdadero demócrata.

Y nos hablan los representantes de los Partidos Políticos de programas, medidas, achuches, trenes, obras, culturas, jardines, cuando lo que necesitamos es una casa y un trabajo, exactamente lo que no nos pueden dar -aunque en campaña no lo digan-. El trabajo nos lo darán los mercados, que no son nada ni nadie, cuando las cosas les vayan bien. Y la casa, el Banco, cuando les vaya aún mejor. Mientras tanto, dependiendo de quién esté, se hablará más o menos catalán en la intimidad, las niñas podrán abortar con permiso o sin él y los gays y lesbianas que se quieran podrán unirse en matrimonio o en otra cosa.

Pero sí, votaremos porque es la postura más indigna que podemos adoptar. La otra y única que nos queda, la peor: conformarnos.

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Canción en Blanco

Corría el año 99. Y corría mucho. Yo iba un poco más lento, frenando, por miedo al precipicio que se avecinaba en mis telediarios. El efecto 2000 me anunciaba que los ordenadores iban a rebelarse y yo temía encontrarme con algún botón en mi Windows que lo borrase todo. Así las cosas, cuando llegaba al 33% del bar de mala muerte que regentaba, esperaba, sobre todo, consuelo por parte de mi selecta clientela. Uno de aquellos era un supuesto joven poeta que maldecía por los rasgos que le conferían aquella mocedad eterna. Había sido el más joven del 88 y después de aquello, la losa del candor de sus rasgos físicos le perseguía en cada reseña. No era extraño. Quien no lo conociera en la distancia corta podría suponerlo niño aún en razón a su oficio, habida cuenta de la experiencia indispensable para labrarse un camino en el mundillo literario. Los demás, los que lo compartíamos en sus ratos libres, comprendíamos la ironía de sus aseveraciones, siempre en su sitio y en contrapunto con ellas mismas. Ya era un joven viejo escritor, con la perspicacia más traviesa que yo he conocido.

Sí, venía a menudo a mi bar y saludaba a pasitos cortos. La niña de las manos en los bolsillos le sonreía al entrar y mientras le llenaba la copa, me decía que el nombre de la calle estaba bien puesto: San Juan de Letrina. O que decir andalias en lugar de sandalias era una prueba de la sabiduría popular. O que en época de elecciones municipales, todo alcalde malagueño en funciones, propondría un nuevo plan para el Guadalmedina. Inteligente y despistado, de andar por casa, me acompañó a los otros lugares que sólo él conocía, cogiéndome fuerte del alma para que no me extraviase.

Ya no se quejará tanto de su apariencia juvenil. Del 88 al 99 van 11 y de ahí al 11 de este siglo, otros 12. Veintitrés años después, su carito de niño le seguirá importunando, pero menos. La usará para seducir porque mi amigo Álvaro es, ante todo, eso, un seductor. Un hechicero de conjunciones astronómicas, que nos hace afortunados sin esfuerzo, por dedicarse a escribir.

Álvaro García ha sido galardonado con el XXIV Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, a decisión de un jurado presidido por Víctor García de la Concha y compuesto por Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Pablo García Baena, Joaquín Pérez Azaústre, Jaime Siles y Luis Antonio de Villena, en una convocatoria al que se han presentado casi un millar de obras de autores de treinta y tres países y, ante todo hay que celebrarlo. En común, por su impronta malagueña y por preservar el legado poético que fraguaron tantos escritores de nuestra ciudad en la historia literaria reciente. Álvaro, el primero. Juanma, José Antonio, Camilo, Curro, José Luis… los próximos. Pero, en mi caso, además, de forma particular, por lo que ha significado –significa- en mi vida.

De “Canción en Blanco”, la obra premiada -compuesta por un solo poema-, dice Álvaro: “es un tríptico sobre el amor como totalidad. Cada poemario es una aproximación también al lenguaje como absoluto. La poesía es el lenguaje absoluto que nada tiene que ver con el lenguaje cotidiano”. Y sobre el momento actual: “no creo en la poesía con un tema social añadido. Si todo el mundo leyera poesía avanzaría la sociedad, avanzaría más que con los políticos. La única revolución no sangrienta es la poesía”.

Yo añado: la única revolución sangrienta también es la poesía.

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