Encendidos

Llevamos ya 13 días de Navidad malagueña, un tercio del total programado por nuestro consistorio para iluminarnos con tanta felicidad, y no me resisto a reprimir durante más tiempo las ganas de revolcarme en ese espumillón. Ya está bien de mantener la compostura. Si a mí lo que me gusta es este tipo de disfrute que asalta las entrañas a borbotones. Soy lacrimógeno emotivo de grado uno. Y no se puede catalogar de otra forma el dispendio malagueño en chiribitas de ilusión. Para eso sirven los LED -¿qué lucecitas?- navideños. Están ahí arriba para que nos embelesemos con la sonrisa de los más pequeños de la casa. Los miran, los señalan y se aburren al rato, tan ricamente. Mientras, ahorramos, porque son de bajísimo consumo y lo digo gesticulando con la mano una barbaridad. Y eso nos mueve a comprar. Nos impele, con más exactitud, que, descriptivamente, significa moverse como un pelele. La fecha me da cuerda para comer turrón blando a destajo, oír villancicos por timidez, en vez de cantarlos, y hacer regalos inservibles a mis amigos invisibles, que no sé quien se inventó lo de su poca visibilidad, como si fueran del facebook, cuando a lo que se refiere es al secretismo y la sorpresa. Menuda sorpresa.

Se compra más con lucecitas, sí, que es a lo que venía este cuento. Y no lo dicen los concejales encargados del asunto, elegidos debido a su instinto preclaro y demostrable, sino estudios científicos avalados por las más prestigiosas universidades, o eso supongo y creo firmemente sin poder dar nombres ni culpables. Yo compro más que sin navidades y, por mediocre, suelo ser el típico ejemplo de la normalidad. Y aún comprando más, es menos de lo que me gustaría, puede ser que por las pocas luces. Con lo que no comprendo a los que hablan del gasto inútil en bombillitas chisporroteantes. Bueno, chisporroteantes ya no. Será por la moda o los ataques epilépticos fotosensibles, ¿quién sabe?, pero la intermitencia lumínica se ha quedado en las tiendas de los chinos para los que andamos por casa en el barrio. Lo elegante ahora es la luz fija. Y gótica. Que dé aspecto gótico, que es muy tradicional. Como nuestra catedral gótica del barroco. O lo que sea. Manca. Es manca, seguro, para ser sinceros en arte. Y si alguien se pregunta a qué viene el arco apuntado y el uso de arbotantes en las luces de Málaga, que me conteste antes a lo de las campanas, ¿a qué viene lo de las campanas en navidad? O sea, a quien no le guste el gótico que no mire. Será de aspecto de iglesia gótica para ser los primeros, por originalidad. Los primeros después de Puente Genil. Qué más dará. Que se lo pregunten a la concejala del ramo. La que sale con las flores en la foto. Es famosa por conceder los contratos que puede adjudicar libremente, no a dedo, como los demás, sino a tres dedos. Bueno, por eso y por ser la única, como Suárez, Tierno y Carrillo, que se mantuvo firme ante un golpe de estado. Valiente es. Cuando los otros concejales corrían a esconderse en los portales, perseguidos por una policía local congelada y sin pagas extras, durante el penúltimo encendido navideño, ella no huyó. Tiene una mirada firme que echa para atrás a cualquiera –que se lo pregunten a Caneda-.

La señora Porras se gastará en bombillitas lo que la infanta en responsabilidad civil. No llega a los 600.000 €. Cuando en 2009, en plena crisis, éramos los segundos que más gastábamos en adornarnos la Navidad, tras Madrid, también era doña Teresa la responsable y lucecitas (iluminaciones) Ximénez, sus adjudicados. Pocas cosas han cambiado. Tampoco el discurso: entonces, la concejala Porras decía “Málaga es muy visitada por su alumbrado navideño”. El otro día: “no lo hacemos como un gasto, si no como una inversión, para incentivar el comercio de Málaga y la afluencia de gente que viene a visitar la ciudad”…

A mí me parece entrañable… A ver quién me monta un belén…

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Mercados deliciosos

Iba a decir que los mercados gourmet están de moda. Pero me da vergüenza. Porque lo que pretendería decir, en todo caso, es que están de moda en Málaga y demodé donde los inauguraron hace unos cuantos años y ya los clausuró su ruina (o, en el mejor de los casos, sobreviven con más nombre que salud en su balanza de pagos). Aunque puede que aquí funcionen, no quiero ser aguafiestas. Supongo que habrá algún emprendedor sagaz que se los haya imaginado fulgurantes, entre luces de neón. Lo temible es que no los haya y que la idea parta de la iniciativa pública, tan torpe cuando juega, desmedida, a ser moderna o empresaria, y se pasa de largo.

No sé la retahíla de años que hará que oí por aquí y por allá comentar la feliz idea que sería montar un mercado como el madrileño de San Miguel en el de Atarazanas, a lo que replicaban los entendidos que ese estaba desfasado y que el que había que calcar con nuestra gracia y donaire sería el de San Antón, en una nueva plaza postmoderna. Un pasito más lo daban los expertos, señalando el de Córdoba como el más elevado y en la tele se veían reportajes sobre los más apreciados en aquel momento incipiente, los de Barcelona, que eran los que yo me apuntaba en la agenda de mis medias falsedades, como los que había visitado y más me habían satisfecho el gusto relamido. Qué bien se come en La Boquería. Y lo magníficamente que se compra en Santa Caterina… Hasta a Pamplona le salió el suyo de diseño en el Ensanche, que lo vi en Canal Cocina, ahora que me acuerdo… y así, el acné gastronómico se fue propagando por las capitales españolas más vanguardistas con la rabia que suele darnos a los impacientes de aquí, desde el andén de los adioses, que nuestra ciudad no se suba casi nunca a tiempo a ese tren iluminado. Ni uno. En Málaga no abrimos ni un mercado con puestos pijos y comiditas estupendas, y aunque vaya camino de ello, en Atarazanas los puestos de pescado aún venden pescado y no bandejitas de sushi…

Así, el Mercado de la Merced ha seguido siendo el Mercado de la Merced a medio camino de vaciarse de inquilinos, y mientras han ido decreciendo los números del invento ingenioso en Valencia, Bilbao, Sevilla, Córdóba, Barcelona o Madrid. Y con el mismo retraso con el que llegaron las latas de coca-cola a Málaga, las pizzas o el sushi, empezó a hablarse en esta ciudad rezagada del Sur de Europa de la esquina del Muelle 1 como posible diana gourmet, incluso del Astoria, para quitárselo alguien de encima, o de lo difícil que seguía siendo montar la de San Quintín en el mercado del supermercado y la comisaría que se llamará Picasso en algún momento, cuando se declare lugar de tapeo y compras y recemos todos a una para que arraigue como la chispa de la vida, la de cuatro ingredientes o el wasabi, más vale tarde que nunca.

Ahora sí. Todos a una, como los mosqueteros, en cuatro sitios y a la vez, el 2015 se presenta muy gourmet para el Astoria, el Mercado de la Merced, la Plaza Gastronomía (en la de toros) y el Mercado Mediterráneo Balneario del que empieza a hablarse para Los Baños del Carmen cuando aún no se ha deshecho el entuerto de quién tendrá el derecho de explotar el preciado paraje urbano. Y yo que soy poco confiado, no puedo dejar de pensar en el pequeño Nicolás negociando con sus no tan pequeños aires de grandeza sobre quién se va a quedar con la explotación de las terrazas. Ay, Zapata, ¿qué fue de tu lindo mercado gourmet?

20 años no son nada

El PP malagueño me ha subido un poco la moral esta semana. El brindis al sol en su arranque público de campaña de cara a las próximas elecciones municipales de mayo de 2015, que los reunió en el Muelle 2 el pasado domingo, sirvió para recordarme que estamos mucho mejor que hace 40 años. Destacó Bendodo, con razón, la evolución de nuestra ciudad en las últimas décadas, y esta transformación se debe, según manifestó en sus declaraciones a la fundamental aportación de quien se presenta por su partido a la reelección en la alcaldía malagueña. Lo expuso así: “en Málaga, la transformación tiene nombres y apellidos: Paco de la Torre”. Y también lleva razón. Sin quitarle mérito a Luis Merino, Celia Villalobos o Pedro Aparicio, la democracia transformó para mejor nuestra ciudad en lo que ahora es. Para Bendodo, “una ciudad pujante y referente”. Ya avisé que me subió la moral. No obstante, me pregunto si es pujante y niego, sin dudarlo, que sea referente de nada ni nadie, a no ser que hablemos de emociones, amores ciegos y otros sentimentalismos subjetivos a los que, por otra parte, no pretendo renunciar. Málaga puede ser el referente de nuestra nostalgia, claro, pero de nada más. Aunque no creo que fuese a eso a lo que se refería el Presidente la Diputación Provincial y del PP malagueño. Yo sólo me pregunto cuántos museos de los que ahora se abren permanecerán en pie dentro de 20 años o ¿qué será de las Nuevas Tecnologías sin Mario Cortés? Yo, ni sé ni contesto.

El discurso del PP malagueño para esta campaña municipal me gusta en lo concerniente a la parte optimista que conlleva. Es como si hubiesen borrado 10 años deprimidos de un plumazo. De hecho, Elías Bendodo hablaba de lo que había mejorado la ciudad en los últimos 20 años. No de 30, ni de 40. Desde hace 20 años, decía. Pues no tanto, la verdad. Desde 1994 a la actualidad, no hemos cambiado en tan gran medida. De hecho, si atendemos al presupuesto municipal para el próximo ejercicio, 2015, encontramos 58 millones de euros en inversiones; y si bien es cierto que sube un 10 por ciento con respecto al año anterior, la partida no da para la euforia con que ha sido difundida, pues se sitúa, precisamente, a los niveles del año 95. Por eso digo, que si no diez años, siete sí los han eliminado de sus cuentas de pujanza de ciudadana. No estamos en 2007, no. Y desandado el camino, mejor compararnos con el 74 que con el 84, ya que el 94 puede ser más conflictivo a la hora de medir y el 2004, ni te cuento…

Francisco de la Torre también parece que ha olvidado la cruda realidad de los números actuales. La que nos retrotrae a peores índices económicos que en el 94. “Hemos conseguido que la ciudad sea potente, una ciudad cultural, tecnológica, innovadora y emprendedora”, manifestó el pasado domingo. Y no sé en qué ciudad está pensando. ¿La privilegiada? ¿La que sale al centro a tapear y llena sus terrazas cada fin de semana? ¿La de las compras en Calle Larios? Esa es real pero sólo a medias. Pertenece a la mitad privilegiada que puede permitírselo. ¿Y la otra mitad de sus conciudadanos, los conoce? ¿Forman parte también de su concepto de ciudad potente? Le aconsejaría que fuese a algo más que a dar la mano e irse corriendo al siguiente acto, a alguno de los barrios marginales que gobierna. Que fuese a pasar un día a la Palma-Palmilla, a comer en un comedor social o a dormir en casa de alguna familia a punto de ser desahuciada de Bailén-Miraflores para “escuchar, compartir y proponer” algo. ¿Creen que exagero? 234.800 malagueños –el 42% del total- cobran menos de 645 euros al mes. Son pobres. Muy pobres. Y muchos. Muchísimos. Otros 60.000 más, cobran menos de 1.000 euros mensuales. Los malagueños estamos a la cola en cuanto al sueldo. Ocupamos el puesto 38º a nivel nacional. Y no voy a comparar la partida del presupuesto dedicada a la política museística con la designada a Bienestar Social porque se me olvidaría la pizca de alegría con la que comencé este artículo. ¿Cómo hemos evolucionado en los últimos 20 años? ¿Comparados con la crisis del 93? Pues no sé qué decirles.

Me conformaría con el empate

Ganemos Málaga ha llegado al “desacuerdo de consenso” que, a toro pasado, todos los listillos señalamos previsible. Por ahora son dos, pero no creo que a nadie extrañase que en la próxima asamblea de cada una de las escisiones, se sigan reproduciendo por bipartición, como las bacterias, en más Ganemos únicos y verdaderos. Los más empecinados seguirán la zanahoria de su ego por encima de cualquier cosa, como ya han demostrado, y quedará el Ganemos más organizado como representante de la ciudadanía, eso sí, con sus ciudadanos afines más enfadados que nunca, sintiéndose traicionados por el maltrato a los Ganemillos derrotados y ninguneados que apoyaban, con el consecuente descreimiento político de vuelta y la impotencia insana de no poder arreglar las cosas de dos patadas, como tenían previsto hacer desde su carguito soñado en su cuento asambleario de la lechera democrática.

Ganemos será empatemos de aquí a poco –con suerte-. El Ganemos de IU o IU sin Ganemos, según decida Pablo Iglesias, con todas las velas en este entierro. Será el de IU por esa estructura añeja de disciplina de partido que traga con todo. Desde gobernar en la Junta hasta distraerse en los ERE. Desde hacer Metros incomprensibles hasta arrogarse la defensa de los más desfavorecidos. El otro Ganemos con cuatro o cinco nombres y los mismos cabecillas irán siendo engullidos por el menos escrupuloso, esperando a Podemos, como a Godot. O sea, que el Ganemos de IU y el otro Ganemos que quede en pie tras la guerra interna que se les avecina, dependen del gesto cómplice que haga u omita Iglesias.

¿Cuáles son los motivos de la ruptura? Un historiador lo tendría muy fácil: son de izquierdas. Un sociólogo especularía, creo yo, con el afán de protagonismo de los que nunca han tenido la oportunidad de sentirse importantes. A mí, personalmente, las razones que no me cuadran son las que han expuesto los ganemistas de uno y otro bando y las que los entendidos han expuesto en los medios de comunicación. De un lado, dicen que el Ganemos sin IU quiere que sea una plataforma ciudadana, mientras los simpatizantes del partido político que controlan Ganemos (¿2?) quieren que tenga una estructura organizada en torno a una coalición de partidos y agrupaciones ciudadanas. De otro lado, los partidarios del Ganemos de Movimiento por la Democracia, Equo, Frente Cívico, Marea Verde o Marea Blanca, quieren que la Asamblea Constituyente sea en enero para esperar a que Podemos tenga la suya y decida unirse a la fiesta. Los de Ganemos de IU en cambio, alardeando de su experiencia en política, aseguran que no se cumplirían los plazos necesarios para preparar en condiciones las elecciones municipales barrio a bario. Y decía yo que no conseguía completar el puzle con estos argumentos de la discordia atendiendo a lo que hace públicamente el otro, “el esperado”. ¿Al Ganemos de los ciudadanos sin siglas no le ha quedado claro que el Podemos del Secretario General recientemente elegido, Pablo Iglesias, ha optado por la estructura de un partido político en detrimento de la postura que defendía Pablo Echenique más cercana a esa plataforma ciudadana? ¿Van a esperar a Podemos hasta enero para proponerles que se unan a su Ganemos sin marca? ¿De verdad?

Llegará enero y Podemos medirá meticulosa e inteligentemente sus pasos en vistas a su objetivo en las elecciones generales. No apoyará a ninguna plataforma. Menos en las ciudades que se haya producido debate o ruptura en torno a la idea abstracta de la izquierda. Ganemos sin IU será entonces un montón de desencantados malacostumbrados a soñar, sin más intención de voz ni voto en mucho tiempo. Ganemos con IU, una forma de persistir en sus dos o tres concejales, acostumbrados a perder. No se me podría ocurrir una manera más torpe y lastimosa de imaginar una estrategia electoral que se presumía divertida. Los de siempre, estarán tranquilos. Y visto lo visto, me pregunto si no es lo mejor que nos puede pasar…

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Inmoralegalidad

Nos levantamos ayer con un nuevo escándalo de corrupción. Aunque cada vez lo percibamos de manera menos escandalosa, siendo objetivos. No porque la cantidad estafada sea menor, ni tampoco porque nos apacigüe el ánimo la pericia de los tres o cuatro jueces que nos descubren el nauseabundo pastel, día sí y día también. Lo que nos aleja cada vez un poquito más del escándalo es su hábito. Raphael podría explicarlo mejor que yo, encargándose de una banda sonora que quitara hierro al asunto. A mí, no me sale. La sensación es la de haberle cambiado una letra a nuestra dignidad, sin que nos hubiésemos percatado. Esto es un Estado Democrático de Desecho. Un Estado más torcido que la famosa torre italiana, y que el pesimismo que nos embarga por la crisis nos hace difícil de imaginarlo reconstruido en su ángulo correcto. Nos falta perspectiva. Se la llevó la penuria económica. Y el desasosiego obliga a recurrir a la nostalgia para suponernos más honestos en otros tiempos. Benditos corruptos del ladrillo que eran los culpables, los indios y los bárbaros de las películas de mi infancia. Se fueron los constructores del pelotazo y nos dejaron sus maneras en las concejalías de los pueblecitos del interior. ¿O era al revés? A mí no me extraña que un 20% de catalanes se hayan sumado al independentismo en los 10 últimos años, ¿a alguien sí? A mí, si me dejaran hacerlo sin decirme que nunca fui un reino, votaría sí a la independencia de mi casa -y la decoraría en ikea para que no me acusaran de plagio-. Que nos defienda Rajoy. ¿Dónde está? ¿Debajo de la mesa con Ana Mato? Qué mala suerte haber tenido a Zapatero y a éste al timón durante tan terrible tormenta.

Pero la corrupción más dolorosa, al menos para los paupérrimos ciudadanos, no es la que condenará a los ladrones a pasar una temporada sombría, tras breve escarnio público. La que peor se revuelve en el estómago del hambriento es la otra, la que es legal e inmoral, a partes iguales. Esa que faculta al senador a viajar cuanto quiera, sin reparar en gastos ni en apuntes contables, sobrevolando a sus representados, sin necesidad de llegar a Andorra ni a Suiza. Ni a Extremadura ni las Canarias siquiera. ¿Puede ser a Roma con mi esposa? La peor corruptela legal es la de los cimientos de un sistema caduco que le permiten a un alcalde ponerse el sueldo discrecionalmente. Que lo autoriza a sostenerse en “razones de humanidad” para fundamentar la base de cotización de sus asesores, nuevos ricos. Que le habilita a expropiar cines sin un plan que lo respalde o a firmar acuerdos con gemólogos, sin garantías de viabilidad sobre el funcionamiento del proyecto a posteriori. Esa misma legalidad inmoral que faculta al sultán a conceder tarjetas black, antes de que supiéramos que existían, a los directores de sus festivales de cine o a otorgar categoría de funcionario a sus privilegiados empleados elegidos para organizar dicho evento. La que mantiene policías locales que no obtuvieron su plaza en unas oposiciones sin mácula, según sentencia judicial, o habilita a que los exjefes de urbanismo de su gobierno sigan cobrando su sueldecito in aeternum…  Qué lejos nos queda, ¿verdad? Son las secuelas de un antiguo régimen institucionalizado en las bases de una estructura orgánica que no inventó esta democracia. Le vino dada, adherida con sus cargos, sus prerrogativas y sus inexistentes organismos de control. Aquí los políticos ordenan y conceden en virtud de donde provienen. En otras democracias, rupturistas con cualquier dictadura anterior, los políticos sirven a los ciudadanos y les rinden cuentas. Aquí se vota. Un poco, te la juegas. Y te conviertes en súbdito de un nuevo virrey y de su Corte durante 4 años.

No quiero acostumbrarme. Necesito seguir escandalizándome. ¿Sería mucho pedir que nadie más tirase de la madeja?

La ruina del Balneario

Qué lío con los Baños del Carmen. Hace tiempo que le tenía ganas al tema pero lo he ido posponiendo, esperanzado en que alguien tirase de la madeja. Y no. Ya me rindo. He visto a Paquito de la Torre disfrazándose de Teseo y me parece, por eso y por la forma de lavarse las manos del señor Carnero, delegado de la Junta, que el Minotauro continuará a salvo en aquellas ruinas durante alguna década más. Y Barrabás. Por culpa de la crisis. No tanto la económica, que también, sino, sobre todo, por la producida por la retahíla de responsables irresponsables que se han sucedido en los distintos departamentos de las diversas instituciones que algo tendrían que haber aportado para resolver tan degradante situación en los últimos, digamos… 50 años. Me cabe el consuelo de haber visto alguna filmación de Ana Freuller jugando al tenis en un magnífico balneario de mediados de los años 20, e imaginarme, mientras, a su amigo -cuanto menos-, un surrealista aún, José María Hinojosa inventándose el título de una obra desgraciadamente hoy perdida, tras el rumor de la marejada: “El Buzo y la Aviadora”. Los Baños del Carmen es la otra obra perdida de toda esa generación y de las siguientes hasta llegar a la nuestra que apunto a señalar como la que le quitará la última piedra, en la ceremonia de su destrucción inacabable, de la que todos somos, o al menos nos sentimos, un poco culpables.

La concesión de los baños nos supone a los contribuyentes 1,8€ anuales, eso para empezar. La Sociedad Parque Balneario Nuestra Señora del Carmen, S.A aporta esa cantidad a las arcas públicas desde 1951. Mientras se degrada la zona y vamos a comer cuscús, a ver conciertos que concluyen antes de tiempo o a visitar mercadillos, la empresa que transmite sus acciones a distintos inversores desde hace 60 años, se gasta lo que yo en una cerveza en contraprestaciones legalísimas anualmente.

La buena noticia es que Damián Caneda intentó hacer algo allí. O se le supone, como el valor en la mili. Digo que ha sido bueno porque de repente, de la desidia de ¿30 años? planificados en agua de borrajas ha surgido el aparente entendimiento. Todos están de acuerdo, de repente y con prisas, en que los Baños del Carmen han de ser rescatados. Y digo que la culpa, disculpa en este caso, es de Damián Caneda porque de los dos nombres que se han subrayado en los medios de comunicación como protagonistas en la transmisión de acciones de la sociedad, el otro, el exconcejal del PP José Luis Ramos, no pudo provocar esta convulsión. ¿Por qué? Porque estaba en una y en otra. Era socio de los que vendían y de los que compraban. Yo creo que es el único malagueño al que la decisión de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de declarar la nulidad en el traspaso de acciones no le ha afectado. Nos queda Caneda padre o hijo. Algo ha hecho o algo tiene. El Ayuntamiento que ni pincha ni corta –bueno, quizá a Caneda sí- ha hablado para desdecirse y pedir la nulidad de la transferencia, sin disimulo y sin competencia. Sí, lo más llamativo es que el Ayuntamiento no es parte. Pero el que habla por su boca es el alcalde al que todo le compete, supongo que por la gracia propia de su edad. Pues gracias a Caneda, o para su desgracia, Medio Ambiente de la Junta que sí es parte interesada y Demarcación de Costas, que también lo es, están de acuerdo con Paquito en rescatar Los Baños del Carmen. Como ya había decidido un juzgado en enero y a nadie le importaba, bendito Caneda.

Y ahora el milagro. Todos de acuerdo en rescatar la concesión y abrir concurso público para la explotación de los Baños del Carmen. Alguien que se gaste un pastón en dejárnoslo bonito, nos regale un parque precioso y regenere la playa sin hoteles ni parkings. Un cuarto y mitad santo y otro poco de ONG que nos saque de la ruina del balneario. ¿Eso existe? ¿De verdad que son tan ineptos entre todos y de común acuerdo? ¿Se nos caerá a cachos o eso era el Astoria?

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Si prometes ser bueno

Me he quedado tranquilo. Rajoy ha sacado pecho, sin que sirva de precedente, y ha salido en persona, apartando las pantallas de plasma del medio, a responder a una pregunta en el Senado y aprovechar para pedir perdón, que es distinto a disculparse en política, por los casos de corrupción que afectan a cada vez más delincuentes de su partido. Ha pedido perdón, pero no en su nombre, sino en el del PP, “por haber situado en puestos de responsabilidad a quienes no eran dignos para ello”. El día de la marmota, que diría Felipe González…

Voy por partes. Cuando alguien se disculpa, lo perdonas, o no. Sin embargo, en política, democrática y de derecho -a la española moderna y constitucional-, al santificarse con el voto y santas pascuas, las disculpas de un político no requieren de un receptor individual ni, por tanto, de ninguna respuesta positiva. La democracia interactiva aquí ni existe ni se la espera. Las disculpas políticas, por tanto, desde que todos sin excepción votamos aquella Constitución del 78 irrevocable, irreformable, inflexible y adherida a nuestra suerte hasta que la muerte nos separe, consisten en un canto al cielo, en una disculpa retórica al colectivo mudo que sirve de preámbulo para pasar página. Me disculpo por no haber podido cumplir mis promesas electorales pero os aseguro, y empeño mi palabra en ello, que para la próxima legislatura se me ocurrirán otro montón de promesas nuevas, más creativas e igual de afortunadas, para completaros otro buen programa electoral, por ejemplo, podía ser un discurso preclaro, honesto y de muy buena voluntad política por parte de cualquier gran candidato. Créeme, me votas y lo intento, es el resumen de las cosas bien hechas, tal y como nos tienen acostumbrados a asumirlas. Por eso, que un político se disculpe, no es nada nuevo. Pero pedir perdón… eso es otra cosa.

Para pedir perdón, hay que mirar a los ojitos y mostrar arrepentimiento. Ayer lo hizo muy bien, sin ir más lejos, Tomás Gómez, el líder de los socialistas madrileños, al atragantarse recordando a su delfín de Parla, el señor Fraile, y a toda su familia. Sin pedirlo explícitamente, lo invocó con medio espasmo y dieron ganas al verlo, de levantarse a darle cariño, palmaditas y hasta un abrazo. A Rajoy, creo, no se le da tan bien el método stanislavski. A él le da un no sé qué en el alma, que le sale por el ojo cuando se enfrenta a situaciones comprometidas y se hace difícil atenderlo con la misma ternura. Pero un poquito de pena si me hubiese dado, sinceramente –ahora entiendo un poco mejor las razones de humanidad a las que invoca nuestro alcalde, cuando le da pena de bajarle el sueldo a sus privilegiados-, sobre todo si se hubiera rasgado las vestiduras públicamente, expiando sus culpas y solicitando perdón para sí. Pero no ha pedido perdón para él sino para el PP. Ay dios, mío, qué difícil se me hace, eso. Es ese mismo partido de los sobresueldos, el de Bárcenas. ¡Qué está muy reciente, hombre! Son los que pagan 1.7 millones en negro en reformarse la sede, o eso he leído, ¡qué burros!, que ni en la 13 rue del Percebe serían tan torpes ni descarados. Se hace difícil, Mariano, muy difícil… Yo prefiero perdonarte a ti, la verdad. Como mucho algún sobrecito presunto sin declararle a hacienda como pecado arterial, y con tu ánimo de mejorar, que se te ve a la legua, podrías incitarme a decirte aquello de sé fuerte, presidente, sé fuerte… a poco que me empeñase en reconocerte una lágrima en su primera semana de gestación, casi seguro que te haría el borrón y cuenta nueva, como tú a Gallardón, pero, perdonar a todo el PP… machote… ¿Al PP? ¿A sus tesoreros? ¿A Rato? ¿A Acebes? ¿A Granados? por lo que un día sí y otro también nos sonroja a los tontos y les indigna a los justos… Eso es pedir demasiado… ¿Te imaginas a alguno de los que se llaman a sí mismos socialistas y obreros pidiendo que perdonásemos al PSOE? ¿El de los ERE? Qué risa.

Querido Rajoy, anda, venga… deja que te perdone a ti y así nos quedamos tranquilos…

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Por un museo en los Baños del Carmen

Estoy encantado. Esta semana la política local ha puesto el primer ladrillo de futuro en el camino que nos llevará a la ciudad moderna en tradiciones por la que todos los malagueños apostamos. Esta aseveración, que puede sonar tan rimbombante, se queda corta en elogios, sobre todo si atendemos a la cercanía a la que nos encontramos de las próximas elecciones municipales. Nuestro querido alcalde, fuera de campaña aún por el bien de la ciudad –según su propia composición de lugar sobre el bien, eso sí-, ha repartido su tiempo de saludar rápido e irse corriendo que le señalan los que tratan de dar sentido a su agenda, con dos asuntos primordiales que atender, como son los porfines de los Baños del Carmen y el Museo de Bellas Artes.

Y cómo han avanzado. Qué altura de miras. Esto se soluciona en dos sentadas, si no, al tiempo. Al mucho tiempo. Tres viejos amigos manejan estos asuntos por separado en sendas charlas distendidas a las que no tenemos acceso los curiosos mortales pero que sospechamos amables y satisfactorias, casi como en el salón de casa, con las zapatillas de invierno acogiendo el gustirrinín del acuerdo seguro y cercano. Si la relación entre Luciano Alonso y Don Francisco ha destacado históricamente por ser especial, siempre dispuestos a echarse una mano, al cuello, para colgarle una medalla al otro, o lo que hiciera falta, imagínense si el adorado del alcalde, su delfín decían -¿y por qué tienes esos dientes tan largos?, preguntaba Caperucita-, Damián Caneda, se pasea por la hipotenusa del Triángulo del segundo asunto, para mediar entre su hijo, el alcalde y sus Baños cronometrados que ahorran agua.

Pero vayamos por partes. Dos Francisco, el coleccionista de Museos, pretende que la Junta de Andalucía le ceda la gestión del futuro Museo de Bellas Artes y que corra además con los gastos. Don Luciano, que es un guasón, hace como si no le interesara. Qué gracioso es. Como si no confiase en la eficacia demostrada por Don Francisco en estas lides. Perdonen un momento, disculpen la carcajada, denme un minuto. No sé de otra cosa, pero en museos, nuestro Paquito tiene un máster, ¿no? Miren el Revello de Toro, tan exitoso. O el de los Automóviles, tan original. O… ¿Cuál más? porque el de las Gemas, no. Y el Museo de Museos del Astoria, tampoco. Y el ruso, todavía no, pero no hay por qué sospechar que siga algún viejo camino torcido. Y el Pompidou, tocamos madera, a sabiendas que, en cinco años, hay que cambiarlo por una fuente, musical o de colores o ambas cosas a la vez, para que no se note, mucho, el agujero dejado. A mí no me preocupa. Don Luciano, que es un señor muy listo, comprenderá repasando los datos culturales de nuestra ciudad, que la política museística de nuestro alcalde responde a unas directrices claras, a un análisis consensuado, a una estrategia respaldada por un plan de actuación meditado con profusión durante muchos años y que sigue minuciosamente a rajatabla. Por supuesto –ay-, no responde a la improvisación nunca. Aunque no lo parezca nunca, tampoco. Así que no me cabe duda de que el Consejero de Cultura dará la gestión del Museo de Bellas Artes al municipio y pagará la cuenta generosamente. Qué alegría –más tonta-.

Y en cuanto a los Baños del Carmen, nuestro alcalde donde dije digo, digo Diego, no. Donde dijo rescatar de Vera y Acha, dice concurso para Caneda Junior y José Luis Ramos, el ex concejal de su partido, sí. ¿Por qué? ¿Porque les profesa mucho afecto y los quiere beneficiar o porque tiene cuentas pendientes y los quiere perjudicar? Qué mal pensados. Por ninguna de las dos cosas. Don Francisco ha cambiado de idea respecto a los Baños del Carmen por el bien de la ciudad. ¿Hacia dónde nos lleva eso? Ni idea. Ahora bien, nuestro alcalde lo expone muy claramente, si es que eso fuera posible: dice que el grupo de inversores que tiene ahora la concesión debe recuperar su dinero, ni recibir más, ni menos, y cobrarlo de la empresa ganadora del concurso ese, que ahora apoya. Como si no fuera un grupo inversor sino una ONG. Menos mal que Caneda y él se entienden. A la perfección… Estamos arreglados.

Las ganas que tiene uno de que Don Francisco se entretenga en la campaña…

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Deseos opacos

Yo, de mayor, quiero tener una tarjeta opaca. Estoy perdido. Me consideré honesto hasta que pequé de pensamiento el otro día, jugando a ser Blesa en un yate. Mejor que Blesa, empleado necesario con derecho a voto en su consejo de administración, yo creo. La cosa está entre ser el genio de la lámpara maravillosa o encontrártela y pedirle tres deseos. Sobre imaginarme pidiendo tres deseos ya tengo experiencia anterior. Cuando aún creían en mí los reyes magos, tenía muy claro qué le pediría en primer lugar al señor de las mil y una noches bagdadíes si me lo encontraba por casualidad, frotando antigüedades como quien no quiere la cosa. Mi sueño irrealizable consistía entonces en quedarme atrapado una noche entera en la planta de juguetes del Corte Inglés. Menos mal que tuve la fortuna de no sufrir aquel infortunio de buena suerte y el fantasma no se me apareció, porque con la perspectiva de la edad, no me cabe duda de que en vez de aprovechar la madrugada abriendo todas las cajas de los estantes, la habría pasado llorando en un rincón, esperando ser rescatado de las fauces de los ruidos escondidos en aquel silencio de sombras chinescas. No hay pecado sin penitencia, me decía mi abuela. Y casi la imagino sacándome de la oreja de los grandes almacenes, camino a casa. Pobres consejeros de Caja Madrid y Bankia, que sí se encontraron al supuesto genio de las finanzas y entraron en la cueva del tesoro, absolutamente embaucados por los méritos de su ombligo… Ali Babá y los ochenta y tantos ladrones… Cuanto habrán llorado, pobres ricos, por haber frotado las tarjetitas negras contra el cajero automático tantas veces, cayendo en la tentación y persignándose por la mala noche en su bodega al ser pillados, colocando el vino caro de cateto gourmet ganado con el sudor de sus gastos de representación entre las telas de araña, y a escondidas, que es la peor manera de sentirse culpable, bebiéndose el arrepentimiento de un trago. ¿Preferentistas, qué es eso? Cuántos ruines atrapados en aquel silencio de sombras chulescas.

En la adolescencia, mi primer deseo hubiese sido otro, claro. Más hormonal. Habría pedido un disfraz de hombre invisible. Para entrar en los cuartos de baño de las compañeras de clase a mirar. Y no sólo en los de mis compañeras, también en el de sus amigas, y las amigas de sus amigas, y no voy a seguir enumerando los baños para no parecer un pervertido. Que no es eso. Mi atracción, más que nada, sería por el interés en descubrir los diferentes diseños de sus bañeras y sus lavabos, por supuesto. Mucho esfuerzo, me parecería ahora, sin embargo, estar todo el día colándome en la narración omnisciente de tal ímpetu de fontanería juvenil. No tuve la oportunidad de hacerme peor persona entonces y no me cabe más remedio que agradecerlo después de ver a los ex consejeros de Bankia en pelotas, sacados por mi abuela de la oreja de los aseos de cada casa de cada español indignado, tapándose las vergüenzas como pueden, señalados con foto, nombre, apellido, cargo, partido o sindicato y desfalco correspondiente tras haber aceptado ese pacto con el diablo que les resultó, finalmente, un pésimo negocio.

Yo, de mayor, quiero tener una tarjeta opaca, confesé al principio. Así que tengo claro cuál sería mi primer deseo si al frotar esta lámpara abandonada del ikea sin pantalla que me he encontrado en el contenedor de abajo -y que sospecho que ha dejado Blesa, para tentarme-, saliese un cuerpo de humo, con turbante y cimitarra y me preguntara. Le pediría que me convirtiese en un héroe moderno, como los tres directivos de Bankia (Francisco Verdú, Íñigo María Aldaz y Esteban Tejera), o el consejero (Félix Manuel Sánchez Acal, de UGT), que teniendo las tarjetas “black”, no las usaron jamás.

Porque sin su magia, no sé yo…

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Sin respuestas

No veas el canguelo que me entró en el cuerpo el otro día con lo del contagio de la enfermera que atendió a los dos misioneros españoles, tristemente fallecidos a causa de ese virus del que tocando madera, no quisiera tener que acordarme. Yo es que soy hipocondriaco, hasta donde me dejan, supongo que un poco debido a mi condición masculina y otro poco a la idiosincrasia andaluza, sin olvidar, claro, mi aporte connatural, que algo tendrá que ver, digo yo. En mi casa soy conocido como el cobardica, cuando me dispongo a tomarme la temperatura, y el envalentonao, cuando saco a relucir lo joven, guapo y deportista que me siento al salir de la consulta del médico curado, al menos de espanto.

Pues así andaba ya, notando cada síntoma viral y buscando el termómetro que mi hermana me esconde con muy mala idea si nota en mi cara que empiezo a sugestionarme, cuando salió la señora ministra, Ana Mato, en rueda de prensa a tranquilizarme a mí y al resto de españoles, menos susceptibles que yo a impresionarse con los microbios, seguramente. Y he de reconocer que, a pesar de la poca confianza que me ofrece de ordinario esta señora tan fina, escucharla, perdón verla, esta vez, me hizo bien. No sé si por mérito o demérito de la responsable de la sanidad española, sinceramente, pero esa es otra cuestión -que no tardaré en dilucidar-. Lo que me valió de esa convocatoria pretendidamente tranquilizadora, en principio, fue que conmigo consiguió sus objetivos. Se me quitó el dolor de cabeza e incluso las ganas de secretar saliva y sudor frío. Hasta se calmó el afán de mis esfínteres por dar rienda suelta a mis otras mucosidades más perentorias de las que una persona tan bien educada como yo no va a escribir en público, entre otras cosas para no contagiar a nadie en el mal gusto.

Me explico, lo hizo tan rematadamente mal, y no me refiero a mis esfínteres, sino a mi, mejor vuestra, ministra en la rueda de prensa que llegué a la conclusión de que si con una persona así al frente de la sanidad sólo tenemos un caso de esa terrible enfermedad contagiada en España, es que tiene que ser dificilísima que se propague. Ver la cara desencajada de la señora Mato, pasando la pelota a derecha o izquierda para demostrarnos fehacientemente que de Sanidad ni sabe ni lo intenta y que si está donde está tendrá más que ver más con tramas familiares, divorcios y otras castidades de las que sabe más que yo, el amigo de todos en la indignidad, don Pablo Iglesias, que con su valía personal o su carisma.

Yo no sé por qué Ana Mato no usó el mensaje grabado con el que ya nunca podrá sorprendernos Rajoy. Eso de que sus médicos den explicaciones sanitarias, mientras ella se mete bajo la mesa, podría entenderse en un circuito cerrado a la española, pero debería de haberse evitado a la vista de Bruselas, por el ridículo, tan espantoso y viral. Hasta la señora Vinuesa, Directora General de Salud Pública, respondió en primera instancia a la pregunta del periodista sobre si tendría que haber alguna dimisión. Perdonen un momento, que me eche las manos a la cabeza, en seguida vuelvo. Pero, ¿qué clase de políticos tenemos, qué clase de ministros que en rueda de prensa no responden ellos mismos aunque den paso, cuando sea necesario, a sus ayudantes para que den explicaciones en las cuestiones más técnicas? La Ministra de Sanidad ni estaba ni se le espera. No hace falta que dimita, si no quiere, ¿para qué? si va a seguir cobrando lo mismo de nuestros bolsillos, se quede o se vaya, de forma vitalicia, pero que no estorbe, y lo digo persignándome, por la cuenta que nos trae. Que el protocolo empiece porque se quede quietecita, a ver si a partir de ahora, se evitan parecidos errores terribles.

Yo por si acaso, ya me he preparado mi propio protocolo. Una bolsa de Carrefour en la cabeza, con dos agujeros en los ojos y un poco de cinta de embalar para ajustármela al cuello, en caso de necesidad. Mejor que nada.

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