El sobresaliente

Hoy se cumplen dos años desde la última –penúltima y toco madera- victoria electoral de Don Francisco de la Torre, y anteayer aprovechó la ocasión para hacer un balance subjetivo de sus trajines. Se encanta. Hubo partes del discurso dedicadas a hacer un tratado de paramnesia, que probablemente plagió de sí mismo. Me refiero al auto halago que apunta a su don de convertir en oro todo lo que toca, que si no ha bautizado algún psicólogo bonaerense hasta ahora con otro nombre científico menos original, me arrogo la potestad de apadrinarlo como síndrome del rey Midas con chorizo, en atención a la Corte de asesores que rodean a nuestro buen hombre y mejor gestor allá donde va, saluda y se vuelve.

Pues, sí, como ya hizo el curso pasado, cumpliéndose un año de mandato, nuestro alcalde volvió a pontificar sobre ese poderío connatural que cree que lo envuelve en sus quehaceres a la hora de tocar con eficacia: “no hay aspecto que toquemos donde no se hayan producido avances”, dijo, con solvencia. Lo podíamos subir a la torre de la Casona, que no sé si la hay, a ver si tocaba la cúpula y nos regalaba un Taj Mahal, más turístico que la Manquita y que atracase, perdón, que atrajese a turistas con mayor poder adquisitivo que los cruceristas, que tras tanto revuelo de muelles y carrefoures, va a resultar que sólo se dejan 62 euros de media –pone de media porque soy muy fino-.
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Sin cultura de cultura

Ya pasó la Noche en Blanco y los malagueños más elegantes depositaron su inquietud cultural en una papelera del parque. Los de las prisas, la mandaron al pairo sin ir más lejos. Sobre todo los que se enteraron el domingo de que las horas de cola frente al centro de interpretación del teatro romano las perdieron ante un barracón habitualmente gratuito. Un día al año. Se ha instaurado el día de la curiosidad cultural en Málaga como durante el franquismo, el día de los novios enamorados. De película de San Valentín a alegoría añeja se pasa como de la noche al día. En un santiamén si te pilla confesado. Una sola generación que pase, y se acostumbrará a este día dedicado a lo ajeno. A lo que se mira y se difumina como hielo, para no dejar huella ni incitación a la práctica pecaminosa del arte. Lo que ocurre es que el amor está presente cada día, aún si cabe, y en mayor medida, en su propia ausencia. No es el caso del ocio artístico que precisa de previo encanto y cierta predisposición a dejarse cautivar ya que se aleja de los efluvios de la química natural por su propia esencia atribuible al artificio.

La cultura malaguita es más grande tras seis años de estropicio. Enorme y rebosante. Cultura estéril por causa de quien se cree que la difusión de las artes tiene que ver con los experimentos sociológicos. O peor, de quien no se da cuenta de que para lo único que podría servir esta absurda noche en blanco malagueña sería para estudiarla científicamente desde cualquier punto de vista antropológico. El malagueño lee muy poco. No suele asistir a espectáculos artísticos de pago. No consume ocio cultural. Y no por culpa del político cateto que coordina 140 actos en un día, ojalá, se cambia y punto, sino porque sus padres tampoco lo consumieron. Por eso 180.000 malagueños acuden a la Noche en Blanco y cuatro gatos al cine. Por eso un ignorante con un gran sueldo se alegra de las grandes cifras de asistencia a su esperpéntica fiesta de voluntariosos voluntarios, por deforme y grandilocuente, y no pelea cada noche con distintos programas de actuación encaminados a aumentar la clientela cultural. De uno en uno.
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Morirte de frío

El próximo sábado, Málaga celebrará la sexta edición de su “Noche en Blanco”. Quién nos lo iba a decir. Seis años y aguantando. Claro que, muy poco tiene que ver con aquel festival conjunto que nació en París y que continuaría en Roma, Bruselas, Madrid y Riga en la época de bonanza –ay, la Ponderosa-. De aquello queda poco, si es que algo. Alguna vieja banderola del 2016 curtida al sol por los sobacos y ese halo decadente de humillación en las heridas y en sus vídeos. A mí lo del 2016 me recuerda a Escocia porque se hizo verbo a través del naranjito, y por lo que ha llovido desde entonces, siempre al borde del precipicio. La noche en blanco malagueña se ha adaptado a la idiosincrasia cultural malagueña, que no es mejor ni peor que la de ningún otro sitio, si acaso menos espléndida para con sus artistas. Lo que quiero decir es que la filosofía de la noche en blanco malagueña, si no la he entendido mal, ha pasado de ser un estímulo artístico para el inculto populacho a convertirse en una oportunidad de salir a la calle con toda la familia con el único objeto predeterminado de no gastarse ni un solo céntimo. Ni de todo a cien, qué va. La sed y el hambre se prevén, como hacer cola, y se ahorra lo que se pueda en el Lidl o el Carrefour, con premeditada alevosía. Ya no es ni de chino a por una lata si no hay más remedio, que no. La noche en blanco es un obsesivo “todo gratis”, de cabo a rabo, inculcado así a la población por el gobierno municipal como mérito adherido a la razón de ser de la cultura del lugar. El puro amor al arte.

Dicen que en esta edición participan no sé cuantos artistas a tiempo parcial, que son los que viven de otra cosa, incluyendo la generosidad de sus padres. Estos exponen, cantan, bailan, actúan, y no pintan nada más que un añadido al número de actividades programadas por la vergonzosa Área de Cultura municipal, que debe pensarse que esta fiesta es la de fin de curso en el salón de actos de un instituto gigantesco. Han coordinado 144 actividades, nada menos. Las mismas que debían financiar los propios artistas para ser incluidas en el catálogo de esta “Noche en Blanco” especialmente dedicada a los aborregados de su cultura. Esos que no entenderán nunca a Picasso porque les habla en parisino antiguo y que no saben que con lo que disfrutarían de lo lindo sería con las gitanillas y los bandoleros del Carmen Thyssen, y por eso no van a aplaudir como locos o por soleares.

La noche en blanco será un éxito de público, con unos números fantásticos que sólo contabilizarán los mismos que lo organizan. Ningún artista malagueño habrá cobrado ni un euro, supongo que porque alimentarse del aire les viene de oficio o porque es mayor su cariño al terruño que la caradura del político de turno que cobra un gran sueldo por ofrecerle la posibilidad de mostrar su trabajo en algún sitio público a cambio de nada. Para muestra, un botón: el sueldo anual del concejal de cultura del Ayuntamiento de Málaga es superior al presupuesto total de toda la Noche en Blanco. Como suena. Y la directora de Área, como buena asesora, aún gana más que él. En realidad, en nuestra ciudad, quien mejor vive del teatro no es ningún actor o director salido de la ESAD, no, sino la directora del Teatro Cervantes. Y en el campo de las Bellas Artes, por ejemplo, ningún artista malagueño superará los 65.000 euros que figuran en la nómina del Gerente de la Fundación Pablo Ruiz Picasso.

No hay un duro para el fomento de la cultura de lo malagueño. Ni para apoyar a nuestros artistas. No hay un duro que sobre. Pero la Noche en Blanco que nos han preparado, justificará lo injustificable. Hagan cola, pasen gratis y vean.

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Donde hay patrón

Hoy es el día de los trabajadores, término incierto que incluye a los trabajadores en paro y a los trabajadores que aún estudian o se preparan para ejercer ese derecho fundamental en el futuro si se lo permite la reforma laboral. Al otro lado no están los patronos, sino los recortes, la falta de crédito y el recibo de la hipoteca. Pero también los hay privilegiados. Aún.

En Málaga el término “trabajador privilegiado” se circunscribe a quien ejerce su empleo en la órbita municipal, gracias, sobre todo, al buen corazón del alcalde y a su espontaneidad a la hora de describir él mismo ante la prensa a quien contrata. Puede que se deba, quizá, a esa parte de Don Francisco que, a veces, rebasa la línea de la elegancia para situarse en el lado de lo chapado a la antigua. Bien pensado, suele manejarse en ese límite impreciso habitualmente y con mucho decoro, tan al centro, tan democráticamente. Y digo que puede que se deba al anacronismo que lo dibuja porque Don Francisco ha demostrado fehacientemente que considera privilegiados a los empleados municipales que cobran un sueldecito por la gracia divina. Esos cuantos miles a los que no les están haciendo un favor, pero casi. Sí, los considera privilegiados pero es capaz de desdecirse en público cuando su verdad les agita, en previsión de pataleos. No le gusta el ruido. Nada. El ruido ofende. De modo que en virtud de su talante y de su saber estar sobre la línea discontinua permanentemente puede desdecirse, reconocerse en errores o disculparse aunque nunca haya cazado ningún elefante. Don Francisco mima a sus trabajadores a conciencia. A sus pobres trabajadores ingratos. Y a los otros. Los verdaderos privilegiados, asesores, directivos y consejeros, con sus pluses y sobresueldos, por la gracia de su buena preparación y mejor familia. A estos, sobre todo.

Hoy, día de los Trabajadores, ya con mayúsculas, y por causa de la plena crisis, quiero rendir homenaje a un luchador contracorriente, a un defensor a ultranza de sus mejores obreros. Si no un Schindler, sí un Porfirio Smerdou dispuesto a recoger de la miseria del ámbito privado a los mejores, según intuye, y a sus hijos para la causa pública de Málaga. Varios cientos de millonarios a costa de su buen empleo municipal defendidos con firmeza de cualquier recorte plebeyo. Hablo del alcalde. Donde esté D. Francisco, que se quite cualquier sindicato.

No obstante, a don Francisco de la Torre, la crisis le está poniendo las cosas cada vez más difíciles para poder seguir manteniendo la cohorte de estómagos agradecidos que figuran en la nómina de sus buenos amigos y mejores asesores. Entre el Real Decreto-Ley 20/2011 que prohíbe la contratación de personal a todos los organismos de la administración pública, incluidas sus empresas y organismos autónomos, y la Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local que pretende arruinar su potestad de elegir a dedo a cuantos consejeros le plazca, mantener su equipo de ensueño solidario cada vez se tornará más complicado. Claro que siempre se encontrará algún resquicio legal: ¿que no se puede contratar a nadie? El Ayuntamiento de Málaga sí, a 37 personas “en casos excepcionales y para cubrir necesidades urgentes e inaplazables”. ¿Que hay sentencia del Tribunal Constitucional que anula la potestad de las grandes ciudades para nombrar miembros de la junta de gobierno a personas sin acta de concejal electo? Pues, ni corto ni perezoso, sin esconderse ni disimular, nuestro alcalde se salta el espíritu de la ley a la torera, según convenga: “aplicaremos y buscaremos la manera de seguir contando con ellos, presumiblemente como coordinadores”. Y punto. Esto es un defensor de sus trabajadores y lo demás, tontería.

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Un filón

Dicen que van a poner un mercado moderno en la manzana de los cines y otro más en una esquina de oro que alguien se ha inventado que hay en el puerto. Supongo que esos sitios se llaman de forma tan extravagante porque los denominó así un bromista alguna vez y nadie se ha preocupado de ponerle otro nombre más acorde a su realidad ruinosa posteriormente. Manzana como indefinición urbana, en Málaga, sólo hay esa y esquina de oro puede que la tuviera en su día alguna pobre esclavizada del sexo en el viejo ensanche del puerto, hoy Soho, por esa moda mencionada de confundir la identificación popular directamente con su absurdo pero, aún si la hubiese habido, ya no está. Y menos, en ese lugar de recreo infantil que divide a los dos muelles en nada o en una pista de patinaje, según quién improvise.

Al mercado moderno de la manzana abandonada del Astoria -si no lo gafa el alcalde antes de que tome forma- propongo llamarlo a partir de ahora Mercado de la Manzanas, para que parezca que proviene de algún otro tradicional, portuario o arrabalero. Se le pone pinta de antiguo, aunque sea con cartón piedra de crisis o con los floreros de las concejalas para cruceristas, y un cartel que cuente un cuento que dé visos históricos. Como se hizo con la Casa Natal, sin ir más lejos, que pudo ser una, la otra o aquella, hasta conformarse en la que hoy es. Al mercado moderno le quieren dar otro mordisco por si Picasso nació en aquel otro lado, para cubrir todas las posibilidades y si acaso, acertar con su ubicuidad, más que con la ubicación.

A mí, lo que no me convence de esta maravillosa obra de ingeniería mental de algún lumbrera en el Ayuntamiento es que ya existe un mercado abandonado a su suerte en la Plaza de la Merced. Supongo que el viejo Mercado de la Merced terminará siendo un nuevo cine y el viejo cine Astoria un nuevo mercado, como en un juego de trileros, donde el listo siempre gana y el tonto paga expropiaciones, multas, museos de las gemas o proyectos de funiculares. Si se pone un mercado bonito, moderno y limpito en la ruina del Astoria, ¿qué será del Mercado de la Merced, tan feíto, demodé y remendado? Anunciarán que se lo queda Unicaja, Caixa Fórum o el Guggenheim, si hiciera falta, y luego, nada. Otro mazacote moribundo con medio súper y una comisaría entera por trasladar.

En el Ayuntamiento se han puesto las pilas gourmet. Ya distinguen sus concejales entre el mercado madrileño de San Miguel y el de San Antón. El primero está en decadencia, dicen… Ni 4 años lleva abierto… 20 millones que nos ha costado el edificio del Astoria más otros 10 que costará -a quien le interese- tirarlo para levantar otro… Van a tener que vender muchos jamones. Que sean malagueños, de castaña –de castañazo, me temo, persignándome-.

Pero si no hay más remedio, me apunto al mercado de cosas ricas para turistas en el equipamiento cultural del Museo de Museos. Vale. Pero, ¿otro más en la esquina de oro, esa? ¿Un Carrefour? ¿Ahí van a vender queso de cabra malagueño? ¿Vinos de la DO Sierras de Málaga? ¿Aceites de oliva virgen extra de la provincia? ¿En un Carrefour? ¿Aceitunas aloreñas? ¿Aguacates de Vélez- Málaga? ¿Chirimoyas con denominación de origen? ¿En un Carrefour?

Dice el alcalde que le da sus dos puntos al proyecto del puerto, como en Eurovisión. Y lo peor es que no me extraña. Por el bien del crucerismo de aquí te pillo y aquí te mato. Para que no se escapen sin comprar. Que sí, que viva el foie, el queso suizo, el champagne y hasta la piña intercontinental. Lo que sea. Con biznaga y sombrero torero. Así somos. Vocacionalmente.

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Pisoteando la alfombra

Benedek, mi amigo de Budapest, llega el viernes a Málaga. Espero que le guste la que le he contado que es nuestra “Semana Grande”, la del Festival de Cine. Él piensa que viene a la feria y espero que se vaya encantado. Ya sé que pudiera parecer que lo traigo engañado, pero no, en todo caso, vendría confundido, que es como se llama a estas cosas cuando, sobre el pecado, prevalece la buena intención. Le invité a pasar unos días en Málaga hace poco más de un año, en Semana Santa y me decepcionó que le gustase por pequeñita, nuestra semana de pasión. ¿Pequeñita? Dijo que era entrañable. Como los sanjuanes de Soria respecto a los sanfermines.

Me lo tomé con tal arrebato iracundo de disimulo patriotero que me pensé, muy seriamente, llevármelo de la solapa hasta el Paseo Marítimo de la Malagueta, para preguntarle si aquella inmensidad marina que lo ocupaba todo hasta el horizonte también le recordaba lo pequeñito que podía llegar a ser el río Guadalquivir. Afortunadamente no lo hice y por tanto, sigo siendo un chico fino y muy bien educado.
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Adiós, profesor

Antes que nada, debo confesar que no he sido un lector fiel de José Luis Sampedro. Leí La sonrisa etrusca y no terminó de atraparme. Cosas del momento vital, supongo. Sin embargo, siempre me ha alegrado encontrármelo en algún debate, tertulia o entrevista, diciendo esas cosas que a los ciudadanos de a pie nos parecen tan lógicas y a los que nos gobiernan, meras utopías.

En 1995, cuando España era aún euroeufórica, José Luis Sampedro anticipó que “Bruselas no es una verdadera comunidad de pueblos; es un centro de negociación”. En aquellos momentos se debatía el Tratado de Maastrich, algo tan sesudo y técnico que, aunque se nos invitó a refrendarlo con nuestro voto, pocos ciudadanos europeos nos molestamos en desentrañar; ni siquiera en llegar a leer. Votamos a ciegas. Años después, aquella frase que a mí me pareció más bien enigmática, terminó cobrando sentido, y si en algo nos consideramos una comunidad los ciudadanos europeos es en el desencanto.
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Una bolsa de ná y otra de pipas

Las tempestades multitudinarias de alborozo malagueño callejero dejan siempre un rastro de inexplicable inmensidad en la calma que, quien no entiende de poesía, confunde con basura. Pero yo no creo que sea sólo eso. Lo que un lugareño de raza despacha en la calle diariamente no es tanto un simple cúmulo de desperdicios, como su propia esencia, labrada durante más años de práctica que una buena barriga victoriana, malagueña y exquisita. Málaga no destaca por la limpieza de sus calles, no. Pues cuantos más nos juntamos a callejear, más lo impregnamos todo de esa idiosincrasia.
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Ni ético ni normal

El pasado viernes se destapó de cara a la opinión pública que una empresa municipal, Parcemasa, paga “sobresueldos” de hasta 15.000 euros anuales a cuatro de sus altos cargos. De hecho, uno de ellos iguala el salario del Alcalde y, por supuesto, gana bastante más dinero que el propio gerente de dicha empresa. Se trata del Jefe de Servicios, que en virtud de un supuesto acuerdo con el anterior gerente de la entidad -Rafael Toval- lleva al menos cuatro años cobrando más de 76.000 euros anuales, según han denunciado los delegados de personal de la empresa en el último consejo de administración. Los otros tres privilegiados de la Corte de don Francisco que también superan de largo lo que les correspondería cobrar según la tabla del convenio vigente son el Jefe de Calidad y Personal –cuyo sueldo se ve incrementado en otros 15.000 euros anuales y supera también al del gerente de Parcemasa-, la Coordinadora de Contabilidad e Informática –con 8.550 euros de más- y la secretaria –con un complemento de 4.059 euros anuales-.
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100 veces coloraos

Me parece a mí que la Semana Santa le ha llegado al Consistorio sonándole la campana. Estoy seguro de que entre acto y acto oficial, a más de un miembro del equipo de gobierno se le podrá observar en otro acto, de contrición, frente a su Imagen más venerada. Dice el Alcalde que las conversaciones con el comité de empresa de LIMASA se retomarán tras la semana más turística del año y seguro que no miente. El año pasado ocurrió lo mismo. Después de Semana Santa puede ser en abril o en febrero del año que viene, cuando, de nuevo, los trabajadores amenacen con otra huelga en el día de la marmota. Decía mi abuela que más valía ponerse una vez amarillo que cien colorao, pero me temo que nuestro gobierno local, a base de tenacidad y persistencia, ha aprendido a convivir como pez en el agua con las situaciones más bochornosas, dejando el dicho en entredicho. Tras la red biznaga, el timo de las joyas, o el museo de museos, posponer la solución de la limpieza de la ciudad sine die no creo que consiga sacarle los colores a nadie en la Casona del Parque. Verde impávido a lo sumo y a pesar de gastarnos en barrer más que ninguna otra ciudad de nuestro entorno.

Pero lo que me hace pensar que este año se tomarán más en serio las plegarias en la Corte municipal es el plazo de 20 días que le ha dado la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía para que informe por escrito sobre las actuaciones practicadas en orden al cumplimiento de lo dispuesto en el fallo que dejaba sin efecto una prueba selectiva para cubrir 94 plazas de agentes de Policía Local en la convocatoria de 2002, puesto que el tercer examen –prueba de personalidad- se filtró a los aspirantes de una academia. O sea, que hay 94 ¿policías? patrullando la ciudad desde hace once años que, según sentencia firme, no han superado el examen psicotécnico de ingreso. ¿Son entonces policías locales o no?

El TSJA acordó en 2009 anular el examen y dejar sin efecto “todos los actos posteriores a dicha prueba”, realizada siete años atrás. Einstein llevaba razón: se puede viajar en el tiempo. Málaga es un corredor de gusano. El policía que me multó en 2008, sin superar las pruebas de acceso, lo hizo en un universo paralelo. Me devolverán el dinero en este. Creo. Un tercio de los agentes que velan por nuestra seguridad a las órdenes de los mismos concejales a los que corretean, no son agentes aunque, como las meigas, existen. ¿Llevaba o no razón cuando decía que más de un técnico, asesor, politiquillo o currante con responsabilidad en el Ayuntamiento de Málaga va a aprovechar la coyuntura sacra para ponerle velas a todos sus santos? Yo, sin tener nada que ver, me persigno, sólo de pensarlo.

El plazo para que se informe al Tribunal sobre las actuaciones llevadas a cabo por el Ayuntamiento para cumplir la sentencia concluye después de Semana Santa. Pero inmediatamente después de Semana Santa. Y el Consistorio saldrá de esta, otra vez, colorado muy colorado y presumo que al borde de un infarto aunque, aparentemente, sin despeinarse. Con un ERE por imperativo legal o con alguna argucia regulada con letra pequeña que los retrotraiga de aquel otro universo de 2002 a este, once años más mayores. No quiero ni pensar que acaben pagando justos por pecadores. En este caso, los justos son los que llevan 11 años cumpliendo con su deber. Pero justos, también, los que reclaman en derecho que no se vulneren los principios de igualdad, mérito y capacidad en unas oposiciones.

Los penosos pecadores, los de siempre y al gusto.

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