¡Jesús!

En 10 días, se constituirán los nuevos ayuntamientos surgidos de las pasadas elecciones municipales del 24 de mayo. Será el 13 de junio cuando se decida si María Gámez o Francisco de la Torre conducirán el gobierno de nuestra ciudad durante los próximos cuatro años. A diferencia de otras formas de investidura, en el caso de la elección del alcalde, la normativa vigente no da más opciones; será el sábado, sólo veinte días después de ser llamados a las urnas.

Pues bien, de esos veinte días, ya han transcurrido la mitad y todo sigue en el aire. Don Francisco es el que menos cintura ha demostrado por el momento. Yo creo que la minoría absoluta le ha pillado a contrapié. Él lo arregló todo el mismo domingo electoral a su manera, interpretando lo que quiso y como quiso de una llamada de cortesía de uno de sus contrincantes políticos. El señor Cassá le felicitó por teléfono y Paquito se puso la hoja de laurel y la piel de oso ante los medios de comunicación. Es su estilo. Así debió de gestarse el multimillonario malentendido del museo de las gemas, de una de esas conversaciones privadas matizadas por su entusiasmo juvenil. Como cuando dio por hecho que Unicaja se haría cargo del Astoria y compartió parecido optimismo con todos los malagueños… O cuando estaba hecho lo de Caixaforum…

Mientras, como quien no quiere la cosa, los partidos de izquierda y de supuesta izquierda más votados de Málaga se han tirado piedrecitas y papelitos durante diez días para llamarse la atención y proponer sin proponerse si hubiera o hubiese posibilidad de acercamiento a través de las cinco llaves verdes de unos, el documento con 20 puntos de los otros, o las 35 medidas sobre regeneración democrática de los de más allá, y que han dejado disimuladamente sobre la mesa por si de reojo, observan que alguno muestra interés en citas, pactos, acuerdos o patadas en el trasero. Y parece que sí. El detonante fue otra vez el mandamás de Ciudadanos en Málaga que, sin pinchar ni cortar por ahora, las lía parda cada vez que estornuda. Si una llamada suya a De La Torre, llevó al candidato del PP a imaginarse inaugurando más franquicias de museos, una entrevista completita no dio menos juego: quería ser alcalde, decía el señor Cassá. Y nos lo merendamos como si hubiera pitado el himno o cualquier otra bellaquería deleznable para nuestro patrioterismo. ¿El cabeza de lista del cuarto partido se proponía a sí mismo como alcalde? ¿Qué artimaña era esa? ¿Qué tipo de estrategia? Se le ha llamado de todo y se ha quedado en “empresario asturiano que vive en La Cala del Moral con muchas ganas de ocupar un sillón”, como si alguno de esos pecados no pudiera disculparle la ambición que se le supone a cualquier político. Y desde aquel hecho casi indecente y plenamente contagioso, el segundo, tercer y quinto clasificado electoral, se miran de otra forma. Coquetean casi. Si Juan Cassá se lo planteó, con unicamente 3 concejales, ¿por qué no intentarlo con la suma de nuestros 15?, parece que se han insinuado.

Y así están las cosas, a 10 días de votarse. Por lo bajini, aún sin mirarse y menos hablarse, los del frente judaico popular y los del frente popular de judea están pensándose en lo de apostar por una chica morena, que dicen que se llama María Gámez, de la que poca gente ha oído hablar, y menos aún la han escuchado explicándose, como alcaldesa de Málaga. 15 a 13 ganan PSOE, Ahora Málaga y Málaga para la Gente, al PP de Francisco de la Torre. ¿He dicho ganan? Quería decir pierden. Según la Ley de Regimen General Electoral, los alcaldes se eligen en pleno por mayoría absoluta. O sea, en Málaga con 16 concejales. Y si nadie llega a los 16, el alcalde será el primer candidato de la lista más votada. En nuestro caso, Don Francisco de la Torre.

Ya sólo falta que Cassá, con sus 3 concejalitos, estornude. A la tercera, sí que sí, va la vencida.

Comments Off

Minoría absoluta

La nueva política ya ha llegado. Me refiero a la política con minúsculas, la de los partidos. Y no a sus nuevas caras especialmente, sino a los nuevos repartos de confianza que han deparado las últimas elecciones locales y autonómicas en todo el país. Las mayorías absolutas han perdido por mayoría absoluta y hay que pactar. A ver si los políticos profesionales recuerdan cómo se hace. Porque en esto, como en todas las cosas, nos suele fallar la memoria del cortito al medio plazo. Supongo que el chip de la obsolescencia de la buena memoria humana nos lo estaremos comiendo loncheado a 1 euro en algún producto de apariencia cárnica de nuestro supermercado de la crisis, porque si no, no entiendo que hayamos olvidado que antes de sufrir los rodillos democráticos por decreto de los últimos años, también padecimos gobiernos sostenibles en minoría. Cuando Aznar hablaba catalán con sus amigos en la intimidad, sin ir más lejos (1996-2000). Antes Suárez (1977-1982) y Felipe González (1993-1996) y el último, Zapatero (2004-2011), sólo mencionando los gobiernos centrales.

Si la mayoría de los gobiernos locales y autonómicos de esta etapa democrática también se han solventado en minoría, a través de pactos puntuales o acuerdos de gobierno con otras formaciones políticas, me pregunto por qué entonces se encuentra la sociedad tan alterada con los resultados de las últimas elecciones. En la parte que nos toca, está claro, se debe al producto adobado rosa de la vitrina de la gran superficie de abajo, que huele a carne comestible. Y un poquito también a que Ayuntamiento, Diputación y Gobierno Central nos han mal acostumbrado a un mandato sin rendición de cuentas ni consultas con nadie, legitimados por la aritmética y el miedo a estar peor todavía. A que se hunda mi prima en el riesgo. A que nos rescate Europa. A que nos lleven los hombres de negro.

Tres o Cuatro años de absolutismo mayor, perdón, de mayorías absolutas, nos han encaminado hacia sentirnos acaudillados por la gracia divina, y ahora, abservándolos un poco cabizbajos por sus peores resultados, nos remueven el desamparo. Tampoco ha ayudado que el de la Junta de Andalucía no fuese un gobierno en minoría del partido más votado, sino el fruto de un acuerdo entre el segundo y el tercero en discordia: PSOE-IU. Esto que parece tan fácil de conseguir y que la prensa, tertulianos y politólogos acogen como modelo de funcionamiento previsible para teñir el mapa de España de pactos y colores afines tras los resultados del domingo, yo no me lo creo. El PSOE pudo gobernar en la Junta porque estaba IU, siempre disponible y con una larguísima nómina de profesionales del cargo de confianza que no han tenido tiempo de dedicarse a otra cosa. Pero de ahí a asignar los gobiernos a los pactos de Ciudadanos con el PP o del PSOE con Podemos, y darlos por hecho, media un abismo.

Que se lo digan a Paco, más Paquito que nunca, que se veía cassado el domingo y ahora le llega el tsunami que predijo su esposa. Cassá quiere ser alcalde y todo se puede deformar democráticamente. Él con 3, Conejo y Heredia con 9 y los siempre disponibles con 2, suman 14, por 13 del PP. Mapa rojo y Cassá alcalde. Casi hecho. Menos mal que no ocurrirá sin Gil ni la burbuja inmobiliaria de por medio. Gobernará Francisco de la Torre en Málaga, si le dejan, y en minoría. Como Elías Bendodo en Diputación.

Me encantan las minorías. Mucho más que los cambios absolutos.

Comments Off

Deshojando la biznaga

En cuatro días, votamos, animadamente, al gobierno más importante de nuestra realidad cotidiana, es obvio. Digo animadamente porque del 15M, lo que nos ha quedado, tras su momento álgido y emocionante, ha sido el interés por la política. Porque el interés y el desencanto se llevan bien a pesar de lo que pueda sospecharse de antemano. De hecho es el mejor caldo de cultivo reconstituyente, diría yo. Interesadamente desencantado, por tanto, me ilusiona que me llamen a las urnas de nuevo. Y me apetece el recuento televisivo. Y preguntarme quién habrá votado al que gana, al que empata y al que pierde. Y si habré yo ganado, empatado o perdido. Si es que me cabe alguna de esas tres posibilidades, que prefiero pensar que sí. Puede que mi papel en democracia se circunscriba a mirar qué ocurre. O incluso a interpretar lo que me ocurrirá a través de la mirada del periodista o medio de cabecera personal que me lo cuente como a mí me gusta por la mañana, con más detalle, aliviando absolutamente mi ignorancia.

Hasta ahora he tenido suerte. Siempre he acabado ganando. Aunque vote a otro, que es lo habitual, a la postre y con la perspectiva del discurso de mano del que me ha gobernado, he de reconocerme mejorado, siempre. Cada vez estoy más joven, guapo y deportista. Como mi ciudad. O como mi alcalde, en este caso. Voto a otro, para curarme el corazoncito ideológico pero disfruto de lo bien que lo ha hecho quien esté al mando, que me tiene, ya casi, sin cuidado. Lo importante es participar.

Porque me dicen que observe la ciudad y que la compare con mi recuerdo de hace 20 años. Claro que he ganado. No se nota tanto cuando estoy en mi barrio. O bueno sí. Ya poco queda del Huelin de pescadores, pero el progreso me ha traído un Paseo Marítimo, que estaría reclamando si no lo tuviera, unas torres con vistas para mirar a África, de las que nos hacen más europeos, y un parque frente al mar, precioso. El resto está igual. Más viejo. Igual de sucio. Con más pobres honrados por la calle o sosteniendo su tiempo preso en bares parecidos. Es mi caso. Yo no sé cómo estarán en otras zonas invisibles de Málaga. Pero en La Opinión de Málaga, sí. Han recopilado 111 demandas de representantes de los 11 distritos de la ciudad y, tras ojearlas, dejando a un lado a los residentes en el Centro Histórico, me parece que todos nos sentimos igual de abandonados y contentos. Me ha extrañado un poco que algunos demanden la desratización de una zona de su distrito, que se asfalten otras, aún terruñas, o incluso que se lleve a cabo la red de abastecimiento de agua potable. Igual que estaban hace 20, qué digo, 200 años. Nunca peor. Y en una nueva ciudad cultural y tecnológica estupenda, que no quiere dejar a nadie atrás, como demuestran las flores primaverales en las rotondas.

Las quejas más comunes en los diez distritos pobres de Málaga son la deficiente limpieza de las calles, la escasez de equipamientos deportivos, de centros sociales y culturales, y de aparcamientos y zonas verdes. Se demandan actividades culturales y de ocio, que se pongan en funcionamiento piscinas y auditorios municipales que tras ser construídos, se han cerrado, como ha ocurrido en Ciudad Jardín o Campanillas. Y en el Centro, tan bonito, con su cartón piedra perfectamente colocado, sus solares de las heridas bien escondidas, sus grandes Museos de Babel, ¿qué reclamarán sus residentes? Menos ruido, menos terrazas, menos peatonalización disfuncional, menos actividades de ocio dirigidas a 600.000 y la madre, en fin, sólo una cosa por lo que leo: que los dejen sobrevivir tranquilos entre tanta cultura.

Aún no sé a quién votaré. Tengo que darle otro repaso a la vida de Brian antes de decidirme. Pero si se pudiera desvotar, o sea, quitarle un voto a un candidato, conmigo dejaban de contar en esa larga lista de indecisos. Rapidito.

Comments Off

El Tetrapartidismo

Vivimos democráticamente a toda prisa. Hemos visto durante las últimas semanas a Susana Díaz comprometiéndose en público a ser buena chica y a que sus amigos de clase se porten mejor, los de la clase de los fontaneros, sin más eres de esto o de lo otro, ni más cursos de formación carísimos perdidos ni descontrolados, para que sus papás, de Ciudadanos y Podemos, la dejen irse al viaje de fin de curso por Andalucía, pero éstos, demasiado estrictos, por ahora, siguen sin ceder a sus pretensiones. Así que continúa compuesta, aunque afortunadamente no sin novio. A fin de cuentas -que no le salen por más que se repitan las votaciones-, descompuesta y casada, más bien o menos mal. Menos mal que lo suyo es la fontanería, porque alguno de último curso de su escuela, va a tener que echarle varias manos y muchas horas al posible arreglo que pueda tener este feo asunto. Con la de arrumacos que le hacía el señor Valderas… ¿Lo echará ya de menos? Qué pena que a él y los suyos se los haya tragado la tierra porque históricamente cedían rápido y con mucha facilidad. Un sitito para el aparato, otro para poner el huevo y a lavarse las manos, velando por los trabajadores.

Los pactos no llegan y no tenemos quien nos gobierne nuestra querida Andalucía. Esto es un sindiós, oye, y qué a gusto se está con un gobierno en funciones. Qué poco ruido hacen, ¿no?. Ahora bien -o regular-, ¿quién nos lo iba a decir? ¿quién se lo iba a decir a ella? Si le había salido la jugada perfecta con el 47, rojo, impar y pasa. Parecía. ¿No era Sissi emperatriz la que bajaba por la escalera de Palacio ante su Corte para anunciar su victoria electoral en las autonómicas? ¡No, Sissi no, Susi! Y lo que bajaba era una rampa de un Palacio de Congresos. Y respecto al séquito, era su equipo de palmeros. De palmeros-fontaneros. Hay bomberos-toreros en las plazas, dispuestos a todo por una vicepresidencia y dos consejerías, y palmeros-fontaneros en los ruedos. Pero este ruedo político en el que le ha tocado torear a Susana Díaz se le ha tornado complicado por el tema de los cabezas de cartel. ¿Pero esto no era un mano a mano?, meditará con su almohada, cada vez que vuelve con el 47-62 en contra, quejándose del PP, sin vela en ese entierro. Ella esperaba salir airosa, por la Puerta Grande pero, por lo pronto, está atascada. No cabe en sí, de tan grande que es, todavía. Los que han tenido que salir, lo han conseguido pero por la puerta de atrás, la de más atrás de todas y la más pequeñita pero, claro, encogidos y arrugados. Y no es plan. Si no la esperanza, sí es la Susana blanca. De entre los que han tenido que reducirse a la mínima expresión, dos ex presidentes, Chaves y Griñán, que serán recordados en la wikipedia por irse calladitos, refunfuñando para adentro, muy a pesar de sus planes de ponerse una casa en cualquier cementerio de elefantes de la costa. Y lo peor, sin medallas ni partidos de homenaje. Y lo peor de lo peor, señalados por un silencioso agujero negro de imputaciones sin imputar, que nadie sabe cómo acabarán. Aunque sí lo sospechamos, para su tranquilidad.

Y decía que vivíamos un año democrático sin respiro. Pues aún con el último desgobierno a medias por el toma y daca de la fontanería andaluza y sus profundísimas goteras, en diez días nos llaman a decidir otro, el de nuestra ciudad, que será completo apostando al 16 pero que, si llevan razón las encuestas y aparece la niña bonita de por medio, podría convertirse en otro parecido galimatías.

Yo, de momento, me estoy descargando los programas electorales. ¿Una renta básica en viajes de autobús y entradas para conciertos? Un momento, que me persigne. Esto promete… Otro día les cuento.

Comments Off

Kilómetro Cero

Hoy, un sabio sin estudios me ha dicho que la crítica constructiva consiste en arreglar las cosas utilizando todo el cuerpo: la mirada, el hombro del otro y, sobre todo, la boquilla y las dos patadas. Asegura que se fía más de quien muestra su desencanto o disgusto, sin más matices, que del que señala los defectos del prójimo con ánimo de corregirlos, desde lo alto, a grandes rasgos, con una varita y sin tener que demostrar el buen tino de su exactísima clarividencia a nadie. Al de la crítica constructiva se le supone el acierto como el calor en la mili, me ha dicho, esperando que lo corrigiera. El filósofo, del que hablo que, de paso, me ha explicado la diferencia entre valiente y caliente, es un cocinero que a partir del estómago ha conseguido conquistarme hasta en el discurso: el que dice que hace una crítica constructiva, es un teórico peligroso, créeme… porque a partir de la experiencia no se critica, se aconseja, ha concluído. Y he decidido hacerle caso. La culpa será del Moscatel Andresito de Almargen. Pero allá voy.

La política municipal de cultura museística es un mojón. De carretera para ser fino. Aunque me cuesta no usar la mirada ni el hombro del otro para explicar lo cateta que es. Y como tengo la crítica constructiva tocada, pues alguien que guisa así el chivo lechal malagueño no puede equivocarse, hoy no voy a construir nada ni, dios me valga, aconsejar a nadie sobre el tema. Me limitaré a comparar, tan odiosamente como el regusto del buen postre que me espera, me permita, el enorme punto kilométrico de la 340 que es como considero a esa cultura delatorreriana, con el buen paso que está tomando el aprecio a la gastronomía malagueña en los últimos tiempos.

He oído que Don Francisco, poco harto aún de ponerse museos en sus propiedades de monopoly, planea comprar otros cuantos durante su próximo mandato. Perdón, alquilar. Amenaza con un Caixaforum. En contraposición, hoy asisto a un magnífco evento “Málaga Gastronomy Festival”, orgulloso de que los mejores chef de la provincia hagan gala en sus recetas de nuestro excelente producto local, de que se introduzcan poco a poco los vinos malagueños, de que nuestra tradición culinaria se esté convirtiendo en un valor añadido en la oferta de la restauración de la provincia, etc… ¿Quién me iba a decir a mí hace unos años que, de tapeo, me fuera a encontrar con los apellidos de las comarcas en los platos?: tal y cual con naranja cachorreña del Guadalhorce, con aceite verdial de la Axarquía o con queso de cabra malagueño. A mi lado, acaban de pedir “un riojita de Ronda”. El vello como escarpias.

Y estos primeros pasitos de alegría gastronómica local, ¿quiénes los han conseguido perpetrar? ¿Son los turistas los que nos han marcado el ritmo o serán los propios malagueños, en su día a día, los que convertirán este proceso paulatino en algo natural? Paco de la Torre no cree que se necesite de ese impulso ciudadano para llenar sus museos, supongo. A él le surgen aficionados a los cuadros por generación espontánea, le hacen cola desde la Unión hasta la Carretera de Cádiz, pasando por El Palo, hasta cubrirlo de gloria en las fotos del Pompidou.

Hay una gran labor por parte de Diputación y de la marca Sabor a Málaga detrás de esta puesta en valor de nuestra cultura gastronómica, ya que han sabido orientar el proceso lógico, encaminado por la ciudadanía, sin atajos ni prisas. Pero, por supuesto, hay que reconocer también el esfuerzo y el trabajo bien hecho, durante tantos años, de muchos héroes anónimos. Sería injusto olvidarme de Fernando Rueda, de la Carta Malacitana, del Consejo Regulador de las DO malagueñas, de la Asociación de Criadores de la Cabra malagueña, etc…

En cambio, pagar una millonada a los mejores cocineros del mundo para que pusiesen un restaurante en la ciudad, habría sido un error. Perdón, sin acritud ni crítica constructiva, habría sido un mojón.

Comments Off

A los grandes museos se va en bicicleta

Estuve el otro día en Hacienda porque se me había caducado el virtualismo digital al que me obliga Montoro para mantener correspondencia conmigo y con mi inmensa fortuna. Fue un trámite lento y personalísimo que me indignó la mañana, así que de vuelta, con el sello puesto y algún suspiro más alto que otro demandando la complicidad de los que me acompañaban al soslayo, esperé desarmado de paciencia a que me recogiese el autobús de mi barrio.

La parada de la Empresa Malagueña de Transportes dispuesta junto al edificio de Hacienda es un buen lugar para acoger a los indignados de los procesos burocráticos porque la recorren ciclistas, a los que se puede criticar o suspirar fuerte en la oreja para calmarte, pues suele ser gente sana y pacífica, que no contesta a los desaires. Esto ocurre porque entre la parada y el potencial bus que te recogerá, discurre un carril bici que atraviesa todo el cabreo producido por lo acalorado del momento y la molesta sensación de sentir que has acabado perdiendo la mañana. Miras al suelo y compruebas que llevas sucios los zapatos y que, además, pisas un carril de ecologistas mal puesto por causa del ayuntamiento y su lumbrera de la movilidad. Lo peor parte del despropósito, desde el punto de vista ético, hay que asignársela al deportista, claro, que pedalea por derecho y no se aparta, sólo por eso. Sigue en su carril sin tener en cuenta la volutad democrática de la veintena de usuarios que se preparan para que llegue el autobús, pasen la tarjeta en fila disciplinada y corran a ocupar un asiento libre, camino de Huelin, y que, sin duda, votarían que el ciclista se saliese de su camino para no incordiar y rodease la parada, con cuidado de no atropellar a nadie, si optase por cubrir la retaguardia, o de no ser atropellado, si decidiera convertir en deporte de riesgo su paseo por carretetera. ¿Pero no son tan ecologistas y tan modernos y tan jóvenes y tan cívicos? ¡Pues entonces!

La línea que sí suele serlo, no fue puntual con lo que tuve tiempo de hacer de serpiente multicolor con la cola del bus, incluyendo su mal de ojo, cada vez que pasaba otro descontaminante usuario de las bicis de alquiler municipales, y así, hasta que le tocó llegar pedaleando, torpemente, como una gacela asustada, a la nueva amiga de mi vieja amiga, la joven delicada de Sevilla que se ha trasladado a vivir a esta perfecta ciudad de la cultura y los jardines, ideal para leer en algún paseo marítimo, al fresco, novelas de autores americanos de culto de los que me sé una retahíla de nombres para darle conversación. Y se detuvo a charlar conmigo. Me ha contado que en Sevilla tienen 243 kilómetros de carriles bici y que lo usan a diario 72.000 personas. Como aquí, casi. Aquí tenemos 29 kilómetros. Aunque he leído que en dos años, están previstos otros 70 kilometrazos… ¡Yuju! Las comparaciones son odiosas pero os susurro que en Sevilla están aprobados, para el mismo periodo, 2015-2017, 240 kilometritos más. Y aquí, por ahora, no lo usan tantos miles de personas, pero sí todos los jóvenes modernos que incordian por delante de la parada del edificio de Hacienda. Un montón y algunos puñaditos más. Como le dije a Macarena, que así se tenía que llamar, es que allí tienen un clima y un pedazo río, que aquí no tenemos. Pero que yo la acompaño, que yo sí estoy en la onda y soy asiduo a eso de darle pedales. Y mañana he quedado.

Por eso estoy aquí. Con la tarjeta nueva de esto de las bicis, viendo por dónde. Esperando a que nadie me mire para hacerme con una, salir huyendo y averiguar si es cierto eso de que nunca se olvida. Porque, digo yo, que aunque no lo recuerde, en algún rincón de mi infancia, alguien me enseñaría a usarla. ¿Habrá bicis municipales con dos ruedines? ¿Aguantará, en todo caso, mi peso?

Ya veremos.

Comments Off

Un bello decorado

Málaga está bonita. Cómo luce al sol. Si no fuera de aquí, me creería todo el cartón piedra preciosista que nos rodea y lo disfrutaría como cualquiera de los turistas que nos visitan. Qué suerte tienen. A menudo, los envidio. Y no porque no sepamos los malagueños bienvivir nuestra ciudad con muy poquito, sino porque acariciándola tan aparente, con el bienestar al alcance de la mano, nos apena tener que permanecer quietecitos en la esquina, pisando la punta del tapete, para que la brisa no destape nuestras vergüenzas ni descubra nuestra cara oculta, la de los cuartos menguantes. La Málaga que se puede enseñar está sujeta con imperdibles al Centro Histórico y tiene un recorrido oficial por el que no se hace camino al andar. Más nos vale no perdernos. Ves poquito y te imaginas el resto. Si algún metomentodo rascara un poquito en la superficie de los umbrales de la pobreza o levantase la alfombra mágica de la cultura a dedo en la que nos han entrometido, descubriría que todos somos cómplices de esta farsa, a cambio de un rayito de sombra y una caña. Pero, aún así, bendito espejismo de ciudad, ¿verdad? Da el pego. Qué a gustito se está en esta terraza-mirador que nos ha dejado limpito y postmoderno el Consistorio para que demos un paseo. La pompa del Pompidou y el pompi del ruso, la Semana Santa de los buenos tiempos, ahora el Festival, y en el horizonte, la Noche sin blanca de la cultura municipal.

El otro día, en la Cadena Ser, los directores de los periódicos locales entrevistaron a nuestro alcalde y, aprovechando las alegrías del festival, Esther Luque les pidió que calificaran la gestión de Francisco de La Torre con el título de una película. Y estuvieron acertadísimos: Zelig, el falso documental de Woody Allen, en el que el protagonista, para ser aceptado, adapta su apariencia al entorno (incluso cambia de color de piel), podría describir el carácter camaleónico de Don Francisco. Ahora ha adoptado el rol de montamuseos y posa como si llevase toda la vida entre obras de arte. El personaje de la comedia, en un momento dado, se encuentra con miembros de la comunidad judía y le crecen barbas y tirabuzones. ¿Se imaginan? Zelig fue la elegida por Juande Mellado (La Opinión de Málaga); Noche en el Museo, la comedia en la que los objetos expuestos en el de Historia Natural cobran vida, probablemente podría encasillarse en el bestiario de las pesadillas provisionales de nuestro alcalde, como sugirió Antonio Méndez (Málaga Hoy); El año de las Luces, oso de plata en Berlín, que trata sobre el despertar sexual de Manolo (Jorge Sanz) observando cada noche a su enfermera desnudarse (Maribel Verdú), fue la elegida por Rafael Porras (El Mundo) y la que más me costó vincular a la gestión municipal, en principio. ¿De qué se habrá prendado así nuestro alcalde? ¿De las gemas? ¿Los funiculares? ¿El Astoria? ¿El embovedado del río? Le he dado 2016 vuetas, casi sin resultado; Lo imposible, la del tsunami, es la pensada por Manolo Castillo (Sur), que describe a la perfección la trayectoria política de De La Torre, como el zelig tozudo, corredor de fondo; y por último, Alcaldes al borde de un ataque de nervios, basada en la peli de Almodóvar que interpreta Banderas fue la propuesta divertida de la Cadena Ser.

Y ahora, lo peor de lo peor. ¿Conocen a alguna persona que no haya visto ninguna de estas por falta de tiempo? Si la conocen, ¿habrá tenido ese tiempo escasísimo para asistir, en cambio, a conciertos, o para ir al teatro… será aficionado a la ópera? ¿Leerá habitualmente? ¿Reconocerá la obra pictórica de los clásicos? ¿Le gustará el Arte Contemporáneo? Y la última, ¿Dejará de traer franquicias de museos a Málaga?

Dice Paquito ahora, el que no conoce los suburbios ni por las pinturas costumbristas del Carmen Thyssen, que si vuelve a ser reelegido, no dejará a ningún malagueño atrás por causa de su pobreza. Anuncia, por fin, medidas sociales, creo. Para que vaya ensayando, le aconsejaría que levantara una moqueta ruborizada de glamour y se trasladase a las no tan afueras de la ciudad, a encontrarse con la malatería de parados que ni se acercan al centro, para no molestar, espigando en sus arrabales. “Los Espigadores y la Espigadora”, esa sería la película que me gustaría que identificara los próximos cuatro años de Paco de la Torre.

Comments Off

Como un flan

He mirado el calendario y me ha entrado un cosquilleo nervioso. A mí me pasa, y no sé si por raro o por mediocre sin conocimiento, que igual que a veces me acaloro por causa de la vergüenza ajena, en otras ocasiones me embarga esta sensación de nerviosismo ajeno, que ahora me esfuerzo en describir. El chisporroteíto en la barriga me ocurre cuando me pongo en el lugar de alguien que debe enfrentarse a un importante examen que ni me va ni me viene. Los que se examinan ahora, y me soliviantan el ánimo ajenamente, son los candidatos a alcalde de Málaga. Lo escribo y me entran sudores ajenos propios. A poco más de un mes de campaña, deben estar cada uno, a su estilo, hechos un flan. No voy a entrar a debatir ahora qué tendrán que ver los flanes con los nervios, aunque cada vez que me apropio de este recurso, me lo quedo pensando durante varias líneas temblorosas.

Decía que me preocupan los candidatos porque esta vez se enfrentan a unas elecciones distintas y más complicadas, al menos con más actores y nuevas referencias. Lo más extraño de todo es que el PP casi no participa. Bueno, casi no quiere participar, mejor dicho. Don Francisco ha dicho que él se encarga, encantado, y los ha dejado escondiditos tras él, a buen recaudo, para que no molesten. Con el PP en horas bajas, mejor no arriesgar. Así que se borran las gaviotas, la música y las siglas y nos queda un alcalde con traje nuevo dispuesto a jugar de portero-delantero. Eso sí, en el PP no saben con quien se la juegan. A ver cómo salen de ahí después para darnos la sorpresa. Ahora que le han dejado sitio para correr con el balón, y campo por delante, a ver quién para al anciano. A ver quién lo jubila. Paquito sería el flan de huevo tradicional en esta historia, con perdón.

Lo contrario pasa en la otra acera. Hay mucho PSOE y muy poca María Gámez. EL PSOE, que no existió en las andaluzas y al que suplantó Susana Díaz, ahora saca pecho de partido y es más contrincante que nunca. La candidata no es necesaria y el aparato, menos. Ponen PSOE, se quitan del medio y les irá mejor de lo que podrían esperar. Su flan es de polvillos, pero de chocolate, riquísimo, como para quejarse…

Pero si lo del PSOE es llamativo por salvaguardar a su candidata tras la “S” de Susana, parecido caso pero elevado a la máxima expresión ocurre con Ciudadanos en Málaga. Su candidato podría ser un florero. Podrían ahorrarse la campaña. Y los discursos. Poner papeletas junto a las urnas y esperar, para sumar concejales. El trabajo ya está hecho. Un poquito lo hizo Albert Rivera. En mayor proporción, la soberbia torpeza de Rosa Díez. Y la guinda del pastel la puso el gobierno de Rajoy. Se mete todo en una coctelera, se agita y salen un montón de votos. Pero un montón. No es el PSusanaSOE lo que hace tambalear la seguridad de un nuevo gobierno absoluto de Don Francisco, sino lo que sean capaz de restarle desde Ciudadanos. Este flan es con grosellas y aroma de flores. Tiene buena pinta en carta, ahora falta que esté bueno.

Y los que eran los terceros en discordia, IU, ya no sé si son, están ni existen. Para crecer, se diluyeron y todavía están burbujeando, espero que sin ahogarse en su propio vaso de agua. A decir verdad, no sé ni cómo se llaman en estas elecciones. Tengo que mirarlo. Eduardo y los siete enanitos creciendo podría ser. O el Frente Popular de Judea. Ganemos no, seguro. Ya lo tengo: coalición “Málaga para la gente”. Si Ciudadanos pueden ser la causa de que Paco de la Torre tenga un pellizquito de preocupación de cara a los próximos comicios, su pastillita tranquilizante se llama como este Frente Judaico Popular con el que nos marean las mareas, IU, Equo, Podemos y todos los demás pedacitos. Yo no sé si esto es un flan con mititillas o con grumos. Estoy por no probarlo, a ver si se me quita este nudo impropio que me atenaza.

Comments Off

Sin más explicaciones

Estaba leyendo las declaraciones de nuestro alcalde del pasado lunes, en las que se lamentaba de que el PP no hubiera sabido explicar bien los ajustes, e intenté ponerme en su lugar, recordando alguna ocasión en las que me hubiese ocurrido algo parecido. Aunque no voy a confesarles ninguna de esas situaciones, ya que me producen sonrojo de sólo pasearlas por el primer término de mi memoria, si luego me da tiempo, sí estoy dispuesto a explicarles minuciosamente cómo logré salir de la tierra salvadora que, atendiendo a mis ruegos, aceptó tragarme piadosamente en tan adversas circunstancias. Lo mal que se pasa. Lo mal que se pasa a rastras con el sigilo bochornoso, cuando no se encuentran las palabras que no existen.

Ponerse en el lugar de otro sirve para entender la mayoría de las cosas. Recordarme sin razonamientos me lleva a la parte más grotesca del espectáculo, que tiene mucho que ver con la risa nerviosa que produce la vergüenza ajena cuando no es ajena sino propia. Yo, ahora, por fin y por ejemplo, ya comprendo el gusto de Rajoy por el plasma. La causa está en estos asuntos inexplicables. Venga, Cospedal, sal y explica esto, le dijeron. Tras el diferido, añadiría que hay cosas que no son complicadas de explicar, sino cómplices de embrollar. Y esta a la que alude Don Francisco, posiblemente sea una. En definitiva, repasándome he llegado a la conclusión de que a veces no se hace difícil explicarse, sino que es imposible. ¿Cómo se explican los casos de corrupción? ¿Los miles de deshaucios? ¿La foto del presidente cuando era candidato, en la cola del paro prometiendo acabar con esa lacra? ¡Plasma, engúlleme! Y cuando crees que la mayoría no te ve y el resto ya se ha olvidado, te haces pasar por una flor, sales, oteas y huyes con disimulo (lo prometido es deuda).

De la Torre no quería quedarse sin explicaciones. Y le han hecho un vídeo didáctico para explicarnos su gestión, muy divertido, con la estética de una aplicación para móvil, que al principio se llama “Málaga funciona gracias a todos” y que tras darse un paseo audiovisual por los datos elegidos por el equipo municipal, concluye llamándose “Málaga funciona”, ya sin agradecernos nada. Se trata de un vídeo que no deberían perderse. Si les sobra el tiempo. Empieza flojito de autoestima, mencionando la atención, el cuidado, la gestión y el trabajo diario que requiere una gran ciudad que, como cualquier casa o empresa precisa de especial atención en sus servicios esenciales. La iluminación, las zonas verdes, el mantenimiento de calzadas y aceras, el abastecimiento de agua, el alquiler de bicicletas, la limpieza, el cuidado de las playas, la seguridad, la cultura (con el impacto económico que va a generarnos el Pompidou, que valoran sus lumbreras en 18,5 millones anuales), el deporte, la rehabilitación de edificios, los imprevistos que hay que solucionar a diario… son todos ellos motivos de orgullo munícipe explicativos de la ciudad moderna que se traen entre manos y de la que disfrutamos por su razonable gestión.

Esto ocurre durante los primeros dos minutos y cuarenta y cinco segundos. Pero la parte del vídeo que más me gusta y que aconsejo que no se pierdan, es la que viene a continuación: la parte social. A partir de ese segundo, el vídeo deja de ser una loa a nuestra ciudad limpia, cultural, sostenible y deportista y se dedica a hablar de lo que hace el consistorio por los más necesitados. Por los malagueños sin trabajo, sin vivienda, al borde de todos los umbrales que echarse a la boca y en claro peligro de exclusión social. Qué maravilla. No creo que una niña de la Palmilla vuelva a ser ejemplo de necesidad con tanto esfuerzo de los que nos gobiernan, como bien explican. Fíjense en la partida presupuestaria dedicada a los más necesitados y dense por satisfechos, enterados y muy bien explicados.

Comments Off

El monte es orégano

Aquí voy, de gozo que no quepo en mí, incluyendo en mi alegría esa pizca de luto pactado que le proporciona su verdadera razón de ser malagueño a tanto apasionamiento de Semana. Nos quedan por delante tres o cuatro días santos de ocio para vislumbrar el baile de algún trono majestuoso al final del tumulto, acercándose con el plañir de sus cornetas de incienso hasta el último recoveco de nuestra memoria. Volveré en mí con el tamborileo enseguida y como lo sé, me dejo arrastrar por las callejuelas del tiempo, aturdido por ese segundo soñando, como si hubiese caído desmayado en un trance. Se me olvidaba que huía y que iba a cruzar para alejarme. Cómo me gusta que no me guste la Semana Santa. Para que llegue y me vaya.
Seguir Leyendo »

Comments Off