Adolescentones

He leído un interesante artículo de Sonia Sánchez en La Opinión de Málaga sobre la adolescencia, en la que señala que lo que hasta hace poco los especialistas consideraban como “adolescencia tardía”, ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido integrarlo directamente en la misma etapa del acné psicológico, extendiendo tal periplo de la vida de incomprensibles incomprendidos hasta los 25 añitos.

Los cambios físicos que experimentamos en su día los adolescentes de la era del Estado de derecho y la Sociedad del Bienestar -que pensábamos indisolublemente unidos- y que tenían que ver con el estirón y el cambio de voz, a este paso concluirán con las primeras canas, si es que ya no está ocurriendo. Un poquito por los sustos macroeconómicos que están soportando nuestros niños, obligándolos a entender de primas, de índices, de incrementos impositivos y demás fechorías neoliberales que dicen que dejan mechoncitos blancos, y otro poco porque, a partir de los 40, todos canos. Ya sé que algunos calvos. Pero canos, en alguna zona, todos. Que no quería especificar…

A lo que iba: ya no tengo claro en qué momento de la vida se convierte un adolescente en adulto, ni de si es esa la siguiente edad que marca la madurez y el sano juicio, probablemente porque sin mili ni Erasmus en el basurero imaginario de Wert, un joven estudiante comodón y poco viajado de treinta y tantos seguirá apegado a las faldas del cobijo gratuito familiar y no sé si aún será adolescente o ya adolescentón, que es como terminaremos llamándonos todos de aquí a poco, supongo, si es que los brotes verdes no nos salvan de tanta apretura y la crisis nos sigue acortando el proceso vital por imperativo económico. En casa del abuelo, la hija adolescente de 40 y su bebé de 20. De niña a mujer. Ya lo decía Julio Iglesias en el que podría haber sido el mejor vaticinio de Nostradamus. Lo más preocupante de que a nuestros quinceañeros les queden varias décadas de permiso para seguir siéndolo es que la edad del pavo no tendrá fin. Niñatos hasta la muerte.

Y el que creció y se fue hecho un hombre de casa, con 18 añazos y un palustre, para alicatarnos toda la Costa del Sol y ha tenido que volver ahora al cuarto de los juguetes, con 30 años ¿cómo lo llamamos? Ni adolescente ni adolescentón. Este grave afectado de la burbuja inmobiliaria que Montoro defiende que no existió, no volverá atrás. La adolescencia no se recupera nunca. Este joven ya es un viejo. Para siempre. Tal vez, -¡no, por favor!- esta sea una involución antidarwiniana irremediable producto de la modernidad viejaeuropea y de la infancia pasemos a la vejez sin darnos cuenta, eliminando las edades clásicas romanas para pensar, casarnos o votar como ya sucumbieron sus clases medias en nuestra sociedad conformista y sumisa por culpa del mercado de valores. Lo peor para que sea así es que los hijos de los representantes políticos, de sus asesores o de sus cargos de confianza, o lo que es lo mismo, de los ricos mejor pagados de nuestra democracia tampoco se quieren ir de casa. Según la psiquiatra Graciela Moreschi, autora del libro Adolescentes Eternos, la adolescencia eterna es más habitual en las familias de clase alta: «los jóvenes eligen darse caprichos y no quieren renunciar al nivel de vida que tienen (coche, tecnología cara, salidas, ropa de marca…)»

Según el Informe de la Juventud en España de 2012, el 29,8% de las mujeres y el 41,1% de los hombres de entre 25 y 34 años aún viven con sus padres. O sea, casi un tercio de las mujeres y la mitad de los hombres-niño que estamos creando. El roce hace el cariño. Eterno.

Cuánto amor. Y yo tan viejo.

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Olor navideño

Me he subido ya al altillo para coger los viejos villancicos y estoy con la pandereta en brazos. Con lo que me ha costado encontrarlos, espero que no me haya precipitado. Lo que me faltaba sería que el cajón estorbara en el pasillo y tuviera que volver a demostrar mi pericia y mi fuerza encajándolos de nuevo entre esa maraña de recuerdos inservibles antes de que llegase el puente de la Inmaculada Constitución. Trabajo doble, pereza triple. Se debe a que la amenaza de huelga del comité de empresa de Limasa de jorobarnos la Navidad, me la ha traído. Y aunque he estado a punto de poner el tamborilero de Raphael en mi veterano tocadiscos he desistido porque me suena, de entre mis añejas tradiciones, que cupiera la posibilidad de que mis regalos potenciales se convirtieran en agua. Era si los encontraba, si me comía el turrón de mi hermana o si ponía villancicos cuando no tocaba, en alguno de esos casos, sí…

Pues los malísimos trabajadores de Limasa ya están chantajeándonos, que es a lo que iba y me he liado entre serpentinas. Son gente mala malísima que no se corta un pelo, melenudos bárbaros todos, a la hora de anunciar que irán a la huelga indefinida a partir del 20 de diciembre porque esa inapropiada fecha para los derechos fundamentales del trabajador es la que más nos va a causar trastorno a los pastorcillos, camino de las grandes superficies comerciales para adorar al niño y a sus turistas. Creo que son unos bellacos de tanto repetírmelo porque cobran sueldazos de médico, tienen vacaciones de maestro, y heredan el cargo, como el príncipe Felipe. Y todo por quitar de en medio la inmundicia a la que no nos enfrentamos cada día.

Según los datos de la empresa, el trabajador que se mancha el mono que más gana en Limasa, incluyendo todos los conceptos, cobra 36.492 euros brutos brutísimos, que aparentan casi tanto como los que cobra el asesor a dedo que se presentó a alcalde por un pueblo y perdió. Según la tabla salarial del convenio, el sueldo más bajo en Limasa es el que cobra un auxiliar administrativo: 21.241 euros.

Yo no sé si los currantes de Limasa son tan despreciables por ganar tanto dinero, por defender tan bien sus derechos laborales o por poner contra las cuerdas a los que más ganan en su empresa cada vez que les tocan las bolas navideñas. Supongo que será por la pasta, porque tan democráticos que somos, no vamos a rasgarnos ahora las vestiduras porque hagan valer sus derechos. Digo yo…

El comité de empresa considera que los recortes podrían empezar por otro lado: Limasa tiene en la actualidad 19 directivos que en conjunto suponen un gasto salarial de 1.036.453 euros anuales, según los datos de la memoria anual de Limasa. De ellos el sueldo más alto es el del gerente, que cobra 110.000 euros más un variable de 15.000 euros por objetivos. Asimismo señala el comité de empresa que la parte privada (FCC, Urbaser y Sando tienen el 51% de las acciones) se lleva más de dos millones de euros cada año por un “canon de asistencia técnica”, que pocos saben a qué se dedica en realidad. Por último, ponen la tijera en acabar con la externalización: “los camiones se llevan a reparar a empresas externas a pesar de poseer talleres propios”.

A lo mejor los trabajadores no son tan malos. O puede que los directivos no sean unos enchufados con currículum político y trayectoria sin igual. Hasta puede que las empresas privadas que participan no estén haciendo el negocio del siglo con Limasa. ¿Será que estamos orgullosos de unas calles tan limpitas?

Según un estudio interno encargado por la propia empresa y que hizo público en marzo La Opinión de Málaga, manteniendo el servicio municipal sin intervención privada, el Ayuntamiento de Málaga se ahorraría unos 47 millones de euros de aquí a que acabe el contrato, en 2017. ¿Alguien lo entiende?

¿Quién será el malo? Porque los tontos, me parece, siempre somos los mismos.

Hay una carta para ti

Hoy, a medio camino entre el escrache picassiano y la fiesta de las calabazas sanguinarias, he tardado en decidirme si comentar uno u otro asunto. Quizá tengan más cosas en común que distancia, sobre todo si se pretende resumir al mínimo su aspecto más grotesco. Un poco más de miedo que risa me provoca la insistencia del vicepresidente cuarto de la Diputación Provincial, Francisco Oblaré, en entregar una carta de pago a la Presidenta de la Junta de Andalucía, que había venido a Málaga a hacerse una foto cultural en el décimo aniversario de la inauguración del Museo Picasso y se encontró en medio de esa otra fiesta “democrática”. Algún alcalde, en compañía de otros, la esperó y persiguió sin violencia, desde el hotel hasta donde se congregaba la multitud de malagueños selectos con invitación protocolaria que habían sido invitados al acto y que asistieron atónitos al empeño baldío del señor Oblaré en hacerle llegar el sobre a la Presidenta. El intento concluyó como una mala noche en la puerta de una discoteca: forcejeando con guardaespaldas y denunciando a policías, parte de lesiones en mano.

Yo no sé, ni creo que importe tanto, quién planeó llevar a cabo esta acción reivindicativa en la que se vieron implicados importantes personalidades del PP malagueño -Caracuel, Oblaré y Armijo entre otros- pero habrá tenido tiempo suficiente de arrepentirse, a tenor de la repercusión mediática negativa que ha tenido a nivel nacional y que tendrá su continuación próximamente con una pregunta a un ministro en el Congreso de los Diputados. Eso descarta a Oblaré como organizador. No arrepentirse de nada, como ha declarado públicamente, lo hace sospechoso de fidelidad más que de cualquier otra cosa, y lo sitúa como obediente actor protagonista de una mal planificada metedura de pata política. Alguien pensó que podía ser la ocasión ideal para dejar en ridículo a Susana Díaz delante de la prensa y de la sociedad malagueña que asiste a estos saraos para saludarse y recordarse que siguen siendo, estando y existiendo pero el método escogido para reivindicar la injusticia de una deuda es precisamente el que más ha criticado el PP en otras ocasiones. Con razón. ¿O es que ahora justifican los escraches?

Don Francisco ha dado la vuelta de tuerca necesaria a este asunto para que todos comprendamos lo sucedido. No fue un escrache: “¿qué tipo de presión es entregar un papel a un cargo público?”, proclama.

Ojalá que esa teoría de nuestro alcalde no consiga muchos adeptos y en los próximos días no nos encontremos con que el hartazgo ciudadano los lleve a esperar a los cargos públicos a la puerta de su domicilio, o a la salida de su lugar de trabajo, o a las inmediaciones del hotel donde se alojan para entregarles cada uno un papel, tan reivindicativo y justo como el que pretendían entregar a Susana Díaz algunos miembros de su partido en Málaga.

En fin, el único que parece haber devuelto la cordura del discurso a esta delirante situación, más propia de la noche de difuntos que del aniversario del Museo Picasso, es el Presidente de la Diputación Provincial, D. Elías Bendodo, que ha afirmado en las últimas horas que “estas acciones nos alejan del ciudadano”. Ojalá sea una llamada a filas. Ojalá sea la manera diplomática de entonar el mea culpa. Ojalá alguien le lleve rápidamente una toalla a los altos cargos del PP que participaron activamente en el escrache y puedan sentirse con el culo al aire para que lo olviden cuanto antes y sigan trabajando en arreglarnos el futuro. Lo que nos faltaba era una guerra de escraches entre representantes políticos en Málaga…

Y hablando de Halloween. Este año me disfrazo de Jorge Javier Vázquez Oblaré. Se busca presidenta.

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El enano saltarín

Ha dicho El Ministro de Hacienda que la recesión acabó en junio. Y creo que la postura extraña que se me ha quedado al oírlo es la de una persona que está a punto de dar un salto de alegría. O eso, o un ataque de risa nerviosa. Pero ahí me he quedado, paralizado. Sin saber si dar un paso adelante o dos atrás, como el Chiquito de la Calzada pero de pensamiento. Tan desconfiado que soy antes de un brinco, me he acordado de Irlanda, de Italia y de Portugal, países de nuestro entorno, estos sí, tan entornados como el nuestro, y me he preguntado si alguno habría abierto ya las puertas de su economía, aunque fuera un poquito pues, de un tiempo a esta parte, parecería que se los hubieran llevado a Teruel. ¿Existen? Sé de Italia por Berlusconi y sus juicios, y de Portugal por el Chelsea y su condena pero, ¿Irlanda? ¿Sabrá Aznar como le va? Además está -¿estaba?- Grecia, ese país sin historia que le recortaron hasta la silueta en el mapa europeo y no sé si es un agujero negro o un corredor de gusano lo que han dejado en su sitio los hombres de negro, gusanos corrientes al servicio de Europa. Y ¿qué fue de la quita de ahorros en Chipre? Está la quinta del buitre, que no ganó mundiales y la quita de los buitres, que se llevaron la mundial de los ahorradores chipriotas, sospecho que para sondear el mercado y analizar el índice de complacencia y conformismo democrático de las buenas pobres gentes.

Como fuere, yo ya no sé quién se manifiesta, si es un espíritu o un fantasma. No sé si alguien ejerce su derecho a manifestarse o prefiere seguir en la tumba esperando la última estacada. De verdad que no sé si hay agitación en Europa, euforia contenida o fuegos artificiales. No sé si alguien se queja de cómo le va o si algún triste país, de los pedigüeños, va mejorando adecuadamente. Nos queda internet y las agencias de prensa del control “v” a falta de personal escribano a sueldo. O eso, pensamiento único redactado por un becario con prisas, o alguna buena foto de un freelance sobre la trifulca de la semana pasada entre la policía y los manifestantes en Italia. Poco más.

Estoy que me agacho. Casi que gana el desánimo. Si no fuera por el ministro, no creería en que esta postura de pastorcillo caganet que llevo se refiera a que estoy cogiendo impulso. Pero él aseguró ayer que “no sólo hay luz al final del túnel sino que se atisba la salida del túnel de la crisis económica de España”. Me da tembleque de gusto. Asegura que el segundo trimestre de 2013 habrá sido el último de la recesión, como reflejarán los datos del PIB del tercer trimestre. El ministro ha adelantado, además, que 2014 será el año del crecimiento económico, la creación de empleo y la solidaridad con los que más pobres: “el debate debe ser cuánto vamos a crecer”. Se me saltan las lágrimas. No lo paso tan bien desde que vi saltando en el balcón de C/ Génova a todos los peces gordos del PP tras requetevencer absolutamente las Generales. Qué alegría. O desde que el PSOE celebró a lo grande su triunfo inesperado en Andalucía. Qué recuerdos… La salida de la recesión debería ser una fiesta democrática de todos los partidos, de todos los afiliados a los partidos, de todos los tesoreros de los partidos encarcelados y libres, de todos los que repartieron las ayudas de los ERE con tan buena mano o los pillaron, y de todos los lastimeros que cada cuatro años los votamos. ¿Será verdad? ¿Volveremos a trabajar? ¿A ser ricos? ¿A comprarnos el coche y el apartamento que nos quitaron? ¿Habrá sido todo esto un mal sueño, una broma?

Ojalá. Tengo fe. Me lo creo. Me apunto. Le voto. Le aplaudo. Y salto con él. Por favor, que bote el ministro de Hacienda conmigo, que yo ya estoy en la cuenta atrás. ¿Cómo se llamaba? ¿Rumpelstiltskin? ¡No¡ ¿Cómo era? No me acuerdo… da igual: ¡que bote el ministro, que bote el ministro!

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Bueno y qué

La semana pasada se hicieron públicos los resultados de un sondeo de opinión realizado por la Comisión Europea en 83 ciudades del continente y relativas al grado de satisfacción de los ciudadanos con respecto a sus propias ciudades y, ay, dios mío, Málaga era una de las elegidas.

Yo soy poco dado a leer estas encuestas, he de reconocerlo, cuando se trata de estudios comparativos en los que se incluye a esta ciudad, por la cuenta que me trae o el disgusto que me produce, según se mire. Creo que es algo intrínseco del malagueño aceptar la crítica desde el cariño autóctono pero cuesta más asumirla cuando el que señala nuestras carencias las vive sólo de paseante. Es un dolor cañí que nos enardece las malas pulgas, generalmente. Pero en esta ocasión me sentí envalentonado ya que las opiniones vertidas sobre nuestro amado paraíso iban a ser las propias ocurrencias nativas expuestas ante un encuestador, probablemente español y contratado por horas, licenciado de aquí y por tanto, según el informe PISA, sin saber qué significa exactamente lo que pregunta y, bendito sea, sin ningún ánimo de subjetividades. Despacito y con buena letra eché un ojillo a las conclusiones, con el debido cuidado eso sí, y dispuesto a no creerme nada que no me apeteciera aprender. Para algo, yo también soy un hijo del montón de leyes orgánicas de Educación que en las últimas décadas han sido… Y me gustó, oye… que está muy bien el resultado: al 94% de los malagueños les satisface vivir en Málaga. Natural. ¿Cómo no nos va a gustar, si sólo hay que mirarla a los ojitos?

Los pormenores no son tan importantes, claro. Por ejemplo, se pregunta por el grado de satisfacción de los ciudadanos malagueños en lo concerniente a las infraestructuras, servicios y comodidades de nuestra ciudad y preguntan sobre el transporte público, los servicios sanitarios, las instalaciones deportivas, los servicios culturales, la educación, el estado de las calles y edificios, los espacios públicos (mercados, plazas, zonas peatonales…) y las tiendas. Y estamos muy contentos de todo. Bueno, de casi todo. Si no de casi todo, de alguna cosa… Si nos atenemos al lugar que ocupamos a nuestro propio entender en el ranking , sólo estamos entre las 40 mejores ciudades en cuestión en el transporte público. No entiendo nada. Tanto follón con lo del metro ¿para qué? Pero si nos gusta mucho el autobús. El 71% de los malagueños están satisfechos del transporte público –sin metro- de nuestra ciudad. ¿Y las tiendas de Caneda para cruceristas? Pues no. Estamos en el puesto 75 de 83. ¿Y la cultura tan en boga desde que nos dieron 2016 patadas en el trasero? Tampoco. Para los malagueños, ocupamos la posición 68 entre 83. La 56 en Servicios Sanitarios, la 64 en educativos, la 62 en el estado de nuestras calles y edificios, y la 63 en los espacios públicos… ¿Qué nos queda? Ah, sí lo que nos satisface más son las instalaciones deportivas: nos consideramos los trigésimos entre las ciudades en estudio. A ver si lo que tenemos que inventarnos ahora son unas olimpiadas. Que no lo vea Don Francisco, que se lanza…

Tampoco salimos bien parados cuando nos preguntan en el sondeo sobre las oportunidades de empleo (81º), los servicios administrativos (53º), el nivel de ruido (74º), la limpieza (73º), los espacios verdes (76º), ni sobre nuestra propia situación económica (67º), o laboral (71º)… Pero entonces, ese alto grado de satisfacción, ese 94% de malagueños que no se cambiaría por los ciudadanos de otras ciudades, ¿a qué se debe? ¿Cuál es la lógica de estar tan a gusto y reconocernos tan al final de cualquier fila?

Y si somos los mejores, bueno y qué… La respuesta ya la estoy silbando.

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La respuesta está en el aire

No la conozco aún personalmente pero si tengo oportunidad, la abrazaré en cuanto seamos presentados. Esperanza Oña ha conseguido conquistarme definitivamente con su banda, digo bando. Alguien, por fin, en algún lugar, me ha hecho feliz el intelecto cultureta y ha prohibido el reggaetón. Yo me apunto donde sea y la aplaudo y la reverencio e incluso medito trasladarme a su costa… Con lo mal que lo pasé cuando mi sobrino empezó a interesarse por las radiofórmulas. Aquello que sentía era pavor. A verlo con una gorra, con una cadena de oro y con un chándal… Perreando con la pelvis, con unos tenis de marca y la carita de mala leche, qué horror. Tan democrático que es uno, por culpa de la edad y sus transiciones, que ni me había planteado prohibirle ciertas cosas… menos mal que sí que hay políticas cercanas, con otros valores más modernos que los míos, y que se atreven a prohibir de todo, por obra suya y la gracia de la Virgen, la tradición conservadora y el voto por un tubo, a partes iguales. A mí con lo del reggaetón me ha ganado Doña Esperanza. Que se prohíba el reggaetón es un sueño hecho realidad. Que alguien lo haga y que nadie me eche la culpa a mí, por intransigente, maniático, palurdo ni autoritario, se agradece. A eso deberían dedicarse los políticos, a hacer estupideces que nos hicieran las manías más llevaderas a todos y, por tanto, la vida más fácil. Si para las tres grandes preocupaciones hispánicas no tienen remedio -para lo del empleo, por falta de competencias; para la economía, por falta de soluciones; y para lo de la clase política y la corrupción, por ser fruto de la imaginación ciudadana, que estamos todos chalaos-, que nos arreglen las pequeñas cositas: que quiten de las librerías las obras conspiranoicas de marcianos construyendo las pirámides, ¡o las incendien en la plaza pública!, en plan qué represión más divertida, o que prohíban en las carteleras las pelis de acción y explosiones americanas que tanto le gustan a Montoro, o de nuestras calles, los coches-discoteca con los graves impulsados a distancia. ¿Para qué tanta vieja democracia, tan comedida, si existe esta otra más impulsiva y nueva, que propagan los de las mayorías más absolutas del PP, y que arramblan con todo?  Yo, porque tuve suerte con mi niño y finalmente me salió Heavy Metal, que si no, no lo dudo, de los pelos lo hubiese arrastrado a la caseta más grande de Fuengirola, a enterarse de los que vale un peine, a escuchar a la niña de los idem, el flamenquito lacoste-apaleao y las sevillanas con gomina del PP. Y si hubiera que vomitar de tanto mal gusto, a pesar de los tapones auditivos recién estrenados para la ocasión, a hacerlo juntos, que eso seguro que crea vínculos tío-sobrino de cante jondo de por vida.

Yo no sé por qué critican a Esperanza. Ojalá otros –mirando a Caneda- fueran tan valientes como ella y prohibieran en Málaga ser merdellón, por ejemplo, en feria. Y se acabó el problema. Multa al joven feo, mal o poco vestido, bebedor, o molesto. Y ya está. No hay que especificar mucho. Como hace Esperanza con lo de los “ritmos latinos en general”, que se deja a criterio policial. Porque ella lo vale y se siente legitimada por las urnas para dictaminar sobre lo divino y lo humano. Y a quien no le guste, que no mire. Que no vaya. Y que no gaste. Que falta a la feria no le hace la presencia de quejicas indies, ni tecnos, ni heavys, ni góticos por ser la tercera más importante de Andalucía según su arreglista rubia y tradicional, selecta defensora del cancionero popular y arraigado, a la vez que alcaldesa del municipio.

Pero si alguien tuviese que cantar o pudiese, y no estuviera de acuerdo con la banda, ¡otra vez, el bando!, con hacerlo en español bien clarito… La canción protesta es el género ideal. Is blogüin in de güind. Y está permitido hasta en la feria de Fuengirola.

El crucerista un millón

Anteayer se presentó la iniciativa municipal “Málaga Cruise Shops” con gran júbilo de sus precursores. Esta propuesta de las áreas de Turismo y Promoción Empresarial del Ayuntamiento buscaba incitar a los comerciantes del Centro a que abrieran sus tiendas los domingos y festivos en los que llegase un crucero a la ciudad. La “campaña” de captación de socios ha durado dos meses desde que a finales de julio se presentase ante los medios, anunciando que, de entrada contaban ya con la adhesión de 25 comerciantes.

Pues bien, tras sesenta laboriosos y no menos calurosos días de verano, los técnicos municipales han conseguido convencer a otros 14 comercios, nada menos, de apuntarse a esto donde hubiera que hacerlo. Cuarenta negocios se han creído, por tanto, que vale la pena abrir a los cruceristas para que se gasten a gusto todo lo que prometen los del Área de Turismo del Ayuntamiento que se van a gastar. Que yo no sabría cuantificar en posibles pero sí otros: 17 euritos según la SOPDE. Parecen pocas moneditas. Por eso la tendencia natural es la de no abrir en tu único día de descanso. Porque poder, se podía abrir antes de que llegaran con esto del barco de Tom Cruise, como dicen en la peluquería de mi hermana. Pero ni el centro comercial abierto, ni lo de la zona de gran afluencia turística, ni como ya conté hace dos meses, Caneda comparando a los cruceristas con zombis por no poder satisfacer su instinto consumista, han sido suficientes para convencer a 41 comerciantes del Centro de que Jauja lo trae el pasaje de un barco.

A mí lo que más me gusta de estas medidas y campañas de buena voluntad institucional es que si salen bien al primero que le va a repercutir de forma positiva es al tendero acuciado por la crisis. Pero lo que menos, y que más me sorprende, es esa idolatría hacia el crucerista salvador que sobrellevan los responsables del turismo malagueño desde que los inventaron. Se parece al complejo de inferioridad pero no es tal. Ojalá. La alta burguesía malagueña no entiende de complejos. Es otra cosa. Es peloteo. Es lo que hacía Ánsar con su amigo Bush, genuflexiones torticolares de respeto exacerbado. Es que llega el Sr. Marshall y hay que agasajarlo. Es que hay que adular al guiri con toda la panda, para que esté a gusto y deje una buena propina. Es un pensamiento retrógrado que se basa en el folletín, la banda de música y en poner una alfombra roja, unas macetas, un poco de cartón piedra escondiendo nuestras miserias y una hoja de parra, para hacer lo propio con nuestras vergüenzas.

A mí me gusta que vengan los cruceristas a Málaga. Cuantos más mejor. Y cuánto mejor se lo pasen, más probabilidades de que vuelvan y de que más se gasten. Pero decorar el entorno por el que pasen para que se crean que no tenemos solares abandonados, abrirles las tiendas para que se piensen que esta es una ciudad comercial en plena ebullición o uniformar a los cocheros para que parezcamos educados en la tradición vienesa, más que de Berlanga, me parece un guión de los Ozores especialmente pensado para la soberbia sobreactuación de Alfredo Landa.

Vergüenza ajena casi. De llegar a puerto, que te den un folleto, una aplicación de móvil, una alfombra roja… si tengo dos horas y 17 euros. Si no sé si estoy en Málaga, Granada o Almería. Si tengo incluida la cena en el barco. Si es domingo de resaca. Si mis vacaciones en un crucero hortera se deben a que ha sido lo más barato que me han ofrecido para una semana en la agencia de viajes. ¿Dónde voy a gastar qué? ¿Málaga Cruise Shops? ¿Qué Cruise? ¿Qué shops? ¿Qué tendrán de malo los turistas de Congresos?

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Santificarás las fiestas

Ya está aquí el Mater Dei para poner a prueba nuestra fe. Y yo no voy a hablar mal, no. Quiero Mater Dei. Y que se cree en el Municipio una concejalía de asuntos religiosos cuanto antes. A mí, Caneda me pega para el papel y así no enchufamos a otro director de área sino que lo asimilamos al suyo/a. Además, el tema religioso procesional, que es el que más incumbe a los malagueños, tiene un tanto de cultura, otro poco más grande de turismo y una mijitilla de deporte. Justito. Pero no me pierdo en otros vericuetos y voy a seguir contando por qué me gusta el Mater Dei este.

Unos amigos muy queridos que regentan un restaurante en Coín tienen la teoría de que la Iglesia les mantiene a flote, por eso rezan por ella, para que propague su mensaje y se extienda por ese mundo en desarrollo con miles de millones de turistas en potencia, aún en “vías de civilizarse”. La primera vez que oí a uno de los dos hermanos y socios del negocio referirse a esto, identifiqué cierta sorna en el comentario. La segunda, escuché la explicación: -no hay acto de la iglesia que no acabe en celebración consumista: la Navidad, ¿qué es? -me espetaron. -Un dispendio, Gaby, un dispendio donde se gasta lo que no se tiene y sin dolor, ¿o no? Y los que nos dedicamos a la hostelería tenemos que amar a la Santa Madre por las bodas, los bautizos y las comuniones, ¿sí o qué? La religión la inventó un tabernero de las cavernas y aún hoy nos mantiene a flote, a pique de una muerte anunciada, pero a flote.

Casi convencido por tanta lucidez empírica, me afirmó en la misma dirección el recuerdo de lo que viene sucediendo durante la feria de Málaga –fiesta pagana- en el Centro. Las taperías y gastrobares -sin pretensión de ofender con la nomenclatura- con firmas de autor en el picoteo y situadas en el Centro Histórico, cierran. Como si se pusieran de acuerdo, año tras año se suma alguna más a la hora de elegir esa semanita como la de sus vacaciones. ¿Será para disfrutarla mejor? O eso o para huir del espanto. Continuando con los amigos, Álvaro, con una mano mágica en la cocina y una pesada carga de premios gastronómicos sobre el lomo, me confesó que abrió en feria un año, al poco de inaugurar su negocio, con la ilusión de hacerse el agosto y le salió peor que un febrero. Explica gestualmente, exagerando espero, como asistió a la transformación de lo que era su coqueto local en un inmenso cuarto de baño cuartelero, que lo invadía todo desde la entrada hasta casi la cocina, vuelta y vuelta e inundado una cuarta. –Algunos iban al baño con el bocadillo de casa en la mano, Gaby. Otros con el cubalitro de plástico chino. Otros con la nevera de playa. Y yo sonreía esperando que alguno, al salir, me pidiera un botellín de agua mineral sin gas fresquito… Pero nada…

Pues va a ser verdad que es la Iglesia la que nos lleva a consumir en los bares, oye. Ya decía yo que aunque no me considerase creyente, por supuesto que sí cristiano. Y he aquí la explicación más probable: los bares. Pues por más que le doy vueltas, llevan en el fondo y la forma toda la razón los hermanos de Coín. –Gaby, la cosa esa de la noche en blanco, ¿da un euro? ¿A que no? ¡Es el todo gratis por excelencia! Si vas a un museo obsesionado con que vas a entrar por la patilla, vas a ver actuaciones gratuitas y no te van a cobrar nada por las visitas guiadas, ¿cómo vas a entrar a un bar a gastarte dos euros en un refresco? Si el quid de la noche es llegar a casa y presumir de que has estado en cuatro actuaciones, seis museos, tres exposiciones y el cuarto de baño de la tapería de Álvaro y no te has gastado ni un céntimo, ¡viva la cultura! ¿Y por qué? Porque no lo santifica la Iglesia. ¿Has visto, Gaby, una Semana Santa en la que cierre un bar del centro? ¿Sí o qué?

Pues va a ser que no. La Virgen, viva la virgen.

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Málaga y sus brotes

Yo no sé quién se inventó lo de los brotes verdes. En Wikipedia achacan la paternidad de la metáfora macroeconómica al que fue Ministro de Hacienda británico, Norman Lamont, que a principios de los 90 vaticinaba el final de aquella recesión con la que le tocó bailar, no tan fea como la nuestra. Desde entonces, no creo que haya político contable de los países de nuestro entorno –otra frase hecha de la que se podría hablar largo y tendido- que haya usado esa misma y lúcida expresión sin ser criticado. Y sin embargo se sigue repitiendo a diario.

Los brotes verdes son los que no se ven, sólo se sospechan. El juego del despiste tiene que ver con que lo que ahora es negro negrísimo, se puede colorear a futuro en el presente. Como mirar a un bebé y asegurar que mide 1,87. No que medirá sino que mide. Y no es porque científicamente a través de un microscopio de curvas estadísticas, un señor con aspecto distraído y muy despeinado, vestido con zuecos y un batín blanco haya descifrado en un laboratorio universitario un código genético de alguna posible hierbecilla con capacidad de propagarse como la primavera por tierra baldía, no, es que otro, con una túnica fucsia se ha sentado ante su bola de cristal y nos ha contado lo que su intuición gaminidiana le ha revelado. Lo que quiero decir es que cada vez que un político o periodista del mundo cercano hable de brotes verdes no deben creerlo a pies juntillas. Más bien, deberían tomárselo como un mensaje de buena voluntad; un “todo va a ir bien” como apuesta de confianza.

Y he aquí los brotes verdes malagueños de la actualidad y del nuevo curso. Un cúmulo, que yo me atrevería a señalar no como un bosque ya casi, sino como una selva, si no fuera porque soy un cobardica. Al menos no tan valiente como el señor Caneda que en virtud de una encuesta pseudocientífica de la SOPDE se atreve a vaticinar que el 99% de los casi 337.000 visitantes que tuvo la feria de agosto van a aconsejar a conocidos que vengan a conocerla, aunque sólo repetirían experiencia el 60%. O sea, que el 39% que no vendrá más, va a aconsejar a sus enemigos que se den una vuelta por nuestra fiesta grande, o si no, no se entiende. No obstante, caigan mejor o peor los recomendados, menudo brote verde pistacho, con lo que menospreciamos nosotros mismos a nuestra fiesta. Otro brote verde será el que nos ha explicado la señora Yolanda Aguilar respecto a nuestro sobreexplotadísimo Palacio de Ferias. La verdad es que ya no me entretengo en leer sus declaraciones porque suelen parecerse mucho. Pero seguro que las pérdidas del Palacio han supuesto enormísimos ingresos para la ciudad y sigo sin explicarme por qué no le hacemos dos o tres Centros de Congresos más, que nos saquen de la ruina. Su brote verde tiene que ver con los 140.000 visitantes que va a tener el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga en el último trimestre del año, según imagina su directora. ¿Más brotes? Los 45.000 turistas que atraerá el Mater Dei, que no sé lo que es pero con una fe que prevé mover a montañas de cofrades, o que el Ayuntamiento haya reducido su deuda en el segundo trimestre y ya sólo debamos 719 millones de saltos de alegría. Pero si he de elegir entre alguno de los brotes verdes malagueños más estupendos, yo me quedo con lo de que Málaga supera ya a Sevilla en actividad económica tras seis años de crisis, según los datos del «Anuario Económico de España» de la Caixa. Mal de muchos, consuelo de malagueños. La sexta de ciudad de España menos pobre en algo, y nosotros sin enterarnos. Menudos brotes estamos hechos. ¿Quién nos lo iba a decir?

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En Peores Aires

Tenemos un relajado white coffee durante un par de días, hasta que el muñeco del pim pam pum sea otro en la comedia berlanguiana que contribuimos a sostener. Será Rajoy probablemente, por más que se empeñe Lady Bottle en erigirse en la nueva vergüenza ajena nacional o, sin pretenderlo, siga con ese peinado eléctrico que no parecía consecuencia de tan buenos aires, sino de algunos peores. Y no me hace gracia lanzarle otro merengazo, de verdad. Espero que Ánsar, my friend, la apoye en estos difíciles momentos y que consiga sacarla pronto de la porción de tierra que se la tragó tras sus redobladas súplicas al respecto. Mal trance. Confío en que ejerza del little husband que todos deseamos y le imparta clases de su inglés de los montes de Washington en cuanto su esposa se recupere, se quite las manos de los ojos, se destape las orejas y le vuelva el color natural al semblante, hoy por hoy de bandera malagueña, de lo verde que la han puesto, tirando a morao. Ella es la cabeza de turca que la era tecnológica ha designado para hacerse el harakiri mientras escondemos nuestras peores miserias bajo una alfombra que en el COI no creen que vuele sin la magia de Estambul ni la tecnología o el dispendio de Tokio.

Ahora nos reímos. Por más feo que consideremos señalarlo, ya me sé el camino del derroterismo patrio. El proceso se inicia con la fase crédula, en la que dejamos que nos doren la pildorita de lo buenos que somos y del éxito asegurado que se arroja de nuestras expectativas. Se inicia en la prensa y se propaga en los bares, las peluquerías y en los patios de colegio. Esta fase de la inocencia concluye cuando ya estás convencido de la superioridad manifiesta sobre tus rivales y aportas tu granito de arena mesiánico ante los que no terminan de convertirse a la fe. El último achuchoncito. Todos a una nos apuntamos a caballo ganador, el nuestro, y nos tomamos la relajante cup of coffee esperando que empiece el partido. Lo malo es que pierdas. Si pierdes un poquito pero aún no del todo, la culpa es del que ha jugado las bazas, empezando por Del Bosque. Si se pierde del todo, la culpa es del árbitro, primero y del tonto que ha metido la pata personalísima, después, en cuanto compruebas que las quejas y pataletas sobre la injusticia sufrida se las lleva el viento y no tienen su pequeño párrafo designado en ningún huequecito de la historia. Esto va desde el vestido de Betty Missiego o la pata chula de Cardeñosa, hasta la cara de Aznar que se le está poniendo a Ana Botella, que sólo le falta el bigotito trending topic. Y toca reírse de alguien, excluyéndolo de tu equipo y de tu forma de ser, ganadora. A nosotros, no nos hubiera pasado eso. Ya no tenemos nada que ver con los responsables de la Candidatura de Madrid 2020, ni con la falta de remeros de la barca de Remedios Amaya, ni con los borbones espantados del Museo de las Gemas. Y de la risa, al olvido, para evitar el llanto. ¿Alguien se acuerda ya en Málaga de lo de 2016? Creo que está en el lado oscuro de nuestros recuerdos. Hay que esforzarse y sacárselo de la punta del cerebelo para concluir que aquellas uvas podridas se concedieron finalmente a San Sebastián, según mi astucia deductiva animal, que tiende a cambiar de tema más pronto que tarde. Pero primero, ganábamos seguro, después culpamos a los árbitros cuando nos excluyeron a las primeras de cambio y, por fin, acabamos riéndonos del horripilante vídeo de las heridas abiertas, aún intocables y sin tiritas. Somos así. Qué tufo en el abandono de los solares. Pero con peores aires habremos toreado, digo yo. Y la de peste que nos queda por pasar…

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