Melchor, Gaspar, Baltasar y el siguiente

Le tengo cariño al rey porque cuando no me asistía el uso de razón, lo confundía con el cuarto miembro de los magos de oriente. Además era el que menos miedo me daba porque no usaba disfraces de chica ni extrañas barbas postizas. Recuerdo un día de invierno, de visita en la capital, que frente al Palacio de Oriente me explicó mi madre que esa era la casa del rey aunque ahí no vivía, lo que entendí perfectamente porque algo similar de inexplicable ocurría con los otros tres, en cuanto intentaba hacerlos razonables. Por aquel entonces no sabía que los puestos de Limasa serían hereditarios algún día, lo que me hubiese llevado a comprender mejor la realeza patria, sin duda, así que no traté de descifrar la causa de su esencia por falta de elementos de juicio. Mejor. La monarquía es una religión que mejor no revisar por cuestión de fe y posible desmoronamiento vital en el descreimiento. Esta ahí porque sí. Franco no iba desencaminado en justificarse por la gracia divina y buscarse un rey que lo sucediera, tan gracioso como la reina de Inglaterra y un poquito más campechano. Eso los legitimaba simbióticamente. Cuando me llegue el sano juicio, me preguntaré por esas cuestiones irresolubles que sin la preparación suficiente, no pueden llevarme a nada bueno, empezando por descifrarlas. Así, mejor no curiosear y confiar en el designio democrático que nos cayó del cielo gracias a Victoria Prego, Adolfo Suárez, el rey, y el régimen franquista arrepentido. Bueno, si no arrepentido, generoso. Vale, si no generoso, presionado.

Han pasado casi 40 años de bonanza regia y ahora que está viejecito el rey y decide marcharse al cementerio de elefantes, dejando a su preparadísimo hijo en su puesto para simbolizarnos, los del antisistema piden no sé qué sufragio… ¡Serán antidemócratas! No se puede votar una cosa tantas veces. Dos veces en cuarenta años son demasiadas, al menos en España. Y esta ya se votó. En 1976, se sometió a referéndum la Ley para la Reforma Política que nos dio a elegir entre seguir como estábamos con los fascistas o aceptar la democracia de consenso y olvido que nos proponían. Y votamos este mal menor con el que tan bien nos ha ido, que vela por nuestra vivienda, nuestro trabajo y nuestro bienestar, como demuestra nuestro ejemplo vivo. Por si quedara duda, en 1978, todos votamos nuestra querida Constitución. Siete “padres” la redactaron a nuestra imagen y semejanza de inocencia, con sólo dos ponentes del régimen franquista controlando la euforia juvenil del texto, tan facilito de reformar desde entonces, que se mantiene casi impoluto. Y ahí lo pone clarito: ¡Monarquía Constitucional! La prueba palpable de que nuestro rey fue el artífice de esta democracia que nos sostiene es que nos la concedió indisoluble a su figura, con él dentro, subido y agarrado a su carroza desde la que poder lanzarnos caramelos. Venía en el paquete de todas las opciones.

Los nacidos después del 57 no pudieron refrendar la Constitución así que un 70% de españoles no se ha pronunciado nunca sobre este asunto del modelo de Jefatura de Estado. Pero plantearse una consulta se considera una falta de respeto, pecado o herejía, según qué demócrata lo valore. Falta de respeto al sistema, al Jefe de Estado y a las instituciones democráticas. Bueno, lo dejamos en las instituciones. Falta de respeto al PP. Y falta de respeto, también, a los del alma republicana en lo profundo, el PSOE, que se olvidó de poner fecha de caducidad a ese pacto con no se sabe quién en la transición y que lo condena a volar por encima de los problemas reales de los mismos obreros que lleva en su nombre. Y, lo que es peor, a la abrumadora incomprensión de su joven militancia o la de sus simpatizantes que aún le quedan por no haber reparado en esa mosca detrás de la oreja que los persigue con malcaradas intenciones.

En fin, viva el rey. Y que me traiga ya la bicicleta.

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Pudieron

Mal de muchos, consuelo del PSOE malagueño. El que tiene fama de gafe ha ganado algo, por fin, a pesar de seguir perdiendo votos y apoyo, día a día. Ha ganado unas elecciones que le permitiría celebrar algo a 2.000 kilómetros, en Bruselas. O ni eso. Pues no sé cómo lo recibirían allí si fuese a saludar. Supongo que le cogerían la botella de cava y de muy buenas maneras le invitarían a volverse a casa cuanto antes para seguir trabajando tan bien como lo ha venido haciendo hasta ahora. Se antoja complicado que Martin Shulz festeje su derrota pensando en que la social democracia ha vencido en nuestra capital y su provincia por escaso margen. De hecho, en 5 años, le ha dado tiempo al PSOE a perder a 23.000 votantes, sólo en la ciudad de Málaga. En la provincia les ha ido mejor, según se mire. La hemorragia de votos ha sido aún mayor, eso sí, más de 50.000 ciudadanos les han quitado su confianza, pero al que consideraban su único rival, el PP, les ha ido aún peor. Así las cosas, el PSOE ha sido el partido más votado en 17 municipios que dominaban los populares desde las elecciones autonómicas. Ahora mandan los socialistas –con perdón para el socialismo- en los números democráticos de 83 de los 101 municipios malagueños, por tan sólo 14 del PP y 4 de IU. Han tenido dos años y medio para devolvernos la ilusión de ir a votar y hacernos recordar que el deber del voto útil no se corresponde con el placer del voto comprometido. Debe ser cada cual quien valore si lo han conseguido. Pero poder, pudieron -¿o es poder, tuvieron?-.

La otra cara de la moneda –no sé si es mucho contraponer-, debe estar aún más nerviosa. Los resultados del PP en Málaga, capital y provincia, son difíciles de valorar sin dejarse llevar por los sustantivos de lo innombrable. Esos que se atinan a partir del desastre y que se valoran mejor corriendo de un lado a otro del parque y con las manos del horror en la cabeza. Tres gritos e inspirar. Espirar, otro grito y a correr de nuevo. Y así hasta que se te pase el pánico o se quede libre el aseo. Sin más aspiraciones. El coleccionista de Museos que ejerce de alcalde y que paga cánones como pipas por las mismas razones humanitarias que grandes sueldos a sus asesores, se trae ahora a los rusos, poco preocupado por lo que pueda pasarle el próximo año frente a las urnas, porque no tiene rival. Hay crisis y recortes en cada uno de los ámbitos municipales, sin excepción, para enjugar la escandalosa deuda contraída por el ayuntamiento -y que la malabarista Martín Rojo maneja a buen ritmo, todo hay que decirlo- pero cuando le llega la posibilidad de un museo, al alcalde se le hacen los ojos chiribitas. No hay penas. Ni crisis. Ni recortes. Ni elecciones europeas que lo perturben. Vivan los museos. Dispendio para ellos. Con la mente embovedada en su río museístico, terminará culturizándonos por empeño senil. Vieneses y finos, de aquí a dos zapatazos más del alcalde hasta que él quiera. Falta el MOMA. ¿Para cuándo? Pero y ¿Elías Bendodo? ¿En qué se entretendrá si no tiene esos hobbies? ¿Estará correteando por el parque? Porque es para horrorizarse: los populares han perdido 18 puntos con respecto a las últimas andaluzas. Han perdido en Málaga capital, en la provincia de Málaga y en Andalucía, cuesta abajo y sin frenos. A ver si el efecto Juanma Moreno Bonilla… no lo digo y toco madera, que no le deseo mal a nadie. No obstante, a pesar de esos resultados desagradecidos que por primera vez en diez años les ha llevado a perder hasta en la capital, además de otros importantes núcleos, tradicionales feudos populares, Bendodo se ha mostrado sereno y ha desvelado su receta para recuperar el favor del electorado: «transparencia, más trabajo si cabe y mucha calle». Se le ha olvidado la confianza, me parece. Qué fácilmente se pierde la confianza y cuánto cuesta recuperarla…

También pudieron.

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El derecho a decidir

En Andalucía aún queda algún joven independiente aunque cada vez son menos los que pueden permitírselo. Este año, 20.000 antiguos separatistas del vínculo familiar han tenido que achantarse y regresar a la madre patria, nunca mejor dicho. En el mejor de los casos sin ofrecer nada a cambio y en el peor, con una profunda sensación de fracaso a la espalda que no le hará olvidar fácilmente el anuncio de la república independiente de tu casa, ni lo que pesaban los dichosos muebles, ni lo que les costó montarlos. Así, un estudio del Consejo de la Juventud de España constata que la población emancipada de jóvenes menores de 30 años en Andalucía había caído un 8,74% en el último año. De hecho, actualmente, sólo un 18,6% de los menores de 30 años han tenido derecho a decidir y viven de forma independiente.

Pero hasta los 25 años podría considerarse normal. Por esa extraña razón que normaliza el error cuando se repite incesantemente, la Organización Mundial de la Salud integró a los jóvenes menores de 25 años en la adolescencia. A partir de entonces, se puede ser adolescente desde que te salen los primeros granos psicológicos hasta que la barba te llegue a la cintura. La parte insoportable de que a nuestros quinceañeros les queden varias décadas de permiso para seguir siéndolo es que la edad del pavo no tendrá fin, por un lado, y que el estirón y el cambio de voz tardíos podrían hacer tambalearse los cimientos del Estado del Bienestar, por otro. En casa del abuelo, su paga, la hija adolescente de 40 y su bebé de 20. De niña a mujer. Ya lo decía Julio Iglesias en el que podría haber sido el mejor vaticinio de Nostradamus. Sumando a los hermanos, hijos y consortes, la familia numerosa de los 60, buscando a Chencho…

Salvados los menores de 25 por inmadurez para independizarse,  son los hombretones y muchachitas de 25 a treinta y tantos los que deberían preocuparnos. Según el Informe de la Juventud en España de 2012, el 29,8% de las mujeres y el 41,1% de los hombres de entre 25 y 34 años aún viven con sus padres. O sea, casi un tercio de las mujeres y la mitad de los hombres-niño que estamos creando. Surge una pregunta: ¿por qué vuelven a casa o por qué nunca se han ido? Y es llegado a este punto cuando te das cuenta de lo absurdo de tanto estudio científico, estadística, apunte y recuerdo sobre lo mal que nos va. España va mal, a pesar de que nos pongan de ejemplo en Europa, según Rajoy. Peor que mal, va fatal. Sólo el 28% de los jóvenes tiene un trabajo, la mayoría en condiciones precarias, con un contrato a tiempo parcial y de menos de un año, y un 18% de estos, a pesar de todo, cree y vive su independencia. Son unos héroes. Como los 20.000 que se fueron el año pasado y ya han vuelto.

Y el que creció y se fue hecho un hombre de casa, con 18 añazos y un palustre, para alicatarnos toda la Costa del Sol y ha tenido que volver ahora al cuarto de los juguetes, con 25 añitos y dos niños en vez de panes bajo el brazo, ¿cómo lo llamamos? ¿Adolescentes, héroes, perdedores? Tal vez, esta sea una involución antidarwiniana irremediable producto de la modernidad viejaeuropea y de la infancia pasemos a la vejez sin darnos cuenta, eliminando las edades clásicas romanas para pensar, casarnos o votar como ya sucumbieron sus clases medias en nuestra sociedad conformista y sumisa por culpa del mercado de valores.

En Málaga nuestros jóvenes no tienen ese derecho a decidir sobre su independencia que otros reclaman. En nuestra ciudad un menor de 30 años tendría que ganar al año 24.533 euros para acceder a una vivienda, 2.044 euros al mes. ¿Cuántos jóvenes, de 30 no, de 40 años, o de 50, o incluso de 60, podrían permitírselo?

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Hollande nos vigila

La oposición municipal al gobierno de Francisco De la Torre es marrullera. Eso piensa mi alcalde de los ediles socialistas y de Izquierda Unida que nos representan, porque no se fían de sus colosales castillos en el aire. Más que castillos, yo diría que torres de babel incomprensibles en sí mismas, sin necesidad de que nadie saque su lengua a relucir. Son ininteligibles para los profanos de izquierdas a los que la cultura no ha hecho libres ni releyendo en las paredes del recuerdo aquellas pintadas que gritaban sus padres durante la transición, pero no para él, nuestro alcalde, tan sabio que ya ha dado reiteradas muestras de entender de los asuntos artísticos con el desparpajo de un especialista en la materia. Claro que supongo que muy bien aconsejado por el otro lumbrera de la cultura en el consistorio y, por ende, máximo responsable, el Señor Caneda. Juntos, te montan un cuadro y con la ayuda del más pillo asesor sin sueldo pero con canon-ese sí que sabe-, un Museo de Museos en el Astoria, para ahorrarse una parte de lo que le costaría traer obras de arte a Málaga y pasearlas después por toda España sin tener que rendirle cuentas a nadie. Maldita crisis que nos impidió disfrutar de tanto artista.

La oposición es marrullera porque olvida muy pronto. A duras penas, la ciudad soporta el peso de no tener ese imprescindible museo de las gemas que iba a hacernos el centro mundial de la gemología cultural –si es que eso existe-. Iba a ser el Museo más importante de Málaga, o el más grande, no recuerdo bien cómo era el eslogan que embaucó a nuestro regidor, de tal manera que corrió a darles el apretón de manos antes de que se escaparan con sus joyas a otro centro del mundo. En ello estamos, aún recuperándonos de aquel vacío que nos dejó tan magnífica idea frustrada y viene el alcalde con un Pompidoucito en brazos, para hacernos olvidar tanta desazón y se lo pagan así, con esa desconfianza tan injusta. Pero si está Hollande en ello, hombre. Dice el alcalde que el mismísimo socialista Hollande, presidente de la república francesa, el señor gordito que manda en el país vecino, sí, está pendiente de que el negocio salga redondito. ¿Qué más aval se necesita? El embajador de la France también. Todo el mundo allí está entregado y porfiará para que tengamos el mejor museo del mundo en la esquina del puerto que va a pagar Unicaja algún día, cuando se le olvide lo que le hizo el Ayuntamiento en materia cultural cuando el Soho aún se llamaba el Ensanche. Dudar de que el Cubo acogerá el Pompidou “es como pegar una bofetada al Gobierno francés”, afirma don Francisco. Estos ediles de izquierdas no tienen respeto por nada, concluyo yo mismo, casi convencido. Porque los de las gemas eran borbones sin corona pero estos guillotinaron a algunos, y son palabras mayores…

En fin, estoy de acuerdo con mi alcalde. Es una “irresponsabilidad política total y absoluta” que el PSOE e IU le planteen al Ayuntamiento pedir garantías al museo parisino. ¿Y si se enfadan? ¿Y si se van a otro sitio? Han elegido Málaga por ser la mejor ciudad del mundo, no porque sea la primera dispuesta a pagar por presumir de ese nombre. No vamos a perder el tiempo ni dejar que se lo piensen dos veces, lo que hay que hacer es correr con las obras, gastarnos los cinco millones en seis meses y ofrecerles el espacio rapidito para que lo llenen de pinturas raras. De gente famosa rara. Con mucho renombre. Nos sale baratito. La mitad al año de lo que nos cuesta el Museo de Bandoleros y Gitanillas. Una tercera parte de lo que nos cuesta el canon del CAC para que se metan 15.000 personas en La Noche en Blanco sin ahogarse ni tener que llamara a los bomberos para desatorarlas. El Pompidou será un lujo. Y nuestros políticos, unos marrulleros.

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Éranse siete veces

Llega el cuento de la Noche en Blanco con la oportunidad de reinventar una ciudad, a partir de la imaginación. Érase otra vez…

Será el sábado con pistoletazo de salida y Cenicienta esperando en la calabaza. No sé el horario pero hay un programa precioso en internet donde se cuenta cada acto que se prepara como si fuera exclusivo y ex profeso para la ocasión. Desde una exposición que lleva dos meses inaugurada hasta una obra de mil años recientemente construida y que, ¿por fin?, se puede visitar: la alcazaba. Son siete años ya de reminiscencia desde aquel atracón de 2016 que se sigue zampando poco a poco la marabunta, un sábado de mayo al año, supongo que hasta que no quede nada que recordar. De aquella herida supuró algo con vida propia y creció hasta lo que es hoy: un record guinness de culturetas poco leídos dirigidos por el flautista de Hamelin del consistorio –que tampoco ha debido leer mucho-. Todo gratis y nos llevan al río. A todos. Los del carnaval, la Semana Santa, la feria y los parados, en fila de a uno. Metemos la puntita del pie tanto que no nos llega el agua al cuello porque, afortunadamente, el cauce está seco y abovedado en el érase una vez del alcalde. A penas tres o cuatro horas para correr a verlo todo. Teatro Romano, Picasso, Plaza de la Merced y corriendo a Calle Larios. ¿Pillaremos algo? ¿Qué habrá? Míralo en el tocho, Johnatan. ¿No lo tienes en el móvil? Del MUPAM a la eternidad…

La Noche en Blanco da ese éxito fácil que gusta tanto a los peores políticos. Da grandes números para el boca a boca sin esfuerzo, porque lo que valía algo, se regala. Ni más ni menos. Pan. Circo. Entradas. Museos. Habrá miles de ciudadanos a las colas señaladas y con un yogur de mititillas en el bolso para el niño que va a ver tantas ruinas y cuadros que se le indigestarán durante el resto del año. Esta noche lívida malagueña se ha adaptado a la idiosincrasia cultural de sus nativos, que no es mejor ni peor que la de ningún otro sitio, si acaso menos espléndida para con sus artistas. En fin, la filosofía de la noche más negra para los profesionales del arte –si es que queda alguno-, pasó de ser un estímulo artístico para culturizar al populacho en la época del constructor coleccionista, a convertirse en lo que es hoy, una oportunidad de salir a la calle con toda la familia y el único objeto predeterminado de no gastarse ni un solo céntimo, pase lo que pase y promulgado así a la población por el gobierno municipal como mérito adherido a la razón de ser de la cultura. Por amor al arte. Ese que no usa la clase política pero que exige a quien quiera tener un sitio en el que exponerse a que lo vean familiares y amigos en un catálogo artístico de 150 páginas a todo color. Los aprendices de artistas exponen, cantan, bailan, actúan, y no pintan nada más que un añadido al número de actividades programadas por la vergonzosa Área de Cultura municipal, que debe pensarse que esta fiesta es la de fin de curso en el salón de actos de un instituto gigantesco. Pero les vale. Para hablar de montones. De 100.000 cosas por un lado. De 1.500 por otro. De otras 600 por aquí. Y 1.184 por allá. Da igual de lo que sea, pero mucho, muchísimo. Tenerlo más grande (el evento). Y gratis para el consumidor, y gratis también para el que lo oferta. El único que paga en la Noche Gratuita es el artista. Hasta la última alcayata. Y lo que aún no entiendo es por qué sólo se organiza el todo gratis éste con el arte. Hay campos por descubrir. Las tapitas. Que hagan un todo gratis con tapitas. O con zapaterías. Calzado gratis para todos. Aún habría más gente en las calles, rasgándose las vestiduras por llegar antes que nadie. A lo mejor es que los hosteleros y los zapateros son más respetados que los artistas y a nadie se le ocurre si quiera proponerles que no cobren… Ahora que podemos echarle imaginación al cuento, hipoteca gratis, pero sin reivindicaciones. Hipoteca gratis desde una tumbona de una playa caribeña, abanicados. Ay, érase una vez…

Hagan cola, pasen gratis y vean.

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Aguafiestas

Ayer me bajé al bar de abajo dispuesto a ver el fútbol y beber cervezas entretenidas. Había brindis eufóricos que auguraban la paliza que le íbamos a dar a los muniqueses pero también silencios profundos, casi emparejados. Yo creo que el subconsciente colectivo viajaba en un barco hacia ultramar, donde viven los ultracongelados, y en la cresta de la ola, nos creímos invencibles, traguito va, la final de Lisboa viene. Lo malo es que todo lo que sube, se amorcilla a partir de los cuarenta, con el canguelo ese que se corta con un cuchillo y que alguien confundió alguna vez con la tensión cuando, lo que tenía en la punta de la lengua, en realidad, era mucho miedo. Abajo de la ola estábamos, acongojados, cuando surgió el agradable tema de distracción habitual como biodramina contra el mareo. Ya no son tanto los comentarios machistas subiditos de tono como los otros, más ecologistas y orgánicos, sobre los brotes verdes. Derechas e izquierdas tienen necesidad de perseguir el cielo, con lo que todos parecíamos de acuerdo en que “la cosa” mejoraba. Pero en cada desconexión de la realidad que se precie, siempre aparece el aguafiestas de turno. Ni le gusta el fútbol, ni le gusta el Bayer, por más que lo vitoree, ni le gustan los humanos que sudan. Estaba ahí sentado para incordiar y recordarnos lo borregos que somos, por más que lo hayamos decidido ser de común acuerdo. Me volví a ver el partido a casa, por no escucharlo, deprimirme ni empatarme.

Pues sí. En Málaga los coches estarán muy viejos, listillo. Claro. Ya no es como antes que los cambiábamos como los miopes sus gafas. Entre 1999 y 2008, la etapa dorada del ladrillo, se compraron una cuarta parte de todos los coches que actualmente circulan por la provincia, cuando el crédito fluía. Por eso actualmente, según los datos de la Jefatura Provincial de Málaga, 519.635 de nuestros vehículos (49%) tienen más de 10 años. ¿Y lo de las casas? Pues sí. También son viejas. De hecho, el 35% de los edificios malagueños no realizó la revisión técnica obligatoria en 2013. Se terminarán cayendo de pobreza, sí. Tampoco es que se vaya renovando el parque inmobiliario: la firma de nuevas hipotecas para la compra de vivienda en Málaga ha caído un 27% en los dos primeros meses de 2014, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Ya. Estamos en crisis. Nunca hubo tanto paro en la provincia, desde los fenicios a la actualidad, incluyendo la etapa más culpable de Zapatero: 36,52% de tasa de desempleo. Y ya sé, en cuestiones de seguridad, hemos perdido 114 policías nacionales y guardias civiles en dos años y medio; en cuanto a la Justicia, el Fiscal General del Estado, Torres-Dulce se refirió a la situación «especialmente dramática» de la Fiscalía de Málaga; en cuanto a Educación, 9.921 alumnos de la UMA siguen pendientes del pago íntegro de sus beca; ¡hasta la Catedral tiene goteras!; la ciudad moderna y cosmopolita de la que presumimos está cada día más pobre y anciana y seguimos a peor según esos datos que muy poco tienen que ver con las previsiones de cambio de tendencia, como ha afirmado con prudencia y sin ruido la Confederación de Empresarios de Andalucía por boca de su presidente, Javier González de Lara: hay una “estabilización” en la economía, aunque no se atreve a decir que la crisis haya finalizado, tal y como se está comentando desde el Gobierno.

Puede que el aguafiestas del bar de abajo hablara del presente turbio apoyado por esos números sin ilusión ni decorados de brotecitos de colores pero, ¡en Málaga vamos a tener el Pompidou! Aunque admite el alcalde que puede ser ´difícil´ que Unicaja financie la adecuación del Cubo… En fin, no sé qué pero algo irá a mejor. ¡No nos pueden tomar por tontos! Si no, el PP de Málaga, digo yo, no habría decidido vendernos la ´recuperación´ económica en su campaña para las elecciones europeas del 25-M, ¿no?

Ejem (onomatopeya del canto del desconfiado que no silba).

Al menos, que se clasifique hoy el Atlético.

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El juego del trileo

La Semana Santa se ha ido y me ha pillado a contrapié, como la Ley de Racionalización de la Administración Local a nuestros ediles y asesores municipales. Alguno tendría que dejar de cobrar para cumplir la normativa: al menos tres concejales y once técnicos. Mario Cortés, el portavoz municipal, se lava las manos y señala el reparto de los candidatos a quitarse el sueldo, por democracia matemática, entre los dos partidos de la oposición. Se remanga para que lo veamos clarito, se coloca un tapetito verde sobre la mesa, sin trampa ni cartón, y se dispone a hacernos un truco de prestidigitación. Cuenta con los dedos de las dos manos y casi nos convence de que los suyos ya se han quitado el sueldo cobrando de otras instituciones, ya sea Diputación o Senado. Así, uno, dos, tres, hasta 14. A él no le gusta tampoco que a un compañero de oficio le quiten el sueldo, eso ante todo, pero la ley es la ley y la pela es la pela… así que si alguien no le ha quedado suficientemente claro, repite el truco cuantas veces sean necesarias, más despacio. Matemáticas incuestionables, ¿qué le va  hacer él? Sin embargo, de la justicia de esos números tan bien medidos no entienden tanto ni María Gámez ni Eduardo Zorrilla, que considerarían un grave menoscabo a su labor de fiscalización descontar el sueldo a 14 de entre los suyos. Uno a uno. Miran a Mario Cortés, casi hipnotizados, y suman con los dedos. Eso de la proporcionalidad porcentual debe de ser un arma del diablo. A la oposición no les salen las cuentas, no. Las matemáticas son neoliberales. Las letras, piensan, podrían estar de su parte. Justificarían lo injusto de ponerle cortapisas al control de gobierno con un par de discursos, una rueda de prensa y dos parrafadas. Aquí todos moros o todos cristianos. Mejor dicho, aquí todos cristianos. Sin sacrificados, que los del PP serán contrincantes electorales pero no enemigos sin familias a su cargo. Todos iguales, todos cobramos. La “bofetada política” nos la perdonamos de común acuerdo y santas pascuas.

No voy a ser yo, por supuesto, quien defienda la gratuidad del ejercicio público del político. Sólo los que tuviesen su vida resuelta podrían dedicarse a una profesión que no debería ser tal. Un paréntesis en la vida laboral en servicio de la representatividad democrática, tiene que ser remunerado para que todos participemos en condiciones de igualdad, no sólo la clase adinerada, aburrida y ociosa. Qué horror.

Pero la ley ha de cumplirse en todos sus términos. Y que esta Ley de Racionalización de la Administración Local sea una norma dictada de cara a la galería o no, formaría parte de otro debate. Que se limite el número de concejales con dedicación exclusiva me parece algo absurdo por disfuncional. No es el caso del personal eventual, que depende del ojito y el dedo de la estructura piramidal de los partidos y que, mucho me temo, responde, en más casos de los deseados, a favores debidos que a méritos demostrados. El problema de los asesores y el personal de confianza es que la sociedad le ha perdido la confianza, o eso dice el CIS, y a pesar de necesarios, cuanto menos y más selectos, mejor. De curriculum, bien pagados y sin haber perdido ningunas elecciones recientemente, a poder ser.

De todas formas, no creo que anden muy preocupados los partidos de la oposición en el Ayuntamiento de Málaga. Al final encontrarán, entre todos, la manera corporativa de mandar la racionalización a paseo, de una manera consensuada, cambiándole el nombre al cargo o canjeando los cromos por obras o servicios, al 75 por ciento de desinterés y bajo excusa de dedicación parcial, con el debido cuidado de no defraudar a la ley, no tanto al ciudadano. Aquí ni derechas ni izquierdas valen, cuando lo que está en juego es la soldada, todos apechugan a una, se encerrarán a debatir sin hacer ruido y llegarán a ese acuerdo de mínimos que por razones de humanidad, tan bien se le da a nuestro alcalde, sobre todo cuando el que convida, no paga.

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Brindis al Sol

Esto va viento en popa. Saberme perteneciente a la región europea con más paro de Europa no me va a convertir en derrotista con toda la Semana Santa que me queda por delante. Y por detrás. Y rodeado. Los del informe de Eurostat serán muy listos con una calculadora en la mano pero bien tontos sin ella, por lo inoportuno de criticarnos cuando nos enardece el espíritu místico cristiano. Andaluces apasionados en la devoción e incontinencia en la soberbia van íntimamente unidos en esta semana de emociones tan encontradas. Tanto que no sé si estoy triste o contento por la gracia o por desgracia. Pero orgullosísimo de lo que sea, eso seguro. Qué me importará a mí ahora que me digan que los números no son cuestionables, cuando lo que domina mis emociones son unos tambores a flor de piel y unas cornetas desafinadas. Anda ya. 36,3 por ciento de paro. Y, ¿a mí qué? Andalucía es una cuestión de fe. Pero Málaga, un milagro.

El verdadero prodigio de esta Semana Santa es que haya otros responsables con otros números más católicos para nuestros intereses, con la que está cayendo: Málaga es la provincia de España con mayor subida en pernoctaciones en lo que va de 2014. A la ciudad tampoco le ha ido mal la temporada baja y han crecido un 14 por ciento los turistas que se han alojado en nuestros hoteles desde noviembre hasta febrero. Es un hecho que la Costa del Sol afronta la Semana Santa con perspectiva de crecimiento debido al buen tiempo, hasta el punto de que los hoteleros hayan elevado sus expectativas para las fiestas por primera vez desde la crisis. Prevén un 5% más de ocupación que el año pasado. A las buenas noticias del corto plazo se suma la llegada de 12.000 cruceristas mañana, Jueves Santo.

Olé. Todo esto es estupendo. ¿Será por el buen hacer de nuestros responsables políticos? ¿Por los Museos de D. Francisco? ¿Por los viajes de Caneda? ¿Por la labor de Izquierda Unida al frente de la Consejería? ¿Por el Patronato de Turismo? ¿Por los Congresos excelsos que tan bien organizamos? ¿Por la Gran Senda y los fondos transfronterizos? Yo creo que, a pesar de alguno de los que celebran su éxito político, todo irá bien mientras Amón nos cuide y haga calorcito, el alcohol siga siendo barato y las playas no se sequen. Porque, ojalá me equivoque, me cuesta imaginarme un turismo distinto, con más inquietud cultural que el que nos visita, que entienda que pueda haber 16 cajas vacías de pizza familiar y otras 19 medianas, acumuladas a montones caóticos en el basurero ilegal en el que se transforman nuestras calles más emblemáticas del Centro durante la Semana Santa. Esa imagen vergonzosa no ocurre sólo en las callejuelas orinadas más apartadas, sorpresa de curiosos caminantes sin una guía de viajes que los invite a encontrarse imprecisamente, sino incluso en las plazas más turísticas y poco reivindicables de nuestra Historia por contar. Frente al Teatro Cervantes, en la Plaza Jerónimo Cuervo, un lunes Santo, a la 1 de la mañana, bolsas de botellón, vómitos de rabia y huellas de barbarie. Eso es lo que se regala en los folletos turísticos de cada feria del ramo en la que se buscan nuevos visitantes. ¿Qué turista de Congresos pensará organizar uno en esa ciudad aún por romanizarse?

La culpa se reparte. No es sólo de los reyes de la casa, adolescentes tardíos a los que la madre les hará la cama hasta que cumplan los 40. Ellos no saben qué hacer con la basura que no pueden comerse si no se lo ponen fácil. Los mayores culpables del sonrojo por el que tienen que pasar los que nunca han roto un plato sin recogerlo, son los que dejan por su falta de previsión que se colapsen las poquitas papeleras del entorno. Los que proyectan un centro sin contenedores que no afeen el cartonpiedrismo que propugnan. En fin, la culpa es de los que planifican de manera tan cara como ineficaz, la limpieza de esta ciudad.

Bendito sol, que no te apagas.

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Sí, quiere

Si algo me gusta de D. Francisco de la Torre es que no se casa con nadie. Lo suyo es para toda la vida. Por eso, cuando leí lo que  había afirmado el pasado lunes con la rotundidad del que se deja querer, “lo más probable es que diga que sí”, me agarré al periódico para no caerme de la silla. No habrá bodorrio pero sí celebración de aquí a dos meses, cuando sea su segunda confirmación, tras la católica adolescente, y destape a entera esa media sonrisa etérea que nos lleva mostrando de pitiminí desde hace ya algún tiempo en sus andares. Se le ve pletórico en esta segunda juventud sobrevenida que le ha proporcionado el sentirse aún deseado por los no tan suyos, de su partido. Esos jóvenes revenidos de modernidad y que tal vez estén llegando demasiado pronto a sentirse tan cerca del poder, que han sentido vértigo de enfrentarse antes de tiempo al recuerdo de otro exiliado en Castelgandolfo. Ha dicho el alcalde en el programa “La Tapadera” de la Cope que se quedaría en el Ayuntamiento de Málaga los cuatro años de mandato si fuera reelegido y que también lo haría, desde la oposición, en el caso de que perdiera y yo no puedo imaginarme otra escena para la ocasión, que no tenga que ver con una viñeta caricaturizada del candidato andaluz a la Junta de Andalucía en el cuartillo de al lado, tras las cortinas, frotándose las manos y aguantándose la risa rodeado de sus viejos compañeros de edificio y andanzas. Puede que mandándole un whatsapp a Arenas con el chiste. Los cuatro años, dice. Que acabaría el mandato, dice…

Si algo no me gusta de D. Francisco de la Torre es cómo le pintarrajean la cara en todos los cuadros de los santos inocentes desde Rubens. Porque antes que tozudo o confiado, por su talante, lo comprendo mejor metiendo la pata en brazos de Herodes, claro. Probablemente, limpio de pecado por tanto bautismo de fuego frente a las urnas, aunque un tanto indolente, también, por acostumbrarse a considerar como daños colaterales a sus delfines caídos. No ha dado en el clavo con ellos, no. Puede que por elegirlos al margen del partido, según le diera la espina. O será que la intuición no le llega a la mínima altura feromonal, sin dolo ni culpa sino por meras cuestiones de género. Sea de uno u otro modo, tampoco ayuda a solventar esas carencias, su empeño en dar pábulo a su demostrada falible sagacidad. De hecho, un apretón de manos poco precavido le suele llevar a la sala más profunda de la incomprensión, tercera puerta a la derecha según se entra en el edificio de Tabacalera, donde acude habitualmente para cumplir penitencia.

¿Será verdad que se fía de que le permitirán seguir al margen de las cuentas de las viejas Nuevas Generaciones malagueñas, y cumplir los cuatro años de mandato, aunque el PP no gane las próximas elecciones con la suficiencia previsible para gobernar ni en España, ni en Andalucía ni en la provincia? ¿Qué estrategia política sería esa? ¿Jugársela en las municipales, tras la retirada de un alcalde muy querido, que ha gobernado durante casi 20 años, con un nuevo candidato, inexperto? ¿Sin que se retire un año antes el viejo alcalde y lo sustituyese a tiempo de salir en la foto y poner la primera piedra de todas las obras habidas y por haber, el nuevo candidato? ¿De verdad se cree D. Francisco que le van a permitir desde su propio partido agotar su próxima y segura reelección?

Si algo me gusta de D. Francisco de la Torre es que no se casa con nadie.

Si algo no me gusta de D. Francisco de la Torre es cómo le pintarrajean la cara en todos los cuadros de los santos inocentes desde Rubens.

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La ciudad infinita

Se volatilizó el cine Andalucía, afortunadamente sin que tuviésemos que lamentar desgracias personales, pero parece que al menos ha servido para que los tramoyistas de la “ciudad infinita” de las heridas del 2016, esos mismos que aún nos gobiernan sacando pecho cultural, se hayan puesto manos a la obra con el censo de esos solares e inmuebles abandonados a su desgracia, que ya reconocían entonces horadando el Centro de la ciudad, pero que destapaban orgullosamente como una metáfora lírica de nuestra Historia. Eso ya ha pasado. Menos mal. Alguien de su confianza debió de advertirles de que el traje no existía y se vistieron. Pero algún mecanismo de defensa, el del olvido de los momentos más ridículos de la vida, produjo, supongo, que se enterraran otro poquito de nada los no tan fantásticos solares, sí tan característicos de Málaga.

Ahora, mientras los técnicos municipales desarrollan el parte de guerra ruinoso del Centro Histórico, impregnados del olor a chamusquina del Cine Andalucía, podremos creernos que las autoridades tienen voluntad de arreglar el desaguisado de la inamovible dejación de los males inmuebles de nuestra ciudad y construir huertecitos ecológicos en su lugar cuando lo acaben, o equipamiento social o cultural financiado con fondos europeos para posteriormente no disponer de dotación económica municipal que soporte mantenerlo abierto, o construir viviendas sociales, perdonen si me río… Porque no sé si para otra cosa podrá servirnos tener un listado de propietarios en déficit con la seguridad de sus inmuebles o con el cartonpiedrismo turístico mínimo exigible, que don Francisco ya ha resumido en poner una lona que tape las vergüenzas de la pobreza con un bosquejo artístico de lo que algún día podrá hacerse llevando el cántaro alguna vez a la fuente. No. No sé para qué se hace el listado de los propietarios que no tienen dinero para invertir en sus agujeros ruinosos en la ciudad del Paraíso. Lo entendería si fuese para sancionar y recaudar, que mucha falta nos hace. Y que así, pagaran, al fin, pecadores por justos… Yo no me quejaría. Pero, para embargar más ruinas, llegado el caso de insolvencia, no sé yo. Fíjense lo que hacen con el Astoria sus propietarios. Más abandonado y peor imagen turística, que esa, difícilmente. Y no será por falta de voluntad. ¿Será porque sus propietarios deben 700 millones de euros?

Pero el problema de los solares heridos no es exclusivo del Ayuntamiento. Los que posee la Junta, más que heridos están muertos. Por inanición. Se liaron a expropiar por doquier sin saber quién era ese señor de apellido francés, para hacer su gran proyecto, y promesa de campaña, de las “tecnocasas”, que consistían en viviendas de promoción pública y régimen de alquiler, dotadas de servicios para el “teletrabajo” y destinadas a jóvenes emprendedores. Pero el proyecto se convirtió en un descampado desierto en el Oeste, sin el bueno, el malo, el feo, ni ningún otro empresario fotografiado tras ninguna salicornia rodadora. Otro proyecto al traste y, tras comparecencia pública de tapadillo, abandonado definitivamente el año pasado. Y ahí, anda la Junta, a ver qué hace con el regalito. Y ahí anda el Ayuntamiento, viendo si puede sacarle algún provecho sin coste alguno. Y ahí que se reúnen para aparentar que tienen un plan, que no tienen, para deshacerse de la deuda que nadie está en disposición de pagar.

Cuando la Junta y el Ayuntamiento terminen de reunirse para no encontrarse, sobre todo por temor a unas municipales inciertas a la vuelta de la esquina, recién pasen la rotonda de las europeas, los solares seguirán como estaban, abandonados, pero ya sin compromiso de ejecución por parte de nadie. Eso sí, muy bien censados.

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