La ciudad infinita

Se volatilizó el cine Andalucía, afortunadamente sin que tuviésemos que lamentar desgracias personales, pero parece que al menos ha servido para que los tramoyistas de la “ciudad infinita” de las heridas del 2016, esos mismos que aún nos gobiernan sacando pecho cultural, se hayan puesto manos a la obra con el censo de esos solares e inmuebles abandonados a su desgracia, que ya reconocían entonces horadando el Centro de la ciudad, pero que destapaban orgullosamente como una metáfora lírica de nuestra Historia. Eso ya ha pasado. Menos mal. Alguien de su confianza debió de advertirles de que el traje no existía y se vistieron. Pero algún mecanismo de defensa, el del olvido de los momentos más ridículos de la vida, produjo, supongo, que se enterraran otro poquito de nada los no tan fantásticos solares, sí tan característicos de Málaga.

Ahora, mientras los técnicos municipales desarrollan el parte de guerra ruinoso del Centro Histórico, impregnados del olor a chamusquina del Cine Andalucía, podremos creernos que las autoridades tienen voluntad de arreglar el desaguisado de la inamovible dejación de los males inmuebles de nuestra ciudad y construir huertecitos ecológicos en su lugar cuando lo acaben, o equipamiento social o cultural financiado con fondos europeos para posteriormente no disponer de dotación económica municipal que soporte mantenerlo abierto, o construir viviendas sociales, perdonen si me río… Porque no sé si para otra cosa podrá servirnos tener un listado de propietarios en déficit con la seguridad de sus inmuebles o con el cartonpiedrismo turístico mínimo exigible, que don Francisco ya ha resumido en poner una lona que tape las vergüenzas de la pobreza con un bosquejo artístico de lo que algún día podrá hacerse llevando el cántaro alguna vez a la fuente. No. No sé para qué se hace el listado de los propietarios que no tienen dinero para invertir en sus agujeros ruinosos en la ciudad del Paraíso. Lo entendería si fuese para sancionar y recaudar, que mucha falta nos hace. Y que así, pagaran, al fin, pecadores por justos… Yo no me quejaría. Pero, para embargar más ruinas, llegado el caso de insolvencia, no sé yo. Fíjense lo que hacen con el Astoria sus propietarios. Más abandonado y peor imagen turística, que esa, difícilmente. Y no será por falta de voluntad. ¿Será porque sus propietarios deben 700 millones de euros?

Pero el problema de los solares heridos no es exclusivo del Ayuntamiento. Los que posee la Junta, más que heridos están muertos. Por inanición. Se liaron a expropiar por doquier sin saber quién era ese señor de apellido francés, para hacer su gran proyecto, y promesa de campaña, de las “tecnocasas”, que consistían en viviendas de promoción pública y régimen de alquiler, dotadas de servicios para el “teletrabajo” y destinadas a jóvenes emprendedores. Pero el proyecto se convirtió en un descampado desierto en el Oeste, sin el bueno, el malo, el feo, ni ningún otro empresario fotografiado tras ninguna salicornia rodadora. Otro proyecto al traste y, tras comparecencia pública de tapadillo, abandonado definitivamente el año pasado. Y ahí, anda la Junta, a ver qué hace con el regalito. Y ahí anda el Ayuntamiento, viendo si puede sacarle algún provecho sin coste alguno. Y ahí que se reúnen para aparentar que tienen un plan, que no tienen, para deshacerse de la deuda que nadie está en disposición de pagar.

Cuando la Junta y el Ayuntamiento terminen de reunirse para no encontrarse, sobre todo por temor a unas municipales inciertas a la vuelta de la esquina, recién pasen la rotonda de las europeas, los solares seguirán como estaban, abandonados, pero ya sin compromiso de ejecución por parte de nadie. Eso sí, muy bien censados.

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DÉJÀ VU

Estoy viendo el funeral. Todo el día. Los tres de luto oficial no sabía lo que significaban hasta que empecé a notarlos incesantes en los medios de comunicación. El viejo político se ha marchado dejándonos casi como nos encontró, reclamando dignidad en las manifestaciones. Aquellas eran más violentas, eso sí. Hubo demasiados mártires involuntarios, porque democracia, lo que se dijo democracia, no fue considerada tal ni siquiera por los nuevos liberales del régimen hasta bien entrados los años ochenta. Porque el 75 acabó con Franco, no con su dictadura, y el 78 acabó con el Antiguo Régimen, no con sus instituciones ni sus reciclados dirigentes. Adolfo Suárez bailaba con las más feas entonces. No había ninguna guapa en esos años de transición de profundísimo conflicto social entre la ultraderecha que tenía que aguantarse su ira por la gracia de dios y sus prebendas y la extrema izquierda, que eran todos los demás que los miraban desafiantes y dispuestos a enfrentarse contra ellos en las urnas. A Suárez lo echaron a mamporros por buscar esa línea que debía unir en vez de separar. Y fue su dimisión, el 23-f y la victoria de la izquierda en las elecciones generales del 82, la que dio por bien empleado su esfuerzo. En cuanto se demostró que esa nueva izquierda no era peligrosa y se parecía tanto a la derecha democrática de occidente que podían confundirse, nos quedamos tranquilos. Los buenos y los malos. Los pobres y los ricos. Los grises y los manifestantes. Los reyes y los mandos de Tejero. Siete años más y en el 89, Alianza Popular se transformaría en el Partido Popular moderno que escondía en el asilo a sus abuelos más nostálgicos. Ya estaba el futuro hecho y medio camino andado para nuestra democracia, sin que casi nos diésemos cuenta de lo que nos había costado. A todos. Al conjunto de la sociedad española. Ni a Victoria Prego, ni a Suárez, ni al rey, ni a ningún otro santo en solitario.

Cinco, a lo sumo seis años de la transición española llevan aparejado su nombre. Después, Suárez se había acabado, muerto y enterrado para la historia, la política y la memoria. De vicesecretario general del Movimiento, nombrado a dedo durante los últimos meses del franquismo (abril de 1975) a presidente del Gobierno, legitimado por las urnas, tras las elecciones del 15 de junio de 1977, y sólo cuatro años después, en 1981, obligado a dimitir de ese mismo cargo.

No volvió a conseguir el apoyo mayoritario de los electores. De hecho, se retiró de la política en 1991, con enemigos a la derecha, a la izquierda y en el mismo centro de su nuevo partido, el CDS. El pacto con los populares para conseguir el Ayuntamiento de Madrid, tras la moción de censura al socialista Juan Barranco, fue el detonante. Su giro desganado a la derecha lo trató de enmendar con un Congreso en Torremolinos que no evitó ni los reproches en privado ni las deserciones en público de personalidades destacadas de su partido. Finalmente, el mal resultado electoral en las elecciones municipales y autonómicas de 1991, lo llevaron a dimitir como presidente del segundo partido que había fundado. Se acabó. Perdimos con él su memoria.

Pero ahora que veo la ceremonia de su despedida en la tele y me esfuerzo en recordarlo como me lo cuentan, me pregunto si no se ha cerrado el círculo. Si no estamos otra vez corriendo de los grises. Si manifestarse no vuelve a ser considerado un delito en vez de un derecho. Si las escenas de violencia contra la policía no nos devuelven a ese contexto que pensábamos superado. La extrema derecha gana elecciones en municipios franceses y holandeses… ¿Hace falta otra vez una línea de consenso? ¿Quién iba a dejarse la piel ahora si hiciera falta? ¿Qué político hay de ese perfil? Don Adolfo, sólo por si acaso, ¿te levantas y andas?

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De moda

Llegan cogidos de la mano, el festival y la primavera a Málaga, con un solecito que sirve, sobre todo, para recordarnos lo afortunados que somos de no pasar frío. Bien regados, incluso, nos salen brotecitos verdes agradecidos con mucha facilidad. Como los que se cuelga en el ojal Damián Caneda, de feria en feria turística y difundiendo nuestras maravillas culturales de 20 grados en invierno, ahora por Rusia. Asegura desde allí, ojalá que con razón, que tras lo conquistado en la “Cruise Shipping Miami”, está convencido de que “2014 va a ser el inicio de la recuperación del sector de Cruceros en nuestra ciudad”. Y falta nos hace porque aunque Paulino Plata ande sacando pecho por los 420.000 cruceristas que se prevé que nos visiten este año –un 6 por ciento más que en 2013-, no dejan de ser un 36 por ciento menos de los que desembarcaron en nuestra ciudad durante el año 2012, sin ir más lejos. Hemos pasado de los 651.000 visitantes de entonces a los 420.000 de ahora, a los que hay que añadir un rosario y mucho optimismo, para que todo vaya como dicen: viento en popa. No importa. Para Damián Caneda, Málaga es una ciudad «de moda». Esto es bueno. Lo malo es que quien lo diga sea el edil encargado de que realmente esté de moda, con lo que no se le puede tomar en serio. Ni nosotros ni los medios especializados. El concejal de Cultura y Turismo afirma que “todas las actividades que se organizan en torno a la cultura hacen que todos los días del año haya turistas por las calles y alojados en hoteles”. La Málaga del cielo gris, ciudad de interior y largos paseos invernales se salva del desencuentro turístico, gracias a la culturalidad que le proporciona su concejal. Ay, Capital Cultural de nuestros excesos, cuántas veces tendrán que eliminarnos de la carrera de 2016 para que se den cuenta de que no hay MAF con 150 actos que nos valga, ni noches en blanco con otros 200 que nos libere ¡de ser tan inocentes -y no digo catetos por afecto a los triángulos-!

De la Torre afirmó el otro día que la capital tendrá algún día un buen museo marítimo y un acuario. Ya está barruntando de nuevo. Esto sí que es un brote verde. Que su deuda municipal se haya reducido un 6 por ciento y sólo se deban ya 701 millones, debe haberle devuelto el ímpetu que desde lo de las gemas, sólo le ha permitido soñar despierto. Ya estará viendo embovedado el río sin más concurso de ideas que las suyas propias. Y viéndolo bonito, lo que aún es más raro. Afortunadamente, ya se le aprecia tan envalentonado que incluso ha instado a la propiedad del Cine Andalucía a que defina su uso. Predicando con el ejemplo, espero que inste también a que lo defina, a la propiedad del Cine Astoria. O a la propiedad de Tabacalera. Instados y definidos todos de una vez, para ser justos y olvidarnos de la Málaga cultural de las heridas y sus videos tan poco competitivos. En ese camino de curarnos de los solares abandonados, que tan culturales nos parecieron en la campaña de la capitalidad cultural europea, el alcalde afirmó el pasado lunes que “en cuestión de pocos días” el Ayuntamiento dispondrá del listado de edificios de propiedad privada que se encuentran en situación de abandono en el centro histórico para recordarle a sus propietarios la necesidad de mantener los edificios en las mejores condiciones”. De los edificios de propiedad pública, en cambio, no ha dicho nada.

En fin, este fin de semana primaveral vendrán turistas a vernos los brotes verdes. Dice Caneda que por el Festival de Cine, las óperas, las librerías llenas y las colas en las salas independientes de teatro. Y yo lo creo porque me gusta estar de moda. Pero bendito sol, intocable. Bendito mar y clima, irrenunciables. Por si acaso.

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Más luces que focos

A punto de la mayoría de edad, esta edición de nuestro festival de cine se presenta con la fuerza que no le presagiaban ni los más optimistas del lugar hace, apenas, tres años. El cambio de ciclo tortuoso, los tormentosos despidos, la crisis incipiente, etcétera nos hicieron temer lo peor; más allá de su mero final, las posibles secuelas económicas, políticas y, sobre todo, culturales, se auguraban marcando el ritmo de una muerte anunciada de conclusiones imprevisibles. Sin embargo, aquel festival decadente se ha convertido en este moderno de ahora, que parece haber encontrado el camino del cine puro más allá de sus carísimas alfombras rojas. Volvemos a ser jóvenes o parecerlo. Me da la sensación, puede que chovinista, de que nuestro festival está actualmente por encima de la industria cinematográfica española que defiende -no me entiendan mal, me refiero a su estado de ánimo-, aún hundida en la pesadilla de su crisis añadida, que tiene mucho que ver con el escaso apoyo popular, y un poquito más, con el absoluto abandono institucional. Ahora el cine quiere venir a Málaga porque nuestra cita desprende algo de ese optimismo que le falta. O eso parece. De hecho, 1605 películas han querido formar parte este año de sus distintas secciones. Un dato de mérito incuestionable.

En cuanto a qué hemos hecho tan bien como para darle aire nuevo al desvencijado Festibar de las primeras ediciones, supongo que buena parte tendrá que ver con razones de índole exógenas. Por ejemplo, se ve luz al final de la cornucopia averiada de la macroeconomía española. A falta de presupuesto en otros festivales, cierres, olvidos y omisiones, el de Málaga se presenta como una magnífica ocasión para promocionarse de cara a coger ese impulso que sitúe a cada sufrida producción, de nuevo, en el escaparate. Málaga y el cine se necesitan. Pero no sé si premeditada o afortunadamente, también debemos dicha mejora a cuestiones plenamente endógenas. Principalmente dos: que se valore la calidad cinematográfica en la selección de las películas aportando valor añadido a sus premios –se acabaron las comedietas por las que teníamos que persignarnos, sonrojarnos y disculparnos- y, segundo, que se asuma que ser malagueño no debe ser un escollo sino una ventaja que nos conmine a querer formar parte del guión del festival. Por fin, una película malagueña en la sección oficial, sin esconderla en la Zona esa del Cine infumable. Sí: dadnos un motivo de orgullo y cualquier malagueño recogerá el guante. Cada vez más trabajadores de Málaga en la organización –según datos ofrecidos el pasado año y que no he podido contrastar aún para esta nueva edición-. Ya le sacamos ventajas a ser de donde somos y así y sólo así, muy poquito a poco, se irá generalizado el sentimiento de cariño mutuo entre el pobrecito malagueño y su festival, que tanto afecto ha despilfarrado. Juan Antonio Vigar tiene mucho que ver en este nuevo rumbo. Por la suerte del momento, por estar agradecido de poder dedicarse a lo que más le gusta y por su carácter apaciguador. Suya fue la brillante idea, o el cargo le hace responsable al menos, del MAF (Málaga de Festival), que pretende involucrar al ávido de cultura malaguita en la previa del Festival. Magnífica propuesta y un más grande pero: no todo debería valer. 150 actos diluyen la esencia de la cultura y la convierten en otra horripilante noche negra en blanco. Quien se decida a salir de casa con el firme propósito de disfrutar de las precuelas de un festival del que sentirse orgulloso, no puede meterse en cualquier sitio a ver cualquier cosa, que nadie ha cribado y volver a casa totalmente decepcionado, cuestionándose si ha sido engañado o solamente presuntuoso por confiar en que las cosas están cambiando.

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Hombre rico, hombre pobre

Dice Rajoy que, salvo alguna cosa, estamos saliendo de la crisis, de momento. Lo sostuvo la semana pasada, durante el Debate del Estado de la Nación, entre los cantos del resto de partidos que lo comparaban con la Abeja Maya o intentaban despertarlo del trance alucinógeno. Pero lo dijo en persona, sin pantalla de HD antipreguntas de por medio y tras un discurso triunfalista que hasta entonces no le habíamos escuchado. A mí no me sonó éste como los demás brotecitos verdes, sino que quise entrever fundamentos científicos en las esperpénticas bienaventuranzas que, de no haber sido contrastadas de antemano por el Presidente, lo harían rozar el ridículo del que tanto se cuida escondiéndose en su casa. Apenas una semana después de aquella cita en el Congreso de los Diputados, se van concretando mis sospechas en números macroeconómicos que, sin duda, ya conocía D. Mariano. Por ejemplo, los mejores datos en cuanto al desempleo desde el comienzo de la crisis para un mes de febrero, más que un cogollito podría contemplarse como la constatación de que, por fin, nos hemos dado de bruces contra el suelo.

La escalada natural se apunta a un ritmo de crecimiento superior al minúsculo uno por ciento que vaticinaban los organismos internacionales hasta hace poco. Tendríamos que echar las campanas al vuelo y que alguien nos llamara al orden o a la prudencia. No sé a qué estamos esperando… La macroeconomía no puede ir a peor y esto se traduce en que nos quedamos igual o mejoramos.

Aunque en los pasillos del mismo hemiciclo recién concluido el debate Mariano Rajoy matizó el triunfalismo en lo referente a las economías domésticas: «aún quedan muchísimas cosas por hacer», pero 2014 será «mucho mejor» que los años anteriores, y «confío en que la gente empiece pronto a sentirlo».

¿Cuánto es pronto?

Yo estaba tranquilito en cuanto a la salvación de mi microeconomía atendiendo a que los que en realidad manejan el cotarro no son los representantes políticos que elegimos sino quien los y nos financia. Las grandes empresas, los consorcios de la riqueza, necesitan que fluya el dinero y que el bolsillo de cada ciudadano se llene para que se lo gaste en comprarles lo que nos vendan, ¿no? Porque esto no lo arreglan los políticos, sólo lo regulan. Los verdaderos artífices del cambio de tendencia, si lo hay, serán los inversores, su capital; los empresarios y su emprendimiento. Y tienen que estar deseando que se produzca porque siete años de crisis habrán enjugado sus ganancias a la mínima expresión. ¿O tampoco?

Ay dios mío, que han salido las listas de los más ricos del mundo de la revista Forbes y persignándome, deduzco que han debido equivocarse. Porque aseguran que desde 2008 hasta hoy, las grandes fortunas españolas no se han reducido ni un poquitín sino que han crecido muchísimo. Amancio Ortega, por ejemplo, ha pasado del puesto vigésimo segundo entre los más opulentos del mundo al tercero actual, triplicando su fortuna desde los 20.200 millones de dólares a los 64.000 millones actuales. Otro dato: en 2008, había veinte españoles en la lista de los más afortunados (más de mil millones de dólares) y hoy, tras la durísima crisis, hay seis más: 26 mil millonarios. Es más, en sólo un año, la fortuna de los diez españoles más ricos se ha incrementado desde los 87.800 millones a los 96.500, ¡un diez por ciento! ¿Será que la crisis hace que aumenten los beneficios de las empresas más potentes? ¿Estarán majaretas los de Forbes?

Estamos aviados.

La letra pequeña

A finales de la semana pasada salimos en el Financial Times y hablaron muy bien de nosotros. Lo afirmó algún experto en algún estudio para el prestigioso medio británico de finanzas: que Málaga era una buena ciudad para invertir. De las mejores de Europa para invertir. Bueno, de las mejores del Sur de Europa para ser sinceros y usar esa coletilla perfecta que dio fama mundial y de parte del extranjero a nuestra preciosa feria elitista desde la época de Pedro Aparicio hasta que se la bebieron. Lo dejamos entonces en que los economistas que habían dibujado la noticia para el Financial Times consideraban Málaga como una de las mejores ciudades para invertir, de las pobrecitas del Sur de Europa.

O eso me pareció entender que había ocurrido en un primer momento, porque toda la información que pude contrastar a posteriori en internet fue la de una nota al respecto de la agencia Efe, repetida en cada diario digital de cada ciudad española supuestamente mencionada como estupenda. Yo no sé si es que ya no existen suficientes periodistas ocupados como para comentar tanto brotecito o es que son los padres. No he encontrado nada que corrobore cada pasito hacia la buena nueva que no incluyese el mismo comentario del mismo autor anónimo de la misma agencia plagiado una y otra vez. Y no porque no haya intentado revisar el artículo original, sino porque yo me tomo las copas de café con leche como Ana Botella manda, al solecito, aunque en mi caso en la Plaza de la Merced, y me ha resultado complicado enfrentarme a los buscadores en ese idioma británico que nos domina, a pesar de tan buenas notas que obtenía en el instituto cuando todavía existía la EGB.

No obstante, de chapurreo con las redes en mi inglés de los montes, conseguí lo que la mayoría de cuarentones poco viajados de mi generación habrían logrado con parecido esfuerzo: llegué hasta la página on line de la revista Foreign Direct Invesment, del diario Financial Times, en la que han colgado el citado estudio. ¡Aleluya! “European Cities and Regions of the Future 2014/15”. ¡La encontré! Reza el subtítulo: Londres conserva su posición como ciudad europea del futuro 2014/2015, mientras la alemana Renania del Norte-Westfalia se aúpa al primer lugar entre las regiones de Europa. Y hasta ahí puedo leer, como Mayra Gómez Kemp, porque es de pago… Pues nada, a plagiar yo también. Dice el señor de la agencia que para situar a Málaga entre las diez ciudades más atractivas del sur de Europa para la inversión extranjera se han tenido en cuenta indicadores como la creación de nuevos espacios e infraestructuras de oportunidad, la mejora y mantenimiento de la conectividad de la ciudad, la promoción de un entorno económico atractivo y el mantenimiento de una calidad de vida alta en la ciudad. También se han valorado los incentivos a la implantación de nuevas empresas, la existencia de una población altamente cualificada y la promoción internacional de la ciudad. ¡Toma ya! Qué moderno suena.

Entre las diez mejores, Málaga la décima. Y del Sur de Europa. ¿Qué países son los del Sur de Europa para el Financial Times? Macedonia es uno y Skopje está por delante. Protesto. Portugal es otro, con Lisboa y Oporto, y ya sólo mencionan a siete ciudades españolas en esta clasificación de segunda fila. Están delante nuestra, Barcelona, Bilbao, Valencia, Madrid, Murcia… ¿Murcia? Y Sevilla.

La revista Financial Times aconseja que si eres un aventurero y decides invertir en el sur de Europa (nada que ver con la seguridad de hacerlo en Reino Unido, Bélgica, Alemania, Francia o Países Bajos) te decidas por hacerlo en Skopje, Murcia o Sevilla antes que en Málaga. Y no hemos salido mal parados…

Subido a Babieca

A D. Francisco de la Torre le han preguntado si además de senador y alcalde aceptará ser candidato de su partido en las próximas elecciones municipales, como le solicitan cada vez que tienen oportunidad de manifestarse en público los cargos orgánicos del Partido Popular malagueño y, como en cada ocasión anterior, se ha reiterado en su discurso, pidiendo paciencia al periodista. La respuesta estará en el aire hasta, por lo menos, el 40 de mayo. Dice que dependerá de cómo se sienta y toco madera por si se refiere a su salud. Estupenda. Y como lo considero optimista, supongo que se sospechará él también sanísimo de aquí al próximo lustro. ¿Qué puede sopesar en las próximos cien noches para decidir sobre su jornada diaria en los próximas 1.500 días? Algo ha adelantado: dependerá de si se siente “con fuerza”, con “ilusión” y percibe el “afecto y confianza” de los ciudadanos.

El afecto y la confianza de los ciudadanos no le dará ningún quebradero de cabeza. Acostumbrado como está a su apretadísima agenda que le permite llegar, saludar y marcharse sin respiro, supongo yo que se creerá que la ciudadanía se reduce a la suma de individuos que le damos un sincero apretón de manos cada vez que nos lo topamos por sorpresa, correteando. Eso explicaría alguna de sus afirmaciones más difíciles de entender, como aquella que dejó patidifuso a más de uno en cuanto a que ningún malagueño estaba a favor de cambiarle el nombre a la Avenida Carlos de Haya. ¡Pero ni uno sólo! A ningún ciudadano le molestaría que le mantuviesen el nombre de su avenida a un inventor aeronáutico, famoso por su creatividad y nada sospechoso de contravenir ninguna ley de memoria histórica. Pero ninguna: “no hay ningún malagueño que me lo pida; hay bastantes malagueños que me piden lo contrario”, aseguró en respuesta al director general de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía, Luis Naranjo. Corre que te corre, de inauguración en inauguración, de acto público en acto público, yo sí me creo que nadie le haya dicho jamás “cambielelnombrealavenidacarlosdehaya” sin respiración y con un saludo educado a la vez, en la mitad de tiempo que tardaría don Francisco en darse una ducha, peinarse el flequillo y subirse al coche para llegar a otro evento. Ahora bien, todos aquellos que sí han sido capaces de decirle todo lo contrario me resultan más difíciles de imaginar: “póngale dos veces Carlos de Haya a la avenida, don Francisco, y el metro, por debajo”. Sea como fuere, afectuosos nos ve porque afectuosos le somos mayoritaria y absolutamente.

El problema podría estar, sin embargo, en su otra dependencia. En la de la fuerza y la ilusión. ¿Cuánta fuerza y cuánta ilusión? Yo creo que con la penúltima fuerza del Cid, “vencílos sobre Valencia desque yo muerto encima de mi caballo”, a su partido le resultaría suficiente, aunque no sé a él. En cuanto a la ilusión, podría traducirse, tal vez, en la que le pongan los que tanto le piden que vuelva a ganarles las elecciones, en que permanezca en su sitio los cuatro años que le corresponderían de mandato. Otros cuatro años para ilusionarse en seguir mejorando la ciudad que recogió hace quince muy desmejorada. Y sólo tres meses para asegurarse de que nadie en su partido le va a quitar la ilusión de inventarse los museos de las joyas que quiera, los funiculares que se le ocurran, las redes biznagueras que se le ofrezcan y seguir protegiendo a sus privilegiados por cuestiones de humanidad durante los cuatro años de compromiso con sus fieles ciudadanos.

Yo creo que sí. Que se presenta. ¿O es que alguien piensa que se ha olvidado del embovedado del río?

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Españolada

Al cine español le ha tocado el gordo. Creo. A partir de ahora tendrá partidarios y detractores, que será mucho más de lo que tenía antes de la pasada ceremonia de los Goya. El ministro Wert le ha hecho un favor. Con su ausencia ha alentado, supongo que sin pretenderlo, la confrontación social que se cuece desde hace unos días en las redes. Y quedó satisfecha, por verse con fama, aunque infame, que escribió atinadamente Cervantes.

Porque parece que está de moda tomar partido. Puedes libremente adherirte a unos o a sus opuestos en igualdad de derechos y condiciones enarbolando la misma libertad que usan los que no se la permiten al que les discrepa. La moral es moralina y los principios de cada cual se difuminan en los fines si justifican sus medios, según el bando que defiendas desde las entrañas más sectarias del cristal con que lo mires. Manejarse sin esos principios suelta lastre y alienta cada improvisación ética desde que Jiménez Losantos, el Doctor House, Risto Mejide o el Special One decidieran meternos el dedo en el ojo como un camello por el de su aguja. De todos sus partidarios también será el difícil reino de los cielos a tenor del Artículo 14 de la Constitución. Cuestión de interpretaciones y fanatismos.

Ya no hay buenos, ni malos. Ni siquiera predomina entre nosotros el consabido maniqueísmo de Holliwood que tomábamos con el Cola-Cao de la merienda. En esta era de la crisis y la necesidad de que sean débiles los culpables, nos hemos dividido en dos tipos de tipos: los de mi pandilla de pensamiento y los indeseables que quieren quitarme la razón en cuanto me descuide. Somos contrincantes irreconciliables. Enemigos sordos. Los que llevan la camiseta con mis colores y los que atentan contra mi ideología de corto desarrollo y aún más reducido espectro nos desentendemos exclamando con mayúsculas en las redes sociales. El cine español es muy malo si nos da pena y horrible si lo odiamos. Franco pudo ser el bueno, Angelina Jolie la fea y Messi el malo, si en vez de Sergio Leone la película la hubiese dirigido uno de esos maestrillos de lo absurdo, que toma parte en la mala opinión sobre una industria cinematográfica española que en común sólo tiene dificultades.

Al cine español le ha tocado el gordo, sí. Porque los mediocres son muchos y entre todos, y de común acuerdo, lo han metido entero en el mismo saco de patatas. Porque lo confunden con una cara famosa. Con un discurso reivindicativo. Con una ideología manifiesta. Como si fuera uno. Como si estuviese unido. Como si hiciera ruido ¿Y qué le espera, entonces? En el mejor de los casos, que los que están en contra provoquen suficiente ira en sus contarios de pensamiento como para que éstos lo defiendan a ultranza. Una industria que agoniza sin ayudas, que ve cómo la disminución de público en las salas se ceba con algunos de los pocos títulos que logran salir adelante, que pierde cada año festivales y plataformas de promoción…

Entre los vaivenes de la crisis y un Gobierno que no apuesta por él, el pobre, diverso y a menudo heroico cine español no va a durar mucho como industria; ni siquiera como saco de golpes. Si es eso lo que necesitan, pueden buscarse otro enemigo, y los que creemos que hay de todo en la viña del Señor, confiaremos en la capacidad del arte de desafiar a todas las dificultades.

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Déjà vu

Ayer se dio a conocer otro brote verde de esos de la Economía, que sirve a los que dirigen nuestros designios macroeconómicos para justificarse en su empecinamiento y para poco más. De eso no se come. Ahora ha sido el dato del desempleo de enero, que ha mandado a la calle a otros cuantos miles de malagueños pero que según el cristal con que se mire, podría ser un dato positivo, o eso nos cuentan. Nunca ha habido tan pocos parados nuevos en enero. Cinco mil y pico ciudadanos han dejado su precariedad laboral aparcada para conocer la otra cara de la moneda, aún peor. Podría ser un brote verde anunciar que esos mismos han dejado de trabajar en unas condiciones de trabajo lamentables, con los sueldos más bajos que se recuerdan y con el regalito de la inconmensurable reforma laboral en brazos, pero sólo callando que han pasado de Málaga a Malagón sin posibilidad de aclimatarse al frío de interior manchego ni expectativas de un mal sueldo que echarse a la boca de aquí a un cuarto y medio de crisis. La buena tendencia se resume en 5.400 desempleados más en términos absolutos y 7.843 afiliados menos a lo Seguridad Social en un mes. Hay que tener entereza y sosiego para seguir creyendo en estos augures que abriendo las entrañas de los más pobres, ven en sus vísceras que la cosa mejora. Siete años de paciencia son muchos días improvisando tres comidas diarias para ti y los tuyos, estos sí, brotecitos verdes.

Con este nuevo incremento, el número de parados en Málaga es de 208.112 personas. ¿De dónde vamos a sacar doscientos mil puestos de trabajo? ¿Quién los va a crear? O, lo que es peor, una vez que alguien lo sepa, nos convenza de que puede conseguirse y tengamos un plan, ¿cuánto tiempo se va a tardar en poner en funcionamiento? ¿Y en ser eficiente? ¿Y en hacerse eficaz? ¿Meses? ¿Años? Una vez solucionado ese mal endemoniado que nos ha llevado a la miseria, al que llamamos primero mercados, después activos tóxicos y finalmente derroche público, el camino de vuelta será largo. Muy largo. Y está por definir. O no.

Porque iban a ser los cruceristas los que nos salvarían, ¿no? La solución a nuestra crisis pasaba por el turismo de congresos, el cultural, todo aquel que dejase en el olvido la estacionalidad de nuestra oferta de sol y playa y sus visitantes low cost. De hecho desde el año 2005, se ha multiplicado por dos la afluencia de turistas, con lo que la planificación no ha sido mala… Y sin embargo, el sector servicios es que el mayor paro registra actualmente en Málaga: 134.134 desempleados. Esta es la gran bolsa de desempleo malagueña, dos tercios del total, en una ciudad condenada a no subsistir exclusivamente de la industria turística por más que se empeñe en ello.

¿Indirectamente sí?

El ladrillo o nada. Dice Montoro que nunca existió la burbuja inmobiliaria. Lo que se traduce en que no hay otra solución a la vista que no pase por repetir de nuevo la misma historia. El club del pelotazo se vislumbra a la vuelta de la esquina. Hay que esquilmar lo que dejaron los predecesores sin destruir en la orilla. Da para otra década de vacas gordas. Doscientos mil obreros empobrecidos están dispuestos a aprovechar la temporada baja para construirse unas pirámides en la costa, y lo que haga falta, en cuanto fluya el crédito para los de siempre. Por eso los alcaldes del PP ya están exigiendo a la Junta que se derogue el POTA. Para reactivar la economía con la fórmula maestra. Y la Junta accederá sin que se note, como si se le hubiese ocurrido a ella. Parece ser el único camino. Otra vez. Un camino que ya sabemos dónde nos lleva sin opción de arrepentimiento.

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Más chimeneas

Hoy he leído una noticia en La Opinión de Málaga de esas de “y si somos los mejores, bueno, ¿y qué?” que casi me ha alegrado el día. El protagonista ha vuelto a ser el que era, el mejor Caneda, al que ya se le echaba de menos en las portadas de la prensa local con sus planteamientos sui generis en grandísimos titulares. No sé si la culpa de que el viejo super concejal se haya convertido en un actor secundario en el peliculón del consistorio la ha tenido el duro invierno, o tal vez haya sido la designación de Mario Cortés como portavoz del gobierno de la ciudad. Mario tiene un grave defecto en política: que es muy listo. Pero creo que además posee una gran virtud que le licencia de ese y otros veniales deméritos: que es un buen tipo. Por eso sabe contradecir sin aspavientos, manteniendo la calma, con la naturalidad del que niega la mayor sin ofender, haciendo casi amigos cuando quita la razón, y minando la moral del díscolo con palmaditas comprensivas en el hombro. Mario Cortés diluye. Puede que hasta a Damián Caneda. No sé.

Pero hoy, con los rayitos de sol, Caneda ha vuelto. No a meter follón, sino a sacar pecho de lo bien que lleva el turismo ciudadano. Aunque con datos de la SOPDE, eso sí. Y no es desconfianza lo que me produce el estudio por ser de la SOPDE, sino por ser halago de casa, que debilita, en lugar de venir del vecino, que motivaría como agua de mayo en ducha triste de 11 litros en un orfanato de Dickens. Espero que pronto salgan esos datos berlanguianos que contrasten desde una institución nacional, las buenas noticias que ha pregonado el concejal de cultura, turismo y deporte y que me han servido para reconfortarme en la hamaca de la mejor dicha turística: “Málaga dispara su crecimiento turístico con una subida del 100% en 8 años”.

Porque parece ser que ese es el camino, ¿no? Será el turismo el único sendero tortuoso que nos permita salir de la crisis. Y una vez fuera, superadas las murallas de ese edén capitalista contaminado, encontraremos el trabajo deseado en la nueva tierra prometida. O eso, o nada. Porque industria, lo que se dice industria, no hemos creado mucha en Málaga en estos siete años de penuria plebeya.

Si el turismo nos va a salvar, ole. Porque no nos puede ir mejor -¿o sí?-. El año pasado se alojaron en los hoteles de Málaga 961.981 viajeros, casi un 0,8 por ciento más que en 2012. En cuanto a las pernoctaciones, se contabilizan 1.965.422 estancias, lo que supone un 8,18 por ciento más que el año pasado, siendo Málaga, por tanto, el destino nacional que más ha crecido. En definitiva, dice Caneda que el número de viajeros creció un 109 por ciento desde 2005. Fantástico. Estamos a la cabeza del turismo nacional. Qué alegría… ¿Qué alegría?

Hemos doblado el turismo en ocho años y somos los primeros, pero en 2005, había 83.051 desempleados en Málaga y ahora 291.400. Lo del turismo lo tenemos claro, ¿no? Nos salvará, ¿verdad, señor SOPDE? Si hemos doblado las visitas, la ocupación hotelera y todos esos maravillosos datos que refleja la SOPDE y que alza el señor Caneda en su mano, ¿cuánto más tendrá que mejorar para dar empleo a los 200.000 malagueños que lo han perdido durante esta crisis? ¿Cuánto tienen que aumentar las visitas para que le veamos color? ¿Un 5.000 por ciento está bien? ¿Cabremos apretujaditos? ¿Habrá suficientes aviones en el mundo? Más bares ya. Más discotecas. Más playas. Más sol. Más terrazas. Más… ¿a qué esperamos? Ay. Dejad que trague y me quite este sudor frío… Persignándome y sólo por si acaso: amigos políticos y representantes míos, ¿tenemos un plan b?

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