Más chimeneas

Hoy he leído una noticia en La Opinión de Málaga de esas de “y si somos los mejores, bueno, ¿y qué?” que casi me ha alegrado el día. El protagonista ha vuelto a ser el que era, el mejor Caneda, al que ya se le echaba de menos en las portadas de la prensa local con sus planteamientos sui generis en grandísimos titulares. No sé si la culpa de que el viejo super concejal se haya convertido en un actor secundario en el peliculón del consistorio la ha tenido el duro invierno, o tal vez haya sido la designación de Mario Cortés como portavoz del gobierno de la ciudad. Mario tiene un grave defecto en política: que es muy listo. Pero creo que además posee una gran virtud que le licencia de ese y otros veniales deméritos: que es un buen tipo. Por eso sabe contradecir sin aspavientos, manteniendo la calma, con la naturalidad del que niega la mayor sin ofender, haciendo casi amigos cuando quita la razón, y minando la moral del díscolo con palmaditas comprensivas en el hombro. Mario Cortés diluye. Puede que hasta a Damián Caneda. No sé.

Pero hoy, con los rayitos de sol, Caneda ha vuelto. No a meter follón, sino a sacar pecho de lo bien que lleva el turismo ciudadano. Aunque con datos de la SOPDE, eso sí. Y no es desconfianza lo que me produce el estudio por ser de la SOPDE, sino por ser halago de casa, que debilita, en lugar de venir del vecino, que motivaría como agua de mayo en ducha triste de 11 litros en un orfanato de Dickens. Espero que pronto salgan esos datos berlanguianos que contrasten desde una institución nacional, las buenas noticias que ha pregonado el concejal de cultura, turismo y deporte y que me han servido para reconfortarme en la hamaca de la mejor dicha turística: “Málaga dispara su crecimiento turístico con una subida del 100% en 8 años”.

Porque parece ser que ese es el camino, ¿no? Será el turismo el único sendero tortuoso que nos permita salir de la crisis. Y una vez fuera, superadas las murallas de ese edén capitalista contaminado, encontraremos el trabajo deseado en la nueva tierra prometida. O eso, o nada. Porque industria, lo que se dice industria, no hemos creado mucha en Málaga en estos siete años de penuria plebeya.

Si el turismo nos va a salvar, ole. Porque no nos puede ir mejor -¿o sí?-. El año pasado se alojaron en los hoteles de Málaga 961.981 viajeros, casi un 0,8 por ciento más que en 2012. En cuanto a las pernoctaciones, se contabilizan 1.965.422 estancias, lo que supone un 8,18 por ciento más que el año pasado, siendo Málaga, por tanto, el destino nacional que más ha crecido. En definitiva, dice Caneda que el número de viajeros creció un 109 por ciento desde 2005. Fantástico. Estamos a la cabeza del turismo nacional. Qué alegría… ¿Qué alegría?

Hemos doblado el turismo en ocho años y somos los primeros, pero en 2005, había 83.051 desempleados en Málaga y ahora 291.400. Lo del turismo lo tenemos claro, ¿no? Nos salvará, ¿verdad, señor SOPDE? Si hemos doblado las visitas, la ocupación hotelera y todos esos maravillosos datos que refleja la SOPDE y que alza el señor Caneda en su mano, ¿cuánto más tendrá que mejorar para dar empleo a los 200.000 malagueños que lo han perdido durante esta crisis? ¿Cuánto tienen que aumentar las visitas para que le veamos color? ¿Un 5.000 por ciento está bien? ¿Cabremos apretujaditos? ¿Habrá suficientes aviones en el mundo? Más bares ya. Más discotecas. Más playas. Más sol. Más terrazas. Más… ¿a qué esperamos? Ay. Dejad que trague y me quite este sudor frío… Persignándome y sólo por si acaso: amigos políticos y representantes míos, ¿tenemos un plan b?

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Pan, circo, ingles y axilas

El señor chino de la tienda de abajo no sabe lo que significa la palabra sumergible. Además de menospreciarme sin querer, recordando mi ceceo –zumelgible repetía- que me saca de quicio cuando quiero hacerme el fino y bien hablado, no sabía lo que era un cronómetro apto para el baño. “Bajo el agua”, le decía yo gesticulando mi natación estilo rana con la que me defiendo cuando no hay olas. Me miraba sin comprender ni atisbo de disimulo, por más onomatopeyas que se me ocurrieran para arreglarlo. “A vel, quielo cazal tibulones y vel cuánto taldo”, le dije ya casi sin esperanzas. Nada. No hay cronómetro.

Lo siguiente que se me ocurrió fue buscar una aplicación de móvil. No para traducir del español al chino, sino para que me cronometrara, ya a solas, en mi propia estupidez. Eso sí. De eso sí hay. Ya tengo instaladas cuatro en mi teléfono y no sé cuál quitar. Pero claro, una aplicación que convierta en zumelgible mi juguetito de última generación telefónica, no hay. Todavía. Aunque yo no desisto. Soy cabezota. Y recordé que en la tienda de móviles de calle Nueva vi una funda que podría servir para eso, para zambullirla en las profundidades abisales a pesar de mi escasa aptitud para el buceo. Tenía pinta. Pues tampoco. No es para meterla bajo el agua sino anti choque. Para tirar el artificio de mis redes sociales al suelo y que rebote y me vuelva a la mano sin quebranto. Es, aproximadamente, una funda boomerang. No la que buscaba. Que no hay manera.

Y todo empezó porque mi pareja no quiso ayudarme en el experimento. Por más que lo intenté. Que para hacer el tonto, yo sólo, que ella no se prestaba, me dijo muy seria. Yo creo que más que enfadada, preocupada de que hubiese perdido un tornillo. No sé cómo haría el alcalde para persuadir a la suya. Claro que, yo no tengo su poder de convicción. A él lo votan muchos malagueños sin arrepentimiento. Hasta su mujer. No sé yo si mi pareja me votaría. No voy a preguntárselo, por si acaso. Pero qué arte. Que una señora seria se digne a cronometrarle una ducha a su marido y que este lo cuente al mundo en comisión de servicio público, supone que no volvamos a imaginárnoslos de ninguna otra manera, a ninguno de los dos. A don Francisco dentro, enjabonándose, y a su fiel esposa fuera, apretando el botón del record Guinness. Yo sé que es verdad. Que Don Francisco no se inventa esas cosas. No me cabe duda de que hubo barreño, mujer cronometradora, botella de litro y medio y muy poca fricción. Primero porque no tengo por qué dudar de su palabra y segundo y, sobre todo, porque inventarse algo así, tan ridículo, no sería razonable.

Y ahí me vi. Dispuesto yo también, con una botella de gel a la derecha, una esponja a la izquierda y a punto de hincarle el colmillo al móvil, con la cuenta atrás del minuto y pico en la boca. Si un setentón era capaz de insinuar que estaba dispuesto a ducharse ante notario para demostrar que un malagueño cualquiera podía ducharse con 11 litros de agua de EMASA, yo también, por sobrarme el tiempo y la idiotez, a partes iguales. Abrí el grifo, mordí el teléfono, imaginé la sintonía de Benny Hill y… descorrieron las cortinas. -¿Qué haces?, preguntó mi novia mirándome de arriba a abajo. -Tienes que ponerte a dieta, concluyó el discurso. ¿Habré perdido ese tornillo?, me tocó preguntarme. En definitiva, seis intentos y apalizado por el señor alcalde. No hay color. Juro ante los dioses y todos los notarios de su ilustre colegio que sigo con la piel arrugada, sobre todo en la yema de los dedos. Qué frío he pasado. Qué cansino sacar el agua del barreño con una botella de refresco light de dos litros. Mi marca: 16 litros poco escrupulosos y sin frotarme debidamente las axilas ni preocuparme de dedicarle unos segundos a la curcusilla. He perdido. No entiendo cómo lo ha hecho… Qué grande, Don Francisco. Qué rápido. A partir de hoy, lo miraré –y oleré- de otra forma.

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Tragaderas

Estoy viendo por la tele la que tienen montada en El Gamonal y me da mucha pena. Pobre señor empresario condenado por corruptelas, al que después de salir de la cárcel, el sueño español le ha permitido volver a ganar otro concurso público y en vez de sentirse arropado por la sociedad contra la que ha saldado sus deudas, es señalado por tres o cuatro delincuentes encapuchados que no representan a nadie, como si su pecado no se hubiese limpiado del todo en la lavadora de la penitenciaría. Ay, pobres españoles pobres, desagradecidos, que no respetan ni a los señores influyentes que gracias a sus inmensas fortunas dan trabajo a tantos miserables y otros cuantos muertos de hambre. Hasta un coche quieren tener. Hasta aparcarlo gratis en su barrio. Qué desfachatez. Si este eminente empresario, señor capitalista y amigo del alcalde, no se forra lo suficiente, ¿cómo va a crear empleo? ¡A ver! Tendrá que tener un aparcamiento subterráneo en su poder para conseguir pagar un sueldecito en vías de dignidad al encargado de mantenerlo siempre a punto, o si no, ¿de dónde va a sacar los beneficios este buen empresario para cumplir con su función de seguir creando(se) riqueza? ¿Que se destruyen 800 metros de plazas de aparcamiento hasta ahora gratuitos en ese barrio burgalés de trabajadores? Pues sí, claro… Para que 246 vecinos estacionen su vehículo en el parking del señor ex presidiario de corbata que se ha hecho con la obra, se tienen que quedar sin aparcamiento, o si no, ¿de qué van a gastarse lo que no tienen en aparcar ese vehículo que aún no les han embargado en ese parking privado tan moderno? Y si pena me da el empresario, más aún el señor alcalde de Burgos. ¡Que quiere hacer la obra! ¡Que lo dejen en paz! Para uno que quiere gastarse un porrón de dinero en obra pública, que lo dejen tranquilo. A ver si lo copian los demás y se les quita el miedo a la señora alemana del pubis fracturado. ¿Tanto follón porque va a enriquecerse su amigo? ¡Pues como en todos lados! Bueno, no, en todos lados, no. Aquí, no. Aquí está la señora Porras, que creó cátedra con sus contratos más legales de lo normal. Por eso, porque aquí tenemos a la superconcejala Porras, entre otras cosas, no me explico que en el programa que presenta Jesús Cintora, “las Mñanas de Cuatro”, se comparase la situación del Gamonal con lo que podría pasar en Málaga por la subida generalizada del agua con la que pretenden ahogarnos desde EMASA. ¿Aquí? Imposible. La gente de Cuatro no sabe de lo que habla cuando se refiere al supuesto estallido revolucionario malaguita. Nosotros somos educados. Borregos o no, pero muy bien educados. Hacemos lo que se nos manda en orden. Con el botellón, la Semana Santa, el Carnaval, la Noche en Blanco… Todos en cola fraternal y esperando el turno debido. Nadie se encapucha ni quema contenedores a no ser que se haya cogido una melopea muy mala. Pero las gamberradas del peor gusto, aquí no se deben a quejas, ni a reivindicaciones, ni a la defensa de los derechos de nadie. Aquí si se hace una maldad es para dar por saco, a título particular. Sin ir más lejos, si hay huelga de lo que sea, nos ponemos del lado más raro. Ya te digo, los ladrones son los basureros…

Yo no me preocupo por las posibles consecuencias de la subida de las tarifas del agua en cuanto a que la liemos parda. Consumo de 112 litros por habitante y día (30 litros menos que la media nacional) y a airearse sin levantar mucho los sobacos, para que no se note. Si somos 125.000 los que vivimos con menos de 200 euros al mes y lo disimulamos como buenos cristianos, sin armar follón; ni se nos nota. Qué tontería entonces esto de beber, ducharse o tirar de la cisterna. ¿Para qué? No se hace y ya está. Con taparnos la nariz…

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Dieta, deporte y rebajas

No sé cómo se llamará este síndrome que atenaza, parecido al de Mallorca, y que nos da de bruces contra la Navidad cuando se acaba. De Laponia no, que me buscan dobles sentidos entre líneas. Por lo menos de Helsinki, por el sabor a regaliz salado. O, mejor, el de las tres dimensiones, o sea 3D: Dieta, Deporte y Debajas. Vale, de las dos dimensiones y media si no admitimos erratas ni en rebajas, que no me pasáis una… La fecha más entrañable se va y nos queda desentrañarnos en la feliz realidad. Hay que recogerse, quitarnos las guirnaldas y el cotillón, y hasta las bolas, si no hay más remedio. Ya entiendo de dónde sale lo de las fiestas de guardar. De la parte más alta del armario. Pero, aún tirando de lógica y paciencia santojobiana, yo hay cosas que sigo sin entender a pesar de preguntármelas cada vez que le quito las lucecitas chinas al pedazo de abeto. Y es por qué no somos más prácticos. No me imagino tras cada verano doblando el bañadorcito y su toalla con meticulosa tristeza, en una cajita con espacio para el bronceador y el aftersún con pelotita hinchable de Nivea. ¡Menos mal! Bastante tenemos con la cancioncita del Dúo Dinámico dando la tabarra en el montajito de relleno del telediario como para soportar ese otro castigo… Pero entonces, ¿por qué sí he de pasar por ese trance del cajón de los adornos ahora y con cada cuesta de enero de cada año en ciernes? En momentos así, dedicados a la desdicha por causa tradicional es cuando me pongo de parte de Tom Cruise en Misión Imposible 2. Lo fácil que sería pegarnos un día de Fallas tras el día de Reyes. El árbol chino entero. Con las lucecitas puestas. Una hoguera de 10 minutos, vida nueva y santas pascuas. Lo que ahorraríamos en disgustos.

Pues ya con la Navidad recién envuelta en la misma caja de corcho que no sé quién sacó ni cuándo de dónde y la magia desaparecida de un plumazo por la inexorabilidad de la rotación, la traslación, la precesión, la nutación y el bamboleo de Chandler, toca la dieta y el deporte. Empiezo mañana. O pasado. No por ganas de retrasarme en el esfuerzo de pasar hambre por la cara sino porque, con la que está cayendo, da pena tirar los mantecados. Una bandejita variada con turrón de chocolate, un poquito del duro y casi nada del blando. Un roscón y medio; el empezado, de nata. Dos o tres pasillas y una mijita de mazapán. Me lo acabo en dos sentadas. Tiraré las peladillas para ir adelgazando 30 gramos…

Tengo quince días por delante –como mucho- para corretearme el paseo marítimo de arriba a abajo o casi entero con propósito de eternidad deportiva. Si no quince días, que son muchos y muy largos, diez, y si no, una semana, y si no, lo más probable, uno o dos días y con unas agujetas que harán que considere cualquier otro momento mejor para deshacerme de los michelines de grasita virgen extra de Gaby que me sobran. Que son menos de los que pensaba. Qué alegría. Hay un listo de mi telediario que me ha informado hoy de que sólo he engordado tres kilitos durante estas fiestas. ¿Contando los turrones? ¿Tres Kilos? ¡Yupi! Ya no me acerco a la báscula en los próximos días sufridos que, ya sin correr, me quedan por delante de ensaladitas verdes antes de que vuelva a la vida depravada de mi dieta del Parque de Málaga –dando la espalda al Mediterráneo-.

Y con esa figura en potencia que me deparará los dos días de carreras a corto plazo y las lechugas, me dejaré de melancolías en breve. El SPN (síndrome post navideño) tiene cura -habrá que rezarle-. Dice una clienta de la peluquería de mi hermana que el remedio se llama rebajas y es adictivo. Sálvese quien pueda.

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2013,9

En 15 días se acaba un año que mejor no recordar macrovividamente. Afortunadamente, lo microvivido te regala mejores momentos en la intimidad, en los que puedes dedicarte a practicar el catalán, como confesaba que hacía Aznar, o pasártelos de consuelo mutuo con los que te aman y comprenden, sin necesidad de ningún idioma que desmerezca al de las miradas y los suspiros. Si existió, así debió de ser el indoeuropeo, ese. Supongo que es hora de hacer balance porque toca agarrarse al clavo ardiente del viaje iniciático que se anuncia que llega con cada nuevo año. Antes, yo mismo hacía promesas que incumplía sin ánimo de lucro llegado el momento de las uvas y ahora solicito ayuda para mis seres queridos a los dioses que, si existen, también serán indoeuropeos y sin ánimo de ninguna necesidad mundana para competir por el dinero que no les falta.

He leído que un tercio de la plantilla de la Policía Nacional en Málaga participará en el operativo “Comercio Seguro” con el objetivo de prevenir, fundamentalmente, “delitos de hurto, robo con fuerza, intimidación o fraudes en el pequeño y mediano comercio” y me han parecido muchos. Al principio me ha producido una sensación de bienestar y sosiego saberme tan cuidado. Después he pecado de reflexivo, que no aprendo, y he resuelto que la crisis habrá generado más pobres pero, por supuesto que no menos malagueños honrados, dispuestos a asaltarme. Supongo que la orden a la policía no es que cuide a los comerciantes de los ladrones sino al Estado de la tentación de la pobreza. Lo peor de la noticia es que se hace explícita mención por parte de las autoridades a que también velarán por la seguridad de los turistas que nos visiten en Navidad. Eso me ha creado aún más desazón, sobre todo por lo de no saltarse a Pero Grullo. Además de que nos venza la tentación de robar debido al hambre, parece que desconfían también de que ante el turista no demos la talla, la buena imagen que (ya no) se espera de nosotros.

Tendremos a la policía en las tiendas y los veremos menos que otros años porque compraremos menos cosas. Constata Cáritas que en Málaga, como en la Sevilla de Zoido sin Pompidou, también hay espigadores que se alimentan sólo de lo que recogen en los contenedores de basura. El Banco de Alimentos y Cruz Roja dan comida a más de 100.000 malagueños que aunque no tengan nada, no roban. Casi me atrevería a asegurar que ni protestan. Y si les preguntan en el Eurobarómetro, no hablan de sus microvivencias sin presente sino de los macrobrotes verdes que les han dicho que hay otros que disfrutan. Si no, no se entiende: “los malagueños consideran que nuestra ciudad ofrece muchas facilidades para adquirir una vivienda a buen precio”. Y hasta cierto punto llevamos razón, pues este año se han vendido en Málaga según el Instituto Nacional de Estadística, entre enero y septiembre de 2013 un total de 16.063 viviendas, lo que representa un incremento interanual del 6,4%. Lo que ocurre, sin embargo, es que los que compran viviendas no somos nosotros sino inversores – ya estamos otra vez, ¿les suena?- pues, durante el mismo periodo sólo se concedieron 6.356 hipotecas en nuestra ciudad, con un descenso del 33% sobre las mismas cifras del pasado año, un desastre, y el resto, casi 10.000 viviendas, se han pagado al contado.

El balance no está bien.

O depende. Aún nos queda el Pompidou.

La ciudad apremiada

La semana pasada nos explicaron lo bien que iba la ciudad, la de premios internacionales que había conquistado a lo largo del año, lo inteligente que nos había salido… Fue durante el Debate del Estado de la Ciudad y el que nos llenaba de optimismo –y se agradece- fue nuestro viejo nuevo alcalde tecnológico, el del Pompidou, el Soho y Obey; el del 2016, el Astoria y el Museo de las Gemas. El empate a éxitos fracasados quiso tumbarlo la oposición mostrando el lado más oscuro de la crisis, esa que preferimos no tener presente para evitar el contagio o el sentimiento de culpa. A mí no me cabe duda de que existen esas dos caras de la misma ciudad, no se sí en buena convivencia pero aún sí en tolerante connivencia, al menos. La armonía que sugirió el alcalde existe en el impulso cosmopolita de una ciudad que rezuma modernidad desde que la señora Eluard se dio un baño de sol en Torremolinos. Allí estamos, o allí hemos vuelto. Otra vez sin clase media, la Málaga de los pobres y los ricos se impone y nos divide a partes desiguales. Somos la ciudad española en la que se radicaliza en mayor medida esa diferencia, la que nos convierte a todos en iguales pero a algunos en más iguales que a otros. El sueldo medio en la provincia de Málaga nos sitúa en la décima posición de España empezando por la cola. Pero entre los grandes perceptores (más de 100.000 euros al año) nos situamos en el séptimo puesto a la cabeza del país. No sé si sería muy acertado afirmar que pertenecemos a una de las provincia con más ricos por metro cuadrado, sobre todo cuando también ganaríamos un concurso de pobreza: son ya 140.000 malagueños los que cobran 200 euros o menos mensualmente. Ni la Málaga del PP existe más allá de sus barrios, ni la de la oposición, ahogada en el pesimismo, nos describe plenamente. Estos que hablan del Estado de nuestra Ciudad ¿se preocupan de cómo la sienten sus habitantes?

La ciudad real tiene más que ver con la que señalan sus ciudadanos cuando se les pregunta, por supuesto. Por ejemplo los datos aportados por el Eurobarómetro indican que los malagueños consideramos a nuestra ciudad como un buen lugar para comprar una vivienda a un precio razonable, pinchada por fin esa burbuja que según Montoro no existió nunca; por otro lado, creemos que los extranjeros están bien integrados, y que son nuestro querido PIB de los huevos de oro, añado; criticamos que esté tan sucia: cuando se pone esta cuestión en contexto con el resto de las 74 ciudades estudiadas, Málaga se sitúa en el puesto 62 de Europa en percepción de limpieza. Huelgan comentarios; y estamos a la cola de las ciudades europeas en el uso del transporte público. La encuesta nos dispone en el puesto 63 de las 74 ciudades analizadas. ¿Se enteran nuestros políticos de algo? ¿Se dan cuenta de lo que han liado con si metro o si tranvía? Pero si no usamos el transporte público.

No obstante, el principal problema de la ciudad, en opinión de los malagueños, es el empleo. Somos la tercera ciudad europea (de las 74 que han participado del estudio) a la que más le preocupa este dato insufrible. Hay más de 100.000 parados que van a tener que afrontar la Navidad con todas las prestaciones públicas agotadas, es lógico. Pero, ¿saben una cosa? Ni comerciales, ni diseñadores gráficos, ni fisioterapeutas, como indica el Servicio de Empleo Público Estatal, no. Ninguno de estos oficios es el que muestra un mejor comportamiento en la contratación, como se asegura. Donde hay menos paro, lo apuesto, es entre la clase política que nos sobrevuela y nos pone un Metro o nos privatiza el Servicio de Limpieza. Esta es la cifra: la política local es uno de los mayores focos de empleo en la ciudad. Ayuntamientos y Diputación generan más de 1.500 empleos y gastan 33,6 millones al año en sueldos, en definitiva, la cantidad más alta de toda Andalucía.

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Nos tienen manía

Estamos de enhoraregu. Porque no hay que echar las campanas al vuelo pero sí reconocer que progresamos adecuadamente en la evaluación educativa de los últimos años. Al menos eso se desprende del temido informe PISA. Y a Luciano Alonso le gusta, que no es poco. Yo me apunto a su alegría y me predispongo también a celebrar los resultados andaluces. Como dice el consejero del ramo, al sistema educativo andaluz le corresponde “una de las mejores evoluciones del estudio”. No disparata: un incremento de 16 puntos en comprensión lectora respecto a la puntuación obtenida en la valoración de 2009, 17 puntos en ciencias y 10 puntos en matemáticas no son moco de pavo. Aunque si me lo permite, le cojo el ramo y sin mirar a la concurrencia, se lo lanzo de espaldas a las señoritas solteras antes de tirarme a la piscina. Porque sin mirar el informe con detalle, me apuesto una ronda a que a pesar de todo, no salimos muy bien parados. Entre líneas lo ha dejado caer el Consejero de Educación: partiendo de una situación históricamente inferior al resto, hemos mejorado, dice. Timbaleo con los dedos sobre la mesa. Suspiro. Que feo está eso de compararnos siempre con doña perfecta la finlandesa. Qué bien lo hacían todo. Observé el programa de Jordi Évole con envidia repipi. Bueno, ¿y qué? Aquí tenemos buen tiempo todo el año… No sé si abrirlo. El informe, digo. Quizá sea mejor conformarse con saber que hemos mejorado y cambiar de tema. El Pompidou es recurrente. Dice Don Luciano que los resultados de Andalucía “no difieren significativamente” de países como Estados Unidos, Austria, Hungría, Suecia, Francia, Noruega o Italia. Lo de Estados Unidos da miedo. No sé si es leyenda urbana como lo de la mujer de la curva, pero yo me he creído eso de que nos ubican en el mapa junto a Mexico. Serán catetos, con perdón. Los italianos y franceses tampoco me dan mucha pinta de empollones motivados. Pero oye, húngaros y austriacos… con tanta música clásica y danza contemporánea o suecos y noruegos, con tanto frío para aburrirse en casa estudiando, mira tú… que voy.

¿Para qué habré mirado? Qué torpes que son los húngaros, austriacos, franceses, italianos y sí, no cabe duda, para un norteamericano, España estará al oeste de Perú, con el salvavidas puesto. Preferiría hablar de las campanas, los pavos, o las rondas que me he dejado atrás por causa del subconsciente navideño, pero ya no tiene remedio. Le han puesto el Pompidou a una Comunidad Autónoma que está a la cola de un país que está en el último peldaño de los de la OCDE en las tres disciplinas que analiza PISA: Matemáticas, Lectura y Ciencias. Para un guionista de cine esta parte sería “lo peor de lo peor”. España ocupa el lugar 25 entre los 34 países de la OCDE participantes en este programa. Además, en nuestro país, la diferencia entre las comunidades con un mejor y peor rendimiento educativo es muy grande, 55 puntos, el equivalente a 16 meses de escolarización. En España las diferencias de nivel académico entre los alumnos de distintas comunidades son de hasta curso y medio. Esta situación explica, por ejemplo, que los resultados en matemáticas de los alumnos de Madrid (504) sean similares a los de Alemania (514), Bélgica (514) o Canadá (519). En cambio, a la cola de la tabla de sitúan Andalucía (472), Murcia (462) y Extremadura (461), que registran un nivel similar al de Hungría (477), Israel (466) y Grecia (453). En comprensión lectora, los alumnos de Madrid obtienen similares resultados (511) a los de Canadá (523) o Finlandia (524). Pero los andaluces (477) están al final de la tabla, a la altura de los turcos (475). Ahí estamos…

Los escolares andaluces, pese a su avance considerable, continúan cerrando la tabla española, sólo por encima de Baleares, Murcia y Extremadura.

Y lo bonito que nos va a quedar el Pompidou…

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Pocas Nueces

Hacienda nos ha regalado unos datos del tercer trimestre del año malagueño que invitan a deshojarse sin pausa ni con prisas, como decía Carrillo en la transición y ahora Rajoy en el escondite. Los economistas con presunción de mejores augures de la ciudad han hecho su pronóstico sobre los posos del café macroeconómico y han encontrado más brotes verdes de cuatro hojas durante la contemplación mística de las cifras. Sustituido el porno por las brujas en los peores canales de televisión, me imagino pronto un catedrático del capital repeinado por la UMA compitiendo en profecías y adivinaciones con Carlos Jesús en la madrugada de Onda Azul. Pronto. Porque la ciencia económica ya no se sostiene en leyes sino en indicios sospechosos. Va camino de paraciencia por lo mal que la conocen los mismos que la adoran y la protegen. La oferta y la demanda no se dilucidan ya en los mercados porque los agentes y las variables externas pueden distorsionar su funcionamiento lógico, o eso dicen. Quizá le haya alcanzado la teoría cuántica por la espalda y de improviso y hasta que no cambien sus curvas estadísticas por las cuerdas de la Física, me parece a mí que sus vaticinios se repartirán entre despropósitos y aciertos al cincuenta por ciento y con suerte. Pésimo balance teniendo en cuenta que las fichas del monopoly somos nosotros mismos.

No obstante se agradece el ánimo que reparten los que ven la luz al final del túnel de las Pedrizas. Sostienen su profecía en que hay 2.095 parados menos que hace un año, en que se han creado 330 nuevas empresas, en que el PIB malagueño ofrece un mejor dato que el español o el andaluz y en que la balanza comercial ha sido positiva. Números que cualquier abogado del diablo podría rebatir, uno a uno. Por ejemplo y con los cuernecillos puestos, nuestra provincia se ha erigido, por demérito propio, en la cabeza de la destrucción del empleo nacional en el mes de octubre de 2013, como ya ocurrió el pasado año. Málaga perdió 7.031 empleos el pasado mes y descuenta ya 203.181 parados. De hecho, en Málaga hay 9.000 cotizantes menos a la Seguridad Social que hace un año. ¿Brote verde en qué dato del empleo? Ese “cristal con que se mire” será de culo de vaso. El gran dato del PIB es que hemos perdido un 0,9%; los concursos de acreedores no paran de crecer; las exportaciones no consiguen aumentar… Dependerá del pie con el que un adivino se levante y no tanto de cómo de negras tenga las vísceras el pobre animal, supongo.

Aunque la realidad malagueña es más miedosa y muchísimo más injusta que cualquier parecer. Lo señalo porque hay otros datos que no son tan económicos como más crueles, aún más complicados de refutar y en gran medida, desalentadores. Son los que atañen a la parte más decimonónica y rancia de lo malagueño y que tan poco ha cambiado en los escasos años de bonanza. Incluso va a peor. Una parte del río y la otra se diferencian como se diferenciaban hace dos siglos entre muy pobres y muy ricos otra vez, en tendencia infinita hasta acabarse el papel y ya casi las paredes. Los malagueños cobramos muy poco en general. Ocupamos el lugar trigésimo séptimo de 47 provincias españolas estudiadas en cuanto al salario medio de sus habitantes en 2012, según Hacienda. Señala que el salario medio anual de un malagueño es de 15.520 euros, 1.300 mensuales sin pagas extra. Ese mal dato que nos sitúa en la cola ni siquiera es real para la mayoría: el 53% de los malagueños no llega a los 12.000 euros anuales. Y el 25% se queda en 150 euros al mes. 140.000 malagueños no llegan a 200 euros al mes ¿Brotes verdes? Pobreza absoluta sin umbrales que llevarse a la boca. Si estos brotes no son verdes sino perversos y vergonzosos, los injustos aún están por decir: Málaga está a la cabeza del país en cuanto a más ricos por metro cuadrado. El sueldo medio en la provincia de Málaga entre los grandes perceptores (más de 100.000 euros al año) nos sitúa en el séptimo puesto de España. Pero ¿cómo saldremos de la crisis sin clase media? Ese es el grandísimo brote marrón que nos condena. Y lo demás, mucho ruido.

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20N

Hoy se cumplen dos años desde las últimas elecciones generales, cita democrática por antonomasia. Recuerdo que, por primera vez en 36 años, no echaron el redoble de tambores a blanco y negro de Arias Navarro anunciando el fallecimiento del dictador en mi tele. Por lo menos no lo vi, entretenido como estaba en conocer los datos de participación de aquella cita. Recuerdo de memoria que cayó en domingo y que la incertidumbre recaía en averiguar quién apechugaría con una crisis que podría acabar con la carrera del político mejor preparado de nuestra reciente historia constitucional. Aunque no sería el caso. Los políticos del S. XXI no son como los de antes. O eso, o no se les valora sin la perspectiva del tiempo como se debiera. Se habla de los debates de la transición como los de los mejores combates recordados en el ring democrático. Yo no sé si ellos eran mejores o nosotros más pardillos, y nos creíamos que intentaban convencerse los unos a los otros. Tampoco sé si importaba eso o lo realmente importante era que su disciplina de partido no la entendíamos directamente proporcional a nuestra disciplina de conciencia.

Desde aquel 20N han pasado tan sólo dos años pero tan cuesta arriba que me creería en un error si alguien me discutiese que tal vez hubiese sucedido alguno más. ¿38? Ha sido duro. Con mucha prima de riesgo. Peores desahucios. Demasiados días por rescatar. Los eruditos económicos más optimistas situaban por aquel entonces el final del abismo en 2016 -famoso año este- y pronosticaban que, quien accediera a la gerencia del desastre en 2011 vería tan coartado su margen de maniobra por unos datos macroeconómicos presumiblemente desbocados, que quizá le diese tiempo a ejercitar algún hobby, tipo crianza de bonsáis en los jardines de la Moncloa. Por eso se apuntaba hacia un gobierno de ida y vuelta. El que trabajase la crisis a destajo podría dejarle las arcas bien arruinadas al que lo sucediera en 2015 para que, sin que el nuevo hiciese nada diferente, pudiera de todos modos llevarse todos los méritos honoris causa por el repunte económico que toca según la fórmula aritmética que nos domina. Así funciona la política cuando depende de la Economía. Uno puede arrogar todos los deméritos del capitalismo al partido oponente, por más que sea un dios inmanejable y huidizo. Los mercados, que no son nada ni nadie sino todos nosotros especulando en desorden y con libre albedrío, nos gobiernan porque el poder no lo ostentan las personas sino su dinero o en este caso crítico, su no dinero. En el siglo pasado se imaginaban los escritores con trasfondo social un mundo dominado por las máquinas. Pues no, se equivocaron. Las máquinas, como las personas se apagan cuando no hay dinero. Lo que quedará cuando muramos serán nuestras deudas. Este mundo será dominado algún día por las deudas sin ciencia ficción que nos valga…

Pues han pasado dos años y lo que nos queda por pasar ya no se fija a medio ni corto plazo. Son brotes verdes. Alcachofitas de posibilidades ecológicas bancarias al 0,1%. Rajoy ganó y se le ve menos que al tío de América, mitad ratoncito Pérez, mitad rey mago. Ni se desgasta, ni le van a dar un trabajo en Endesa o Telefónica de relaciones públicas cuando se jubile de la política activa y se decida a escribir sus memorias desvelando lo bien que hizo las cosas y lo difícil que le resultó acompañarnos al éxito. Y el PSOE se crece. Se crece en deméritos que es lo que pega en estos tiempos de grisqueza. Los analistas no dieron una. Si el perdedor en las elecciones pasadas lo iba a tener fácil en 2015 para darle la vuelta al marcador, Rubalcaba o no se enteró o quiere darle suspense a la cosa.

Dos años. Paciencia.

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Adolescentones

He leído un interesante artículo de Sonia Sánchez en La Opinión de Málaga sobre la adolescencia, en la que señala que lo que hasta hace poco los especialistas consideraban como “adolescencia tardía”, ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido integrarlo directamente en la misma etapa del acné psicológico, extendiendo tal periplo de la vida de incomprensibles incomprendidos hasta los 25 añitos.

Los cambios físicos que experimentamos en su día los adolescentes de la era del Estado de derecho y la Sociedad del Bienestar -que pensábamos indisolublemente unidos- y que tenían que ver con el estirón y el cambio de voz, a este paso concluirán con las primeras canas, si es que ya no está ocurriendo. Un poquito por los sustos macroeconómicos que están soportando nuestros niños, obligándolos a entender de primas, de índices, de incrementos impositivos y demás fechorías neoliberales que dicen que dejan mechoncitos blancos, y otro poco porque, a partir de los 40, todos canos. Ya sé que algunos calvos. Pero canos, en alguna zona, todos. Que no quería especificar…

A lo que iba: ya no tengo claro en qué momento de la vida se convierte un adolescente en adulto, ni de si es esa la siguiente edad que marca la madurez y el sano juicio, probablemente porque sin mili ni Erasmus en el basurero imaginario de Wert, un joven estudiante comodón y poco viajado de treinta y tantos seguirá apegado a las faldas del cobijo gratuito familiar y no sé si aún será adolescente o ya adolescentón, que es como terminaremos llamándonos todos de aquí a poco, supongo, si es que los brotes verdes no nos salvan de tanta apretura y la crisis nos sigue acortando el proceso vital por imperativo económico. En casa del abuelo, la hija adolescente de 40 y su bebé de 20. De niña a mujer. Ya lo decía Julio Iglesias en el que podría haber sido el mejor vaticinio de Nostradamus. Lo más preocupante de que a nuestros quinceañeros les queden varias décadas de permiso para seguir siéndolo es que la edad del pavo no tendrá fin. Niñatos hasta la muerte.

Y el que creció y se fue hecho un hombre de casa, con 18 añazos y un palustre, para alicatarnos toda la Costa del Sol y ha tenido que volver ahora al cuarto de los juguetes, con 30 años ¿cómo lo llamamos? Ni adolescente ni adolescentón. Este grave afectado de la burbuja inmobiliaria que Montoro defiende que no existió, no volverá atrás. La adolescencia no se recupera nunca. Este joven ya es un viejo. Para siempre. Tal vez, -¡no, por favor!- esta sea una involución antidarwiniana irremediable producto de la modernidad viejaeuropea y de la infancia pasemos a la vejez sin darnos cuenta, eliminando las edades clásicas romanas para pensar, casarnos o votar como ya sucumbieron sus clases medias en nuestra sociedad conformista y sumisa por culpa del mercado de valores. Lo peor para que sea así es que los hijos de los representantes políticos, de sus asesores o de sus cargos de confianza, o lo que es lo mismo, de los ricos mejor pagados de nuestra democracia tampoco se quieren ir de casa. Según la psiquiatra Graciela Moreschi, autora del libro Adolescentes Eternos, la adolescencia eterna es más habitual en las familias de clase alta: «los jóvenes eligen darse caprichos y no quieren renunciar al nivel de vida que tienen (coche, tecnología cara, salidas, ropa de marca…)»

Según el Informe de la Juventud en España de 2012, el 29,8% de las mujeres y el 41,1% de los hombres de entre 25 y 34 años aún viven con sus padres. O sea, casi un tercio de las mujeres y la mitad de los hombres-niño que estamos creando. El roce hace el cariño. Eterno.

Cuánto amor. Y yo tan viejo.

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