Dieta, deporte y rebajas

No sé cómo se llamará este síndrome que atenaza, parecido al de Mallorca, y que nos da de bruces contra la Navidad cuando se acaba. De Laponia no, que me buscan dobles sentidos entre líneas. Por lo menos de Helsinki, por el sabor a regaliz salado. O, mejor, el de las tres dimensiones, o sea 3D: Dieta, Deporte y Debajas. Vale, de las dos dimensiones y media si no admitimos erratas ni en rebajas, que no me pasáis una… La fecha más entrañable se va y nos queda desentrañarnos en la feliz realidad. Hay que recogerse, quitarnos las guirnaldas y el cotillón, y hasta las bolas, si no hay más remedio. Ya entiendo de dónde sale lo de las fiestas de guardar. De la parte más alta del armario. Pero, aún tirando de lógica y paciencia santojobiana, yo hay cosas que sigo sin entender a pesar de preguntármelas cada vez que le quito las lucecitas chinas al pedazo de abeto. Y es por qué no somos más prácticos. No me imagino tras cada verano doblando el bañadorcito y su toalla con meticulosa tristeza, en una cajita con espacio para el bronceador y el aftersún con pelotita hinchable de Nivea. ¡Menos mal! Bastante tenemos con la cancioncita del Dúo Dinámico dando la tabarra en el montajito de relleno del telediario como para soportar ese otro castigo… Pero entonces, ¿por qué sí he de pasar por ese trance del cajón de los adornos ahora y con cada cuesta de enero de cada año en ciernes? En momentos así, dedicados a la desdicha por causa tradicional es cuando me pongo de parte de Tom Cruise en Misión Imposible 2. Lo fácil que sería pegarnos un día de Fallas tras el día de Reyes. El árbol chino entero. Con las lucecitas puestas. Una hoguera de 10 minutos, vida nueva y santas pascuas. Lo que ahorraríamos en disgustos.

Pues ya con la Navidad recién envuelta en la misma caja de corcho que no sé quién sacó ni cuándo de dónde y la magia desaparecida de un plumazo por la inexorabilidad de la rotación, la traslación, la precesión, la nutación y el bamboleo de Chandler, toca la dieta y el deporte. Empiezo mañana. O pasado. No por ganas de retrasarme en el esfuerzo de pasar hambre por la cara sino porque, con la que está cayendo, da pena tirar los mantecados. Una bandejita variada con turrón de chocolate, un poquito del duro y casi nada del blando. Un roscón y medio; el empezado, de nata. Dos o tres pasillas y una mijita de mazapán. Me lo acabo en dos sentadas. Tiraré las peladillas para ir adelgazando 30 gramos…

Tengo quince días por delante –como mucho- para corretearme el paseo marítimo de arriba a abajo o casi entero con propósito de eternidad deportiva. Si no quince días, que son muchos y muy largos, diez, y si no, una semana, y si no, lo más probable, uno o dos días y con unas agujetas que harán que considere cualquier otro momento mejor para deshacerme de los michelines de grasita virgen extra de Gaby que me sobran. Que son menos de los que pensaba. Qué alegría. Hay un listo de mi telediario que me ha informado hoy de que sólo he engordado tres kilitos durante estas fiestas. ¿Contando los turrones? ¿Tres Kilos? ¡Yupi! Ya no me acerco a la báscula en los próximos días sufridos que, ya sin correr, me quedan por delante de ensaladitas verdes antes de que vuelva a la vida depravada de mi dieta del Parque de Málaga –dando la espalda al Mediterráneo-.

Y con esa figura en potencia que me deparará los dos días de carreras a corto plazo y las lechugas, me dejaré de melancolías en breve. El SPN (síndrome post navideño) tiene cura -habrá que rezarle-. Dice una clienta de la peluquería de mi hermana que el remedio se llama rebajas y es adictivo. Sálvese quien pueda.

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2013,9

En 15 días se acaba un año que mejor no recordar macrovividamente. Afortunadamente, lo microvivido te regala mejores momentos en la intimidad, en los que puedes dedicarte a practicar el catalán, como confesaba que hacía Aznar, o pasártelos de consuelo mutuo con los que te aman y comprenden, sin necesidad de ningún idioma que desmerezca al de las miradas y los suspiros. Si existió, así debió de ser el indoeuropeo, ese. Supongo que es hora de hacer balance porque toca agarrarse al clavo ardiente del viaje iniciático que se anuncia que llega con cada nuevo año. Antes, yo mismo hacía promesas que incumplía sin ánimo de lucro llegado el momento de las uvas y ahora solicito ayuda para mis seres queridos a los dioses que, si existen, también serán indoeuropeos y sin ánimo de ninguna necesidad mundana para competir por el dinero que no les falta.

He leído que un tercio de la plantilla de la Policía Nacional en Málaga participará en el operativo “Comercio Seguro” con el objetivo de prevenir, fundamentalmente, “delitos de hurto, robo con fuerza, intimidación o fraudes en el pequeño y mediano comercio” y me han parecido muchos. Al principio me ha producido una sensación de bienestar y sosiego saberme tan cuidado. Después he pecado de reflexivo, que no aprendo, y he resuelto que la crisis habrá generado más pobres pero, por supuesto que no menos malagueños honrados, dispuestos a asaltarme. Supongo que la orden a la policía no es que cuide a los comerciantes de los ladrones sino al Estado de la tentación de la pobreza. Lo peor de la noticia es que se hace explícita mención por parte de las autoridades a que también velarán por la seguridad de los turistas que nos visiten en Navidad. Eso me ha creado aún más desazón, sobre todo por lo de no saltarse a Pero Grullo. Además de que nos venza la tentación de robar debido al hambre, parece que desconfían también de que ante el turista no demos la talla, la buena imagen que (ya no) se espera de nosotros.

Tendremos a la policía en las tiendas y los veremos menos que otros años porque compraremos menos cosas. Constata Cáritas que en Málaga, como en la Sevilla de Zoido sin Pompidou, también hay espigadores que se alimentan sólo de lo que recogen en los contenedores de basura. El Banco de Alimentos y Cruz Roja dan comida a más de 100.000 malagueños que aunque no tengan nada, no roban. Casi me atrevería a asegurar que ni protestan. Y si les preguntan en el Eurobarómetro, no hablan de sus microvivencias sin presente sino de los macrobrotes verdes que les han dicho que hay otros que disfrutan. Si no, no se entiende: “los malagueños consideran que nuestra ciudad ofrece muchas facilidades para adquirir una vivienda a buen precio”. Y hasta cierto punto llevamos razón, pues este año se han vendido en Málaga según el Instituto Nacional de Estadística, entre enero y septiembre de 2013 un total de 16.063 viviendas, lo que representa un incremento interanual del 6,4%. Lo que ocurre, sin embargo, es que los que compran viviendas no somos nosotros sino inversores – ya estamos otra vez, ¿les suena?- pues, durante el mismo periodo sólo se concedieron 6.356 hipotecas en nuestra ciudad, con un descenso del 33% sobre las mismas cifras del pasado año, un desastre, y el resto, casi 10.000 viviendas, se han pagado al contado.

El balance no está bien.

O depende. Aún nos queda el Pompidou.

La ciudad apremiada

La semana pasada nos explicaron lo bien que iba la ciudad, la de premios internacionales que había conquistado a lo largo del año, lo inteligente que nos había salido… Fue durante el Debate del Estado de la Ciudad y el que nos llenaba de optimismo –y se agradece- fue nuestro viejo nuevo alcalde tecnológico, el del Pompidou, el Soho y Obey; el del 2016, el Astoria y el Museo de las Gemas. El empate a éxitos fracasados quiso tumbarlo la oposición mostrando el lado más oscuro de la crisis, esa que preferimos no tener presente para evitar el contagio o el sentimiento de culpa. A mí no me cabe duda de que existen esas dos caras de la misma ciudad, no se sí en buena convivencia pero aún sí en tolerante connivencia, al menos. La armonía que sugirió el alcalde existe en el impulso cosmopolita de una ciudad que rezuma modernidad desde que la señora Eluard se dio un baño de sol en Torremolinos. Allí estamos, o allí hemos vuelto. Otra vez sin clase media, la Málaga de los pobres y los ricos se impone y nos divide a partes desiguales. Somos la ciudad española en la que se radicaliza en mayor medida esa diferencia, la que nos convierte a todos en iguales pero a algunos en más iguales que a otros. El sueldo medio en la provincia de Málaga nos sitúa en la décima posición de España empezando por la cola. Pero entre los grandes perceptores (más de 100.000 euros al año) nos situamos en el séptimo puesto a la cabeza del país. No sé si sería muy acertado afirmar que pertenecemos a una de las provincia con más ricos por metro cuadrado, sobre todo cuando también ganaríamos un concurso de pobreza: son ya 140.000 malagueños los que cobran 200 euros o menos mensualmente. Ni la Málaga del PP existe más allá de sus barrios, ni la de la oposición, ahogada en el pesimismo, nos describe plenamente. Estos que hablan del Estado de nuestra Ciudad ¿se preocupan de cómo la sienten sus habitantes?

La ciudad real tiene más que ver con la que señalan sus ciudadanos cuando se les pregunta, por supuesto. Por ejemplo los datos aportados por el Eurobarómetro indican que los malagueños consideramos a nuestra ciudad como un buen lugar para comprar una vivienda a un precio razonable, pinchada por fin esa burbuja que según Montoro no existió nunca; por otro lado, creemos que los extranjeros están bien integrados, y que son nuestro querido PIB de los huevos de oro, añado; criticamos que esté tan sucia: cuando se pone esta cuestión en contexto con el resto de las 74 ciudades estudiadas, Málaga se sitúa en el puesto 62 de Europa en percepción de limpieza. Huelgan comentarios; y estamos a la cola de las ciudades europeas en el uso del transporte público. La encuesta nos dispone en el puesto 63 de las 74 ciudades analizadas. ¿Se enteran nuestros políticos de algo? ¿Se dan cuenta de lo que han liado con si metro o si tranvía? Pero si no usamos el transporte público.

No obstante, el principal problema de la ciudad, en opinión de los malagueños, es el empleo. Somos la tercera ciudad europea (de las 74 que han participado del estudio) a la que más le preocupa este dato insufrible. Hay más de 100.000 parados que van a tener que afrontar la Navidad con todas las prestaciones públicas agotadas, es lógico. Pero, ¿saben una cosa? Ni comerciales, ni diseñadores gráficos, ni fisioterapeutas, como indica el Servicio de Empleo Público Estatal, no. Ninguno de estos oficios es el que muestra un mejor comportamiento en la contratación, como se asegura. Donde hay menos paro, lo apuesto, es entre la clase política que nos sobrevuela y nos pone un Metro o nos privatiza el Servicio de Limpieza. Esta es la cifra: la política local es uno de los mayores focos de empleo en la ciudad. Ayuntamientos y Diputación generan más de 1.500 empleos y gastan 33,6 millones al año en sueldos, en definitiva, la cantidad más alta de toda Andalucía.

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Nos tienen manía

Estamos de enhoraregu. Porque no hay que echar las campanas al vuelo pero sí reconocer que progresamos adecuadamente en la evaluación educativa de los últimos años. Al menos eso se desprende del temido informe PISA. Y a Luciano Alonso le gusta, que no es poco. Yo me apunto a su alegría y me predispongo también a celebrar los resultados andaluces. Como dice el consejero del ramo, al sistema educativo andaluz le corresponde “una de las mejores evoluciones del estudio”. No disparata: un incremento de 16 puntos en comprensión lectora respecto a la puntuación obtenida en la valoración de 2009, 17 puntos en ciencias y 10 puntos en matemáticas no son moco de pavo. Aunque si me lo permite, le cojo el ramo y sin mirar a la concurrencia, se lo lanzo de espaldas a las señoritas solteras antes de tirarme a la piscina. Porque sin mirar el informe con detalle, me apuesto una ronda a que a pesar de todo, no salimos muy bien parados. Entre líneas lo ha dejado caer el Consejero de Educación: partiendo de una situación históricamente inferior al resto, hemos mejorado, dice. Timbaleo con los dedos sobre la mesa. Suspiro. Que feo está eso de compararnos siempre con doña perfecta la finlandesa. Qué bien lo hacían todo. Observé el programa de Jordi Évole con envidia repipi. Bueno, ¿y qué? Aquí tenemos buen tiempo todo el año… No sé si abrirlo. El informe, digo. Quizá sea mejor conformarse con saber que hemos mejorado y cambiar de tema. El Pompidou es recurrente. Dice Don Luciano que los resultados de Andalucía “no difieren significativamente” de países como Estados Unidos, Austria, Hungría, Suecia, Francia, Noruega o Italia. Lo de Estados Unidos da miedo. No sé si es leyenda urbana como lo de la mujer de la curva, pero yo me he creído eso de que nos ubican en el mapa junto a Mexico. Serán catetos, con perdón. Los italianos y franceses tampoco me dan mucha pinta de empollones motivados. Pero oye, húngaros y austriacos… con tanta música clásica y danza contemporánea o suecos y noruegos, con tanto frío para aburrirse en casa estudiando, mira tú… que voy.

¿Para qué habré mirado? Qué torpes que son los húngaros, austriacos, franceses, italianos y sí, no cabe duda, para un norteamericano, España estará al oeste de Perú, con el salvavidas puesto. Preferiría hablar de las campanas, los pavos, o las rondas que me he dejado atrás por causa del subconsciente navideño, pero ya no tiene remedio. Le han puesto el Pompidou a una Comunidad Autónoma que está a la cola de un país que está en el último peldaño de los de la OCDE en las tres disciplinas que analiza PISA: Matemáticas, Lectura y Ciencias. Para un guionista de cine esta parte sería “lo peor de lo peor”. España ocupa el lugar 25 entre los 34 países de la OCDE participantes en este programa. Además, en nuestro país, la diferencia entre las comunidades con un mejor y peor rendimiento educativo es muy grande, 55 puntos, el equivalente a 16 meses de escolarización. En España las diferencias de nivel académico entre los alumnos de distintas comunidades son de hasta curso y medio. Esta situación explica, por ejemplo, que los resultados en matemáticas de los alumnos de Madrid (504) sean similares a los de Alemania (514), Bélgica (514) o Canadá (519). En cambio, a la cola de la tabla de sitúan Andalucía (472), Murcia (462) y Extremadura (461), que registran un nivel similar al de Hungría (477), Israel (466) y Grecia (453). En comprensión lectora, los alumnos de Madrid obtienen similares resultados (511) a los de Canadá (523) o Finlandia (524). Pero los andaluces (477) están al final de la tabla, a la altura de los turcos (475). Ahí estamos…

Los escolares andaluces, pese a su avance considerable, continúan cerrando la tabla española, sólo por encima de Baleares, Murcia y Extremadura.

Y lo bonito que nos va a quedar el Pompidou…

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Pocas Nueces

Hacienda nos ha regalado unos datos del tercer trimestre del año malagueño que invitan a deshojarse sin pausa ni con prisas, como decía Carrillo en la transición y ahora Rajoy en el escondite. Los economistas con presunción de mejores augures de la ciudad han hecho su pronóstico sobre los posos del café macroeconómico y han encontrado más brotes verdes de cuatro hojas durante la contemplación mística de las cifras. Sustituido el porno por las brujas en los peores canales de televisión, me imagino pronto un catedrático del capital repeinado por la UMA compitiendo en profecías y adivinaciones con Carlos Jesús en la madrugada de Onda Azul. Pronto. Porque la ciencia económica ya no se sostiene en leyes sino en indicios sospechosos. Va camino de paraciencia por lo mal que la conocen los mismos que la adoran y la protegen. La oferta y la demanda no se dilucidan ya en los mercados porque los agentes y las variables externas pueden distorsionar su funcionamiento lógico, o eso dicen. Quizá le haya alcanzado la teoría cuántica por la espalda y de improviso y hasta que no cambien sus curvas estadísticas por las cuerdas de la Física, me parece a mí que sus vaticinios se repartirán entre despropósitos y aciertos al cincuenta por ciento y con suerte. Pésimo balance teniendo en cuenta que las fichas del monopoly somos nosotros mismos.

No obstante se agradece el ánimo que reparten los que ven la luz al final del túnel de las Pedrizas. Sostienen su profecía en que hay 2.095 parados menos que hace un año, en que se han creado 330 nuevas empresas, en que el PIB malagueño ofrece un mejor dato que el español o el andaluz y en que la balanza comercial ha sido positiva. Números que cualquier abogado del diablo podría rebatir, uno a uno. Por ejemplo y con los cuernecillos puestos, nuestra provincia se ha erigido, por demérito propio, en la cabeza de la destrucción del empleo nacional en el mes de octubre de 2013, como ya ocurrió el pasado año. Málaga perdió 7.031 empleos el pasado mes y descuenta ya 203.181 parados. De hecho, en Málaga hay 9.000 cotizantes menos a la Seguridad Social que hace un año. ¿Brote verde en qué dato del empleo? Ese “cristal con que se mire” será de culo de vaso. El gran dato del PIB es que hemos perdido un 0,9%; los concursos de acreedores no paran de crecer; las exportaciones no consiguen aumentar… Dependerá del pie con el que un adivino se levante y no tanto de cómo de negras tenga las vísceras el pobre animal, supongo.

Aunque la realidad malagueña es más miedosa y muchísimo más injusta que cualquier parecer. Lo señalo porque hay otros datos que no son tan económicos como más crueles, aún más complicados de refutar y en gran medida, desalentadores. Son los que atañen a la parte más decimonónica y rancia de lo malagueño y que tan poco ha cambiado en los escasos años de bonanza. Incluso va a peor. Una parte del río y la otra se diferencian como se diferenciaban hace dos siglos entre muy pobres y muy ricos otra vez, en tendencia infinita hasta acabarse el papel y ya casi las paredes. Los malagueños cobramos muy poco en general. Ocupamos el lugar trigésimo séptimo de 47 provincias españolas estudiadas en cuanto al salario medio de sus habitantes en 2012, según Hacienda. Señala que el salario medio anual de un malagueño es de 15.520 euros, 1.300 mensuales sin pagas extra. Ese mal dato que nos sitúa en la cola ni siquiera es real para la mayoría: el 53% de los malagueños no llega a los 12.000 euros anuales. Y el 25% se queda en 150 euros al mes. 140.000 malagueños no llegan a 200 euros al mes ¿Brotes verdes? Pobreza absoluta sin umbrales que llevarse a la boca. Si estos brotes no son verdes sino perversos y vergonzosos, los injustos aún están por decir: Málaga está a la cabeza del país en cuanto a más ricos por metro cuadrado. El sueldo medio en la provincia de Málaga entre los grandes perceptores (más de 100.000 euros al año) nos sitúa en el séptimo puesto de España. Pero ¿cómo saldremos de la crisis sin clase media? Ese es el grandísimo brote marrón que nos condena. Y lo demás, mucho ruido.

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20N

Hoy se cumplen dos años desde las últimas elecciones generales, cita democrática por antonomasia. Recuerdo que, por primera vez en 36 años, no echaron el redoble de tambores a blanco y negro de Arias Navarro anunciando el fallecimiento del dictador en mi tele. Por lo menos no lo vi, entretenido como estaba en conocer los datos de participación de aquella cita. Recuerdo de memoria que cayó en domingo y que la incertidumbre recaía en averiguar quién apechugaría con una crisis que podría acabar con la carrera del político mejor preparado de nuestra reciente historia constitucional. Aunque no sería el caso. Los políticos del S. XXI no son como los de antes. O eso, o no se les valora sin la perspectiva del tiempo como se debiera. Se habla de los debates de la transición como los de los mejores combates recordados en el ring democrático. Yo no sé si ellos eran mejores o nosotros más pardillos, y nos creíamos que intentaban convencerse los unos a los otros. Tampoco sé si importaba eso o lo realmente importante era que su disciplina de partido no la entendíamos directamente proporcional a nuestra disciplina de conciencia.

Desde aquel 20N han pasado tan sólo dos años pero tan cuesta arriba que me creería en un error si alguien me discutiese que tal vez hubiese sucedido alguno más. ¿38? Ha sido duro. Con mucha prima de riesgo. Peores desahucios. Demasiados días por rescatar. Los eruditos económicos más optimistas situaban por aquel entonces el final del abismo en 2016 -famoso año este- y pronosticaban que, quien accediera a la gerencia del desastre en 2011 vería tan coartado su margen de maniobra por unos datos macroeconómicos presumiblemente desbocados, que quizá le diese tiempo a ejercitar algún hobby, tipo crianza de bonsáis en los jardines de la Moncloa. Por eso se apuntaba hacia un gobierno de ida y vuelta. El que trabajase la crisis a destajo podría dejarle las arcas bien arruinadas al que lo sucediera en 2015 para que, sin que el nuevo hiciese nada diferente, pudiera de todos modos llevarse todos los méritos honoris causa por el repunte económico que toca según la fórmula aritmética que nos domina. Así funciona la política cuando depende de la Economía. Uno puede arrogar todos los deméritos del capitalismo al partido oponente, por más que sea un dios inmanejable y huidizo. Los mercados, que no son nada ni nadie sino todos nosotros especulando en desorden y con libre albedrío, nos gobiernan porque el poder no lo ostentan las personas sino su dinero o en este caso crítico, su no dinero. En el siglo pasado se imaginaban los escritores con trasfondo social un mundo dominado por las máquinas. Pues no, se equivocaron. Las máquinas, como las personas se apagan cuando no hay dinero. Lo que quedará cuando muramos serán nuestras deudas. Este mundo será dominado algún día por las deudas sin ciencia ficción que nos valga…

Pues han pasado dos años y lo que nos queda por pasar ya no se fija a medio ni corto plazo. Son brotes verdes. Alcachofitas de posibilidades ecológicas bancarias al 0,1%. Rajoy ganó y se le ve menos que al tío de América, mitad ratoncito Pérez, mitad rey mago. Ni se desgasta, ni le van a dar un trabajo en Endesa o Telefónica de relaciones públicas cuando se jubile de la política activa y se decida a escribir sus memorias desvelando lo bien que hizo las cosas y lo difícil que le resultó acompañarnos al éxito. Y el PSOE se crece. Se crece en deméritos que es lo que pega en estos tiempos de grisqueza. Los analistas no dieron una. Si el perdedor en las elecciones pasadas lo iba a tener fácil en 2015 para darle la vuelta al marcador, Rubalcaba o no se enteró o quiere darle suspense a la cosa.

Dos años. Paciencia.

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Adolescentones

He leído un interesante artículo de Sonia Sánchez en La Opinión de Málaga sobre la adolescencia, en la que señala que lo que hasta hace poco los especialistas consideraban como “adolescencia tardía”, ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido integrarlo directamente en la misma etapa del acné psicológico, extendiendo tal periplo de la vida de incomprensibles incomprendidos hasta los 25 añitos.

Los cambios físicos que experimentamos en su día los adolescentes de la era del Estado de derecho y la Sociedad del Bienestar -que pensábamos indisolublemente unidos- y que tenían que ver con el estirón y el cambio de voz, a este paso concluirán con las primeras canas, si es que ya no está ocurriendo. Un poquito por los sustos macroeconómicos que están soportando nuestros niños, obligándolos a entender de primas, de índices, de incrementos impositivos y demás fechorías neoliberales que dicen que dejan mechoncitos blancos, y otro poco porque, a partir de los 40, todos canos. Ya sé que algunos calvos. Pero canos, en alguna zona, todos. Que no quería especificar…

A lo que iba: ya no tengo claro en qué momento de la vida se convierte un adolescente en adulto, ni de si es esa la siguiente edad que marca la madurez y el sano juicio, probablemente porque sin mili ni Erasmus en el basurero imaginario de Wert, un joven estudiante comodón y poco viajado de treinta y tantos seguirá apegado a las faldas del cobijo gratuito familiar y no sé si aún será adolescente o ya adolescentón, que es como terminaremos llamándonos todos de aquí a poco, supongo, si es que los brotes verdes no nos salvan de tanta apretura y la crisis nos sigue acortando el proceso vital por imperativo económico. En casa del abuelo, la hija adolescente de 40 y su bebé de 20. De niña a mujer. Ya lo decía Julio Iglesias en el que podría haber sido el mejor vaticinio de Nostradamus. Lo más preocupante de que a nuestros quinceañeros les queden varias décadas de permiso para seguir siéndolo es que la edad del pavo no tendrá fin. Niñatos hasta la muerte.

Y el que creció y se fue hecho un hombre de casa, con 18 añazos y un palustre, para alicatarnos toda la Costa del Sol y ha tenido que volver ahora al cuarto de los juguetes, con 30 años ¿cómo lo llamamos? Ni adolescente ni adolescentón. Este grave afectado de la burbuja inmobiliaria que Montoro defiende que no existió, no volverá atrás. La adolescencia no se recupera nunca. Este joven ya es un viejo. Para siempre. Tal vez, -¡no, por favor!- esta sea una involución antidarwiniana irremediable producto de la modernidad viejaeuropea y de la infancia pasemos a la vejez sin darnos cuenta, eliminando las edades clásicas romanas para pensar, casarnos o votar como ya sucumbieron sus clases medias en nuestra sociedad conformista y sumisa por culpa del mercado de valores. Lo peor para que sea así es que los hijos de los representantes políticos, de sus asesores o de sus cargos de confianza, o lo que es lo mismo, de los ricos mejor pagados de nuestra democracia tampoco se quieren ir de casa. Según la psiquiatra Graciela Moreschi, autora del libro Adolescentes Eternos, la adolescencia eterna es más habitual en las familias de clase alta: «los jóvenes eligen darse caprichos y no quieren renunciar al nivel de vida que tienen (coche, tecnología cara, salidas, ropa de marca…)»

Según el Informe de la Juventud en España de 2012, el 29,8% de las mujeres y el 41,1% de los hombres de entre 25 y 34 años aún viven con sus padres. O sea, casi un tercio de las mujeres y la mitad de los hombres-niño que estamos creando. El roce hace el cariño. Eterno.

Cuánto amor. Y yo tan viejo.

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Olor navideño

Me he subido ya al altillo para coger los viejos villancicos y estoy con la pandereta en brazos. Con lo que me ha costado encontrarlos, espero que no me haya precipitado. Lo que me faltaba sería que el cajón estorbara en el pasillo y tuviera que volver a demostrar mi pericia y mi fuerza encajándolos de nuevo entre esa maraña de recuerdos inservibles antes de que llegase el puente de la Inmaculada Constitución. Trabajo doble, pereza triple. Se debe a que la amenaza de huelga del comité de empresa de Limasa de jorobarnos la Navidad, me la ha traído. Y aunque he estado a punto de poner el tamborilero de Raphael en mi veterano tocadiscos he desistido porque me suena, de entre mis añejas tradiciones, que cupiera la posibilidad de que mis regalos potenciales se convirtieran en agua. Era si los encontraba, si me comía el turrón de mi hermana o si ponía villancicos cuando no tocaba, en alguno de esos casos, sí…

Pues los malísimos trabajadores de Limasa ya están chantajeándonos, que es a lo que iba y me he liado entre serpentinas. Son gente mala malísima que no se corta un pelo, melenudos bárbaros todos, a la hora de anunciar que irán a la huelga indefinida a partir del 20 de diciembre porque esa inapropiada fecha para los derechos fundamentales del trabajador es la que más nos va a causar trastorno a los pastorcillos, camino de las grandes superficies comerciales para adorar al niño y a sus turistas. Creo que son unos bellacos de tanto repetírmelo porque cobran sueldazos de médico, tienen vacaciones de maestro, y heredan el cargo, como el príncipe Felipe. Y todo por quitar de en medio la inmundicia a la que no nos enfrentamos cada día.

Según los datos de la empresa, el trabajador que se mancha el mono que más gana en Limasa, incluyendo todos los conceptos, cobra 36.492 euros brutos brutísimos, que aparentan casi tanto como los que cobra el asesor a dedo que se presentó a alcalde por un pueblo y perdió. Según la tabla salarial del convenio, el sueldo más bajo en Limasa es el que cobra un auxiliar administrativo: 21.241 euros.

Yo no sé si los currantes de Limasa son tan despreciables por ganar tanto dinero, por defender tan bien sus derechos laborales o por poner contra las cuerdas a los que más ganan en su empresa cada vez que les tocan las bolas navideñas. Supongo que será por la pasta, porque tan democráticos que somos, no vamos a rasgarnos ahora las vestiduras porque hagan valer sus derechos. Digo yo…

El comité de empresa considera que los recortes podrían empezar por otro lado: Limasa tiene en la actualidad 19 directivos que en conjunto suponen un gasto salarial de 1.036.453 euros anuales, según los datos de la memoria anual de Limasa. De ellos el sueldo más alto es el del gerente, que cobra 110.000 euros más un variable de 15.000 euros por objetivos. Asimismo señala el comité de empresa que la parte privada (FCC, Urbaser y Sando tienen el 51% de las acciones) se lleva más de dos millones de euros cada año por un “canon de asistencia técnica”, que pocos saben a qué se dedica en realidad. Por último, ponen la tijera en acabar con la externalización: “los camiones se llevan a reparar a empresas externas a pesar de poseer talleres propios”.

A lo mejor los trabajadores no son tan malos. O puede que los directivos no sean unos enchufados con currículum político y trayectoria sin igual. Hasta puede que las empresas privadas que participan no estén haciendo el negocio del siglo con Limasa. ¿Será que estamos orgullosos de unas calles tan limpitas?

Según un estudio interno encargado por la propia empresa y que hizo público en marzo La Opinión de Málaga, manteniendo el servicio municipal sin intervención privada, el Ayuntamiento de Málaga se ahorraría unos 47 millones de euros de aquí a que acabe el contrato, en 2017. ¿Alguien lo entiende?

¿Quién será el malo? Porque los tontos, me parece, siempre somos los mismos.

Hay una carta para ti

Hoy, a medio camino entre el escrache picassiano y la fiesta de las calabazas sanguinarias, he tardado en decidirme si comentar uno u otro asunto. Quizá tengan más cosas en común que distancia, sobre todo si se pretende resumir al mínimo su aspecto más grotesco. Un poco más de miedo que risa me provoca la insistencia del vicepresidente cuarto de la Diputación Provincial, Francisco Oblaré, en entregar una carta de pago a la Presidenta de la Junta de Andalucía, que había venido a Málaga a hacerse una foto cultural en el décimo aniversario de la inauguración del Museo Picasso y se encontró en medio de esa otra fiesta “democrática”. Algún alcalde, en compañía de otros, la esperó y persiguió sin violencia, desde el hotel hasta donde se congregaba la multitud de malagueños selectos con invitación protocolaria que habían sido invitados al acto y que asistieron atónitos al empeño baldío del señor Oblaré en hacerle llegar el sobre a la Presidenta. El intento concluyó como una mala noche en la puerta de una discoteca: forcejeando con guardaespaldas y denunciando a policías, parte de lesiones en mano.

Yo no sé, ni creo que importe tanto, quién planeó llevar a cabo esta acción reivindicativa en la que se vieron implicados importantes personalidades del PP malagueño -Caracuel, Oblaré y Armijo entre otros- pero habrá tenido tiempo suficiente de arrepentirse, a tenor de la repercusión mediática negativa que ha tenido a nivel nacional y que tendrá su continuación próximamente con una pregunta a un ministro en el Congreso de los Diputados. Eso descarta a Oblaré como organizador. No arrepentirse de nada, como ha declarado públicamente, lo hace sospechoso de fidelidad más que de cualquier otra cosa, y lo sitúa como obediente actor protagonista de una mal planificada metedura de pata política. Alguien pensó que podía ser la ocasión ideal para dejar en ridículo a Susana Díaz delante de la prensa y de la sociedad malagueña que asiste a estos saraos para saludarse y recordarse que siguen siendo, estando y existiendo pero el método escogido para reivindicar la injusticia de una deuda es precisamente el que más ha criticado el PP en otras ocasiones. Con razón. ¿O es que ahora justifican los escraches?

Don Francisco ha dado la vuelta de tuerca necesaria a este asunto para que todos comprendamos lo sucedido. No fue un escrache: “¿qué tipo de presión es entregar un papel a un cargo público?”, proclama.

Ojalá que esa teoría de nuestro alcalde no consiga muchos adeptos y en los próximos días no nos encontremos con que el hartazgo ciudadano los lleve a esperar a los cargos públicos a la puerta de su domicilio, o a la salida de su lugar de trabajo, o a las inmediaciones del hotel donde se alojan para entregarles cada uno un papel, tan reivindicativo y justo como el que pretendían entregar a Susana Díaz algunos miembros de su partido en Málaga.

En fin, el único que parece haber devuelto la cordura del discurso a esta delirante situación, más propia de la noche de difuntos que del aniversario del Museo Picasso, es el Presidente de la Diputación Provincial, D. Elías Bendodo, que ha afirmado en las últimas horas que “estas acciones nos alejan del ciudadano”. Ojalá sea una llamada a filas. Ojalá sea la manera diplomática de entonar el mea culpa. Ojalá alguien le lleve rápidamente una toalla a los altos cargos del PP que participaron activamente en el escrache y puedan sentirse con el culo al aire para que lo olviden cuanto antes y sigan trabajando en arreglarnos el futuro. Lo que nos faltaba era una guerra de escraches entre representantes políticos en Málaga…

Y hablando de Halloween. Este año me disfrazo de Jorge Javier Vázquez Oblaré. Se busca presidenta.

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El enano saltarín

Ha dicho El Ministro de Hacienda que la recesión acabó en junio. Y creo que la postura extraña que se me ha quedado al oírlo es la de una persona que está a punto de dar un salto de alegría. O eso, o un ataque de risa nerviosa. Pero ahí me he quedado, paralizado. Sin saber si dar un paso adelante o dos atrás, como el Chiquito de la Calzada pero de pensamiento. Tan desconfiado que soy antes de un brinco, me he acordado de Irlanda, de Italia y de Portugal, países de nuestro entorno, estos sí, tan entornados como el nuestro, y me he preguntado si alguno habría abierto ya las puertas de su economía, aunque fuera un poquito pues, de un tiempo a esta parte, parecería que se los hubieran llevado a Teruel. ¿Existen? Sé de Italia por Berlusconi y sus juicios, y de Portugal por el Chelsea y su condena pero, ¿Irlanda? ¿Sabrá Aznar como le va? Además está -¿estaba?- Grecia, ese país sin historia que le recortaron hasta la silueta en el mapa europeo y no sé si es un agujero negro o un corredor de gusano lo que han dejado en su sitio los hombres de negro, gusanos corrientes al servicio de Europa. Y ¿qué fue de la quita de ahorros en Chipre? Está la quinta del buitre, que no ganó mundiales y la quita de los buitres, que se llevaron la mundial de los ahorradores chipriotas, sospecho que para sondear el mercado y analizar el índice de complacencia y conformismo democrático de las buenas pobres gentes.

Como fuere, yo ya no sé quién se manifiesta, si es un espíritu o un fantasma. No sé si alguien ejerce su derecho a manifestarse o prefiere seguir en la tumba esperando la última estacada. De verdad que no sé si hay agitación en Europa, euforia contenida o fuegos artificiales. No sé si alguien se queja de cómo le va o si algún triste país, de los pedigüeños, va mejorando adecuadamente. Nos queda internet y las agencias de prensa del control “v” a falta de personal escribano a sueldo. O eso, pensamiento único redactado por un becario con prisas, o alguna buena foto de un freelance sobre la trifulca de la semana pasada entre la policía y los manifestantes en Italia. Poco más.

Estoy que me agacho. Casi que gana el desánimo. Si no fuera por el ministro, no creería en que esta postura de pastorcillo caganet que llevo se refiera a que estoy cogiendo impulso. Pero él aseguró ayer que “no sólo hay luz al final del túnel sino que se atisba la salida del túnel de la crisis económica de España”. Me da tembleque de gusto. Asegura que el segundo trimestre de 2013 habrá sido el último de la recesión, como reflejarán los datos del PIB del tercer trimestre. El ministro ha adelantado, además, que 2014 será el año del crecimiento económico, la creación de empleo y la solidaridad con los que más pobres: “el debate debe ser cuánto vamos a crecer”. Se me saltan las lágrimas. No lo paso tan bien desde que vi saltando en el balcón de C/ Génova a todos los peces gordos del PP tras requetevencer absolutamente las Generales. Qué alegría. O desde que el PSOE celebró a lo grande su triunfo inesperado en Andalucía. Qué recuerdos… La salida de la recesión debería ser una fiesta democrática de todos los partidos, de todos los afiliados a los partidos, de todos los tesoreros de los partidos encarcelados y libres, de todos los que repartieron las ayudas de los ERE con tan buena mano o los pillaron, y de todos los lastimeros que cada cuatro años los votamos. ¿Será verdad? ¿Volveremos a trabajar? ¿A ser ricos? ¿A comprarnos el coche y el apartamento que nos quitaron? ¿Habrá sido todo esto un mal sueño, una broma?

Ojalá. Tengo fe. Me lo creo. Me apunto. Le voto. Le aplaudo. Y salto con él. Por favor, que bote el ministro de Hacienda conmigo, que yo ya estoy en la cuenta atrás. ¿Cómo se llamaba? ¿Rumpelstiltskin? ¡No¡ ¿Cómo era? No me acuerdo… da igual: ¡que bote el ministro, que bote el ministro!

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