El Forrest Gump de la limpieza

Me he comprado una fregona nueva, les adelanto. Que me aseguran en el chino de abajo que es especial para exteriores. Para el jardín, me decía el señor vendedor, con una sonrisa muy amable y atenta. Sí, le contestaba yo, y para la piscinita, sin que me entendiera el chiste. Les cuento lo de la fregona para que no se piensen que voy a criticar la suciedad de nuestra ciudad sin estar dispuesto a predicar con el ejemplo. Para empezar, abrillantaré mi parte de la esquinita, la que da a la terracita del bar de abajo por el norte, y así aprovecho y me tomo algo fresquito después, en cuanto acabe de contarles mi plena disposición a ayudar en las tareas de baldeo de mi barrio. Totalmente. Me ofrezco voluntario y con buen ánimo de lustro. Sobre todo me ofrezco al municipio para hacerme cargo de la parte del asesoramiento técnico, esa del 2 por ciento de TIMASA, para el que yo creo que valgo, por si cuela. Espero una llamada y empiezo. Como los chorros del oro la dejo. Mi cuenta. Por mi cuenta, digo.

La idea me surgió cuando me encontré las botas de agua que me compré durante las inundaciones del 89, encima del armario, nuevecitas. Eso y un gorro de ducha que me traje del último hotel por el que pasé una noche, no me acuerdo exactamente de cuándo, pero antes de la crisis de los 40, seguro, me dieron la idea. La de tiempo que llevaba el gorrito en lo alto del lavabo, pendiente de usarse. Y a punto estuvo de tirármelo mi pareja en un descuido mío, alegando que estaría caducado. Ni que fuera un preservativo, le dije. Que ahora que lo pienso, no estoy seguro si lo era o es que quizá no sea de mi tamaño, porque no me acaba de entrar del todo. Me llega a las orejas y lo escupen al techo. Aunque a cabezón no me gana nadie.

En fin, no sería justo arrebatarle todo el protagonismo de mi predisposición a llevar a cabo la hazaña de asesorar técnicamente en materia de limpieza, escobón en mano, a nuestro humilde concejal responsable -¡ja!- de Medio Ambiente y Suciedades, Don Raúl Jiménez. Si no se hubiese sincerado, endosando un suspenso a su propia gestión en la materia mugrienta que le ocupa, sin disculparse ni dimitir, ni se me hubiera ocurrido echarle tanta cara a este asunto. Según cuenta, Málaga está sucia un poquito por él, otra pizquita por los árboles frondosos y, en alarmante progresión geométrica, por nosotros, los malagueños de ensuciar por casa. Eso dice y eso vende. Ahora me he enterado de que ha empezado un reality show sonrojante en el que se traslada junto a su cuadrilla municipal en autobús, de ciudad en ciudad, viendo los modelos de gestión de limpieza para ver si aprende algo. No sé cuándo lo emiten, ni en qué cadena aún, pero sólo de pensarlo, me da vergüenza ajena. Ni Berlanga. Se va a hacer más kilómetros que un viejo rockero antes del IVA de Montoro.

Así que me he decidido. Creo que es menos estúpida mi propuesta que la de los viajecitos en autobús y el resultado será de parecida utilidad. O inutilidad, según se mire. Yo estoy dispuesto a asesorar a quien haga falta. Sólo le pido que se traiga una escoba y ganas de trabajar. Y en un rato le enseño cómo. Se trata de hacer lo de Tom Hanks en la película, pero en vez de corriendo sin sentido, fregando con dignidad, como un flautista de Hamelin a ver si alguien me sigue y salimos en los periódicos como gente limpísima de Málaga. Cobro y seguimos contentos. Con concejales suspensos y árboles frondosos pero con nuevos malagueños afanados en la limpieza deportiva. Qué hartura de calles pestilentes. Hasta el gorro. Con dos millones, me voy a poner hasta las botas. A ver si el ex concejal de las pijadas del Área de Juventud, renombrado por el dedito del alcalde, me echa una mano y me organiza una fiesta de la espuma, de esas que se monta en sus mundos de yupi, kayak y snorkel, y me sirve de ceremonia inaugural.

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Sobramos

Hoy me he levantado con el pie derecho, convencido de que Málaga se ha recuperado de su autoabandono complaciente, merced al empecinado esfuerzo de nuestros más recientes gobernantes por traer la cultura y las nuevas tecnologías a esta feria tan grande que fue hasta ayer, anclada a identificarse compasivamente como la mejor del sur de Europa. Ya no somos tan turbios en cuanto a reconocernos en algún pasado peor. Hemos encontrado una raicita de la que tirar para inventarnos una tradición nueva de toda la vida. Creo que el punto de inflexión se produjo con la ocurrencia del Carmen Thyssen, museo moderno donde los haya, antichurrigueresco y rococó que, además de ilustrarnos sobre flamencas y bandoleros de jabugo, nos iluminó en el nuevo horizonte que se abriría con el mercadeo de las franquicias, ese que ahora nos ha puesto encima de la mesa sin haber pasado por la cocina. Fijaos si la cosa ha cambiado que, aún pobrísimos, hicimos cola para ver a Marina Abramovic hecha arte en sí misma en ese agujero blanco del CAC, con sus corredores de gusano llenos de malagueños amantes del arte por cientos de miles, al año. Bendito canon de más de tres millones de euros anuales y contemporáneos, que me permitieron tocarla y que nos bendijera.

No sólo eso. La bruma pasajera de los últimos siglos parece haberse levantado para traernos las mejores telecomunicaciones y la smart city a Málaga, aunque no sepamos si eso es algo tangible o sólo alucinante. Lo del Parque Tecnológico ha resultado ser un acierto, por no se qué de Silicon Valley y por no sé cuántos del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Además, ahora que el PSOE le ha cambiado el capricho a Mario Cortés y el alcalde, por unos ascensores sociales, contaremos con un Polo Digital en la ciudad, que con mucho gusto les explicaría en qué consiste si lo supiera. Una muesca más a nuestro revolver, sin tilde ni tiros, a una ciudad actual y vanguardista, de la que, hasta me apetece, poder presumir de nuevo. Si Cánovas levantara la cabeza y Sagasta no lo perturbase…

Málaga va cuesta arriba y sin frenos. Lo que es complicado de imaginar sin pedorreta ruidosa. Espero que sí tenga buen embrague porque huele raro y echa humo. A nuestra ciudad, parecía que lo que le había afectado no era tanto la crisis de estos últimos años, como la filoxera de hace una vida y media, que se llevó todo, incluyendo la burguesía culta y adinerada, el jornal de los paupérrimos incultos que los servían y hasta la hoja de parra que nos pudiera tapar las vergüenzas de la peor amnesia que sufrimos todos desde entonces.

Pero de aquellos barros, esta nueva ciudad de congresos y negocios, pendiente de una noria para ponerse la guinda a la punta del éxito. Somos la capital cultural europea del 2015, abandonando el pasado feriante de pandereta y saltándonos todos los protocolos. Lo tengo claro. En España se habla bien de lo bien que va Málaga. En Europa. En el Mundo y en parte del Nordeste de Sevilla.

Ahora sólo hace falta rellenarla de los malagueños adecuados. Porque nosotros la afeamos. ¿Se imaginan una ciudad cultureta como esta, industrial como esta, tecnológica como esta, modermonísima como esta, pero llena de parados? ¿A que no pega? Un 30 por ciento de desempleados por la calle. ¡No! Todos ejecutivos con un buen sueldo, de los que van en bici y maletín al curro, y tienen tiempo libre para visitar museos con la familia, cenar en las mejores terracitas y pasear por sus preciosistas calles ajardinadas, eso es lo que pega. No una ciudad de camareros, por favor. Desde febrero de 2015 las cifras de contratos registrados a camareros ha ido creciendo hasta llegar a los 10.706 del pasado mes de junio. Todo un record. Está claro, ensuciamos mucho. Entre parados, camareros, peones y demás supervivientes, hundimos Limasa. Qué estorbo somos.

Málaga va bien pero los malagueños tenemos que irnos y dar paso a otra gente de más categoría. Para sentirnos orgullosos, por fin, y dar el valor que se merecen a los que nos gobiernan el cartón piedra.

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Perdedores

Acostumbrado por oficio a hacer de Pepito Grillo, suelo dirigir la parte de la pluma que más coraje da cuando te pincha, a quienes pilotan la nave de esta Málaga en cuyo calor nos cocemos, posiblemente también por su culpa y/o su política. Faltaría más. Para palmeros ya hay lugar entre los cargos de confianza de los gabinetes de prensa de las mejores instituciones. Soy de los que piensan, con la peor mala leche que me cabe, que el columnero debe enfrentarse con mordacidad al que gobierna antes de preguntar, sobre todo por temor a caerse bien después, y ejercer así de contrapoder como dios manda, que diría Rajoy, o sea con el hábito puesto, por la empecinada periodicidad crítica y, sobre todo, por la dignidad monacal que hace al monje parecerse a un articulista de opinión en sus dos terceras partes, como demuestra su exuberancia común en cuanto a la pobreza y la castidad. Sobre todo en cuanto a la castidad. Claro, siempre señalando, siempre protestando y rodeados de malas pulgas, ¿qué quieres? La desobediencia, en cambio, nos sirve para dotar de funcionalidad a la balanza que explica cada realidad ideológica en democracia. ¡Toma ya! De modo que el que manda, como está mandado, en la misma nómina recibe el mando y un buen suplemento por ser criticado. Lo segundo siempre se ha aceptado peor que lo primero, aunque en favor de algunos de los políticos a los que critico con más asiduidad he de reconocer que la mayoría tiene buen encaje. Otros no sé, porque no me hablan. Poniéndome en su lugar, a nadie le gusta que le lleven la contraria, y menos con ironía, maldita la gracia.

Nosotros, los ciudadanos de a pie, no tenemos que dar cuentas a nadie, y según qué equivocaciones o actos impuros, nos suelen salir más baratos. Digo esto porque hace pocos días supe por una amiga usuaria y entusiasta del servicio de préstamo de bicicletas del ayuntamiento (dice que, ni Pompidou, ni Festival de Cine, ni Museo de las Canicas Verdes, que lo mejor que ha hecho Francisco de la Torre en los últimos 15 años ha sido ponernos esas bicis), que alguien se está dedicando a hackear los postes electrónicos donde se anclan las bicis para inutilizarlos, y así, el sudoroso ciclista urbano que escoge ese medio de transporte por sano, barato y directo, después de enfrentarse al inconveniente de que no estén en óptimo estado de uso, llega al aparcamiento de destino y se encuentra que, aunque todos los postes estén libres, no puede dejar la bicicleta. Menuda gracia sin ironía. Si eso no es tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado, que venga el pirata inútil y nos lo diga.

Lo pongo en relación con lo escuchado en una conferencia a José Manuel Moreno Ferreiro, secretario del consejo regulador de los vinos de Málaga. Decía que, recientemente, sus homólogos navarros hicieron un gran despliegue en Málaga para promocionar sus vinos, motivados por el hecho de que, aunque en general el consumo de caldos forasteros ha descendido en todas las regiones, nuestra ciudad es uno de los pocos mercados receptivos que les quedan, porque para el malagueño, los vinos de Málaga son caros para lo que son, aunque no los conozca.

Cuando era pequeñito, me quejé a mi padre del estado en que los malagueños dejábamos las entonces recién estrenadas playas de Pedregalejo después de un domingo. Él barrió la playa con la mirada y, no sé si para consolarme o para aumentar mi desasosiego, respondió que en realidad los malagueños habíamos ganado en civismo; que en su niñez las playas se quedaban bastante más sucias, y eso que no existían las patatas fritas de bolsa. En realidad, me dijo, tenemos un problema de autoestima, y por mucho que otros vengan de fuera a cantar nuestras excelencias, nosotros seguiremos considerándonos perdedores de algo.

Culpa de estos imbéciles de los que nunca más escribiré, para dedicarle mis críticas a los que de verdad, por su honesto trabajo, se las merecen.

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La vida sigue igual

Pocos amigos que son de verdad, cuánto te halagan si triunfando estás y si fracasas, bien comprenderás, los buenos quedan, los demás se van. Ya están todos investidos, con algunos de sus más fieles ex colaboradores convertidos en cadáveres políticos, abandonados en la cuneta, pero investidos de nuevo. Primero, Susana Díaz, desde su lejanía; después, Francisco de la Torre; y ahora, Elías Bendodo, han reagarrado fuertemente el bastón de remandar que le ha servido Ciudadanos en bandeja, y llegan dispuestos a regenerarse de su propia política. Como cantaba Julio Iglesias, la vida sigue igual.

En lo que, por cercanía, más nos concierne, ayer se cumplió un mes del regreso de Don Francisco a su querida Casona. Siempre hay por quién vivir y a quién amar. A nuestro alcalde ya le ha dado tiempo en este mes y un día de incansable trabajo municipal, a darle la mano a muchísima gente, a asisitir a cientos de actos e inauguraciones y a reaclararnos a quién, de verdad de la buena, él más quiere. Se desvive por recolocar a los que eligió a movimiento de índice. A sus técnicos asesoradores. A sus cargos de confianza ciega. Recurre a la razón de la irretroactividad de las leyes, a que pronto se jubilarán, o a que tienen contratos blindados, ¡dios mío!, para marearle la perdiz a su socio confuso de gobierno naranjita cachorreño. De aquí a diciembre con su pachorra diplomática habitual, De la Torre se manejará con soltura por el filo de la navaja del acuerdo de la parte contratante de la primera parte. Y después, por razones de humanidad consigo mismo, permitirá que rueden cabezas de regeneración democrática navideña, por la cuenta que le trae. En cuanto a su forma de gestionar, la misma, la delos pajarillos… Le revolotean las ideas… Se atisba otro fracaso urgente. ¿Nadie quiere un Polo Digital corriendo? Baratito, en 10 días. Financiado, con cánones de andar por casa. Europeo, con un apretón de manos y listo. Precioso del todo. ¿Y la capital verde europea? Hoy mismo se resuspende el intento. Por segunda vez, desde el funicular al Astoria, pasando por el Hotel de Moneo, todos los jardincitos que nos iban a convertir en capital europea de las flores, se dejan de imaginar. Al final, las obras quedan, las gentes se van, otros que vienen las continuarán, la vida sigue igual.

Frente el gobierno de los pajarillos revoloteantes, está su antagónico, el de los pies en el suelo, que ha protagonizado, cercanamente, Elías Bendodo desde la Diputación Provincial y que se revalidó ayer, completando el círculo de los tres iguales para hoy. Crear empleo es el gran objetivo que se plantea para estos cuatro nuevos años de mandato, anunciando la puesta en marcha de Planes de Empleo Anuales centrados en el turismo, el sector agroalimentario y el de los servicios, con especial atención al sector de las Nuevas Tecnologías.

¿Se imaginan a Francisco de la Torre hablando del Guadalmedina? Ni caso, ¿verdad?. Pero y si el que dice que se pondrá manos a la obra con ese asunto es el Presidente de Diputación, ¿a que sí? Sabor a Málaga, el Caminito del Rey y La Gran Senda, por ejemplo, dan testimonio de que amenazar con la marca cultural “Made in Málaga”, concluir La Senda Litoral, o crear una gran Escuela de Hostelería en La Térmica serán una realidad en los próximos 4 años. Lo creo absolutamente. Estaría contento y dando saltos de alegría pero me contengo. ¿Qué es lo que falta? Lo de siempre. No será un objetivo prioritario de la Diputación Provincial la política social, ni siquiera en sus discursos (sí lo es para Francisco de la Torre, pero perdonen que no me levante).

En fin, cómo se parece esta regeneración política de nuestros gobiernos a los que ya teníamos. Lo llevo cantando desde el principio, para hacerlo más llevadero.

La vida sigue igual.

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Sirtaki irreverente

Leí el otro día en la sección de sucesos de La Opinión de Málaga el titular de una noticia firmada por José Torres que decía: “un joven se salta un semáforo con una moto robada, sin casco y con un porro en la mano”. ¿Pero esto no era Grecia?

Yo, que no entiendo casi nada del lío griego, me imagino su situación así, tal cual. Se han saltado un semáforo, que no sería tan grave por sí solo y menos si confiaran y se dejaran abrir en canal para curarse las prisas vitales, digo viales, tan malas consejeras en época de crisis y debiendo tanto, en un laboratorio macroeconómico del Banco Central Europeo, bisturí en mano, por expertos hombres de negro de la troika, a los que siempre supongo ejecutando con maestría el baile cosaco tradicional, agachaditos y estirando las piernas con los brazos cruzados. ¿Que por qué?, ¿cómo se llamaba la perrita rusa orbitable? ¿Troika, no? Pues eso.

Saltarse un semáforo no es tan malo como que te pille un policía local de Málaga haciéndolo. Glup. Leyendo la noticia detenidamente le pongo cara de Varoufakis al presunto delincuente y puedo hacerme una idea: sirenas, huidas, carreras, atropellos… Y que te agarre de nuevo Schauble, por el cuello y con razón, que es lo peor. Después de venderle la moto de la austeridad a los anteriores gobiernos griegos, los soryzos no le han pagado en plazo y forma a los bancos alemanes, menudos ladrones muertos de hambre. ¡Moto robada! En este punto es cuando a los honestos hombres de bien empiezan a caernos mal los inferiores sin salida ni recursos. Siempre nos pasa. En 1922, en Italia. En 1933, en Alemania… Como cuando juega Tonga contra Brasil en el mundial, que apoyamos al más débil al principio para que dé la campanada, hasta que le meten tres en siete minutos, el tercero de rabona. Después prima el espectáculo y esperas que le marquen quince o dieciséis más a ritmo de samba, para consolar el aburrimiento. En ese punto estamos. Consolando el aburrimiento griego. Porque no se trata de ser de derechas o de izquierdas, ni buenos ni malos. Se trata de que paguen lo que deben o que deban lo que no paguen antes de ahogarse del todo o de pudrirse definitivamente. Sin apriorismos del hambre que pasen mientras los pisoteemos ni solidaridad alguna. Caridad, en todo caso. Por culpa suya. Ineptitud suya. Caradura suya. Y merecimiento suyo. O si no, que se lo hubieran pensado antes. O que lo hubiesen hecho mejor. O que no hubiesen arrancado la moto. O que desaparezcan de Europa sin que nadie se entere, ni sospeche, ni hable en los mercados del gran fracaso de la política económica europea que siguieron los griegos, en sirtaki irreverente, a pies juntillas. Uno dos y tres, ¡ya!

La metéfora del motorista griego arrestado, además de por todos los pecados referidos, encuentra su culminación en el hecho de haber realizado un referendum a tumba abierta, por su cuenta sin saldo, sin respeto a las normas no escritas, ni humildad histórica, ni casco. ¿Qué han intentado demostrar? ¿Que la democracia reside en la soberanía popular? ¿En qué siglo era eso?

Y para acabar, van, y ganan. Qué desfachatez; un porrito motero del 61 por ciento. Casi un insulto humeante. De hecho, la manifestación que más señalan los tertulianos televisivos de la añeja guardia de la primera cadena, cuando hablan del intento de gobierno democrático heleno, hace especial referencia a su chulería. Los griegos son chulos. Su gobierno, más. Y Varoufakis, el dimitido, se llevaba la palma. Entre la dignidad y la chulería hay una delgada línea, pero yo creo que con una lobotomía se les curaría a estos griegos, con su corralito, su feo afán por impagar. Ya puestos, probemos.

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Actividades Motoacuáticas

Qué bien le ha sentado a nuestro querido alcalde su minoría absoluta. A mí me tiene encantado. Está como un chavea con zapatitos nuevos, pactando por aquí y elogiando por allá, dejando fluir su buen talante tan conocido para los que lo hemos disfrutado en las distancias cortas y al parecer, olvidándose, aunque sea por las circunstancias, del rodillo que nunca aprendió a utilizar con la misma solvencia. Está más joven y saltarín que cuando sustituyó a Celia Villalobos, hace ya dos o tres eternidades. Se lleva mejor que bien con Susana Díaz y van a acabar juntos el Metro hasta el Civil en un pispás. Acabarán con los deshaucios en Málaga y, si los dejan, arreglan la economía mundial con dos o tres urbanizaciones sostenibles de viviendas protegidas por cada mil deshabitantes. Lo veo en las escalinatas del Palacio de San Telmo con el bebé de la presidenta en brazos, haciéndole arrumacos y confesándonos que lo va a apadrinar. Pero como no tendrá tiempo de ir al bautizo, tan ocupado que estará dándose la mano en algún acto de peñas, asociaciones o hermandades, probablemente le pida a su nuevo escudero, Sancho Panza Juan Cassá, que lo represente. El de Ciudadanos ya es amigo. Han creado una mesa para cuidarse el pacto con el fin de que les crezca fuerte y sano porque, haciéndose el despistado, Don Francisco le hizo un caño que le dejó la humillación exhausta instantes antes de meterle un golazo por la escuadra de los cargos de confianza y como, desde entonces, el naranjita no encuentra la pelota, no se fía del todo. Creo que no se ha dado cuenta de que no ve el balón porque él mismo se ha transformado en la bola del pinball que corre detrás del alcalde tratando de evitar que vuelva a regatearle y se la cuele.

Así, algunos ex concejales no electos ya son no concejales sí electos por el dedo mágico de nuestro alcalde rejuvenecido y sonriente en esa cómoda posición de la minoría cassaniana. Uno de ellos se reencargará de Juventud, con el extra de responsabilidad que conlleva haber sucedido en ese mismo cargo nada más y nada menos que a Mario Cortés, Juan Jesús Bernal o Elías Bendodo. Menudo nivel. Para temblarle las piernas, supongo. Si Don Francisco, despojado del severo rictus de la incomprensión que le suponía gobernar en solitario y a su antojo, en lúcida minoría ha decidido impulsar un sorprende y atractivo “plan de emergencia social” que incluirá medidas concretas para erradicar la pobreza infantil en Málaga, no menos sorprendente aunque sí mucho menos plausible me resultan los planes pijiguays del nuevo viejo Área de Juventud para este su veranito a tope. ¿Recuerdan la moto acuática que le tocó a Rai en la película “Barrio”, de Fernando Leon de Aranoa, aparcada en una farola? No sé por qué me habrá venido esa imagen a la cabeza. Estos son, entro otros, estos superpijiplanes:

Especialmente indicados para jóvenes de la Palmilla en riesgo de exclusión social, ¡Paddle Surf, Kayak, Snorkle o Surf en Tarifa! Si no se pueden pagar los 20 eurillos ni ná de ná, se ofrecen alternativas, yo creo que pensando en sus compañeros de San Andrés o de La Roca que tengan a todos los miembros de la familia en paro: ¡Fiestas de la Espuma! O a la playa, o paseos en barco, gratuitos. Sin un libro que echarse a la boca, sin otra intención ociosa que regar de solecito el cuerpo gentil. Pero, ¿sin ningún conciertito, si quiera? Calla, calla, Gaby, ¿Para qué? Si este fue el último cartel de la Noche de San Juan: Fonsi Nieto, Benjamín, Dasoul y Lucy Paradiso. Lo he dicho entero, sin persignarme… Ciudad de la Cultura, con El Pompidou, el ruso, el CAC, el Carmen Thyssen, la Casa Natal y al lado, para sonrojarnos, cartelitos como este del Área de Juventud, ojalá que no lo descubra jamás ningún turista. Dice Don Francisco que ha aconsejado a los ex concejales repescados que se busquen un trabajo fuera de la política antes del 31 de diciembre, día en el que le suena la campana de Cassá. No sé si habrá mirado a alguien.

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Descargos de Confianza

Creo que estoy de acuerdo con Ciudadanos en que hay que hacer recortes en las enrevesadísimas estructuras burocráticas de poder. Supongo que la dificultad en encontrar un puesto de trabajo digno tiene bastante que ver con esta situación, que asumimos como normal pero que, probablemente, nos calificará, con la perspectiva de los años, como especímenes raros en una etapa histórica muy defícil de catalogar y de muy dudoso cobro. Se nos ha ido de madre. Vivimos una era con dos Papas, dos Reyes y dos Reinas, y si me apuran, ahora, además, tras las elecciones municipales, con dos alcaldes en Málaga. Así, no me extraña que mi sobrina Alejandra espere que un segundo ratoncito Pérez pase y le deje otro euro bajo la almohada. Tanto insiste que acabaré dándole la razón condicionado por su mellada sonrisa. O eso, o esperar a que aparezca Cassá y le haga firmar un acuerdo de investidura con un traje de princesa, a cambio de tres reyes magos y un papá noel funcionarios, pero sin hadas madrinas, santos ni más cumpleaños.

Juan Cassá quería ser alcalde de Málaga. Dice que le dejemos soñar con que lo sea en 2019 y que se va a ganar a cada uno de los malagueños. Eso fueron dos noticias, con dos pies de foto, en dos días seguidos de la semana pasada. No pierde el tiempo y, a la de tres, se reunió con la Junta Directiva de la Federación de Peñas para colgarles medallas en los titulares de la prensa local y completar su tercera sonrisa amigable, asomado y saludando a los amigos desde todos los rincones de los periódicos de la ciudad. Y no sólo eso, el viernes se puso los pantalones cortos y los zapatos de andar por el campo y se generó otro espacio destacado con un fotomontaje oral en el que se explicaba a sí mismo cogidito de la mano de su socio De la Torre, camino de reivindicarse en Sevilla como adalid de la descentralización local, cediendo educadamente el turno de palabra a su compañero forzoso de fatigas, pero chivándole por lo bajini lo que tendría que decir, por si se le olvidara poner el acento en alguna mayúscula…

Don Juan genera más noticias que Don Francisco de la Torre. Más que el alcalde que él mismo designó a propuesta de su partido, y que el resto de candidatos que ya conforman la oposición, juntos. Tampoco tiene tanto mérito si los repasamos de forma individual: María Gámez ha vuelto a colocarse su uniforme de superwoman, o sea, la gabardina de la mujer invisible; Ysabel Torralbo se está bajando el sueldo y le ocupa mucho tiempo; y Eduardo Zorrilla debe de haberse quedado muy lejos de cualquier foco. Mientras, al de La Cala lo seguimos a donde vaya, con las pocas luces y taquígrafos que nos ha dejado la crisis tras él, para observarle asombrados, con sus miradas de archivo, cada vez más elegante y morenito y guapo de tanto recolocarse el gesto frente al espejo de los diarios de la mañana.

Este señor no es el alcalde de Málaga. Aún. Pero sí el alcaldito. El Mocito Feliz está pensando en dejar de seguir a la Preysler y Vargas Llosa y cuentan que ya ha preguntado dónde vive el político ciudadano… Ni primera fuerza, ni segunda, ni tercera: cuarta. Pero ni falta que le hace escalar más peldaños, por ahora. Con el escasito 10,37% del respaldo popular obtenido en las pasadas elecciones, puede hacer y deshacer gobiernos municipales a su antojo. Y Don Francisco, que es audaz por la experiencia -perro viejo no- está tensando la cuerda de los ocho directivos municipales irretroactivos y los cuatro exconcejales retroactivos, para ver si Cassá muerde o no. Porque ladrar, poquito. Menea la cola, eso sí. Pero yo no me fiaría. El de Ciudadanos, por ahora, le ha montado una “mesa de seguimiento” para asegurar que se cumpla el acuerdo de investidura. Lo que no sabe Don Francisco es que este es su primer montaje de dos. El segundo toque se llama montaje de cirio. Se le presume en las fotos de la prensa cuando mira de perfil.

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Estabilizantes y conservantes

Ciudadanos ha resultado ser las mititillas del yogur antirevolucionario de la España de los municipios. Donde le faltaba una chispitilla de aliento al gobierno tradicional de los últimos quince o veinte años para recomponerse ante el perroflautismo galopante, ahí han estado ellos con su muletilla para que no desfallecieran nuestros viejos guardianes. Venían los salvajes bárbaros a caballo desde Mongolia u otras revistas de parecido peor gusto, a agitarnos la representatividad y, los siudatans peligrosos de Floriano, han terminado convirtiéndose en sus salvadores. Un ejército de cipayos fieles a su 78 de caballería. Indios sin crasia, que decía Juan Cassá, el del humor blanco, en su discurso del pleno de investidura de De La Torre, sin enterarse muy bien todavía de si pasa desapercibido o se le nota demasiado que está perdido en medio de una ciudad merdellona de playa que, además, ama la poesía… el pobre, por ahí sigue abrazándose, agradecido, a quien se lo quede mirando durante más de tres segundos, entre el Guadalmedina y el Guadalhorce.

Donde hiciera falta, Ciudadanos le han puesto la calza al PSOE o el flotador al PP, para que se estabilizara el torcido Estado de Derecho, que se prometía a la deriva sin su amable y oportuna condescendencia. Se han comportado como el estabilizante E-410 de la democracia, como el espesante natural y maravilloso gelificante bien untado por sus buenas manos amigas para metérnoslo por aún no sabemos cuál de nuestros más oscuros objetivos. En nuestro caso, basta -de bastón- con observar a Don Francisco y su mejor sonrisa, que se le había congelado asustadiza en los últimos domingos y otras fiestas de pactar, de nuevo bien puesta sobre sus comisuras museísticas, para demostrarnos que votarles ha valido la pena. Qué alegría de pura goma garrofín. Todo, de nuevo, en su mismo y ajustado sitio.

Pero igual que con el pepé de Paquito, pactan con el popó de Susana, por el 90% de pensamiento en común. Eso es lo mejor del partido de Rivera y lo que yo no había logrado discernir en su discurso de campaña. Son estupendos para cualquier descosido. Como unos tacones para que lleguen de puntillas los que casi repiten victoria. Ciudadanos es un fondo de inversión de votos. Tú se lo das y ellos lo colocan donde más te convenga. Te quitas de preocupaciones. Yo, si se pudiera, les cedería mi voto a plazo fijo. Si no lo hice antes, cuando ni sabía ni contestaba, aún indeciso, fue porque temía que se decantaran por uno u otro pero así, sin ideología, es como ser del Madrid y el Barcelona al mismo tiempo, con posibilidad de pasarse al Atleti, cuando suene la flauta. Esta regeneración democrática es ganadora. De listos. Son sólo la puntita de todos los gobiernos a los que les falte un novio apañado para las duras noches de invierno, y sin ningún compromiso. Te apoyo hasta que la curva de la economía del voto me indique buenos dividendos electorales. Y moción de censura si no me obedeces o miras a otro o aún queriéndome, la oposición esté de moda según la demoscopia.

El concepto conservador se ha quedado viejo con Ciudadanos. Ellos son la conservera entera. Y los conservantes. Ácido Láctico. Quieren las cosas como estaban, pero con ellos al cuidado. Ejerciendo su control con pasión liberal o progresista, según convenga desde su nimio 6,55% de apoyo ciudadano.

No quieres un Zapata en tu vida, ¿verdad? ¡Que viene el coco! Pues ya sabes… Invierte en preferentes y abraza su naranjito.

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¡Sorpresa!

Quedan tres días y Francisco de la Torre se muestra tranquilo y María Gámez ilusionada. No sé si alguno juega al despiste o es el tercero en discordia quien nos desorienta a todos a fuerza de abrazos. El señor Cassá debe de hacer yoga. Qué temple. Se está mostrando como el mejor anfitrión de una fiesta que ni es en su casa, ni él ha organizado, ni mucho menos ha pagado. Pero qué porte tiene. Se te acerca en el jardín, con ropa asiática de la de estar fresco en tardes tropicales, y al borde de la piscina te ofrece un espumoso amable y te pregunta por tus hijos con gran familiaridad. Algo así, y con música de suspense. ¿Será el bueno que muere al final por bueno? ¿O el malo que muere al final por malo? Nos falta ese primer plano para deducir si en su mirada, o en su sonrisa, o en el brillo de su diente de oro, se atisba ese resquicio que, por compasión del guionista, se le pueda escapar y nos permita sospechar cómo evolucionará el personaje. Aunque sea para equivocarnos, al paso que nos marque, controladamente.

Yo no me he encontrado aún con personas de carne y hueso que a una pregunta concreta contesten con un enigma o un acertijo interpretable, como hacía el maestro shaolin de David Carradine en Kung Fu o Nostradamus en sus cuartetas. Pero creía en su existencia. Ahora bien, los imaginaba viviendo en Teruel a punto de tomarse un bitter kas, o más lejos. Pero en la política malagueña, tan burda, tan urbanística, tan descascarillada, no me cabían esos aires pacientes, casi intelectuales. Aunque sólo fuese por la parte correspondiente de diplomacia que aparenta esta manera de no hacer las cosas. ¡Pues ha llegado! Juan Cassá no sólo se conchavó al alcalde con un llamada y a María Gámez con un abrazo, también a Elías Bendodo y a Francisco Conejo leyéndoles un horóscopo y un mensaje en una galleta. Los ha convencido a todos de que está convencido de casi todo. Está de acuerdo con el 90% del programa de Don Francisco y de Doña María. De los dos equidistantemente. Sin mover ficha ni comprometerse a nada. Ha sido muy agradable y me ha dejado que le firme su papelito, se les oye decir a todos los que se han reunido con él por las esquinas. Pero ¿a quién querrá más, a papá o a mamá?, eso sólo se lo preguntan los responsables de campaña del PP y el PSOE, que no deben de dar crédito a lo que ocurre y que solicitan, por piedad, más explicaciones de las reuniones mantenidas a los embelesados que ya han pasado por la piedra.

Pero hay un dato más sobre la mesa, para hacer conjeturas infundadas, de esas que no tienen valor pero dan tantísimo juego… María Gámez cuenta por 15 sus 9 concejales. ¿Cómo? Suma los dos de IU para la gente, de los que probablemente no haya duda. Como siempre. Y aquí hago un inciso para aplaudir lo acertadísimo del nombre, pues sus votos siempre son para la gente, si no en su concepto colectivo, sí en lo referente a que se desprende de ellos a la mínima. Un carguito, dos sillones y tres promesas, volverán a tener la culpa. Pero la candidata a alcaldesa por el PSOE añade también en esa cuenta sospechosa de excesivo entusiasmo a los 4 concejales obtenidos por Ahora Málaga en las pasadas elecciones. Tras el peloteo transparente de Conejo a Torralbo retransmitido en directo del otro día, sobre todo. Pero el voto de Málaga Ahora lo decidirán las bases mañana jueves, ¿entonces? María Gámez se ve alcaldesa derrochando optimismo. Eso no es malo. Como Don Francisco, por su seguridad en sí mismo. Eso tampoco. ¿Y el ciudadano Cassá? Cualquier cosa que no pase porque Cassá vote a Cassá, besándonos a todos en el mismo centímetro de la mejilla, no es que fuera ni bueno ni malo, es que sería una tremenda… ¡sorpresa!

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¡Jesús!

En 10 días, se constituirán los nuevos ayuntamientos surgidos de las pasadas elecciones municipales del 24 de mayo. Será el 13 de junio cuando se decida si María Gámez o Francisco de la Torre conducirán el gobierno de nuestra ciudad durante los próximos cuatro años. A diferencia de otras formas de investidura, en el caso de la elección del alcalde, la normativa vigente no da más opciones; será el sábado, sólo veinte días después de ser llamados a las urnas.

Pues bien, de esos veinte días, ya han transcurrido la mitad y todo sigue en el aire. Don Francisco es el que menos cintura ha demostrado por el momento. Yo creo que la minoría absoluta le ha pillado a contrapié. Él lo arregló todo el mismo domingo electoral a su manera, interpretando lo que quiso y como quiso de una llamada de cortesía de uno de sus contrincantes políticos. El señor Cassá le felicitó por teléfono y Paquito se puso la hoja de laurel y la piel de oso ante los medios de comunicación. Es su estilo. Así debió de gestarse el multimillonario malentendido del museo de las gemas, de una de esas conversaciones privadas matizadas por su entusiasmo juvenil. Como cuando dio por hecho que Unicaja se haría cargo del Astoria y compartió parecido optimismo con todos los malagueños… O cuando estaba hecho lo de Caixaforum…

Mientras, como quien no quiere la cosa, los partidos de izquierda y de supuesta izquierda más votados de Málaga se han tirado piedrecitas y papelitos durante diez días para llamarse la atención y proponer sin proponerse si hubiera o hubiese posibilidad de acercamiento a través de las cinco llaves verdes de unos, el documento con 20 puntos de los otros, o las 35 medidas sobre regeneración democrática de los de más allá, y que han dejado disimuladamente sobre la mesa por si de reojo, observan que alguno muestra interés en citas, pactos, acuerdos o patadas en el trasero. Y parece que sí. El detonante fue otra vez el mandamás de Ciudadanos en Málaga que, sin pinchar ni cortar por ahora, las lía parda cada vez que estornuda. Si una llamada suya a De La Torre, llevó al candidato del PP a imaginarse inaugurando más franquicias de museos, una entrevista completita no dio menos juego: quería ser alcalde, decía el señor Cassá. Y nos lo merendamos como si hubiera pitado el himno o cualquier otra bellaquería deleznable para nuestro patrioterismo. ¿El cabeza de lista del cuarto partido se proponía a sí mismo como alcalde? ¿Qué artimaña era esa? ¿Qué tipo de estrategia? Se le ha llamado de todo y se ha quedado en “empresario asturiano que vive en La Cala del Moral con muchas ganas de ocupar un sillón”, como si alguno de esos pecados no pudiera disculparle la ambición que se le supone a cualquier político. Y desde aquel hecho casi indecente y plenamente contagioso, el segundo, tercer y quinto clasificado electoral, se miran de otra forma. Coquetean casi. Si Juan Cassá se lo planteó, con unicamente 3 concejales, ¿por qué no intentarlo con la suma de nuestros 15?, parece que se han insinuado.

Y así están las cosas, a 10 días de votarse. Por lo bajini, aún sin mirarse y menos hablarse, los del frente judaico popular y los del frente popular de judea están pensándose en lo de apostar por una chica morena, que dicen que se llama María Gámez, de la que poca gente ha oído hablar, y menos aún la han escuchado explicándose, como alcaldesa de Málaga. 15 a 13 ganan PSOE, Ahora Málaga y Málaga para la Gente, al PP de Francisco de la Torre. ¿He dicho ganan? Quería decir pierden. Según la Ley de Regimen General Electoral, los alcaldes se eligen en pleno por mayoría absoluta. O sea, en Málaga con 16 concejales. Y si nadie llega a los 16, el alcalde será el primer candidato de la lista más votada. En nuestro caso, Don Francisco de la Torre.

Ya sólo falta que Cassá, con sus 3 concejalitos, estornude. A la tercera, sí que sí, va la vencida.

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