Actividades Motoacuáticas

Qué bien le ha sentado a nuestro querido alcalde su minoría absoluta. A mí me tiene encantado. Está como un chavea con zapatitos nuevos, pactando por aquí y elogiando por allá, dejando fluir su buen talante tan conocido para los que lo hemos disfrutado en las distancias cortas y al parecer, olvidándose, aunque sea por las circunstancias, del rodillo que nunca aprendió a utilizar con la misma solvencia. Está más joven y saltarín que cuando sustituyó a Celia Villalobos, hace ya dos o tres eternidades. Se lleva mejor que bien con Susana Díaz y van a acabar juntos el Metro hasta el Civil en un pispás. Acabarán con los deshaucios en Málaga y, si los dejan, arreglan la economía mundial con dos o tres urbanizaciones sostenibles de viviendas protegidas por cada mil deshabitantes. Lo veo en las escalinatas del Palacio de San Telmo con el bebé de la presidenta en brazos, haciéndole arrumacos y confesándonos que lo va a apadrinar. Pero como no tendrá tiempo de ir al bautizo, tan ocupado que estará dándose la mano en algún acto de peñas, asociaciones o hermandades, probablemente le pida a su nuevo escudero, Sancho Panza Juan Cassá, que lo represente. El de Ciudadanos ya es amigo. Han creado una mesa para cuidarse el pacto con el fin de que les crezca fuerte y sano porque, haciéndose el despistado, Don Francisco le hizo un caño que le dejó la humillación exhausta instantes antes de meterle un golazo por la escuadra de los cargos de confianza y como, desde entonces, el naranjita no encuentra la pelota, no se fía del todo. Creo que no se ha dado cuenta de que no ve el balón porque él mismo se ha transformado en la bola del pinball que corre detrás del alcalde tratando de evitar que vuelva a regatearle y se la cuele.

Así, algunos ex concejales no electos ya son no concejales sí electos por el dedo mágico de nuestro alcalde rejuvenecido y sonriente en esa cómoda posición de la minoría cassaniana. Uno de ellos se reencargará de Juventud, con el extra de responsabilidad que conlleva haber sucedido en ese mismo cargo nada más y nada menos que a Mario Cortés, Juan Jesús Bernal o Elías Bendodo. Menudo nivel. Para temblarle las piernas, supongo. Si Don Francisco, despojado del severo rictus de la incomprensión que le suponía gobernar en solitario y a su antojo, en lúcida minoría ha decidido impulsar un sorprende y atractivo “plan de emergencia social” que incluirá medidas concretas para erradicar la pobreza infantil en Málaga, no menos sorprendente aunque sí mucho menos plausible me resultan los planes pijiguays del nuevo viejo Área de Juventud para este su veranito a tope. ¿Recuerdan la moto acuática que le tocó a Rai en la película “Barrio”, de Fernando Leon de Aranoa, aparcada en una farola? No sé por qué me habrá venido esa imagen a la cabeza. Estos son, entro otros, estos superpijiplanes:

Especialmente indicados para jóvenes de la Palmilla en riesgo de exclusión social, ¡Paddle Surf, Kayak, Snorkle o Surf en Tarifa! Si no se pueden pagar los 20 eurillos ni ná de ná, se ofrecen alternativas, yo creo que pensando en sus compañeros de San Andrés o de La Roca que tengan a todos los miembros de la familia en paro: ¡Fiestas de la Espuma! O a la playa, o paseos en barco, gratuitos. Sin un libro que echarse a la boca, sin otra intención ociosa que regar de solecito el cuerpo gentil. Pero, ¿sin ningún conciertito, si quiera? Calla, calla, Gaby, ¿Para qué? Si este fue el último cartel de la Noche de San Juan: Fonsi Nieto, Benjamín, Dasoul y Lucy Paradiso. Lo he dicho entero, sin persignarme… Ciudad de la Cultura, con El Pompidou, el ruso, el CAC, el Carmen Thyssen, la Casa Natal y al lado, para sonrojarnos, cartelitos como este del Área de Juventud, ojalá que no lo descubra jamás ningún turista. Dice Don Francisco que ha aconsejado a los ex concejales repescados que se busquen un trabajo fuera de la política antes del 31 de diciembre, día en el que le suena la campana de Cassá. No sé si habrá mirado a alguien.

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Descargos de Confianza

Creo que estoy de acuerdo con Ciudadanos en que hay que hacer recortes en las enrevesadísimas estructuras burocráticas de poder. Supongo que la dificultad en encontrar un puesto de trabajo digno tiene bastante que ver con esta situación, que asumimos como normal pero que, probablemente, nos calificará, con la perspectiva de los años, como especímenes raros en una etapa histórica muy defícil de catalogar y de muy dudoso cobro. Se nos ha ido de madre. Vivimos una era con dos Papas, dos Reyes y dos Reinas, y si me apuran, ahora, además, tras las elecciones municipales, con dos alcaldes en Málaga. Así, no me extraña que mi sobrina Alejandra espere que un segundo ratoncito Pérez pase y le deje otro euro bajo la almohada. Tanto insiste que acabaré dándole la razón condicionado por su mellada sonrisa. O eso, o esperar a que aparezca Cassá y le haga firmar un acuerdo de investidura con un traje de princesa, a cambio de tres reyes magos y un papá noel funcionarios, pero sin hadas madrinas, santos ni más cumpleaños.

Juan Cassá quería ser alcalde de Málaga. Dice que le dejemos soñar con que lo sea en 2019 y que se va a ganar a cada uno de los malagueños. Eso fueron dos noticias, con dos pies de foto, en dos días seguidos de la semana pasada. No pierde el tiempo y, a la de tres, se reunió con la Junta Directiva de la Federación de Peñas para colgarles medallas en los titulares de la prensa local y completar su tercera sonrisa amigable, asomado y saludando a los amigos desde todos los rincones de los periódicos de la ciudad. Y no sólo eso, el viernes se puso los pantalones cortos y los zapatos de andar por el campo y se generó otro espacio destacado con un fotomontaje oral en el que se explicaba a sí mismo cogidito de la mano de su socio De la Torre, camino de reivindicarse en Sevilla como adalid de la descentralización local, cediendo educadamente el turno de palabra a su compañero forzoso de fatigas, pero chivándole por lo bajini lo que tendría que decir, por si se le olvidara poner el acento en alguna mayúscula…

Don Juan genera más noticias que Don Francisco de la Torre. Más que el alcalde que él mismo designó a propuesta de su partido, y que el resto de candidatos que ya conforman la oposición, juntos. Tampoco tiene tanto mérito si los repasamos de forma individual: María Gámez ha vuelto a colocarse su uniforme de superwoman, o sea, la gabardina de la mujer invisible; Ysabel Torralbo se está bajando el sueldo y le ocupa mucho tiempo; y Eduardo Zorrilla debe de haberse quedado muy lejos de cualquier foco. Mientras, al de La Cala lo seguimos a donde vaya, con las pocas luces y taquígrafos que nos ha dejado la crisis tras él, para observarle asombrados, con sus miradas de archivo, cada vez más elegante y morenito y guapo de tanto recolocarse el gesto frente al espejo de los diarios de la mañana.

Este señor no es el alcalde de Málaga. Aún. Pero sí el alcaldito. El Mocito Feliz está pensando en dejar de seguir a la Preysler y Vargas Llosa y cuentan que ya ha preguntado dónde vive el político ciudadano… Ni primera fuerza, ni segunda, ni tercera: cuarta. Pero ni falta que le hace escalar más peldaños, por ahora. Con el escasito 10,37% del respaldo popular obtenido en las pasadas elecciones, puede hacer y deshacer gobiernos municipales a su antojo. Y Don Francisco, que es audaz por la experiencia -perro viejo no- está tensando la cuerda de los ocho directivos municipales irretroactivos y los cuatro exconcejales retroactivos, para ver si Cassá muerde o no. Porque ladrar, poquito. Menea la cola, eso sí. Pero yo no me fiaría. El de Ciudadanos, por ahora, le ha montado una “mesa de seguimiento” para asegurar que se cumpla el acuerdo de investidura. Lo que no sabe Don Francisco es que este es su primer montaje de dos. El segundo toque se llama montaje de cirio. Se le presume en las fotos de la prensa cuando mira de perfil.

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Estabilizantes y conservantes

Ciudadanos ha resultado ser las mititillas del yogur antirevolucionario de la España de los municipios. Donde le faltaba una chispitilla de aliento al gobierno tradicional de los últimos quince o veinte años para recomponerse ante el perroflautismo galopante, ahí han estado ellos con su muletilla para que no desfallecieran nuestros viejos guardianes. Venían los salvajes bárbaros a caballo desde Mongolia u otras revistas de parecido peor gusto, a agitarnos la representatividad y, los siudatans peligrosos de Floriano, han terminado convirtiéndose en sus salvadores. Un ejército de cipayos fieles a su 78 de caballería. Indios sin crasia, que decía Juan Cassá, el del humor blanco, en su discurso del pleno de investidura de De La Torre, sin enterarse muy bien todavía de si pasa desapercibido o se le nota demasiado que está perdido en medio de una ciudad merdellona de playa que, además, ama la poesía… el pobre, por ahí sigue abrazándose, agradecido, a quien se lo quede mirando durante más de tres segundos, entre el Guadalmedina y el Guadalhorce.

Donde hiciera falta, Ciudadanos le han puesto la calza al PSOE o el flotador al PP, para que se estabilizara el torcido Estado de Derecho, que se prometía a la deriva sin su amable y oportuna condescendencia. Se han comportado como el estabilizante E-410 de la democracia, como el espesante natural y maravilloso gelificante bien untado por sus buenas manos amigas para metérnoslo por aún no sabemos cuál de nuestros más oscuros objetivos. En nuestro caso, basta -de bastón- con observar a Don Francisco y su mejor sonrisa, que se le había congelado asustadiza en los últimos domingos y otras fiestas de pactar, de nuevo bien puesta sobre sus comisuras museísticas, para demostrarnos que votarles ha valido la pena. Qué alegría de pura goma garrofín. Todo, de nuevo, en su mismo y ajustado sitio.

Pero igual que con el pepé de Paquito, pactan con el popó de Susana, por el 90% de pensamiento en común. Eso es lo mejor del partido de Rivera y lo que yo no había logrado discernir en su discurso de campaña. Son estupendos para cualquier descosido. Como unos tacones para que lleguen de puntillas los que casi repiten victoria. Ciudadanos es un fondo de inversión de votos. Tú se lo das y ellos lo colocan donde más te convenga. Te quitas de preocupaciones. Yo, si se pudiera, les cedería mi voto a plazo fijo. Si no lo hice antes, cuando ni sabía ni contestaba, aún indeciso, fue porque temía que se decantaran por uno u otro pero así, sin ideología, es como ser del Madrid y el Barcelona al mismo tiempo, con posibilidad de pasarse al Atleti, cuando suene la flauta. Esta regeneración democrática es ganadora. De listos. Son sólo la puntita de todos los gobiernos a los que les falte un novio apañado para las duras noches de invierno, y sin ningún compromiso. Te apoyo hasta que la curva de la economía del voto me indique buenos dividendos electorales. Y moción de censura si no me obedeces o miras a otro o aún queriéndome, la oposición esté de moda según la demoscopia.

El concepto conservador se ha quedado viejo con Ciudadanos. Ellos son la conservera entera. Y los conservantes. Ácido Láctico. Quieren las cosas como estaban, pero con ellos al cuidado. Ejerciendo su control con pasión liberal o progresista, según convenga desde su nimio 6,55% de apoyo ciudadano.

No quieres un Zapata en tu vida, ¿verdad? ¡Que viene el coco! Pues ya sabes… Invierte en preferentes y abraza su naranjito.

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¡Sorpresa!

Quedan tres días y Francisco de la Torre se muestra tranquilo y María Gámez ilusionada. No sé si alguno juega al despiste o es el tercero en discordia quien nos desorienta a todos a fuerza de abrazos. El señor Cassá debe de hacer yoga. Qué temple. Se está mostrando como el mejor anfitrión de una fiesta que ni es en su casa, ni él ha organizado, ni mucho menos ha pagado. Pero qué porte tiene. Se te acerca en el jardín, con ropa asiática de la de estar fresco en tardes tropicales, y al borde de la piscina te ofrece un espumoso amable y te pregunta por tus hijos con gran familiaridad. Algo así, y con música de suspense. ¿Será el bueno que muere al final por bueno? ¿O el malo que muere al final por malo? Nos falta ese primer plano para deducir si en su mirada, o en su sonrisa, o en el brillo de su diente de oro, se atisba ese resquicio que, por compasión del guionista, se le pueda escapar y nos permita sospechar cómo evolucionará el personaje. Aunque sea para equivocarnos, al paso que nos marque, controladamente.

Yo no me he encontrado aún con personas de carne y hueso que a una pregunta concreta contesten con un enigma o un acertijo interpretable, como hacía el maestro shaolin de David Carradine en Kung Fu o Nostradamus en sus cuartetas. Pero creía en su existencia. Ahora bien, los imaginaba viviendo en Teruel a punto de tomarse un bitter kas, o más lejos. Pero en la política malagueña, tan burda, tan urbanística, tan descascarillada, no me cabían esos aires pacientes, casi intelectuales. Aunque sólo fuese por la parte correspondiente de diplomacia que aparenta esta manera de no hacer las cosas. ¡Pues ha llegado! Juan Cassá no sólo se conchavó al alcalde con un llamada y a María Gámez con un abrazo, también a Elías Bendodo y a Francisco Conejo leyéndoles un horóscopo y un mensaje en una galleta. Los ha convencido a todos de que está convencido de casi todo. Está de acuerdo con el 90% del programa de Don Francisco y de Doña María. De los dos equidistantemente. Sin mover ficha ni comprometerse a nada. Ha sido muy agradable y me ha dejado que le firme su papelito, se les oye decir a todos los que se han reunido con él por las esquinas. Pero ¿a quién querrá más, a papá o a mamá?, eso sólo se lo preguntan los responsables de campaña del PP y el PSOE, que no deben de dar crédito a lo que ocurre y que solicitan, por piedad, más explicaciones de las reuniones mantenidas a los embelesados que ya han pasado por la piedra.

Pero hay un dato más sobre la mesa, para hacer conjeturas infundadas, de esas que no tienen valor pero dan tantísimo juego… María Gámez cuenta por 15 sus 9 concejales. ¿Cómo? Suma los dos de IU para la gente, de los que probablemente no haya duda. Como siempre. Y aquí hago un inciso para aplaudir lo acertadísimo del nombre, pues sus votos siempre son para la gente, si no en su concepto colectivo, sí en lo referente a que se desprende de ellos a la mínima. Un carguito, dos sillones y tres promesas, volverán a tener la culpa. Pero la candidata a alcaldesa por el PSOE añade también en esa cuenta sospechosa de excesivo entusiasmo a los 4 concejales obtenidos por Ahora Málaga en las pasadas elecciones. Tras el peloteo transparente de Conejo a Torralbo retransmitido en directo del otro día, sobre todo. Pero el voto de Málaga Ahora lo decidirán las bases mañana jueves, ¿entonces? María Gámez se ve alcaldesa derrochando optimismo. Eso no es malo. Como Don Francisco, por su seguridad en sí mismo. Eso tampoco. ¿Y el ciudadano Cassá? Cualquier cosa que no pase porque Cassá vote a Cassá, besándonos a todos en el mismo centímetro de la mejilla, no es que fuera ni bueno ni malo, es que sería una tremenda… ¡sorpresa!

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¡Jesús!

En 10 días, se constituirán los nuevos ayuntamientos surgidos de las pasadas elecciones municipales del 24 de mayo. Será el 13 de junio cuando se decida si María Gámez o Francisco de la Torre conducirán el gobierno de nuestra ciudad durante los próximos cuatro años. A diferencia de otras formas de investidura, en el caso de la elección del alcalde, la normativa vigente no da más opciones; será el sábado, sólo veinte días después de ser llamados a las urnas.

Pues bien, de esos veinte días, ya han transcurrido la mitad y todo sigue en el aire. Don Francisco es el que menos cintura ha demostrado por el momento. Yo creo que la minoría absoluta le ha pillado a contrapié. Él lo arregló todo el mismo domingo electoral a su manera, interpretando lo que quiso y como quiso de una llamada de cortesía de uno de sus contrincantes políticos. El señor Cassá le felicitó por teléfono y Paquito se puso la hoja de laurel y la piel de oso ante los medios de comunicación. Es su estilo. Así debió de gestarse el multimillonario malentendido del museo de las gemas, de una de esas conversaciones privadas matizadas por su entusiasmo juvenil. Como cuando dio por hecho que Unicaja se haría cargo del Astoria y compartió parecido optimismo con todos los malagueños… O cuando estaba hecho lo de Caixaforum…

Mientras, como quien no quiere la cosa, los partidos de izquierda y de supuesta izquierda más votados de Málaga se han tirado piedrecitas y papelitos durante diez días para llamarse la atención y proponer sin proponerse si hubiera o hubiese posibilidad de acercamiento a través de las cinco llaves verdes de unos, el documento con 20 puntos de los otros, o las 35 medidas sobre regeneración democrática de los de más allá, y que han dejado disimuladamente sobre la mesa por si de reojo, observan que alguno muestra interés en citas, pactos, acuerdos o patadas en el trasero. Y parece que sí. El detonante fue otra vez el mandamás de Ciudadanos en Málaga que, sin pinchar ni cortar por ahora, las lía parda cada vez que estornuda. Si una llamada suya a De La Torre, llevó al candidato del PP a imaginarse inaugurando más franquicias de museos, una entrevista completita no dio menos juego: quería ser alcalde, decía el señor Cassá. Y nos lo merendamos como si hubiera pitado el himno o cualquier otra bellaquería deleznable para nuestro patrioterismo. ¿El cabeza de lista del cuarto partido se proponía a sí mismo como alcalde? ¿Qué artimaña era esa? ¿Qué tipo de estrategia? Se le ha llamado de todo y se ha quedado en “empresario asturiano que vive en La Cala del Moral con muchas ganas de ocupar un sillón”, como si alguno de esos pecados no pudiera disculparle la ambición que se le supone a cualquier político. Y desde aquel hecho casi indecente y plenamente contagioso, el segundo, tercer y quinto clasificado electoral, se miran de otra forma. Coquetean casi. Si Juan Cassá se lo planteó, con unicamente 3 concejales, ¿por qué no intentarlo con la suma de nuestros 15?, parece que se han insinuado.

Y así están las cosas, a 10 días de votarse. Por lo bajini, aún sin mirarse y menos hablarse, los del frente judaico popular y los del frente popular de judea están pensándose en lo de apostar por una chica morena, que dicen que se llama María Gámez, de la que poca gente ha oído hablar, y menos aún la han escuchado explicándose, como alcaldesa de Málaga. 15 a 13 ganan PSOE, Ahora Málaga y Málaga para la Gente, al PP de Francisco de la Torre. ¿He dicho ganan? Quería decir pierden. Según la Ley de Regimen General Electoral, los alcaldes se eligen en pleno por mayoría absoluta. O sea, en Málaga con 16 concejales. Y si nadie llega a los 16, el alcalde será el primer candidato de la lista más votada. En nuestro caso, Don Francisco de la Torre.

Ya sólo falta que Cassá, con sus 3 concejalitos, estornude. A la tercera, sí que sí, va la vencida.

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Minoría absoluta

La nueva política ya ha llegado. Me refiero a la política con minúsculas, la de los partidos. Y no a sus nuevas caras especialmente, sino a los nuevos repartos de confianza que han deparado las últimas elecciones locales y autonómicas en todo el país. Las mayorías absolutas han perdido por mayoría absoluta y hay que pactar. A ver si los políticos profesionales recuerdan cómo se hace. Porque en esto, como en todas las cosas, nos suele fallar la memoria del cortito al medio plazo. Supongo que el chip de la obsolescencia de la buena memoria humana nos lo estaremos comiendo loncheado a 1 euro en algún producto de apariencia cárnica de nuestro supermercado de la crisis, porque si no, no entiendo que hayamos olvidado que antes de sufrir los rodillos democráticos por decreto de los últimos años, también padecimos gobiernos sostenibles en minoría. Cuando Aznar hablaba catalán con sus amigos en la intimidad, sin ir más lejos (1996-2000). Antes Suárez (1977-1982) y Felipe González (1993-1996) y el último, Zapatero (2004-2011), sólo mencionando los gobiernos centrales.

Si la mayoría de los gobiernos locales y autonómicos de esta etapa democrática también se han solventado en minoría, a través de pactos puntuales o acuerdos de gobierno con otras formaciones políticas, me pregunto por qué entonces se encuentra la sociedad tan alterada con los resultados de las últimas elecciones. En la parte que nos toca, está claro, se debe al producto adobado rosa de la vitrina de la gran superficie de abajo, que huele a carne comestible. Y un poquito también a que Ayuntamiento, Diputación y Gobierno Central nos han mal acostumbrado a un mandato sin rendición de cuentas ni consultas con nadie, legitimados por la aritmética y el miedo a estar peor todavía. A que se hunda mi prima en el riesgo. A que nos rescate Europa. A que nos lleven los hombres de negro.

Tres o Cuatro años de absolutismo mayor, perdón, de mayorías absolutas, nos han encaminado hacia sentirnos acaudillados por la gracia divina, y ahora, abservándolos un poco cabizbajos por sus peores resultados, nos remueven el desamparo. Tampoco ha ayudado que el de la Junta de Andalucía no fuese un gobierno en minoría del partido más votado, sino el fruto de un acuerdo entre el segundo y el tercero en discordia: PSOE-IU. Esto que parece tan fácil de conseguir y que la prensa, tertulianos y politólogos acogen como modelo de funcionamiento previsible para teñir el mapa de España de pactos y colores afines tras los resultados del domingo, yo no me lo creo. El PSOE pudo gobernar en la Junta porque estaba IU, siempre disponible y con una larguísima nómina de profesionales del cargo de confianza que no han tenido tiempo de dedicarse a otra cosa. Pero de ahí a asignar los gobiernos a los pactos de Ciudadanos con el PP o del PSOE con Podemos, y darlos por hecho, media un abismo.

Que se lo digan a Paco, más Paquito que nunca, que se veía cassado el domingo y ahora le llega el tsunami que predijo su esposa. Cassá quiere ser alcalde y todo se puede deformar democráticamente. Él con 3, Conejo y Heredia con 9 y los siempre disponibles con 2, suman 14, por 13 del PP. Mapa rojo y Cassá alcalde. Casi hecho. Menos mal que no ocurrirá sin Gil ni la burbuja inmobiliaria de por medio. Gobernará Francisco de la Torre en Málaga, si le dejan, y en minoría. Como Elías Bendodo en Diputación.

Me encantan las minorías. Mucho más que los cambios absolutos.

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Deshojando la biznaga

En cuatro días, votamos, animadamente, al gobierno más importante de nuestra realidad cotidiana, es obvio. Digo animadamente porque del 15M, lo que nos ha quedado, tras su momento álgido y emocionante, ha sido el interés por la política. Porque el interés y el desencanto se llevan bien a pesar de lo que pueda sospecharse de antemano. De hecho es el mejor caldo de cultivo reconstituyente, diría yo. Interesadamente desencantado, por tanto, me ilusiona que me llamen a las urnas de nuevo. Y me apetece el recuento televisivo. Y preguntarme quién habrá votado al que gana, al que empata y al que pierde. Y si habré yo ganado, empatado o perdido. Si es que me cabe alguna de esas tres posibilidades, que prefiero pensar que sí. Puede que mi papel en democracia se circunscriba a mirar qué ocurre. O incluso a interpretar lo que me ocurrirá a través de la mirada del periodista o medio de cabecera personal que me lo cuente como a mí me gusta por la mañana, con más detalle, aliviando absolutamente mi ignorancia.

Hasta ahora he tenido suerte. Siempre he acabado ganando. Aunque vote a otro, que es lo habitual, a la postre y con la perspectiva del discurso de mano del que me ha gobernado, he de reconocerme mejorado, siempre. Cada vez estoy más joven, guapo y deportista. Como mi ciudad. O como mi alcalde, en este caso. Voto a otro, para curarme el corazoncito ideológico pero disfruto de lo bien que lo ha hecho quien esté al mando, que me tiene, ya casi, sin cuidado. Lo importante es participar.

Porque me dicen que observe la ciudad y que la compare con mi recuerdo de hace 20 años. Claro que he ganado. No se nota tanto cuando estoy en mi barrio. O bueno sí. Ya poco queda del Huelin de pescadores, pero el progreso me ha traído un Paseo Marítimo, que estaría reclamando si no lo tuviera, unas torres con vistas para mirar a África, de las que nos hacen más europeos, y un parque frente al mar, precioso. El resto está igual. Más viejo. Igual de sucio. Con más pobres honrados por la calle o sosteniendo su tiempo preso en bares parecidos. Es mi caso. Yo no sé cómo estarán en otras zonas invisibles de Málaga. Pero en La Opinión de Málaga, sí. Han recopilado 111 demandas de representantes de los 11 distritos de la ciudad y, tras ojearlas, dejando a un lado a los residentes en el Centro Histórico, me parece que todos nos sentimos igual de abandonados y contentos. Me ha extrañado un poco que algunos demanden la desratización de una zona de su distrito, que se asfalten otras, aún terruñas, o incluso que se lleve a cabo la red de abastecimiento de agua potable. Igual que estaban hace 20, qué digo, 200 años. Nunca peor. Y en una nueva ciudad cultural y tecnológica estupenda, que no quiere dejar a nadie atrás, como demuestran las flores primaverales en las rotondas.

Las quejas más comunes en los diez distritos pobres de Málaga son la deficiente limpieza de las calles, la escasez de equipamientos deportivos, de centros sociales y culturales, y de aparcamientos y zonas verdes. Se demandan actividades culturales y de ocio, que se pongan en funcionamiento piscinas y auditorios municipales que tras ser construídos, se han cerrado, como ha ocurrido en Ciudad Jardín o Campanillas. Y en el Centro, tan bonito, con su cartón piedra perfectamente colocado, sus solares de las heridas bien escondidas, sus grandes Museos de Babel, ¿qué reclamarán sus residentes? Menos ruido, menos terrazas, menos peatonalización disfuncional, menos actividades de ocio dirigidas a 600.000 y la madre, en fin, sólo una cosa por lo que leo: que los dejen sobrevivir tranquilos entre tanta cultura.

Aún no sé a quién votaré. Tengo que darle otro repaso a la vida de Brian antes de decidirme. Pero si se pudiera desvotar, o sea, quitarle un voto a un candidato, conmigo dejaban de contar en esa larga lista de indecisos. Rapidito.

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El Tetrapartidismo

Vivimos democráticamente a toda prisa. Hemos visto durante las últimas semanas a Susana Díaz comprometiéndose en público a ser buena chica y a que sus amigos de clase se porten mejor, los de la clase de los fontaneros, sin más eres de esto o de lo otro, ni más cursos de formación carísimos perdidos ni descontrolados, para que sus papás, de Ciudadanos y Podemos, la dejen irse al viaje de fin de curso por Andalucía, pero éstos, demasiado estrictos, por ahora, siguen sin ceder a sus pretensiones. Así que continúa compuesta, aunque afortunadamente no sin novio. A fin de cuentas -que no le salen por más que se repitan las votaciones-, descompuesta y casada, más bien o menos mal. Menos mal que lo suyo es la fontanería, porque alguno de último curso de su escuela, va a tener que echarle varias manos y muchas horas al posible arreglo que pueda tener este feo asunto. Con la de arrumacos que le hacía el señor Valderas… ¿Lo echará ya de menos? Qué pena que a él y los suyos se los haya tragado la tierra porque históricamente cedían rápido y con mucha facilidad. Un sitito para el aparato, otro para poner el huevo y a lavarse las manos, velando por los trabajadores.

Los pactos no llegan y no tenemos quien nos gobierne nuestra querida Andalucía. Esto es un sindiós, oye, y qué a gusto se está con un gobierno en funciones. Qué poco ruido hacen, ¿no?. Ahora bien -o regular-, ¿quién nos lo iba a decir? ¿quién se lo iba a decir a ella? Si le había salido la jugada perfecta con el 47, rojo, impar y pasa. Parecía. ¿No era Sissi emperatriz la que bajaba por la escalera de Palacio ante su Corte para anunciar su victoria electoral en las autonómicas? ¡No, Sissi no, Susi! Y lo que bajaba era una rampa de un Palacio de Congresos. Y respecto al séquito, era su equipo de palmeros. De palmeros-fontaneros. Hay bomberos-toreros en las plazas, dispuestos a todo por una vicepresidencia y dos consejerías, y palmeros-fontaneros en los ruedos. Pero este ruedo político en el que le ha tocado torear a Susana Díaz se le ha tornado complicado por el tema de los cabezas de cartel. ¿Pero esto no era un mano a mano?, meditará con su almohada, cada vez que vuelve con el 47-62 en contra, quejándose del PP, sin vela en ese entierro. Ella esperaba salir airosa, por la Puerta Grande pero, por lo pronto, está atascada. No cabe en sí, de tan grande que es, todavía. Los que han tenido que salir, lo han conseguido pero por la puerta de atrás, la de más atrás de todas y la más pequeñita pero, claro, encogidos y arrugados. Y no es plan. Si no la esperanza, sí es la Susana blanca. De entre los que han tenido que reducirse a la mínima expresión, dos ex presidentes, Chaves y Griñán, que serán recordados en la wikipedia por irse calladitos, refunfuñando para adentro, muy a pesar de sus planes de ponerse una casa en cualquier cementerio de elefantes de la costa. Y lo peor, sin medallas ni partidos de homenaje. Y lo peor de lo peor, señalados por un silencioso agujero negro de imputaciones sin imputar, que nadie sabe cómo acabarán. Aunque sí lo sospechamos, para su tranquilidad.

Y decía que vivíamos un año democrático sin respiro. Pues aún con el último desgobierno a medias por el toma y daca de la fontanería andaluza y sus profundísimas goteras, en diez días nos llaman a decidir otro, el de nuestra ciudad, que será completo apostando al 16 pero que, si llevan razón las encuestas y aparece la niña bonita de por medio, podría convertirse en otro parecido galimatías.

Yo, de momento, me estoy descargando los programas electorales. ¿Una renta básica en viajes de autobús y entradas para conciertos? Un momento, que me persigne. Esto promete… Otro día les cuento.

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Kilómetro Cero

Hoy, un sabio sin estudios me ha dicho que la crítica constructiva consiste en arreglar las cosas utilizando todo el cuerpo: la mirada, el hombro del otro y, sobre todo, la boquilla y las dos patadas. Asegura que se fía más de quien muestra su desencanto o disgusto, sin más matices, que del que señala los defectos del prójimo con ánimo de corregirlos, desde lo alto, a grandes rasgos, con una varita y sin tener que demostrar el buen tino de su exactísima clarividencia a nadie. Al de la crítica constructiva se le supone el acierto como el calor en la mili, me ha dicho, esperando que lo corrigiera. El filósofo, del que hablo que, de paso, me ha explicado la diferencia entre valiente y caliente, es un cocinero que a partir del estómago ha conseguido conquistarme hasta en el discurso: el que dice que hace una crítica constructiva, es un teórico peligroso, créeme… porque a partir de la experiencia no se critica, se aconseja, ha concluído. Y he decidido hacerle caso. La culpa será del Moscatel Andresito de Almargen. Pero allá voy.

La política municipal de cultura museística es un mojón. De carretera para ser fino. Aunque me cuesta no usar la mirada ni el hombro del otro para explicar lo cateta que es. Y como tengo la crítica constructiva tocada, pues alguien que guisa así el chivo lechal malagueño no puede equivocarse, hoy no voy a construir nada ni, dios me valga, aconsejar a nadie sobre el tema. Me limitaré a comparar, tan odiosamente como el regusto del buen postre que me espera, me permita, el enorme punto kilométrico de la 340 que es como considero a esa cultura delatorreriana, con el buen paso que está tomando el aprecio a la gastronomía malagueña en los últimos tiempos.

He oído que Don Francisco, poco harto aún de ponerse museos en sus propiedades de monopoly, planea comprar otros cuantos durante su próximo mandato. Perdón, alquilar. Amenaza con un Caixaforum. En contraposición, hoy asisto a un magnífco evento “Málaga Gastronomy Festival”, orgulloso de que los mejores chef de la provincia hagan gala en sus recetas de nuestro excelente producto local, de que se introduzcan poco a poco los vinos malagueños, de que nuestra tradición culinaria se esté convirtiendo en un valor añadido en la oferta de la restauración de la provincia, etc… ¿Quién me iba a decir a mí hace unos años que, de tapeo, me fuera a encontrar con los apellidos de las comarcas en los platos?: tal y cual con naranja cachorreña del Guadalhorce, con aceite verdial de la Axarquía o con queso de cabra malagueño. A mi lado, acaban de pedir “un riojita de Ronda”. El vello como escarpias.

Y estos primeros pasitos de alegría gastronómica local, ¿quiénes los han conseguido perpetrar? ¿Son los turistas los que nos han marcado el ritmo o serán los propios malagueños, en su día a día, los que convertirán este proceso paulatino en algo natural? Paco de la Torre no cree que se necesite de ese impulso ciudadano para llenar sus museos, supongo. A él le surgen aficionados a los cuadros por generación espontánea, le hacen cola desde la Unión hasta la Carretera de Cádiz, pasando por El Palo, hasta cubrirlo de gloria en las fotos del Pompidou.

Hay una gran labor por parte de Diputación y de la marca Sabor a Málaga detrás de esta puesta en valor de nuestra cultura gastronómica, ya que han sabido orientar el proceso lógico, encaminado por la ciudadanía, sin atajos ni prisas. Pero, por supuesto, hay que reconocer también el esfuerzo y el trabajo bien hecho, durante tantos años, de muchos héroes anónimos. Sería injusto olvidarme de Fernando Rueda, de la Carta Malacitana, del Consejo Regulador de las DO malagueñas, de la Asociación de Criadores de la Cabra malagueña, etc…

En cambio, pagar una millonada a los mejores cocineros del mundo para que pusiesen un restaurante en la ciudad, habría sido un error. Perdón, sin acritud ni crítica constructiva, habría sido un mojón.

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A los grandes museos se va en bicicleta

Estuve el otro día en Hacienda porque se me había caducado el virtualismo digital al que me obliga Montoro para mantener correspondencia conmigo y con mi inmensa fortuna. Fue un trámite lento y personalísimo que me indignó la mañana, así que de vuelta, con el sello puesto y algún suspiro más alto que otro demandando la complicidad de los que me acompañaban al soslayo, esperé desarmado de paciencia a que me recogiese el autobús de mi barrio.

La parada de la Empresa Malagueña de Transportes dispuesta junto al edificio de Hacienda es un buen lugar para acoger a los indignados de los procesos burocráticos porque la recorren ciclistas, a los que se puede criticar o suspirar fuerte en la oreja para calmarte, pues suele ser gente sana y pacífica, que no contesta a los desaires. Esto ocurre porque entre la parada y el potencial bus que te recogerá, discurre un carril bici que atraviesa todo el cabreo producido por lo acalorado del momento y la molesta sensación de sentir que has acabado perdiendo la mañana. Miras al suelo y compruebas que llevas sucios los zapatos y que, además, pisas un carril de ecologistas mal puesto por causa del ayuntamiento y su lumbrera de la movilidad. Lo peor parte del despropósito, desde el punto de vista ético, hay que asignársela al deportista, claro, que pedalea por derecho y no se aparta, sólo por eso. Sigue en su carril sin tener en cuenta la volutad democrática de la veintena de usuarios que se preparan para que llegue el autobús, pasen la tarjeta en fila disciplinada y corran a ocupar un asiento libre, camino de Huelin, y que, sin duda, votarían que el ciclista se saliese de su camino para no incordiar y rodease la parada, con cuidado de no atropellar a nadie, si optase por cubrir la retaguardia, o de no ser atropellado, si decidiera convertir en deporte de riesgo su paseo por carretetera. ¿Pero no son tan ecologistas y tan modernos y tan jóvenes y tan cívicos? ¡Pues entonces!

La línea que sí suele serlo, no fue puntual con lo que tuve tiempo de hacer de serpiente multicolor con la cola del bus, incluyendo su mal de ojo, cada vez que pasaba otro descontaminante usuario de las bicis de alquiler municipales, y así, hasta que le tocó llegar pedaleando, torpemente, como una gacela asustada, a la nueva amiga de mi vieja amiga, la joven delicada de Sevilla que se ha trasladado a vivir a esta perfecta ciudad de la cultura y los jardines, ideal para leer en algún paseo marítimo, al fresco, novelas de autores americanos de culto de los que me sé una retahíla de nombres para darle conversación. Y se detuvo a charlar conmigo. Me ha contado que en Sevilla tienen 243 kilómetros de carriles bici y que lo usan a diario 72.000 personas. Como aquí, casi. Aquí tenemos 29 kilómetros. Aunque he leído que en dos años, están previstos otros 70 kilometrazos… ¡Yuju! Las comparaciones son odiosas pero os susurro que en Sevilla están aprobados, para el mismo periodo, 2015-2017, 240 kilometritos más. Y aquí, por ahora, no lo usan tantos miles de personas, pero sí todos los jóvenes modernos que incordian por delante de la parada del edificio de Hacienda. Un montón y algunos puñaditos más. Como le dije a Macarena, que así se tenía que llamar, es que allí tienen un clima y un pedazo río, que aquí no tenemos. Pero que yo la acompaño, que yo sí estoy en la onda y soy asiduo a eso de darle pedales. Y mañana he quedado.

Por eso estoy aquí. Con la tarjeta nueva de esto de las bicis, viendo por dónde. Esperando a que nadie me mire para hacerme con una, salir huyendo y averiguar si es cierto eso de que nunca se olvida. Porque, digo yo, que aunque no lo recuerde, en algún rincón de mi infancia, alguien me enseñaría a usarla. ¿Habrá bicis municipales con dos ruedines? ¿Aguantará, en todo caso, mi peso?

Ya veremos.

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