Más ricos si hay pobres

Creo que estoy contento. Si el saber y la felicidad tienen algo que ver, lo estoy. Aunque la causa no es tan afortunada y por ahí se contonean las dudas que me impiden afirmarlo con la rotundidad que desearía. Me explico. Hasta esta última semana, en la que la retahíla de buenas noticias económicas sobre Málaga me iluminaron, no conseguía entender a los proselitistas de esa supuesta mejoría económica que nos envuelve. Me refiero a los eruditos augures ya casi afónicos de tanto gritarnos durante tanto tiempo que estábamos llegando a este punto de inflexión en el que ya sí, tocando madera, nos encontramos, y que hemos ido usando como monigotes de nuestros mejores chascarrillos a costa de sus brotes verdes. Hasta hoy, que empiezan a ganar la partida de su razonamiento con datos y no sólo con indicios o tendencias partidistas.

De hecho, ya se ve a alguno de los científicos comiéndose esos brotes, bien masticaditos, en ensalada para reprocharnos con aires de superioridad vegetariana las pocas luces que le achacábamos por no ser capaces de vislumbrarlos nosotros solos entre tanto muérdago y, sobre todo, el escaso crédito concedido a sus exactísimas previsiones. Menos mal que los premiarán pronto los mismos nuevos viejos de Lehman Brothers. En definitiva, el auto de fe con el que requerían nuestra atención se fue para siempre a cambio de titulares elocuentes como estos de la última semana que por sí solos, dan y quitan razones. Por ejemplo: “la firma anual de hipotecas repunta por primera vez desde que comenzó la crisis”, según el INE en referencia al pasado ejercicio, 2014, y eso a pesar de que “Málaga es la provincia andaluza con la vivienda libre más cara” constatado por el Ministerio de Fomento. Estos números avalan la teoría de la recuperación, casi conspiranoica hasta hace bien poco, como estos otros, igualmente expeditivos:“la venta de vehículos se dispara con una subida del 52 por ciento en febrero”, según la Asociación Malagueña de Automoción, comparando la situación del mes pasado con la de febrero del año anterior. Es más, en el acumulado del ejercicio anual, el avance supera ya los 36 puntos. También han mejorado las exportaciones -“la exportación agroalimentaria y de bebidas crece en Málaga un 23%”, en 2014, según la Agencia Andaluza de Promoción Exterior-, como sucede con el emprendimiento -“Málaga supera la media de densidad empresarial”, con 67 firmas por cada mil habitantes, mejorando el dato nacional (66) y andaluz (55), según la CEM, o “Málaga registra 100.000 autónomos, una cifra similar al año previo a la crisis”, como puso de relieve el presidente de la Diputación Provincial, Elías Bendodo, destacando un estudio de la Oficina Provincial de Inversiones-, y así podría seguir enumerando alegrías macroeconómicas en los titulares de la prensa hasta concluir inventándome el paisaje de mejoras en el que subsistimos.

Pero el problema no son los titulares, sino los suplentes. Ya decía que me sentía contento por acostarme sabiendo algo nuevo: que la economía aunque afecta, no trata a la pobreza. Se puede dar el caso de una ciudad rica en recursos, empresas, PIB y demás indicadores inhumanos con muchos pobres en busca de superar el umbral ese que los desahogue un poquito de su mal, casi crónico. Por eso miro a mi alrededor y entiendo lo bien que vamos, a pesar del 30% de excluidos. Ahora lo comprendo, por fin. Qué alegría y qué tristeza. Málaga va bien y un tercio de los malagueños muy mal. Y así pueden seguir, ab aeterno, en progresión aritmética.

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La Pesadilla

Ayer me entretuvo el debate televisivo sobre la convalecencia de la nación. Qué bien me lo pasé sin saberlo. Me di cuenta de lo que me había gustado, ya por la noche, en diferido, cuando se me repetían machaconamente las dudas, como si fueran ardores. Supongo que a esto le encontraría mejor metáfora que yo la señora Cospedal, experta en dar explicaciones, hasta de los pagos más inverosímiles, en riguroso directo. Pues ayer, eso hice, me senté a escuchar lo que más tarde, sin proponérmelo, como digo, se transformaría en este auto de fe, del que hoy les escribo.

Al primero que oí fue a Rajoy. Y con él hubiese tenido bastante. De hecho, del resto, intentaré hacer oídos sordos si los escrúpulos me lo permiten. Mi presidente torturó los datos macroeconómicos en su exprimidora fricativa silbante cuidadosamente y consiguió liármelos tanto que no me enteré de lo bien que íbamos hasta que me lo explicó la almohada a media noche. No voy a asegurarles que ya sé por qué Mariano Rajoy se muestra pletórico ante la buena marcha de nuestra ruina en vías permanentes de extinción, ni si son sensaciones o probetas las que maneja cuando se esconde en su Moncloa a valorarlas, lo que sí me atrevo a afirmar es que, recapacitando ante esas dos páginas diarias que preceden mi sueño a pierna suelta, decidí anoche mismo tomar parte por la opción que más me convenía y descansar. Entre rendirme a la confianza ciega que me exige la versión optimista de Mariano o sucumbir al absoluto desánimo que me despierta sobresaltado cada noche por las deudas potenciales del futuro a medio plazo, elegí la versión del gobierno. Un valium. Para adentro. Glup. Y si monta una secta, también me inscribo. Porque dio en el clavo. Dijo: se acabó la pesadilla. Y a mí me conquistó. Y lo digo oteando el horizonte aún en busca de esos brotecitos verdes que empecé a buscar cuando miraba angustiado a cuánto estaba la prima de riesgo.

Sí, creo firmemente que la pesadilla se acaba porque no tengo por qué dudar del presidentev -ay, que me ha dado un tic (tac) raro al decirlo- o, si no, por ejemplo, porque si ha sido capaz de intentar hilar un argumento de éxito en su gestión durante el Debate del Estado de la Nación sin que se haya abierto la tierra ni producido un terremoto, lo veo ya capaz de cualquier cosa. Mirando a Albacete canturreo, de a gustito que me he quedado al afirmarlo.

Hoy veo a Rajoy de otra manera. Lo imagino diciendo graciosamente gracias en mi puerta y se me pone de punta más allá del vello, o tomando el café beige más moderno que he visto jamás, de cháchara con sus distendidas personalidades de confianza, como en los anuncios del PP, preocupado el pobrecito porque no ha sabido explicarle al ciudadano su buena gestión y desde aquí le doy ánimos para seguir intentándolo, sin pedirle, por supuesto, que sea fuerte, para no levantar suspicacias. Tan mal se han explicado que ninguno entendimos que no apoyasen la propuesta de la ley de segunda oportunidad de IU ni tampoco la de UpyD y ahora sea su bomba estrella social, anunciada en el debate para rellenar un titular de la Razón o el ABC, supongo. Bueno, no exactamente. No era raro que no la votasen entonces. Lo que atolondra y paraliza es que ahora se hayan descolgado con algo parecido. Bendito sea. Y para acabar de agradecer, los dos minutitos dedicados a hablar de la corrupción. O sea, de la anticorrupción. A mí me ha venido bien para no recordarme quién soy, ni de dónde vengo, dignamente.

Recuerdo la foto de Rajoy en la puerta de las oficinas del INEM, prometiendo que acabaría con el paro, la que se hizo antes de las últimas elecciones generales. Hoy en el Congreso yo he visto otra: sentado en esa misma oficina, atendiendo a un ciudadano y dándole las gracias por aguantar otro par de añitos hasta que crezcamos al 3 o 4%. Qué razón has tenido hoy, Mariano. Es patético.

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Ni Zerolo lo arregla

El SOE. Voy a hablar del SOE. Ahora que son ya casi la leña que no se debía hacer del árbol caído, voy a recoger una ramita, del laberinto del jardín en el que se han metido, para poner una lanza a su favor y desearles suerte. Corre que te corre. Antes de que se extinga del todo su aliento, ay, madre mía. Casi me dan ganas de persignarme al mencionarlo en mi rinconcito lastimero de las siglas marchitas, qué nostalgia. Cuánto será mi desánimo de corazón partido que me chorrea enterito su recuerdo, como un michelín pasado de mantequilla que desde las caderas gotea en mis pantorrillas –perdón por el pareado pero se hacía necesario por su mugre- y, por más que me empeño en recogerlo de su charquito pringoso, no consigo abarcarlo del todo para untármelo de nuevo en esa fe que me movía las montañas. Más quisiera. Maldito Blandi Blup, que me confirmó la existencia de texturas incuestionables para mis flotadores.

El SOE para siempre, el que se zampó a la UCD, era un salvavidas que se empezó a acabar, también para siempre, con los casos de corrupción a la carta que convirtieron a Felipe en el consejero atrapado en la puerta giratoria de la cabina de José Luis López Vázquez, de la que aún no ha salido. Y de las cenizas de aquellas chaquetitas de pana bien dobladas, estos tristes lodos. Pasamos al bipartidismo para siempre, que Pedro Sánchez lleva camino de erradicar, también para siempre. Aunque no será recordado como el protagonista del desastre pues, como Teruel o Borrel, de aquí a la esquina del olvido en un santiamén (perdón, perdón, me salen solos).

El Partido Socialista, PSOE para los íntimos, se hizo el harakiri por el buen talante del estadista Zapatero. Ese sí. Y en aquel ritual de mártir de la democracia le salió inesperadamente la UCD por la barriga, como al lobo la abuela en el cuento de Caperucita. Pero esta Caperucita Roja de Zapatero dejó de ser Roja de inmediato por las exigencias del guión de la crisis y, en cuanto a la abuela, comprobó sorprendidísimo, que era igualita que la señora Merkel con un plan de austeridad bajo el brazo. En aquella tesitura de Zapatero junto a los hombres de negro enviados por la alemana, descubrimos que lo del pipí de colores en la piscina era verdad. A ZP se le vió el marrón incontinente fluyendo a borbotones sin parar desde la reforma del artículo 135 de la Constitución. El que Pedro Sánchez votó, insinuó eliminar, horas después dijo que reformaría y que finalmente dejará como está porque nunca será candidato a presidente en unas elecciones generales y mucho menos a ganarlas.

Decía que tiene mérito persistir en el PSOE y habría que reconocérselo a los que lo resisten. Eso de vivir en plena contradicción con los propios ideales por “cuestiones de Estado” permanentes, menuda cadena perpetua, espero que revisable. De izquierdas, republicanos y federalistas, nada más y nada menos. Qué esfuerzo contra natura por esa obediencia debida a no se sabe qué interés común e inevitable del que ellos saben tanto.

Y mientras, Sánchez ha dado el golpe de gracia al partido en Madrid, totalmente a la desesperada, intentando recuperar a la fuerza un crédito imaginario, en el que ya muy pocos confiaban. No le ha importado ningunear a la militancia para derribar a dedo al elegido en primarias. Y Zerolo, que afortunadamente disimula peor que los demás lo de ser de izquierdas y progresista se propone de candidato a unas nuevas primarias. ¡Pero si ya se han hecho! ¿Se repiten hasta que valgan? ¿A quién?

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Pescafruta Molinillo Museum

Estaba ayer dando una vuelta por la que será la ciudad de la cultura y los Museos del Sur de Europa, a poco que no sujeten a nuestro alcalde o lo entretengan con otra cosa, cuando, casi sin darme cuenta, me hallé tomando un refresco en uno de los rinconcitos donde más me agrada perder el tiempo, incluso cuando mil cosas sin acabar me acechan. Supongo que ya sospecharán que he escogido un lugar cuidadosamente despeinado para demostrarles lo rarito y cultureta que soy, como quien no quiere la cosa. Como vivo en una ciudad de gañanes intelectuales de la política turística a la carta, muy poco leídos pero finos y educados a partes iguales, me senté en este bar con tanto encanto, como por bendita casualidad, para mirarles por encima del hombro mientras escribía y les soltaba con disimulo inocente, entre trago y trago, algún que otro mandoble, con sutileza. Pero se me hace difícil. Se está tan a gustito aquí, que se me contrae hasta la mala leche.

El bar del Mercado del Molinillo, adosado a su lateral izquierdo por una fina película de olor a pescafruta, se llama Los Pinchitos, y aunque nunca los he probado allí, le halago su buen nombre, malagueño de barrio, más que de interior, visceral y con casi un peine al bolsillo colgando de cada puntito de sus íes. En la barra se apoyan basureros y artistas flamencos, como es mi caso, y vecinos del barrio a los que la vida ha tratado bien o de cualquier otra manera, para tomar el desayuno y más tarde el vermú, acompañado de una tapa que el dueño saca de la cocina sin dar razones ni quitárselas a nadie. Si no han estado, yo los traigo. Es perfecto, como lo imaginan. Lleno de sabor dulzón arraigado, pues a lo largo de sus varias décadas de existencia lo han cambiado varias veces de ubicación pero sin moverlo nunca de su sitio: el Mercado de Salamanca.

El Mercado que lo lleva puesto es BIC. Bic naranja o Bic cristal para sus ineptos propietarios que lo desprecian desde el Ayuntamiento. En uno de sus 45 puestos abandonados a su suerte por los montamuseos de turno, un pescadero, cargado de paciencia, desmonta, cada mañana, enormes cabezas de pez espada para sacarle las carrilladas y rebaña las raspas de grandes esqueletos de atunes imposibles. Luego le compro, que no me quiero entretener y voy al fondo del asunto: esto sí que es cultura.

El Mercado del Molinillo podría tener muchos defectos: podría ser feo, el pobre. No tener ningún valor arquitectónico. Podría haber pasado por la vida de color gris desapercibido. No tener historia. O lo peor, no tener vida, ni puestos, ni olores, ni clientes, ni esqueletos de atunes, ni vermú. Pero eso no le pasa. Está sano, vivito y coleando. Declarado Bien de Interés Cultural de una solapa e inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz de la otra. ¡En una ciudad cultural y museística!¡Paquito, hombre!

Pues se nos cae. Literalmente. A cachos y a chorros. Se caen hierros del techo, se rajan las paredes, se despegan los azulejos. Los aseos están sucios, tiene goteras… ¿Por qué ese agravio comparativo con otros mercados municipales de la ciudad? Porque no está en el Centro Histórico de cartón piedra para turistas que tanto gusta al gobierno municipal sino dos calles más allá. Son las heridas abiertas de la patada en el trasero de 2016. ¿Nadie puede convencer a De La Torre de que invierta en un Museo de Fruta y Pescado en el Molinillo? Sólo un millón. Cuarto y mitad de cualquiera de los suyos exitosos o desistidos. Me temo que lo peor que le ha podido pasar a nuestro querido Mercado neomudéjar de Salamanca es que lo declarasen Bien de Interés Cultural porque así, mientras la ruina lo arrasa, las diversas instituciones protectoras a nivel local o estatal, pueden culpar a la otra de haberlo dejado morir. Don Francisco, que el asesor del que usted tanto se fía no es sastre, es nudista. ¿No le contaron ese cuento?

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Museo no Pompidou 2021

Dijo ayer el alcalde que su proyecto del Pompidou es barato. Y lo comentó durante un Pleno sin documentación ni explicaciones suficientes pero que cumplió con su objeto ejecutivo, que consistía en aprobar un incremento presupuestario de 1,89 millones de euros en el coste de las obras. Él no entiende que haya malagueños que no vean el asunto con su clarividencia. El Pompidou es una joyita sin parangón en sus manos de coleccionista experto y cueste lo que cueste, considerará que vale la pena anunciarlo en los touroperadores. Así lo explica sin medianías, por si nos cabían dudas o nos inmovilizaba la ignorancia: “no existe en España ningún proyecto de esta envergadura que haga más por menos”. Este argumento suyo vehemente y poseído por la verdad más peligrosa, por absoluta, se complementa con una conclusión que parece haberse hecho a toro pasado, cosechado el éxito y repartidos los abrazos. Dice: “En lo ecónomico hacemos un esfuerzo muy moderado con un resultado extraordinario”. ¡Cáspita! Lo que tiene el alcalde es otro ataque de fe ciega de esos que cada vez sufre con más frecuencia. Tanto es así, que no habla de magníficas expectativas sino de “resultados extraordinarios”. Y eso, tras lanzarse a unas obras sin permiso, haber convocado un concurso de servicios acortando los plazos hasta hacer imposible su cumplimiento, y haber calculado el coste de las obras por debajo de su precio. O sea, con prisas.

De la Torre afirma que el Centro Pompidou es un proyecto barato. Un “proyecto de prestigio que permite poner a Málaga en boca de todos por su relevancia”. No quepo en mí, de acuerdo e identificado con su estado de euforia. El primer Centro Pompidou fuera de Francia, en Málaga, dice mucho y bueno de nosotros, al menos en principio. O los hemos engañado, con lo que seríamos más listos que ellos, tierra trágame, o damos el pego como ciudad mucho más atractiva de la que asumimos, de cara al exterior. ¿Qué habrán visto los responsables del Pompidou en Málaga? ¿Previsión, futuro, planificación, seriedad, ganas, oportunidad? Creo que ofrecemos una oportunidad. La ofrecemos y la necesitamos. Y se me ocurren dos formas de subirnos a ese tren: una, dejándonos el alma a toda costa para que no se nos escape, dispuestos incluso a improvisar una carrera o dos, o a pagar el billete de quien se cruce en nuestra vía libre o, dos, mirando en el ticket la hora, el andén y el vagón y subiendo a su momento, por el lugar adecuado, despacito y con los deberes hechos. Y, ¿por qué será que en este asunto me siento siempre con la lengua fuera? Por ejemplo, el Pompidou de Málaga es el único Museo que conozco con dos nombres distintos, según en qué ciudad se hable de él. Si es aquí, se llama Centro Pompidou Málaga. Si es en cualquier otro sitio del mundo, Centro Pompidou Provisional Málaga. ¿No queremos recordar que es una sede provisional? Esa idea nos impone llevar esa lengua fuera otros cuatro años, como mínimo. El Pompidou sí pero después del Pompidou, ¿qué? ¿Dónde está el proyecto de futuro que lo sustituya? Una inversión permanente puede ser barata, según qué criterio pero, ¿con fecha de caducidad también? Cero euros de gasto para un agujero donde hubo un gran museo, ¿no es carísimo?

Don Francisco dice que el Centro Pompidou Provisional de Málaga nos sale barato. Baratísimo confirmo. Está tirado a cinco o, a lo sumo, diez años vista. Tirado y echado a bajo, vamos. El Pompidou, bueno, bonito y barato, sí. El que nos sale caro es él. Don Francisco de la Torre es un lujo muy caro para una ciudad tan pobre, me parece. Como los buenos vinos. Más y más caro con la edad. A ver si no vamos a poder permitírnoslo. El Pompidou, digo. Al menos el Pompidou, decía, ya casi susurrando y con miedo a ser aún, dios me libre, peor pensado.

Susana Channing

Susana Díaz impone. Tanto, que lo digo encogido. Qué mujer. Qué animal político. Hacía tiempo que no me ocurría que pensara en algún responsable de gobierno y no me diera rabia ni risa. Pues la encontré. Con ella no me pasa ninguna de esas cosas. Me imagino coincidiendo con Susana Díaz en un ascensor y aprendiendo de memoria el peso máximo aconsejable, la dirección de la empresa y el teléfono de urgencia en caso de averías. Cualquier cosa menos darle opción a debatir sobre el clima o la hora, tartamudeando. De hecho, si me dieran a elegir algún tipo de relación personal con ella, el destino no lo quiera, elegiría desconocido íntimo de toda la vida, para no tener oportunidad de enfadarla en el exceso de confianza ni, por supuesto, de defraudarla desde la bancada de enfrente como contrincante de oficio pseudoideológico. Toco madera.

Hoy he visto la foto de los tres ex consejeros ninguneados y parecían bomberos toreros. Qué pequeñitos. Se les ha quitado la cara de señores ministros de un plumazo y ahora dan ganas de abrazarlos para darles consuelo. Poco más se podría hacer por la izquierda unida que lo apostó todo a caballo perdedor y que de tanto planificar cómo estar sin estar, se han encontrado al otro lado de la valla reclamando por la contundencia del puntapié recibido en su desorientación. Qué dolor en los entresijos del esternón, por donde la humillación deja un hueco a la colita. Ahora se están borrando, sin hacer ruido. Para ver si la ciudadanía se olvida de dónde estuvieron de aquí a dos meses. Pero está difícil, sobre todo por la camiseta del tachón en el pecho que usan para distinguirse o expiar culpas según convenga explicar lo de la pinza o el reparto de sus cargos y confianzas.

Pero impone. Ya lo dije. Vaya órdago de Susana Díaz. Todo al 22. ¿O mayoría absoluta o qué? A IU los ha dejado en Liliput sin barco de vuelta ni enseres, para que se tengan que subir a un cocotero si quieren alimentarse, y el PP, es cierto, no arranca con su Pedro Sánchez andaluz a la cabeza, Juanmita, que ni chicha ni limoná, qué le va a hacer el buen muchacho, si no tira… Pero, aún así, la encuesta más favorable, deja al PSOE a cinco puntos, a casi medio millón de votos, del objetivo de mayoría suficiente para gobernar en solitario. Y si no, ¿con quién? ¿A volver a la isla con collares para rescatar a IU? Impone, sí. ¿Cuál será el plan? Queda Podemos con su 15% como único tesoro, ya que aún no se han puesto en marcha, ni tienen programa ni candidato en Andalucía.

Pues eso va a ser. Qué lista. Para persignarse. En un año que le quedaría de legislatura, ¿cuánto avanzaría Podemos y a costa de quién? Ese 39% actual del PSOE, bien calculado, puede ofrecer el mejor resultado posible para su formación de aquí a un año, la legitimaría por fin, habiendo pasado por las urnas, y le dejaría margen suficiente para otear el horizonte de aquí a las Elecciones Generales previstas a finales de año, por si pasa el tren y se sube o, según vea, le saca el pañuelo hasta la próxima. Y si las encuestas no las tienen todas consigo en cuanto a que consiga la mayoría absoluta, sí le indican que IU, PP y Podemos estarán en su peor momento. Susana Díaz no ha contado sus votos ha restado los de sus oponentes. Segura de sí misma, estratega, inteligente. Sin casarse con nadie. ¿Y si la jugada le saliera mal? ¿Y si Podemos vuelve a superar las previsiones? ¿Susana tendrá plan b? ¿Qué haría Ángela Channing? ¿Lo impensable?

¿PP y PSOE juntos? Susana Díaz lo haría posible. Sólo ella sin risa ni rabia. Y, no lo duden, sin despeinarse.

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Incansable

Los “asuntos técnicos” del alcalde no lo han dejado tranquilo durante los últimos días. Menuda semanita. Menos mal que está joven y fuerte. Bueno, si no joven y fuerte, con muchas ganas e ilusión. Susana Díaz no tuvo compasión de su posible crisis de los 60, digo de los 70, aunque yo sinceramente creo que a sus 72 años, ya la habrá superado. Su próximo reto, la de los 80. A ver si para entonces, desde la butaca del descanso merecido, contempla con orgullo el desmantelamiento de su Pompidou provisional, con los “entre 4 y 5” patrocinadores fantasma llevándose el proyecto a otro sitio. Ojalá que pueda sacar pecho y que a partir de los 78, ya jubilado, cuente las mejores batallitas a sus nietos -ya talluditos, supongo-. Se lo merecería. Y nosotros más. Lo que no podrá hacer ya, eso seguro, es darle 150 pesetas para ir al cine Astoria como hacía conmigo mi abuela. Porque ya no es moneda de curso legal, ¿por qué si no? Afirmaba la presidenta andaluza que “una ciudad que mira al futuro se merece una alcaldesa que tenga presente y futuro” y no puedo quitarle razón ni pasar por alto que a ese planteamiento de alcalde perfecto habría que añadirle la dosis de experiencia suficiente para dar medida a esos nuevos retos. Añadía Susana Díaz que “Málaga es un lugar con tanta potencia, posibilidades y oportunidades, que necesita pasión, garra y que no pasen los días porque ya se sienta cansado quien está al frente de la ciudad”. ¿Cansado? ¿Don Francisco? Pero, ¿quién habrá informado a la presidenta con tan poco tino? Abuelete, vale, como golpe bajo descuidado pero, ¿cansado? ¿De la Torre? Sencillamente eso no es cierto. Ojalá.

Contestó nuestro alcalde a tan infundada aseveración afirmando que “si la presidenta de la Junta tuviera la curiosidad de saber a qué dedico mi tiempo, que lo puede hacer porque publico mi agenda cada semana, podría ver claramente que una persona cansada no puede hacer la agenda que yo hago”. Y cualquier malagueño adicto a un acto público con o sin canapés corroborará esas palabras. Don Francisco tiene la agenda más absurda que quepa imaginar. Un sinsentido. Llega, saluda, improvisa unas palabras acerca del acto en cuestión y el próximo entremezclados, cambiando el título del libro, la calle, la fecha o el cargo, con mucha dignidad, eso sí, y se va al trote a meter la pata en el siguiente sitio. Un no parar con la lengua fuera de sus asesores por corbata y él tan fresco.

Pero decía que no había sido una buena semana para nuestro alcalde incansable porque “cuestiones técnicas” retrasarán dos de sus proyectos estrella de pre-campaña. Ni el Pompidou ni el Mercado Gourmet de la Merced apuntan a que estén a tiempo para que el alcalde llegue, salude, haga un discurso improvisado con errores y se vaya corriendo, en la fecha prevista, o sea, en marzo. Puede que sí en abril. Pero sin opción a ninguna torpeza más, lo que resulta difícil de imaginar repasando el modus operandi de esta corporación en lo referente a obras, permisos y licencias. Y si complicado lo tienen por las prisas en las adjudicaciones de los concursos en el Museo, con el Mercado, ni les cuento: con la Junta hemos topado. El primer dictamen de la Consejería de Cultura ha desesimado el proyecto por «no considerarlo adecuado» con el entorno monumental del Teatro Cervantes ni de la Casa Natal Pablo Picasso. «Lo que hay ahora mismo tampoco es una maravilla», suspira Francisco de la Torre… Vaya semanita, pobre. Dicen que el pasado lunes fue el día más triste del año. El Blue Monday se le debió atragantar al alcalde. No me extrañaría que al final me lo cansasen. Exhausto. Como el burro del gitano…

El regalito

Me habéis pillado frotándome las manos. Y es que acaban de irse los reyes magos con su estrella bajo el brazo, pero han llegado los reyes de la democracia, o sea los que mejor viven de ella, mis políticos gobernantes, cargaditos de urnas y regalos. No sé de dónde habrán sacado el dinerito para tanto dispendio repentino, de qué manga -de remangar, no de mangar, malpensados-. ¿Y la austeridad? Vale, vale… me callo, no sea que me oigan y se arrepientan. ¡Que viva el despilfarro!, y lo exclamo flojito, qué remedio, pero con mucho ánimo de saltar y unas ganas profundas de… de… que se me saltan los vellos y se me apuntan las lágrimas. Que alguien me pellizque. ¡Qué dadivosos que están y qué guapos con sus trajes nuevos! Para que vean lo malvado que es el vulgo votante, tanto maldecir, tanto barruntar sobre nuestros representantes legítimos, servidores fieles y lo bien que se van a portar ahora. Espero que tanta generosidad como la que han desplegado desde que volvieron de sus vacaciones, tape algunas bocas de paupérrimos indignados y los aleje del despiece mordaz al que los hemos sometido desde que vinieron a abrazarnos en las últimas elecciones. El rey Paquito, la reina Pastor y el rey Vargas desde su cabalgata democrática de regalos nos traen tanto y tan inesperado…

Para ser ecuánimes, lo menos sorprendente ha llegado del alcalde de Málaga y sus museos, quien nos traerá de aquí a marzo -toco madera- el de las joyas, digo el ruso, perdón, qué lapsus, y el Pompidou -sí, ya sé a qué suena, a mí tamién me pasa-. Pero puestos a alargar la lista de regalos tontos -eso de: me han regalado un ordenador, sí, y una armónica, y un par de calcetines, y una pegatina de Bob Esponja, y un poema manuscrito de mi hermana)- nos traerá también obras suficientes para no colgarlas todas artísticamente sino alguna, también, levantando el pavimento de los alrededores de la Catedral. Aunque el 75% de la peatonalización del entorno correrá a cargo de la Junta, se lo otorgo a Don Francisco para que parezca multiversal, como cualquier alcalde de otro mundo, capaz de gestionar varios temas y no dedicarse sólo a uno en absoluto. Y me persigno porque me cuentan que ahora, pillín, le ha dado por los mercados gourmet, verás.

La reina democrática Ana Pastor ha sido más impactante con sus regalos preelectorales dese el Ministerio de Fomento. Ayer, de visita en la ciudad, se trababa con la retahíla de obras abandonadas que prometió retomar, la mayoría sin fecha de inicio ni plazo de ejecución pero, ¡y la ilusión que nos hizo! Fíjense, auguró: un “estudio informativo” para llevar el Cercanías a Marbella y Estepona; un nuevo concurso público para la “búsqueda de socios” que posibiliten realizar el anillo ferroviario en Antequera; una “firme apuesta” por retomar el tren litoral; la intención de abrir el AVE Antequera-Granada a final de año “si no hay ningún problema técnico”. O sea, todo y nada al mismo tiempo y sin ponerse colorá.

Pero el mayor regalo-promesa del nuevo año nos lo trae el menos rey y más demócrata de todos. O sinceramente él se lo cree. José Antonio Vargas, el nuevo secretario general de Podemos en Málaga, un dechado de paciencia, reflexión y planificación de estrategias políticas. Por ahora se dedica a opinar, desde un punto de vista personal, olvidándose de lo que representa. Parece que se trata de un ser puro y cristalino que ha descubierto sus cartas a las primeras de cambio porque no ha estudiado ciencias políticas en la complutense y porque le ha apetecido. Sabemos de su boca que: quiere concurrir a las elecciones, preferiblemente desde Ganemos 2 y dejar gobernar al PP antes que pactar con quien hace recortes en el gobierno de la Junta (PSOE e IU). Es un libro abierto. Esto es lo que nos ha traído de regalo. A sí mismo, sin ambages, de arriba a abajo. Ni siquiera le ha hecho falta matizar su discurso con lo que opinen sus bases, de abajo a arriba. ¿Tendrá prisa o clarividencia?

A disfrutar de los regalitos.

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El cambio climático

Supongo que ahora toca rebajas y después la cuesta de enero. Al menos así sucedía antes de la crisis. Aunque creo que el cambio climático ha podido trastocar el justo devenir de nuestras tradiciones y aturdirnos un poco. A mí el sobrepeso me da sueño pero estoy casi seguro que comprando los reyes de última hora, esos terribles regalos de compromiso de la lista de los tíos y primos lejanos, vi las llamadas de rebajas en los escaparates, cegado de azúcar. Pero el mareo pasó. Tengo todos los paquetitos tardíos envueltos. Alguno se quedará en casa porque mi primo, el atontado con amigos sólo virtuales que vive a oscuras frente a la pantalla de su ordenador, no se moverá de su cuarto para venir a recogerlo. El pendrive de 16 gigas se quedará en su cajita, con suerte hasta su próximo cumpleaños. Se lo daré entonces, pues mi tía le obliga a salir de la leonera para soplar y saludar, y me dirá que l6 gigas son pocas o que los pendrive son una antigualla y yo me callaré y no le diré lo pan blanco que es, ni le aconsejaré con sorna que salga un ratito a la calle para que le dé el solecito en la cara.

El 7 estoy con el síndrome postnavideño, también llamado de Laponia, no sé si en honor a Papá Noel o al guapito del señor Feito, que pasará a la posteridad por mandarnos al sexto pino a trabajar, quitándome, confiado, las guirnaldas del cuello y las bolas de su sitio, con perdón. Ya con el árbol desmontado y sospecho que con algún resto brillante en el pelo -y ninguno en la cabeza- empezará el ritual de entregar los regalos descafeinados que los magos de oriente confundieron y olvidaron en mi casa. Puro trámite de alegría. Y de ahí al lunes tras lunes a la que la cuesta de enero nos obliga por su efecto invernadero.

Pero hay una lucecita al final del túnel en este sentido. A mí me pasa y supongo que a todos los mortales que no hemos sido presentados al señor De Guindos y que no hemos perdido el miedo a quedarnos sin trabajo, que la cuesta de enero no se me hace ya tan dura. Me he convertido en experto. Porque el frío es permanente, claro y no puedes casi gastar. Mucho menos, derrochar. Y ¿endeudarte?, qué falacia, ¿con qué banco? El cambio climático nos ha servido a los privilegiados que hemos podido engordar tres kilos de turrón blando durante estas navidades a perder el miedo a apretarnos el cinturón. A mí con esas… De brotes verdes sabemos barbaridades. Nos los hemos comido todos. Y no sólo los verdes, también sus marrones.

Pues otra vez nuestros gobernantes nos dicen que se acabó. Que volvemos a la senda del crecimiento y le decimos adiós a la crisis. Pero ya no hablan de brotes. Dicen que el clima ha cambiado. ¿El clima? Es el cambio del cambio, el recambio climático se anuncia para nuestra economía, como el lobo que viene por cuarto año consecutivo, qué risa y qué ganas. Que me muerda y que me coma y que me lleve. Hasta mayo por lo menos. Hasta mayo, los que gobiernan nos dirán que todo va mejor e intentarán que lo percibamos. Tendrán nuestros regalos de reyes confundidos en sus despachos y nos los irán entregando sin llamarnos pan blancos. Con humo si hace falta. Con calorcito humano para crear tendencia en sus pulsómetros. Allanando las cuestas de cada mes con espejismos, si el plan no funciona. Con rebajas de impuestos. Con Obritas Públicas. Con Cultura gratuita y, por tanto, sin IVA. Hasta canapés en las inauguraciones habrá ante este nuevo “clima” que nos anuncian, seguro. Es la fiesta democrática, que llega, dándonos la mano. Bienaventurado 2015. ¿Quién no se rinde a sus encantos democráticos con tantas elecciones de por medio? Que llegue ya el mañana. Abajo el paro y la miseria o al menos, que nos lo creamos. ¿Dónde hay una urna?, que voy.

Feliz nuevo clima.

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Buenos días, Andalucía

El día de hoy se encuentra a medio camino entre el dedicado a los inocentes y a los reyes magos, así que más que un miércoles, me recuerda a un jueves de año nuevo y pesaroso. En un principio, se me plantearon dudas sobre si contarles las novatadas que me creí de los políticos locales durante el último año, o si me confesaba sobre lo que les pedí a sus majestades de Oriente que les trajeran por causa de ese desencanto. Aunque esto segundo, no sé si se puede. No sé si se puede pedir que le traigan carbón a otro. Finalmente, me decanté por el batiburrillo, que es lo que mejor se me da y juntar el eslogan ese de “yo no soy tonto”, tan inocente, que maneja un emporio de mercadería tecnológica, con su propio anuncio televisivo para estas fechas, protagonizado por Melchor, Gaspar y Baltasar haciendo el ridículo e intentando, se supone que graciosamente, un trueque de incienso y mirra con un simpático dependiente acuciado por el directo. Jajajá. Qué humor más iluminado. Qué finura en sus elucubraciones creativas…

Así que, como un sello real al dedo me ha venido que fuese, precisamente el 28 de diciembre, cuando lanzaran otro de esos impulsos imaginativos en forma de comentario jocoso para gente estudiada y resabida, esta vez a través de sus redes sociales. Eran las 16.55h del día de los inocentes cuando, desde la cuenta oficial de twitter de la empresa electrodoméstica, se le ocurría a su community manager espetar sin sordina el siguiente comentario: “Buenos días Andalucía”. Para partirse y desternillarse, vaya.

Por si a algún andaluz le pudiera haber ofendido la bromita sobre lo mucho que nos cuesta levantarnos, se disculparon horas después desde la misma cuenta oficial con un “jo”, que dejaría atónito al menos bruto de nuestros especialistas en protocolo. Dicen “jo”. Más cercano a jopé que a joder, estoy casi seguro. Exactamente: “Nuestra intención nunca es ofender a nadie, jo. Os queremos mucho a todos. Buenas noches”.

Pues ya está, jo (de joder). Pensé. A mi carta de los reyes con el carbón junto a mis políticos de cabecera. Perdón, olvido -já- y salud. Más sufrí y mucho más me molestó el anuncio de la marca de cerveza que me mostraba al mundo como un latifundista a caballo bebiendo sherry desde un graderío de una plaza de toros a la que acudía bailando flamenco y rompiéndome la camisa. Qué horror. Yo no soy ese que tú te imaginas… Y nadie se disculpó. Eso sí que fue un golpe directo a lo más deleznable del falso tipismo andaluz de gomina y flamenquito apaleao, que tanto desprecio. Lo peor, que algún idiota al que no le hace gracia que nos llamen vagos, sí le hacía que dijeran: “el andaluz no es un acento, es un castellano entre amigos”. ¡Habrase visto! ¿Pero qué…?

Pues hoy, tomándome las últimas cervecitas del año, me he levantado antes de las 5 de la tarde con un boicot de red social exacerbado. Un pedazo boicot visceral de algunos andaluces -a pesar del jó disculpado de la empresa del yo no soy tonto, no poco- porque dicen que “se mofan de los andaluces”. Pero bueno, eso no suele afectarnos. Qué raro… Y si somos los mejores, bueno, ¿y qué? Entonces, ¿qué habrá pasado? Es que el titular que recorre la sangre de las redes andaluzas no acaba en que se mofaron. Se completa así: “desde Barcelona, el twitter oficial de Media Markt se mofa de los andaluces”. Ya. El catalán no es un acento, es un castellano en la intimidad entre los amigos de Aznar, y Pujol, y Mas, y Junqueras. Ay, boicot… Cuánto paro… Buenos días, Andalucía. A ver si nos levantamos de una vez. Que ya toca…

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