Limasa Private

Ayer recibí con alegría dos noticias estupendas que leí en La Opinión de Málaga y que en principio no supe cómo relacionar. Ahora que me he sentado a escribir sobre ellas, lo veo todo más clarito y sí le encuentro cierto paralelismo. Aunque repasando el renglón retorcido que estoy a punto de compartir con su ratito de aire libre, deduzco que tal vez no sea de claridad de lo que vaya a hablarles, sino de limpieza, aunque pueda ser que en sus términos más oscuros. En fin, parece ser que se ha encontrado la solución al despropósito aromático de 15 años de LIMASA y tengo aquí una botellita de moscatel espumoso para celebrarlo. ¿Lo han oído?, eso era el tapón. La otra buena nueva es que Playboy ha anunciado que dejará de publicar fotos de mujeres desnudas. No sé si descorchar otra botella o quedarme con esta y dos copas, para hacerme un chinchín íntimo doble.

La asociación perversa entre los socios privados que componen LIMASA y el Ayuntamiento de Málaga, según la noticia leída en este mismo diario desde el que saludo, llegará a su fin, por fin, serafín y chinchín. “El futuro de Limasa a partir de 2017 estaría prácticamente decidido”, leo con curiosidad. Como el de Playboy, que dejará de ser indecente, o machista, o ecologista, o lo que sea, a partir de marzo de 2016. Aunque aquí más que un encuentro entre las dos noticias, hay un desencuentro. El Ayuntamiento de Málaga seguirá dejando a todos los contribuyentes en pelota picada para pagar la asistencia técnica de los hombres de blanco de la troica que se forra malbarriendo nuestras calles, y Playboy vestirá a sus conejitas. Con posturas indecentes, pero con ropa. Hablaba del Ayuntamiento, no se confundan.

La postura indecente municipal, digna de la foto de peor gusto que se vaya a publicar en Playboy a partir de marzo de este año, es la de un conejito vestido con acta de concejal que anunciará que LIMASA seguirá con sus tres amiguetes al frente, pillando cacho, cachete y cachito y quien se borrará de su demostrada ineficacia en la gestión será su actual socio mayoritario (49%), o sea la parte pública, o sea el Ayuntamiento, o sea los paganinis, o sea los señores y sus señoras desnudos que ni pinchamos ni cortamos, por más mayoría absoluta que no haya, ni ciudadanos valientes que se vistan -o al menos nos vistan- por los pies.

El viaje pagado por la parte privada de LIMASA al concejal responsable de responsabilizar de su incompetencia a los árboles, por ser unos guarros, y a los malagueños, por ser unos árboles desnudos con posturas indecentes, para copiar el modelo de limpieza de otras ciudades de España ha resultado así: se apuesta por la privatización total del servicio. Y las tres mismas empresas que conformaban la parte privada, se seguirán repartiendo el pastel y nuestras hojas de parra. Huele igual de mal que hasta ahora, ¿no? ¿Que por qué estoy contento, entonces?. Porque no tengo ni idea ni explicación. Es tan extravagante y aparentemente absurdo que mejor verlas venir y apostar a caballo empatador. Viva la vieja nueva empresa de limpieza. PRIVATE S.A. Peor que ahora no creo que sea posible, y lo digo persignándome y con la esperanza de que, por las razones de humanidad delatorrerianas, no se blinden contratos de la parte privada a la pública.

Si por alguien lo siento, eso sí, es por el viejecito de la mansión. Los cambios, a cierta edad, son complicados. También me produce lástima Hugh Hefner, ¿eh?, no se crean…

¡Uy, otro taponazo! Qué alegría que ya no salgan desnudos en la revista, oye. Nos conformaremos con las transparencias de las cosas de Paco, aunque escasitas y poco sexys, qué remedio. Un brindis por el viejo playboy.

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Los octavos

Málaga está entre las diez primeras ciudades de España.

Esta afirmación que parece sacada de la nota de prensa del Área Municipal de Nuevas Tecnologías cuando quiere y no sabe informarnos de que nos han concedido un premio ultramoderno, porque se les olvida indicar el organismo amable que nos lo ha concedido, nuestros méritos para ser tan justamente distinguidos o, incluso el nombre del galardón para que lo busquemos en internet los más curiosos, en esta ocasión no ha salido de ahí, sino de un titular de prensa de comienzos de esta semana.

Podría prefectamente referirse a que estamos entre las diez primeras ciudades en cuanto a la simpatía juvenil y la rebosante gallardía de sus gentes, pero no es el caso que nos ocupa, ni responde a la opinión personal de un periodista agasajado por la ciudad para que cuente lo bien que se lo pasa uno en Málaga de vacaciones, almorzando pescaíto en un chiringuito en la playa y tomándose cañitas, tras la siesta, en bares estupendos, con terrazas perseguidas, en el Centro. Málaga está entre las diez primeras ciudades de España a tenor de los datos objetivos de un estudio científico.

Pues si no se trata de sonrisas al turismo, ni de aplicaciones vanguardistas para saber cuánto va a tardar el autobús de la EMT en pasar a recogernos, va a ser que estamos a la cabeza en número de museos delatorrerianos. Aunque entre los diez primeros, no sería. Seríamos los terceros, por lo menos. Dice D. Francisco que aspiramos a ser los terceros de España en materia cultural franquiciada. Yo creo que se queda corto. Los primerísimos, digo de refilón y con la boca chica, esperando que alguien me apoye. No creo que haya ninguna ciudad en el mundo que se gaste más dinero en cánones museísticos y compra de entradas que la nuestra. Dividiéndolo entre el PIB, ganamos de calle, o empatamos con alguna ciudad en pleno desierto del Gobi.

Ni Museos, ni smart city, ni panderetas… ¿En qué estaremos entonces entre los diez primeros de España? Va a ser en espacios gourmet. Tras los éxitos de la extensa oferta y la gran acogida de público con los bolsillos llenos, va a ser eso. Desde el Balneario, a la Plaza de Toros, pasando por el Corte Inglés, hasta el Mercado de la Merced, uno tras otro van cayendo o caerán en el éxito de tan buena idea anticuada de corta y pega. Hemos llegado los últimos, pero con suficiente carrerilla para situarnos en ese lugar de privilegio a la cabeza de la clasificación, en esos raros lugares donde se trajina con una bandeja antes de comer ya que comparte con las gasolineras el extraño privilegio del autoservicio. Sin camareros en una ciudad de camareros, qué originalidad más extravagante. Pero no, tampoco estamos los primeros del ranking gourmet de España, no… aún, no.

Esta maravillosa ciudad que ha mejorado tantísimo en los últimos años, con su metro y con su noria, está entre las diez primeras ciudades de España en cuanto a su tasa de pobreza. Objetivamente. Sin opiniones que valgan. Málaga ocupa el octavo puesto entre las tasas de pobreza más importantes de las capitales de provincia de España, al afectar la precariedad (ingresos menores a 663 euros mensuales por persona) a un 29,3% de su población, según un estudio de AIS Group recientemente publicado.

Maldito cartón piedra…

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Jump pel si

Menos mal. Salgo de debajo de la cama envalentonado. He mirado a derecha e izquierda antes, eso sí, para cerciorarme de que en un descuido de confianza no fueran a atropellarme. Ya erguido y sacudidos los pantalones, resoplo de vértigo, me atuso la sonrisa y me seco el sudor de tanta alegría asustadiza que he soportado durante esta funesta campaña de elecciones particulares, aunque sospecho que tantas emociones encontradas hayan podido causarme ya de por vida, traumas irreparables en la autoestima y el raciocinio. Un poco de incontinencia, al menos, casi seguro que sí. De hecho, no sé si es que aún sigo padeciendo alguna secuela por causa del pavor transcurrido pero, al mirarme al espejo hace un rato, me he visto cierta cara de nuevo imbécil que antes no reconocía. Como si me hubiese quedado a medias recogiendo el rictus tras el mal rato, malo, malo, que he pasado hablando provenzal en la intimidad.

Pues no era para tanto. Menos mal. Las elecciones catalanas no fueron tan fieras como las pintaban. Qué miedo he pasado. Es que soy muy aprensivo. Y con la boca chica digo que si esto se queda en nada, como parece que será si conseguimos que Rajoy se vuelva al redil de su pantalla de plasma y a no conceder entrevistas ni a responder preguntas inteligentes, recordaré estos días de ruptura de la patria, que viene el lobo, como los del efecto 2000 en los ordenadores explosivos del cambio de milenio o ese otro fin del mundo más reciente del calendario maya. O sea, con unas risas.

Menos mal. Al final esto va a ser como lo de Zapatero regalando Navarra. A ver si es que, como los fantasmas, los finales del mundo no existen -¿y no hemos ganado entonces ni el de fútbol?-, y yo venga a esconderme camaabajo, menospreciando mi gallardía. Bueno, aunque fantasmas, sí que hay alguno. Y preferiblemente que así sea. Mejor Rajoy en holograma, ya lo he dicho. Y del Mas independentista no he empezado a hablar. Ni falta que hacía. Se estaba difuminando sólo, con sus 62 diputados insuficientes. Con su 3% tatuado, un inspector de hacienda mirándole los lunares y un plebiscito perdido a cuestas. Disimulando un bailecito de estar tan a gustito como Ortega Cano, rodeado de socios anticapitalistas, republicanos, muy de izquierdas…¡Tierra apiádate de él y trágalo! Pero lo está resucitando un minisitro de justicia Catalá del PP, lo juguetona que es la vida, creando un héroe abanderado del independentismo de lo que iba camino de convertirse en un monigote del fracasado montaje secesionista suizo. Lo que faltaba sería que lo condenasen e inhabilitaran ahora… Con lo condenado e inhabilitado que estaba en paz, por sus propias decisiones mal medidas.

¿Menos mal? Saqué la patita cuando oí en la radio que los separatistas metían la suya. Pero examinando los resultados, se quedaron a una butifarra de hacernos una muy grande y artesana. Les ha faltado el empujoncito que no sé yo si el equipo de gobierno del ejecutivo español sigue dispuesto a darles con tan precaria sutileza como hasta ahora. Los del “Junts pel Si” se han puesto la venda de su arrogancia junto a un precipicio y ahí siguen, dando vueltas sobre sí mismos, a puntito solitos ellos de pasarse al “Jump pel Si”. Pero los que debían alejarse de tan peliagudo asunto se están colocando otra venda, la de la justicia ciega, o eso me parece a mí, y amenazan con saltar al mismo ruedo, sin necesidad, no sé para qué y me temo que ellos tampoco, de modo, quizá, que pretenden que me agarre a la butaca del miedo de nuevo. ¿Dos veces? ¿Con el mismo lobo? Y era yo el que me veía la cara de imbécil…

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Las cosas de Paco

Esta semana se cumplieron los cien primeros días del gobierno de las cosas de Paco en Málaga. De hecho, hoy mismo se cumplen 103 días desde su investidura y nos encontramos a otros 103 de que el pacto de ¿gobierno? con Ciudadanos pase su primer examen. Será el próximo 4 de enero cuando los directores de distrito y otros cuantos asesores municipales sin mayor utilidad que el servilismo a su partido, al menos a juicio de Cassá y los suyos, deban afrontar su nueva vida laboral sin el cobijo agradecido de las mismas siglas que los vieron crecer desde sus viejas generaciones. A mí me dan mucha penita, la verdad. Con lo largas que son las colas costumbristas del paro malagueño… A ver si el Polo Digital les sirve para algo y le encuentran un hueco de empresa privada subvencionable donde curarse las trompas malheridas con un sueldecito acorde a su anterior estilo de vida. Ahora entiendo las razones de humanidad a las que aludía Paco con sus cosas. Hablamos de unos cuantos fieles al servicio público que no tuvieron tiempo de trabajar, en la mayoría de los casos, en otro asunto que no tuviera que ver con su responsabilidad política asignada a dedo, ya que, desde temprana edad, se foguearon en el arte de gobierno desde la dirección de las áreas municipales de mediana responsabilidad, como obedientes jabatos. Hombrecitos y mujercitas trabajadoras como nadie, que de ocho a tres ninguneaban al funcionario que sostenía la actividad relacionada con el buen funcionamiento de su área municipal, hasta que se rendían o se daban de baja por depresión o por impotencia; de tres a diez se dedicaban a tareas mesiánicas del partido, como acudir a concentraciones, recoger firmas, hacer de bultos aplaudidores en mítines, o pegar carteles; y de diez a doce, iban a las fiestas del barrio, a las actuaciones flamencoides o a los eventos expocaninos varios, que a alguna asociación de iluminados con el estómago agradecido, se le había ocurrido realizar en su distrito. Y ahora, ¿qué? A partir del 4 de enero, ¿quién se va a encargar de todo eso? A un funcionario experto, que ha demostrado su capacidad aprobando sus oposiciones en dura competencia, y que lleva una retahíla de años realizando su labor con exquisita paciencia a pesar de tener que aguantar a un director de área inexperto con un carnet entre los dientes, ¿cómo se le va a pedir que además vaya al encendido del alumbrado de la plaza del distrito en carnaval, o que baile un pasodoble con la madre de la presidenta de la asociación de vecinos, cuando cumpla 90 años? ¿Cómo? El ciudadano Cassá no sabe de lo que está hablando. ¿Qué sería del pobre malagueño de barrio sin un sustituto del concejal con el que hacerse una foto en sus celebraciones? Por una vez, entiendo las cosas de Paco. La preocupación por sus talluditos viejos jóvenes que eligió para su lista de gobierno y no salieron, a los que busca un resquicio legal para hacerle un regate a sus compromisos de investidura, a la nueva legislación de régimen local, a las recomendaciones madrileñas de su partido, y a lo que haga falta, para no tener que apartarlos de su larga nómina de fieles colaboradores bien agarrados por el sueldo.

Las cosas del especialista en enredar y pegarle una patada a la lata, según Juan Cassá, su propio socio infiel de cien días de gobierno, lo lleva ahora a comentar sobre su acuerdo, al hilo de la posibilidad sobre negociar la continuidad del Instituto Municipal del Libro, que “esto es como los partidos de baloncesto y (De la Torre) lleva bastantes faltas en el primer cuarto”. ¿Estará temblando Paco con sus cosas, por si tiene que dejar de jugar antes de tiempo? ¿Se sentará en el banquillo a la tercera, para prevenir? Me río yo, por no llorar, de quien piense eso. En realidad, lo que falta aún por dilucidar es a quién echan antes por 5 personales. A ver cuántos se van y cuántos se comen el turrón tranquilos. Si estos acuerdos de investidura no te valen, Don Juan, tendrás otros, ¿no? Por la cuenta que te trae…

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Truco o Trato

Hay discursos que valen para todo. No gano para pañuelitos de papel cuando descubro a algún sacamuelas desenvuelto resolviéndome las dudas sobre cualquier planteamiento cotidiano que yo no habría sido capaz de resolver por mí mismo. ¿PC o Mac? Esa fue una cuestión complicada en su día. Creo que uno se hace del Madrid o del Barça porque en algún momento desapasionado, alguien con más labia que el rival, le regaló un buen argumento que hacer suyo ante los demás y una bufanda. Pero eso ocurre cuando no tienes interés previo y estás dispuesto a escuchar ofertas de pensamiento. Cuando ya has tomado tu decisión, aunque sea rebelde y sin causa, es distinto. Entonces, el vello de punta te lo deja el que sabe explicar que tu postura, coincidente con la suya, no era una cuestión cruel ni caprichosa sino que el toro bravo sin los bravos en los toros desaparecería por falta de utilidad. Todo vale. Siempre hay un buen discurso a cada lado del que poder echar mano para llevar toda la razón. Por eso a mí me pasa que me guardo los aprendidos y los saco a relucir cuando me apetece hacer mesianismo de mis convicciones. Supongo que la necesidad atávica de encontrarle una explicación lógica y razonable a mis preferencias, me lleva a echar mano del que piensa como yo y lo ha sabido justificar en público con la maestría que a mí se me despistó en la punta de la lengua.

Así que, no sé si por “h” o por “b”, me declaro ciudadano del mundo, que está de buen ver, y se le supone implícito cierto agrado solidario, ecologista y de bienestar ocidental, sin requerirme esfuerzo alguno a cambio, más que las buenas intenciones de boquilla. Y tras quedar bien con esta guinda en el pastel, me considero europeo, por sus ventajas, y español, andaluz, malagueño y de Huelin por sentimiento. Más de Huelin que de Europa y más de Málaga que de Andalucía. En resumen, un español no patriotero, como tantos, ni nacionalista ni independentista de nada ni de nadie. Y me agarro al discurso que escuché una vez e hice mío de que en un mundo que debería tender a unirse -que se lo pregunten ahora a un sirio-, ¿qué sentido tiene querer independizarse?

Me voy a poner medio folio en el lugar del otro. Voy a hacer de abogado del diablo independentista, malo malísimo. ¿Qué haría que un joven apacible, guapo y deportista de Huelin, al que no le gustan los cambios ni las sorpresas, se radicalizara en sus sentimientos patrióticos y comenzase a sentirse excluyente y a no querer saber nada de compartir su sentimiento nacional con el resto de pueblos de España?

Hombre, a mí me da mucha rabia cuando algún inculto al norte de Despeñaperros afirma que los andaluces tenemos que aprender a hablar español. Nuestra evolución del lenguaje les parece errática o mal sonante. Tampoco me gustaría que la solidaridad impositiva siempre me fuera desfavorable. Que siempre la parte solidaria de la balanza de pagos autonómica me resultara a pagar… Pero ni una ni otra causa, me quitaría las ganas de cambiar de pasaporte. Menudo follón.

Un primer pasito en un posible cambio de rumbo sentimental podría ser que no se me permitiera expresarme democráticamente. El famoso ya derecho a decidir. Pero tampoco llegaría, mi DNI al río.

Ahora bien, si algún ministro declarase que mi ciudad, o que mi comunidad, sería inviable sin el sustento económico del resto de España, empezaría a enfadarme. ¡Encima! Me crearía más ira que miedo. ¿Le demostramos al ministro que no necesitamos, para nada, al resto del país? Me compraba una bandera, por primera vez en mi vida, con el orgullo herido. Y si el presidente echase aún más leña al fuego, cogiendo de la manita a la canciller alemana para que puntualizase que sin España, mi región, mi país o mi ciudad, quedaría fuera de Europa, podría empezar a plantearme con quién me gustaría compartir el resto del viaje. Primero de Málaga y después de Europa, ya lo dije. ¿Seré tan raro?

Menos mal que nuestros políticos tienen altura de miras y no han usado esa táctica. Qué miedo me daría…

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Muy al fondo, a la derecha

Diciembre está a la vuelta de la esquina y supongo que la política malagueña está aprovechando este mes preotoñal para cogerse la baja por paternidad, casarse o visitar a los padres en Murcia y así, volver con ganas de retomar el exigente pulso democrático de sus obligaciones representativas de aquí a unos días. De modo que, tras dos vistazos al periódico, no me queda otra que hablarles de lo bien que va el sector servicios en nuestra ciudad, para alegría del señor Roca, que copa ya casi el 90 por ciento de la ocupación, al fondo a la derecha, de los privilegiados malagueños que aún trabajan un ratito.

Antes de seguir, he de reconocer que el tema es peliagudo y puede, facilmente, llevar a equívocos. Como prueba, un botón. Me lo desabrocho para contarles una anécdota sufrida en mis propias carnes en Mexico DF, donde acudí por temas laborales no hace tanto tiempo. El retraso en el vuelo produjo que tuviera que coger un taxi para llegar puntualmente a mi única cita, importantísima, sin darme opción a corregir antes otras urgencias. Había caravana y tardé en llegar lo suficiente para convertir lo incipiente en perentorio. Así que avergonzado de ser humano, tras saludar a mi anfitrión y su esposa con toda la amabilidad que me permitía el momento, le rogué que me indicara dónde se encontraba el servicio. ¿Ahora?, me dijo, sorprendido, observando su reloj de muñeca y acentuando mi sonrojo, ya ineludible. Si no le importa, le susurré en sofocable ruego, muy encogidito para concentrarme. Le dijo algo al oído a su señora, que estaba tan asombrada como él, y me pidió que me sentara un momento allí, en la misma entrada. Me quedé sólo y obediente con mi aprieto, sin entender si habían ido a adecentar el aseo o qué ocurría. En seguida llegó una señorita con uniforme de empleada del hogar de teatrillo antiguo de Estudio 1, colocándose derecha la cofia y asegurándome que ella era el servicio y que la disculpara por no haber salido a atenderme antes, pues era su hora de salida y ya se había cambiado de ropa.

Por eso no me extraña la confusión, ni las distintas valoraciones que empresarios y sindicatos hacen de los datos del empleo en el sector servicios de Málaga. Lo que para unos es una terrible urgencia a remediar para otros es una salida. El informe anual del mercado de trabajo elaborado por el Servicio Estatal Público de Empleo, indica que 485.000 malagueños -86% del total- trabajan y dependen del segmento terciario de la economía, el menos productivo, a expensas casi en exclusiva, del turismo. Mientras UGT y CCOO llevan puestas, por esta causa, camisetas recordándonos la filoxera, Javier González de Lara, presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga, afirma que la clara terciarización de Málaga «no es algo negativo» en sí, aunque reconoce que echa en falta un mayor peso industrial en la provincia.

Me acuerdo ahora de una visita que hice a un molinero en Coín el año pasado. No se había pasado aún al sector turístico como otros compañeros. Nos comentó el resumen de su actividad agraria. Es un exportador. Le vendía la espelta a Alemania. A 1, decía. Y se la compraba al mismo alemán, ya pelada a 3. Porque aquí nadie tenía la maquinaria necesaria para hacerlo. Allí hay industria y aquí un molino en vías de extinción, eso sí, visitable y con un futuro turístico… ¿envidiable?

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La ciudad provisional

La vuelta al cole me sienta regular. De hecho, me acabo de poner el termómetro, que suele ser el tratamiento que me cura la hipocondría ventricular izquierda desde que tengo uso de razón, pero esta vez -y controlando el pánico con técnicas orientales lo digo-, no me ha llevado la contraria: 37.2º. Ay, qué sudores… No sé si será la chikungunya o la fiebre del mercado gourmet lo que me ha entrado aunque, sacando fuerzas de flaqueza, y tras efectuar una incursión a mi terraza buscando al mosquito tigre sin resultado, he decidido que va a ser lo otro, lo de los mercados.

Menuda epidemia están sufriendo los empresarios del sector. Del ramo, debería decir, por las flores que se echan antes de empezar a verle color al asunto. Esta fiebre contagiosa ya ha pasado de los hosteleros a la clase política y amenaza con afectarnos a los ciudadanos de comer por casa. A Málaga ha llegado tarde. Como tantas otras cosas. Aquí se anuncia como moderno cuando se ha ido ya de otros lugares, por viejo. Peor que por viejo, por viejuno.

Los virus alimentarios y sus correspondientes fiebres vanguardistas tardan en arraigar aquí más que en otros sitios pero, una vez se han implantado, se convierten en invasoras “de fusión” con capacidad de destruir cualquier tradición autóctona previa. Les pongo dos ejemplos. El primero es el plato local por excelencia en nuestras cocinas arrabaleras: la pizza. Llegó tarde a Málaga pero hoy, la precocinada del super de abajo, hecha con masa de chicle maleable natural, es el alimento fundamental de los que recorren los umbrales de la clase media ciudadana por todos los vericuetos de su miedo a la pobreza. La pizza, esa comida exótica, llegó a Málaga más tarde que a ningún otro sitio de su entorno. Más tarde que la democracia. ¡En 1978 se abrió la primera pizzería en la capital! Pero, ¿no éramos cosmopolitas? Y de aquello, a mis michelines. Como segundo ejemplo, me echo a la boca uno esos dulcecitos japoneses que salían en una película de Woody Allen a principios de los 90 y que llamaban sushi, o algo parecido. De ahí al primer japonés malagueño, transcurrió una década y media de curiosidad. Y ahora, en Nueva Málaga, la madre desde la ventana llama a su hijo, Jonathan, para que se suba a casa una cajita para la cena. ¡Y son salados!

Pues lo mismo puede suceder con los mercados gourmet. Que lleguen tarde. Pero como las pizzas o el sushi, tarde y bien. Cruzo los dedos. Sobre todo, porque las primeras intentonas locales no han alcanzado sus expectativas. Tal vez porque la fórmula que llevó al éxito a unos pocos y al fracaso de otros cuantos mercados gastronómicos anteriores en otras ciudades, no habría que intentar seguirla al pie de la letra. Entre otras cosas, porque aquí tenemos nuestras peculiaridades… A ver, ¿qué es un mercado gourmet en Málaga, por lo visto hasta ahora? Es un mercado con un calificativo demodé. Eso para empezar. ¿Gourmet? ¿Gastro? Y segundo: es un mercado donde se supone que la gente va a comer en franquicias de restaurantes a los que no irían en ningún otro caso, y donde no hay camareros que te atiendan en la mesa ni te traigan el pedido. Ya está. Esa es la fórmula. Se supone que exitosa. Una máquina de hacer dinero que por ahora no suena ni con un burro por casualidad. Eso con dos eventitos, una fiesta de la cerveza y una cata de vino, se arregla si no funciona al principio. Y con tapitas de jamón gratis si a la segunda tampoco marcha. ¿Y a la tercera?

Para que funcione un mercado gourmet, los clientes tienen que olvidarse que están en un mercado y de que es gourmet. Sólo tiene que ser divertido. Sólo tienen que pasárselo bien. Solos, en pareja, con la familia o con los amigos. Si se crea un ambiente propicio de ocio, será un éxito. Si es frío, será un mercado provisional. Como la noria provisional. Como el Pompidou provisional. ¿Cómo se puede llegar tarde antes de tiempo? Cuando se me quite la fiebre, pensaré sobre eso.

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En dos patadas

Para no cansarles con el trillo, les aviso que yo también me propongo opinar sobre la feria. Con la ventaja del toro pasado y con el afán del mediocre que pretende propagar a voces su fórmula magistral para arreglarla. Les pido disculpas si alzo la voz demasiado, es que nací en el Mediterráneo.

Dice el alcalde que la pasada feria fue una maravilla. Muy finamente. Con la elegancia de la experiencia. Me parece que si no estuviera todo el día a la carrera estrechando la mano de unos y otros en dieciséis actos, debería sacar tiempo para aleccionar a los suyos sobre cómo defender una gestión de gobierno con responsabilidad. No ponerse un suspenso en rueda de prensa sería el primer paso para ganarse el respeto de la ciudadanía y empezar a recuperar la mínima confianza del que observa el desastre desde la barrera. Que nos diga el alcalde, sacando pecho, que alguien ha sacado un dineral de esto y que la fiesta ha sido estupenda consigue, de entrada, que nos desahoguemos. A lo mejor no ha sido todo tan horroroso como yo pensaba, susurro, con tiempo de sacar un pañuelo del bolsillo y secarme el sudor de la frente. Mira, hasta me voy a coger unos segundillos para sentarme a la fresquita en la Plaza de Uncibay y mirarla, casi ya curada de espanto. Arrebatarle una pizca de dramatismo a la zozobra siempre se agradece. Si consigues resoplar tranquilamente después, hasta puedes sonreírte de ti mismo, con la fuerza que da eso. Yo, sinceramente, le agradezco al alcalde que hablara de números multimillonarios y mantuviera calladita a la encargada del asociacionismo vecinal, las sillitas populares que prestar a las peñas y otros encargos de parecido perfil. Si la ayudan a bajarse de la parra, con cuidadito, nos irá mejor a todos.

A lo que iba. La feria, según la inmodestia de mi plena convicción, tiene un gran problema: que no se ha identificado correctamente el problema. Sigue fallando el diagnóstico. Se achacan todos los males a una sola enfermedad: el desparrame. No cabe duda de que existe, claro. Se desparrama ruido, alcohol, hormonas, sudor, pipí y emesis -lo buscáis en el diccionario-. ¿Pero ese es el mal de la feria? Yo creo que no. Es en la parte que coincidimos con cualquier otra feria, fiesta grande o fiestecilla de la que hayamos disfrutado padeciéndola con gusto sin par. En los Sanfermines, en la Fallas de Valencia o en la Feria de Abril, por poner tres ejemplos conocidos, se desparrama lo mismo. ¿Por qué no duele tanto en estos casos? Ya que estoy tan repanchigadito aquí en la Plaza de Uncibay, voy a proponerles un juego. Cerramos los ojitos y nos imaginamos una foto de los sanfermines. Un encierro, ¿verdad? Ahora, de las Fallas. Un ninot de Montoro, ¿verdad? ¿Y de la Feria de abril? Pues eso. Yo también. Ahora, los que padezcan ositos o del corazón, que pasen su turno, por favor: vamos a imaginarnos la feria de Málaga. Ahí está Teresa Porras cogiendo en brazos al señor que se desnudó, con una botella en una mano y el tanga mojado en la otra, para que se le seque, ¿verdad? Cuando no hay contenido, queda eso y los trabajadores de LIMASA abrillantando la escolta policial.

Todavía habrá alguno que no esté convencido de mi pleno uso de razón. La mayoría porque identifica el problema con los maleducados merdelloneos de Málaga. Pues se equivocan y me resulta muy fácil de demostrar. Imaginemos ahora a esos mismos desparramados de nuestra feria con un contenido a cuestas. Mismo lugar. Misma multitud. Pero con un motivo que les guíe. No hace falta seguir estrujando el cerebro elucubrando, busquen en google Semana Santa de Málaga y acepten la realidad. Con la misma educación, la misma cantidad de gente, en el mismo sitio, desparramando tanto o más, pero con procesiones, tradición y respeto.

Ya tenemos el diagnóstico: hace falta un contenido, una razón de ser para la feria del Centro. Ahora bien, ¿tendrá tratamiento? Pues yo creo que no, la verdad. Por ahora, no. Si el que tiene que llenar de contenido la feria de los jóvenes, es el mismo que ha convertido la zona de juventud del Real en un botellón, mejor nos rendimos.

En dos patadas: se prohíbe beber en la calle -antiguamente llamado botellón- y me ahorro el artículo.

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Hablando clarito

Creo que me he leído todo lo que se ha escrito sobre Porras en los últimos días. Se me ha colado algún churro pero creo que no se me ha escapado ningún desprecio de los que se le hayan hecho por meterse en camisas de once varas –de las que, por cierto, no se ponen los puercos de la feria de Málaga-. Pero no era eso lo que yo andaba buscando. Lo que pretendía encontrar era algún indicio que me llevara a comprender qué había intentado decir con su ya célebre frase sobre las niñas de la feria. Porque debo de ser muy cortito. No la he entendido, de verdad. Y no es la primera vez que me ocurre con las declaraciones de esta concejala. Hubo algo de la grúa que ya me dejó perplejo en su día. Y eso comienza a preocuparme. ¿Será ella hablando muy malagueña de entrañas y yo casi un desaborido de tanta consulta que le hago últimamente al diccionario online de la RAE? ¿Será que ella maneja el lenguaje de la calle mejor que yo, porque me he instalado en mi sexto piso con una tele de más pulgadas de la cuenta, un airecito acondicionado demasiado abrazable y una estupenda tablet de segunda mano que casi me escribe sola? Demasiadas preguntas sin respuesta. Qué vértigo me está entrando.

Porque si no la entiendo, la culpa es mía. Porque de la Porras, seguro que esta vez, tampoco. Ella es como la concejala del pueblo de un programa de Tele 5. Impertérrita y segura de su propia idiosincrasia por cada poro de orgullo personal y tacatá, ole ahí, a defender contra quien haga falta. Ella es, de entre toda la colección de imberbes concejales y concejalinas del PP, incluyendo al alcalde, la única que pregonaría el caloret y a un chófer tan lacio como el de Celia Villalobos con iguales o peores miramientos. De hecho, ella presume de hablar clarito y la razón la asiste y nos sobrepasa, hasta el punto de que los compañeros de partido le dejan decir siempre lo que quiera, sin contradecirla, dios les libre, tal vez porque sepan, por experiencia, que no sería capaz de discernir otra cosa que no fuera la que se le hubiera metido a ella misma entre ceja y ceja desde el principio. Y con no acompañarla a las ruedas de prensa…

Pues antes, sí la entendía -o descifraba, según se mire-. Como en aquella ocasión en la que le dijo, con su habitual educación contenida, al bueno de Pedro Moreno Brenes, que “su mierda no se la voy a recoger”. Directa al grano -o al asunto de aguas mayores- y entregándole una escoba, el recogedor, el papel higiénico y todo su desdén connatural encadenado a otra frase lapidaria. Y también la comprendí cuando se le archivó el caso de los contratos municipales que adjudicaba con más legalidad de la exigible en el mundo mundial. Y cuando le devolvió de una patada los chiringuitos a Caneda. Y cuando en plena crisis nos gastaba en lucecitas navideñas más que nadie en España. Y cuando los demás concejales salían huyendo de la policía local que reclamaba mejoras laborales, y ella se mantenía firme, como Gutiérrez Mellado en el Congreso….

Pero esta vez, será, me ha pillado desprevenido. Es oír lo que dice que llevaban las niñas en la mano durante la feria del año pasado y parte de la oposición pide, creo que con las manos en la cabeza, que dimita. Vale, yo también. Por fin alguien se ha molestado por sus comentarios y yo me apunto al carro. Probablemente porque la parte más merdellona de mi ser no comulga con una señora tan fina representándome pero, por favor, de paso, y sin negarme a que se vaya, ¿alguien podría explicarme qué quería decir la señora? Para saber por qué me he indignado esta vez y si era machista o no el comentario, solamente. ¿Mojadas? ¿Qué significa que las tenían en la mano para que se le secasen? Mi curiosidad no resistirá mucho más. Si nadie puede ayudarme, usted misma, Doña Teresa, ¿podría quitarse las bragas de la boca y explicarme lo que quiso decir de las niñas de Málaga, a su manera, de forma clarita? Se lo agradecería.

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Sólo para residentes

Ya está aquí la feria y cogidita de la mano viene, como ya es tradición más que hábito, de sus indefensos mártires, que en largas colas esperan que les llegue el turno de pasar el mal trago ajeno. Los residentes del centro son las vírgenes vestales de nuestra achispada fiesta en su casa. Los que allí viven saben que, muy probablemente, van a ser linchados en el alma indignamente por la marabunta bailonga arrebujinada. Pero, con suerte, no les dolerá tanto como la última vez, que a todo se acostumbra el cuerpo. Depende de que no miren mal a ninguno de sus verdugos en el portal con una necesidad fisiológica de por medio.

En el fondo, no deberían quejarse. Son protagonistas. Son los voluntarios que reciben los tartazos del despiporre consistorial en primera instancia. Están incluidos en el programa de pan y circo que nos venden los mismos responsables de la cultura del Pompidou pero, en este caso, sin firmar. Exactamente, los residentes del centro ocupan todos los reglones torcidos que entre líneas, orientan sobre el evento histórico cultural que sirve de excusa a la inigualable conmemoración de la tercera ciudad española en cualquier ranking que se precie y que no conlleve un estudio científico que lo avale. Los residentes del Centro Histórico hasta pueden estar de enhorabuena si les gusta llamar la atención. Son el Circo en sí mismos. Ni los cristianos, son los leones que van a ser devorados por estos de la piel de cordero, a poco que se descuiden. Han logrado sobrevivir otro año al Centro sin quitarse el escapulario culpable de haber elegido mal, un precioso sitio en el que sobrevivir sin hacer ruido, sólo recibiéndolo. En su sambenito se lee una leyenda sobre los ríos de botellón sobre los que le tocará navegar y casi me dan ganas de cantarle el himno futbolero del Liverpool, eso de “nunca caminarán solos” y menos en feria, añado. No estaría mal que Francisco de la Torre, con una túnica puesta para dotar su discurso de mayor santidad solemne, les dedicara a estos sufridores residentes del Centro, un vídeo, de esos que grababa durante la campaña y que, tras pedirle ese esfuerzo con el que empieza ultimamente cada comparecencia pública, les cantara: “you’ll never walk alone, wait for me sitting”. Su barrio es un decorado y su casa, una condena. Pero habrá que conformarse, como hace la mayoría de vecinos ya rendidos a su mala suerte. Les pasará la estampida como un huracán y en diez días su casa volverá a parecerse a lo que era antes de la barbarie.

Claro que, siempre hay alguno que sigue quejándose desde alguna asociación de vecinos. Retórica en mano, patalea y cuestiona la injusticia contra el muro de las lamentaciones que da al Norte por la Casona. Y la paramnesia lleva a que se hable de nuevo de cómo solucionar este desaguisado de feria que no nos gusta en los papeles. Y se proponen comisiones. Y mesas. Y reuniones. Que se postergan para después de feria como si se fuese a estudiar en serio durante el verano. En este punto, se repite curso. Gemma del Corral después de la feria dará unos resultados impresionantes de turistas y dinerales y como si todo hubiera ido fenomenal, se pasará página desde la majestuosa feria del Sur de Europa.

Tampoco es que se pueda hacer mucho más desde los despachos del gobierno si no hay propósito de enmienda. El Ayuntamiento pone el escenario para los verdiales, para que se suban los atrevidos, y se lava las manos en el resto de cuestiones higiénicas, pero la imaginación y la guía la pone, a grito limpio, el ciudadano imberbe del vaso entre los dientes, ese mismo que dirige el cotarro hasta que cae desmayado y lo sustituye el siguiente en mérito según la ley de la selva. Así que si hay que pedir cuentas a alguien, que sea al borrachín. O a los árboles, o a los camareros. Ya está bien de culpar de todo al gobierno.

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