En vías de resurrección

Yo al Metro malagueño le estoy muy agradecido. De momento no hay, que diría Rajoy, salvo algunas cosas, que también diría. De entre estas que lo salvan de existir sirviéndoles de excepción psicodélica gallega, yo destacaría el debate onírico que lo envuelve. Y me estoy refiriendo a Rajoy, al Metro y, creo que, también a Hamlet: ser o no ser.

El Metro nos está ocupando el tiempo que esmeradamente necesitábamos desperdiciar. Apostaría que es lo mejor que nos ha pasado a los malagueños desde que el Jeque nos trajo algún plazo de Cazorla. Tanto señalar a los políticos malagueños y sus séquitos de asesores pagados con exceso de confianza, nos cansa, o lo que es peor, se nos hace crónico. Así que discutir sobre si queremos cualquier cosa soterrada o en superficie, cuanto menos, supone una bocanada de aire fresco en una ciudad que ya no planifica nada, salvo estas vías de extinción.

Para mí, el Metro es como el Soho. Se parecen en que no sirven para nada y van muchos políticos a sus ruedas de prensa para darle la relevancia que no tienen. Yo creo que para justificar la gran inversión que, se supone, algún día se hará en ellos. Un barrio de las Artes en Málaga debe de ser como otro de sol y playa en Viena, pero con más gracejo merdellón. Y un Metro, en una ciudad con tan largas distancias como la nuestra, como un Aeropuerto en Castellón, entre el lujo y la tontería. Pero a fuerza de ser optimistas, ni una cosa ni la otra nos vienen mal. Ni el lujo, ni la tontería, que sumados obligan al despilfarro. Despilfarro capitalista, inversión, trabajo y pompa. Viva el jeque cuando pague, la mafia rusa, el pelotazo inmobiliario, le especulación y hasta el efecto 2000 si nos sacan del agujero, aunque sea dejándonos al límite, o sea, hasta las cejas.

Pues que haya Metro, sí, aunque dé vergüenza subirse para bajarse uno tan cerca. Debe de ser que se ha hecho algún estudio secreto en alguna instancia en la que los malagueños consideremos al transporte público como uno de los mayores problemas de nuestra ciudad. Digo yo… Tras el paro. Y la economía. Y la clase política. Y la corrupción. Y la sanidad. Y la educación. Y la limpieza de las calles. Y la seguridad. Y no sé cuántas más cosas antes que el transporte, que no sale ni reflejado… Pero pongamos que el Metro sea beneficioso para la ciudad y que mejore nuestra calidad de vida. Como si fuera un hospital o más profesores, por ejemplo. Que sea soterrado o en superficie, ¿puede crear un debate ciudadano? ¡Sí! ¡Qué alegría! ¡No estamos muertos! IU desde su Consejería de Fomento, el PP como partido, desde el Ayuntamiento y con la Diputación o al revés, y el PSOE, desde el gobierno de la Junta, ¡lo han conseguido! A los malagueños les importa que el Metro pase por encima o por debajo y lo quieren –onomatopeya de redobles- ¡por debajo! -qué mal gusto tengo. A mí, me iba lo del tranvía, como en Roma, Montpellier, Budapest… en el fondo soy un romántico-.

Las fuerzas vivas y sus estómagos agradecidos de la ciudad han decidido por 35.000 firmas a favor y ninguna en contra que donde decían los del PP que había que firmar, firmaban e incluso hacían apología, si hiciera falta de lo que fuese: 400 asociaciones y colectivos quieren el Metro por debajo. La Agrupación de Cofradías y la Fundación del Carnaval, con sus tronos y disfraces, también. Y no sólo eso, desde IU dicen que el único motivo de querer un Metro en superficie, era el económico y desde el PSOE “les aclaran” que dinero, hay, para arriba y para abajo. Aunque despacito, todos de acuerdo en el desacuerdo. ¡Qué bien!

Agradecido al Metro, centímetro a centímetro. Y a los manifiestos, las firmas y el submundo subterráneo de la política y sus extrañísimas prioridades.

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Ni tocarlo

Hoy se ha inaugurado en Madrid la Feria Internacional de Turismo en España (FITUR) y allá que se han ido los responsables malagueños del ramo con sus folletines y pogüerpoints. Hay que venderse como sea. De hecho, el sector turístico supone para la economía malagueña el 14 por ciento del PIB y no parece que vaya mal encaminado. A tenor de los datos científicos, el turismo dejó en nuestra provincia durante el año pasado más de 6.500 incontestables millones de euros, a pesar de cómo está “la cosa”. Incluso, hay un estudio privado “la radiografía del mercado hotelero español” realizado por la firma de asesoría financiera Irea, que señala que Málaga acapara el 16% de la inversión hotelera nacional y que fue la provincia andaluza que la concentró en mayor medida durante el pasado ejercicio, para un total de casi 66 millones de euros invertidos. No es de extrañar, por tanto, que cada vez que un responsable político local se enfrenta a los datos del turismo, lo haga con el sosiego que no le está permitido en otros ámbitos debido a la coyuntura económica. O sea, guapos y felices. Como antes.

Afinando, según los números que maneja el Presidente de Diputación Provincial, Don Elías Bendodo, a la provincia llegaron en 2012, 9.150.000 turistas, un 0,1% más que el año anterior y aumentaron las pernoctaciones en hoteles un 0,7%, hasta alcanzar los 16 millones. Con amplia sonrisa y los deberes hechos lo asume.

Pero para el Concejal pertinente del, entre otros muchos méritos, Turismo del Ayuntamiento de Málaga, esas cifras estupendas aún pueden mejorarse en comparecencia pública. En Málaga capital, según Caneda, se ha incrementado en un 8 por ciento el número de viajeros extranjeros hospedados en hoteles. Y no sólo eso, sino que, para empezar a aplaudir y no cesar hasta que acabe, se siente o haga una seña, a diferencia de lo que ha ocurrido en Andalucía o a nivel nacional, también ha aumentado la llegada de turistas del mercado nacional en otro 3 por ciento.

El turismo va bien, que diría Aznar.

Pero entonces, si el viento está en la popa y parece que donde comen 14 del PIB podremos comer 100 de aquí a dos o tres Fitures más -ay, que empiezo a dudar-, ¿a qué se debe que, en cuanto a lo laboral, la Costa del Sol esté en los niveles de empleo de 1996? ¿Qué es lo que no cuadra?

A mí, que esto del Sector Servicios que estudié en primaria tiene más recovecos de los que quisiera imaginar fomentando por parte de las autoridades malagueñas en cualquier feria turística. Qué miedo. Lo que está bien, que no se toque, como dijo el arquitecto de la Torre de Pisa. Cuidadito con los publireportajes. Si lo que les gustó de Málaga a los turistas en los sesenta era su retraso, continuemos con el remake que tan bien nos ha ido durante los últimos cincuenta años, ¿no?

Aunque, me quedo tranquilo porque creo que el señor Caneda lo ha entendido. 1,89 noches de media en pernoctaciones son suficientes para empacharse de Sol, playa y retraso cultural. En Fitur, lo que pretende mostrar es la “nueva configuración” de la Costa del Sol, como una ciudad «muy completa y en la que se pueden atender las diferentes demandas», entre las que citó el Carnaval, la Semana Santa –la Feria ya ni la tienta, supongo que por considerarla merdellona e incapaz de cambiarla-, el Festival de Málaga Cine Español, el Festival de Teatro, el de Jazz –¡Toma ya! Málaga cultureta donde las haya- o las diferentes exposiciones de los Museos –para ver bandoleros y gitanas en el Carmen Thyssen-.

Así sí. Menos mal. De tesis de Nancy. Bota de vino, faralaes, sol, sombrero cordobés y Museo. Caneda sí que sabe de experimentos y de gaseosas.

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Plátano es

Por culpa de la UEFA, Sevilla capital y Dani Rovira, al santón de los malaguitas de oriente lo han multado en Marbella, y la historia me recuerda lo que contaba mi padre de la mili, que se arrestaban cosas; una garita, un escalón o un banco.

Multar al jeque será como multar a un tío en América o como rendir cuentas con la misma garita culpable. Un acto de fe, de honor o de risa. Para cobrarle la multa habrá que ir a buscarlo, como hizo el pobre de Fernando Hierro cuando aún era creyente o pensaba que preguntando llegaría a su casa de Catar, como si fuese de Roma. El jeque no está, aunque puede ser a veces. Otras, mayormente cuando hay que pagar un segundo plazo, sencillamente no existe. Como es etéreo, se le ha multado en etéreo. Puede que la multa sea de 30.000 euros. Puede que sean 50.000. He leído que ya son 55.000 euros. La Junta de Andalucía ha sancionado al jeque catarí, propietario y dueño absoluto del Málaga C.F. y adjudicatario –junto a una sociedad municipal- de las obras de ampliación del puerto de La Bajadilla de Marbella con 55.000 euros por incumplir los plazos marcados en las obras. Posiblemente, una injusticia de la Junta antimalagueña. Probablemente, un desproporcionado castigo que ha urdido en connivencia con la UEFA. Ahora bien, con los mismos efectos prácticos que una regañina a una garita antes de su arresto.

Lo que se sabe es que el Bien Amado de los más forofos no ha pagado esa injusta y desproporcionada multa no por injusta ni por desproporcionada sino por mundana. Donde él flota, no hay multas ni cantidades que abonar. Él es una garita en una alfombra montado en un corcel blanco en cualquiera de sus propios sueños o de quien espere hacerle llegar una factura pendiente de pago. El jeque no paga multas porque el jeque no paga nada, por más manía que nos tengan en o tengamos a Sevilla. Por eso no ha pagado tampoco el canon en la Bajadilla. Por eso el arresto de un escalón o de una silla en la mili no conseguirá reeducar a uno ni reinsertar a la otra en la sociedad ni con mi padre vestido de soldado, ni con un ejército profesional que nos defienda de un ataque marciano en un amargo porvenir. Es como la predestinación absoluta…

Le han dado un plazo al jeque. Otro más. O paga tropecientos mil euros o le pasa algo terrible. ¿A quién? El jeque Al-Thani y el Ayuntamiento de Marbella tienen un plazo de tres meses para poner en marcha el proyecto del puerto marbellí, que acumula ya un retraso de casi dos años desde que se firmara el contrato. Y si no, ¿qué? El plazo de tres meses es además definitivo y no caben más negociaciones ni ampliaciones. ¿Y si no paga?

Si no paga, ni estará ni se le encontrará. A nadie debe de pillar por sorpresa. Y el Ayuntamiento de Marbella estará tan ocupado tapándose subsidiariamente sus vergüenzas, que tendrá que señalar a su ex socio como culpable de todo el despelote. Al Thani tiene tres meses para desembolsar lo que le exige la Agencia Pública de Puertos de Andalucía: las dos anualidades del canon comprometido a la Junta para 2012 y 2013, por un importe total de 1,5 millones de euros, a razón de 750.000 euros anuales. Una cantidad irrisoria si se mira el presupuesto de más de 100 millones que decían los más sagaces de la política local que iba a invertir en las obras. Una cantidad preocupante atendiendo al normal devenir del jeque cuando se le apremia a seguir para sus pagos el calendario gregoriano del resto de los mortales. Si no le apetece, quiere, o puede, no pagará ni dará explicaciones que paralicen -ni lo pretendan- el posible embargo de confianza.

¿Y sus negocios con Málaga? ¿El Arraijanal? ¿De la Torre? Lo mismo. Exactamente. ¿Hay posibilidad de que ocurra algo distinto? O lo que es peor, ¿dónde estará el Málaga CF el año que viene? ¿Dónde dentro de tres años? ¿Cómo dentro de cinco? ¿Alguien duda acerca de cómo se quedará el Málaga cuando lo desechen sus actuales propietarios?

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Con la fe a dieta

He leído esta semana en La Opinión de Málaga lo que cobran sus señorías, los políticos electos, por representarnos. Un pequeño sueldecito del que logran salir bien parados por encontrarse siempre a dieta. A enormes dietas. Lo mejor de éste, su Régimen, es que lo que no les va en el sueldo, tampoco les engorda a la hora de tributar. Adelgazan de nómina y se redondean la curva de la felicidad a base de contar cuidadosamente sus kilómetros u hospedarse en lugares donde puedan sentirse, más que a gusto, como en su propia casa.

Por eso será que hay quien critica que algunos diputados cobren sobresueldos por alojamiento cuando tienen casa en Madrid. El asunto malagueño concierne a Celia Villalobos y a José Andrés Torres Mora. Uno del PP y otro del PSOE, qué bien, fomentando la igualdad. Cobran 1.823 euros al mes en concepto de dietas de alojamiento por las que no pagan impuestos -ni posada-. Y hacen bien, si lo que pretenden es dar ejemplo de austeridad. Me explico: puede un diputado de provincias dilapidar todo ese dineral pernoctando en hoteles sin obtener ningún rédito social ni personal a cambio, o puede otro, de gran capital periférica más moderna y soleada, invertir todo ese montante de dinero público en comprar(se) una casita. Lo primero es un despilfarro. Lo segundo, la austeridad liberal.

Que siempre salga alguien  beneficiado es lo suyo. Y cuanta más gente, mejor. Si doña Celia o don José Andrés están contentos porque tienen casa en Madrid y ayudamos a pagársela entre todos, es más probable que, debido a la felicidad directamente producida por este hecho, den alguna moneda a un paupérrimo parado de larga duración que pida limosna a la puerta de una iglesia por la que pasen camino al Congreso, que si no tuvieran dicha casa en copago. O sea, que se produce un bien social y otro personal, tan justos y equitativos como quepa imaginarse en un Estado de Derecho que fomenta el Privilegio desde hace 35 años como contraprestación a su inagotable transición democrática.

El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas indica que los españoles consideran como uno de sus mayores problemas (sólo por detrás del paro y de la situación económica) a la clase política. Este aspecto bate un nuevo record negativo cada trimestre, hasta situarse en enero en el epicentro del 29,8% de las respuestas, y no termino de entender la causa. Creo que me ocurre porque en Málaga no pasan ciertas cosas. Aquí la clase política no cobra tantas dietas. Ni tanto sueldo. Ni hay tantos cargos de confianza. Y lo que predomina es la transparencia.

Otra cosa sería, por ejemplo, que, a denuncia de su comité de empresa, se descubriera que el jefe del departamento de Recursos Humanos de Gestrisam, «no acude ni realiza actividad alguna» en la empresa municipal de recaudación, y que sus funciones son desempeñadas por otro trabajador «con nombre y apellido». Si además, este personaje estuviera contratado como asesor por el Ayuntamiento de Málaga y percibiese un “incentivo” de 24.683 euros brutos anuales, aparte de su sueldo en la empresa municipal, que se considerase a la clase política como el tercer gran problema de este país y a la corrupción como el cuarto, no me parecería tan descabellado, ni en Málaga.

Suerte que aquí no pasan estas cosas. Y si pasan, se explican. ¿Más pronto que tarde? O si no, se tiene fe y se mira para otro lado.

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Feliz Realidad

Sin ganas de que fuera la Navidad, fue y se fue cuando ya no quería que se fuera. Y lo hizo de la peor manera. Por culpa de nadie y con mala conciencia a repartir proporcionalmente entre todos. Será que hacen falta más vallas. Será que no se puso el cuidado debido. Será que pecamos de voluntariosos. O ¿qué será?

Me he dado de bruces con y contra la realidad y no sé si levantarme o quedarme un ratito repanchigado en el suelo, tranquilo y conforme. La UEFA no nos quiere. El jeque no paga; no habrá suburbano. La Junta no paga; ni quedan privilegiados. El Ayuntamiento no paga -o no los distingue y los sigue pagando, que también pudiera ser-; ¡Ni se espera el teleférico! ¿Para qué queríamos un teleférico?

Sin Museo de las joyas, ni concurso de ideas que embovede nuestras incapacidades, creo que lo más importante que nos queda, a tenor de lo incomprensible del dineral que nos cuesta, es el CAC, el Carmen Thyssen, el Palacio de Congresos y Onda Azul. Puede que muy poco para sostener tanta soberbia. Lo peor es que junto a los escasos recursos, nos quedan las mismas pocas ganas de seguir peleando. O eso parece. La moral se fue minando con la patada en el trasero del 2016 y desde entonces, no levantamos cabeza. No damos una. Parque de los Cuentos y cuento chino fue lo mismo. Hospitalito tampoco. El Astoria, nada. Y no es de políticos todo lo que desluce. Se van hasta los cruceristas. Ni uniforme a los cocheros, ni plantitas decorativas, ni los mejores resultados en las encuestan le sirven a los poneturistas de la lechera para que sigan contando con nuestro puerto entre sus expectativas de negocio a medio plazo. Se van como vinieron. En pantalones cortos. ¿Con las manos en los bolsillos?

No puede ser. Si organizamos una maratón y no vale porque nos faltan metros. Porque los corredores siguen al coche de la tele de espectáculos Mundo. Qué espectáculo. Qué Mundo. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué no nos sale nada? No será por no contar con los mejores profesionales: ahí están Antonio Peñalver, Salomón Castiel, López Nieto, Ángel Castilla, Manuel Esteban, Imbroda, Yolanda de Aguilar, José Estrada, Ruíz Montáñez, Rafael Arjona… Málaga tiene 10 de los 15 cargos de confianza que más cobran en todas las diputaciones andaluzas según el sindicato ASED. Y según el CSIF, lo que le paga el Ayuntamiento a los suyos son “retribuciones abusivas”, por exceso. Y si a estas lumbreras le sumamos a Caneda, el omnipresente del libre albedrío, tendremos un equipazo, digo yo. ¿O no? Sí. Sí o sí. El que pone el dedo no puede ser tan inepto de equivocarse tanto. Ni queriendo.

Pues si el equipo es tan bueno –o tan caro- y además, hay algún que otro listo alrededor, con un hombro que arrimar por la cuenta que le trae (léase Fernando Francés, Javier Ferrer y otros de parecido coeficiente o tan geniales), que las cosas no terminen de ir como debieran en nuestra ciudad puede deberse a que nos encontremos inmersos en un “bache”. Eso es. Un bache bachecito del que saldremos más pronto que tarde. A la de uno, a la de dos, o a la de tres. Cruzo los dedos. Lo próximo, el carnaval y después la Semana Santa y después el sol y playa, sin altercados ni más peras al olmo. Valemos para lo que valemos. Para firmar manifiestos patrioteros, amar incondicionalmente al Jefe –si es Jeque, mejor- y para conformarnos con nuestra suerte o rezarla en contra. Que sea buena y me persigne. Sin accidentes. Sin proyectos pillines-colosales del alcalde. Sin redes biznaga. En fin, de todo corazón, feliz realidad.

Ay, que nos cojan confesados.

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2013

Tras la noche, tras el día de ayer resacoso y casi de trámite, hoy comienza el año de verdad para la mayoría de los mortales de esta zona del mundo. Me siento igual que el lunes pero ya hemos pasado otra frontera como un enorme colectivo de colonos que caminan con todas sus pertenencias encima hacia la busca de nuevos campos. Habrá que detenerse un poco para descansar y mirar el horizonte, a ver qué vemos, a ver qué se ve. Yo siempre he lamentado no saber interpretar el futuro. Mi vida sería más agradable con varias loterías acertadas en mi currículum, de esas que a partir de ahora serán algo menos alegres cuando los niños o las chicas de la tele canten la combinación ganadora. Vivir es difícil pero a partir de hoy va a ser más caro. Sube toda clase de impuestos pero la esperanza, y no me refiero a la mía, se queda sin actualizar su IVA correspondiente, ni esa inflación de tristeza que tantos puntos le hizo perder el año que ya pasó al olvido.

2012 llegó con un aspecto bueno, como infantil casi en su escritura con sus patitos al principio y al final, y el 0 y el 1 como breve mensaje en lenguaje informático. Sin embargo, venía cargado de venenos. Unos achacables a las políticas de la nueva dictadura alemana, otros a las malas políticas españolas. De otros el único responsable era el destino. Un fin de la existencia había previsto por parte de esas formas de pensar a las que tanto gusta fastidiar las fiestas. Y eso que en la parte del planeta que nos afecta la persiana del bar y su pista de baile se habían cerrado con igual contundencia que el grifo del crédito, con lo que pocas alegrías quedaban en la casa del pobre. Pues ni aun así. Que si un meteorito oculto por el Sol, que si un alineamiento de planetas con inmenso campo magnético, que si los dioses Mayas. De todo iba a pasar, pero aquí estamos con el colesterol disparado por estos días de inevitables excesos aunque de marcas blancas y con los número rojos a punto de organizar en enero la revolución de octubre dentro de la cartera de cada uno.

2013 en principio llega amable. Al menos sin tanta mala profecía sobre su carita inocente como sucedió a su predecesor en el trono. Quizás sea el típico truco de poli bueno, poli malo. Cuando más confiados y cómodos estemos, el 13 puede desencadenar su furia maléfica, como todos los gatos negros que se han cruzado con nosotros, o las escaleras bajo las que anduvimos sin que nos diésemos cuenta de nada. Pero mirando al horizonte como estoy y sin poder ofrecerles la combinación ganadora de ningún juego en estas líneas, perdónenme, prefiero contemplar este nuevo camino con una sonrisa y con mucho ánimo. El 13 es un número mágico, un imán para la buena fortuna que ya sabemos que acompaña a los audaces y a quienes prefieren ver la botella medio llena, que no es poca suerte en mitad de un desierto o de una fiesta.

Dicen que empezaremos a salir de la crisis este año. Quiero verlo así. Que regresen las pagas extraordinarias y los créditos, y aumente el consumo, y esa maquinaria de gasto que no me gusta se ponga en marcha para crear empleo y que las familias no padezcan más penurias. Al menos nadie ha descubierto antiguas profecías que predigan catástrofes para estos doce meses ya en curso. Alguien se encargará de interpretar cualquier calendario o texto ya olvidado para que cuadre con esos negros designios. También quienes realizan programas sensacionalistas de misterio tienen hipoteca y una buena alarma vende más que 365 días de vulgar rotación sobre el espacio, sin mayores consecuencias. Las frontera son inventos humanos casi siempre. Su paso apenas es perceptible, pero el paisaje cambia poco a poco. En estos días estamos como aquellos pioneros que de niño veía en las películas del oeste, quietos ante una inmensa llanura desconocida donde tal vez se ocultaran minas de oro, o tal vez la sequía desoladora. Ya digo que 2013 no me parece un paisaje feo allá a lo lejos. Comencemos un paso alegre y optimista. Que sean muy felices.

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El Manifiesto de todos

Son tiempos difíciles, en general. Los de esta semana, días raros en medio de una etapa complicada. Porque ya, ni es Navidad ni deja de serlo, al menos hasta que los Reyes Magos nos pillen a contrapié, que no por sorpresa. Iba a mirar el belén porque creí que tenía un rato libre pero me he dado cuenta, sin querer, que los ratos que tengo ahora son los que ocupo. O sea, tengo un rato ocupado y el resto libro. Libro de detectives escandinavos que ocupen mi jornada y belenes con pandereta que no sé si guardar o jalear. Entre Nochebuena y Nochevieja lo que hay son ganas de solidarizarse y el día de los inocentes. Juntos, dan más juego. Una buena causa la distingue peor un inocente y si eres mala persona, o regular, te puede hacer gracia que la confunda. Lo malo es cuando sólo hay un listo y el resto no se entera de si la causa que apoyó fue buena, fue causa de broma o le convirtió en un rebelde sin causa. Así me siento con la causa patriotera que estoy a punto de firmar, mirando con recelo al romano del castillo y a las dos lavanderas.

Lo que le han hecho a mi Málaga CF no tiene nombre. Expulsado de las competiciones europeas. Dicen que la UEFA nos tiene manía. Algo tan difícil de sostener desde la razón, que prefiero pasarlo por alto, no sea que acabe protagonizando una tertulia conspiranoide en el programa de Iker Jiménez. Otros lamentan el trato desigual que hemos recibido por parte de este organismo. Se pone el ejemplo del Atlético de Madrid, señalado y advertido al mismo tiempo que el equipo de Martiricos y salvado en última instancia del severo castigo. De hecho, fueron 23 equipos los conminados a pagar sus deudas antes del 30 de septiembre y, según la UEFA, el Atlético de Madrid y otros catorce equipos cumplieron con sus obligaciones a tiempo y el Málaga CF y otros siete, no. Si no fuera porque nuestro bien amado Jeque ha dado sobradas muestras desde que conquistó Málaga de lo buen pagador que es, de lo atento que está al desembolso puntual de cada pagaré, cada nómina, cada ficha, cada cuota a la seguridad social y de tributar a Hacienda, podría llegar a sospechar que lo que ha pasado, única y exclusivamente, es que no pagó. Sería de bien pensado. Ojalá. Porque si, como aseguran desde el club, se cumplió a tiempo y a pesar de ello, se les ha sancionado, además de honrados, que sería de agradecer por la imagen que trasladan de nuestra ciudad al resto del mundo futbolístico, habrían demostrado ser unos auténticos pardillos. Cabezas de turco, no. Pardillos por excelencia.

Pero no. Prefiero quedarme con la idea de que la culpa la tiene Sevilla, la Hacienda sevillana o la madre que la parió y firmo donde haga falta. Porque es Navidad. Porque soy solidario. Porque soy patriotero. Y porque, sobre todo, soy inocentón de cabo a rabo. Miles y miles de firmas. Miles de manifiestantes. Si se hace una Mani-fiesta, acudo. Propongo el 31 de diciembre y dos pájaros de un tiro. En la Rosaleda, en el Arraijanal o en la Bajondilla… Será por sitios… Que pague el Jeque la primera y a partir de la segunda, nos apañamos solos con la ruina que nos deje.

Dicen las malas lenguas que mi Málaga CF no es de los malagueños, que es del Jeque. Vaya tontería. ¿Para qué va a querer un catarí mi Málaga de toda la vida?, respondo a los que no entienden de sentimientos futbolísticos. Él es un rey mago, de los que no existen. Amigo del alcalde y de Bendodo. El Jeque es un icono que no responde, ni sabe ni contesta. A veces paga. Otras no. Siempre a plazos que le vencen, eso sí. Salió de una lámpara y se irá en alfombra –si no se ha ido ya-. No es ni bueno ni malo. Está por encima de esas cosas. Definitivamente, nos llevó al cielo y una cosa me preocupa: ¿estaremos muertos?

Qué bonito el caganer. Me gusta el belén. Cuánto tiempo libre para firmar manifiestos…

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Ahorra o nunca

Creo que, de estar en lo cierto, puedo llegar a ser el próximo ganador de un premio importante de la Economía. Un Nobel, o algo así, de alguna universidad de Gales, o de por ahí. Y si no me lo dan, puede que se deba a la envidia o a los mayas. O a las dos cosas. Pero, como iba diciendo, si todo va bien y me convierto en lumbrera de la economía de aquí a nada, en primer lugar quisiera reconocer parte del mérito a los cuentistas políticos de mi Ayuntamiento, que fueron los que me hicieron barruntar sobre este asunto y en segundo, por orden cronológico, a los del mismo tipo que cuadran las cuentas en Diputación y que esta semana, también han conseguido sorprenderme, a la vez que alentarme, con la confección de un presupuesto para el próximo año que supondrá, a pesar de la crisis, un “ahorro” enorme, respecto al que se han gastado este año. Me preguntaba cómo lo harían. ¿Cómo conseguirían ahorrar? Muy fácil, se trata, simplemente, de hacer un presupuesto. Claro que, no un presupuesto cualquiera, sino un presupuesto político que priorice el ahorro.

El quid de la cuestión, por tanto, creo (formulo), radica en superar el viejo concepto del ahorro. Hoy por hoy, para ahorrar no se necesita un calcetín, con la memoria es suficiente. O sea, no se ahorra uno lo que deja en el banco. Se ahorra uno lo que no se gasta porque no lo tiene. Si usted quiere pasar de ser un hombre arruinado a otro ahorrador, como nuestro Ayuntamiento o nuestra Diputación, recuerde lo que pudo gastarse con mucho esfuerzo el pasado año y que sin duda no podrá gastarse el próximo. Anote todo lo que recuerde que gastó y cuanto más no tenga ahora para igualarlo, en igual medida se lo estará ahorrando. Por ejemplo: si pudo pagarle la universidad al niño y ya no, se lo habrá ahorrado en términos políticos. Qué alegría.

Gracias a esta nueva técnica política de hacer presupuestos joviales en Málaga, que por fin hoy he entendido o me he inventado al intentar comprender –que ojalá y me den un premio-, ya no seremos mayoritariamente pobres desgraciados sino absolutamente ahorradores desgraciados. Todos iguales, aunque algunos más que otros pues cuanto más pobre sea uno, más ahorrador se habrá vuelto, casi sin enterarse y sin depósitos a plazo fijo en ningún banco y de Suiza ya, ni hablamos. Ahorrador obligado y honrado, hasta hartarse de presumir, como han hecho Elías Bendodo o Francisco de la Torre hasta ahora en solitario, qué carotas, sin explicarnos la fórmula para que pudiésemos conocer y compartir su alegría. Si bien es cierto que, personalmente, en ambos casos, poco podrán ahorrar, atendiendo a esta acepción más moderna del asunto. Pobres.

Me da a mí que el ahorro va a ser al final como el colesterol. Habrá del bueno y del malo. A fin de cuentas, el presupuesto consolidado de la Diputación para el próximo ejercicio será prácticamente el mismo que en 2012, por más que hayan ahorrado o eso digan: 255 millones. Por su parte, el del Ayuntamiento de Málaga alcanzará los 680,2 millones de euros —en materia de gastos, y 685,1 millones en ingresos—, lo que supondrá un descenso -¿un ahorro malo?- del 8,1 por ciento respecto al de este año (740,4 millones).

Este año hemos ahorrado muchísimo entre todos. Pero el próximo, si nadie lo remedia, más.

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Miserias

Alguien me contó que en México le daba a los policías unos dólares y ellos mismos le vigilaban el coche cuando salía a divertirse. Un amigo argentino se quedó muy sorprendido cuando unos policías en España (patrulleros, según decía) no quisieron acercarlo a casa una noche aunque él estaba dispuesto a pagar lo que costase la carrera, tal como había hecho en su país en varias ocasiones. Eran historias, o historietas, o leyendas de borracho charlatán, que parecían lejanas años antes de esta crisis en la Europa del sur.

Aquí, al sur del sur, en Puerto Real, varios agentes de la policía nacional, junto con empleados municipales, se repartieron bajo la inexpresiva mirada de una cámara, los productos que habían decomisado a vendedores ambulantes que, en esta tierra azotada por el desempleo, sólo intentan ganarse la vida. Una acción que se desarrolla en el punto exacto que media entre lo cutre y lo arbitrario, entre lo dictatorial y lo chulesco.
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Fun, fun, fun

Mañana me empieza la Navidad y me iré a dar una vuelta por el Centro Histórico, a ver lo bonito que lo han dejado. A priori, sufro por los comerciantes, que no sé qué van a hacer ahora que les han recortado las lucecitas de colores, pero auguro que peor lo estará pasando, por el mismo motivo, la concejala del ramo, la Señora Porras, la que decía que los secadores de pelo gastaban lo mismo que sus arbolitos navideños y que, a pesar de ello, se ha visto obligada a reducir la factura de sus felices fiestas en un 40% respecto al año pasado. Y es que ella lo tenía claro. No importaba que fuésemos la quinta ciudad más endeudada de España. La Navidad era la Navidad y Málaga, Málaga. Así que, los 900.000 euros que dedicaba a alumbrarnos y que nos convertía en la segunda ciudad de España, tras Madrid, que más gastaba en adornarse -“porque creaba empleo y para potenciar las compras en los comercios de la ciudad”-, han volado.

Maldita crisis. Supongo que se deberá a la maldita crisis. Esa misma que no habría en Málaga en 2010 ni en 2011 y que nos permitía estar a la cabeza de algo, tan bonito, hortera y supongo que “necesario” como era ornamentarnos más que a nadie las navidades. Aunque, a lo mejor le pasaba a Porras lo que a Zapatero, que no se enteraba de que “la cosa” había empezado. Zapatero lo asumió en 2008 y puede que Porras, ocupada en adjudicar contratos de una manera más legal de la que legalmente se le exige, lo haya descubierto ahora, más calmada, con un lustro impoluto de retraso.

O eso o, se me ocurre que, tal vez, la terminara convenciendo el grupo municipal de Izquierda Unida cuando propuso el pasado año que, para éste, el presupuesto para lucecitas Ximénez se redujera a la mitad y se estableciera en 450.000 euros. La cantidad prevista con este ahorro, según sugería Pedro Moreno Brenes, podría destinarse a medidas de promoción del comercio y otras acciones que permitieran la creación de empleo en la ciudad. Puede ser que la convencieran, sí. De hecho, Doña María Teresa, ha reducido el gasto hasta dejarlo en medio milloncito, casi lo que le pidieron. Lo que no sé es si se ha guardado los otros 400.000 para alegría de comerciantes y parados o no, aunque mantengo ciertas sospechas de que, si así fuera, lo mantendría en secreto hasta el 28 de diciembre, por hacer la gracia.

Pero bien está lo que bien acaba. Si no podíamos permitirnos tal despilfarro de felicidad intermitente, bienvenido sea el recorte que nos baja de Babel hasta la calle Larios para darle un paseo de andar por casa. Ya no se creará empleo ni se potenciarán las compras en los comercios de la ciudad tanto como quisiéramos porque, quiero suponer que, habrá algún estudio científico encargado por la empresa adornadora a algún entendido en sociología antropológica que, en sus conclusiones mencione que las campanas y estrellitas iluminadas, en condiciones constantes y si se cumplen una serie de premisas, podrían incitar al consumo. Pero aún así, muy pobres de tanto, seguiremos siendo ricos, muy ricos de espíritu navideño según doctrina de la ley de los grandes números y otros efluvios mediterráneos. Eso se sabe. Como que, los menos privilegiados, asistiremos atónitos a las carreras de funcionarios municipales que persiguen a concejales por nuestras calles, haremos cola en los belenes gratuitos, celebraremos tapeos de empresa, nos indignaremos tras la injusticia del sorteo navideño y la asociación Zegrí se inventará algo muy raro que saque las castañas del fuego al señor Caneda.

Que empiece. Esta Navidad promete. Creo que, a poco, volverá a gustarme.

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