Éranse siete veces

Llega el cuento de la Noche en Blanco con la oportunidad de reinventar una ciudad, a partir de la imaginación. Érase otra vez…

Será el sábado con pistoletazo de salida y Cenicienta esperando en la calabaza. No sé el horario pero hay un programa precioso en internet donde se cuenta cada acto que se prepara como si fuera exclusivo y ex profeso para la ocasión. Desde una exposición que lleva dos meses inaugurada hasta una obra de mil años recientemente construida y que, ¿por fin?, se puede visitar: la alcazaba. Son siete años ya de reminiscencia desde aquel atracón de 2016 que se sigue zampando poco a poco la marabunta, un sábado de mayo al año, supongo que hasta que no quede nada que recordar. De aquella herida supuró algo con vida propia y creció hasta lo que es hoy: un record guinness de culturetas poco leídos dirigidos por el flautista de Hamelin del consistorio –que tampoco ha debido leer mucho-. Todo gratis y nos llevan al río. A todos. Los del carnaval, la Semana Santa, la feria y los parados, en fila de a uno. Metemos la puntita del pie tanto que no nos llega el agua al cuello porque, afortunadamente, el cauce está seco y abovedado en el érase una vez del alcalde. A penas tres o cuatro horas para correr a verlo todo. Teatro Romano, Picasso, Plaza de la Merced y corriendo a Calle Larios. ¿Pillaremos algo? ¿Qué habrá? Míralo en el tocho, Johnatan. ¿No lo tienes en el móvil? Del MUPAM a la eternidad…

La Noche en Blanco da ese éxito fácil que gusta tanto a los peores políticos. Da grandes números para el boca a boca sin esfuerzo, porque lo que valía algo, se regala. Ni más ni menos. Pan. Circo. Entradas. Museos. Habrá miles de ciudadanos a las colas señaladas y con un yogur de mititillas en el bolso para el niño que va a ver tantas ruinas y cuadros que se le indigestarán durante el resto del año. Esta noche lívida malagueña se ha adaptado a la idiosincrasia cultural de sus nativos, que no es mejor ni peor que la de ningún otro sitio, si acaso menos espléndida para con sus artistas. En fin, la filosofía de la noche más negra para los profesionales del arte –si es que queda alguno-, pasó de ser un estímulo artístico para culturizar al populacho en la época del constructor coleccionista, a convertirse en lo que es hoy, una oportunidad de salir a la calle con toda la familia y el único objeto predeterminado de no gastarse ni un solo céntimo, pase lo que pase y promulgado así a la población por el gobierno municipal como mérito adherido a la razón de ser de la cultura. Por amor al arte. Ese que no usa la clase política pero que exige a quien quiera tener un sitio en el que exponerse a que lo vean familiares y amigos en un catálogo artístico de 150 páginas a todo color. Los aprendices de artistas exponen, cantan, bailan, actúan, y no pintan nada más que un añadido al número de actividades programadas por la vergonzosa Área de Cultura municipal, que debe pensarse que esta fiesta es la de fin de curso en el salón de actos de un instituto gigantesco. Pero les vale. Para hablar de montones. De 100.000 cosas por un lado. De 1.500 por otro. De otras 600 por aquí. Y 1.184 por allá. Da igual de lo que sea, pero mucho, muchísimo. Tenerlo más grande (el evento). Y gratis para el consumidor, y gratis también para el que lo oferta. El único que paga en la Noche Gratuita es el artista. Hasta la última alcayata. Y lo que aún no entiendo es por qué sólo se organiza el todo gratis éste con el arte. Hay campos por descubrir. Las tapitas. Que hagan un todo gratis con tapitas. O con zapaterías. Calzado gratis para todos. Aún habría más gente en las calles, rasgándose las vestiduras por llegar antes que nadie. A lo mejor es que los hosteleros y los zapateros son más respetados que los artistas y a nadie se le ocurre si quiera proponerles que no cobren… Ahora que podemos echarle imaginación al cuento, hipoteca gratis, pero sin reivindicaciones. Hipoteca gratis desde una tumbona de una playa caribeña, abanicados. Ay, érase una vez…

Hagan cola, pasen gratis y vean.

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Aguafiestas

Ayer me bajé al bar de abajo dispuesto a ver el fútbol y beber cervezas entretenidas. Había brindis eufóricos que auguraban la paliza que le íbamos a dar a los muniqueses pero también silencios profundos, casi emparejados. Yo creo que el subconsciente colectivo viajaba en un barco hacia ultramar, donde viven los ultracongelados, y en la cresta de la ola, nos creímos invencibles, traguito va, la final de Lisboa viene. Lo malo es que todo lo que sube, se amorcilla a partir de los cuarenta, con el canguelo ese que se corta con un cuchillo y que alguien confundió alguna vez con la tensión cuando, lo que tenía en la punta de la lengua, en realidad, era mucho miedo. Abajo de la ola estábamos, acongojados, cuando surgió el agradable tema de distracción habitual como biodramina contra el mareo. Ya no son tanto los comentarios machistas subiditos de tono como los otros, más ecologistas y orgánicos, sobre los brotes verdes. Derechas e izquierdas tienen necesidad de perseguir el cielo, con lo que todos parecíamos de acuerdo en que “la cosa” mejoraba. Pero en cada desconexión de la realidad que se precie, siempre aparece el aguafiestas de turno. Ni le gusta el fútbol, ni le gusta el Bayer, por más que lo vitoree, ni le gustan los humanos que sudan. Estaba ahí sentado para incordiar y recordarnos lo borregos que somos, por más que lo hayamos decidido ser de común acuerdo. Me volví a ver el partido a casa, por no escucharlo, deprimirme ni empatarme.

Pues sí. En Málaga los coches estarán muy viejos, listillo. Claro. Ya no es como antes que los cambiábamos como los miopes sus gafas. Entre 1999 y 2008, la etapa dorada del ladrillo, se compraron una cuarta parte de todos los coches que actualmente circulan por la provincia, cuando el crédito fluía. Por eso actualmente, según los datos de la Jefatura Provincial de Málaga, 519.635 de nuestros vehículos (49%) tienen más de 10 años. ¿Y lo de las casas? Pues sí. También son viejas. De hecho, el 35% de los edificios malagueños no realizó la revisión técnica obligatoria en 2013. Se terminarán cayendo de pobreza, sí. Tampoco es que se vaya renovando el parque inmobiliario: la firma de nuevas hipotecas para la compra de vivienda en Málaga ha caído un 27% en los dos primeros meses de 2014, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Ya. Estamos en crisis. Nunca hubo tanto paro en la provincia, desde los fenicios a la actualidad, incluyendo la etapa más culpable de Zapatero: 36,52% de tasa de desempleo. Y ya sé, en cuestiones de seguridad, hemos perdido 114 policías nacionales y guardias civiles en dos años y medio; en cuanto a la Justicia, el Fiscal General del Estado, Torres-Dulce se refirió a la situación «especialmente dramática» de la Fiscalía de Málaga; en cuanto a Educación, 9.921 alumnos de la UMA siguen pendientes del pago íntegro de sus beca; ¡hasta la Catedral tiene goteras!; la ciudad moderna y cosmopolita de la que presumimos está cada día más pobre y anciana y seguimos a peor según esos datos que muy poco tienen que ver con las previsiones de cambio de tendencia, como ha afirmado con prudencia y sin ruido la Confederación de Empresarios de Andalucía por boca de su presidente, Javier González de Lara: hay una “estabilización” en la economía, aunque no se atreve a decir que la crisis haya finalizado, tal y como se está comentando desde el Gobierno.

Puede que el aguafiestas del bar de abajo hablara del presente turbio apoyado por esos números sin ilusión ni decorados de brotecitos de colores pero, ¡en Málaga vamos a tener el Pompidou! Aunque admite el alcalde que puede ser ´difícil´ que Unicaja financie la adecuación del Cubo… En fin, no sé qué pero algo irá a mejor. ¡No nos pueden tomar por tontos! Si no, el PP de Málaga, digo yo, no habría decidido vendernos la ´recuperación´ económica en su campaña para las elecciones europeas del 25-M, ¿no?

Ejem (onomatopeya del canto del desconfiado que no silba).

Al menos, que se clasifique hoy el Atlético.

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El juego del trileo

La Semana Santa se ha ido y me ha pillado a contrapié, como la Ley de Racionalización de la Administración Local a nuestros ediles y asesores municipales. Alguno tendría que dejar de cobrar para cumplir la normativa: al menos tres concejales y once técnicos. Mario Cortés, el portavoz municipal, se lava las manos y señala el reparto de los candidatos a quitarse el sueldo, por democracia matemática, entre los dos partidos de la oposición. Se remanga para que lo veamos clarito, se coloca un tapetito verde sobre la mesa, sin trampa ni cartón, y se dispone a hacernos un truco de prestidigitación. Cuenta con los dedos de las dos manos y casi nos convence de que los suyos ya se han quitado el sueldo cobrando de otras instituciones, ya sea Diputación o Senado. Así, uno, dos, tres, hasta 14. A él no le gusta tampoco que a un compañero de oficio le quiten el sueldo, eso ante todo, pero la ley es la ley y la pela es la pela… así que si alguien no le ha quedado suficientemente claro, repite el truco cuantas veces sean necesarias, más despacio. Matemáticas incuestionables, ¿qué le va  hacer él? Sin embargo, de la justicia de esos números tan bien medidos no entienden tanto ni María Gámez ni Eduardo Zorrilla, que considerarían un grave menoscabo a su labor de fiscalización descontar el sueldo a 14 de entre los suyos. Uno a uno. Miran a Mario Cortés, casi hipnotizados, y suman con los dedos. Eso de la proporcionalidad porcentual debe de ser un arma del diablo. A la oposición no les salen las cuentas, no. Las matemáticas son neoliberales. Las letras, piensan, podrían estar de su parte. Justificarían lo injusto de ponerle cortapisas al control de gobierno con un par de discursos, una rueda de prensa y dos parrafadas. Aquí todos moros o todos cristianos. Mejor dicho, aquí todos cristianos. Sin sacrificados, que los del PP serán contrincantes electorales pero no enemigos sin familias a su cargo. Todos iguales, todos cobramos. La “bofetada política” nos la perdonamos de común acuerdo y santas pascuas.

No voy a ser yo, por supuesto, quien defienda la gratuidad del ejercicio público del político. Sólo los que tuviesen su vida resuelta podrían dedicarse a una profesión que no debería ser tal. Un paréntesis en la vida laboral en servicio de la representatividad democrática, tiene que ser remunerado para que todos participemos en condiciones de igualdad, no sólo la clase adinerada, aburrida y ociosa. Qué horror.

Pero la ley ha de cumplirse en todos sus términos. Y que esta Ley de Racionalización de la Administración Local sea una norma dictada de cara a la galería o no, formaría parte de otro debate. Que se limite el número de concejales con dedicación exclusiva me parece algo absurdo por disfuncional. No es el caso del personal eventual, que depende del ojito y el dedo de la estructura piramidal de los partidos y que, mucho me temo, responde, en más casos de los deseados, a favores debidos que a méritos demostrados. El problema de los asesores y el personal de confianza es que la sociedad le ha perdido la confianza, o eso dice el CIS, y a pesar de necesarios, cuanto menos y más selectos, mejor. De curriculum, bien pagados y sin haber perdido ningunas elecciones recientemente, a poder ser.

De todas formas, no creo que anden muy preocupados los partidos de la oposición en el Ayuntamiento de Málaga. Al final encontrarán, entre todos, la manera corporativa de mandar la racionalización a paseo, de una manera consensuada, cambiándole el nombre al cargo o canjeando los cromos por obras o servicios, al 75 por ciento de desinterés y bajo excusa de dedicación parcial, con el debido cuidado de no defraudar a la ley, no tanto al ciudadano. Aquí ni derechas ni izquierdas valen, cuando lo que está en juego es la soldada, todos apechugan a una, se encerrarán a debatir sin hacer ruido y llegarán a ese acuerdo de mínimos que por razones de humanidad, tan bien se le da a nuestro alcalde, sobre todo cuando el que convida, no paga.

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Brindis al Sol

Esto va viento en popa. Saberme perteneciente a la región europea con más paro de Europa no me va a convertir en derrotista con toda la Semana Santa que me queda por delante. Y por detrás. Y rodeado. Los del informe de Eurostat serán muy listos con una calculadora en la mano pero bien tontos sin ella, por lo inoportuno de criticarnos cuando nos enardece el espíritu místico cristiano. Andaluces apasionados en la devoción e incontinencia en la soberbia van íntimamente unidos en esta semana de emociones tan encontradas. Tanto que no sé si estoy triste o contento por la gracia o por desgracia. Pero orgullosísimo de lo que sea, eso seguro. Qué me importará a mí ahora que me digan que los números no son cuestionables, cuando lo que domina mis emociones son unos tambores a flor de piel y unas cornetas desafinadas. Anda ya. 36,3 por ciento de paro. Y, ¿a mí qué? Andalucía es una cuestión de fe. Pero Málaga, un milagro.

El verdadero prodigio de esta Semana Santa es que haya otros responsables con otros números más católicos para nuestros intereses, con la que está cayendo: Málaga es la provincia de España con mayor subida en pernoctaciones en lo que va de 2014. A la ciudad tampoco le ha ido mal la temporada baja y han crecido un 14 por ciento los turistas que se han alojado en nuestros hoteles desde noviembre hasta febrero. Es un hecho que la Costa del Sol afronta la Semana Santa con perspectiva de crecimiento debido al buen tiempo, hasta el punto de que los hoteleros hayan elevado sus expectativas para las fiestas por primera vez desde la crisis. Prevén un 5% más de ocupación que el año pasado. A las buenas noticias del corto plazo se suma la llegada de 12.000 cruceristas mañana, Jueves Santo.

Olé. Todo esto es estupendo. ¿Será por el buen hacer de nuestros responsables políticos? ¿Por los Museos de D. Francisco? ¿Por los viajes de Caneda? ¿Por la labor de Izquierda Unida al frente de la Consejería? ¿Por el Patronato de Turismo? ¿Por los Congresos excelsos que tan bien organizamos? ¿Por la Gran Senda y los fondos transfronterizos? Yo creo que, a pesar de alguno de los que celebran su éxito político, todo irá bien mientras Amón nos cuide y haga calorcito, el alcohol siga siendo barato y las playas no se sequen. Porque, ojalá me equivoque, me cuesta imaginarme un turismo distinto, con más inquietud cultural que el que nos visita, que entienda que pueda haber 16 cajas vacías de pizza familiar y otras 19 medianas, acumuladas a montones caóticos en el basurero ilegal en el que se transforman nuestras calles más emblemáticas del Centro durante la Semana Santa. Esa imagen vergonzosa no ocurre sólo en las callejuelas orinadas más apartadas, sorpresa de curiosos caminantes sin una guía de viajes que los invite a encontrarse imprecisamente, sino incluso en las plazas más turísticas y poco reivindicables de nuestra Historia por contar. Frente al Teatro Cervantes, en la Plaza Jerónimo Cuervo, un lunes Santo, a la 1 de la mañana, bolsas de botellón, vómitos de rabia y huellas de barbarie. Eso es lo que se regala en los folletos turísticos de cada feria del ramo en la que se buscan nuevos visitantes. ¿Qué turista de Congresos pensará organizar uno en esa ciudad aún por romanizarse?

La culpa se reparte. No es sólo de los reyes de la casa, adolescentes tardíos a los que la madre les hará la cama hasta que cumplan los 40. Ellos no saben qué hacer con la basura que no pueden comerse si no se lo ponen fácil. Los mayores culpables del sonrojo por el que tienen que pasar los que nunca han roto un plato sin recogerlo, son los que dejan por su falta de previsión que se colapsen las poquitas papeleras del entorno. Los que proyectan un centro sin contenedores que no afeen el cartonpiedrismo que propugnan. En fin, la culpa es de los que planifican de manera tan cara como ineficaz, la limpieza de esta ciudad.

Bendito sol, que no te apagas.

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Sí, quiere

Si algo me gusta de D. Francisco de la Torre es que no se casa con nadie. Lo suyo es para toda la vida. Por eso, cuando leí lo que  había afirmado el pasado lunes con la rotundidad del que se deja querer, “lo más probable es que diga que sí”, me agarré al periódico para no caerme de la silla. No habrá bodorrio pero sí celebración de aquí a dos meses, cuando sea su segunda confirmación, tras la católica adolescente, y destape a entera esa media sonrisa etérea que nos lleva mostrando de pitiminí desde hace ya algún tiempo en sus andares. Se le ve pletórico en esta segunda juventud sobrevenida que le ha proporcionado el sentirse aún deseado por los no tan suyos, de su partido. Esos jóvenes revenidos de modernidad y que tal vez estén llegando demasiado pronto a sentirse tan cerca del poder, que han sentido vértigo de enfrentarse antes de tiempo al recuerdo de otro exiliado en Castelgandolfo. Ha dicho el alcalde en el programa “La Tapadera” de la Cope que se quedaría en el Ayuntamiento de Málaga los cuatro años de mandato si fuera reelegido y que también lo haría, desde la oposición, en el caso de que perdiera y yo no puedo imaginarme otra escena para la ocasión, que no tenga que ver con una viñeta caricaturizada del candidato andaluz a la Junta de Andalucía en el cuartillo de al lado, tras las cortinas, frotándose las manos y aguantándose la risa rodeado de sus viejos compañeros de edificio y andanzas. Puede que mandándole un whatsapp a Arenas con el chiste. Los cuatro años, dice. Que acabaría el mandato, dice…

Si algo no me gusta de D. Francisco de la Torre es cómo le pintarrajean la cara en todos los cuadros de los santos inocentes desde Rubens. Porque antes que tozudo o confiado, por su talante, lo comprendo mejor metiendo la pata en brazos de Herodes, claro. Probablemente, limpio de pecado por tanto bautismo de fuego frente a las urnas, aunque un tanto indolente, también, por acostumbrarse a considerar como daños colaterales a sus delfines caídos. No ha dado en el clavo con ellos, no. Puede que por elegirlos al margen del partido, según le diera la espina. O será que la intuición no le llega a la mínima altura feromonal, sin dolo ni culpa sino por meras cuestiones de género. Sea de uno u otro modo, tampoco ayuda a solventar esas carencias, su empeño en dar pábulo a su demostrada falible sagacidad. De hecho, un apretón de manos poco precavido le suele llevar a la sala más profunda de la incomprensión, tercera puerta a la derecha según se entra en el edificio de Tabacalera, donde acude habitualmente para cumplir penitencia.

¿Será verdad que se fía de que le permitirán seguir al margen de las cuentas de las viejas Nuevas Generaciones malagueñas, y cumplir los cuatro años de mandato, aunque el PP no gane las próximas elecciones con la suficiencia previsible para gobernar ni en España, ni en Andalucía ni en la provincia? ¿Qué estrategia política sería esa? ¿Jugársela en las municipales, tras la retirada de un alcalde muy querido, que ha gobernado durante casi 20 años, con un nuevo candidato, inexperto? ¿Sin que se retire un año antes el viejo alcalde y lo sustituyese a tiempo de salir en la foto y poner la primera piedra de todas las obras habidas y por haber, el nuevo candidato? ¿De verdad se cree D. Francisco que le van a permitir desde su propio partido agotar su próxima y segura reelección?

Si algo me gusta de D. Francisco de la Torre es que no se casa con nadie.

Si algo no me gusta de D. Francisco de la Torre es cómo le pintarrajean la cara en todos los cuadros de los santos inocentes desde Rubens.

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La ciudad infinita

Se volatilizó el cine Andalucía, afortunadamente sin que tuviésemos que lamentar desgracias personales, pero parece que al menos ha servido para que los tramoyistas de la “ciudad infinita” de las heridas del 2016, esos mismos que aún nos gobiernan sacando pecho cultural, se hayan puesto manos a la obra con el censo de esos solares e inmuebles abandonados a su desgracia, que ya reconocían entonces horadando el Centro de la ciudad, pero que destapaban orgullosamente como una metáfora lírica de nuestra Historia. Eso ya ha pasado. Menos mal. Alguien de su confianza debió de advertirles de que el traje no existía y se vistieron. Pero algún mecanismo de defensa, el del olvido de los momentos más ridículos de la vida, produjo, supongo, que se enterraran otro poquito de nada los no tan fantásticos solares, sí tan característicos de Málaga.

Ahora, mientras los técnicos municipales desarrollan el parte de guerra ruinoso del Centro Histórico, impregnados del olor a chamusquina del Cine Andalucía, podremos creernos que las autoridades tienen voluntad de arreglar el desaguisado de la inamovible dejación de los males inmuebles de nuestra ciudad y construir huertecitos ecológicos en su lugar cuando lo acaben, o equipamiento social o cultural financiado con fondos europeos para posteriormente no disponer de dotación económica municipal que soporte mantenerlo abierto, o construir viviendas sociales, perdonen si me río… Porque no sé si para otra cosa podrá servirnos tener un listado de propietarios en déficit con la seguridad de sus inmuebles o con el cartonpiedrismo turístico mínimo exigible, que don Francisco ya ha resumido en poner una lona que tape las vergüenzas de la pobreza con un bosquejo artístico de lo que algún día podrá hacerse llevando el cántaro alguna vez a la fuente. No. No sé para qué se hace el listado de los propietarios que no tienen dinero para invertir en sus agujeros ruinosos en la ciudad del Paraíso. Lo entendería si fuese para sancionar y recaudar, que mucha falta nos hace. Y que así, pagaran, al fin, pecadores por justos… Yo no me quejaría. Pero, para embargar más ruinas, llegado el caso de insolvencia, no sé yo. Fíjense lo que hacen con el Astoria sus propietarios. Más abandonado y peor imagen turística, que esa, difícilmente. Y no será por falta de voluntad. ¿Será porque sus propietarios deben 700 millones de euros?

Pero el problema de los solares heridos no es exclusivo del Ayuntamiento. Los que posee la Junta, más que heridos están muertos. Por inanición. Se liaron a expropiar por doquier sin saber quién era ese señor de apellido francés, para hacer su gran proyecto, y promesa de campaña, de las “tecnocasas”, que consistían en viviendas de promoción pública y régimen de alquiler, dotadas de servicios para el “teletrabajo” y destinadas a jóvenes emprendedores. Pero el proyecto se convirtió en un descampado desierto en el Oeste, sin el bueno, el malo, el feo, ni ningún otro empresario fotografiado tras ninguna salicornia rodadora. Otro proyecto al traste y, tras comparecencia pública de tapadillo, abandonado definitivamente el año pasado. Y ahí, anda la Junta, a ver qué hace con el regalito. Y ahí anda el Ayuntamiento, viendo si puede sacarle algún provecho sin coste alguno. Y ahí que se reúnen para aparentar que tienen un plan, que no tienen, para deshacerse de la deuda que nadie está en disposición de pagar.

Cuando la Junta y el Ayuntamiento terminen de reunirse para no encontrarse, sobre todo por temor a unas municipales inciertas a la vuelta de la esquina, recién pasen la rotonda de las europeas, los solares seguirán como estaban, abandonados, pero ya sin compromiso de ejecución por parte de nadie. Eso sí, muy bien censados.

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DÉJÀ VU

Estoy viendo el funeral. Todo el día. Los tres de luto oficial no sabía lo que significaban hasta que empecé a notarlos incesantes en los medios de comunicación. El viejo político se ha marchado dejándonos casi como nos encontró, reclamando dignidad en las manifestaciones. Aquellas eran más violentas, eso sí. Hubo demasiados mártires involuntarios, porque democracia, lo que se dijo democracia, no fue considerada tal ni siquiera por los nuevos liberales del régimen hasta bien entrados los años ochenta. Porque el 75 acabó con Franco, no con su dictadura, y el 78 acabó con el Antiguo Régimen, no con sus instituciones ni sus reciclados dirigentes. Adolfo Suárez bailaba con las más feas entonces. No había ninguna guapa en esos años de transición de profundísimo conflicto social entre la ultraderecha que tenía que aguantarse su ira por la gracia de dios y sus prebendas y la extrema izquierda, que eran todos los demás que los miraban desafiantes y dispuestos a enfrentarse contra ellos en las urnas. A Suárez lo echaron a mamporros por buscar esa línea que debía unir en vez de separar. Y fue su dimisión, el 23-f y la victoria de la izquierda en las elecciones generales del 82, la que dio por bien empleado su esfuerzo. En cuanto se demostró que esa nueva izquierda no era peligrosa y se parecía tanto a la derecha democrática de occidente que podían confundirse, nos quedamos tranquilos. Los buenos y los malos. Los pobres y los ricos. Los grises y los manifestantes. Los reyes y los mandos de Tejero. Siete años más y en el 89, Alianza Popular se transformaría en el Partido Popular moderno que escondía en el asilo a sus abuelos más nostálgicos. Ya estaba el futuro hecho y medio camino andado para nuestra democracia, sin que casi nos diésemos cuenta de lo que nos había costado. A todos. Al conjunto de la sociedad española. Ni a Victoria Prego, ni a Suárez, ni al rey, ni a ningún otro santo en solitario.

Cinco, a lo sumo seis años de la transición española llevan aparejado su nombre. Después, Suárez se había acabado, muerto y enterrado para la historia, la política y la memoria. De vicesecretario general del Movimiento, nombrado a dedo durante los últimos meses del franquismo (abril de 1975) a presidente del Gobierno, legitimado por las urnas, tras las elecciones del 15 de junio de 1977, y sólo cuatro años después, en 1981, obligado a dimitir de ese mismo cargo.

No volvió a conseguir el apoyo mayoritario de los electores. De hecho, se retiró de la política en 1991, con enemigos a la derecha, a la izquierda y en el mismo centro de su nuevo partido, el CDS. El pacto con los populares para conseguir el Ayuntamiento de Madrid, tras la moción de censura al socialista Juan Barranco, fue el detonante. Su giro desganado a la derecha lo trató de enmendar con un Congreso en Torremolinos que no evitó ni los reproches en privado ni las deserciones en público de personalidades destacadas de su partido. Finalmente, el mal resultado electoral en las elecciones municipales y autonómicas de 1991, lo llevaron a dimitir como presidente del segundo partido que había fundado. Se acabó. Perdimos con él su memoria.

Pero ahora que veo la ceremonia de su despedida en la tele y me esfuerzo en recordarlo como me lo cuentan, me pregunto si no se ha cerrado el círculo. Si no estamos otra vez corriendo de los grises. Si manifestarse no vuelve a ser considerado un delito en vez de un derecho. Si las escenas de violencia contra la policía no nos devuelven a ese contexto que pensábamos superado. La extrema derecha gana elecciones en municipios franceses y holandeses… ¿Hace falta otra vez una línea de consenso? ¿Quién iba a dejarse la piel ahora si hiciera falta? ¿Qué político hay de ese perfil? Don Adolfo, sólo por si acaso, ¿te levantas y andas?

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De moda

Llegan cogidos de la mano, el festival y la primavera a Málaga, con un solecito que sirve, sobre todo, para recordarnos lo afortunados que somos de no pasar frío. Bien regados, incluso, nos salen brotecitos verdes agradecidos con mucha facilidad. Como los que se cuelga en el ojal Damián Caneda, de feria en feria turística y difundiendo nuestras maravillas culturales de 20 grados en invierno, ahora por Rusia. Asegura desde allí, ojalá que con razón, que tras lo conquistado en la “Cruise Shipping Miami”, está convencido de que “2014 va a ser el inicio de la recuperación del sector de Cruceros en nuestra ciudad”. Y falta nos hace porque aunque Paulino Plata ande sacando pecho por los 420.000 cruceristas que se prevé que nos visiten este año –un 6 por ciento más que en 2013-, no dejan de ser un 36 por ciento menos de los que desembarcaron en nuestra ciudad durante el año 2012, sin ir más lejos. Hemos pasado de los 651.000 visitantes de entonces a los 420.000 de ahora, a los que hay que añadir un rosario y mucho optimismo, para que todo vaya como dicen: viento en popa. No importa. Para Damián Caneda, Málaga es una ciudad «de moda». Esto es bueno. Lo malo es que quien lo diga sea el edil encargado de que realmente esté de moda, con lo que no se le puede tomar en serio. Ni nosotros ni los medios especializados. El concejal de Cultura y Turismo afirma que “todas las actividades que se organizan en torno a la cultura hacen que todos los días del año haya turistas por las calles y alojados en hoteles”. La Málaga del cielo gris, ciudad de interior y largos paseos invernales se salva del desencuentro turístico, gracias a la culturalidad que le proporciona su concejal. Ay, Capital Cultural de nuestros excesos, cuántas veces tendrán que eliminarnos de la carrera de 2016 para que se den cuenta de que no hay MAF con 150 actos que nos valga, ni noches en blanco con otros 200 que nos libere ¡de ser tan inocentes -y no digo catetos por afecto a los triángulos-!

De la Torre afirmó el otro día que la capital tendrá algún día un buen museo marítimo y un acuario. Ya está barruntando de nuevo. Esto sí que es un brote verde. Que su deuda municipal se haya reducido un 6 por ciento y sólo se deban ya 701 millones, debe haberle devuelto el ímpetu que desde lo de las gemas, sólo le ha permitido soñar despierto. Ya estará viendo embovedado el río sin más concurso de ideas que las suyas propias. Y viéndolo bonito, lo que aún es más raro. Afortunadamente, ya se le aprecia tan envalentonado que incluso ha instado a la propiedad del Cine Andalucía a que defina su uso. Predicando con el ejemplo, espero que inste también a que lo defina, a la propiedad del Cine Astoria. O a la propiedad de Tabacalera. Instados y definidos todos de una vez, para ser justos y olvidarnos de la Málaga cultural de las heridas y sus videos tan poco competitivos. En ese camino de curarnos de los solares abandonados, que tan culturales nos parecieron en la campaña de la capitalidad cultural europea, el alcalde afirmó el pasado lunes que “en cuestión de pocos días” el Ayuntamiento dispondrá del listado de edificios de propiedad privada que se encuentran en situación de abandono en el centro histórico para recordarle a sus propietarios la necesidad de mantener los edificios en las mejores condiciones”. De los edificios de propiedad pública, en cambio, no ha dicho nada.

En fin, este fin de semana primaveral vendrán turistas a vernos los brotes verdes. Dice Caneda que por el Festival de Cine, las óperas, las librerías llenas y las colas en las salas independientes de teatro. Y yo lo creo porque me gusta estar de moda. Pero bendito sol, intocable. Bendito mar y clima, irrenunciables. Por si acaso.

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Más luces que focos

A punto de la mayoría de edad, esta edición de nuestro festival de cine se presenta con la fuerza que no le presagiaban ni los más optimistas del lugar hace, apenas, tres años. El cambio de ciclo tortuoso, los tormentosos despidos, la crisis incipiente, etcétera nos hicieron temer lo peor; más allá de su mero final, las posibles secuelas económicas, políticas y, sobre todo, culturales, se auguraban marcando el ritmo de una muerte anunciada de conclusiones imprevisibles. Sin embargo, aquel festival decadente se ha convertido en este moderno de ahora, que parece haber encontrado el camino del cine puro más allá de sus carísimas alfombras rojas. Volvemos a ser jóvenes o parecerlo. Me da la sensación, puede que chovinista, de que nuestro festival está actualmente por encima de la industria cinematográfica española que defiende -no me entiendan mal, me refiero a su estado de ánimo-, aún hundida en la pesadilla de su crisis añadida, que tiene mucho que ver con el escaso apoyo popular, y un poquito más, con el absoluto abandono institucional. Ahora el cine quiere venir a Málaga porque nuestra cita desprende algo de ese optimismo que le falta. O eso parece. De hecho, 1605 películas han querido formar parte este año de sus distintas secciones. Un dato de mérito incuestionable.

En cuanto a qué hemos hecho tan bien como para darle aire nuevo al desvencijado Festibar de las primeras ediciones, supongo que buena parte tendrá que ver con razones de índole exógenas. Por ejemplo, se ve luz al final de la cornucopia averiada de la macroeconomía española. A falta de presupuesto en otros festivales, cierres, olvidos y omisiones, el de Málaga se presenta como una magnífica ocasión para promocionarse de cara a coger ese impulso que sitúe a cada sufrida producción, de nuevo, en el escaparate. Málaga y el cine se necesitan. Pero no sé si premeditada o afortunadamente, también debemos dicha mejora a cuestiones plenamente endógenas. Principalmente dos: que se valore la calidad cinematográfica en la selección de las películas aportando valor añadido a sus premios –se acabaron las comedietas por las que teníamos que persignarnos, sonrojarnos y disculparnos- y, segundo, que se asuma que ser malagueño no debe ser un escollo sino una ventaja que nos conmine a querer formar parte del guión del festival. Por fin, una película malagueña en la sección oficial, sin esconderla en la Zona esa del Cine infumable. Sí: dadnos un motivo de orgullo y cualquier malagueño recogerá el guante. Cada vez más trabajadores de Málaga en la organización –según datos ofrecidos el pasado año y que no he podido contrastar aún para esta nueva edición-. Ya le sacamos ventajas a ser de donde somos y así y sólo así, muy poquito a poco, se irá generalizado el sentimiento de cariño mutuo entre el pobrecito malagueño y su festival, que tanto afecto ha despilfarrado. Juan Antonio Vigar tiene mucho que ver en este nuevo rumbo. Por la suerte del momento, por estar agradecido de poder dedicarse a lo que más le gusta y por su carácter apaciguador. Suya fue la brillante idea, o el cargo le hace responsable al menos, del MAF (Málaga de Festival), que pretende involucrar al ávido de cultura malaguita en la previa del Festival. Magnífica propuesta y un más grande pero: no todo debería valer. 150 actos diluyen la esencia de la cultura y la convierten en otra horripilante noche negra en blanco. Quien se decida a salir de casa con el firme propósito de disfrutar de las precuelas de un festival del que sentirse orgulloso, no puede meterse en cualquier sitio a ver cualquier cosa, que nadie ha cribado y volver a casa totalmente decepcionado, cuestionándose si ha sido engañado o solamente presuntuoso por confiar en que las cosas están cambiando.

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Hombre rico, hombre pobre

Dice Rajoy que, salvo alguna cosa, estamos saliendo de la crisis, de momento. Lo sostuvo la semana pasada, durante el Debate del Estado de la Nación, entre los cantos del resto de partidos que lo comparaban con la Abeja Maya o intentaban despertarlo del trance alucinógeno. Pero lo dijo en persona, sin pantalla de HD antipreguntas de por medio y tras un discurso triunfalista que hasta entonces no le habíamos escuchado. A mí no me sonó éste como los demás brotecitos verdes, sino que quise entrever fundamentos científicos en las esperpénticas bienaventuranzas que, de no haber sido contrastadas de antemano por el Presidente, lo harían rozar el ridículo del que tanto se cuida escondiéndose en su casa. Apenas una semana después de aquella cita en el Congreso de los Diputados, se van concretando mis sospechas en números macroeconómicos que, sin duda, ya conocía D. Mariano. Por ejemplo, los mejores datos en cuanto al desempleo desde el comienzo de la crisis para un mes de febrero, más que un cogollito podría contemplarse como la constatación de que, por fin, nos hemos dado de bruces contra el suelo.

La escalada natural se apunta a un ritmo de crecimiento superior al minúsculo uno por ciento que vaticinaban los organismos internacionales hasta hace poco. Tendríamos que echar las campanas al vuelo y que alguien nos llamara al orden o a la prudencia. No sé a qué estamos esperando… La macroeconomía no puede ir a peor y esto se traduce en que nos quedamos igual o mejoramos.

Aunque en los pasillos del mismo hemiciclo recién concluido el debate Mariano Rajoy matizó el triunfalismo en lo referente a las economías domésticas: «aún quedan muchísimas cosas por hacer», pero 2014 será «mucho mejor» que los años anteriores, y «confío en que la gente empiece pronto a sentirlo».

¿Cuánto es pronto?

Yo estaba tranquilito en cuanto a la salvación de mi microeconomía atendiendo a que los que en realidad manejan el cotarro no son los representantes políticos que elegimos sino quien los y nos financia. Las grandes empresas, los consorcios de la riqueza, necesitan que fluya el dinero y que el bolsillo de cada ciudadano se llene para que se lo gaste en comprarles lo que nos vendan, ¿no? Porque esto no lo arreglan los políticos, sólo lo regulan. Los verdaderos artífices del cambio de tendencia, si lo hay, serán los inversores, su capital; los empresarios y su emprendimiento. Y tienen que estar deseando que se produzca porque siete años de crisis habrán enjugado sus ganancias a la mínima expresión. ¿O tampoco?

Ay dios mío, que han salido las listas de los más ricos del mundo de la revista Forbes y persignándome, deduzco que han debido equivocarse. Porque aseguran que desde 2008 hasta hoy, las grandes fortunas españolas no se han reducido ni un poquitín sino que han crecido muchísimo. Amancio Ortega, por ejemplo, ha pasado del puesto vigésimo segundo entre los más opulentos del mundo al tercero actual, triplicando su fortuna desde los 20.200 millones de dólares a los 64.000 millones actuales. Otro dato: en 2008, había veinte españoles en la lista de los más afortunados (más de mil millones de dólares) y hoy, tras la durísima crisis, hay seis más: 26 mil millonarios. Es más, en sólo un año, la fortuna de los diez españoles más ricos se ha incrementado desde los 87.800 millones a los 96.500, ¡un diez por ciento! ¿Será que la crisis hace que aumenten los beneficios de las empresas más potentes? ¿Estarán majaretas los de Forbes?

Estamos aviados.