Carbón, humo y destrucción masiva

Hoy será la cabalgata doce mil euros más moderna de los últimos tiempos. Los magos orientales deben de estar contentos. Supongo que les afectará la crisis, como a todos, y que los regalos les pesarán menos que otros años. A mí, me han dejado la ley antitabaco que me convertirá en un habitual de las inmediaciones de los bares nocturnos. Entre copa y copa saldré a la cocina de las mejores fiestas, o sea, a la calle que tanto me gusta. Supongo que en compañía. No sé cómo afectará que un tercio de la clientela salga a la calle a fumar legalmente. Supongo que serán los vecinos los que se quejen de que los fumadores no estén como sus bares, insonorizados, lo que conllevará que no les dejen salir con la droga dura legal a la puerta, me refiero al espirituoso. Podré drogarme dentro con alcohol y fuera con tabaco, conjuntamente pero no revuelto. Lo único que me produce verdadera curiosidad en todo este asunto es saber a qué huelen los bares. Espero que a fregona.

Hay, como en los cómics de Astérix, una pequeña aldea, en este caso un asador, que ha decidido saltarse el conformismo a la torera. Sus propietarios deben de ser un tanto cabezones, casi vascos con chapela, pues alguna poción mágica los ha llevado a la insumisión.  Se trata del asador Guadalmedina de Marbella, que se ha atrincherado en el “no” a la nueva normativa. Y ese no, no se trata de un pasar la mano, no, han llenado sus cristaleras de carteles que dan al exterior anunciando que no piensan someterse a la nueva ley. Así: “Ante la inminente entrada en vigor de la Ley Antitabaco (cortina de ‘humo’ creada por nuestro Gobierno para tapar siete años de destrucción masiva de España), les informamos que, como negocio privado, haciendo uso de lo que nosotros entendemos son nuestros derechos, dicha ley no será aplicada en nuestro establecimiento. Pedimos disculpas a toda aquella persona que se sienta perjudicada”.

Lo más interesante es la república independiente de su casa en la que se han creído amparados por un título de propiedad y lo más llamativo, lo de los siete años de destrucción masiva de España.

A mí, personalmente, y que me perdonen sus perjudicados, me hace mucha gracia. A lo largo de mi vida me he encontrado con algún que otro cabezota que por lo sorprendente de sus afirmaciones, me ha hecho sonreír. Pero esto, creo yo que lo supera todo. Los reyes magos le traerán carbón y como sigan empecinados, unos grilletes. Ahora bien, el que haya escrito el manifiesto, ha dejado muy claro que hacen uso de lo que ellos entienden que son sus derechos. Media su entendimiento. Una cosa son los derechos de cada uno y otra lo que cada uno entiende que son sus derechos.

La representante de Salud de la Junta en la provincia ha hecho unas manifestaciones en referencia al asador y el incumplimiento de la ley: “las leyes están para cumplirlas”, lo cual es un hecho objetivo indiscutible. Pero ha añadido de su cosecha la parte subjetiva que no venía a cuento y que abre un debate innecesario con el que el propietario del asador y cualquier otro ciudadano puede o no estar de acuerdo. En vez de afirmar que las leyes están para cumplirlas siempre, dice que están para cumplirse, sobre todo cuando “ayuda a evitar el inicio del consumo entre adolescentes y a reducir el número de fumadores”. Digo yo que eso le parecerá a ella.

Yo, como tantos, no estoy contento con tener que borrar la imagen del cafecito, periódico y cigarro de mi mañana en el bar de abajo. Pero la ley hay que cumplirla, repito, siempre. Y lo demás son marujeos o cabezonerías, vengan de donde vengan.

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