16-M
Creo que soy un perroflauta. Aunque no estoy seguro. Tampoco sé si está bien o está mal. Si tiene que ver con disfrutar en las manifestaciones impopulares de indignación, lo soy. Y si es perverso tal disfrute, me supongo también malvado. Que no está mal, a mi edad. Como el Doctor House o Mourinho. Porque mi época fue otra. Manifestarse era de demócratas buenos. Un derecho. Ahora creo que ha cambiado. Ahora es un derecho si me lo dan. Los tertulianos de la tele dicen que en todo caso, es un derecho si está autorizado. Si no, estoy ejerciendo violencia contra el sistema aún sin saltarme la ley ni pretender causar daño a nadie. Recuerdo mi transición de adolescente y no puedo evitar asomarme a ella con nostalgia. En aquella época ese discurso sería radical. Ahora el radical soy yo. Creo. Casi porreta y, por supuesto, pies negros.
El cambio no se sustenta en una nueva ley orgánica que haya subdesarrollado el precepto constitucional. Al menos, aún no. La ley sigue siendo la misma. Lo que ha cambiado es su interpretación. Porque yo creía que las leyes sólo podían interpretarlas los tribunales, pero eso debía de ser antes. Ahora también la interpretan los que comparten siglas políticas con nuestros legisladores. Por afiliación ideológica. Desde un cargo público con sueldo de confianza hasta un ministro. Y sobre todo, desde algunos medios de comunicación afines. Sin ir más lejos, he llegado a oír a un periodista, en el programa de debates de televisión española de la semana pasada, que para manifestarse había que pedir permiso. Como en China. Pero no. Eso, no. Afortunadamente, eso es un cuento chino. Aquí se informa. Allí se pide permiso.
El resultado de esta desinformación es que manifestarse está feo y se desliza entre líneas que también pudiera ser ilegal. Por si cuela. Por si da miedo. Por si te quedas en casa para quitarte de follones. Así me miró mi vecino el sábado en su cola a la Alcazaba cuando se cruzó conmigo en manifestación, asombrado al sol de verme el perro y la flauta, casi el rabo y los cuernos, y cantando aquello de “hay dinero para rato”. Desde entonces, en vez de interesarse por mis películas en el ascensor, me da los buenos días, muy amable y pensativo. He decidido comprarme una camiseta para tranquilizarlo, y porque lo echo de menos, aunque no sé aún si con un eslogan libertario o conmemorativa de los treinta años de democracia. No sé cuál pudiera causarle mejor efecto. A ver si va a ser peor y lo asusto con tanta democracia. Tanta democracia radical…
Ayer se cumplió un año del 15-M. Ese movimiento que decían estaba promovido por algún partido político con vistas a las elecciones. Ahora, sin elecciones a la vista, se rumorea que sufragado por alguna organización secreta antisistema. Cualquiera que sea peligrosa y oscura. Terrorista o extraterrestre. Había entonces 4.189.659 desempleados en España. Ahora –en abril-, 4.744.235, ¿tendrá algo que ver eso con la indignación? El ministro alemán de finanzas da el visto bueno en rueda de prensa a las medidas económicas que toma el Gobierno español. ¿No sería mejor que nos dejaran votar en Alemania? Porque se puede repetir hasta la saciedad que la gran manifestación democrática es el voto, para que todos estemos de acuerdo. Pero los matices hay que ponerlos en que votar no es, según nuestro ordenamiento jurídico, ningún punto final. Manifestarse, también, de verdad, es una fiesta democrática. Y ruborizar a los que nos representan con nuestro inconformismo, otra manifestación, más coloquial, de ésa, nuestra soberanía popular.
De Punta en Blanco
El próximo sábado Málaga celebrará la quinta edición de su “Noche en Blanco”, un invento parisino para otra época que, a pesar de todo, aún sigue arrastrando secuelas en alguna de las ciudades españolas que optaron a la capitalidad cultural europea. Léase Alcalá de Henares y párese de contar. De aquel festival conjunto que nació en París y que continuaría en Roma, Bruselas, Madrid y Riga, queda poco, si es que algo. Málaga se apuntó al carro en 2008 y aún sigue subida, cuesta abajo y esperando la próxima improvisación. Esta vez, con 155.000 euros menos que gastar pero con 153 actividades culturales gratuitas -22 más que el año pasado- y 115 espacios diferentes -15 más que en 2011-. Y eso que el presupuesto de 2012 es acongojante. 45.000 euros. Dos horas del año pasado. Al señor Caneda le hizo tanta gracia lo nimio del mismo, según asegura, que el lema le vino que ni pintado: ‘¡Noche llena de sonrisas! ¡Una noche para sonreír!’ Dos veces mejor que una, por si alguien no lo entiende por incapacidad ética o crítica a la primera. Y se puede reír lo que quiera. Con razón. Pues he aquí la que sin duda será recordada como la mejor de todas las anteriores. Como siempre. Las cuentas del consistorio afirman que en 2008 participaron 29.729 personas y, en progresión aritmética, alcanzamos los 203.700 culturetas el pasado año. Por lo menos fue un número redondo. En 2012, ya les digo, serán 230.423 si les da la gana, o 231.000 si les da vergüenza contarlas con tanto afinamiento como en el Centro de Arte Contemporáneo. Así funciona esto. El éxito está asegurado. Primero porque la valoración oficial la hace el único organizador y segundo porque, a pesar de tanta torpeza, será verdad. Aunque uno de los espacios no sea el Astoria. Ni otro la copia del cubo de la tienda de Apple, más fea del mundo, y que nadie quiere en la esquina del Muelle 1. Aunque nos hayamos comido una a una cada joya de los borbones que amenazaron con mandarnos a visitar, a pesar de todo, la Noche en Blanco será lo mejor que haga este o cualquier otro de los Concejales de Cultura que nos ofrezca el dulce porvenir, mientras no sea una persona vinculada a la cultura la que esté al frente.
Así que la Noche en Blanco nos viene bien. Como un acto popular y multitudinario donde participa la ciudadanía. No para mirar, sino para formar parte del espectáculo. La cultura entendida como un vínculo artístico, tiene más que ver con pintar un cuadro que con ir a un museo a mirarlo. Los artistas malagueños, por un día, serán los artífices del arte. Los que llenen las calles, las terrazas y los bares. La Noche en Blanco es la Muestra de lo que se cuece en Málaga. De puertas hacia adentro. Sobre todo en la escasez. Porque cuando no hay dinero para pagar a los artistas foráneos pececitos de celofán con un led en C/ Larios, se da paso a los de aquí, por amor al arte. Y en Málaga, aunque invisibles por la desidia institucional, hay muchos de esos amantes. Unos cuantos picassos que anduvieron por aquí, unas cuantas veces les habrá dado tiempo a fallecer, de tanto olvido, y la de veces que le quedan por morir si el que se encarga de la cultura, lo que imagina es una persecución de catas de aceite con cruceristas al vuelo o flamenquerío ambulante de sol y sombra. Si creyera, me persignaba.
Esta Noche en Blanco el artisterío será malagueño. Y los paseantes y los mirones y las colas y los periodistas y los políticos. Probablemente todo, menos los 45.000 euros.
Y que no falte.
Impresionable
No me imagino al presidente de ningún consejo de administración valorando la estrategia de mercado de otra empresa más pequeña que la suya. Ni a un consejero de Economía de una Comunidad Autónoma rica, pongamos Navarra, aplaudiendo las medidas de recorte de otra más pobre, pongamos Andalucía. ¿Se imaginan a De Guindos en Somalia, loando algún plan de desarrollo en aquel país? ¿Al ministro irlandés en Francia, al portugués en Italia, al belga en Dinamarca, a Bush con su amigo Ánsar? Impresionante. Sería impresionante.
Creo que la Economía vive en Alemania. Allí está. Su sede debe de estar en algún edificio con pinta de oficinas bancarias pero no sabría precisar exactamente tras qué siglas se esconde. La Economía es un pre-religión más que una ciencia, que no da opción al agnosticismo. Decide el cielo o el infierno en esta vida, sin que la ética del buen comportamiento tenga que ver con el premio ni con el castigo. Hay que limitarse a seguir sus postulados y recortarse democráticamente porque democrático es todo lo que decida hacer un desgobierno de Europa por más bienestar que esté dispuesto a restringir en pos de un sectarismo neoliberal muy mal entendido. Hay un Santo Padre alemán en Roma, para los asuntos mundanos del alma y el más allá, que depende de cada fe lo que te incomode la vida, y hay otro –otra- en Berlín, que se dedica a las transferencias mundiales del más acá y que se pasa las cuestiones de fe individuales por el forro de sus designios. Vota y obedece es el nuevo catecismo del euro. Tan fácil de aprender como difícil de sobrellevar. Así, el domingo es el día del Señor, para los del más allá, cristianos. Los del día acá tendremos obligatoriamente que soportar la otra penitencia semanal, la del viernes, día santo de reunión del Consejo de Ministros del nuevo eje Madrid-Berlín. Por la gracia de quién sabe quién, dónde o cuándo pero legitimados por las urnas hasta el estrangulamiento.
Estamos en pecado mortal subsidiario. Solidariamente nuestros gobiernos occidentales han despilfarrado el dinero que le hemos dado para que nos hagan la vida más fácil y subsidiariamente hay que vivir este sindiós crítico, sin trabajo, sin confianza, sin medio plazo hasta que no se sabe cómo repaguemos esa deuda. Hace treinta años, le pregunté a mi padre por qué teníamos que pagar impuestos. Me habló de las carreteras, los puentes, las escuelas, los hospitales, las pensiones… Aquel discurso de buena misionera podría reprochárselo ahora. No me queda otro ante quien quejarme. No hay muro de las lamentaciones en esta nueva religión Económica del desastre. Tenemos que copagar de nuevo todo eso. Copagar con nosotros mismos todo eso.
Y, ahora me pregunto si el ministro de economía francés tiene la misión de impulsar la economía francesa o la española. Supongo que como el italiano, el británico o el holandés, cada uno la suya. ¿Y los españoles? De Guindos y Montoro, también, ¿no? Sus improvisaciones y cambios de rumbo o dirección, según se les ocurra, tratan de enderezar nuestra economía, sin duda. Pero entonces, el ministro de finanzas alemán, Schauble, a pesar de santo y listo, también tiene como objetivo el impulso de la economía alemana, como es lógico. Y cuando señala que las medidas económicas que está adoptando nuestro gobierno para salir de la crisis son “impresionantes”, a qué se referirá, ¿a los intereses alemanes o a los españoles? Ojalá que a los dos porque si beneficiaran a sólo uno y le gustara, también le parecerían “impresionantes”.
Porque la dación en pago no sirve que si no, yo me regalaría, ya, enterito. Pero mientras los bancos no acepten mi cuerpo serrano, no me queda más remedio que seguir poniéndole velitas a Ratzinger y a Merkel.
Y me impresiona pensarlo.
O revienta
Pues ya ha pasado medio festival y nada se ha roto. El público responde, o al menos se pasea y mira, que ya es algo. Lo del sábado fue una marabunta de Noche en Blanco. Papás, mamás, bebés y carritos paseaban las calles alfombreteadas de ocio cultural y los solteros y parados llenaban las terrazas del Centro. Por la cantidad, podría compararse con una tarde de feria. Pero no, olía bien y la gente iba vestida y sin un litro de alcohol en la mano. No sé si fue el Festival o la excusa que puso el marido para poder ver el fútbol de pago en la calle pero, para como están las cosas, la aventura de salir a integrarse en la fiesta, funcionó. Fue un éxito rotundo, para qué medias tintas. Aunque, siendo remilgado, un debe: ¿el ahorro del día de menos habrá compensado lo que han dejado de ganar los empresarios –turísticos- de la hostelería? Un viernes es un viernes. Digo yo que se podría hacer como en las grandes competiciones deportivas, un día de descanso en medio para que periodistas, azafatos y floreros vean a la familia o se tumben a la bartola –o a quien puedan-. Si ocho días de festival nos cuestan 1´7 millones a los malagueños, ese viernes eliminado, sumando con los dedos y sin titulación económica que me ayude a afirmarlo, nos habría costado otros 200.000 euros. Que, ya sé, nunca hemos visto ni en fotos. Que sí, que eso no lo que ganamos ni en quince años si no nos contrata el Ayuntamiento o la Diputación como cargo de confianza. Pero que repartidos entre tantos pobres y dignos como somos y estamos, con el chaguarma de los niños y el botellín de agua inevitable, lo hubiéramos pagado, de largo, en los bares. Y que no hay que mezclar churras con merinas, vale. Que una cosa es lo que se gasta el Ayuntamiento con nuestro dinero y otra lo que recauda la empresa privada con lo que gastamos, también. Pero entonces, que no nos vengan con que la millonada que se invierte en nuestro deficitario Palacio de Ferias y Congresos, por ejemplo, se compensa con lo que se recauda en la ciudad gracias a los gastos de los congresistas que nos visitan. ¿O no es lo mismo? No será.
Volviendo al cine y sus multitudes malagueñas y festivaleras, creo que este, por fin, será recordado como el primero de Málaga. Hubo diez o doce Festivales de Cine de Madrid en Málaga, después otro par de Festivales de Cine español y ya, haciendo honor a su nombre, uno, este, primer Festival de Málaga. ¿Por qué lo digo? Porque ya sí, parece, tiene su impronta malagueña. Porque lo hace la calle. Porque se ubica. Porque la gente entra, mira, toca, huele y hasta se compra bonos de descuento. Porque es de cine y de cine español. Pero en Málaga. Con su sol, con su acento, con su gastronomía. Esa personalidad propia que se intentó evitar al principio, esa frialdad que daba preeminencia al hecho cinematográfico y que apartaba del camino todo lo que pudiera confundirse con la idiosincrasia malagueña, afortunadamente, se ha perdido. Ya no da vergüenza de Málaga. Antes se encerraba a la élite famosa del cine en sus fiestas privadas, se les servía canapés de alta cocina, se les trasladaba en coche oficial a la farmacia, se les hacía una foto y se les empaquetaba de vuelta a casa. Ahora se les trae y se apañan. Porque no hay dinero, porque la producción es caótica o porque Caneda se ha empeñado. Yo no lo sé. Pero se cruzan con las gritonas tras las vallas, comen pescaíto frito y pueden acabar perdidos en algún antro nocturno, encantados de habernos conocido. Pero, aún siendo la base, ya no son el fundamento. El Festival son los malagueños que van al cine, comentan las pelis en las terrazas de los bares y guardan en la memoria telefónica una colección de fotos y abrazos con falsos desconocidos. Un festival de verdad que, con mejores películas -no se pierdan a Antonio Dechent en “A Puerta Fría”; ni al cine malagueño, que ya no está vetado: “12+1 una Comedia Metafísica”- podría convertirse en lo que se empeñó en ser y no pudo.
No hay otra: este festival Carmina o Revienta.
15
No sé de dónde viene lo de la niña bonita. Pero aquí está. Llega la edición del festival más precaria de las habidas pero, como el amor de los que pueden regalar diamantes, supongo que con más recortes que ayer pero menos que mañana, si es que tuviera futuro. Que yo creo que sí. A mí, su historia, la del Festival de Málaga, me recuerda la fábula del burro del gitano, que cuando parecía que se había acostumbrado a no comer, se murió. Yo sólo espero que aún coma algo. Ahora recortan y recortan para seguir debiendo cada vez más, pero un poquito menos. Siempre a punto de la asfixia. Siempre haciéndonos suponer que reventará por donde menos se espere y más pronto que tarde. Pero ahí sigue. Bailando los números con destreza apasionante. Aún come –toco madera-, pero poco. Reconcome más. Sobre todo cuando compruebas que con un tercio de lo gastado en su bonanza manirrota, aún subsiste con parecida pena y similar gloria. Ahora el presupuesto, dicen, ronda los 1´68 millones para su semana grande. Otro más, y un buen pico, hasta llegar a los 3 millones, para las actividades que desarrollan a lo largo de todo el año. Que no sé cuáles son pero supongo relacionadas con el pago de la deuda y el mantenimiento del cine Albéniz. Porque lo del cine en los distritos me da que no da. O menudo pelotazo si diese. Sea como fuere, el Ayuntamiento reconoce una aportación de 2´1 millones que por más que se estire, tampoco da. ¿Hay patrocinadores que aporten casi otro millón de euros? No, eso no. Seguro que no. La solución es un misterio. Lo de los números del festival es un baile, ya lo dije. Con música al gusto pero con letra, siempre, de tango.
Pero la niña bonita está aquí. Con un día menos, una fiesta menos y menos invitados. Poco que afecte al cine. Mucho que afecte a mi predilección por los saraos con barra libre. El festibar se fue para añorarlo. No nos queda otra, tendremos que conformarnos con sus películas. Y esa es la buena noticia. A priori, las de esta edición invitan al optimismo. Un repaso a las fichas técnicas de las seleccionadas podrían llevar a la euforia. Como cuando España –creyéndola favorita- perdía los mundiales. De todas formas, después de tocar fondo el año pasado, en cuanto a la calidad cinematográfica, el buen augurio parte con ventaja. Por muy poco que ofrezcan las nuevas, superar el nivel del pasado año no será ninguna proeza. Y casi, ni cruzo los dedos al afirmarlo. Imanol Uribe, Martínez-Lázaro, Daniel Burman y un coordinador con buen gusto cinematográfico dan que pensar en un pleno, por fin, al quince.
Habrá menos fiestas, menos mesas redondas, menos actividades paralelas, menos invitados y más recortes. De los anunciados, destacan los 88.000 euros que indican de ahorro por haber tramitado mediante concurso público los servicios de auditoría de cuentas, lonas, galas de inauguración y clausura, vigilancia y seguridad, módulos, audiovisuales y moquetas. No me gustaría tener que deducir de dicha información que hasta ahora la adjudicación de todas esas partidas se efectuara señalando, que está muy feo. Pero soy malpensado. No derrotista. ¿Se imaginen que del festival con menor presupuesto surgiera el de la mejor calidad? Quizá señalase un camino. Quizá habría que apartar algunas alfombras. Quizá el señor Caneda comenzara con la reestructuración que no termina de rematar a pesar de tanto encarar a puerta. Sería un empujoncito, digo yo. Más con menos. Y ese menos, tal vez incluyera al director casi provisional del que habla sin ningún afán continuista cada vez que tiene la oportunidad de imaginarse el Festival que le gustaría.
Decreto Nota de Prensa
Qué difícil debe de ser gobernar. Tantas ganas que parecía tener Rajoy de hacerlo y, desde que lo consiguió –abrumadoramente-, si lo he visto no me acuerdo. Tiene que ser una persona muy humilde –o quizá no se le presumió nada en la mili-. Llegado al poder, se quitó del medio. Y no lo parecía cuando estaba en la oposición, no. Mira que hablaba. Y que prometía. Y que aseguraba. A mí, otra cosa no pero confianza me daba. Y eso era muy importante para los mercados, decía. Si tuviera que destacar algo de su discurso en su anterior etapa, la de la oposición, me quedaría con aquello de que el gobierno de Zapatero “improvisaba” los paquetes de medidas contra la crisis y que así no producirían el efecto deseado. Ahora, al menos en ese aspecto, tras cuatro meses en su nueva posición de gobierno, me da mucho miedo pensar que pudiese llevar razón. Tampoco pánico –todavía- pues, de lo que afirmaba entonces, le queda el IVA por contradecirse. Poco más y hasta cuándo. Sería mala suerte. Las dos únicas cosas constatables desde que llegó al gobierno son que una a una van cayendo sus predicciones sobre lo que no haría –subir impuestos, abaratar el despido, recortar en sanidad o educación…- y que sólo nos quedan imágenes de archivo para recordarle en discursos de cierta enjundia, incluso desplegando su carisma. Los que le tenían ojeriza se atrevían a pronosticar que su gobierno en mayoría absoluta sería lo más parecido a un rodillo. Los más osados auguraban incluso que podría asemejarse más a una apisonadora, o sea, que decretara más que legislara por aquello de las prisas en curarnos del espanto al que nos habría conducido el ejecutivo anterior. No sé. En lo que sí coincidíamos la mayoría era en sospecharlo frente a frente ante las cámaras, anunciando medidas drásticas de austeridad y pidiéndonos un esfuerzo común, pero en plan dignatario, con banda sonora de llorar, como en las imágenes a blanco y negro de los políticos que han pasado a la historia gesticulando entre fricativas, ensalivando a los prevenidos para aplaudirle de la primera fila, en loor de multitudes tristes, con dos arbolitos al fondo y otro, sin hojas, a la derecha. Y todo eso, ante un montón micrófonos gordotes, al estilo de la radio de los años 50. Y, por supuesto, sin que le temblara el pulso social. Convencido. Convincente. Pues no. No está. O si está, pero en la oficina y trabajando tanto que no le queda tiempo de asomarse ni para exponernos alguno de los decretos que firma como churros para cambiarnos la vida o, siquiera, saludar. Tanto es así que, lo nuevo, lo que nadie podía esperarse, ni el más imaginativo de los analistas políticos, es que, por esta absoluta ausencia, se pasara a la nota informativa como manera, aún más apresurada que el decreto, de gobernar. Pues he aquí. Tan urgente necesidad debe de haber que ni decreto ley ni decreto legislativo son suficientes y se acaban de inventar el “decreto nota de prensa”, una nueva figura perentoria por la que el Gobierno nos informa de su próxima ejecución y santas pascuas. O justamente tras las santas pascuas. Se trata de una especie de aviso escueto que el Ejecutivo envía a los medios de comunicación para que informen, como buenamente puedan, de lo que buenamente no saben porque no hay nadie a quien preguntar. Quizá sí en Alemania. Lo más triste es que lo de saltarse el debate parlamentario, las votaciones en el congreso y todo aquello que del espectacular rifirrafe político ocupaba un minuto del telediario, pudiera convertirse en lo habitual. Por marketing. Por lo que le pasó al anterior presidente que tuvo, tiene y tendrá la culpa de todo lo malo que le pase al nuevo gobierno de aquí al más allá.
Por todo ello pudiera ser que nuestro Gobierno actual hubiese decidido no personalizar su responsabilidad en la figura del presidente. Dar la cara, a veces, ahora, puede ser ponerla. Una imprudencia. Que se lo digan si no a De Guindos o a Montoro.
Nos queda rezar
Este miércoles será el más santo que recuerde. Santo de miedo, del que me asustaba de niño y que más tenía que ver con los martirizados del santoral que con el garrafón de Pedrito de mis tradiciones. El cielo no acompaña, nunca peor dicho, y la tarde gris nos ocupa tanto que casi no ha dejado sitio ni a las buenas predicciones en la hostelería. El ambiente no da para otra cosa. Da para rezar más que para hacer negocio, sin duda. Un bocadillo y unos buenos zapatos y a perseguir favores en penitencia, los que puedan, los ociosos, que tristemente somos muchos y cada vez seremos más por causa, aún, de Zapatero, según parece. La procesión va por dentro porque no nos queda otro remedio. Quizá nos sirva de algo nuestro estado compungido por las penas. Sobre todo de cara al juicio final, el de San Pedro. Y Marbella, Manilva y Estepona. El final del juicio a Roca y a los que como él, desde un puesto legitimado por un dedo de la gracia democrática, se repartieron parte del dinero público que creíamos nos sobraba.
Pero ahora nuestra gracia se la hemos dado a otros. Y la poca que nos hace lo que nos dicen. Han pasado sólo cien días del nuevo gobierno, con 328.000 parados más desde diciembre y la secretaria de Estado de Empleo, Engracia Hidalgo, pronostica más incertidumbre para los próximos meses. Ya el objetivo no es el la lucha contra el desempleo sino contra el déficit. La desgracia es que ya no haya dinero ni para autopistas, ni para pabellones, ni para aeropuertos, como nos ha recordado Rajoy, el pesimista. El de España va mal. Debería de aprender de nuestro alcalde, que todo lo ve con otra perspectiva, un tanto extravagante. Dice don Francisco que en un año o dos, sí que habrá posibilidades de hacer el auditorio innecesario de Málaga. Ochenta millones de obras espectaculares sin dinero para espectáculos. Da igual. En Castellón tampoco habrá aviones. Y aquí, como no se debe casi nada a los proveedores, se le puede dar otro porrón de millones al que monte un museo del agrado del más gracioso de los malagueños. O al que ya lo tenga montado y amenace con irse a que le paguen lo que no hay en otro ayuntamiento tan saneado como el nuestro, o hasta un poquito menos endeudado. Yo no sé qué sería de nosotros sin el Museo del Automóvil. Ya hemos perdido un ojo de la cara con el de las joyas de los nobles con lo que, sin el de los coches, menudo edificio nos quedaría libre para abandonar a su suerte.
Ya tengo promesa para mi estación de penitencia de hoy. Un ojo a cambio de que nos arreglen el entuerto. Así me quedo igual, que a estas alturas sería lo mejor que pudiera pasarnos. La pena es que no haya nada que inaugurar en mucho tiempo. No quedan elecciones a medio plazo para hacerse una foto. La prisa que tuvieron, por ejemplo, en pre-reinaugurar el teatro romano en Málaga, me parece a mí que no tendrá mucha continuidad ahora. A no ser que lo conviertan en museo. Menos mal que tenemos la exposición de la copia de la sábana radiactiva medieval a mano. Tan importante a nivel mundial y tan baratita que no nos costará nada en cuanto los promotores nos devuelvan los 20.000€ prestados. Así da gusto. Esos mismos 20.000€ son los que nos cuestan, a diario, el Museo Interactivo de la Música, el Thyssen y el Centro de Arte Contemporáneo juntos. Que cambien museos por reliquias supondría un ahorro importante de cara a la deuda. Y un acto de caridad cristiana. De hecho, anoche, aunque en el bar de abajo no estaban muy católicos a esas horas, la concurrencia aseguraba que traer la figura de cera de Cristiano Ronaldo al nuevo viejo edificio de tabacalera, en exposición permanente, sería muy buena idea. No sé. Si somos una tendencia dibujada en picado una curva estadística, más vale que sigamos rezando. Por si acaso. El mal tiempo acompaña. Y el incienso. Y los tambores. Y si me aburro, me hago otra bola de cera.
A gobernarse
Creo que echaré de menos las elecciones. Un año de campañas ha dado para mucho. Sobre todo para el desahogo en bares y mercados con los muñecos del pimpampum. La clase política dejará de darnos la mano para dedicarse a sus asuntos de la democracia durante una larga temporada. Ahora tienen que hacer muchas cuentas para contentar a Europa, esa figura mítica que imaginábamos estilizada como la Venus de Milo y que poco a poco ha debido de ir engordando porque, cuando por fin la hemos visto, la hemos descubierto esteatopígea, no de Willendorf, sino de Merkeldorf.
Los analistas políticos hablan de unas y otras elecciones y comparan sus resultados con las de hace cuatro años, cuando todos éramos otros. En el 2007 o incluso en el 2008, no éramos los mismos, simplemente. Éramos más ricos que nuestros padres y seríamos más pobres que nuestros hijos. Y unos ilusos. Pero la cosa ha cambiado. Ya, acongojados, nos importa un pito lo que no nos resuelva el día a día. Por eso creo que un análisis acertado de tendencias en cuanto a los gustos políticos o sus miedos correspondientes, deben de reducirse a eso, a nuestro corto plazo. A ese que sospechamos que podríamos sobrevivir sin un trabajo o, si tuviéramos suerte, con un trabajo indigno. Tan pobres como ahora, o un poquito menos pero sin darnos cuenta, lo fuimos en 2011, no en 2007. Y desde aquel año de confirmación de la segunda o tercera crisis hasta hoy, ya hemos ido a votar tres veces pero, todas, en los últimos diez meses. O sea, que con la crisis asumida, soportada y a cuestas, ya hemos puesto a todo el mundo en su sillón a trabajar para curarnos. Pero hace nada, como quien dice. Empezamos el 22 de mayo, por los más cercanos, por los alcaldes y, desde entonces, las Generales del 20N y las Autonómicas del pasado domingo. Ahora toca sentarse a mirar. Con cierta esperanza de haber elegido a milagreros y cruzando los dedos aunque, a diferencia de los brazos, por gusto.
Pero como el tiempo pasa tan despacio cuando se tiene tan poco que hacer, me he repasado los números de las tres últimas elecciones y, lo primero que me ha llamado la atención es que no se corresponden los datos con las sensaciones. Al menos, a primera vista. Por ejemplo, me daba la sensación de que el bipartidismo iba cediendo terreno en favor de otros partidos más minoritarios como IU o UPyD. Pues no. Én Málaga, no. Desde mayo del año pasado hasta el domingo, 25M, el incremento porcentual de votantes de estos partidos apenas ha superado el uno por ciento en la capital malagueña e incluso se puede hablar de un descenso de dos décimas en el caso de IU, si tenemos en cuenta los resultados en el total de la provincia. En realidad, lo que sí ha variado considerablemente es el apoyo con el que han contado los dos grandes partidos. Tal que así: el respaldo al PP en Málaga ha bajado un 8 por ciento en la capital y ¿casualidad?, el del PSOE ha subido en ese mismo porcentaje en esa misma etapa. Exactamente, el 22 de mayo de 2011, en las elecciones locales, 123.655 personas votaron al PP en Málaga -53,46%- y el 25 de marzo, 106.099 -45,37%-. Respecto al PSOE, 57.245 -24,75%- lo votaron el 22M y 76.097 -32,54%- en las recientes autonómicas. La participación en unas y otras fue muy similar: 55,59% en 2011; 55,90%, el pasado domingo. ¿Será que no gusta tanto Arenas como Don Francisco?, ¿será que gusta más Griñán que María Gámez? Si tuviera que elegir, consideraría más probable la primera que la segunda opción, aunque yo me quedaría con una tercera de la que Zapatero, si sacara la cabeza de su tumba, podría hablar largo y tendido. 16 puntos porcentuales en diez meses, se miren como se miren, son muchos.
Málaga va fenomenal
Las instituciones públicas malagueñas han hecho cuentas y le han salido. Tanto el Ayuntamiento como la Diputación han sacado pecho esta semana con unos datos económicos que se suponen estupendos. Y no lo digo con conocimiento de causa pues de números entiendo lo que de ingeniería aeronáutica y si al fin me atrevo a manifestarlo con tan aparente seguridad se debe a que la oposición socialista no ha saltado a la yugular del anuncio, más bien se los ha saltado a la comba, como silbándolos en ninguneo desapercibido, restándole ruido y miradas, lo que resulta revelador. Qué bien. Tanto que ni Ayuntamiento ni Diputación necesitan a cogerse al plan de ayuda especial aprobado por el Gobierno Central para conseguir créditos con los que pagar a los proveedores. Ahora entiendo lo de la confianza y los mercados. Lo que anteayer miraba como diez miserables euros en mi bolsillo, hoy los contemplo como una licencia para una posible tarde de cañas, viendo un partido de fútbol en una bonita terraza primaveral multada por excesiva.
Recuerdo los meses de la quiebra técnica. Todo se derrumbaba cuando llegaron estos maestros del PP a sus nuevos cargos de gobierno. Desde entonces, me he ido tapando los ojos, las orejas o la nariz cada vez que se aproximaba una rueda de prensa de alguno de ellos, temiéndome la confirmación de sus propios y terribles presagios. ¿Qué anunciarían? ¿Qué podía ir peor? ¿Qué nómina iban a dejar de pagar? ¿Qué luz de qué ayuntamiento iban a cortar primero?
Pues nada. Las quiebras técnicas no fueron tales, afortunadamente y mi apreturamiento económico-muscularmente contraído de miedo al colapso compungido, puro invento de los que nos prefieren amedrentados que cabreados. No hay apreturamientos en esta vida. Como mucho, aprietos o apreturas.
La deuda de la Diputación ha pasado de la quiebra técnica al cero técnico con los proveedores, que no sé lo que es, pero me lo imagino dibujado. Un cero enorme: el equipo de gobierno ‘popular’ ha saldado, en nueve meses, la deuda total de la institución, de 55,5 millones de euros, según su presidente, Elías Bendodo. Además, han pagado los 13 millones que debían los de la anterior Corporación, han conseguido que el plazo medio de abono de facturas a proveedores sea de 29,8 días y, ¡toma ya!, la Tesorería de la institución conserva aún a buen recaudo, otros 98 millones… ¡Somos ricos! No un día de cañas con partido de fútbol en una terraza sobrada, sino dos y seguidos, para celebrarlo.
Si a la Diputación le ha ido de milagro, al Ayuntamiento, también. Según Don Francisco, El Ayuntamiento de Málaga tiene pendientes de pago a proveedores un total de 493 facturas por un importe de 2.060.559 euros, que se abonarán dentro de “muy pocas semanas”, con lo que, si quiere, puede sacarse otro Art Natura de la manga cuando le dé la gana, porque al final, no se nota. Los grandes economistas del Ayuntamiento malagueño son tan buenos que hasta despilfarrando, le salen las cuentas. Estos son los únicos que nunca estuvieron en quiebra técnica porque no acabaron de llegar, así que su presunción de lumbreras económicas desmerece un poco a los otros.
Macroeconómicamente, en fin, nos va fenomenal. Con algún lunarcillo, o como quieran entenderse los 755 millones que debe el Ayuntamiento de Málaga, según el Banco de España, no sé a quién. A proveedores, no. Creo. Será que un banco no es un proveedor. Será que no es deuda sino inversión. Qué será, será… whatever will be, will be…?
A veces da rabia no entender ni jota. Pero otras, te alegras. Así que me voy de cañas.
Congresos y cruceros
Ya se vislumbra la solución a todos los problemas macroeconómicos de los malagueños. Así que, si en vez de un ser humano, acuciado por la microeconomía, eres un dato o una curva estadística de capa caída, estás de enhorabuena. Los que entienden de estas cosas raras y que hablan siempre de porcentajes, tendencias o planes han barruntado en la última semana una serie de medidas que devolverán a medio o largo plazo la estabilidad a nuestros números. Todo se basa en que vengan a Málaga alemanes, cruceristas y/o congresistas. Lo ideal, que venga un alemán en crucero para asistir a un congreso, creo.
Los alemanes son los que se llevan la palma. La de Mallorca, ya la tienen, en dura competencia con Urdangarín, pero las palmas de Málaga ahora también las ponemos, por si acaso, limosneras. Parece muy sencillo. Por ejemplo: las ventas de viviendas en Málaga cayeron un 23% en 2011 respecto al año anterior, que no creo que fuese tampoco de los mejores en este sentido, a tenor de mis sospechas. Pero no pasa nada. El Patronato de Turismo de la Costa del Sol ha llegado a un acuerdo con la inmobiliaria alemana Dahler & Company, para que ofrezca nuestro ’stock’ de 35.000 viviendas en el mercado alemán. Pero no de sólo las viviendas viven los números. El concejal de Turismo del Ayuntamiento de Málaga, Damián Caneda, también ha llegado a un acuerdo con otro emporio alemán, el de los touroperadores, para que nos traigan más germanos de vacaciones. También el presidente de la Asociación de Hoteleros de la Costa del Sol reclamó la semana pasada que hubiera más conexiones aéreas directas entre Alemania y Málaga para que “ese emisor” viniera a Málaga en mayor número.
La mosca detrás de la oreja. Espero que no sea porque vengan todos hipnotizados por el buen hacer del marketing de la ITB de Berlín y en vez de vender, hayan comprado. A mí lo que me extraña es que después de tanto despliegue, lo que se pretende conseguir -según el Patronato de Turismo- es un aumento del 3% en las visitas de alemanes. Bluf. De la crisis no nos sacará a los pobres, pero las curvas de algún político economicista las erguirá un poco, supongo. Por mí, que no quede: Alemanes, ¡solución ya!
Pero además de alemanes, como decía, cruceristas y congresistas están en el plan de arreglo para los números milagrosos de la ciudad. Cuantos más, mejor.
Las dos horas y pico que se pasan los cruceristas en Málaga nos dejaron casi 48 millones de euros el año pasado, según los datos aportados por Cruises News Media Group. Esto lo calculan a ojímetro, me parece. Como lo de los congresistas que pasarán por nuestro magnífico Palacio. En este caso serán 38 millones los que se dejen los 35.000 feriantes que esperan recibir los responsables del Palacio de Ferias de Málaga durante el año 2012. Dicen que los profesionales que acojan se quedarán en Málaga 2,41 días de media a razón de 450 euros diarios por gastar. Hasta calculan cuánto dedicarán de su presupuesto a las diversas partidas: a dormir, 243 euros diarios; a comer, 104; a compras, 54; a ocio, 30. Dormilones, a dieta, aburridos y un poco tacaños. A estos hay que hacerles una buena camita y acostarlos temprano pues se gastan ocho veces más en dormir que en irse de cañas. Yo no sé estas cuentas. A lo mejor se espera un congreso de dominicos…
Todo al turismo, está claro. No sé en Málaga, pero los datos del sector turístico en Andalucía representan el 13% del PIB de la Comunidad Autónoma. Mientras, 27 parados malagueños dejan de cobrar su prestación por desempleo a diario. Yo no lo critico: viva Alemania, los cruceristas, los congresistas y el monocultivo si es que algún sabio ha hecho cuentas y le salen, incluyéndonos a todos. Yo, descreído, cruzo los dedos.

