Inocente, inocente

Hay fechas que se van desdibujando con los años. Una se celebra hoy, el Día de los Inocentes. Cierto es que la timidez no me permitió disfrutar mucho en la infancia de la barra libre para bromas. Mi padre me contaba que en su casa, se solía poner en la fuente de croquetas una rellena de algodón que la pobre víctima mordía entre el asco y la dentera para regocijo del resto de la mesa. Los niños de mi generación, terrores del barrio aparte, nos conformábamos con sentarnos frente a la tele con toda la atención puesta en detectar la noticia falsa que se colaba ese día en la escaleta. Recuerdo ver al baloncestista Fernando Romay, raro gigante de las canchas en su tiempo, montando torpemente en un caballo mientras que el locutor anunciaba que se había pasado a la hípica. Qué risa.

En la adolescencia, ya en Málaga, el Día de los Inocentes tocaba ir con la pandilla al Puerto de la Torre para la Fiesta de los Verdiales. Yo, llegado de Castilla, no entendía gran cosa, ni falta que hacía. Lo que tocaba era inflarse de vino dulce de garrafa, y la inocentada llegaba al día siguiente, cuando uno trataba de ponerse en pie.

En los últimos años se ha perdido la costumbre de meter noticias de broma en los telediarios, o yo no soy capaz de detectarlas. O a lo mejor ha pasado como con los cumpleaños, que llegando a una edad, se prefiere pasar a la fórmula del no-cumpleaños, que se puede celebrar 364 días al año sin preocupaciones existenciales. El caso es que no se ven gigantes arrastrando los pies subidos a un caballo, pero tenemos a diario noticias que seguro hacen que se desternillen quienes las promueven, mientras que las víctimas encajan la broma con cara de póquer.

Una broma recurrente es el anuncio triunfalista del crecimiento del autoempleo en España. Qué bien, por arte de birlibirloque, un país donde las madres animan a sus hijos a estudiar oposiciones antes que a montar negocios, se lanza al emprendimiento, que es como se llama ahora a lo que te toca cuando superas la edad que te permite pasar por becario. Autoempleo que a menudo supone volver al cuarto de la casa familiar y arrancar los posters de aquel grupo de rockeros que hoy pinta canas y plancha arrugas faciales para poder pagar la cuota de autónomos y no pedir la paga para tomar una cerveza.

O la inocentada más reciente, la publicación de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que obliga a los bancos españoles a devolver todo el dinero cobrado a través de cláusulas suelo abusivas con anterioridad a 2013. Gran noticia, pero la inocentada está en la letra pequeña. En primer lugar, hay que meterse en pleitos y abonar las tasas correspondientes, y mejor si es a través de algún colectivo afectado o de una organización de consumidores, porque con tu abogado de cabecera, por más que sea el cuñado y le prometas unas cañas de celebración, no llegas lejos. Luego hay que esperar a que el tribunal considere que nuestra cláusula suelo es en efecto abusiva, para lo que también se ha desplegado un arsenal de letra pequeña. En el mejor de los casos, el caso se resolverá en un par de años, así que si uno pensaba destinar la devolución a algún parche urgente, mejor olvidarlo.

Qué tiempos cuando las inocentadas eran otra cosa. Este año, si quieren encontrarme, búsquenme en la Fiesta de Verdiales, o de los Tontos, como prefiere la jerga folclórica. Dicen que a esa cosa dulce que bebemos allí en garrafas ya no se le puede llamar legalmente vino, pero me consuela saber que la resaca será la misma.

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En 17 días, todos calvos

En diez días se esfumará el año, aunque con la lotería de Navidad, Papá Noel, las inocentadas y Nochevieja de por medio, no lo parezca aún. Influye que todavía nos quede por gastar una buena parte de lo que no tenemos en nuestra tarjeta de crédito, abundantemente. Me queda mucho que comprar y me haga feliz sosteniendo la ilusión de mis seres queridos a última hora. Nos queda envolver en papel sin miseria, los pies del árbol que nos ha visto crecer con cada regalo, en decadencia amable junto al Corte Inglés y los hermanos mayores. Esas sensaciones y un villancico de turrón blando calentito nos aturdirá lo suficiente como para hacernos muy agradable esta inconsciencia humeante tan calmada, en el regreso al hogar tras esas largas colas en Ikea, Zara, Media Markt y Carrefour, derrochando la energía inagotable que, me aseguraron, se transforma. Se transforma en cansancio. Una butaca y una pipa y una mantita y un coñac de viejo, pero en la era de las telecomunicaciones. O sea, viendo series. Sin poder querer fumar ni un triple infinitivo bajo en nicotina. Con el aire acondicionado ese, que marea ardiente. Y con el muñeco de cuerda del jingle bells dándome respingos. Recuerdos nostálgicos de lo no vivido, tan evocadores del deja vu, que se merecen otra copita de Marie Brizard con celofán. ¿Salud? Pero no os quepa duda: en tres semanas estaremos más gordos, deprimidos y arruinados contra la pared, que en cualquier otro momento del año. Además, hará frío. ¿Qué será de nosotros cuando se lleven las lucecitas? Sí, ¡salud! y de un trago.

Es momento de repasar el año. Porque nos medimos así. Y hay una retahíla de datos que recopilan en estas fechas los amantes de las estadísticas. La mayoría absurdas. He encontrado que Málaga es la tercera provincia del país cuyos ciudadanos acuden más a los tribunales. ¡Cáspita! Que nuestra provincia es la que más vertidos arroja al litoral andaluz. Que la llegada de inmigrantes a nuestras costas ha aumentado un 273% este año. Que registramos la cuarta mayor subida interanual de población de España. Que las empresas de comercio y servicios copan la generación de riqueza en la ciudad. Que el Ayuntamiento multó a 314 prostitutas en 2016. Que en Málaga se hacen más regalos el día de Reyes que en Navidad. Y el más sorprendente: Málaga es la cuarta capital española con un mayor porcentaje de población en riesgo de pobreza. Exactamente un 32,9%, cifra que se situa muy por encima de la media nacional. Las manos en la cabeza. ¿Pero no estábamos de moda? ¿No somos un referente turístico? ¿No lo estaba haciendo tan bien nuestra ciudad? ¿En qué quedamos, hay más museos o más pobres? Y nuestras lucecitas, ¿no son de gente rica y estudiada? Pues no. Uno de cada tres de los malagueños que colapsan calle Larios cada fin de semana para ver el espectáculo navideño de luces y sonido municipal, según estos datos, también, están al borde del colapso de sus vidas. Es terrible. Los cuartos de España con más pobres y los terceros que más derrochamos en adornos navideños. Los despilfarradores son esos mismos que cortan pero no cortan las calles al tráfico para que disfrutemos sosegados de ese estupendo show de tres pases diarios, no dos, a las 18h, no a las 18.30h y a las 20h, no a las 21h, digo a las 21.30h según su reflexiva improvisación y cualquier otra genial ocurrencia. Dicen que acuden 30.000 personas a olvidarse de sus problemas durante cada pase. ¡30.000 personas cada vez! ¿Tendrán un plan de evacuación? ¿Estaremos seguros o nos cuidarán como nos cuentan, a ojo?

Pero el anuncio que más llamó nuestra atención en las últimas fechas fue el del alcalde, respecto a que este sería su último mandato. De aquí a dos años y medio, dos navidades más gordos, más deprimidos y más arruinados, y sin Franciso de la Torre propagando el cartonpiedrismo, ¿qué será de nosotros? Ay, dios mío, ¡como levante alguien la alfombra! Paco, no te vayas. Tres o cuatro museos más, por favor. De esos provisionales, gratuitos, que nos pagan los patrocinadores. Pon las aceras de calle Larios, doradas. Más terrazas. Más fiestas. Más adornos. Más flores. Tú ya sabes, que no se nos note, que no se nos vea, que no se nos sienta. Sin ti, ¿quién nos tapará las vergüenzas?

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Nos ven desde la luna

Hoy no voy a entretenerles mucho, pues son las seis y diez de la tarde y no quiero perderme el espectáculo navideño de calle Larios. Por supuesto he cargado el móvil para hacerme el selfie de cada día al son de Queen y con esto le doy la razón a la concejala que mejor entiende nuestra idiosincrasia, tan malaguita, la señora Porras, que ya previó el éxito de esta gran obra que nos colma el ánimo fraternal desde la propensión a la epilepsia más entrañable y fotosensible. Le doy la razón porque ya predijo que calle Larios daría la vuelta al mundo durante estos días de homenaje a Freddie Mercury -¡y lo amables que han sido (supongo) sus herederos cediéndonos los derechos de sus canciones!-. “No hay más que ver los innumerables selfies que han circulado años anteriores por whatsapp”, dijo Teresa Porras con orgullo el otro día, para explicar lo de la vuelta al mundo en 250.000 videos compartidos, antes de pulsar el botón de color rojo de adviento bajo la atenta mirada de Willy Fog. Yo estoy totalmente de acuerdo con ella. Son los whatsapp los que, a falta de libros, nos harán libres, jóvenes, guapos y deportistas, famosos en todo el mundo por nuestra navidad cosmopolita, firmada por las bulerías del mismísimo Carl Orff. ¿Villancicos? ¿para qué? Si somos cruceristas. Afortunadamente no salta reguetón, y agradecido. O Siempre Así, ¡dios mío, no! Sí, podía ser peor. “Otra vez más vamos a sorprender y volver a ser un foco de atención mediática y turística en España durante las Navidades” aseguró el otro día, y es verdad, no deja de sorprenderme, ya sea chisporroteando, adjudicando los contratos a dedo más legales del reino de España, o secando la ropa interior de las jóvenes resfriadas por culpa de la feria.

A la marquesa, lo que es de la marquesa. Un poquitín suyo es todo este coloso navideño en el que nos ha convertido. La Navidad no era nada para los malagueños, yo creo que ni sabíamos que existía, hasta que apareció el índice salvador de Doña Teresa y contrató a la empresa de lucecitas. Fuimos la segunda ciudad del mundo que más derrochaba de Iluminaciones Ximénez -esta vez sí, los segundos del mundo mundial-. Doña Teresa fue la ideóloga ejecutiva. La artista. La portera-delantera y entrenadora que nos ha transformado en campeones del mundo de las navidades más lucidas del Sur de Europa. No creo que haya más led por metro cuadrado en ningún lugar del mundo -otra vez del mundo entero, ¡alegría!-, que en calle Larios, tan estupenda. Porque en Barcelona se reparten los adornos en 100 kilómetros callejeando. En Madrid, en 32. ¿Y aquí?

Corren algunos bulos piadosos que convierten en mejor aún lo inmejorable de nuestra iluminación de Navidad. El primero, que me contaron en el bar de abajo, es que estos led mágicos que casi nos devuelven a los seres queridos por Navidad, gastan lo mismo que un secador. ¡Ole ahí, lo chulos que somos y lo poquísimo que gastamos! ¡Pues, ale, invito a otra ronda!¡Llena ahí, Pepe, hombre, que hay que celebrarlo! Y el segundo, que nos han copiado los adornos en Nueva York, para que los disfrute hasta Woody Allen con su perro. ¡Toma ya! Unos medianitos almacenes en Manhattan han contratado a lucecitas Ximénez para que ilumine sus escaparates y eso se ha transformado en una calle Larios en la Gran Manzana con Freddie Mercury y Carmina Burana con pandereta porrariana viendo beber los peces en el río. Guadalmedina. Me apunto con la zambomba y un borrachuelo a inventarme un tercero: me ha dicho el primo de Rajoy, el del cambio climático exagerado, que desde la luna no se ve el agujero de la capa de ozono ni la muralla china, que son falsedades salvo alguna cosa, pero que desde el Google Earth se ve un puntito luminoso extraño, que brilla con profusión a las 18.30h y a las 21h, en el centro mismo de nuestro ombligo.

Qué lista eres, Teresa. Cómo nos conoces. 600.000 eurillos y lo felizmente que nos haces idiotas. Para todo lo demás, mastercard. Corro, que me falta grabar el espectáculo bocabajo. Os mando un whatsapp.

Procesiones y mantequilla

La noticia ha tenido más difusión en medios digitales que en la propia prensa local, pero ahí está: Un Juzgado de Málaga ha decidido procesar por un delito contra los sentimientos religiosos, a la promotora de la marcha feminista llamada ‘Procesión del santo chumino rebelde’, que recorrió las calles de la ciudad el 8 de marzo de 2013, con motivo del Día Internacional de la Mujer, imitando los desfiles de Semana Santa.

El delito ‘contra los sentimientos religiosos’ está previsto en nuestro Código Penal, y las manifestantes, cargaron a hombros la escultura de una vagina gigante incluyendo en el recorrido el itinerario de las procesiones oficiales, le rezaron oraciones y le gritaron los piropos que suelen escucharse en los encierros. Tal vez fueran ignorantes de que podían vérselas con el Código Penal, o quizá consideren que su causa merece hacer frente a una condena. En este caso acusan la fiscalía y la Asociación de Abogados Cristianos.

Lo cierto es que lograron el propósito de hacer ruido. Utilizando para la causa símbolos y ritos que otros, posiblemente la mayoría de los y las malagueñas, se toman en serio, pero provocar es el objetivo de cualquier protesta, y yo, que llegado a Málaga a los diecisiete tras una infancia viajera, no me considero parte ni parte contraria de la Semana Santa, modestamente opino que lo consiguieron. Vale que es mejor decir las cosas con lazos en el pecho y minutos de silencio, vale que el machismo o el maltrato están incrustados en la sociedad más allá de credos, y vale que habiendo un artículo del Código Penal al que apelar, los ofendidos tienen derecho a utilizarlo, pero gustos o malgustos aparte, esta sociedad necesita una revisión completa en materia de imagen de la mujer.

Revisión no solo en materia de estética y cánones de belleza que tratan de seguir nuestras hijas y sobrinas; no solo en materia de igualdad de oportunidades, contempladas o no en la ley; no solo en reparto de tareas y roles domésticos y familiares, sino sobre todo, en lo que toca a la aceptación de determinados gestos, a veces sutiles, y comportamientos. En otra vida, anterior a la crisis de la que no terminamos de salir, trabajé en el mundo del cine, cuya capital, Hollywood, no se ha distinguido por potenciar la imagen de la mujer. Incluso el revisionado de obras de grandes maestros, como Kubrik, ‘2001…’ por ejemplo, azora al comprobar que la visión futurista del director relegaba a las mujeres a secretarias y recepcionistas de colonias espaciales. Algo se mueve también allí. En estos días ha corrido como la pólvora una entrevista de Bertolucci de hace 3 años donde reconoce que improvisó con Marlon Brando introduciendo la archifamosa mantequilla en la escena de la violación sin previo aviso para que la actriz María Schneider se sintiera verdaderamente humillada. Y lo lograron, y de nada sirvió que la actriz llorara y se sintiera violada de verdad, y que lo haya denunciado en entrevistas posteriores que no tuvieron tanto eco. Para algunos, su religión es el arte, y está por encima de las personas, en este caso de una mujer. ¿Casualidad?

Quién sabe cómo terminará el juicio, si los acusadores harán gala de la caridad que propugna la religión simbólicamente ofendida o si el Santo Chumino terminará en condena. Pero aspiro a que algún día el gatillo fácil de los denunciantes se dirija contra el ultraje a otras cosas sagradas. Dignidad, igualdad, libertad, todas palabras femeninas. Al menos eso.

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Tapones para los nervios

Uno de los tres grandes problemas de Málaga parecía que estaba en vías de solucionarse. Las del Metro no las cuento aquí, pues creo que sólo le preocupan a las altas instancias, enredadas en hacernos felices a través de sus propios intereses de partido. Sin ningún estudio científico a mano, supongo que habría consenso en señalar como principal dificultad de los malagueños, su propia subsistencia, a tenor de los datos microeconómicos -que término tan añejo y menospreciado-, que aparto y me niego a constatar cuando paseo por Calle Larios, la del síndrome de Stendhal chico, el marqués bueno y la ginebra menos suiza del mundo. El decorado de alta burguesía bien acomodada, muy a nuestro pesar contradice la certeza de nuestro día a día, que nos sitúa en el metrobús de cola de los umbrales más fríos de la pobreza, del desempleo, del PIB y de todas esas siglas que nos roban el orgullo innato que ya a penas nos fluye ni cuando mencionan nuestra tierra y hay que presumir. Es broma. El sol brilla a un palmo y nos regala ese ánimo vigoroso que respinga hasta en el peor decaimiento. ¿Qué es resiliencia? Resiliencia, tentetieso, eres tú.

La economía más que un problema es un trauma crónico que lo cubre todo. La aspirina es la pandereta que nos cura los malos ratos y los convierte a borbotones en goles de alegría en el último minuto. En el recreo de la pena de boquilla. El otro día, mi taxista se quejaba de los impuestos, del ahogo coadyuvante, de sus hijos sin alas, hasta que atravesamos la Plaza de la Marina y con la sonrisa chisporroteante aseguró que le habían dicho que nuestras lucecitas navideñas eran las mejores de Europa. Toma ya, economía. Borrada del mapa. Somos tan pobres que ni se nos nota con el caramelo, por idiosincrasia. Así que los dos siguientes malestares cobran protagonismo de falsa irrelevancia: las calles están sucias y hacemos mucho ruido.

De la Limasa municipal para lo malo, y privada para lo regulín, hablaré cuando toque. Pronto y persignándome. Ahora, el ruido. Que parecía arreglado, como dije al principio. De 116 expedientes sancionadores a locales por exceso de ruido en 2014, se pasaron a sólo 8 en 2015 y según dijo el mes pasado el edil responsable, Raúl Jiménez, porque se ha producido un mayor nivel de cumplimiento por parte de los sancionados. De 116 a 8 locales. ¡Se tiene que notar! Pues no. Los que más sufren el jaleo insufrible de las juergas de los demás, los vecinos del Centro (seis colectivos vecinales, exactamente), hartos del ninguneo ensordecedor, reclamaron ayer al ayuntamiento «que haga cumplir la ley» contra la contaminación acústica y afirmaron que estudian tomar medidas legales si las cosas no cambian.

Pero somos pobres. Camareros a tiempo parcial subsistentes. Sobrevivimos del turismo. Y el turista viene de vacaciones a disfrutar de sus días de ocio. Para ese ocio en silencio, Don Francisco debería poner la franquicia de un convento budista anexo a cada uno de sus museos, para hacer compatible el público que nos visita con la falta de sueño de sus ciudadanos. Esto es lo horrible del cartonpiedrismo, que dejar el Centro Histórico tan mono, y tan abandonados los arrabales, concentra todo el despilfarro acústico de la alegría de vivir en las orejas de unos pocos. Siempre los mismos. Y se les engaña. Y se les promete. Y se les burla. Y se aplazan las decisiones de Navidad a Carnaval y de Semana Santa al veranito. Y se multan a los mismos bares que ponen música. Como si la música fuera el único problema. El 90% de los locales sancionados son bares nocturnos insonorizados. A penas hay sanciones por el ruido que producen las terrazas. Ninguna por los ruidos constantes de los festejos municipales. Es imposible el silencio turístico. Pero el Ayuntamiento ni intentará explicárselo a los vecinos ni llegar a acuerdos, buscando paliar tal sufrimiento desquiciante. Se multa a la sala de conciertos de Gómez Pallete y misión cumplida.

La Cabalgata de reyes en Huelin, frente al desolado Museo ruso. El Carnaval en Ciudad Jardín, por ejemplo. El alumbrado Navideño, precioso, en la Barriada de la Paz. ¿Pero cómo se van a enseñar los barrios? Tan abandonados a su suerte, tan sucios, tan pobres… ¡Qué bonita está Málaga! Y qué sentaditos se tendrán que esperar los vecinos del centro a que el Ayuntamiento les amaine el ruido de su cornucopia escacharrada.

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Navidad al viento

Mañana se inaugura el cosquilleo navideño oficialmente en Málaga con mucha tranquilidad. Aquí el adviento no existe porque eso suena a pasar mucho frío. Frío adyacente. Del que te entra por los costados. Así que encendemos el chisporroteo de lucecitas que alquila la señora Porras cada año, esperamos a ver qué hacen sus adornos y ya está. Embobados. A ver qué novedad nos traen. Boquiabiertos. Como cuando te compras un móvil, que escudriñas sus chorraditas, para ver si valen la pena, según lo que hayas pagado. A propósito, fuimos los que más gastábamos en luces no hace tanto -cierra la boca, que aún no tilila el cielo, ya te aviso-. Pero por la transparencia esa nueva que nos anula la sospecha y el afán por señalar el despilfarro, ya no se sabe el puesto que ocupamos en esa lista del absurdo en el gasto fulgurante intermitente. Ni importa. Aquí cuando un Palacio de Congresos es una ruina, se vende la burra del belén sobre un impacto económico muy beneficioso para la ciudad. Y de los museos, mejor ni hablar, por dejar tranquilo al buey, no sea que se lo lleven también, de manera provisional, y nos dejen solos a la Virgen, el Niño y a San José estabulados para nada. Pues en esa tesitura, cuando se destapó la vergüenza de ser los que más derrochábamos de España en esta ambientación de cartón piedra luminosa prestada, con un contrato blindado en plena crisis, se sacaba pecho municipal sobre los beneficios que suponía ser así de manirrotos, para los comerciantes de la ciudad. Brillante.

Con las lucecitas Ximénez ha pasado como con las marcas de los teléfonos, que ya no tiene que ser de esa coreana para ser fiables, entre otras cosas porque te pueden estallar al ritmo de un redoble de batería. El tamborilero ya puede ser de un modelo chino extremeño, apartando a Raphael del villancico, sin pena ni gloria. Aunque como están las cosas de radicales, empezando por García-Page, en vez de Extremadura, habría que hablar, quizá, de Centromadura, para no molestarlo a él ni a nadie. Y aplaudir a los Reyes Magos, tan nuestros. En la calle o el Congreso. Aquí no hay primeros ministros magos, ni presidentes republicanos magos. Para eso estará Papá Noel, en otros lares de menos sangre azul que la nuestra. Qué maleducados estos republicanos que no dan palmas pero sí nos tocan las panderetas. Trump con un gorro y una barba sería un perfecto Santa Claus republicano, ¿quién lo querría?

Respecto a la inauguración oficial navideña de mañana, lo que nos mantiene la curiosidad a punto tiene más que ver con descubrir su melodía. Como del móvil nuevo, pero ahora también de las luces. Porque adelantan que las bombillitas de este año, seguirán el ritmo de la música durante dos minutitos, dos veces al día. Yo creo que desde lo de las hamburguesas Uranga no ocurría nada de tanta envergadura musical en la ciudad. Para celebrarlo se traen a Siempre Así, siempre así, en la cresta de la ola, en la vanguardia de la cultura, tirándonos de los pelos por eficaces y ultramodernos.

Pero decía al principio que este encendido de los buenos deseos iba a ser tranquilo, y no me refería tanto a que esta vez nuestros ediles no tendrían que huir perseguidos por su propia policía local como tampoco hace tantos años, sino a que no se vislumbran elecciones navideñas en el horizonte. Eso que han oído ha sido un suspiro. Mío. El golpe de partido en el PSOE y su angelical gestora provisional -como el Pompidou, mira- nos salvó de ese mal trance. Por eso estamos repantigados, precantando villancicos. ¿Se imaginan votando en Navidad? ¿Una campaña entre el turrón y los mantecados? Ah, sí, que ya pasó. Un 20 de diciembre. Qué rápido olvidamos las cosas. Y lo grave que iba a ser el 18… Ya tengo preparado el móvil para grabar lo de mañana. El móvil nuevo. Las luces nuevas. El viejo político de los metrobuses. La señora de la ropa interior en la mano. No me lo pierdo. Suena celestial.

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Málaga, Carmina y Ónega

Para llorar. La semanita ha sido dura, pero lo a gusto que uno se queda cuando se deja llevar por sus emociones. Ayer disfruté con el anuncio de la lotería de Navidad de este año y no se me escapó una lágrima con Carmina, la profesora jubilada a la que ha dado vida el bueno de Santiago Zannou, sino un mar entero. No lo pasaba tan mal de bien desde aquel otro horroroso, con Raphael y Montserrat Caballé perdidos en su particular Halloween navideño. Pero aquel era divertidísimo y este es emocionante. Esto es otra cosa. De las pelis de llorar y reír a la vez, de las que tan bien abusa Isabel Coixet cuando se lo propone. Un baile final de la pequeña Miss Sunshine en un pueblo asturiano cantando la canción de sonrisas y lágrimas en armonía grupal con las escarpias muy bellas. Yo me oí balbuceando, de verdad, y agradezco al destino no haber tenido a nadie al lado para que me viera sintiéndome en ridículo de esa forma. Es que ni con Marco. Ni con la muerte de Chanquete. Pero no quiero desvelarles más para que lo vean con un paquete de pañuelitos de papel en cuanto puedan. Mejor a solas. Les aconsejo que se encierren en el cuarto de baño y lo vean en su teléfono móvil echando el pestillo -pestillo en el sentido menos escatológico del término, por supuesto-. Y hagan el esfuerzo para que nadie les oiga y se preocupe al otro lado de su vida. La real. Supongo que los efectos lacrimógenos durarán sólo un visionado y la empatía con Carmina y su familia, las otras 283 que se los encuentren de aquí al 22 de diciembre. Por si acaso, no me atrevo a repetir la experiencia en compañía, por ahora. Sería una dramática terapia familiar, llorar el anuncio en comandita. O hasta abrazarse después. No puedo imaginarme ahora nada peor.

He dicho antes que no quería contarles mucho más. Otra cosa es que pueda evitarlo. Aguantaré la trama pero no el sentimiento. Con un símil. Imagínense a Francisco de la Torre oyendo a Fernando Ónega en Onda Cero el otro día halagando nuestra Málaga querida. Y nuestro alcalde embaucado, creyéndoselo todo. Hermosísima, acogedora, entrañable, estamos de acuerdo. Con nuestras olas mediterráneas, el sol y las playas, qué afortunados somos. Con nuestros espetos, las gambas, la porra y el vino dulce, qué rico. Record de turistas por las escapadas urgentes de puentes y fines de semana, como bien cuenta el periodista en su agradabilísimo soliloquio. Cosmopolita pero de rincones románticos (sobre todo en la Palma-Palmilla). Y llegamos a la parte estupenda: pongan cara de Carmina a Don Francisco de la Torre y déjenlo creerse que Málaga es un paraíso de la cultura, “la ciudad con más orquestas de las grandes, con más teatros, con más salas de exposiciones”, y la Noche en Blanco es “una orgía nocturna de la cultura”, una ciudad española que “basa su vitalidad en un estallido cultural que hace compatible con la fiesta y la alegría de vivir”. ¡Que se mueran los feos! ¡Aquí no hay pobres ni paro, ni barrios, ni Astoria, ni Museo de las Gemas, ni…! Nos ha tocado la lotería, dice Paco con la cara de Carmina, y sus compañeros de la corporación le dejan que siga en su nube piadosa. Y cuando decide dirigirse feliz al Museo Pompidou Provisional a celebrarlo, su concejala de Cultura llama al celador mal pagado, para que lo feliciten cuando llegue. Que un millón de pérdidas y un año menos para el gran agujero en el suelo que nos van a dejar, no es nada. Y viéndolo contento en su franquicia, todos los de su partido lo siguen, y lo jalean, y se unen los de Ciudadanos, y los del PSOE si nos ponen unos asensores a unos cuantos pobres, de los que leemos poco…

Y mientras las fanfarrias van camino del Carmen Thyssen, en un oscuro saloncito del Centro Cultural Provincial, se celebran los 90 años de historia de la revista malagueña Litoral. Más grande que cualquier museo malagueño. Que cualquier orquesta malagueña. Qué cualquier orgía nocturna malagueña. Y ni Paquito de Hamelin ni su séquito se han enterado -o son suecos-. Definitivamente, con estos, Carmina, nos ha tocado el gordo. Déjame otro ratito el pañuelo, por favor.

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Indios y cowboys

Los tertulianos de la tele saben de todo. Y cuando no, lo disimulan con gran profesionalidad. Son las tablas, supongo, las que les confieren la pericia necesaria para que, ojeando unos cuantos titulares en sus juguetitos electrónicos durante los segundos previos a su turno de palabra, sepan defender un discurso coherente o hasta posicionarse si el programa lo requiere. He dicho tablas pero me refería a tablets. Yo tuve un profesor de Arte en Bachillerato que nos permitía sacar libros y apuntes durante cinco minutos al inicio de sus exámenes, e ilusos con tratados y enciclopedias entre mis compañeros a los que les gustaba el reto de darle algo de esperanza a su pereza omnisciente. Yo intuí enseguida que aquello no me daría más puntos que infartos y, si de algo me sirvió aquella neurótica experiencia fue para aprender el montón de estupideces que se pueden llegar a decir cuando pillas alguna frase suelta.

Por eso me causa tanta admiración comprobar lo bien que estas personas hilan dos datos, tres temas y cuatro frases cuando decae la ineptitud en la polítia nacional y se quedan huérfanos de crispación mediática. El espectáculo debe continuar. ¿Pero cómo? Con el PSOE agazapadito, esperando que amaine la vida, ¿cómo? Anteayer, en el matinal que me susurra el aburrimiento a media mañana pasaron de comentar el deshielo del Ártico que han visto dieciséis millones de personas asustadas en un video de youtube, a sazonarnos algunas frases sobre la Gurtel que, por no dar miedo, ya ni al Tato en el PP. A mí se me había olvidado que los tertulianos servían igual para opinar sobre el cambio climático que para debatir sobre pelotazos, o sea, sobre lo poco que cobrará Cristiano Ronaldo si se le compara con lo que ingresará la familia Neymar, por ahora del Barcelona, ya que los urbanísticos se han tornado del suficiente desinterés como para hundirle la audiencia a cualquiera. Ya me había acostumbrado yo a ubicar ideológicamente a Maraña y Escolar contra todos, pero hablando sobre el consumo de alcohol entre preadolescentes o la luz marina comestible de Ángel Leon, nos imbuimos en el pensamiento único. Esto debe ser la igualdad esa de la que hablaba Felipe González cuando defendía el servicio militar obligatorio. Cuánto bromuro nos espera. El 80% CISeando a Rajoy sin cocina, de aquí a dos congresos y medio del PSOE y 103 primarias en Podemos.

Menos mal que está Trump. Para quitarnos el aburrimiento y devolvernos la pimienta de la ira, estupendo, aunque para librarnos del pensamiento único, no sirve. Es malo malísimo. Yo creo que no había tanta maldad de común acuerdo desde lo del eje del mal, por lo menos. ¿Será para tanto?

Yo que he leído unos cuanos titulares en mi tablet antes de escribir, sé que es misógino y racista presunto y sin precintar. Lo sabe todo el mundo, como diría Pablo Iglesia defendiendo a Espinar. Un bicho. Hasta del Ku Klux Klan han soslayado en la Sexta que es, sin que haya podido comprobar a qué se refieren, de dónde sacan la noticia o en qué se basan para mencionarlo. Ojalá haya perdido. Y se vaya a su casa tranquilo porque vapuleado ya ha sido provisionalmente, por si se libraba después. Sólo ante el peligro. Que pierda y le coloquen un muro mejicano muy alto a su alrededor, con un barril de amontillado dentro. Quizá esa tapia sí la pague con gusto el gobierno mejicano.

Un 77% de los españoles votarían a Clinton. Como si nos imcumbiese. ¡Un 77! Un 19% de raritos, ni fu ni fa. Estos serán los que votaban a UPyD. Y un 3% a Le Pen, Amanecer Dorado, a Hofer en Austria, al húngaro Viktor Orban o al partido Ley y Justicia en Polonia. Ah, no, que no eran estos… El malo es Trump. Y nosotros, sin ombligo, toda la noche pendientes de que caiga desde lo más alto y duro que pueda.

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El PSOE ya no es ETA

Se me ponían los pelos de punta cuando aún no sabía que se te podían erizar con el cabreo. Eran los buenos tiempos en los que el PSOE era ETA. Como arma arrojadiza, era ETA. No hace tanto. La última vez que gobernó el PSOE en España, lo era en cada trifulca de lo absurdo con el PP. Cuando el PP se manifestaba como dios manda, como los radicales de ahora. Entonces, la ley mordaza no existía y las jovencitas lloraban en las manifestaciones porque el gobierno quería asesinar niños no nacidos, o casar a gays o lesbianas llamándolo matrimonio. Un millón de personas indignadas cada vez que algún medio afín los sumaba uno a uno, jaleados desde las emisoras de la ira que exigían libertad, con las banderas constitucionales de las buenas personas en volandas, esas mismas que sacaríamos después todos para celebrar enardecidamente los mundiales y las eurocopas. Eran otros tiempos en los que los que gobernaban el país le estaban regalando Navarra a ETA. No me acuerdo si era una anexión o iban a invadirla. Pero Navarra era muy desgraciada. Estaba siendo maltratada por Zapatero y sus secuaces. Porque el PSOE era ETA. En cada rincón de España. Recuerdo una campaña de las municipales malagueñas en el recinto Eduardo Ocón del Parque con el señor Arenas dedicando plenamente su discurso a idiotizarnos sobre lo que el PSOE estaba haciendo en contra de las víctimas del terrorismo. Después salió Francisco de La Torre a aburrirnos, porque a eso, nuestro candidato no jugaba. Fue un soso. Es un soso. Ni me acuerdo de lo que habló. Supongo que del río o el Astoria, no hay que ser muy listo para imaginárselo.

Zapatero cayó con su 135 y Rajoy dejó de ser un perdedor radical. La agresiva oposición se tornó talante, quién se lo iba a decir, y Mariano se convirtió en lo que es hoy, salvo alguna cosa. Rubalcaba, ay, Rubalcaba, yo creo que tras reinventarse a sí mismo, fue el que acuñó la fórmula del Centro Izquierda Moderado que le liberó del sambenito. Del sambenito de gobernar o tocar pelo, porque lo de ser ETA, se lo quitó el PP directamente, con el plasma y la balsa de aceite. Conservadores, Moderados. Retocado el derecho de reunión. Paz y después gloria. Ni los yihadistas eran ya ETA, eso era cosa de Pedro J. Ramírez.

El PSOE ya no es ETA y el PP no es radical. Los dos son de Centro y se dan gobiernos. Pero sin mariconadas, bien explicado por el nauseabundo Torrente. Es como el huevo frito de Felipe González. El PP se lo come y el PSOE mira, enclenque, pero estadísticamente, se lo comen a medias. El PSOE pesa 85 kilos y el PP 137. Algo no cuadra. Los analistas que le dieron el golpe al partido y que ahora gobiernan desde una gestora dirigida por los susanistas dicen que ellos no quieren ser Podemos. Que Podemos son la izquierda radical. Han llegado a la conclusión de que el voto perdido está en el centro. Y ellos quieren ser de centro. Ya nunca más el PSOE será ETA, me parece, ni para Federico Losantos.

El otro día Podemos fue ETA. Aparte de populistas, iraníes y bolivarianos, el otro día, en el Congreso, fueron ETA. Para Ciudadanos eran ETA. No aplaudieron a no sé quién y sí a Bildu, o algo parecido. Están en contra de las víctimas. Son amigos de los etarras. Algo tienen que ver con un gobierno extraño en Navarra. Antidemocrático. Hernando, el del PP, dijo en el Congreso que los financiaba Irán y Venezuela. 4 millones exactamente. Hernando, el del PSOE, suele llamarlos Populistas… Por culpa de Podemos gobierna el PP. No por culpa de los votos de Podemos sino por la culpa a secas de Podemos.

El PSOE cuando gobernaba era ETA. El PSOE ya no es ETA. Me parece que no han hecho números. Alierta y el Ibex puede que sí.

Absteniendo que no apoyando

Lo conseguimos. Hoy comienza la investidura que nos librará del tercer rebote navideño. Hay que agradecérselo al golpe de mando del centro izquierda moderado, que es como se autodenominan ahora los que manejan los hilos del susanismo pesoiano. Desde el 1 de octubre, como Aníbal, o sea, con los elefantes al frente (algunos venidos de sus cementerios y otros desde sus cacharrerías, liberados ambos del voto de silencio), emularon a Rajoy recolocando las cosas del sentido común en su sitio, como dios manda, y salvo alguna cosa -como las firmas o las denuncias de militantes “podemizados”-, han alcanzado en sólo tres semanas contrarrevolucionarias el bien común que todos mínima y comunmente multiplicábamos cuando se nos pedía opinión sobre unas posibles terceras elecciones.

Pues no las habrá -por ahora-. Y no sé por qué no estamos de fiesta. Sobre todo en Andalucía. El feudo victorioso de la generala escondida. La que sólo rompe platos internos y se acontece como Ángela Channing pero con mayor predicamento folclórico, para regocijo de los que suspirábamos por un lìder con entrañas, llorona a puerta cerrada y Salomé a entornada, cuando hiciera falta cada caso, sin dolerle prendas de rebanarle la conciencia y la ideología a los indispuestos, díscolos de sus mediocres medianías. Por fin un político malo, malísimo que nos defienda de Iceta, el bailongo. De Luena, el aburrido fiel. De Borrel, el rencoroso gollum. De Pedro Sánchez, el manirroto de votos y militantes. Una presidenta como los grandes estadistas. Qué bueno para el PSOE, para Andalucía, para España, esa dama de Hierro Churchilesa y Rocío Jurado a la vez, imponiéndose a todos, afilando sus cuchillos, sin remangarse aún las responsabilidades. Susanerys Diazgaryen, nuestra khaleesi, con sus achacosos dragones Ibarra y Guerra, con sus elefantes torpones Dumbi Elena Valenciano y Tántor Pepe Blanco, para que le enmienden la plana. Una vez roja pero nunca, jamás, amarilla, a la diestra de Rubalcaba.

De pronto, todo se ha solucionado. Dos patadas en el trasero, dos retoques y dos resucitados en el PSOE y habrá gobierno del PP el próximo domingo. El tristísimo de pésame Javier Fernández tiene el encargo de persuadir, Fernández Vara el de opinar, con la claridad que le ofrece su pachorra arrastrada de Perogrullo, Hernando será el muñeco de Pim Pam Pum que recabe culpas y limpie al resto de sus traiciones y Lombán, Ximo Puig, Page y quien se apunte, esperarán bajo la cama a que Susana los llame a filas por si tuvieran que sacrificarse con un cargo en la empresa pública o en la privada.

Las cosas vuelven a su sitio y el PSOE gobernará la oposición con un borrón en su memoria. Sí es sí y la ley mordaza, la de educación y la reforma laboral, la cambiarán por otras de Centro Izquierda moderado, tan moderado que podrán consensuarla con los otros de Centro Izquierda de Ciudadanos y los de Centro del PP. Como los Presupuestos. Trescientos días perdidos, Susana, ¿dónde estabas? Felipe, ¿por qué has esperado tanto?

A la derecha del PP estarán los ultras del fútbol y a la izquierda del PSOE, los de Centro Izquierda moderados que no sean de centro ni moderados. O sea, de izquierdas, pobres. Antiguos. Cansinos. Ruidosos. Perdedores otra vez, como siempre, pero ahora, además, sin razón por trielectoralistas, por no aceptar el viento de cara de Rajoy, por sus pataletas y sus pancartas. Todo eso como históricamente pero ahora con una novedad: su apellido. Ahora serán de izquierda radical. Y ahí seguirán, hundiendo España. ¿Pa qué?

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