Un mal AVE lo tiene cualquiera

Podría haber sido el eje ferroviario transversal de Andalucía. Una suerte de A-92 con raíles por los que surcara un tren de alta velocidad que pusiera a tiro de piedra Málaga de Sevilla, Sevilla de Antequera, Antequera de Granada. Almería de todas partes. Pero se va a quedar en un mojón. O peor: en una serie de zanjas y taludes, tierra removida y árboles arrancados. Una cicatriz monumento a la improvisación y a la falta de planificación. A la desidia. Un gran favor para la marca Andalucía. Un tristerío. La Junta devuelve al Banco Europeo de Inversiones 180 millones del tramo de AVE Sevilla-Antequera. Como no gastaban el dinero iban a tener, encima, incumplidos todos los plazos, que pagar una compensación de 210.000 euros. Un malvado diría que no sirven ni para gastar. Si hay un director general de Planificación en Fomento estará pasando un mal día. Pero, en referencia a la Junta, una mala década la tiene cualquiera. Es cierto que se proyectó en tiempos de faraonismo, gasto excesivos y aeropuertos de Castellón. Cierto que es algo heredado. Pero en una tierra tan grande y desvertebrada esta infraestructura hubiera sido útil. Ya de los puestos de trabajo ni hablamos. El no AVE o avecito fue planeado en 2004 entre el Gobierno socialista de entonces y la Junta.
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Crimen en la Costa del Sol

Hay un filón turístico que aún no hemos explotado en la Costa. Igual que traemos periodistas, blogueros, agentes de viaje, cocineros, deportistas, etcétera para que después hagan de prescriptores de las bondades del terruño este, habría que invitar a los grandes de la novela negra para que, becados una temporadita, escribieran y ambientaran aquí sus tramas. Asuntos turbios no les iban a faltar. Luego habrían de esmerarse con el título: ‘El crimen de las buganvillas’, ‘Corrupción en Manilva’, ‘El misterio de Pedregalejo’, ‘Un cadáver en Frigiliana’. Y en ese plan. Por ejemplo.
Algo así como el festival de novela negra de Gijón pero obligando a los que vienen a que tomen aquí la inspiración. Y nos citen. No poca gente va a Estocolmo para reconocer escenarios de Stieg Larsson. Ejemplos como ese son abundantes. Ayer detuvieron a una rubia llamada Mayka Marica a la que, evidentemente, uno cambiaría el nombre si la hiciera protagonista de novela. El cuerpo no. Fue detenida en Eslovaquia por presunto asesinato de su novio o exnovio que a lo que se ve prefirió a otra rubia peligrosa. Varios tiros en la cabeza recibió él, Andrew Bush -joyero- cuando se encontraron en Estepona. Una elementa peligrosa sin duda la Marica. Está claro que metiendo Eslovaquia, Estepona, joyas, lujo, casinos, un sagaz detective (si la llevan al cine, Coronado, que ya es el poli por excelencia) la emoción, la tensión narrativa y el interés están asegurados. Claro que más interés tendría el que las mafias no se asentaran en la Costa. Salvo como género literario y cinematográfico son bastante deleznables. Pero ya que aquí la gente se mata al menos consigamos elevar los índices de lectura. La codicia anida en todas partes. Pero en unos sitios más que en otros acaba traducida en tiros. Hay quien lo atribuye al calor, pero aún no estamos en el cruel ferragosto. Que a veces nos visite lo más granado de la delincuencia internacional, sin excluir políticos, influye igualmente en que sea aquí donde diriman sus asuntos. Disparando se entiende la gente. Desde nuestra modesta posición no podemos hacer otra cosa que contemplarlo con humor, aunque sea negro, como las novelas que a uno le gusta leer. Hay días en que los periódicos no traen noticias, traen argumentos. Por desgracia hay demasiados titulares a lo bonzo. Noticias del calibre nueve. Ajustes de cuitas. No es bueno exagerar pero no decir las cosas sólo beneficia a los silenciadores. Al menos el crimen del joyero va camino de la resolución y la rubia peligrosa, de la cárcel. Allí les hablará de la Costa del Sol. No hace falta.

Susana, trae ladrillos

Además de traer turistas hay que poner ladrillos sí o sí. Los empresarios malagueños recibieron ayer con los brazos abiertos a  Susana Díaz. Más bien habría que decir con el cemento presto. Díaz vino a corroborar el impulso que la Junta quiere darle a la construcción. Eso sí, «sostenible». Ya cuando se le ponen apellidos a las cosas, malo. Suena como a justificación o falseo. Pero esto del impulso a la edificación es la certificación del fracaso brutal de otras alternativas. Y eso sin que haya que demonizarla en absoluto. La construcción representaba en la Comunidad el quince por ciento del PIB. En no pocas zonas de Málaga, muchísimo más. Ahora puede ser apenas del cinco. Las grúas están paradas, las garlopas aburridas, las borriquetas muertas de sueño y los cascos caídos. El chavalerío que ganaba tres mil napos en Marbella y paseaba el cochazo y el polo de marca por Monda, Guaro o Teba, charla de fútbol mano sobre mano en el bar del pueblo, suplica al baranda del banco y volvió hace años a comer en casa la madre. Díaz anunció ayer que el día 22 su Gobierno aprobará un decreto para eliminar trabas burocráticas que lastran el crecimiento y la creación de empleo. Lo dijo ella misma. Lo que no dijo es por qué ha habido que esperar tanto para eliminar esas trabas. Un poco más y lo hace cuando hayamos muerto de gazuza.
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Viviendo en las nubes

Vivimos pendientes del tiempo. No del cronólogico, que también. A veces, aunque no queramos. Los espacios dedicados a la meteorología, o sea, al tiempo que va a hacer, ocupan tantos minutos televisivos que en algunas cadenas pareciera que en lugar de informativos con un apartado dedicado al tiempo son espacios dedicados al tiempo con dos o tres noticias. El hombre del campo mira al cielo por ver si lloverá. El alegre excursionista otea las nubes, los niños preguntan si ya pueden ponerse el polo de marca y manga corta, los reumáticos temen a la humedad y el ejecutivo que va a Bilbao recela de los vientos de Sondika, que hacen balancear a los aviones. Igual que es imposible aislarse del fútbol, que no ocupa, copa minutos y minutos y  monopoliza horarios de radios, todas hablando de lo mismo (¿cuánta gente sabrá de fútbol sin querer?) habrá versados en borrascas, cúmulos, estratos, tramontanas o chubascos sin querer serlo. Claro que bien visto, la cosa sirve para no permanecer mudito y cabizbajo, dando sensación de melancolía o gravedad, cuando estamos en un ascensor. Si tu vecino del tercero te inquiere acerca del anticiclón de las Azores no quedas como un lego que sólo se preocupara de la metafísica, la composición del Gobierno francés o la posible independencia de Escocia. Siempre puedes contraatacar con la nevada de Candanchú o disertar sobre cómo se aproxima el poniente. Cultura, sí. A fin de cuentas. El probo oficinista versado en milibares. La ejemplar consejera delegada docta en tifones de California. Las aplicaciones para móviles sobre el tiempo triunfan. Nunca tanta gente supo qué temperatura hace ahora mismo en Nueva York; cuántos grados mañana en Boston o Brisbane. Incluso en Cupertino, ciudad californiana muy Apple. El furor por el tiempo da empleos, reparte saberes, nos inculca conciencia medioambiental, enriquece la industria de los documentales y hace famosos a los chicos y chicas del tiempo, que desde el entrañable Mariano Medina han evolucionado a  majetes pimpollos muy a la moda. Pero también empacha a veces. Lo del tiempo, no la moda. Los partes meteorológicos nos proporcionan un subidón de las expectativas vitales si emitidos en jueves dan sol para el fin de semana. Luego está, pareciera, la obligación de salir a la calle porque hace sol. Por contra, si anuncian lluvia para un día de fiesta, se nos coloca en la parrilla de salida hacia el desánimo, la desazón, el retortijón de estómago cuando no de la blasfemia. Pero siempre habrá por mil razones, gente a la que sí le convenga el tiempo que a nosotros no nos va bien. Es ahora, pero reconozcan que para ser un artículo sobre el tiempo, sale muy al final, cuando colocamos lo de que ‘nunca llueve a gusto de todos’. En las terrazas, nunca llueve a gusto de toldos. Todo el mundo sabe refranes sobre el tiempo. Hay quién vive en las nubes y a los que les ha dado el Siroco. Vivimos pendientes del tiempo.

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Políticos besucones

El nuevo líder del PP andaluz hizo ayer algo que tardaba ya mucho en hacer: dio besos. Juanma Moreno Bonilla visitó Almonte, uno de los chorrocientos municipios que le quedan por patear en Andalucía. Recorrió sus calles, conoció a la dirigencia local de su partido, comió y visitó centros sociales. Bonilla nos tenía dicho que quería darle la mano a un millón de andaluces. No dijo nada de besos. Pero en España los políticos nos han salido siempre muy besucones. Sobre todo cuando llegan a un cargo, cuando se van de él, en campaña o en precampaña. O sea, casi siempre.
Sería interesante ver qué hace un político rodeado de viejos o niños cuando no hay una cámara. Los asesores les tienen dicho que no besen a los padres. Y que si el niño es muy chico lo rehuyan un poco, no vaya a ser que el condenado arranque a llorar y el choteo subsiguiente sobre que el político da miedo se generalice. Los viejos siempre han sido también muy del gusto de los políticos. Los tratan como a niños. Moreno Bonilla es un tío sensible y tampoco quiere dar la imagen de señoritingo de derechas, por eso se pega esos garbeos por sitios que puedan resaltar bien su sensibilidad social. No va a una mina porque no hay.  A los hospitales los próceres no van porque la gente cuando tiene un dolor infame en la barriga y se tira tres horas esperando no está para saludar a ningún político. Se ponen a dar alaridos y a llamar al médico y es que no son capaces de distinguir si el que visita las urgencias es afín o no, del PP o del PSOE o de Izquierda Unida. La gente es que está muy a lo suyo. Sobre todo en las urgencias. Los políticos gustan de ir a colegios de primaria a interactuar o a las universidades a pegar la chapa dando un discurso sin réplica. Lo de los institutos es distinto. Igual les sale un adolescente con un café bebido, las hormonas revolucionadas, cuatro lecturas bien digeridas y les suelta cuatro frescas que ha aprendido sobre el sistema en dos tardes en las redes sociales. O lo que le ha oído a su padre, que lo mismo lleva un año en paro. Dejad que los niños se acerquen a mí es quizás el único mandamiento que los políticos cumplen. Sera porque no es un mandamiento. Los niños se acercan y no hay que hacerles promesas electorales. Con una carantoña, un besito y un cómo te llamas van que chutan. No conviene tenerlos mucho tiempo en brazos que cogen confianza y piden un viaje a Disneyland, un triciclo o un perro chico. Le quedan un chorro niños y municipios. Y viene una campaña. No pocos le desean suerte. Y le mandan besitos.

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