El desfile de modelos

Comienza el desfile de modelos en la Audiencia Nacional. De modelos de sobresueldo. Hoy acuden Javier Arenas y Francisco Álvarez Cascos y mañana María Dolores de Cospedal. Tres secretarios generales, tres, y un sólo tesorero: Bárcenas. El juez Ruz, que ha tenido tres días de vacaciones y que tiene aspecto de corredor de fondo que fuma en los descansos, los va a someter a un interrogatorio del que morbosamente está pendiente toda España. Conociendo a Arenas es probable que entre y lo salude diciéndole, ‘qué pasa campeón’. Ruz es al PP tal vez lo que Garzón al PSOE. Pero los peperos no estuvieron hábiles y no ofrecieron un cargo al magistrado. O tal vez sí estuvieron hábiles.


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El que paga, descansa

El jeque Al Thani ha pagado la deuda de 1,8 millones de euros que tenía con la Agencia de Puertos Públicos de Andalucía y que correspondía a los cánones de 2012 y 2013. De esta manera, podría anulársele en breve el expediente de revocación abierto contra su empresa. Ahora la faltan otros pequeños detallitos. Nada, nada, cosas sin importancia. Como la redacción del proyecto constructivo. Nada menos. Al Thani tambien tuvo que abonar cinco millones, cinco, para construir la sociedad concesionaria. Es verdad que el jeque es lentorro para pagar y poco respetuoso de los plazos legales españoles. Y es verdad que la Ley es para todos y que los procesos son costosos. Pero no es menos cierto que ya le han cascado 6,8 kilos, que sepamos, y todavía no ha podido mover ni una piedra. España, la burocracia y el fisco son así. No vea si es cara la papela. Las madres marbelleras tal vez paseen a sus hijos por La Bajadilla y mirando solemnes al lejano horizonte marino, dirán: hijo mío, algún día todo esto será un puertaco. A lo que tal vez el mozalbete espoleado en el ánimo por un Fanta de limón, responda: si el jeque sigue pagando. El que paga, descansa. No en el caso de los jeques, que pagan y se ponen a hacer un puerto. Los jeques siempre han sido de hacer muchas cosas. Un día vino el rey Fahd a merendar a la Costa y casi cuando estaba terminando el té le habían construido una réplica de la Casa Blanca, que está entre Marbella y Banús. Eran otros tiempos y tal vez el rey citado no tuvo que soltar cánones, y sí mordidas a algún jerifalte franquista al que luego invitaría a caviar, dátiles y calamares. En estos momentos hay un funcionario sellando un papel en el que pone ok y que corresponde al expediente Bajadilla, que no ha sido expediente x de milagro. Las autoridades marbellíes rezan a Jesucristo, Alá y Buda para que el puerto (su proyecto estrella y presentado como propio) llegue, nunca mejor y redundántemente dicho, a buen puerto. El puerto de Marbella aumentará la oferta no sólo de yates, sino de sitios donde ser visto en bermudas y polo de marca. En España antaño una ardilla podía ir del extremo norte al sur de árbol en árbol sin pisar el suelo. Ahora, un alemán o un sueco o un tío de Cáceres pueden ir de Barcelona a Algeciras de puerto deportivo en puerto deportivo. La afición náutica es lo de menos. Lo importante es el turismo. Al turista, una sonrisa. Y si es posible, un yate a la vista. En los años cuarenta y cincuenta mucha gente miraba los escaparates de las confiterías y soñaba con tener en casa un merengue o un milhoja e incluso un trozo de pan. Ahora la peña se va a Banús a la atardecida y sueña con tener un yate como los que fondean en la zona. Ahora sería deseable que el proyecto se dotase de cierta celeridad, lo cual es decir en fino que a ver si de una vez pueden comenzar las obras, que traerán puestos de trabajo, riqueza y a largo plazo cruceros de lujo de medio calado. Ese proyecto podría relanzar aún más a Marbella, donde la crisis no es que pare de largo, pero tampoco atraca como en otros lugares. No hay crisis para el lujo ni para quien se especialice en darlo. Y aunque, también en Marbella, no es nada oro casi nada de lo que reluce, el comercio y la hostelería y hotelería local relumbra con más fuerza que en otros lugares. Fuentes de la Junta de Andalucía afirman que la empresa concesionaria de La Bajadilla sigue dando pasos para que la concesión sea firme del todo. La Bajadilla es el único proyecto interesante e infraestructura de futuro presentable que hay en la provincia de Málaga, luego de la caída de la inversión pública y la crisis y cobardía de la empresa privada. Una buena noticia enmedio de rumores de agoreros, propuestas vampíricas sobre economía y muermo y humo. A Marbella y por ende a la provincia le ha tocado la lotería de Oriente. Si no se aburre o lo aburren. Al promotor. y sin que eso signifique que haya que bajarse pantalón alguno ante el primer ricachón que aparezca, como hacen las autoridades madrileñas con mister Aldenson. Señor que, por otra parte y aún siendo verdad que se pasa a España y sus leyes por el forro y la pitillera, lo que pretende es traer una cantidad indecente de millones y millones para crear un pequeño Las Vegas. Comprobado está que eso funciona. Ahí está la de verdad. En pleno desierto de Nevada, donde uno se iría una temporadita con gusto y a gastar y jugar lo que no tiene.

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Anarquismo y moscatel

El sindicato CGT va a hacer escraches al alcalde de Málaga durante la feria. El anarquismo siempre ha sido muy de dar el coñazo al poder establecido. Esa es su esencia. La del anarquismo, no la del poder. Pero aquí la cuestión es saber si habrá sitio para el tal escrache. No es fácil rodear a un alcalde, dado que siempre va rodeado de asesores. No es fácil reunir a un puñado de anarquistas. Casi ni existen. Y conste que lo decimos como descripción de una desgracia. Pero es que además de que el alcalde ya está rodeado, de que hay pocos anarquistas, está el hecho cierto de que en la Feria de Málaga por lo general es difícil rodear, dar un rodeo o ir por donde uno quiere, dada la tumultuosidad del tal evento. No hace mucho que al alcalde también lo perseguian para montarle el número los policías locales, que protestaban por algunas de sus condiciones laborales. Estabas tan plácidamente en una terraza tomando la horchata con galletas danesas y oías una bulla de  gente coreando consignas y pegando pitadas y ya sabías que estaba el alcalde cerca. Pero todo esto puede cambiar. Damián Caneda, concejal de Cultura, incidió ayer en que va a propiciar la dispersión de lugares donde divertirse u hocicar (esto lo decimos nosotros) y así poder evitar las aglomeraciones. O sea, se lo pone fácil al anarquismo. Paradojas de la Feria. Y de la política. En otras ciudades te entra el síndrome de Sthendal, ya saben, el agobio por querer ver tanto y tan bueno. Aquí te entra el síndrome del Cartojal, que es no saber dónde beberte uno de la cantidad de sitios que hay para hacerlo. Sin que sea descartable que no poca gente decida con buen criterio ir a todos y así se produzcan los consabidos incidentes en la vía pública cuando el citado líquido se adentra por las venas de tan sthendelianos aficionados al alpiste, también llamado en Málaga pipirraque o pimple, del verbo pimplar. Las autoridades deberían advertir de que en los despachos de vinazos también se ofertan alimentos sólidos, algunos con la apariencia externa de paella o bocadillo, que podrían mitigar o envolver, tal vez retrasar, los efectos de la ingesta etílica, que no debiera siempre acabar en melopea, realizada en Feria a veces con la inconsciencia alegre y típica de estar con los amigos y no saber si al día siguiente vas a tener el sueldo intacto o se va a acabar la Feria o el mundo. Tiempo habrá para el descanso. Bueno, no tanto, hasta las seis si uno se encuentra en el Centro, que es la hora en la que las brigadas de la limpieza, las tropas de Limasa, barren las calles al ritmo y la furia de Napoléon entrando en Rusia pero sin nieve ni caballos, sino con estrambóticos vehículos verduscones eliminadores de mierda, cáscaras de gambas, botellines y hasta desamores. La gente no se pone a cantar la Marsellesa de milagro. Empieza uno hablando del alcalde y acaba y acaba imaginando escenas feriales. Pero para Feria la que él mismo tiene en su equipo de Gobierno, donde no falta el desnorte de algunos concejales, cayendo el peso y la acción, la efectividad y el trabajo en unos pocos. Ahora en la Feria pugnaran por retratarse junto a él, o ir con él para que los retraten. Ignoran que les chupa la energía y los abduce de tanto bregar y esquivar escraches, estrechar manos y visitar lugares. Y eso que el síndrome ya es conocido. Primero se les pone cara de delfines y luego tienen que dejar la política, emplearse en una Diputación, fundar una empresa o dirigir distritos. Podría ser un relato de Oscar Wilde. Pero es la pura realidad. Realidad también perfectamente descriptible en cuatro letras sólo que una de ellas no es coincidente con la puesta aquí negro sobre blanco. Un moscatel, por favor.

De Oropesa a Guadalmina

El caso es estar en todos los sitios menos en Castilla La Mancha. Sólo se gana dos de los tres sueldos. María Dolores de Cospedal está un día perpetrando una rueda de prensa en Génova, provincia de Madrid, y otro pegando bandazos por Marbella. Pisando ese paseo marítimo marmóreo diseñado por Gil con vistas a los siliconazos, la buganvilla y los espetos. De la mano del siete mil eurista. Cospedal se olvida del cigarral toledano y el secarral mesetario y se encaloma en territorio Arenas, que hace todo lo posible por no ser visto y que sólo se encontrará con su enemiga la Cospe si el guión de elegir candidato a la Junta lo exige. Ignoramos si aún están por la ciudad Aznar y su perro playero, que viene con frecuencia. Se ve que ha cambiado la pequeña burguesía bienpensante de Oropesa, con sus conos de vainilla al atardecer tras la partida de pádel, por el más sofisticado ambiente de inversores bursátiles, rusos, políticos, exterratenientes y dueños de constructoras que habitan Guadalmina. Quizá eche de menos la horchata y a Luis Herrero. Guadalmina es como el escalón previo a Sotogrande, donde las pamelas valen lo que un ciclomotor, las ambiciones son más desmedidas, las ex de los millonetis tienen casoplones y el golf no se juega, se lleva en los genes. Juan Ignacio Zoido, se llega con frecuencia también al territorio marbellí, abrasado por la caló de Hispalis, no queriendo perder comba de lo que aquí se cueza (sobre todo a cuarenta grados) y tratando de que no lo dejen fuera de ningún proceso. Ayer en Torre del Mar almorzaron juntos Arias Cañete y Gallardón, que tiene casa de herencia conyugal en el cogollo de Nerja. El peperío local malagueño se conforma con cenas en pueblecitos pintorescos, paseos sabatinos y escapadas a Banús, donde de cuando en cuando coinciden en cenorrios informales. De la Torre ni cena ni es informal ni quiere saber de candidatura. Uno no sabe cómo no se lo proponen a él. El alcalde habla cuando la prensa le pregunta, pero como ya va habiendo escasez de noticias, le preguntan mucho y el hombre insiste en que es buen momento, el verano, para pensar y tener candidato a presidir la Junta pronto. Una persona normal llega agosto y agarra el botijo, se compra una novela negra, un bote de aftersun y una sandía y se mete en el coche camino de la playa. Un pepero se tumba en la hamaca y se olvida de que está en la playa porque está pensando en quién podría ser el candidato. Cospedal y el férreo de a siete mil al mes tomarán mojitos de cuatro sueldos hablando de política mientras todos (no) echan de menos a Bárcenas, que es el que tiene más hechuras de veraneante a la usanza de toda la vida, un dandy setentero con billetes por las orejas.

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El Málaga alemán y un trozo de queso

El Málaga está de pretemporada en Alemania. Y tiene un entrenador alemán. Se supone que los entrenadores imprimen carácter a sus equipos. El entorno geográfico, también. O sea, el Málaga se va a volver alemán. A este respecto siempre es bueno recordar lo que le pasó a Julio Camba tras su estancia como corresponsal en aquella nación: «Si yo no me he vuelto  completamente sabio en Alemania, mi trabajo me ha costado. Últimamente, me noté síntomas así como de ir adquiriendo un criterio científico para todas las cosas. Entonces me entró una gran aprensión y me fui». El de Arosa era un guasón además de un sagaz observador. Finalmente no se hizo científico y decidió pasar unos años sin salir del Palace salvo si lo invitaban a cenar. El Málaga se va a Alemania, como Pepe en aquella mítica película, pero no para trabajar en una fábrica, sino por ver si adquire método kantiano o cartesiano, orden , rigor, jerarquia, disciplina y de paso un nuevo Isco, tal vez adornado con las dotes de un general prusiano. Ese nuevo Isco fabricado en Bitburgo podría ser Portillo, al que Schuster coloca en el centro del campo a repartir juego. Le otorga confianza. Cuando un español te otorga confianza te hace una tortilla de papas en su casa. Cuando un alemán te otorga confianza te pone de mediapunta. En Francia no. En Francia te dan una copa de vino blanco y un trozo de queso y enseguida te dan ganas de darles abrazos. Sobre todo porque es la única forma de comunicarte con ellos, una vez que comprendes que todo el dinero que te gastaste en la Alianza Francesa no alcanza para entender el acento de París. Cuando el Málaga vuelva de Alemania habrá que comprobar si a los jugadores les ha cambiado el acento, tienen un criterio científico y detestan la siesta. Hay indicios de que el contagio teutón puede no ser total, dado que Schuster tiene casa en Ibiza, ha entrenado en Jerez y vivido en Madrid y Barcelona. Le gusta el golf. El nuevo Málaga se forja en Bitburgo y para que el toque alemán esté completo y acorde a la nueva Alemania, no a la de los tiempos de Camba, se estudia el fichaje de un turco: Gülüm, del Besiktas. Lo esperamos con los brazos abiertos. Incluso podemos abrazarlo si convida a queso.

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