¿Enamorarse en el metro?

Viajar es un placer sensual. No sabemos cómo será hacerlo en el metro de Málaga. Pero sí que en unos días los malagueños podremos ya sentir el dulzón traqueteo de los vagones, cruzar miradas y trabar conocimientos ¿Cuánta gente se conocerá y enamorará en el metro de Málaga durante su primer año de funcionamiento?, ¿atracarán a alguien?, ¿quién será el primero en leerse un libro completo sólo en trayectos de metro? Por primera vez, como en las grandes urbes, el automovilista podrá pensar que justo debajo circula un metro cargado de gente (bueno, lo de cargado está por ver). Y sentir que en su coche, con la radio y el aire acondicionado y sentadito va mejor. O bien estimar que ha cometido un garrafal error al optar por el vehículo privado y así se ve, parado en un atasco un tiempo suficiente como para leer ‘Madame Bovary’. Con lo bien que iría escuchando a Bob Marley en el iPod en el subsuelo.
«Voy a coger el metro», se oirá decir por primera vez en no pocas conversaciones. Las paradas además de nuevos hitos urbanos serán, las bocas, lugares nuevos para quedar. Te espero en La Luz-La Paz. Habrá viajes al Clínico cargados de angustia. Trayectos a la Universidad con los nervios agarrotados ante un examen de Comercio, idas y venidas solitarias de jubilado temeroso de que se acabe el trayecto y la salida al exterior suponga plantarse ante el abismo del día ocioso. Se producirán rupturas sentimentales, encuentros no deseados; tal vez el metro se incorpore a la rutina de un ama de casa que ensanche los lindes de su cotidianeidad. El hombre discreto que nunca ha entendido el sistema de autobuses hallará tal vez consuelo secreto en un metro simple, casi unilineal, que lo lleva y trae en línea recta sin posibilidad de equivocación. La voz que anunciará las paradas, ¿de quién es?, ¿qué estará haciendo ahora el que raje el primer asiento?, ¿cómo se llamará el primer bebé que nazca en una estación?, ¿será alguna vez el metro de Málaga refugio para bombardeos? Las escaleras mecánicas descansan a esta hora en un balneario para tomar energía ante los años y años que les esperan cargando gente que no siempre tiene la consideración de pesar poco y llevar zapatos planos. Un conductor de metro templa a esta hora sus nervios mirando la mar en Huelin tras un día más de pruebas. Alguna vez se unirán todos los metros del mundo y encontraremos en Barbarela a un viajero de Moscú que quedó dormido. O a un parisino de bigotito y boina que ha venido a María Zambrano atraido por el cautivante nombre de la filósofa. No faltaría una berlinesa varada en Guadalmedina a la que habría que explicarle que hasta Pedregalejo ha de ir andando o en taxi o bus. El metro de Málaga será eso que los arquitectos llaman un no lugar, sólo que un no lugar muy nuestro. Málaga crece hacia abajo. Cuidado con el escalón y dejen salir antes de entrar. Feliz viaje.

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Ana Mato, danos un piquito

Ayer se reunieron en Madrid los consejeros de Bienestar Social -o lo que de eso quede- con la ministra Ana Mato, que consigue mantener ese bronceado de millonaria no ya en julio, que no tiene mérito, sobre todo si eres millonaria, sino también en enero o febrero. Que conste que ser millonario no es pecado ni nada malo. Debiera ser la noble aspiración en la vida de toda criaturita que alcanzare la pubertad. Lo que estamos criticando por pura envidia es el moreno, aquí con nuestra tez blanca alumbrados por un tristón y mortecino fluorescente como de escriba de las medianías del siglo XX.
Diecisiete conseguidores en la capital del reino para tratar de llevarse lo más posible de un fondo contra la pobreza infantil dotado con algo más de 17 millones. O sea, así a lo bruto, uno por comunidad. Un millón. Con independencia de que el reparto haya sido equitativo o no (ha sido infame, sectario y estúpido y hasta comunidades del PP lo han criticado) el asunto es descorazonador. Todas las comunidades entienden que necesitan el triple o el cuadruple, aparte de lo que ellas aporten, para paliar la pobreza infantil. O sea, que un niño no pueda comer carne al menos una vez a la semana o que su familia no tenga para calentar la casa o 650 euros para gastos imprevistos. Eso son algunos de los parámetros que se establecen para baremar la pobreza. Tomamos baremar de un teletipo y se nos pega el verbo en la mente y lo trasladamos aquí a la columna. Baremar es un verbo feo que debería estar prohibido en una columna de periódico. Es como intentar meter ‘coyuntura’ en un soneto o agropecuario en un epigrama. En España hay miles de niños pobres y millones de adultos pobres. Los políticos siguen baremando. Esa es la situación y esa es la quiebra del sistema (que funcionaba) a la que nos han conducido. Los mismos que llaman antisistemas a otros.
Después de la reunión (Anita, hija, dame algo) y con la satisfacción del deber cumplido, tal vez el consejero de La Rioja o la del País Vasco o el de Castilla y León fueran en alegre comandita, que no lobby, a picar unas croquetas a algún sitio previas declaraciones con gran indignación a sus respectivas televisiones autonómicas o locales. Y luego: Uf, no sabéis lo que es pelearse con la Mato y con los catalanes, diría ufano y un punto altivo, ya en la atardecida de provincias junto a su conmilitones y el gin tonic ese nunca bien ponderado consejero, que culmina una carrera de servicio público calificada de intachable, que ha incluido duras concejalías, larguísimas e irrecompensables sesiones en el Parlamento y hasta correosos consejos de administración. El pobre…

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La transfusión de greguerías

Estaba sentado en una terraza tomando un cortadito y pensando en cómo se resolvería el crimen de la novela negra que estoy leyendo. Pero no pude evitar oír la conversación de la mesa de al lado. Dos señores atildados con sombreros caqui y chaquetas blancas, uno con bigotito y el otro con perilla. Bebían licor de hierbas. Fumaban puritos y uno acababa de narrar un viaje de juventud con una mulata por Las Vegas y San Francisco. Fuimos, decía, a bordo de un cadillac algo usado, rosa y con volante blanco que le había comprado a un robamomias egipcio que andaba por Las Vegas huyendo del marido de una danesa subcampeón euroasiático de halterofilia.
Tenían en la mesa un elegante recado de escribir: cartapacio de cuero, bolígrafos plateados, folios y un par de libretas de tapas duras y verdes. El que no había ido a Las Vegas con una mulata quiso colocar también la narración de un viaje a su contertulio y comenzó a recordar una excursión a Suiza con la hija de un comerciante marsellés de mortadela condenado a tres meses de cárcel por estafa. Pero antes de entrar en la cárcel pudo transferir a la citada hija una más que aceptable cantidad de dinero con la que tener un buen pasar (sin descartar el gasto en refrigerios en elegantes lugares) al menos dos años. Pero el amante de mulatas y conocedor de San Francisco no quería oír ese viaje, en realidad parecía haberlo oído muchas veces ya y exigió a su amigo que se pusieran de una vez a componer el texto que le habían pedido de ‘El Inmediato’, revista lírica que sale cada quince años y donde andaban estresados con el cierre del número correspondiente a 2019. El mortadelo protestó levemente, adquirió semblante pensativo y dijo: de acuerdo, pero necesitamos varias greguerías. No podemos escribir el texto que se nos ha encargado sin inventar varias greguerías. De hecho, añadió, cualquier texto sin una greguería es un sindiós. El mulato pidió una fuente de mortadela al camarero, que era de San Francisco, e hizo el gesto de mesarse las barbas, un gesto por lo demás bastante inútil, dado que no tenía barba ni mesura. Ambos quedaron pensando. Luego quedaron abstraidos. Después, pareciera que petrificados.
El camarero de San Francisco, Pepe el canijo, tuvo reflejos y telefoneó desde su iPhone 1 al 061. Luego al 112, después al 113 y más tarde a un amigo de su barrio que ahora vivía del comercio de camisetas interiores en San Petersburgo. De suerte que el centro de transfusiones tenía el banco de greguerías lleno. No así el de sangre ni el de vermú rojo ni el de polinomios. Los sanitarios acudieron rápido. Al de la perilla le bastó con una transfusión de diez greguerías para que recuperar la conciencia. Dio entonces un sorbo de licor y dijo: «El avión es un pájaro de hierro». Hubo que darle una colleja». Su compañero despertó después de que le inyectaran 103 greguerías. Estoy impaciente por ojear ‘El Inmediato’.

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Sánchez y Díaz, de paseíto madrileño

Lo primero, recibir a la jefa. Pedro Sánchez, el ganador de las primarias, dormiría poco, releería los whatsapp más interesantes, administraría su adrenalina en la madrugada y pensaría en Ferraz, su nueva casa y coto. Allí habría un bedel o telefonista cavilando a su vez acerca de que todos son contingentes pero que él es necesario mientras hiciera mentalmente la lista de los secretarios generales que ha visto pasar. Y llegó Susana Díaz, a la una de la tarde. Para que se visualice bien cuál es la prioridad de Sánchez, cuál es el terreno también de Díaz y del socialismo andaluz y cómo ha de ser la cuota del PSOE-A en la nueva ejecutiva. Sánchez y Díaz abandonaron los coches unos metros antes de la entrada a la sede central. Las cámaras los recogieron caminando juntos, charlando, a solas, como dos procuradores u oficinistas que vuelven de tomar café para espantar el tedio del lunes y van contándose cómo crecen sus respectivos hijos y que pifia de Mundial. Caía el solazo en los madriles y Sánchez, pese a ello, no renunció a una leve chaqueta bajo la que llevaba su proverbial camisa blanca. La presidenta iba de rojo Madrid, que es como un rojo más tenue que el rojo Andalucía. Más ecléctico. El rojo Madrid te permite dar una arenga obrerista y comerte luego un cocido en Lhardy, merendar en el barrio de Salamanca y acabar entre el populacheo de Atocha derrochando servilletas para no mancharte las manos demasiado con el bocata de calamares. Luego te vuelves en el metro. Sin embargo, te pones un polo rojo Andalucía y ya la gente te quiere mandar a Marinaleda y privarte de las procesiones de Sevilla, el buey de Casa Robles o las gambas de Huelva. Hay quién le echa decolorante al polo rojo Andalucía y una vez que lo tiene anaranjado se va al Rocio. Susana también es de irse mucho y va a viajar a Valencia el jueves para visitar a Ximo Puig. Luego acudirá a Cataluña a clausurar el congreso del PSC, ese partido cónyuge del PSOE que sin embargo nos ha salido un poco putón con el nacionalismo. Susana Díaz está en lo de extender su influencia y Pedro Sánchez ya ha avisado de que tiene autonomía para decidir la fecha de las primarias. O sea, que serán cuando le interese a la presidenta de la Junta. Ya sea para presentarse, para no presentarse o para joder o beneficiar a alguien. A esta hora está Madina maldiciendo haber menospreciado al socialismo andaluz. Sánchez está aprendiendo sevillanas y verdiales y Tapias está en el Belmonte de Granada tomándose unas cañas con unas rodajacas de buen queso en compañía de otros profesores rojeras y funcionarios. Dudan de la moda de las camisas blancas.

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Apuntes sobre las primarias

A esta hora están los militantes socialistas votando. Las primarias son como los documentales de La 2. Todo el mundo se confiesa admirador. Luego va IU y las convoca en Andalucía y apenas llega la cosa a tres mil militantes en las provincias, que pueden tener hasta 1,2 millones de habitantes. Eso, contando simpatizantes. Y tres mil llamados a votar, otra cosa es que lo hicieran todos, que no lo hicieron. En el PSOE hay miedo a que la participación sea poca. Por eso, en todas las agrupaciones durante la semana pasada los popes de las mismas no dejaron de telefonear a los militantes instándoles, suplicándole, invitándoles a que se acercaran a las urnas. Las primarias son un excelente y saludable ejercicio de democracia que otros partidos deberían imitar. O sea, el PP. O no. El PP nunca las ha organizado y no puede decirse que su historia en la democracia española haya sido desastrosa, dado que han gobernado en dos etapas: la de Aznar y esta. Es cierto que los tiempos cambian, pero ya en los albores de la llegada al poder del PP el PSOE celebraba primarias y eso no era garantía ni de que fuesen a gobernar ni de que la gente luego los votara más ni de que el partido funcionaria mejor. Resulta magnífico que se abran cauces de participación. Sí, como si fueran ríos. O eso nos repiten. Contra eso está la escuela de los que opinan que hay que votar, pero poco. Que una vez elegidos los elegidos ya ellos deben resolver los problemas y dejarnos en paz.  Es muy del gusto liberal americano y desmovilizador presentar la política como un inocente asunto de administración de la cosa pública que no requiere mayor vigilancia ni control a no ser que uno quiera perder el tiempo. De USA también nos viene por cierto un pensamiento radicalmente contrario y formidablemente democrático. También está lo de las listas abiertas. Si a un ciudadano cualquiera se le enseñara una lista cerrada y se le invitara a abrirla (o sea, a quién de estos votaría y a quién no) seguramente no sabría. Porque no conocería a casi nadie. Piden listas abiertas pero no se interesan por quiénes están en la política y a quiénes se podría votar. Pero tampoco generalicemos. Todo lo dicho en el anterior párrafo puede no ser cierto y tal vez sea engañosa impresión o es uno que da con gente que está informadísima acerca de la política pero que opina que la gente no está informadísima acerca de la política. A esta hora están los militantes socialistas votando. Las primarias generan interés, son una herramienta de marketing, sincronizan la formación, la cohesionan (¿la cohesionan?) y, lo más saludable, no se descarta el factor sorpresa. Una interesante variante de las primarias son las primarias paripé. No nos referimos a estas. Pero dan para otro artículo. Abundan.

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