Elogio del bendito hotel

Se está bien en los hoteles. Mejor si son de lujo, claro. Es agradable la sensación de bajar elegantemente ataviado a la caída de la tarde a la coctelería del establecimiento, emplazado en el centro de la ciudad vieja de esa histórica urbe plagada de belleza, museos y edificios históricos de relumbrón. Al declinar la jornada, con el martini en la mano, luego de haber caminado desde el alba y haber recibido una ducha reparadora de media tarde, uno hace planes para la cena y desea que el musical elegido esté a la altura. Las maderas nobles y las gruesas cristaleras, el minimalismo exquisito y moderno del dispensario de refrigerios, protege al huésped del frío del exterior. Hay damas autóctonas que dejan sus pamelas en una mesa a tal efecto que hay a la entrada. Piden té o ginebra, pastas, delicadas mermeladas o aceitunas importadas de países sureños. Uno imagina esta escena a esta misma hora en el Savoy, en el Ritz, el Palace. En el Gran Hotel Inglaterra, en el Carlton, el Courtyard de Estocolmo. Manuel Leguineche tiene el mejor libro sobre hoteles que uno haya leído, ´Hotel Nirvana´. Existe una gran película, ´Weekend at the Waldorf Astoria´, de 1945 con Ginger Rogers y Lana Turner. Se está bien en los hoteles. En el Urban de Madrid o en el Nacional de La Habana. En Cheltemhan está el edificio para hotel más antiguo de Europa. Se está bien en los hoteles porque se detiene el tiempo, se desprende la rutina, los caprichos están al alcance de un teléfono y los albornoces son suaves. Los adminículos del baño son lujosos y abundantes. Fetichismo de estrenar. El hotel es la embajada de nuestro hogar en un territorio ajeno.
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Avión privado, el gran capricho

El tribunal del caso Malaya ha ordenado tasar el avión que fuera propiedad de Juan Antonio Roca para venderlo y entregar a Marbella lo obtenido a cambio. Lo que habrá visto el interior de ese avión. Y conste que uno tiene quizás maleada la imaginación sobre lo que un millonario hace en el interior de su jet privado, tras ver ‘El lobo de Wall Street’, donde Di Caprio viaja acompañado de unas amables y sonrientes señoritas que gracias a la climatización interior no necesitan los abrigos. Tampoco pasan hambre ni sed, gracias a unas golosinas de diverso tipo que sirven amables camareros. El avión de Roca. Actualmente lo utiliza el Ministerio del Interior. O sea, los sillones han pasado de oír a delincuentes a escuchar a policías y políticos. Deben ser los sillones mejor informados de España. El avión fue comprado por Roca en 2004 por 1,2 millones de euros. Así, como el que se compra un Seat Panda o un Vespino. En España hubo un tiempo en que los nuevos ricos querían a toda costa un yate. Nunca mejor dicho lo de a toda Costa. Luego hubo otro tiempo en el que lo molón de verdad eran los avioncitos.  1,2 millones de euros lo ganaba esta gente añadiendo una plantita de nada a cualquiera de las cientos de obras que propulsaron, bastante de ellas ilegales. La Sala del Tribunal cree que Interior remolonea.
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La tropa en el bulevar

Les faltaban los cascos brillantones con penachos, los uniformes relucientes con el medalleo en la pechera. Tenían sin embargo el aire marcial y seguro de quien avanza en territorio afín. Parecían tropas del emperador en una espedición a la campiña prusiana. Eran sin embargo el alcalde y una cuerda de concejales de Málaga inaugurando un ‘cul de sac’ que dirían los franceses. Un bulevar incompleto al que le faltan accesos y le sobra polvo, desconectado de su otra parte. Una avenida de la impaciencia sin ese dulzón aire decadente y civilizado de tantos bulevares europeos por los que se pasean señoras, hombres con mostacho, criadas con carrito de bebés, ejecutivos con prisa y turistas con cámara colgada al cuello y esa cara que da no llevar reloj ni echarlo de menos. Vamos a ir inaugurando cositas que los meses pasan y las elecciones se van acercando, la canalla hace balance y los proyectos no terminan de cuajar, piensan tal vez en los cuarteles generales de la Casona. En los generales e incluso en los concretos. Al bulevar inaugurado ayer, seiscientos y pico metros en los terrenos liberados tras el soterramiento de las vías del AVE, le falta el enlace con la avenida Europa y con Juan XXIII. O sea, no es el bulevar.  Es como decir: al barco botado ayer le falta la quilla y el puente. O al jersey estrenado ayer le falta una manga.
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Pernoctaciones con patas

Se agolpan en la mesa los teletipos, reseñas, notas, las informaciones de los compañeros sobre la bonanza de los datos turísticos. El aeropuerto crecerá en número de plazas ofertadas en temporada alta; el número de turistas alemanes podría crecer un veinte por ciento; el Patronato aumenta en más de un treinta su inversión en promoción; hasta ocho nuevos proyectos hoteleros están en lontananza para la ciudad de Málaga… Podríamos incluso seguir. Aún a riesgo de marear al lector nativo que degusta su churrito con el sombra. Incluso al curioso turista que ha adquirido este diario para un mejor pasar la media mañana en una terracita cayéndole el bendito sol y la alegre víspera de la primavera. Y sin embargo, pese a todo, no se crea empleo. Se va contra la tendencia nacional. La Costa es un hotelazo pensado para cien empleados en el que trabajan setenta. De ahí a perder competitividad va un paso. De ahí a confundir cantidad (de turistas) con calidad va otro. El que peligrosamente tal vez estemos dando, si se exceptúan destinos como Málaga ciudad, cuyas rimbombantes cifras de crecimiento de número de turistas y pernoctaciones son tales fácilmente. O sea, porque hasta hace unos pocos años aquí no venía ni Dios o si acaso algún despistado de paso a la Alhambra.
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Decálogo (no) serio sobre el dandismo

-1 Ser un dandi cuesta dinero. Si es usted pobre o tacaño absténgase de intentarlo. De hecho, absténgase de seguir leyendo este decálogo.

-2 Veo que es usted pobre y sigue leyendo. Va en el buen camino. Para ser un dandi hay que tener curiosidad.

-3 El dandi es un impostor. No es rico, es elegante. No es pobre. Pobre somos usted y yo.

-4 El dandi se hace. Se hace millonario con frecuencia. Básicamente de dos maneras: viviendo de la burricie de los demás o viviendo de esas damas o caballeros que consideren a los dandis objeto de su propiedad y destinatarios de su benefacción. Los hay que intentan ser modelo.

-5 Un buen dandi no hace caso al punto anterior. Supone considerar la idea de trabajar. Incluso ser mantenido es un trabajo. Conviene parecer que uno vive del aire. Eso sí, elegántemente.

-6 El primer mandamiento de un buen dandi es la higiene. Hay que ir limpio. La pregunta entonces es por qué siendo el primer mandamiento lo colocamos en el sexto lugar. Esto implica que el dandi es abitrario por naturaleza. Suele nacer donde le da la gana, también.

-7 Si alguien le dice que es un dandi conviene que calibre la idea de que no lo ha sido ni lo va a ser nunca. El verdadero dandi es tan envidiado que, conociendo la naturaleza de los demás, apostamos sobre seguro a que son incapaces del elogio admirativo cuando están delante de un verdadero dandy.

-8 La humanidad ha avanzado tanto que en un buen decálogo sobre dandismo ya es innecesario prohibir los calcetines blancos. Las bufandas son una bendición del señor. Sólo los tratantes de ganado, y de perdido, admiten que dos de los tres elementos que componen chaqueta, camisa y corbata pueden ser amarillos. Si ha necesitado leer esto último dos veces sufre déficit de atención, está haciéndose el nudo de la corbata o está abochornado de su corbata de paramecios.

-9 Un buen dandi siempre duda entre escribir dandi o dandy. Es más fino lo segundo, pero es en inglés. Se epata en francés, se elogia en italiano, se trabaja en alemán y se sueña en filandés si uno es raro de cojonés. O finlandés. Se dan datos o se calla uno.

-10 El diez es Maradona.

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