Ladrón de sombras

Izquierda Unida pidió ayer la dimisión del picudo rojo. El camarada picudo es un bichín que ha acabado o está acabando con un montón de palmeras de Málaga, a las que deja como rostro tras viruela cruel. Alguien ha debido de estar forrrándose en España con la importación de palmeras y de ahí que todo el Sur peninsular y parte del Norte esté poblado de estos tropicales árboles, tan simpáticos y evocadores del estío y el ocio como ajenos a nuestro paisaje. Salvo en Elche o Alicante, hasta hace unas décadas las únicas palmeras que conocía aquí el personal eran las de chocolate. El Ayuntamiento de Málaga no ha sido capaz de combatir la plaga del picudo, que roe árboles, destroza plantas, afea paisajes, muerde madera y encoleriza concejales. El portavoz de IU, Eduardo Zorrilla, dio ayer rueda de prensa para pedir que el edil de Medio Ambiente, Raúl Jiménez, reconozca su derrota frente al picudo y se vaya por incapaz. A nosotros nos da algo de pena el concejal, dado que todos sabemos que en ocasiones se mete por mor del verano o de la guarrez del vecino una plaga de bichos y es difícil acabar con ella. En los países civilizados la prensa se carga ministros. En Málaga, el picudo se carga concejales. Izquierda Unida se ha aliado con el picudo rojo. Es un acto de coherencia, tal que sí el PP uniera fuerzas con el batracio azul o los andalucistas con el camaleón verde.
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Sueños y paseos de cine

La ciudad tiene un aire irreal estos días. Tanto cine la llena como de sueños y personajes. Y como el cronista anda malusquillo estas jornadas, y dopado, no está muy fino, tiende a mezclar escenas y gentes en una suerte de irrealidad onírica pero verosímil. Uno tiende… En fin, menos ropa, uno es que es muy de tender. Vas por la calle y te puedes topar con Patricia Conde y Maribel Verdú. Estos días. Las paras y les preguntas si están aquí por la manifestación contra la tarifa del agua y un actorcito de teleserie oye la conversación y te pregunta por agua para la resaca. Entonces Conde y Verdú, que sólo se conocen en el sueño del cronista, y que van en bikini, claro, preguntan al  periodista por la historia de la ciudad y la conversación acaba en un chiringuito donde invitan a calambures, sangría, obituarios y maracuyá. Las carpas de la plaza de la Merced parecen contenedores de sueños que alguien ha traído de Hollywood o La Ciudad de la Luz o Donostia o Shangrilá y ha aparcado ahí momentáneamente, como ovnis de paso, para que los viandantes cubistas malagueños entren a confesar sus sueños y salgan con un cartel de ‘Casablanca’, una taza de ‘Torremolinos 73’ o un libro sobre cómo se rodó ‘Que verde era mi valle’. En una vermutería puedes ver a Juan Diego Botto y preguntarle si se le ha ocurrido que ya mismo podría protagonizar un biopic de Adolfo Suárez. Si los americanos tuvieran a Suárez, «Nuestro Lincoln, un astro poniente que será más radiante en el futuro» -decía ayer de él Raul del Pozo- ya habrían perpetrado decenas de cintas sobre su figura.
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Artículo de escritorio

Todo hombre de buen gusto ama las papelerías. No esos establecimientos angostos de barrio llenos de infantes y de desesperadas madres de infantes buscando cartulina para que el zangolotino haga trabajos manuales a última hora y con la sospecha materna de que el citado trabajo cosechará un suspenso o cerapio. No. Los establecimientos amplios y confortables, luminosos, llenos de anaqueles y estantes hiperpoblados de mapas, libretas, rotuladores, elegantes plumas, carpetas de cuero, maletines, objetos de escritorios, abrecartas de plata, libros, revistas y toda suerte de adminículos relacionados con el placer de trabajar en lo que a uno le gusta y place; de escribir y anotar, leer, estudiar, tocar, oler. Cartapacios, portaplanos, tinteros, post-it de colores, lápices de toda gama, estuches y hasta gomas de borrar, aunque con ese olor ligeramente mareante se nos evoquen las largas tardes de colegio, tedio y mortadela. Uno de los atractivos que uno encuentra a conocer otras ciudades, además de comprar sus periódicos, visitar sus museos y catar bien catado su vino si lo hubiere, es el de entrar en comercios, claro. No sólo para adquirir guantes y camisas o unas gafas de sol. También en papelerías de este tipo que describimos. Las hay para perderse y perder la cartera y salir exhausto y tarjetidisminuido en Nueva York o Londres, en Barcelona pero también en pequeñas localidades. Un sucedáneo  de ellas, no exento de atractivo, son los espacios abigarrados para libros, revistas y regalos de algunos, sólo algunos, grandes almacenes o de varios establecimientos que tienen anexo un restaurante y una pequeña tienda de alimentación urgente y cara. Uno de esos  lugares donde entras para acuchillar la tarde del sábado o para resguardecerte de la lluvia y sales con unas tortitas con nata en el cuerpo, una pequeña agenda de piel, un vistoso rotulador, una revista de historia y un paquetín de caramelos mentolados. Todo hombre de buen gusto ama las papelerías. Y tal vez se embelese unos instantes descubriendo que los clips pueden ser de muy diversa denominación y que una de ellas es ‘mariposa’. O se entere de que existen ‘grapas galvanizadoras’ o ‘ganchos legajadores’, de legajo, que suena como a otro siglo y hasta a tierras lejanas, Sudamérica tal vez. Establecimientos para adquirir los diarios de Colón o un cuaderno con la ruta de Phileas Fogg en ‘La vuelta al mundo en ochenta días’ o un facsímil de la portada de un diario anunciando el fin de la segunda guerra mundial. Tal vez una vieja edición de una novela de Azorín. Papelerías que combinan el metacrilato y lo decimonónico, lo funcional pero de atractivísimo diseño con el ambiente de las librerias de lance. Pequeños oasis, como las propias librerías o las tabernas, la guarida de un buen amigo o un templo de frescas paredes y altos techos, varado como ballena en medio de la muchedumbre solitaria. No angosto. Ni con zangolotinos.

Los socios con problemas

El socio se está picando. Hay cierto resquemor en el PSOE hacia Izquierda Unida. Hace unos días dijo Valderas que la Junta va lenta en el desarrollo legislativo. Le faltó decir que sólo se impulsan iniciativas de Izquierda Unida. No es del todo así pero sí es cierto que todo lo de IU sale adelante. O marca la agenda. Normas antidesahucios, banco de tierras, memoria histórica, política turística, las inversiones de Fomento… En el Partido Popular se piensa que este desapego entre los camaradas de izquierdas propiciará unas elecciones anticipadas. Mejor dicho: si Susana Díaz necesita una excusa para anticipar elecciones, la va teniendo ya. Moreno Bonilla trabaja con la hipótesis de que el PSOE impedirá que transcurra el tiempo suficiente como para que él se dé a conocer a fondo. Dado que ya no hay casi margen para convocar con las europeas, la fecha podría ser el otoño. Si dejase pasar esos meses, se vendrían encima las municipales. Susana Díaz se atrinchera con un estrechísimo circulo de confianza de no más de cuatro miembros. Comandadas por Máximo Díaz Cano, su gran asesor. Habla con decenas de personas al día pero lo esencial sólo lo comparte con esos pocos. No está en el día a día de la gestión ni se inmiscuye en lo que hacen sus consejeros. Su prioridad es una agenda resonante, mediática que la impulse como gran líder, que la presente ora mezclada con el pueblo, en los pueblos, como el otro día en Casariche, ora con los grandes líderes. Nada de términos medios ni fango ni de hablar de asuntos espinosos. Entretanto, Bonilla busca cómo terminar de conformar su equipo, vive en el AVE, acude a algunos sitios desguarnecido y trata de conocer las entrañas de su propio y vasto partido en Andalucía. En paralelo, todo lo tiñe el Alayazo. Si la juez fuera coherente debería empurar a los 109 diputados al Parlamento andaluz. La suya es una causa general contra la autonomía andaluza. La mayor causa de sinvergonzonería, latrocinio y malversación y corrupción de la historia de España está siendo instruida por alguien que en sus autos profetiza ya que determinadas personas serán imputadas. Juez y parte. La fianza a Magdalena Álvarez es desproporcionada. Bonito espectáculo proporcionan los que ahora la atacan con denuedo y antes, cuando era ministra y acudían a mendigarle, no tenían arrestos para hacerlo. El panorama andaluz depende mucho de la actitud de Izquierda Unida y sus ganas de dar o no arreones para implantar su programa. En los sondeos les va bien. Y el sueño es renegociar el pacto de gobierno. Al alza, claro. Tocando más poder.

Política estacional

A estos actos conviene acudir siempre con los ojos bien abiertos. Claro que nunca le vi ventaja a ir a sitio alguno con los ojos cerrados. Van los prebostes y dicen cosas importantes, hacen proclamas, anuncian medidas, realizan promesas. Conviene estar ojo avizor para captar gestos, desplantes, complicidades, sonrisas, quién va y quién no, a quién sientan con quién. Etcétera. No etcétera, etcétera. Sólo un etcétera. Pero llega uno con la medio caraja en lo alto, después de haber podido dormir poco tratando de profundizar en las causas de la I Guerra Mundial, huérfano de café y sólo puede, al menos en los primeros instantes, reparar en un detalle. Fundamental, diría uno: las azafatas han cambiado el color de su uniforme. Ahora es rojo. Antaño, verde azafata. Algunas de las azafatas que nos indican amablemente las mesas que los invitados debemos ocupar son más listas de los que nos sentamos, que vamos de gris y serios. Tal vez sientan compasión por nosotros, ahí fingiendo. Solía decir Umbral que hay que ir a los sitios y captar un detalle y ya el detalle te debe dar para una crónica. Lo de llenar el texto de negritas es lo fácil. Empezamos a poner aquí nombres de peperos presentes en el desayuno Nueva Economía (hotel NH de Málaga) en el que conferenciaba Elías Bendodo presentado por Juan Manuel Moreno Bonilla, y se nos va la primera columna por lo menos. Así que sería mejor llenar el texto de azafatas de rojo. Y de verde también. Sería toda una innovación periodística. Como tampoco somos partidario de la ruptura total con los cánones periodísticos, al poco de entrar dejamos en paz a las azafatas y nos pusimos ya en misión enviado especial a otear el horizonte, que es algo que uno hace cuando sale a cazar ballenas y cuando acude a un Foro Nueva Economía. No estaba el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, que tenía Senado y que seguramente calibró divertido que con su ausencia se especularía. Pero es tan cargante y aburrido ya eso de si Bendodo lo va a suceder o no, que, la verdad, tampoco es que se especulara mucho.
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