Pensadores de verano

Entra el verano y llegan las vacaciones. La playa, el chiringuito, la calor, los reencuentros, la programación televisiva de saldo, los sueños no cumplidos de holganza durante veinte días en Buenos Aires… Y los cursos de verano. Los hay nutritivos, interesantes, plomos, previsibles, señoriales, intepestivos o decadentes. Los hay que se celebran en bellas ciudades como Santander, donde a la caída de la tarde, con una temperatura agradabilísima y después de haber escuchado a un notable predecir la suerte económica de Bulgaria o el futuro de la novela sin personajes, uno degusta un martini mirando el Cantábrico, esperando la cena, suculenta por gratuita, y sientiéndose un poco intelectual british o conde duque esloveno. Al lado, un colega que ha disertado sobre la paz en Oceanía, apura su bloody mary y propone acariciando la pechera de su chaqueta de lino una excursión al día siguiente a Santillana del Mar o Cabezón de la Sal. Le llega a uno entonces un atractivo olor a mar y asiente con esa pereza complaciente que en ocasiones entra después de un rato pensando. También los hay, y son de los que queremos hablar, preparados por esos laboratorios de ideas (think tank, según la terminología anglosajona) donde afines a la fundación que lo organiza, lanza ideas que se convertirán en titulares en los días sucesivos.
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Ponga una joya en su crisis

El montepío de Málaga, Almería y Cádiz acumula dieciocho millones en joyas. Lo contaba este periódico el lunes. Unas cien personas se acercan cada día a dejar en prenda el camafeo de la bisabuela, el anillo del tío de Cuba o los candelabros de plata de la pariente de Cuenca, que llevaban arrumbados tres lustros en el sótano y que ahora resulta que bien valen 400 euros con los que salir del apuro y medio solventar el trámite mensual de la hipoteca. El 95 por ciento de lo empeñado se recupera. El resto se subasta. La cifra consuela. Nos gustaría traducirla en que el 95 por ciento de la gente se recupera de la dentellada de la pobreza, la crisis y la vida borde.
Uno creía que los montes de piedad eran algo como de posguerra y hambre, sabañones, usura y viudas dispuestas a todo. Muy de Cela o Delibes, tal vez con toques berlanguianos. Pero resulta que existe y cumple una gran función, en estos tiempos de Google y iPhone e hiperconectividad. Un crédito rápido, sin complicaciones. 400 trompos de media. Un desprenderse por un año de un joyamen o un cuadro o piedraca o diamante y recuperarlo después saldada la deuda que sea. O una vez llenado el estómago o encontrado trabajo. Detrás de cada anillo, una historia. Una vieja declaración de amor, tal vez. Quizás en los años cincuenta o sesenta. Muere el amor, muere el dedo, muere el anillo. Lo hereda el hijo, que hereda deudas. El anillo no pasa de mano en mano, sino de empeño en empeño. Cada cual sale de la crisis como puede y no como quiere. No falta quien empeña objetos de valor para poder pagar los impuestos derivados de la herencia. Al menos aquí en Andalucía, dado que en otras comunidades no existe. Ayer mismo, el PP abogaba por suprimir las tasas por donaciones y transmisiones. A la hora de redactar este artículo, en el tiempo que usted tarda en leerlo, tal vez han pasado por el montepío ya diez personas. Unos, desenvueltos y acostumbrados; otros, con las joyas y la melancolía, todo en la misma bolsa amarillenta del supermercado de la esquina. Las empresas o entidades de crédito rápido florecen pero los montes de piedad no desaparecen, resisten. Del mismo modo que no pasa la moda de saldar deudas con el fisco pagando con obras de arte. Dado que no es fácil dictaminar qué es arte y qué no, siempre aceptan un Goya o un Velázquez. La crisis sigue dando dentelladas y aunque el Gobierno haya puesto la máquina de propaganda a toda velocidad,  más veloz es el paro en llegar y más lenta la recuperación económica para las familias. Sobre todo, si la generación anterior ya dilapidó la cubertería de plata.

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Los González ven al Rey (estampa a vuelapluma)

Los González son católicos no muy practicantes, tienen un perro llamado ‘Rock’, un piso de tres habitaciones cerca de la avenida de Andalucía y pretensiones de apartamento en Torrox. El niño les ha salido algo republicanote, y el padre, honrado comerciante de larga tradición heredada del bisabuelo Eustaquio, siempre dice que eso es algo pasajero. Que son las junteras y que no hay que darle importancia. Él es devoto de los borbones. La abuela, aficionada a las películas de Fellini, partidaria de los falansterios y voraz consumidora de alcachofas, suele replicar que sí hay que darle importancia, que las repúblicas son un guirigay y que a su primer marido lo mataron por ir a un mitin de Lerroux. La hija mayor suele recordarle que gracias a eso conoció a Miguel Lamadrid Márquez, al que siempre se le cita sin que se sepa muy bien por qué, con el nombre y los dos apellidos. El tal Márquez, dice Marisita, fue quien te sacó de pobre gracias a las acciones que tenía de aquella naviera de Bilbao. Sí, hija, concede la abuela, la verdad es que hasta que lo atropelló aquel trolebús me tuvo como una reina. Aclaración del narrador: hasta que lo atropelló el trolebús y mucho tiempo después, dado que la abuela heredó una pastelería, luego malvendida, las acciones de la naviera, un buen pellizco en metálico, joyas y un bono para almorzar diariamente durante cinco años en ‘El almirante voraz’, especializado en carabineros, búsanos, gambas y coquinas que una vez fue proveedor de la Casa Real y donde se empleaba Merceditas López, antaño meretriz en el ‘Club imperial’ de calle Córdoba y a partir de su treintena esforzada repostera especializada en huesos de santo y natillas a la compostelana. La abuela, el padre («vendí mi primera alcayata a los catorce años»), la madre, la abuela el republicanote adolescente y Marisita (cuatro años en Derecho y no distingue un contrato de compraventa de un testamento) se sentaron ayer a ver la proclamación de Felipe VI. ‘Rock’ se fue a dar una vuelta. Ese perro siempre ha sido muy independiente. Uno diría incluso liberal o partidario de la anarquía. El discurso del nuevo Rey gustó mucho a los González, que compraron unos milhojas para la ocasión de los que dieron buena cuenta. El niño puso alguna impertinencia en twitter y Marisita colgó en facebook su opinión sobre el  modelo lucido por Letizia. La abuela quedó algo empachada y dejó plantado el arroz con verduras que había preparado la madre. Es que no es puede una meter cuatro milhojas a media mañana, le dijo el cabeza de familia. Mientras almuerzan ven el telediario en una tele que se ha quedado sin voz. Felipe VI saluda en la pantalla.

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Un viaje inolvidable

El PSOE malagueño podría fundar una agencia de viajes especializada en turismo político. Recogida en el AVE, visita al Museo Picasso, ofrenda en el busto de Pablo Iglesias (el viejo), garbeo por Marbella y conferencia en el Centro Cívico (llenazo), edificio con historia que ahora alberga movidas culturales, ha sido colegio, comedor, parece un sanatorio y tuvo mucha preponderancia en las diputaciones ochenteras gobernadas por la izquierda. Luego, cena casera y alojamiento gratis. El programa no está nada mal. Lo malo es que el contratante de la excursión, Pedro Sánchez, aspirante a la secretaría general, debió llegar a la ciudad fundido tras acostarse el martes a las tantas luego de una jornada en Valencia y un desplazamiento a Madrid de madrugada. En el programa del viaje, los touroperadores socialistas malagueños incluyeron a sus mejores guías turístico-políticos: Miguel Ángel Heredia, Francisco Conejo, María Gámez y un largo etcétera. Uno no sabe si se escribe «un largo etcétera» por no escribir dos veces etcétera o es que hay etcéteras cortos. Todos pidieron el día libre. Los socialistas, no los etcéteras. Para dedicárselo a Sánchez, que si se hablara con Madina ya le habría dicho, ‘macho, llégate a Málaga que allí se desviven y te llevan y te traen y te dan de papear y no pagas ni hotel’. No sabe uno si al tal Madina (que serio se le ve en las entrevistas…) lo va a recibir así el distinguido y poderoso oficialismo malagueño. A él o a Sotillos o a Pérez Tapias, que es el Matilde Fernández de esta era. Sánchez no dormiría mucho la noche antes. Pero ensayó los mensajes: al poco de llegar y antes de que le colgaran el collar hawaiiano y le hicieran reverencias y la ola, dijo cosas como que el socialismo andaluz es el corazón del socialismo español. Y en ese plan. Los cronistas escribían ayer tarde en las webs y los teletipos que Sánchez hacía guiños a Susana Díaz. Añade uno que fueron tantos que a lo mejor el pobre llegó bizqueando u ojidolorido a la casa del que fuera candidato al parlamento europeo, José Manuel Domínguez, avecindado en Torremolinos, que era quién le daba posada y con quien seguramente vería el partido de España. Comentarían la jugada (la política y la deportiva) y se beberían un birrita con un bocata de jamón. El jamón tiene amplias propiedades reconstituyentes y saciantes, así como un sabor históricamente ensalzado por cronistas gastronómicos, abuelas, charcuteros, menestrales, aristócratas, encargados de mesones y gentes de derecha e izquierda. Si en España hubiera unas primarias y uno de los concursantes fuera el jamón ganaría seguro. El plan de ruta del viajero Sánchez incluiría desayuno y traslado al AVE, que aunque va muy rápido es un sitio donde da bastante tiempo a pensar. Sobre todo en dos cosas: el futuro de uno y lo cara que es la bollería. Pedro Sánchez quedaría prendado del destino Málaga. La muy noble y hospitalaria.

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Las giras de los socialistas

Hoy viene Pedro Sánchez Castejón, diputado madrileño y aspirante a la secretaría general del PSOE, a Málaga. Sus partidarios dicen que la sonrisa de Sánchez suele llegar antes que él a los sitios. Hoy comprobaremos si las ideas van detrás. A Sánchez lo van a pasear por la provincia y ha habido un cierto toque leve pero suficiente y más o menos sutil al sector dócil de la militancia, casi todo, para que el acto presente una buena afluencia. Luego la gente se quedará en casa o en los bares viendo el fútbol. Más de un socialista se dirá a sí mismo que tan buen socialista se es apoyando a España como llegándose a escuchar a este economista de 42 años que disputa el silllón caliente de Rubalcaba a, entre otros, Eduardo Madina. A Madina ya le están haciendo la campaña los sectores más reaccionarios de la política madrileña (paradójicamente los más dinámicos) diciendo poco menos que sufre síndrome de Estocolmo con el nacionalismo. A Madina el socialismo andaluz lo ve como un chaval majete al que le falta un hervor y huele a Rubalcaba. O sea, pasan bastante de él, si bien se guardarán las formas. Es claro que si a Madina lo hubieran convencido de que no se presentara, Susana Díaz se habría visto más ‘obligada’ a dar un paso al frente. O sea, al norte, a Madrid, distrito federal. Díaz, Rubalcaba, Sánchez, Madina y hasta De la Torre se verán mañana en el copazo al que convida la Monarquía luego del tránsito de padre a hijo, del campechano al preparado. 2.000 invitados en el Palacio Real que huelen a Loewe y poder, tradición, clase business y tal vez fin de época.
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