Se te ve la comisión

La Comisión de Transparencia del Ayuntamiento de Málaga celebró ayer su primera reunión. Tan transparentes quieren ser que hacinaron a sus distinguidos miembros en una sala en la que estaban sentados muy juntitos. Así cada uno de ellos podía ver bien el papel del que tenía al lado. Más transparencia imposible. Si a uno se le ocurría enviar un whatapps, el de al lado podía meterse en la conversación. Es dudoso que una Comisión de Transparencia pueda dar para una columna de periódico. Mucho menos una columna brillante, pero ya se imagina el paciente lector que hemos elegido el asunto sólo para poder meter la famosa frase: «Si quieres que algo no funcione, crea una comisión». Unos atribuyen la máxima a Napoleón y otros a Perón. Para crear más confusión diremos que siempre nos ha parecido de Churchill. La  transparencia está de moda. No como concepto filosófico o como tendencia poética o novelística. Tampoco por desgracia en las minifaldas. Está de moda en la política y en la cocina. Ahora se lleva mucho en lo culinario que nos enseñen las cocinas de los restaurantes y veamos cómo se hacen las cosas en realidad, en qué condiciones, con qué aceite y con cuanta cantidad de limpieza. En política se elaboran leyes sobre tal cuestión y nos evacuan webs con los suelditos de los próceres para conformarnos. Y en ese plan. Andalucía lleva no sabe uno cuanto tiempo (como es una Ley de Transparencia no lo dicen) elaborando una norma al respecto que podría entrar, del todo, en vigor cuando la legislatura acabe. La oposición municipal se levantó ayer de la comisión y lo hizo de manera transparente.
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La prudencia obligada

Susana Díaz ha optado por la prudencia. A veces, al menos en esta ocasión, es una forma de audacia. Vendrán otras oportunidades. Díaz ha resistido el envite de los sagaces de primera hora que la empujaban a una jugada arriesgada que daba cancha a la oposición pepera andaluza, presentaba al PSOE regional como una apisonadora, laminaba a Madina y exportaba aires búlgaros a su proclamación. No hay necesidad de tanto. No tan rápido. La decisión estaba tomada hacía días y fue el sábado cuando se decidió que anteayer lunes el PSOE andaluz inundara los teletipos con declaraciones que pidieran a la presidenta que se quedara. Debe ser la única figura política en España, junto a Pablo Iglesias, a la que no le piden que se largue. No renuncia al poder. Renuncia a la precipitación. Aún serán otros los que se maten en primarias y otro el que muy probablemente pierda a manos del PP en unas generales o se vea en la tesitura de formar un gobierno, algo inédito en España, de coalición, algarabía, alegres camaradas y asamblearismo. No necesita, al menos por ahora, el poder orgánico teniendo el verdadero poder: la influencia. Y el liderazgo de la organización más grande del PSOE español. Dicho todo esto no hay que ser un lince para atisbar que la actitud de Eduardo Madina también ha sido clave. Si hubiese dicho desde primer momento sí al embeleco de quedar como dos de Díaz y asumir la portavocía en el Congreso de los Diputados («ser la voz de Susana») entonces la presidenta habría dado la vuelta a los argumentos ahora esbozados. Lo mismo que dice que se queda por responsabilidad con Andalucía, podría afirmar que se marcha por responsabilidad por España. De fondo, un tufillo a que todo es un sacrificio.
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Viva el lujo inalcanzable

Cuanto más tiesos estamos más nos gusta el lujo. El lujo ajeno nos hace soñar, nos evade de nuestra realidad, permite la fantasía y nos sacia el morbo que siempre da saber cómo viven los potentados. Para conformarnos, en este país hemos sido muy de imitar al ricachón, ilusionarnos con que nos damos la vidorra. O sea, pedir unas cigalas y decir luego eso tan castizo y reprobable de «después de esto ya me puedo morir tranquilo». Y en efecto, antaño te morías: de la cuenta o de lo mal conservadas que estaban. Ahora que hay cigalas más asequibles soñamos con teléfonos móviles. Marbella acaba de celebrar su ‘Luxury weekend’ en el que setenta firmas de alta gama han exhibido relojes que no puedes pagarte ni con el sueldo de  un año, yates que necesitan el presupuesto de Frigiliana para echarse a la mar, vinos delicados y carísimos, como uno elaborado con zumo de naranja y hasta coches como el Pagani Huayra de 1,5 millones de euros. Un poco más y se llama paganini, lo cual resultaría muy apropiado. Los ricos se han dado un garbeo por esas quince carpas del lujamen para ver qué había de lo suyo. También los famélicos, los curiosos, las familias masoquistas, los que vamos a mirar esas cosas como los niños de posguerra miraban los escaparates de las pastelerías y el público que compra el ‘Hola’.
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Manolo y el Museo del Tobillo

Ayer vino un técnico municipal con la intención de instalarme un museo en el tobillo. Hombre, estas cosas no se hacen, le dije. No por nada, más bien porque era temprano, las ocho y cuarto de la mañana. El lunes vino otro para convertir la cocina en sala de exposiciones dedicada al realismo sucio y no hubo mayor problema, vino a las once, que ya está uno con el segundo café en el cuerpo y puede atender mejor la necesidad museística de nuestra ciudad. Al técnico le dio tiempo incluso a reconvertir el ascensor en museo arqueológico y a trazar un proyecto para un museo del  pan con manteca en la panadería ‘La buena miga’, que está justo enfrente. Yo creo que les fue fácil porque el encargado, Manolo, es muy aficionado al arte y a los museos. Incluso estuvo una vez en el Prado y se compró una lámina de un cuadro que él dice que es de Velázquez pero que en realidad es de Solana. Cuanto cariño le tengo a mi Velázquez, me dice de vez en cuando cuando me llego a por un palmerón de chocolate. Yo pienso para mí: no, hombre Manolo, no, que es un Solana. Pero no le digo nada. El hombre es feliz así y, total, quién es nadie para quitar la felicidad a nadie. Y mira que era tiste Solana. Manolo ha oido ya a varios clientes lo del Museo Estatal Ruso que viene a Málaga. Y lo del Pompidou, que va a dejar, según los primeros cálculos, 18 millones de euros en la ciudad. También está informado de la inminente y atractiva exposición de Darío de Regoyos en el Thyssen. Está tan informado que a veces pienso que en vez de panadero es critico cultural. Cualquier día le da el síndrome de Stendhal y se queda en el sitio. Fijo. Claro que cuando me dice, «plumilla, qué haces, yo me acabo jincar siete milhojas», ya tiendo levemente a recomponer mi idea acerca de su afición al esteticismo y desconfío de la veracidad de sus narraciones acerca de su estremecimiento ante la belleza sublime de un óleo o estatua ecuestre de monarca cincelada en bello metal. No sé si el técnico va a venir hoy o va a venir el alcalde o un concejal, yo creo que la chimenea tiene uso museístico. Y el vecino de abajo tiene un catalejo exponible a la par que visitable y, sinceramente se lo digo, promocionable en importante y obligada cita promocional de nuestro nunca bien ponderado destino turístico. Lo mismo se llega por la tarde o se ha ido a un museo o se ha plantado delante de un Regoyo y le ha pegado un repullo de gustirrinín artísitico al hombre y está reponiendose con un Fanta de limón en el museo del aperitivo. Yo me hubiera ido al del jamón. O lo mismo están pegando a la puerta y no me entero, dado que mi timbre es de museo. O tal vez es Manolo, que viene a verme el tobillo. Y no tengo ni los catálogos hechos.

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Espabilado de repente

El concejal de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Málaga, Francisco Pomares, dijo ayer que «ya que son espabiladas» deben ser las propias prostitutas las que busquen una parcela para ejecer su trabajo en el polígono del Guadalhorce. Pomares debió tener un lapsus y pensó que estaba hablándo como concejal de Ordenación del Territorio, que también lo es. Y claro, quiso meter en la misma oración la palabra parcela y algún adjetivo (urbanizable, aprovechable, perita… cualquiera sabe) y le salió una desafortunada y chirriante frase peyorativa por la que en las redes sociales crucifican e incluso en países adelantados se asumen responsabilidades. Quiso decir inteligentes. Pero no lo dijo. Lo añadió después. Pomares es buen tipo que ha dado sobrada prueba de ser un trabajador incansable (con lo cansado que es eso) en pro de los derechos de las minorías y los desfavorecidos. Ahí están sus muchos años en la antaño llamada concejalía de Bienestar Social o su labor en el Secretariado Gitano. Pomares es uno de los que podríamos llamar ‘alcalditos’. O sea, de esos que le gustan mucho al alcalde, Francisco de la Torre. Porque no se meten demasiado en política, gastan traje oscuro, trabajan sin horario, dicen que sí a cualquier encargo y además siempre tiene a mano el dato que le pide. Ya si son ingenieros entonces se pirra. Pomares es trabajador social. Lingüista no es.  No ha estado muy espabilado. A las prostitutas las largaron de un solar donde ejercían y ahora el Ayuntamiento les conmina a que se busquen la vida. No hacen otra cosa. Las putas siempre han estado tan mal miradas como frecuentadas. El español es muy tendente a demandar sus servicios o a clasificarlas. O ambas cosas, como Cela, que se conocía grandes casas de lenocinio no sólo por fornicar, también para catalogarlas en izas, rabizas y colipoterras, términos de las germanías que aludían a los tipos de plantas o ramas (rameras) que se colocaban -para identificarlos- en las puertas de los burdeles de esa España del Siglo de Oro en la que también la gente dialécticamente se desayunaba príncipes y reyes crudos en los mentideros, el twitter de entonces. Los empresarios y usuarios del polígono del Guadalhorce se han quejado siempre del espectáculo poco edificante, a plena luz del día, que supone ver a mujeres medio desnudas ejerciendo la prostitución. Primero se propuso un gueto. Un poco nazi esto. Luego se les proporcionó una zona. Pero según Pomares la Junta las desalojó de una parcela en la que el Ayuntamiento había invertido dotándola de iluminación y limpieza. Las prostitutas, en su mayoría inmigrantes coaccionadas o en situación vital apuradísima, exigen un lugar digno y seguro en el polígono. Como no lo tienen, ejercen en la calle. Y son multadas. Claro que, se pregunta uno, para multarlas hay que ir a verlas. Mucha policía no se ve por el Polígono. Muchas multas sí. Lo mismo hay un funcionario buscando meretrices, contándolas, practicando la delación. En otros lares lo que se ha hecho es legalizar la prostitución. Plausible. En otros, hacer la vista gorda con locales de prostitución que pasan por ser hostales. Pasa en Málaga. Si no llega a ser por un foro celebrado ayer en el que alguien inquirió espabilado, nadie habría reparado en que necestian un espacio. Y seguridad. Espabilen.