La Aduana para nadie
La Aduana va a abrir este año como museo ni el año próximo. Ni será subsede del madrileño museo del Prado. A estas alturas está claro que aquella promesa del Partido Popular era un embeleco, una quijotada, una ocurrencia, un parche o un conejo cojo sacado de la chistera en momento electoral. Una iniciativa que se tomó además sin consultar a nadie, o sea, al Patronato de la pinacoteca, que ha mostrado además un interés en el asunto parecido al de Bakunin por la propiedad privada o al de Messi por la química. Nada. En la Aduana hay fondos ya del Prado. Los dirigentes del PP siguen diciendo en público que el inmueble será sede del Bellas Artes y subsede del Prado. Ya nadie los oye. Ni siquiera los oye nadie cuando dicen que abrirá sus puertas el año que viene. No está así fechado por su propio Gobierno.
La Aduana para Málaga, decían aquellas pancartas, aquel lema que logró sacar a la gente de sus casas en este Málaga roma que no se moviliza mucho por nada. Hace décadas, modernamente, La Aduana era un palacio con trazas de cárcel donde moraban los gobernadores civiles y sus hijos regordetes enredaban por entre pasillos lanzándoles patinetes a los mayordomos cincuentones. Había bedeles con librea y tiralevitas de estrechas corbatas que peloteaban a los ministros cuando venían a la ciudad y los llevaban de pescaíto o de putas. Luego metieron allí una pila de cuadros y la reivindicación de que el edificio fuese museo tomó forma con Zapatero. Bustinduy dijo que, en Málaga, el símbolo del cambio político, era la conversión de la Aduana en Museo. Hoy tiene bonitas y nuevas cubiertas, una mano de pintura, un interior remozado y los fantasmas de los tiralevitas se han ido tal vez a la Caleta o al palacio de los Gálvez. No se puede entrar. Ahí se han echado un buen pico de millones y lo mejor por ahora es el entorno, una explanada que desahoga mucho, si bien no estábamos muy ahogados por esa zona y son los veinteañeros del Limonar o la Carretera de Cádiz a los que de vez en cuando les da por tomar la zona botella en ristre y pegarse unos cubatazos allí hablando de Juego de Tronos o hip hop pero no de Simonet o de Darío de Regoyos, que les deben parecer unos señores como de otra época.
Cuando La Aduana abra tal vez estaremos todos calvos. Ya no hay gobernadores civiles y a este paso para entonces a lo mejor no hay ni subdelegados. O no hay ni país. La Aduana será para Málaga, pero estamos sudando tinta china, una tinta como de realismo de José Madrazo o de lúgubres paisajes solanescos. Todavía darán la barrila.
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