El factor humano
El factor humano. La consejera de Economía de la Junta, Martínez Aguayo, le echó bemoles el otro día en el consejo de política económica, fiscal y financiera, el órgano donde el Gobierno habría o no de aprobar las cuentas y planes de déficit de todas y cada una de las comunidades. Aguayo se salió no por la tangente, sino de la reunión. Estaba en desacuerdo en varias importantes cifras y la manera de computarlas. Mostró carácter, el carácter que otro consejero más apocado o abrumado, asustado o tímido, bisoño o impresionable no habría exhibido. La presión funcionó y las cuentas, los planes, más bien, de Andalucía, recibieron el plácet. El factor humano: Más-Collel, el consejero catalán del ramo echó una mano, mediando entre los representantes del Gobierno central y Aguayo, propiciando una cumbrecita ‘bilateral’ entre Andalucía y el Ejecutivo que se produjo a primera hora de la tarde. Collel hizo un favor para derribar el tópico de que los catalanes van sólo a lo suyo y, en general, dicen las crónicas que acabó primando el buen rollo entre gentes de muy diversos partidos. Aunque opinamos que el consenso está sobrevalorado y que de la discrepancia civilizada sale el avance, sí es cierto que el consejo fiscal fue un ejemplo de cooperación transpartidista, si se permite el palabro. Estuvieron a la altura, si bien la tentación de algunos habría sido montar un circo, o sea, exhibir las discrepancias y dejar en evidencia a las autonomías de un cierto color político. Sólo se quedó ‘por rescatar’ Asturias, que ya todo el mundo tiene teñida de rojo en el imaginario y que sin embargo ha estado gobernada en los últimos años por muy diversos colores, azul más bien, y el último y breve el de Álvarez Cascos, que pudiendo pasar a la historia como estadista al frente del Ministerio de Fomento, lo va a hacer como don Pelayo con ojeras. A Favila lo mató un oso y a Cascos se lo carga el oso Popular pero lo remata UPyD a lo alacrán. Y no sabemos si ahí ha primado también el factor humano y han sido las formas y maneras de uno u otro lo que han acabado convenciendo a Ignacio Prendes, el único diputado del partido de Rosa Díez sobre con quién pactar. El factor humano. Stalin se aprovechó de un Rooseveelt enfermo y Francia se encaramó al puente de mando alemán de la UE en buena medida por la hiperactividad, pasividad británica, embrollo italiano y, sobre todo, astucias de galán bajito de Sarkozy con Merkel. Se dice que Hitler no invadió España porque Franco le pegó un coñazo imponente en aquel tren de Hendaya, lo cual está en entredicho por los historiadores y seguramente no lo hizo porque no le convenía, pero bien podría haber sido así y ahí tienes tú que por la habilidad de uno u otro, por la forma de ser o estar, no se siguen directrices militares o políticas perfectamente trazadas. Otras veces da igual la persona. Griñán se queja estos días de que ningún ministro ni por supuesto Rajoy lo ha llamado para nada. Por mucho que se emplee Griñán en sus dotes seductoras o les hable de cine negro o argumente sobre la importancia de su figura institucional, lo tienen a pan y agua y ayuno de entrevistas en Moncloa. Luego Griñán se encuentra en el AVE con Montoro y son capaces de compartir una sin alcohol y cacahuetes, pero ahí el factor humano no funciona y ni uno ni otro hará por salirse del guión. Casi todo en la vida es cuestión de quimicas. Lo difícil es encontrar la fórmula.
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