Derechitos a las urnas

Vamos a dar más viajes que una cuchara. A las urnas. Lo cual tampoco está mal. Hubo un infortunado tiempo en este país, cuarenta años, en el que votar era tenido por las autoridades patrias como rara manía de nórdicos, ingleses o americanos, afrancesados de dudosa hombría también. No está de más recordarlo para que nadie se crea que la democracia es eterna, que siempre estuvo y que siempre estará. Para nada. Conviene cuidarla. Mäs ahora en Europa donde la recesión es, ahí está la historia, el mejor caldo de cultivo de las bestias pardas trasmutadas en líderes políticos.

En diez meses, los andaluces habremos tenido tres elecciones: las municipales de mayo, las generales de noviembre y ahora las autonómicas de marzo. El marcador va dos a cero para el PP. Ayer disolvió el Parlamento José Antonio Griñán y desde esa fecha hay 109 diputados sin labor ni trabajo ni nada de lo que ocuparse, huérfanos del viajito semanal a Sevilla, de la decisión matutina sobre el color de la corbata para el pleno; ayunos de comisiones parlamentarias, pasilleos, cenáculos sevillanos. Ayunos de mirada de soslayo al líder de turno por ver de recibir un fugaz cruce de ojos que denote alguna complicidad que le haga vislumbrar un hueco en la lista electoral. La crisis aprieta también a los políticos. En el caso de los que no tienen donde caerse muertos porque prefieren seguir haciendo el vivo en alguna Cámara. En el caso de los que tienen estudio e incluso profeisión, la cosa pinta mal: trabajo no hay. Pero no está tan mal como para que no tenga desde ayer y hasta el 25 de marzo vacaciones pagadas. El sistema necesita plazos, pero una cosa es un plazo razonable y otra que la legión de 109 tenga ahora como empleo trabajar para su partido y no para el Parlamento. Se pone uno a pensar en el sistema y le va saliendo un párrafo que bordea lo antisitema, si bien nuestra sana intención es (aún redactando estas notas en odioso y frío lunes, que siempre es propicio para rabietas) la de realzar como el legislador tomó los tiempos: con la que está cayendo y Andalucía queda parada hasta la toma del nuevo Ejecutivo, que a lo menos no estará constituida hasta bien entrado el mes de las aguas mil. Luego, entre que entran y se enteran, desbaratan o no, reorganizan –incluso aunque fuera el mismo partido- nos dan los agostos, el domingo del año. El club de los 109 es la casta actual de la Andalucía perpleja, expectante y enfebrecida. Bueno, enfebrecida de febrero, porque la fiebre del malestar no se asoma a la calle en forma de protesta aún. Andalucía expectante, cuyo mensaje oficial es el de la innovación, el déficit contenido y la modernidad. El reverso es una calle comercial llena de locales cerrados, un sesentón poniendo copas cobrando veinte euros en negro, el inmigrante que se vuelve y el de la nómina fija con más miedo en el cuerpo que una gacela en el Club de Leones.

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Comentarios

Ahora, con la llegada de “las andaluzas”, más de uno entonará en la ducha, en el zaguán o porche, aquella canción mejicana, cantada entre otros por Pedro Infante y de título “Quién será”, que decía…”Quién será la que me quiera a mi,/ Quién será, quién será./
Quién será la que me de su amor,,/ Quién será, quién será.”
Mientras tantos, vacaciones pagadas, como en el origen francés del término, allá en la postguerra mundial, les congés payés. Próximos comicios nos alumbras, mientras que Napoleón nos contempla desde su alta muralla : alea jacta est. ¿Está echada la suerte de antemano, o las encuentas suman mal con los dedos? ¿Será el mapa monocolor, o tendrá el vuelo de la falda un dobladillo de contraste ? Ah, lo veremos.

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