El placer de nombrar

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha ido administrando sus tiempos en lo de remodelar el equipo de Gobierno, ahora que Carolina España se marcha al Congreso de los Diputados. Es es uno de los signos distintivos del poder político: consultar con la almohada el reparto de cargos, anotarlos en libreta azul, administrar discreción y silencio, tener en vilo a interesados y opinión pública (bueno, en vilo, tampoco, pero vamos, para entendernos…) y adornarse con algo de misterio. En el ínterin (a quién nombrará, a quién no nombrará) en el intervalo (deshoje de margarita, evacuación de consultas) los afines y candidatos a ser cosas, a ascender, muestran lealtad o ansiedad, apego repentino o antiguo, hacen gestos, compiten. Tal vez se hacen los encontradizos, convocan ruedas de prensa sobre el preocupante asunto de los caracoles malva de Finlandia, etc.Y así, el líder de turno disfruta viendo a los delfines saltar mansos buscando la sardina en su manita. No descartando, como ya adivina el lector, que sea impropio denominar orgasmo mental lo que siente el líder ante el sufrimiento en la pecera. El alcalde ha convocado hoy relativamente temprano una rueda de prensa para dar a conocer los cambios. Unos cambios que, también en ese ínterin (desde que se supo que España iba a Madrid) la prensa ha ido tratando de adivinar, haciendo quinielas. Esas quinielas también influyen, conocida es la afición de no pocos responsables políticos a la filosofía vital que podría resumirse en ‘a mí la prensa no me hace un Gobierno’. Filosofía que ha dado lugar a sonoros nombramientos por el sólo hecho de sorprender, gentes que  había aparecido never en los papeles y que son elegidos por esa sola cualidad. Así el presidente, alcalde o similar se piensa aureolado por fogonazos de audacia. Aguantar luego la torpeza del elegido, o encontrarse con que finalmente el audaz es el nombrado, es ya otro cantar. A veces un crugir de dientes. También a veces se nombra por cuotas. Ahí teníamos a Manuel Chaves haciendo antaño algunos de sus gobiernos con un puzzle delante, agobiado, la noche corriendo veloz y él tal vez afirmando para sus adentros: ‘me falta una mujer de Almería’. Debe ser complicado nombrar un gabinete más o menos paritario, con gentes de todas las provincias, de todas las sensibilidades, facciones o sectores. Con semejantes complicaciones no vamos a pedir encima que estén cualificados para el cargo, de ahí los maestros en Sanidad o los médicos en Obras Públicas. Hoy será día de estrenos en el Consistorio. De estas cosas siempre salen derrotados y victoriosos. Y portavoces.

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