El turismo que vino del frío
Al turismo, una divisa. Pero más parece que este año lo pueda salvar también o sobre todo el nacional, el turismo nacional, imprevisible, voluble, miedoso, al albur de los recortes y la confianza económica. Fitur abre sus puertas marcada por la crisis. Bueno, todo ahora y aquí, en España, está marcado por la crisis. Hay menos expositores, más espacio, menos despliegue visible. Menos tonterías también. Todo tiene un aire como más de feria profesional y no de las vanidades, que es lo que ha sido toda la vida. O igual es una impresión engañosa de primer día. Vamos, tampoco se piensen que el cambio ha sido radical. Quién puede, del espectro político y mediático, empresarial, etcétera, está aquí. Los caídos, los ausentes, son más empresarios privados devorados por la crisis o las deudas. Andalucía tiene un recinto luminoso y sobrio, amplio, atrayente por el que se paseó el príncipe Felipe junto a Griñán, Luciano Alonso, el ministro José Manuel Soria y una amplia patulea, cohorte, escolta que los seguía a ver dónde iba el señorito a querer pararse. Se paró en Málaga. No era muy difícil, es junto a Torremolinos la única ciudad de Andalucía que tiene expositor propio. El resto son de los patronatos provinciales. Bueno, estaba también Melilla. Que fue la prueba visible (aunque no palpable) de que una idea, ni siquiera una buena idea, un pensar una mijita, da muchos réditos. Melilla montó una playa. O sea, un rectángulo con agua y otro con arena. Y en ellas, alegres muchachas en agua y otro con arena. Y en ellas, alegres muchachas en bikini. Fotos no consiguieron no, consiguieron fusilamientos de flashes profesionales y amateurs. El príncipe preguntó mucho por Andalucía y su industria turística e inquirió curioso a Soria por las cometas de kite surf que cuelgan del techo. Una suerte de pájaros elegantes y estilizados que sobrevuelan sobre el ánimo frío, por la temperatura, con el que se entra en el recinto. Por Torremolinos, don Felipe medio pasó, pero el alcalde de la localidad, al contrario que, por ejemplo Elías Bendodo, prefirió no interrumpir su rueda de prensa cuando fue advertido de que la comitiva real entraba al pabellón andaluz. Además, siguió. La «discreta» megafonía que amplificaba la doctrina turística del regidor, siguió también. Fuese el Príncipe y siguió el alcalde. Madrid tenía ayer uno de esos cielos velazqueños suyos tan típicos, azulados y pelín desteñidos por la contaminación y la luz del invierno. Tropitas de trajeados y maqueadas entraban y salían. Coches oficiales, taxis, trajín. Todo en el mismo sitio que el año pasado. Y que el otro. Como en un deja vú. Pero este año hace más frío. Económico y del otro.
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