Alcaldes, a la calle

El PSOE ha culminado, con su aprobación en el Parlamento andaluz el miércoles, una de las operaciones políticas más finas, maquiavélicas y brillante (para sus intereses electorales) que se recuerdan. Vamos, una operación para joder bien al rival, en este caso el PP, que es para lo que se piensan las finas operaciones políticas. Los alcaldes populares no podrán ser parlamentarios andaluces al mismo tiempo.

Podrán presentarse, sí, pero luego habrían de optar. El PP ya hizo una Ley similar con Fraga, en Galicia, más dura, que además impide la elegibilidad. Arenas tiene un problema. O mejor, diecisiete problemas. Diecisiete alcaldes, entre ellos José Antonio Nieto (Córdoba), Zoido, Oña, Ángeles Muñoz o Delgado Bonilla, que son parlamentarios andaluces. Es cierto que los populares pueden ahora necesitar menos los tironcitos de alcaldes fuertes y apreciados en sus provincias porque tiene el viento en popa y la ola a favor y los de enfrente dan signos de continuar por la senda de los tuercebotas, sin embargo, hay egos que no están contentos con una vara de mando y necesitan sillón en Sevilla, siendo incluso algunos de estos egos partidarios en sueños de tener también una embajada, un Ministerio y la representación de Dios en la tierra.

Así que Arenas se ve en la tesitura de meter a algunos a sabiendas de que luego tendrá problemas en las alcaldías, a prometer a otros consejerías, a dejar a los más en la estacada (concejaletes con aspiraciones). Con todo, el problema queda mitigado con la perspectiva no cierta pero probable de que el PP pudiera alcanzar mando en San Telmo y tuviera así para repartir más cargos y premios que la lotería nacional.

Para desacreditar la norma y la incompatibilidad, el Partido Popular emplazó en una almena a una de sus más temidas tiradoras y ésta, Esperanza Oña, comenzó a disparar tildando a los dirigentes socialistas andaluces de (les ahorramos muletillas, conjunciones copulativas y preposiciones) perversos, hipócritas, vengativos, revanchistas y deshonestos, sembrando así la duda en el atento receptor/oyente/lector de tales declaraciones sobre si tal maldad y conjunto de cualidades citadas puede ser acumulada por alguien en su persona y si en tal caso el sujeto en cuestión no sería más bien alguien con rabo y cuernos que echara fuego por la boca en el subsuelo armado con un tridente.

Lo que no va a poder prohibir el PSOE es que los regidores, picados en amor propio,  pundonor y sueldo (no se cobrarán dos, pero las dietas…) se empleen en pre y campaña con denuedo en mítines, plazas, calles y covachuelas -sin descartar bujíos- en publicitar las bondades de la opción popular y atizar al socialismo por ver de ganar las elecciones regionales.

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