Una foto, por Dios y la Virgen santa
Se acerca la última Semana Santa de este mandato municipal. Y la mayoría de nuestros políticos no sólo quieren que para tal ocasión Dios los coja confesados, sino que en ese momento haya un fotógrafo cerca. Podríamos hacer una tipología de responsables públicos en esta particular Semana Santa. Un grupo es ese, a lo largo y ancho de la provincia, para los que la penitencia será doble: procesionar celebrando un rito en el que no creen y tragar la quina de saber que no revalidarán cargo puesto que ya no van en las listas. Semana de pasión. Luego hay un segundo grupo: los ansiosos por ser concejales por primera vez que profesen devoción o no, sean cofrades o no, estudiarán los movimientos, gestos, poses, ojitos vueltos de placer estético o pegada de campanazo en salida procesional que hagan los próceres grandes; esos a los que quieren parecerse. O sustituir. Después están los de siempre, años y años en el cargo, probada fe en el más allá de los cristianos, fervor cofradiero, máster en abrazafarolas y además en el equipo de Gobierno. Un alcalde de pueblo ha de ser el único humano que ante un estatuón del mismisimo Dios no piensa, “qué pequeño e insignificante soy”, sino “no veas el fotón que me voy a hacer y no veas como me hace toda esta gente la pelota”. Sobre todo cuando el concejalito de Hacienda le susurra: “A estos les hemos subvencionao la casa hermandad”. También están los concejales de la oposición y encima de izquierdas. Los pobres saben que el protagonismo se lo lleva el alcalde y saben que siempre hay mentes simples que no entienden como se puede ser tan rojo y luego querer ir en una procesión. Se debaten entre ir en un segundo plano o no ir. Se debaten entre la tentación de intentar pescar votos en semejante caladero o afianzar a los más hooligans de entre los suyos que creyendo que el perdón es una debilidad de los cristianos pues no le perdonan que no lleven el laicismo hasta un extremo tontorrón o radical. Después hay algún grupo o individualida más bien, aquí o allá, denominados coherentes: les importa una higa la Semana Santa y no van. O son más ateos que Lenin y no van. O tienen más vista la Semana Santa de su tierra que a Jesulín de Ubrique y aprovechan la santa semana para un crucero o visitar su pueblo o acudir a Nueva York. Esos son los únicos que tienen fuerza para el pleno posterior a la Semana Santa. Los demás están añorantes o hechos polvo. El que ha ido a Nueva York tiene las mismas (pocas) ganas de trabajar, pero está deseando contar que ahora las tardes son largas en Manhattan, que la calle Spring en el Soho ha cambiado mucho y que es muy fácil ver ardillas en Central Park, donde por cierto en la Casa de Botes hacen unos bloody marys acojonantes. Los demás ‘sólo’ tienen que contar lo bien que fue este año el encierro en la Calle Real o añadir distraidos, ‘yo, hijo, no soy muy semanasantero, pero me da mucha alegría que haya gente por la calle y los bares ganen dinero, que es que está la cosa muy mala’. A lo que un compañero de bancada puede replicar, ‘pa mi que este año ha venío más gente, y luego dicen que hay crisis’. Eso, mientras el de Nueva York intenta meter baza en la conversación y contar de nuevo que hay un Zara en la quinta avenida, ‘que mira que hay tiendas en Nueva York –le replica alguien- y te has tenido que ir a una española, hijo como eres’. Lo que no saben sus compañeros de pleno o partido es que el de Nueva York ha estado todos los días mirando nada más levantarse, por el Internet, todas las fotos que los periódicos de su provincia cuelgan de los desfiles procesionales. Bicheando quien chupa más cámara.
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Sí, sí, por Jehova y la Virgen Santa. Si fuera una foto nada más.Con tantas anécdotas y experiencias que ha contado, se le olvida una muy importante e interesante, de la clase de políticos que tenemos, y de lo que pueden llegar a hacer. Elías Bendodo, presidente actual del Partido Popular de Málaga, (judio él),pasará a la historia por haber portado en todo el itinerario, el pendón de la ciudad, en la procesión de la Virgen de la Victoria.
Muchos políticos, han cogido la costumbre de engañar a los ciudadanos, si hace falta, veinte veces todos los días; a Jehova, no.
D. José María,y demás comentaristas, les invito a todos a que lean lo que dice la Sagrada Torá en Exodo 20:3.
Boker tov (Buenos días).
¡ Shalom ¡