Espía en el aeropuerto
Mi amigo Arturito Torremocha no quiso perderse la más alta ocasión que vieron los siglos, que es como Cervantes se refería a la batalla de Lepanto y él denomina a la visita de las obamas. Así que se puso fresquito, bermudas, calcetines ligeros y camiseta con la incripción (juro por dios que vi ayer una igual que llevaba un señor señorial que comía en un restaurante marisco con cava) que decía: “Evita la gripe aviar, come conejo”.
De esa guisa, con el móvil y una camarita, se plantó en la rotonda que hay antes de llegar al aeropuerto. Ambientazo. Pero, como dice en un sabio proverbio la atinada escuela de pensamiento que podríamos llamar pesimismo moderado pero verosimil, “hoy es un gran día pero ya verás como viene alguien y te lo jode”:
-Aquí no puede estar.
-Por qué
-Por que es sospechoso
-Porque…soy sospechoso yo o porque es sospecho estar aquí
-Es sospechoso
-De aquí no me voy
-Aquí no se puede estar
-Por qué
-Es sospechoso
-Por qué
RIESGOS NO, GRACIAS
Arturito, partidario, admirador e incluso cultivador de lo que podríamos denominar ‘conversaciones amenas a causa de su forma circular’ consideró esta vez empero que seguir con el diálogo podría desembocar en una suerte de crisis nerviosa, en la suelta de improperios, en el exhalar de blasfemias, el volar de manos, el arreo de guantazos o la propinación de capuanas. O, lo que es peor, la entrada por la puerta grande en los calabozos de la comisaría central. Así que optó por sacar la petaca de calimocho, ofrecerle amistoso un trago al agente y, acto seguido y sin solución de continuidad, poner pies en polvorosa cuando éste, el agente, que iba a sacar un pañuelo del bolsillo para taparse la boca a causa del olor rancio de la petaca al abrirse hizo el gesto tan bruscamente que arturito pensó que iba a ser como Millán Astray cuando le mentaban la cultura, o sea, que iba a sacar el pistolón.
El agente contuvo la arcada y como vio desaparecer a Arturito juzgó necesario abandonar con prontitud la rontonda, él mismo también, porque no sería muy coherente permanecer en ella habiendo afirmado pocas líneas antes (pocos minutos para el agente) lo sospechoso de tal actitud. Aunque si bien se mira, la sospecha, pensó, podría quedar conjurada en su caso a ojos vista del prójimo, dado que su atavío o indumentaria, un uniforme de policía lustroso que no se lo salta un galgo de puro reluciente, no lo homologaba con la estirpe del sospechoso, el quinqui, manguta, terrorista o molesto curioso que no deja hacer su trabajo a los curiosos acreditados. No acreditados en el sentido de tener credencial para estar allí, si no acreditados por tener una trayectoria que los acredita. O sea, que no veía al Mocito Feliz por ningún lado. El agente se fue por un lado y Arturito por otro y como el agente no ha adquirido aún la categoría de personaje (aunque haya ha tenido un papelito con diálogo incluso) lo perdemos de vista y nos centramos en nuestro héroe de secano, frente ancha, nariz aguileña, rectitud y bondad en el espíritu, que logró ver la comitiva de coches cochazos en la que iba Michelle y entonces pensó que qué hace una esposa ejemplar pegándose el piro al otro lado del Atlántico el día que su maridito cumple años y qué hace el tal maridito celebrándolo con sus amigotes de toda la vida en Chicago y achacó tales costumbres a la modernidad de los americanos, a lo avanzado de su proceder social, siempre en vanguardia; proceder que, como las modas en la vestimenta, los coches o las películas, más pronto que tarde nos acaba llegando, calibró.
¿México es esto?
Arturito pensó también en qué impresión iría teniendo la Obama cuando fuera surcando esa ‘tres cuarenta’, las urbanizaciones, los campos de golf, las villas, el mar, los municipios, si tal vez le recordaría a la sensual California o al Méjico profundo, qué pensarían al ver tantas rotondas y pensó también Si fue Bin Laden el que les ha hecho el programa de la visita. No veas ir a Granada a las tres de la tarde, hoy, a subir las cuestas del Sacromonte. Dios de mi vida la pechá de sudar que se va a pegar esa mujer y el recuerdo que se va a llevar de Andalucía. Menos mal que lo de la Alhambra se lo han puesto a las ocho y pico de la tarde y allí a esa hora es que se está como una reina mora.
¿taxi?
Arturito sopesó coger un taxi y ordenar y seguir a la comitiva pero pensó que con lo que le iban a cobrar tendría para un montón de calimochos y porciones de pizza cinco quesos y además no juzgó apropiado con el calor arriesgarse a dar con un taxista que hubiese hecho un master en relaciones internacionales y dio en pensar entonces que sería más apropiado llamar al plumilla para irse a la playa a contar tangas. Entonces vio de nuevo al agente. Venía corriendo hacia él. Le pareció sospecho. Y también echó a correr.
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