Quién es el último y si tienes narices, te cuelas

En los momentos cruciales de la vida es cuando se conoce la verdadera catadura moral de un hombre. Su gallardía o la ausencia de ésta, su entereza, su capacidad para superar trances complicados, su postura ante la adversidad y el sacrificio; el dolor y el sufrimiento. La vida en ocasiones te pone a prueba. Con toda crueldad. Y salir airoso del envite no siempre es fácil. A veces, simplemente, no es.
Por ejemplo, llegas a Hacienda o a Tráfico o a Correos o a un cine. Y hay cola. Ahí, ahí es donde se mide de que pasta está hecho uno. Y si la tiene, porque si la tiene es fácil pagarle a alguien para que te guarde el puesto o te compre las entradas.
El comportamiento en una cola es un test de personalidad. Está el resignado: ‘esto es lo que hay y habrá que aguantarse’. Está el precavido, que se lleva un libro o el periódico por si acaso. El precavido suele ser víctima de la Ley de Murphy, si lleva libro no hay cola y ha de cargar con él luego todo el día. Si no lo lleva, hay cola y echa de menos haber portado el volumen.
En una cola también abunda el que podriamos denominar ‘recopilador de información inútil a base de preguntas idiotas’. Abunda mucho. Ejemplo: está todo el mundo en cola, en fila india, de uno en uno, perfectamente alineados. Se planta detrás del último y le pregunta: ¿es usted el último? Les aseguro que he visto a muchos de estos y lo gracioso es esperar a ver con qué tipo de ‘último’ dan. Está el ‘último’ borde pero no exento de razón: “No, la última es mi prima Paca que está en Albacete”. El ‘último’ amable: “Sí, caballero, soy yo”. O el ‘último’ guasón: “No, yo soy el primero, pero es que nos hemos puesto de espaldas”.
El recopilador suele luego, ya convertido en el último, preguntarle al que ahora es penúltimo si esta es la cola de los giros postales. No importa el cartel de siete metros en el que pone ‘Giros postales’. Se lo podían haber ahorrado. Tiene que preguntarlo. Que oye, que no pasa nada, se le contesta y ya está, tampoco tiene uno mejor cosa que hacer en una cola, pero no deja de ser curioso. Ése es el que pregunta delante de una ventanilla única de un cine de una sola sala donde sólo proyectan Psicosis si esta es la cola para Psicosis. Y este es también al que luego le entran ganas de conversación, qué le vamos a hacer: “Qué, vaya cola, ¿no? y lleva usted mucho aquí?
-Desde que Hitchkock la rodó.
Y en una cola que se precie, larga y sinuosa, plagada de criaturitas humanas con aspiraciones de avanzar,  no puede faltar el listo, también conocido en algunos ambientes como listillo, muy cercano en comportamiento al enterao, cuya principal virtud conocida es la de tomarnos a los demás por gilipoyas. No por tontos, que ese es un tipo de colón más primario. Por gilipoyas. Y su variante más deleznable es cuando quiere aprovecharse de las viejas. Siempre hay viejas en las colas. Y el listillo o listo o enterao, que debiera tomarlas por tontas y no por gilipoyas pero que resulta que suele dar con viejas más reviradas que él, trata de venderles una burra o moto diciéndoles por ejemplo que les dejen pasar delante que tienen mucha prisa y que es cuestión de vida o muerte o algo así. Hombre, cuestión de vida o muerte era la cola de la cartilla de racionamiento. Pero ahora, en tiempos de razonamiento,  no es muerte, aunque no sea vida, estar un ratito más en la cola.
En una buena cola, en una cola del  copón, en una de esas macro colas  hiperlargas, brutales e inesperadas ante las que uno no puede menos que afirmar, “madre mía de mi corazón, vaya peaso de cola”, suele alinearse también el típico sargento vocacional, que trata de poner algo de orden. Y el que se marea, el que se refriega, el bondadoso selectivo (que cuela a las tías buenas), el blasfemo, el que siempre culpa al Gobierno y hasta el hipertímido, que resulta que es empleado y podría abrir la otra ventanilla pero le da corte pasar, no vaya a ser que se crean que se está colando y le metan un sopapo. Y el airado, que ve a un tío a doscientos metros y le grita: “chsss, eh, tú, cuidadito con colarte que te estoy viendo”. Y que se desgañita, porque es el último. Como este artículo.

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Comentarios

Muy buen final. Nos “vemos” en otoño.

… y el que llega y dice “solo voy a preguntar una cosa”, se cuela, pregunta y hace sus gestiones despertando los instintos asesinos de los demás!

salud!

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