Confesión de no poder
José Antonio Griñán se fue el otro día a Canal Sur y le debió entrar un arrebato de sinceridad. Tanto, que nos enseñó las costuras del poder. Del poder hacer las listas electorales. Griñán reconoció que Susana Díaz, la número dos del PSOE andaluz, tenía otro criterio diferente al suyo para elaborar las candidaturas, “pero ha prevalecido el mío”.La tal confesión la hace uno al que comparte mesilla de noche o al calor de la chimenea espoleado por el ambiente de la amistad íntima y el vino de la tierra. O sometido a tortura, picana tal vez, tragando aceite de ricino a lo mejor… Pero no ante miles de radioescuchas. Cómo estará la cosa para que el secretario general y presidente de la Junta haya de irse a la emisora pública a decir que él ha sido el ganador en el pulso de las listas. Cómo habrá de ser esa pugna. Claro que en el PP la cuestión se solventaría más rápido y de otra manera: se lamina a Díaz a santas pascuas. Pero es que además, el presidente andaluz afirma que hay personas que le hubiera gustado que estuvieran en las candidaturas “pero no ha podido ser” y que al menos están “doce de los trece consejeros”. O sea, este hombre es débil con balcones a la calle. Impotencia confesa. Y además añade que no ha podido salvar a los trece apóstoles pero al menos a doce sí. Yo y los míos, le ha faltado decir. Esperemos por su bien que sea Judas el que se quedó fuera. Griñán negó que hubiera amagado con dimitir por su incapacidad para imponer su criterio cien por cien. Y ahí estaba el meollo tal vez de las confesiones griñanistas, saber si la pugna fue de tal calibre como para que pensara en tirar la toalla. Mal púgil sería pues la batalla ni ha comenzado y el de enfrente, Arenas, no se caracteriza precisamente por sus combates ganados en Andalucía, si bien su nuevo entrenado parece haber enseñado un golpe en mandíbula que pudiera esta vez funcionar. Por si acaso, ahí está Antonio Sanz, secretario general de los populares andaluces, mordiendo el tobillo presidencial con el asunto de los Eres y amenazando al titular de la Junta con denunciarlo por una supuesta destrucción de papeles relacionados con esos Expedientes de Regulación de Empleo falsos. Sanz ha de dosificarse, pues a este paso con tanto placaje al hombre y tanto ataque furibundo, venas del cuello hinchadas, podría entrar en estado de hipertensión política justo cuando su partido tiene muchas posibilidades de entrar en la tranquilidad del poder, más apto para hipotensos por ser de mucha gravedad las medidas a tomar, por ser mucha también la resistencia que ha de presentarse a aduladores o conversos y por ver de dar imagen, sino de hombre de estado, al menos de hombre de región. No está la cosa para llenar el panorama político unos doberman. Vale, para débiles tampoco.
En el PP, todos para uno
Para Soraya el Gobierno y para Cospedal el partido. Nadie puede decir que entre las virtudes de Mariano Rajoy no esté la de saber delegar. Organizarte bien para que lo demás trabajen por ti no deja de ser un gran trabajo. El Partido Popular ha empleado tres días en escenificar que está búlgaro y que la acumulación de poder es sinónimo de unanimidades. Las únicas divergencias posibles son las derivadas del grado de confianza que cada cuál tenga acerca de Cospedal. Y de sus capacidades. Unos creen que no hay tiempo humanamente de dirigir a la vez una comunidad autónoma y un partido y otros creen en los súper héroes. Si Cospedal ha aprendido algo de Rajoy habrá sido a delegar. Los verdaderos números uno se distinguen por la cantidad de números dos que pueden generar. Rajoy tiene dos doses, Cospedal ha buscao uno para Castilla pero no se fía de tener otro en el partido. Cospedal acumula más poder en detrimento de Ana Mato. Para algunos es lo mismo. Cospedal que Mato. O sea, es como si te dicen han cambiado al presidente de Kazajistán. Mato y Cospedal son dos variantes de lo que hay a la derecha de Rajoy. Mato es más redicha y Cospedal un poco más dulce. A Cospedal lo suyos también la llaman la bienpagá, por sus muy altos y variados sueldos. Ayer en un twitter alguien dijo de ella que es la dueña de la llave del orfanato. La gente es que tiene el día metafórico y se pone temible. Javier Arenas también ha salido bien parado del congreso popular, si bien la frase que acaba de leer no tiene sentido, dado que nunca se ha dado episodio político del que -aún desprendiéndose evidente derrota para el de Olvera-, éste no haya salido indemne, mesándose los cabellos, repartiendo palmaditas e incluso con algún que otro beneficio politico, léase un Ministerio por ejemplo. Arenas queda en el reducido núcleo duro para que se visualice también que todo el partido lo apoya en su asalto al poder en Andalucía. A Arenas, entre Rajoy, su partido y el propio PSOE, se las están poniendo como se las ponían a Fernando VII, todo puede ser que le entre tal nerviosismo o miedo escénico que emboque mal, con lo cual constituiría grave caso de fallida expectativa, digna de risa para sus adversarios pero dramática para él y de insondables consecuencias, si bien no descarte el hábil lector nueva reinvención del ahora responsable de política autonómica y local de los populares. Los malagueños se han quedado como estaban en cuanto a representación en el partido. Pero está la mala costumbre de mandar a los medios un papelito dominguero diciendo que han triunfado y que tienen mucha influencia. Y bla, bla, bla. Ja. Qué cachondos.
Política testicular
Comentando el estilo de hacer política de ella y a propósito de lo agrio que estaba resultando el enfrentamiento entre ambos por ver quién de los dos sería candidato demócrata en 2008, la revista Nesweek escribió que si Hillary Clinton le cediese un cojón a Obama, ambos tendrían dos. Lo cuenta Christian Salmon en ‘La estrategia de Sherezade’, apostillas a su celebrado ‘Storytelling’. Lo comenta a propósito de lo que denomina la ‘política testicular’. Ésa que es fuerte, agresiva, llena como de testosterona y que a veces impregna el debate político. Eso cuando la Clinton dio un giro a su estrategia y trató de presentarse como enérgica y resolutiva frente a quien parecía ser sólo un buen recitador de palabras emotivas, grandilocuentes, efectistas. Lo acusó de estar hueco, de que su discurso eran sólo eso, palabras. Obama respondió con más palabras y más emotividad y en uno de sus discursos inquirió a Hillary, ¿tengo un sueño?.., ¿te parecen eso sólo palabras? Creo en la igualdad de oportunidades… ¿son eso sólo palabras? Y así sucesivamente. Esto no es America. Ni hay tantos cojones, diría el castizo. Ni tan buenos oradores, que diría un fino analista. Ni política testicular. Más bien se hace todo a lo sibilino. Maniobreros que no hablan alto y claro. Ni el presidente del Gobierno da la cara, escondido en congresos, emboscado tras sus ministros, que se contradicen unos a otros. Un Rajoy incapaz de decir, si es lo que piensa, que tenemos lo que nos merecemos. Nadie le echa los bemoles suficientes para decir qué va a hacer. El Gobierno se descuelga con reformas que no venían en su programa electoral. Los sindicatos tienen más miedo que un pavo en Navidad y por eso testan con manifas de domingueros sus fuerzas, cuando tendrían ya que trabajar –si es eso lo que les parece justo y necesario- por una huelga general potente, sorda, que canalice la ira de su clientela, subsidiada forzosamente, parada, paupérrima, hambrienta ya o con el salario apretado y licuando como licua un limón cuando la mano nos duele de apretar sus despojos. Los socialista hacen sus candidaturas embocados en sus comités, trincheras con moqueta y calefacción desde las que pretenden ir a la guerra. Sólo Viera, personaje dudoso por lo demás, ha tenido el gesto de dar un portazo y enfrentarse, de hablar a las claras de lo que considera un pucherazo en las listas de Sevilla. No le ha valido de mucho, Griñán ha metido la mano o la tijera y ha impuesto varios nombres. Entre ellos el de Carmen Aguayo, que como todo el mundo sabe tiene un tirón popular que enfervoriza a las masas. Los críticos van a los comités provinciales pensando lo que no dicen: el PSOE andaluz está en descomposición, va a perder las elecciones si no se reacciona, no hay casi tiempo para ello y la mayor parte de las direcciones provinciales, no digamos nada la regional con Griñán a la cabeza, han resultado –para esta coyuntura- ser un bluf descomunal que están dejando el panorama sin alternativa de izquierdas y con los dinosaurios recuperando el partido. El diplodocus trasteando un iPhone. Frente a todo esto no hay Obamas que, como diría un argentino, al menos ‘hablen precioso’. Ilusionan menos que Fidel Castro en misa de doce. No hay liderazgos potentes y Europa está en manos de funcionarios a los que antes al menos, por que los veíamos, podríamos calificar de grises. Ni hay tributos para decirle las cosas claras a las agencias de calificación, modernos arcanos que han convertido la incertidumbre lógica en pavor al futuro en virtud de un poder y unas reglas que nadie conoce y nadie les ha otorgado. Es la derrota de la politica cuando más falta hace y a manos de uno de los más horribles enemigos: la especulación. Sin poetas en el horizonte.
Emociones de Marbella
Como no tenía bastante el PSOE con sus líos internos, llega García Marcos y le remueve las emociones. La de censura de Marbella de 2003 en concreto. Según Marcos, de quien acreditados especialistas en comportamiento humano aseguran que la última verdad que salió de su boca fue antes del cambio climático, altos dirigentes del socialismo provincial y regional estaban al tanto de la moción contra Julián Muñoz y la autorizaron, le dieron luz verde. Lo que le faltaba al PSOE es que haya gente que, además, piense en que fue un partido más del fulaneo político de la bella ciudad costasoleña en aquellos años. De la foto de la tal moción queda poco. La vergüenza no quiso fotografiarse, ni el decoro ni la dignidad. Carlos Fernández sí, pero ahora está desaparecido. Salvo la Justicia, nadie lo echa de menos. Julián Muñoz continuó opositando a muso de tonadilleras, vagó por platós, buscó la camaradería con poderosos para no volver a ser camarero y pasea su bigote sin que nadie se lo mese. Su horizonte judicial apabulla y acongoja, pero él tal vez piense que la vida es lo que te pasa mientras los jueces se empeñan en hacer planes. Muñoz se quedó para siempre en el bolsillo con la tarjeta aquella de cuando jugábamos al Monopoly, “queda libre de la cárcel”. Ayer estuvo en Málaga Mar Moreno, que de sonrisa del régimen y gran promesa y esperanza blanca del socialismo andaluz un poco más y se cae de las listas por Jaén. Moreno recuerda que el PSOE lo que hizo en 2003 fue expulsar a los ediles socialistas que apoyaron la moción y tilda de “radicalmente falso” que su partido estuviese al corriente y alentase la citada operación política. Hombre, uno al menos espera aún del PSOE cierta elegancia, es decir, casi que la prueba de que no estaban detrás es que se permitió que fuera delante un ser político de la envergadura de Marisol Yagüe, que como todos sabemos estará ahora en Harvard impartiendo cursos de ciencia política y liderazgo trufados con letras de los cantores de Híspalis. El régimen de Gil era eso: cambiar a Muñoz por Yagüe. El destino nos privó de conocer cuál sería la versión siguiente, si bien la escala político evolutiva que apunta permite -aunque sea de boca para adentro- realizar interesantes conjeturas al respecto. García Marcos hurga en el PSOE como quien rebusca sin luz en el trastero. Agua pasada sí hace remolinos. Gil aupó a Yagüe porque esta nunca hubiera cesado a Roca, que era lo que iba a hacer o hizo Julián Muñoz. Están todos largando por esa boquita y por procedimiento malayo. La de la túnica, los ojos vendados y la balanza en la mano los mira. También atónita. Antes de actuar.
Boquerones en adobo
Mariano Rajoy va a retocar la dirección nacional de su partido este fin de semana en el congreso de Sevilla. Hay morbo por ver dónde pondrá o no a González Pons, a quien seguramente una filtración de los suyos y una subsiguiente magnífica información de El Mundo lo mandó a tomar por cinco columnas en vísperas de la formación del Gobierno. Rajoy no ha hablado claro sobre su futuro. El de González Pons. Más bien ha hablado en gallego: “Estará donde tiene que estar”. Más allá del lugar que ocupe uno de los más inteligentes bocazas que pronto supo de su condena (“los que desembarcamos en Normandía no desfilamos en París”) lo que va a ser interesante en clave de aldea es si el PP malagueño va a contar alguna vez algo, dada su escasa influencia actual en lo que es la política orgánica nacional. Mucho bastión y mucho trabajo y mucha renovación y muchas celebraciones aquí y muchas y holgadas victorias pero al PP malagueño le pasa en el contexto andaluz (no digamos ná en el nacional) lo que siempre le ha pasado al PSOE: el bacalao se corta en Sevilla. El bacalao, los jureles y las sardinas. Los boquerones no. Los boquerones son los malagueños que tratan de que no los partan en los puentes de mandos de los partidos. El Partido Popular malagueño aspira a que alguno de los suyos se adentre no ya en la junta directiva nacional, dado que ahí son el ciento y la madre y es un órgano macro, más como para enseñar en el Telediario o decidir dónde se hace la cena de Navidad. No. Ahí ya hay. Mäs bien en el comité ejecutivo nacional. Gente valiosa hay para ello. Gente con ambición para ello son legión. Arenas seguirá contando mucho en ese núcleo duro nacional, no van a desairarlo ahora en vísperas de las elecciones autonómicas. Además, el congreso es en Andalucía. Por tanto, para que haya más andaluces la opinión de éste va a ser fundamental. En el organigrama actual, tras Rajoy y Dolores de Cospedal hay tres vicesecretarios generales y ocho coordinadores, luego vienen los vocales y hay otros cargos, en total un organigrama strictu sensu de unas treinta personas. Cospedal seguirá. El mejor malagueño situado ahora y para futuro es Juanma Moreno Bonilla. Elías Bendodo también tendría apetencias orgánicas, si bien nunca se sabe, ya que su futuro institucional es tan interesante y variado, con tantas opciones…Los peperos malagueños son embajada nutrida este finde en Sevilla. Tal vez amigos socialistas les hayan recomendado buenos conspiraderos en la ciudad, dado que la visitaron también para un congreso hace bien poco.
Moisés de Olvera
“El Partido Popular andaluz se jacta de que no le afectará electoralmente la reforma laboral”, dice el titular del periódico. Cautiva y desarmada, la peña está en una disposición que si vienen a cortarle una oreja diría que era algo absolutamente necesario, total, nos queda otra y, además, para lo que hay que oír… Los sindicatos testan la calle, este fin de semana, por ver si el gentío sale de la vera de las estufas, la tentación del sofá y la atención al fútbol y reacciona un poco. Si logran quórum tal vez se atrevan con una huelga general. Le da a uno que el verdadero follón se va a organizar cuando vayan a la calle 150.000 empleados de empresas públicas. Las revoluciones nos las hacen los desesperados, sino los que teniendo sillón para pensar se lo quitan. Los populares tratan de modular el mensaje: ‘el del PP es un Gobierno valiente que piensa en los intereses de España y por eso toma estas decisiones, que la gente comprenderá’. Eso dice Cospedal, que sin embargo está en primero de comunicación política si se compara con Javier Arenas, que dijo: “las medidas del Gobierno nos llevarán a un mundo nuevo”. Ya sabíamos que para el líder regional de los populares presidir Andalucía era poco, pero no nos imaginábamos que su verdadera vocación era la de profeta, la de Moisés, invitándonos a todos a seguirlo hacia la tierra prometida, el mundo nuevo. Le falta la barba y el bastón. Lo que no sabemos es en qué momento Javier Moisés vio la zarza ardiendo de donde partió la revelación de que debería liberar a su pueblo del yugo egipcio. O sea, a los andaluces del PSOE. Ni si el Yahvé que le habló tenía gafas, puro y barba.
A nuestro Moisés de Olvera no le importa que la Biblia narre que Moisés dijo a Yahvé que él no era el candidato para realizar dicha obra encomendada, aunque Yhavé le garantizara su apoyo. Tal vez dándole los diez mandamientos de la reforma laboral ahora pero dejando para después de las autonómicas los quince o veinte más que van a venir. Moisés, aunque tuvo siempre la ayuda de Dios, que le hizo hasta llover maná en su travesía, no cumplió su objetivo pese a intentarlo durante cuarenta años (pocos menos lleva Javier Arenas) que sí logró su sucesor, Josué. Arenas lo tiene más fácil, está cerca el Sinaí y el enemigo egipcio se desangra en luchas internas entre egipcios de Griñán y egipcios de Rubalcaba. Por eso no tiene necesidad de hablar de más, vulgo decir necedades. Un mundo nuevo, sí. De momento diferente sólo por ser el despido mucho más fácil.
La sonrisa de las encuestas
Una encuesta del Estudio General de Opinión Pública de Andalucía pronostica que el Partido Popular ganaría por mayoría absoluta las elecciones de marzo y además se impondría en todas las provincias por holgado margen. Y eso que el sondeo está realizado sin preguntar por el escandalote de los ERE, en diciembre, antes también de que José Antonio Griñán perdiera el congreso de su partido. Los delegados de la Junta se meten en tromba en las listas electorales que se refrendan hoy en las ocho provincias y aumenta la sensación de «el último, que apague la luz». O que la pague.
El PP aventajaría en 9,4 puntos al PSOE, que conseguiría un 37,6 de los votos. Pero eso no es tan sustancial como el dato que se desprende de la respuesta al interrogante de quién cree que ganará las elecciones. El 66,8 por ciento de los encuestados afirma que ganarán los populares. Y no es que el treinta y poco por ciento restante piense que ganará el PSOE, no, eso sólo lo piensan el 16,8 por ciento. Eso sí que es un estado de ánimo. Una enraizada sensación de que lasç cosas inevitablemente van a cambiar. Sin que hayan cambiado sin embargo las preferencias.
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Espátula del tiempo político
Aquí está el personal muy entretenido con el PSOE malagueño, en el que no dejan de ocurrir sucesos, hoy de nuevo asambleas en las alegres agrupaciones, un hombre un voto, un voto una intención… La lista para el Parlamento andaluz a cocción en fuego lento. Mañana se sabrán los nombres. Y los damnificados. De las heridas que puede dejar no acierta uno ni hacerse idea. Antes no ir en la lista era tal vez una condena a esperar unos meses para ser reacomodado. Ahora no ir es casi una condena a la intemperie, el frío pelón del paro, el ostracismo y la cuenta corriente mermada. Después de las autonómicas, pudiera ser que el PSOE tuviera tirando a cero posibilidades de colocar gente. O sea, pueden quedar rencores de esos que no se van ni con la espátula del tiempo. En años. Bueno, mientras todo eso ocurre nos ocupamos poco del Partido Popular, que también tiene su corazoncito, con sus cuitas y todas sus componendas, con sus acomodos y nombramientos, como el de Federico Souvirón al frente de Parcemasa, suerte de broma macabra de De la Torre ante los imploros del PP de enfrente (el de la Diputación) para que contaran con él. Souvirón es un tipo valioso y sonó para la Dirección General de Tráfico, es del círculo de Rajoy pero lo han puesto a contar muertos. Y está Serón, riéndose de la cúpula de su partido, trincada como la tiene, invalidada mientras él siga en el cargo para hablar de corruptos o corrupción, por mucho que en todos sitios cuecan habas, si bien las de Alhaurín son de las gordas. Algunos, bueno, algún dirigente provincial del PP, traga bilis, aún siendo hombre de mirar el mar pacífico; se lo traga, cada vez que oye el nombre del tal alcalde y sueña con un panorama político sin él. En todos sitios cuecen habas, decimos, o como afirman en Castellón a veces y hablando del Partido Popular y de corrupción, en todos sitios cuecen Fabras. Los diputados populares al Congreso por Málaga se van estrenando con sus mejores galas en la Carrera de San Jerónimos, testigos ayer del primer cara a cara de Rubalcaba y Rajoy, que si por ambos fuera fundaban el turno pacífico de partidos y nos trenzaban el canovismo. La principal novedad de la legislatura es que los líderes son viejos. Más prometen los duelos de las sorayas. Vienen los diputados de los madriles y cuentan aliviados cosas de la corte, despresurizados ya de las instituciones de aquí, la aldea, donde se sumergen cuerpos con la intención de desalojar. Hay también estos días reuniones importante en el PP
La transición definitiva
Tres décadas llevan los socialistas andaluces en el poder. Toda la historia autonómica. Manejando los resortes del presupuesto y la maquinaria de ganar elecciones con singular tino y maestría. Eso no quiere decir que no hayan sufrido graves crisis internas, transiciones traumáticas, como cuando Guerra desalojó sin contemplaciones a Borbolla y González obligó a su entonces ministro de Trabajo, Manuel Chaves, a bajarse a Andalucía. Año 90. O como cuando José Caballos, otrora poderoso lugarteniente de Chaves encabezó una rebelión en toda regla, o mejor dicho, sin reglas, que acabó con su inmenso poder. El de Caballos. Su ostracismo y el de toda su gente. Por cierto que ahora Caballos se recupera y reinventa y podría ir en la lista por Sevilla. Transiciones o guerras como las que protagonizaron en los noventa y en los dos mil renovadores y guerristas. O como las que acabaron con el vicesecretariado andaluz de José Asenjo. Pero ahora es distinto. Se han encendido todas las alarmas en el PSOE andaluz ante la posibilidad cierta de perder las elecciones. Una perdida que obedece a muchos motivos, el contexto general, la crisis, el agotamiento del mensaje, el empuje del PP pero que también tiene claves internas. De tantas transiciones y batallas, las dos últimas son las que peor han salido al PSOE. Dejan las heridas con peor aspecto posible. La primera de esa transición fue la sustitución al frente del partido. Griñán en lugar de Chaves. El primero quiso controlar la formación deprisa. Chaves era partidario de un camino más largo y sosegado. Ganó el primero, se rompió la amistad. La consecuencia negativa menor es que ambos dejaran de ir al cine los domingos por la tarde. La mayor es que el partido se quebró, se polarizó. La segunda transición fue la nueva ejecutiva de Griñán. Los ya conocidos en el partido como griñaninis. Rafael Velasco, joven cordobés, como símbolo. Fallido. Tenía tan prometedor futuro como encandilante verbo. Como habilidad para hacer negocios que necesitaban una explicación. Su caída hizo que casi todo el poder cayera en una de sus cómplices políticas: Susana Díez. Radical, poco dada a los métodos suaves, Díaz ha controlado el partido y ha comprometido gravemente lo que era la ‘neutralidad activa’ supuesta de Griñán. El partido no tiene caras visibles, creíbles, formadas. Sólo está Griñán, que pasa por hombre mesurado, culto y dialogante. Y perdedor. Se le acabaron viendo las cartas: apoyar a Chacón frente a Rubalcaba. Él es el gran damnificado de este congreso porque lo esencial para él era evitar a toda costa quedar en una posición evidente de desaire y derrota en vísperas de unas autonómicas. Y es justo como ha quedado. El presidente de la Junta tiene un cara o cruz el 25 de marzo. Si gobierna será un todopoderoso virrey con memoria frágil y asiento en el federal. Una especie de Bono cruzado con Chaves. Si pierde es difícil que pueda continuar en la política. El gran ganador es Zarrías, que fuera hombre de máxima confianza de Chaves durante lustros, que controlara el partido y que ahora renace y es de facto perteneciente al ‘top ten’ del partido a escala nacional. Nunca ha dejado de controlar la provincia de Jaén y ahora trata de meter baza en todas las listas electorales. Para que estas no sean reductos de griñaninis y para que si éste pierde y se marcha, el grupo parlamentario sea potable, ciertamente renovado pero trufado de fieles veteranos, afín a los homólogos de Madrid. En eso tiene de aliado a Rubalcaba. El último paso que ha dado Griñán, ayer, es imponerse como número uno en la candidatura al Parlamento por Sevilla. No por Córdoba como antaño. Un intento de apagar el enorme incendio político del socialismo sevillano, el más poderoso de España. Su presencia es la garantía de que ninguno de los dos sectores en liza se lleve el gato al agua. Pero también es una jugada con cálculo electoral claro: hay que presentar al presidente por la única provincia con garantías de que no habrá paliza del PP. En Málaga, la gran ganadora es María Gámez, portavoz municipal que pese a ir en la lista oficial, la del secretario general, Miguel Ángel Heredia, apoyó a Rubalcaba. Su apuesta fue temprana y nadie puede tacharla de conversa. Ayer dijo en rueda de prensa no tener apetencias autonómicas ni orgánicas pero tal vez eso no lo decida sólo ella y sí en un futuro sus aliados y mentores políticos. El otro ganador es José Aurelio Aguilar, cabeza del sector crítico y que encabezó en el cónclave federal la lista pro Rubalcaba. Aguilar entronca con el socialismo ilustrado y de birrete, el que en otro tiempo se opuso al denominado clan de los catetos. Un sector que enlaza o desciende del ‘asenjismo’ y también del movimiento que encabezara Fernando Arcas para oponerse hace tres años en el congreso provincial a Heredia. La debilidad de la actual dirección es palpable y el mensaje único en el que todos los sectores coinciden es en el de apoyar, cerrar filas, en torno a José Antonio Griñán. El viernes se conocerá la lista electoral por la provincia de Málaga. Si la dirección provincial la hace a solas corre el riesgo de la contestación redoblada. Y una lista de síntesis es difícil: demasiada gente que colocar del sector oficialista. Con todo, lo crucial es el resultado en Andalucía y en la provincia en las próximas elecciones. Si la derrota es severa puede haber dimisiones en bloque. Si es a medias tintas, está por ver qué porcentaje alcanza de mixtura entre sectores la dirección que salga del próximo congreso provincial. Y a quién tira por la borda, como precio a pagar y como gesto de renovación, el actual aparato provincial.
El socialismo elige
Ser o no ser. O no ser y no ser. Rubalcaba o Chacón. Rubalcaba es Felipe González, Chacón es Zapatero. Rubalcaba es el Madrid y Chacón el Barcelona. A Chacón no le vendría mal un postgrado y a Rubalcaba le sobra experiencia. Chacón y Rubalcaba han dirigido a hombres rudos de uniforme, uno en Interior, la otra en Defensa. Ignoramos si eso les ha imbuido de fantasías. De Cualquier tipo y con uniforme. Tal vez la máxima fantasía de ambos sea dirigir primero el socialismo y luego España. Los socialistas siempre han tenido que elegir, ya desde Largo Caballero o Indalecio Prieto. Prieto decía que era socialista a fuer de liberal, pero en realidad era un vasco nacido en Oviedo, glotón, tipógrafo en su juventud, cargado de bonhomía y que se dio a la política después de triunfar en el periodismo dirigiendo El Liberal. Caballero, el Lenin español, era un radical obrerista –incluso visto desde la perspectiva de entonces-, que paradójicamente antes fue un colaboracionista de la dictadura de Primo de Rivera. Los socialistas tienen que verse en esas tesituras históricas, siempre dúos que se disputan el poder o las almas del socialismo. Así ha sido. Otro de los ejemplos más notorios son Felipe y Guerra, tal vez antes Felipe y Nicolás Redondo, o Felipe y Llopis. Rubalcaba tiene edad como para que Largo Caballero le suene de las charlas en casa de pequeño.Chacón tiene edad como de que si no lo ha estudiado en octavo no sabe quién es. Chacón es Andalucía y Cataluña. Rubalcaba es Madrid, la meseta y Cantabria, puerto de Castilla. Valencia, Galicia o las islas son incógnitas. Chacón es mediterránea, sentimental y emotiva. Te da los buenos días y ya le asoman las lágrimas de emoción. Rubalcaba es más frío. Tiene si quiere mirada de metal, abrazos de hielo y entonación de fiscal. Sería injusto aplicárselo, o duro, pero se le vienen a uno a la cabeza los versos de Lorca : “tienen, por eso no lloran,de plomo las calaveras”. La alegre muchachada socialista va a bordo de trenes que viajan hacia el Sur, vuela por ver de aterrizar en San Pablo o conduce un BMW de hace ocho años por las autovías del despilfarro.Rubalcaba se explica en la Ser y Chacón en La Sexta. Si como dicen ellos, el PSOE es el partido que mejor representa lo que es España, Chacón y Rubal son, claro, las dos Españas. Él es galgo y ella un podenco. Chacón come helados de fresa y Rubalcaba un café sin leche ni azúcar. A Rubalcaba le pega un Bitter Kas y a Chacón un Rueda blanco.Los dos van al Corte Inglés. Rubalcaba iría a Galerías Preciados si aún existiera. Uno tiene recuerdos de Wolkswagen escarabajo, Paris y Bob Dylan y la otra de Interrail, Rob Lowe y Praga. Hace mucho frío. Pero Él va a dejar en el armario la trenca. Ella la barretina.





















