Oscurece, luego amanecerá
Es inexorable. En la medida que va atardeciendo y que se hace la noche, va quedando menos tiempo para el amanecer. Quiero utilizar esta metáfora para que quienes están en una situación difícil no se den por vencidos.

Es inexorable. En la medida que va atardeciendo y que se hace la noche, va quedando menos tiempo para el amanecer.
Los túneles, por definición, tienen comienzo y fin. Cuando se está en medio de un túnel, el peligro consiste en sentarse a lamentar la oscuridad existente. Si se avanza, aún en la noche, llegará la luz. Dice mi querido y admirado Manuel Alcántara que los pesimistas, cuando ven al final del túnel la luz esperanzadora que anuncia el final de las tinieblas, piensan que se trata del potente foco de una locomotora que acabará aplastándoles. Triste y fatal equivocación.
Nadie va a tener en la vida un camino interminable de rosas. Habrá dificultades. Días de tormenta, baches, salteadores, dolencias del cuerpo y del alma. Sin dolor no llegaríamos a tener conciencia de nosotros mismos. Nadie se va a librar, probablemente, de la muerte de seres queridos, de rupturas amorosas más o menos traumáticas, de conflictos laborales, de problemas económicos, de asechanzas de inevitables enemigos. Lo importante no es lo que nos sucede sino la actitud con la que afrontamos eso que nos sucede.
No se pueden negar los males, los daños, las enfermedades, los engaños, los desastres, la ruina. Están ahí. Su dimensión objetiva se puede valorar fácilmente. Pero, siendo esa una parte fundamental de un problema (no es igual un diagnóstico de un resfriado que de un cáncer) uno y otro pueden ser asumidos de manera muy diferente.
Alguien puede pensar que esa actitud optimista ante la vida y sus avatares no es más que un autoengaño. Pero yo creo que esa postura es más inteligente que su contraria. Más realista incluso. Se dice que un optimista es un pesimista mal informado. Yo creo, por el contrario, que un pesimista es un optimista mal informado.
¿Qué ventajas tiene esa actitud optimista ante la dificultad? Muchas, todas ellas importantes.
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Cada quien da lo que tiene
En un viaje a México compré, en el marco de un Congreso de profesores, un pequeño libro que estaban vendiendo como rosquillas a la entrada del salón de conferencias. No sé si el autor sería uno de los asistentes porque luego, cuando leí la introducción, supe que estaba escrito por un maestro.

Después fue a su jardín y cortó doce rosas rojas, las arregló cortándole las espinas, las colocó en la bandeja con una nota que decía: “Cada quien da lo que tiene”.
El libro es una síntesis de la sabiduría popular mexicana. Se titula “El filósofo de Güemes” y el autor se llama Ramón Durón Ruiz. Contiene máximas, sentencias, anécdotas, cuentos e historias de diverso tipo, muchas de ellas enclavadas en el ámbito rural. He elegido una de ellas para que me sirva de leit motiv de estas líneas.
La he elegido ante la avalancha de insultos que oigo y veo lanzarse a todas horas a los colaboradores de las televisiones, a los políticos en los mítines (y en el mismo Parlamento) y a los contertulios en las radios. Verdaderas retahílas de insultos, palabrotas, gestos soeces y expresiones despectivas lanzadas al adversario político, al contrincante ideológico o al “enemigo íntimo”.
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Los números cantan
El señor Rajoy ha formado Gobierno. Trece Ministerios. Nueve varones y cuatro mujeres para dirigirlos. Y eso que decía en 2008 que lo mejor de su equipo eran las mujeres. ¿Entonces? ¿O era solo para auparlo al poder?

Estaremos de cuerdo en que es necesario que los puestos de elevada responsabilidad deben estar desempeñados por personas capaces, responsables y trabajadoras.
Es probable que mi postura concite la disconformidad e incluso las iras de muchos hombres y de algunas mujeres. ¿Por qué ha de haber paridad en el número de Ministros y de Ministras?, me preguntarán. Si hay mujeres en el Gobierno, tendrá que ser porque se lo merezcan por su preparación, capacidad de trabajo, espíritu de equipo, coherencia ideológica, trayectoria política. etc. Y yo estoy de acuerdo con ese planteamiento si se aplica igualmente dicho criterio a los varones que asumen carteras ministeriales. Si hay hombres en el Gobierno deberá ser porque valen y no por ser varones.
Estaremos de cuerdo en que es necesario que los puestos de elevada responsabilidad deben estar desempeñados por personas capaces, responsables y trabajadoras. Podemos compartir también otra tesis: esa responsabilidad no debe estar condicionada por el género, la raza, la edad o la procedencia… Pero podemos empezar a discrepar si afirmo que las mujeres han sido (y siguen siendo) relegadas a un segundo plano en la asunción de responsabilidades públicas durante largo tiempo. ¿Habría que colegir que valen menos?
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Esperando a Superman
No sé si el lector o lectora que ahora se está asomando a este artículo ha visto la película americana “Waiting for Superman”. Por si no es así, les diré que se trata de un documental estrenado en 2010 y filmado por el director Davis Guggenheim, cineasta ganador del Oscar por la película “Una verdad convincente”, documental sobre el calentamiento del planeta.
La película, ganadora del Audience Award en el Festival de Sudance, fue financiada entre otros por Bill Gates, que interviene en el film. El guión fue escrito por el mismo director junto a Billy Kimball. Los rostros de los niños y de los familiares, algunos sórdidos escenarios y la música ad hoc confieren a la película un tono melodramático.
El título, a mi juicio, es muy certero. Es preciso y a la vez ambiguo. Por una parte presenta la idea de que Superman es un héroe de ficción (del que nada se puede esperar) y por otra entiende que hay que confiar en que Superman (un sistema educativo excelente con profesores de auténtica profesionalidad) nos salve de los desastres.
Se trata de una controvertida película que pone en solfa la enseñanza pública americana, la actuación del Sindicato y el trabajo de los profesores, a quienes atribuye una buena parte del fracaso de la educación. En su criterio, los maestros, protegidos por el Sindicato, pueden desempeñar pésimamente su trabajo sin tener la más mínima repercusión.
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Libertad para el zorro y las gallinas
En estas fechas navideñas todo es comercio. En las otras, también. Es impresionante el volumen de transacciones comerciales que se realiza en nuestra sociedad. Estamos inmersos en la cultura del libre mercado. (Lean, por favor “El Mercado”, de Bellamy). Libertad para comprar y vender. Libertad para el zorro y las gallinas. Comprar y vender son las grandes actividades de nuestros días. Da igual vender joyas que judías estofadas. Somos, ante todo y sobre todo, clientes. Tanto vales cuanto compras. El ser humano actual podría ser definido como mercader.
La mayoría de las tarjetas de felicitación navideña que he recibido en estos días proceden de firmas comerciales: Grandes almacenes, concesionarios de automóviles, restaurantes, jugueterías… ¿Quiere usted comprar? ¿Desea usted consumir? La Navidad es la gran fiesta del consumo. Los regalos, los juguetes, los adornos, las comidas… Para hacer operaciones comerciales hace falta tener lo que otros necesitan (o creen necesitar) y habilidad para anunciarse. Por otra parte, capacidad de elegir y dinero para comprar.
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