El error de la enfermera
Todo el mundo sabe lo que ha pasado porque los medios de comunicación se encargan de que las noticias de este tipo estén en las cabeceras de los telediarios, de las radios y de los periódicos. Una enfermera del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, llamada María, ha cometido un error fatal que ha causado la muerte a un niño.
El bebé (cuya madre murió hace días a causa de la gripe A) fue alimentado de una manera equivocada y, como consecuencia, falleció poco tiempo después. La enfermera conectó equivocadamente la jeringa para administración de leche en el lugar correspondiente a la de antibióticos y sueros. La leche fue incorporándose lentamente al torrente sanguíneo, provocando la muerte del bebé.
¿Cuántos errores se comenten sin que sean detectados, sin que sean reconocidos, sin que nadie pague por ellos? Pero, sobre todo, ¿qué hacer para que no se cometan tantos errores, para que no se produzcan estos fallos de consecuencias tan lamentables?
Raíces podridas
Quien tenga hijas se podrá imaginar más crudamente el horror. En dos lugares de Andalucía (Baena e Isla Cristina) se han producido en pocos días dos casos de violación múltiple que me han dejado sin habla. Son hechos que te golpean contra las cuerdas de la reflexión y de la responsabilidad. ¿Qué mundo estamos construyendo?
Dos chicas de trece años (una de ellas con discapacidad psíquica) han sido violadas por chicos de 12, 13, 14 años a plena luz del día. No quiero entrar en los detalles de ambos hechos, tan próximos en el tiempo, en la geografía y en el dolor. La reacción inmediata ha sido pedir el endurecimiento de las penas y la modificación de la ley para anticipar la edad penal. Lo primero que ha dicho Mariano Rajoy al conocer los hechos es que en septiembre va a pedir la revisión de la ley del menor. Y no voy a ser yo el que defienda que hay dejar impunes a los autores de estos hechos. Porque las personas tienen que asumir su responsabilidad y, por consiguiente, tienen que cargar con las consecuencias de sus acciones.
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La niña de las oes
En un reciente viaje a Santiago de Chile en el que pude compartir con experimentados colegas reflexiones, experiencias y sentimientos, tuve la suerte de recibir de uno de ellos un hermoso relato que quiero transcribir y comentar a continuación.
La historia fue publicada hace años por la profesora Teresa Sagués Narea, Directora a la sazón de una escuela de Maipú, en una revista dedicada a Educación.
Una mañana entró a mi oficina un profesor y me dijo preocupado:
- Directora, no sé qué hacer con la niña X, no puedo pasarla a segundo. Esta niña está inmadura. ¡Si viera sus cuadernos!
Fui al aula y, mientras conversaba con los alumnos, iba revisando disimuladamente sus cuadernos. Me detuve ante la niña X. ¡Tenía razón el profesor! Su cuaderno estaba todo rayado y sucio. En medio de ese caos descubrí una “o”, y le pregunté:
- ¿Hiciste tú esa letra tan bonita?
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La mamá de Beethoven
Existe una Asociación (o lo que sea) en este país que se autodenomina “Pro vida”. Sus integrantes luchan contra el aborto porque lo consideran un crimen. A mí me parece muy bien que las mujeres que pertenecen a esta asociación no aborten. Incluso que piensen que ninguna mujer debería abortar. Lo que no me parece admisible es que consideren asesinas a quienes abortan, a pesar de que esas “asesinas” no sean capaces de matar una mosca. Sus integrantes suponen que quienes no comparten sus postulados pertenecen a un grupo que bien podría denominarse, a su juicio, “Pro muerte”. Y así lo dicen. A todos quienes difieren de sus tesis les acusan de promover la cultura de la muerte. Qué falta de rigor. Qué falta de seriedad. Qué descaro. Creo que necesitan tildar a otros de malos para sentirse ellos buenos.
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No puedo desayunar sin ti
Mi esposa tiene una compañera de trabajo que es, a la vez, una estupenda amiga. Cuando, por el fallecimiento del padre faltó los días reglamentarios al Centro, recibió de la amiga una emocionante declaración de amistad:
- No puedo desayunar sin ti.
Hay declaraciones de amor y declaraciones de amistad. Palabras son amores. Pero hay también comportamientos que definen la amistad y que la consagran como uno de los sentimientos más hermosos de la vida. Tienen que ver con la generosidad, la ayuda, el apoyo, el respeto, el afecto, la ternura, la lealtad y la confianza, Y con la libertad. Porque la amistad no presiona, no atosiga, no asfixia.
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