Las ratas chinas
A veces se toman decisiones con la mejor intención y sucede que no sólo resultan inútiles sino que se convierten en contraproducentes. Damos por hecho que, por tener el buen deseo de haber hecho bien las cosas, los resultados van a ser los esperados.
En todos los ámbitos de la vida, después de hacer un diagnóstico más o menos riguroso de la situación, tomamos decisiones que consideramos justas y racionales y que luego nos olvidamos de evaluar. Damos por hecho que el buen criterio o la buena voluntad resultarán suficientes. No siempre es así. Los hechos, que son muy tozudos, dicen luego si la decisión fue acertada o equivocada, eficaz o perniciosa. Por eso es necesario analizar, a corto y largo plazo, las consecuencias de las decisiones.
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Por tres bragas, un libro
Me han enviado una foto que ha sido tomada en un mercadillo. En ella se puede ver un puesto de bragas extendidas sobre una mesa y dos pilas de libros en medio. Sobre los libros aparece un significativo cartel publicitario: “Por la compra de tres bragas, le regalamos un libro”. Es decir que si la clienta o el cliente paga por lo que realmente vale dinero, le hacen un obsequio de lo que apenas tiene valor. Si se hubiera hecho la oferta opuesta, todo sería más inteligible en los tiempos que corren o, mejor dicho, que vuelan. “Por la compra de tres libros, le regalamos unas bragas”. Pero no. Me he esforzado en reconocer qué tipo de libros es el que tan generosamente se regala, pero no me ha sido posible descifrarlo. No es legible su título dado el plano de la toma y el ángulo de la foto. Y bien que me hubiera gustado saberlo. Por tres bragas, “Cien años de soledad”. O “El viaje del elefante”, o “Los cuadernos de Don Rigoberto”.
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La niña y el cigarrillo
He leído un libro polémico. O eso pienso. Se titula “La niña y el cigarrillo”. Su autor es Benoît Duteurtre, novelista, ensayista y crítico musical. Es dueño de una prosa clara, en absoluto preciosista. Sus novelas (hasta el momento diecinueve) contemplan la sociedad contemporánea con una mirada irónica que suscitan, a la vez, polémica y admiración. El libro que me ocupa está bien escrito (y bien traducido), pero la tesis es, a mi juicio, más que discutible. El autor viene a sostener que los niños y niñas de hoy son depositarios de muchos derechos y que los adultos van viendo paulatinamente recortados los suyos. Y pone como ejemplo el derecho de fumar.
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Tontos, pero no tanto
Algunas veces tengo la sensación de que nos consideran imbéciles. Los políticos en el poder nos ofrecen explicaciones absolutamente ridículas para justificar las decisiones que toman. Nos sueltan unas mentiras tan increíbles que no se las tragaría ni un niño de cinco años. Durante la campaña electoral nos prometen cosas que son abiertamente imposibles como que se va a construir un puente en un pueblo que no hay río. Los políticos en la oposición descalifican al Gobierno por su afán de mantenerse en el poder haciéndonos creer que a ellos no les importaría mucho seguir donde están en aras del bien común. Y critican todo lo que se hace y se decide desde el poder con el fin de sustituir a quien gobierna a pesar de que esa postura perjudique los intereses de la ciudadanía.
No todos los políticos son malos. Ni todos son iguales. Decir lo contrario es un ataque frontal a la democracia. ¿Qué es mejor, uno sólo que piense por todos y que decida por todos? Hay que confiar en la política, hay que fortalecer la democracia. Y eso significa que hay que exigir a los políticos razonamientos rigurosos, comportamientos honestos y dedicación ejemplar.
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Balones fuera
Estamos en época de evaluación del alumnado. El estamento más bajo de la escala académica recibe evaluaciones inexorables. Hacia arriba en esa escala va disminuyendo la evaluación. Al decir esto pienso en las jerarquías y pienso en las instituciones. La única manera que tienen las instituciones de mejorar lo que hacen es someter a un riguroso análisis su estructura y funcionamiento. Si se justifica todo desde la óptica de la buena intención (se hace lo que se puede), de la rutina (siempre se ha hecho así) o de las mala actuación ajena (la culpa es de los otros), la institución seguirá anclada en sus errores.
No se puede mirar para otra parte cuando algo falla. No se puede mirar sólo a los demás para que mejoren sus actitudes o sus comportamientos. Es preciso hacer autocrítica y abrirse a la crítica de los demás.
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