¿Qué es eso?

Hace tiempo que me pregunto por los indicadores de la calidad moral de nuestra cultura. ¿Cuáles son las concepciones, las actitudes y los comportamientos que nos indican una buena salud moral de la sociedad? Pienso que uno de ellos es el trato que dispensa a los ancianos y a las ancianas.

Los ancianos y las ancianas necesitan el reconocimiento y el afecto que durante tantos años han brindado a los demás.

En un momento en el que la juventud se ha convertido en una etapa fulgurante de la vida, ¿qué sucede con las personas mayores que viven en las casas y en las Residencias sus últimos años de vida? En una etapa en la que la rentabilidad es una obsesión, ¿qué pasa con los ancianos que ya no son productivos? En una época en la que la velocidad y la prisa se han vuelto determinantes, ¿qué hacen los ancianos y las ancianas que por ley de la naturaleza tienen que caminar y vivir despacio? En una coyuntura en el que la salud y la belleza se han convertido en prioridades, ¿qué hacemos con las personas mayores que, a veces, carecen de ambas?
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Carta desde Chile

Hace unas semanas viajé a la ciudad de Santiago de Chile para impartir un curso en un master universitario. Me pedían un nuevo viaje para el mes de julio. Les dije que tenía un serio problema con un pequeño personaje de siete años. Se trataba de Carla, que cada vez opone una resistencia más firme a mis salidas profesionales. No hace mucho, con tono melodramático, me dijo:

Pues bien, el grupo de profesores chilenos, cargado de sensibilidad y de ternura, escribió una carta a la niña

- Papá, tus viajes me va a arruinar la vida.

No es una cuestión baladí. No es solo ella la que argumenta de manera más que sólida, recriminando las ausencias. Lo hace la familia. También yo me planteo el sentido de los viajes que generan una separación cargada de contradicciones. Porque, a veces, voy a decir a miles de kilómetros que no es bueno dejar solos a los hijos y a las hijas durante mucho tiempo para atender exigencias del trabajo.

Pues bien, el grupo de profesores chilenos, cargado de sensibilidad y de ternura, escribió una carta a la niña de la quiero entresacar algunos párrafos.
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Suficiente es más que suficiente

No es fácil de traducir, pero creo que la idea es magnífica. Me refiero al título y contenido del libro “Enough is plenty”. Me he decidido por la traducción “suficiente es más que suficiente” aunque muy bien podría haber elegido alguna de estas otras opciones: “suficiente es todo”, bastante es suficiente, “suficiente es bastante”, “bastante es demasiado”, “bastante es todo lo que se necesita”, “suficiente es suficiente”, ”suficiente es un montón”, “suficiente es mucho o muchísimo”… Todas estas versiones tratan de reflejar, además del enunciado de la expresión inglesa, el contendido del interesante libro de Anne B. Ryan, profesora de la Universidad Nacional de Irlanda, que lleva más de diez años investigando en lo que podríamos llamar la “filosofía el suficiente”.

Por la vereda pasan dos hombres de negocios que detienen su coche para saludar al relajado pastor.

¿Dónde se coloca esa raya que separa lo que es necesario para vivir y lo que es superfluo? Esa raya que marca el suficiente, ¿tiene solo que ver con cosas materiales o incluye también otros bienes del espíritu relacionados con el arte, la cultura, la música, el cine, el teatro o el deporte? ¿Es verdad que n es suficiente el pan para vivir?

Y, sobre todo, ¿quién la señala el punto exacto donde se sitúa la línea de lo necesario? Porque hay muchas personas interesadas en que la raya esté muy alejada de nosotros, cercana al infinito: publicistas, comerciantes, vendedores… Si se coloca en el horizonte será una raya siempre inalcanzable por mucho que caminemos.
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De héroe a terrorista

Las mentes de muchas personas funciona manejando un sinfín de estereotipos que van aplicando a los individuos y a sus comportamientos, a las situaciones en que se encuentran e, incluso, a los objetos que contemplan cada día. Lejos de utilizar el rigor para analizar los hechos y calificar a las personas, echan mano de un catálogo de prejuicios que han ido formando a través de la experiencia vivida superficialmente y de las informaciones tendenciosas que a todas horas reciben.

“Extremista musulmán mata a sangre fría a un indefenso perro callejero”.

El contenido de esos estereotipos viene dado, a veces, por la cultura y otras está fraguado o matizado por prejuicios elaborados por la persona que los aplica (de manera casi siempre ligera e injusta). Desde la ideología, la política, la religión y los más diversos fundamentalismos, se tiende a ver al otro bajo la definición que imponen las etiquetas. Se valora la realidad a través de un prisma confeccionado con trozos de prejuicios, de suposiciones arbitrarias y de falsas intuiciones.

Estereotipo, etimológicamente, proviene de la palabra griega stereos que significa sólido y typos que significa marca. Es una imagen manida, con pocos matices, acerca de un grupo de gente que comparte ciertas cualidades, características y habilidades. Por lo general ya fue aceptada por la mayoría como patrón o modelo de cualidades o de conducta. El término se usa a menudo en un sentido negativo, considerándose que los estereotipos son creencias ilógicas que limitan la creatividad y que sólo se pueden cambiar mediante el razonamiento personal sobre ese tema.
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Triunfantes perdedoras

El pasado día 8, jueves, se celebró el Día Internacional de la Mujer. Todavía sigue siendo necesario, en todas y cada una de las partes del mundo celebrar ese día como recordatorio de la igualdad de oportunidades, derechos y dignidad. Todavía queda mucha discriminación arraigada a las estructuras sociales, a las costumbres, a las relaciones, a la vida laboral, a las religiones, al lenguaje, a la educación, a la moral… Todavía hay muchas mujeres que mueren a manos de sus parejas y otras que están enterradas en vida.

La vida lo ha hecho muchas veces con las mujeres. Las ha felicitado por perder, las ha asignado un papel y las ha tratado de admirar por desempeñarlo a la perfección.

Hace algunos años dirigí la tesis doctoral que realizó mi querida amiga Gloria Arenas, apasionada feminista, lamentablemente fallecida ya. La investigación consistió en el análisis del aprendizaje que los niños y las niñas de una Escuela Infantil realizaban acerca de su género. Es decir, sobre cómo aprendían a ser niños y niñas. En concreto, de cómo desde la Escuela Infantil se asumían roles y se repetían estereotipos vinculados al hecho de ser hombres o mujeres.

Recuerdo que, cuando las profesoras de la institución (todas mujeres) escucharon la petición de Gloria, dijeron que ellas eran personas comprometidas con la coeducación y que no veían necesario el trabajo. Era verdad. Se trataba de docentes sensibles y comprometidas con la educación para la igualdad. Pero, cuando el trabajo fue avanzando, descubrieron cuántos hechos, palabras y actitudes discriminatorias se escondían bajo la capa superficial de la vida escolar. Ellas se vieron sorprendidas por el lenguaje que utilizaban, por las costumbres, las expectativas y los prejuicios…
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