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	<title>El Adarve</title>
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	<description>El blog de Miguel Ángel Santos Guerra</description>
	<lastBuildDate>Sat, 25 May 2013 05:00:07 +0000</lastBuildDate>
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		<title>La LOMCE, una ley cruel</title>
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		<pubDate>Sat, 25 May 2013 05:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[
Le he oído decir a la Secretaria General del Partido Popular, señora De Cospedal, con el aplomo que la caracteriza, que le parecía increíble que alguien se opusiese a realizar cambios en el sistema educativo, dado el innegable y elevado fracaso existente. Con una inusitada carga de asombro viene a decir que no puede entender [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: center">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Le he oído decir a la Secretaria General del Partido Popular, señora De Cospedal, con el aplomo que la caracteriza, que le parecía increíble que alguien se opusiese a realizar cambios en el sistema educativo, dado el innegable y elevado fracaso existente. Con una inusitada carga de asombro viene a decir que no puede entender a quienes nos oponemos a la LOMCE.</p>
<div id="attachment_1962" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/Niña.jpg"><img class="size-medium wp-image-1962" title="Niña" src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/Niña-300x213.jpg" alt="" width="300" height="213" /></a><p class="wp-caption-text">A quienes no dan la talla, los elimina. Como si todo dependiese de su esfuerzo y de su talento. </p></div>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Tendría que sorprenderle a ella que quien hace una ley para mejorar la calidad se dedique de manera concienzuda a eliminar los requisitos más elementales para conseguirla: aumentan el número de alumnos por aula, endurecen las condiciones laborales de los docentes, reducen la formación permanente… Eso sí que debería producirle extrañeza y sonrojo si tuviera un poco<span> </span>menos de soberbia y un poco más de respeto a quienes no pensamos como ella.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">No entiende la señora De Cospedal, con lo lista que se cree, que se puede cambiar una situación para empeorarla. Cuando hay un problema no basta hacer cualquier cosa para solucionarlo. Alguna de ellas, podrían agravar la situación. A nadie se le ocurrirá decir que si alguien está enfermo es necesario hacer algo, lo que sea. Algo, sí, pero acertado. Porque si lo que tiene el paciente es dolor de cabeza, de nada serviría ponerle una inyección contra el tétanos. Y me temo que eso es lo que sucederá con la LOMCE. De modo que todos podremos ver cómo el fracaso sigue e, incluso, cómo se incrementa.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Un amigo le dice a otro:</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">- ¡Qué pena esta vida, nadie cambia!</p>
<p class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin-left: 7.1pt;text-align: justify;text-indent: 2.0cm">El amigo, objeta:</p>
<p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left: 0cm;text-align: justify;text-indent: 63.8pt"><span><span>-<span> </span></span></span>Hombre, no digas eso, que yo he cambiado mucho desde el año pasado.</p>
<p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin-left: 0cm;text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Y el primero replica:</p>
<p class="MsoListParagraphCxSpLast" style="margin-left: 81.8pt;text-align: justify;text-indent: -18.0pt"><span><span>-<span> </span></span></span>Me refería para bien.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Es<span> </span>decir, que una cosa son cambios y otra, muy diferente, mejoras. Lo<span> </span>que hace la señora De Cospedal, tratándonos a los demás de tontos, es confundir una cosa con otra. Es hacernos pensar que esta ley va a remediar los males que aquejan a nuestro sistema educativo. Pero, estos legisladores no tendrán que dar cuentas si eso sucede. Será muy fácil otra vez echarle la culpa a alguien: a los alumnos (que no es fuerzan), a las familias, al profesorado o a la herencia recibida.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Plantearé algunas cuestiones que fundamentan mi posición crítica ante la nueva ley:</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">La primera es que se piense que para evitar el fracaso o conseguir la no hay nada mejor que otra <span> </span>ley. ¿No sería más lógico perfeccionar la selección y formación inicial, tener menos alumnos en el aula, mejorar las condiciones de trabajo de los profesores, darle más medios a la escuela, atender con más cuidado la diversidad…?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">La segunda se refiere a la cultivada mentira de que esta ley ha tenido el mayor consenso de todas las leyes educativas. Es sabido por todos <span> </span>y todas que esta ley ha concitado el rechazo más sonoro y amplio que nunca se haya dado en las leyes anteriores: escritos, manifiestos, conferencias, mesas redondas,<span> </span>jornadas, huelgas, manifestaciones en la calle…</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">La tercera es acusar a los detractores de utilizar la ideología para atacar el contenido de la ley. Como si al concebirla y redactarla no hubiera habido ideología. No hay ideología al desmontar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, ni al incluir como evaluable y promediable<span> </span>la asignatura de religión, ni al aumentar de 4 a 6 años la duración de los conciertos, ni al admitir la segregación en los Colegios concertados, ni al potenciar el papel del director como órgano unipersonal, ni al quitarle atribuciones al Consejo Escolar, ni al minar la fuerza de la escuela pública… ¿O nacen todas esas decisiones de la investigación científica? Lo que sucede es que la ideología suya es la buena.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Quien se estará frotando las manos será el señor Rouco, arzobispo de Madrid. Él tampoco tiene ideología.<span> </span>Ya no sé cómo decir que no quiero dar un euro para que unos profesores elegidos a dedo por los respectivos monseñores les expliquen a los niños y a las niñas las cosas que les explican. No estoy dispuesto a que, con mi dinero, se les diga que la homosexualidad es pecado, que no se pueden usar métodos anticonceptivos, que el aborto es un asesinato… Por citar algunos ejemplos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Se me dirá que sin entender la doctrina católica no se puede entender nuestra cultura. Y yo añado: ni nuestra pintura, ni nuestra literatura, ni nuestra historia… Pero los profesores de las asignaturas no tienen por qué ser elegidos por el Obispo. Ni tiene que decir el Obispo quién sigue como profesor o no. <span> </span>A mí me parece estupendo que haya creyentes, de cualquier credo y moral, lo que no es de recibo es que esa catequesis se haga en las escuelas y que se sufrague con dinero público.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Lo de la libertad que tanto llena la boca de algunas personas no es más que una excusa para defender intereses: de elegir centro, de tener enseñanza segregada, de<span> </span>tener clases de religión… Pero si, acogiéndose a ese principio, ETA quisiese crear un colegio concertado, veríamos cómo entonces la libertad no se proclamaba como principio absoluto.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Endurecer la evaluación no es la mejor forma de conseguir la calidad. Para que haya buenos resultados es preciso atender otras dimensiones de la enseñanza de las que no se preocupa la ley: quiénes con los docentes, que formación teórico-práctica les asiste, qué motivación tienen para desempeñar su oficio, cómo se elabora un curriculum básico coherente, qué metodologías se utilizan en las aulas, qué sentido educativo tiene la evaluación, cómo participa la familia en la tarea, cómo se organizan las escuelas, cómo se evalúa a los profesores, cómo se potencia la dimensión pedagógica de la dirección…</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Establecer evaluaciones externas como eje del sistema educativo es darle importancia al momento de pesar el pollo sin haberse dedicado a alimentarlo previamente. Téngase en cuenta que la evaluación externa y estandarizada solo atiende a resultados, no a procesos. Está descontextualizada y se encamina a la clasificación y a la selección más que a la mejora.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">El título del artículo obedece a lo que yo considero la principal lacra de la ley. Al establecer la enseñanza como una carrera selectiva, con reiteradas pruebas externas (han tenido a bien eliminar el término reválidas para llamarlas evaluaciones individualizadas), los que más fácilmente van a ser eliminados son aquellos que parten de condiciones más desfavorables.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">A quienes no dan la talla, los elimina. Como si todo dependiese de su<span> </span>esfuerzo y de su talento. Y, claro que en parte depende de eso el resultado. Pero también de muchas otras cosas. Y en esas otras cosas está el contexto económico y social, la cultura familiar, los medios de que disponen los padres, las expectativas, los motivos, las experiencias…</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">Potenciar la privatización de la enseñanza y mermar la importancia de la escuela pública, favorece a los ya favorecidos por la cultura y la historia. ¿Qué será de los más pobres, de los más débiles, de los más torpes, de quienes tienen dificultades…? ¿Qué será de los discapacitados y discapacitadas? Que se lo pregunten al señor Wertz.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 63.8pt">
<p class="MsoNormal" style="text-indent: 63.8pt"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-indent: 63.8pt">
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		<title>El vuelo de los gansos</title>
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		<pubDate>Sat, 18 May 2013 05:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el mundo animal encontramos ejemplos admirables de los que los seres humanos podemos aprender. Recuerdo haber leído hace muchos años un libro emocionante del etólogo y premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz. Se titulaba “El anillo del Rey Salomón”. Procedía el título de la leyenda que cuenta que el sabio rey disponía de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el mundo animal encontramos ejemplos admirables de los que los seres humanos podemos aprender. Recuerdo haber leído hace muchos años un libro emocionante del etólogo y premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz. Se titulaba “El anillo del Rey Salomón”. Procedía el título de la leyenda que cuenta que el sabio rey disponía de un mágico anillo que le permitía hablar con los animales y conocer lo que ellos decían. Las deliciosas descripciones de las costumbres de los animales de aquel libro me ayudaron a sentir y pensar.</p>
<div id="attachment_1954" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/gansos1.jpg"><img class="size-medium wp-image-1954" title="gansos" src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/gansos1-300x231.jpg" alt="" width="300" height="231" /></a><p class="wp-caption-text"> Los gansos vuelan formando una &quot;V&quot; porque cada pájaro, al batir sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de él. </p></div>
<p>La curiosidad que provoca el conocimiento de la vida de los animales y el amor que los protege de la brutalidad y de la crueldad de la naturaleza y de los humanos, es una forma de sensibilidad ética. Maltratar a los animales es una manera de envilecerse.</p>
<p>Hace muchos años que leí esta aleccionadora historia sobre el vuelo de los gansos. Más de una vez he pensado servirme de ella para propiciar algunas reflexiones que nos ayuden a revisar nuestros comportamientos. La etología ha descubierto por qué los gansos vuelan juntos. Lo hacen formando una &#8220;V&#8221; porque cada pájaro, al batir sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de él. Volando en V, todo el grupo aumenta por lo menos en un 70% su poder de vuelo, comparado a que cada pájaro lo hiciera solo.</p>
<p>Los gansos comprueban que hay una forma de volar que no solo facilita el vuelo individual sino que ayuda al resto a volar</p>
<p>Cada vez que un ganso se sale de la formación y siente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de volar solo y de inmediato se reincorpora al grupo, para beneficiarse del poder del compañero que va adelante.</p>
<p>Cuando un líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar.</p>
<p>Los gansos que van detrás producen un sonido propio de ellos y lo hacen con frecuencia para estimular a los que van adelante para mantener la velocidad.</p>
<p>Cuando un ganso enferma o cae herido, dos de sus compañeros se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo, y se quedan con él hasta que esté nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere.</p>
<p>Vivimos en un época en la que el individualismo campa a sus anchas en la sociedad. Un individualismo de dos tipos. El primero se refiere al exclusivo interés por uno mismo. En tiempos de crisis, adquiere un nuevo matiz: sálvese el que pueda. El segundo individualismo tiene que ver con un ego colectivo que puede ser la pareja o la familia. Lo demás y los demás no solo es que no importen, es que pueden ser sacrificados en aras de la causa particular.</p>
<p>Los gansos ha descubierto que es mejor ayudarse unos a otros que competir por ver quién llega primero, Es más razonable ayudarse que destruirse. Es mejor ser compañeros de viaje que hacen más fácil el vuelo que  competidores que se obstaculizan y se destruyen.</p>
<p>No nos damos cuenta de que, a la larga, esa forma egoísta de plantear las cosas, acaba siendo perjudicial para todos. Porque la unión hace la fuerza. Cuando un ganso decide volar por su cuenta, olvidándose de los demás, tiene muchas más dificultades en hacerlo.</p>
<p>Nos está pasando que, al ir cada uno a lo suyo, nos estamos perjudicando todos. Nuestra fuerza se multiplicaría si nos ayudásemos unos a otros. Pero no. Cada individuo piensa que los demás son obstáculos, destructores  o competidores de su felicidad. Como si se tratase de repartir un pastel y pensásemos que lo que se  lleva el otro, nos lo quita a nosotros. Puede entenderse, por el contrario, que o construimos entre todos una casa o no tendremos casa. Son dos formas de ver las cosas. Los gansos nos muestran por qué es más razonable la forma solidaria de proceder.</p>
<p>Los gansos nos dan otra lección con su estrategia colectiva de vuelo. La asunción de responsabilidades se reparte para ejercer el liderazgo de forma que cuando uno se cansa otro le releva. Cuando uno no puede más, es relevado por otro, que tiene que hacer un esfuerzo singular durante un tiempo. El líder vuela al servicio el grupo. No se aprovecha de los demás sino que los sirve. Esa forma de asumir la responsabilidad es positiva para todos, no solo para quien la ejerce. El relevo hace que todos puedan aportar ese servicio al grupo.</p>
<p>Voy a publicar en Argentina y Portugal dentro de una semanas un libro sobre el valor educativo de la dirección escolar. Se titulará “Las feromonas de la manzana”. La metáfora se debe al hecho de que las manzanas tienen unas feromonas tales que si metes una manzana en un bola con frutas verdes, éstas maduran por la influencia de las feromonas De esa manera se muestra que la dirección es una fuerza que ayuda a crecer. En el libro  explico que el líder es aquella persona que ayuda a crecer a los demás. Y en él defiendo la tesis de que no me gustan los directores o directoras para toda la vida sino los que ejercen la dirección durante un tiempo y luego se incorporan al grupo como uno más.</p>
<p>Cuando el líder está como uno más en el grupo, sabe lo que es ser un líder y cuando está ejerciendo el liderazgo sabe lo que es estar como uno más en el grupo. No creo que unos hayan nacido para el liderazgo y otros para la obediencia sino que todos hemos nacido para ayudarnos mutuamente en funciones diferentes.</p>
<p>El sonido que emiten los gansos sirve de estímulo y de aliento a los demás. Frente al uso de la palabra para destruir, desanimar, criticar y demoler, existe la posibilidad de  utilizarla para alentar, ayudar y estimular a los demás. Los gansos se animan a través de los sonidos que vienen a decir: estamos juntos, ánimo, adelante…</p>
<p>Me gusta, sobre todo, de esta maravillosa lección, la ayuda que el grupo presta a quien flaquea o enferma. Esta es una característica de las sociedades que valoro de forma entusiasta: ¿qué pasa con los débiles, con los enfermos, con quienes no pueden seguir el ritmo de los demás? La actitud de abandonarlos a su suerte es propia de grupos desalmados. La atención a los que tienen problemas es un signo de la categoría moral de las sociedades. Sería más fácil dejar que quien flaquea o enferma, caiga y se pierda. Los demás podrían seguir sin esa rémora. Decidir acompañarlos hasta que se incorporan al grupo o mueren, significa velar por la dignidad de cada individuo.</p>
<p>Ayudar a los débiles, a los enfermos, a los discapacitados es un modo de construir   un grupo inteligente y solidario. En una ciudad hecha para los niños, piensa Francesco Tonucci,  pueden habitar enfermos, mujeres embarazadas, discapacitados,  ancianos…  En el vuelo de los gansos están todos, no solo los más fuertes, los más sanos, los que vuelan mejor.</p>
<p>Cuando quiero saber si una institución, una ciudad o un país tienen calidad y equidad de vida, compruebo cómo tratan a los más débiles. Ahí encuentro la clave para decir si ese grupo es una selva o una sociedad.</p>
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		<title>Atraco a ley armada</title>
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		<pubDate>Sat, 11 May 2013 05:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Thomas Cathcart y Daniel Klein escribieron en el año 2007 un interesante libro titulado “Aristóteles y un armadillo llegan a la capital”. El subtítulo aclara de forma precisa el contenido de la obra: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. Claro que, muchas de esas mentiras en lugar de risa lo que producen es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Thomas Cathcart y Daniel Klein escribieron en el año 2007 un interesante libro titulado “Aristóteles y un armadillo llegan a la capital”. El subtítulo aclara de forma precisa el contenido de la obra: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. Claro que, muchas de esas mentiras en lugar de risa lo que producen es mucha rabia, mucha indignación y mucho dolor. Los políticos dicen, sobre todo en época de elecciones, que se van a preocupar por los ciudadanos y luego hacen leyes que les oprimen, exprimen y destruyen. <div id="attachment_1946" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/Tráfico1.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/Tráfico1-300x204.jpg" alt="" title="Tráfico" width="300" height="204" class="size-medium wp-image-1946" /></a><p class="wp-caption-text">El fin de la ley es el desarrollo de la justicia. ¿Qué hacer cuando son las leyes las que la quebrantan?</p></div></p>
<p>Acabo de recibir una notificación del Ayuntamiento de Málaga en la que se me informa de que mi coche ha sido denunciado por circular a 56 kilómetros por hora en una vía (calle Pintor Joaquín Sorolla de la capital) que tiene limitada la velocidad a 50. Esa diferencia de 6 kilómetros tiene una penalización de 100 euros. ¿Quién lo ha decidido? ¿Alguien que mira por la seguridad de la ciudadanía? Creo que no.  Pienso que ha sido alguien que mira por las arcas. Alguien que exprime al ciudadano como si fuera un limón. Un limón con muy poquito jugo, por cierto. Ya le han dejado casi seco las bajadas (o la pérdida) de salarlo,  las subidas de impuestos y, en definitival, el encarecimiento de la vida.</p>
<p> Hay que pagar. Lo manda la ley. Una ley hecha no a favor del ciudadano sino a favor del recaudador. Porque yo me pregunto qué riesgo se genera por circular a esa velocidad en ese lugar. Me pregunto también qué criterios ha tenido en cuenta el legislador para imponer esa cuantía en la sanción. Porque considero que cien euros, en la situación económica que está la mayoría de las familias, es una cantidad considerable.</p>
<p>El afán recaudatorio de nuestras autoridades es tan indecente que casi produce sonrojo. Bueno, lo que principalmente produce es una rabia tremenda. ¿No saben que hay muchas personas en paro? ¿No saben que quien trabaja  cobra un sueldo cada vez menor?</p>
<p>Creo que hay más peligro en circular muy pendiente del cuentakilómetros y de las señales que en hacerlo de forma relajada y responsable, atendiendo al sentido común. Sé que tiene que haber normas. Sé que hay que cumplirlas, que para eso están. Pero sé también que las normas pueden ser arbitrarias, injustas y abusivas.  Es un deber del ciudadano analizar la finalidad de las leyes, su racionalidad y su justicia y exigir que sean  justas y razonables cuando no lo son.</p>
<p>El fin de la ley es el desarrollo de la justicia. ¿Qué hacer cuando son las leyes las que la quebrantan? ¿Qué hacer cuando el legislador ha mirado más para sus intereses que para los del ciudadano? Estoy harto de ver en  las  carreteras señalizaciones y radares que no obedecen a la preocupación por la seguridad sino que están puestas como ratoneras en las que caen los conductores más avisados. He visto reducir la velocidad de 100 a 80 en un tramo de la circunvalación de Málaga que no encierra ningún peligro. Y he visto cómo caen en ese cepo los conductores de forma casi constante.</p>
<p>¿Qué decir cuando la grúa se lleva tu coche? Eso sí que es una crisis económica para una familia cuyos miembros adultos están en el paro. Pagar la multa, el taxi para ir a buscar el coche y la sanción correspondiente. ¿Hay derecho a ese proceder? Y qué cantidades. ¿Dónde está la  sensibilidad del legislador, la comprensión para las familias? ¿Son sinceras sus palabras cuando hablan de que lamentan los problemas por los que atraviesan los ciudadanos?</p>
<p>Se trata de atracos a ley armada. Es una forma de proceder injusta que ampara la ley. Si entro armado en un banco y encañono al cajero exigiéndole la entrega de cien euros (aunque sea para dar de comer a los hijos) y, por el celo acreditado de quien se encarga de la seguridad, soy detenido, me llevan ante un juez y, probablemente, a la cárcel. Pero, si viene el legislador y me encañona con una ley, exigiéndome el pago de 100 euros para gastos de protocolo del Ayuntamiento, los tengo que pagar. Y si no quiero o me olvido de hacerlo, me embargan la cuenta. Otro atropello.</p>
<p>Y luego se quejan de la desafección política que tenemos los ciudadanos. Quien me roba a mano armada no es un delincuente común, es un señor (o señora) que ha decidido con una caradura tremenda: pues nada, a ese pardillo que supere en 6 kilómetros la velocidad indicada, metámosle una sanción de 100 euros. Hala, que pague, que para eso ha tenido el descuido.</p>
<p>Estoy seguro de que pocos lectores que conduzcan motos o coches se habrán escapado de atropellos similares. Un aparcamiento en un paso de peatones conlleva una sanción de 200 euros. Un exceso de velocidad de 25 kilómetros supone 300 euros, no identificar al conductor tiene una sanción de 300 euros…</p>
<p>Y uno se pregunta, ¿por qué suben las multas y bajan los sueldos? ¿Por qué tienen las mutas esa cuantía desorbitada en un momento de crisis tan brutal como este?</p>
<p>Se me podrá decir: cumpla usted la ley de forma estricta y no será sancionado.  Pero yo no estoy discutiendo si hay que pagar o no. Lo que estoy discutiendo es por qué hay que hacerlo y en qué cuantía. Conozco  países que tienen otros criterios menos crueles.</p>
<p>Porque ese señor que me encañona con la ley y me obliga a pagar ha sido puesto por nosotros ahí para velar por nuestros intereses. Y que luego, con el dinero recaudado, hace lo que le parece oportuno. Y, por cierto, lo que le parece oportuno, no suele ser transparente ni muy defendible desde si se mira desde la perspectiva del bien común. Con ese dinero, por ejemplo, pagan asesores y asesoras que contratan a dedo para no sé qué trabajos de asesoría.</p>
<p>La educación para la ciudadanía me obliga a conocer la ley y a cumplirla. Pero me obliga también a pensar en el sentido que tienen las leyes, en su finalidad, en su racionalidad, en su justicia. Y, si son injustas, me obliga a denunciarlas. Eso hago.</p>
<p>Estoy indignado por la política de multas. Una política insensible con la situación de las familias, Porque yo me imagino a una familia en paro que tiene un vehículo y que tiene dos despistes (tan comprensibles) en un mes. ¿De dónde saca el dinero para pagar las multas?</p>
<p>No comparto la idea de que las sanciones tienen una intención didáctica. No se aprende a palos. No se aprende a través de las sanciones. Porque, sí, puede ser que esa multa elevada te haga ir con más cuidado. Pero la causa es el miedo, no la convicción de que haya que aprender a convivir, a evitar el peligro. Eso hace que, cuando no hay riesgo de sanción, te importe tres cominos quebrantar las normas de circulación. Porque la finalidad no es la convivencia y el respeto, sino el ahorro de la multa.</p>
<p>Tampoco digo que tengan que desaparecer las sanciones. Pero tienen que estar más justificadas y tener una menor cuantía. Es inadmisible que mientras más crisis exista las sanciones sean más duras porque hay que recaudar. ¿De dónde sale esa recaudación? Del bolsillo de quienes han sido previamente expoliados por la crisis. Maldito círculo vicioso.</p>
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		<title>La ganzúa de los corazones</title>
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		<pubDate>Sat, 04 May 2013 05:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[He vivido un año en Galway (Irlanda). Llevaba en coche todos los días a mi hija al Colegio. Para llegar desde la casa hasta la puerta de entrada teníamos que incorporarnos desde una pequeña calle adyacente a una arteria principal. A esa crítica hora (ocho y media de la mañana) había diariamente un importante atasco.
Me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He vivido un año en Galway (Irlanda). Llevaba en coche todos los días a mi hija al Colegio. Para llegar desde la casa hasta la puerta de entrada teníamos que incorporarnos desde una pequeña calle adyacente a una arteria principal. A esa crítica hora (ocho y media de la mañana) había diariamente un importante atasco.<div id="attachment_1939" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/llave3.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/05/llave3-300x211.jpg" alt="" title="llave3" width="300" height="211" class="size-medium wp-image-1939" /></a><p class="wp-caption-text">La cortesía es la ganzúa de los corazones</p></div></p>
<p>Me resultaba chocante que al llegar al cruce en el que teníamos que entrar en la vía principal, la amabilidad de los conductores y conductoras facilitara al máximo la rapidez de la incorporación. Veías con agrado el gesto amable del conductor o conductora que se detenía y parecía decirte de forma inequívoca: </p>
<p>-	Pase usted, por favor.</p>
<p>Hace unos días, al salir del complejo de ocio malagueño Plaza Mayor, había un gran atasco. Era la hora de salida. Me costó casi cinco minutos entrar en la riada de coches. Nadie se detenía y te invitaba a pasar. Todos se arrimaban al coche que iba delante para impedirte el paso. Hasta que cambié la espera por otra inevitable estrategia: ir metiendo el morro del coche poquito a poco hasta poder entrar. Con el consiguiente pitido del que venía detrás. </p>
<p>Este hecho, que no es casual, me hizo pensar. Porque creo que se trata de una constante. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué no somos más amables, más corteses, más amigables? No solo en el coche, sino en general, en la vida.</p>
<p>En Irlanda apenas se oye el sonido del claxon. Mi hija, que tenía entonces siete años, me lo hizo notar.</p>
<p>-	Papá, aquí nadie toca el claxon.</p>
<p>Aquí, basta que te detengas una décima de segundo en un semáforo que se pone verde, para que te piten cinco coches, te hagan un corte de mangas si te adelantan o te sueltan un exabrupto bajando la ventanilla.</p>
<p>-	Imbécil, te gritan mirándote como si hubieras cometido un delito.</p>
<p>Alguien me ha contado que un conductor se había olvidado de quitar el intermitente de la derecha. El que iba detrás, al ver que se trataba de un olvido y no del aviso de un giro inmediato, le dio varias señales con las luces, para avisarlo. Al comprobar que no se daba cuenta, se puso a su altura, bajó la ventanilla y le avisó:</p>
<p>-	Oiga, que se le ha olvidado quitar la luz del intermitente derecho.</p>
<p>Al ver que el conductor le hablaba desde el coche vecino, bajó con rabia el cristal de la ventanilla y le espetó:</p>
<p>- ¡No me sale de los cojones!</p>
<p>El conductor que le seguía quiso hacer un favor al supuesto olvidadizo, y el beneficiario se lo agradeció con un bofetón.</p>
<p>Creo que debemos cuidar más las formas de convivencia. Ya sé que estos pequeños detalles, al lado de los casos de corrupción y de los atropellos de los que somos víctimas hoy día, pueden parecernos una cuestión intrascendente e, incluso hipócrita. No lo creo. Pienso que el respeto a la dignidad de las personas exige el cuidado de las formas, de los pequeños detalles. Se insiste poco en ello tanto en las familias como en la  escuela.</p>
<p>En la familia, además de con el ejemplo, hay que insistir con la palabra en que es necesario mostrarse amable, ser educado en el sentido más profundo de la palabra. En la escuela es necesario practicar, exigir e insistir en la necesidad de cuidar las formas, de ser exquisitos en los detalles.</p>
<p>Creo que este cuidado de los detalles llevará y propiciará los comportamientos éticos en cuestiones de más envergadura. No comparto la idea de que estando la sociedad viciada por hechos horribles estas pequeñas muestras de respeto carezcan de importancia.</p>
<p>La cultura de los detalles se puede practicar a todas horas, con conocidos y con desconocidos. Hay quien se muestra encantador con los extraños mientras trata a baqueta a los que tiene cerca. A otros les sucede lo contrario: solo les importan los amigos y familiares. Mi postura es que hay que practicar la amabilidad con todo el mundo.</p>
<p>Esa amabilidad reiteradamente manifestada nos hará mejores. Las muestras de afecto nacen de un corazón generoso pero, s su vez, lo ennoblecen y agrandan. Por eso la amabilidad causa efectos positivos en quien la recibe y en quien la practica.</p>
<p>Saludar, ceder el asiento. dar las gracias, sonreír a quien te ayuda, orientar amablemente a quien pide información, no ensuciar las calles, ceder el paso… En definitiva, convertirnos en profesionales de la amabilidad. Dice Joseph Joubert que “la cortesía es la flor de la humanidad. El que no es bastante cortés no es suficientemente humano”.</p>
<p>Me cuentan de un trabajador de la Volvo que llegaba todos los días a la empresa y aparcaba en el lugar más apartado del parking. Al ser preguntado por ese extraño proceder, respondió que  quienes llegaban tarde tenían más prisa que él y necesitaban aparcar en los lugares más próximos. Hermoso gsto.</p>
<p>La convivencia es la piedra angular de la democracia. La convivencia se construye sobre grandes actitudes y sobre pequeños detalles. La cultura de los detalles es el alma de la democracia.  No tendremos probablemente en la vida la ocasión de hacer algo heroico por el prójimo, pero tenemos la posibilidad a cada hora de hacer la vida un poquito más llevadera, más amable, más hermosa.</p>
<p>La sociedad sería más habitable si todos y todas nos mostrásemos amables con las demás personas. “Palabra cortés significa amable pensamiento”, dice Ramón LLul. Respetar al otro. Tratarlo bien. Hacer fácil la vida de todos y de todas. No me gustan los individuos que son capaces de entrar después de ti por una puerta giratoria y salir antes.</p>
<p>Los antiguos tratados de urbanidad insistían en el cuidado de las formas. José Luis Carandell escribió en el año 2000 un libro de encargo titulado “La familia Cortés. Manual de la vieja urbanidad”. Dice en la introducción que fue coleccionado libros sobre el tema hasta conseguir la friolera de 300 ejemplares. Con tino habla de “ vieja urbanidad”. Y hace bien porque creo que hay que distinguirla de la moderna urbanidad. Creo que la urbanidad de hace años tenía un mucho de cursilería y un poco de falsedad. </p>
<p>Las formas debían  respetarse, aunque los hechos importantes fueran atroces. El dueño trataba con exquisitez al criado, aunque le estuviera explotando de forma miserable. Y, si se planificaba un asesinato durante una comida de gala, había que guardar las formas para no importunar a los comensales. Véase este texto de Leonardo da Vinci:</p>
<p>“Después de que el cadáver, y las manchas de sangre, de haberlas, haya sido retirado por los servidores, es costumbre que el asesino también se retire de la mesa, pues su presencia puede, en ocasiones, perturbar la digestión de las personas que se encuentren sentadas a su lado; y, en ese punto, un buen anfitrión tendrá siempre preparado un nuevo invitado, quien habrá esperado fuera, dispuesto a sentarse a la mesa en ese momento”.</p>
<p>Es lo que sucedía con la mujer, que la normas de cortesía le daban prioridad para pasar primero, aunque en la vida estuviesen discrimina hasta extremos inverosímiles.</p>
<p>Yo me refiero a la urbanidad que nace y acaba en la dignidad de las personas. Hablo del cultivo de unas formas nacidas del respeto. Hablo de una vida en común asentada en la amabilidad y la consideración del otro, sea quien sea, como depositario de la máxima dignidad. Dice Alfonso de Ulloa que las palabras corteses son las ganzúas de los corazones Se trata de alejarnos, en la forma y en el fondo de la ley de la selva. Se trata de hacer de este mundo una casa habitable.</p>
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		<title>Se me ha caído el precio</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Apr 2013 05:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace unos días, en la hermosa ciudad de Santiago de Compostela, compartí mesa y mantel con un grupo de maestras de Infantil y Primaria. Hablábamos de la importancia de la primera etapa educativa. Una etapa donde se producen aprendizajes de gran transcendencia. 
Un libro de Robert Fulghum tiene este significativo título: “Todo lo que necesito [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días, en la hermosa ciudad de Santiago de Compostela, compartí mesa y mantel con un grupo de maestras de Infantil y Primaria. Hablábamos de la importancia de la primera etapa educativa. Una etapa donde se producen aprendizajes de gran transcendencia. <div id="attachment_1920" class="wp-caption alignleft" style="width: 207px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/Creatividad.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/Creatividad-197x300.jpg" alt="" title="Creatividad" width="197" height="300" class="size-medium wp-image-1920" /></a><p class="wp-caption-text">Todo el mundo tiene potencial creativo</p></div></p>
<p>Un libro de Robert Fulghum tiene este significativo título: “Todo lo que necesito saber en la vida lo aprendí en el parvulario”. Haciendo memoria recuerdo algunos de esos importantes aprendizajes de los que habla el autor: lavarme las manos antes de comer, dormir la siesta, ordenar las cosas, respetar a los demás, decir lo siento mucho, dibujar, pintar, cantar, bailar…</p>
<p> Una de las maestras que estaban sentadas a la mesa contó que, en los primeros días del curso, una maestra de infantil había colocado en la espalda de los niños  y niñas una pequeña etiqueta con el nombre de cada escolar. Así podría llamarles por su nombre cuando estuvieran de espaldas. Uno de los niños se acercó a la maestra con su etiqueta en la mano. Se había desprendido y se había caído al suelo. El la recogió y se la dio a la maestra diciendo:</p>
<p>-	Seño, se me ha caído el precio.</p>
<p>Qué gracia. Qué ingenio. Una observación muy de nuestros días en los que todo tiene precio y etiqueta. Cuántas ideas, frases, reacciones y comportamientos cargados de espontaneidad, de chispa y de pensamiento divergente tienen los niños y las niñas.</p>
<p>El niño y la niña no se ven frenados por el miedo a equivocarse, por el temor a hacer el ridículo, por la angustia de la mala imagen… Hay quien piensa que esa creatividad natural va siendo atrofiada progresivamente en la escuela. “Un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido”, he leído estos días en una pared de  la ciudad de Málaga.</p>
<p>El profesor Ken Robinson sostiene, entre otro, que las escuelas (yo diría las malas escuelas) matan la creatividad. Idea que nos debe hacer pensar.  ¿Es así?</p>
<p>Uno teme que con la uniformidad de las acciones en la escuela, con las rutinas, se vaya recortando el pensamiento divergente. Hay que aprender las mismas cosas, de la misma manera, en los mismos tiempos y lugares… Todos lo mismo, todos al mismo tiempo y al mismo ritmo. Todos los días.</p>
<p>El curriculum impuesto deja poco margen para la autonomía, la participación creativa y los intereses particulares. Tanto del alumno como del profesor. Si la presión de los controles es muy fuerte, la creatividad queda sepultada por las prescripciones y por la necesidad imperiosa del éxito.</p>
<p>Una evaluación centrada en repeticiones obstaculiza el pensamiento creativo y divergente. Se acaba creyendo que existe una respuesta única, que esa respuesta la tiene la institución, que hay que aprenderla, que hay que repetirla, que no hay que discutirla…</p>
<p>Hablábamos en aquella comida de cómo se produce una erosión pedagógica a medida que se va avanzando en el sistema educativo, desde Infantil hasta la Universidad. Y repasábamos parcelas diferentes en las que se produce el deterioro:</p>
<p>No se concibe que una maestra de Infantil no  sepa el nombre de sus alumnos a los dos o tres días del comienzo, sin embargo puede suceder que un profesor universitario no se sepa el nombre de sus alumnos al finalizar el curso.</p>
<p>Los espacios de la Escuela Infantil están llenos de colores, de adornos creativos, de materiales motivadores, mientras que el espacio universitario es, frecuentemente, impersonal, frío y gris.</p>
<p>Las relaciones personales se cuidan intensamente y se procura que haya juegos, buen ambiente, clima de alegría y expresión de los afectos. Sin embargo, a medida que se avanza en el sistema se va perdiendo la espontaneidad y afectividad.</p>
<p>La metodología es más creativa, más dinámica, más participativa en la Educación Infantil que en las etapas siguientes. En estas, muchas formas de trabajo consisten en la explicación de los docentes. Y por eso se habla de “dar una clase”, de “impartir una clase”.</p>
<p>Incluso el autoconcepto y la autoestima se van empobreciendo. Si  preguntas a un niño si sabe dibujar dirá que sí, si le preguntas si sabe bailar dirá que sí, si le preguntas si sabe cantar dirá que sí… Es probable que un universitario responda a todo que no.</p>
<p>Recuerdo aquella anécdota que cuenta Ken Robinson. Una profesora le pregunta  a un niño qué es lo que está dibujando y éste contesta:</p>
<p>-	Estoy dibujando a Dios.<br />
-	Pero, nadie sabe cómo es Dios, precisa la maestra. A lo que el niño contesta.<br />
-   Espera un momento y lo verás.<br />
-<br />
No sé por qué no se ponen más en práctica técnicas que desarrollen la creatividad y no tanto la repetición.  Existen muchas técnicas que favorecen y ejercitan la creatividad. Los llamados ”proyectos de visión futura”, por ejemplo, pretenden que la mente funcione en un contexto hipotético o fantasioso. Por ejemplo: “Diseñe usted un automóvil que circule en otro planeta, que girará alrededor de otro sol, en el cual la atmósfera sea de metano. El automóvil utilizará oxígeno como carburante y será conducido por seres no humanos a cuya anatomía habrá de adaptarse el vehículo…”. </p>
<p>Alguna vez he hecho un ejercicio consistente en imaginar lo que sucedería en el mundo si, de pronto, desapareciese psicológica y físicamente la necesidad de dormir. La mente tiene desenvolverse en una situación inexistente.</p>
<p>Las “tormentas de ideas” también son aprovechables. A diferencia de los proyectos de visión futura,  en los que se exige lógica,  admiten todo tipo de ideas, racionales e irracionales, posibles e imposibles, sensatas e insensatas, morales e inmorales, costosas, baratas o gratuitas…</p>
<p>José Antonio Marina y Eva Marina han escrito un interesante libro titulado “El aprendizaje de la creatividad”. Coincido con su tesis de que la creatividad no es un lujo sino una estrategia de supervivencia. Desde niños sentimos el impulso de explorar, inventar, conocer, cambiar, innovar y crear. La creatividad es la facultad que nos permite sobrevivir y progresar en un entorno cambiante y acelerado.</p>
<p>La creatividad se puede cultivar o se puede atrofiar. No hay mejor forma de conseguir su desarrollo que crear una cultura sistemática que favorezca la innovación. Estos son los nueve principios que propone Ken Robinson para alcanzarla: Todo el mundo tiene potencial creativo, la innovación es hija de la imaginación, todos podemos aprender a ser más creativos, la creatividad mejora con la diversidad, a la creatividad le encanta la colaboración, la creatividad requiere tiempo, las culturas creativas son flexibles, las culturas creativas son inquietas, las culturas creativas necesitan espacios creativos.</p>
<p>Manos a la obra. Seremos más felices, aprenderemos muchas cosas, inventaremos otras desarrollaremos nuestras mentes y hasta, con un poco de suerte, encontraremos salidas a la crisis.</p>
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		<title>Una historia para despertar</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Apr 2013 05:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay historias para dormir e historias para despertar. Siempre nos han contado historias para acostarnos, para dormir. Aunque, si bien se mira, son especialmente valiosas las historias que ayudan no a dormir sino a despertar.
En realidad esta es una historia no de ficción, sino basada en hechos reales. Una historia que nos interpela sobre el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay historias para dormir e historias para despertar. Siempre nos han contado historias para acostarnos, para dormir. Aunque, si bien se mira, son especialmente valiosas las historias que ayudan no a dormir sino a despertar.<div id="attachment_1914" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/Derecho.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/Derecho-300x300.jpg" alt="" title="Derecho" width="300" height="300" class="size-medium wp-image-1914" /></a><p class="wp-caption-text">Todos estamos obligados a levantar la voz cuando vemos una injusticia. </p></div></p>
<p>En realidad esta es una historia no de ficción, sino basada en hechos reales. Una historia que nos interpela sobre el contenido y la finalidad de la enseñanza. He repetido muchas veces que no hay conocimiento útil si no nos hace mejores personas. La finalidad de la enseñanza no sería, a mi juicio, meter en la cabeza de los estudiantes una serie de datos, principios o informaciones inertes, sino un conocimiento que movilice la voluntad hacia el bien.</p>
<p>Quiero compartir hoy con los lectores y lectoras una historia para reflexionar sobre nuestra labor como profesores y profesoras. La he leído en un blog llamado La página de Valeria Torres. Se trata de una historia sobre las tan repetidas quejas sobre la falta de interés de las clases y la consiguiente falta de atención por parte de nuestros alumnos hacía aquello que les explicamos. Muestra el camino para atrapar, para atraer, para “enamorar” a nuestros alumnos y alumnas. Una herramienta para luchar contra la desmotivación y la apatía. Y, sobre todo, para ayudar a pensar y a convertir la enseñanza no en una mera acumulación de conocimientos sino como un instrumento para comprender la realidad y para comprometerse con su mejora.</p>
<p>Cuenta la historia una de las alumnas presentes en la clase donde y cuando suceden  los hechos, Ella es testigo de lo que sucede y cuenta sus impresiones y la repercusión que tuvo en ella la lección. </p>
<p>La historia transcurre el primer día de clase cuando el nuevo profesor entra en el aula y sin tan siquiera presentarse, ni plantear los objetivos, ni el programa de su asignatura, ni la metodología que se va a seguir, ni el proceso de evaluación que va a llevar a cabo,  lo primero que hace es dirigirse a uno de los alumnos que está sentado en la primera fila, preguntándole su nombre </p>
<p>- Me llamo Luis, profesor, contesta el alumno, un tanto sorprendido y desconcertado.</p>
<p>Lo segundo que hace es gritarle a Luis y exigirle que salga de la clase inmediatamente. El alumno le mira con incredulidad y asombro. Quiere preguntar y hasta protestar, pero el profesor no le da oportunidad.</p>
<p>- Salga inmediatamente. Cierre la puerta al salir. ¡No le quiero ver más aquí!, le grita imperativamente.</p>
<p>Temblando de nervios y rabia, toma sus cosas y sale sin decir una palabra y sin olvidarse de dar un portazo para cerrar la puerta.</p>
<p>Hasta aquí los hechos y ahora la vivencia de una de las compañeras de Luis. “Todos nos quedamos asombrados y en completo silencio. Mientras el profesor  sacaba un libro de su maletín, yo le miraba y pensaba que era un completo idiota, un déspota indecente y que seguramente nos haría la vida imposible todo el semestre. ¡Qué tipo tan insoportable!</p>
<p>Finalmente tomó asiento y preguntó qué materia nos iba a impartir.</p>
<p>¡Que ridículo! ¡Ni siquiera sabía a qué venía!, pensé. Todos, al mismo tiempo, sacamos nuestro horario de clases y dijimos al unísono: ¡Introducción al Derecho!</p>
<p>- Muy bien. ¿Alguien tiene idea de qué se va a tratar en esta clase? ¿Alguien intuye de qué va la asignatura?</p>
<p>Algunos, que querían impresionar al nuevo profesor, levantaron la mano. Él señaló a uno de ellos, quien de inmediato dijo que trataría del estudio de las leyes.</p>
<p>-	Muy bien. ¿Alguien sabe para qué sirven las leyes?</p>
<p>La pregunta provocó varias respuestas. Para tener una sociedad organizada. No es exacto, dijo el profesor. Para que todos estemos obligados a cumplirlas. No. Para saber quiénes son los criminales. No&#8230; Y así, uno por uno&#8230; hasta que alguien dijo la palabra mágica que el profesor buscaba&#8230; Para que haya justicia.</p>
<p>-¡Ajá! Justicia. ¿Qué es la justicia?</p>
<p>La justicia es no permitir que se violen los derechos de los demás. Bien, ¿qué más?&#8230; La justicia sirve para regular las conductas de las personas. Bien, ¿qué más?&#8230; La justicia es buscar que cada persona obtenga lo que se merece.</p>
<p>- Bien, muchachos. Bien. Ahora díganme&#8230; ¿Ustedes creen que hice bien en expulsar a su compañero del aula? ¿Fue un comportamiento justo?</p>
<p>Silencio. Miradas de unos a otros.</p>
<p>- ¿Hice bien? ¿Sí o no?</p>
<p>- ¡Nooo!, gritamos convencidos y a la vez indignados.</p>
<p>- ¿Cometí una injusticia?</p>
<p>- ¡Sííí!, dijimos al unísono</p>
<p>-	Y ¿por qué nadie dijo nada? ¿De qué sirven las leyes, las normas y los reglamentos si no tenemos el valor de aplicarlos? Todos estamos obligados a levantar la voz cuando vemos una injusticia. Ustedes y yo. ¡Nunca se queden callados! </p>
<p>Tras una breve pausa añadió: </p>
<p>- Que alguien vaya a buscar a Luis.</p>
<p>Silencio. Todos nos mirábamos con sonrisas idiotas. Alguien salió a buscar a Luis.</p>
<p>Esa mañana me enamoré de mi profesor de Introducción al Derecho”.</p>
<p>Esa es una lección que interpela. Esa es una lección que probablemente no se les olvide nunca. Ni a Luis ni a sus compañeros de clase. Si esa mañana el profesor hubiera repartido su programa de la asignatura y formulado, para su inevitable copia, unas definiciones teóricas tomadas de cualquier manual o de su propia cosecha, es probable que los estudiantes  hubieran salido de la clase con las ideas claras sobre la epistemología de la asignatura, pero no se hubiese movido un ápice el compromiso de sus vidas con la mejora de la sociedad.</p>
<p>¿Alguien conoce una forma más contundente de explicar los objetivos de una asignatura?</p>
<p>La historia plantea la sutil diferencia entre mostrar y demostrar, una de las claves de la verdadera educación transformadora. </p>
<p>¿Para qué sirve aprender? Si hiciéramos esta pregunta a muchos alumnos es probable que algunas contestaciones se limitasen a decir: para aprobar. Respuesta que llevaría a una nueva pregunta: y, ¿para qué queremos aprobar? Para obtener un certificado. Y, ¿para qué queremos el certificado?&#8230; Encadenadas preguntas y respuestas de esta naturaleza, acabaríamos por concluir que ese estúpido juego no vale para nada. O, al menos, no sirve para tener una vida más digna y hacer una sociedad más justa.</p>
<p>Además del componente ético que encierra la anécdota, quiero hacer hincapié en otra cuestión importante. Me refiero a la capacidad del profesorado de captar la atención de los alumnos y alumnas. Eso que he llamado en alguna ocasión la capacidad de “poner una vaca púrpura en las clases”. Es decir, algo llamativo, algo extraordinario, algo que atraiga y provoque admiración y curiosidad.</p>
<p>Es más fácil entregarse a las rutinas y repetir lo que siempre se ha hecho y lo que muchos y muchas hacen. Como si nada nuevo hubiese sucedido. Como si fuera igual la Edad Media, que la galaxia Gutenberg, que la era audiovisual, que la era digital. Es decir, subirse a la tarima y pedir que los alumnos abran el libro por la página veinticinco. O, empezar a dictar apuntes. Como si no fuera más lógico dárselos fotocopiados o remitirles a una plataforma digital a la que podrían acceder desde sus casas. La capacidad de seducción resulta decisiva en la enseñanza. </p>
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		<title>Islotes de palabras</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Apr 2013 05:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace ya tiempo que una lectora de este blog, que formó parte del Cine Club juvenil que fundé en Tui (Pontevedra) hace casi cuarenta años, me pidió que dedicase algún artículo al cine. Hoy es el día. Y espero que no sea el último. Su invitación, y una película que acabo de ver y de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace ya tiempo que una lectora de este blog, que formó parte del Cine Club juvenil que fundé en Tui (Pontevedra) hace casi cuarenta años, me pidió que dedicase algún artículo al cine. Hoy es el día. Y espero que no sea el último. Su invitación, y una película que acabo de ver y de la que hablaré brevemente más adelante, han fraguado la decisión.<div id="attachment_1909" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/cine.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/cine-300x256.jpg" alt="" title="cine" width="300" height="256" class="size-medium wp-image-1909" /></a><p class="wp-caption-text">En un mundo saturado de imágenes, la escuela no puede seguir siento un islote de palabras.</p></div></p>
<p>El cine es un modo de expresión de enorme potencia. Recibimos un porcentaje altísimo de información a través de las imágenes. En el año 1984 publiqué el libro “Imagen y educación” en el que expliqué la importancia que tiene el cine como lenguaje a través del cual se hace posible recibir y transmitir mensajes y la necesidad de plantear una formación rigurosa, sistemática y sugerente para entender y disfrutar esos mensajes. Para poder asimilar ese enorme caudal de información –decía entonces- apenas si existe formación sistemática. Cuando lo reviso ahora, después de tantos años, veo que muchos de los planteamientos que allí hacía siguen teniendo plena vigencia.</p>
<p>Estoy dirigiendo una tesis doctoral, que está realizando con pasión y buen tino, mi querido amigo Raúl Rojano. Está estudiando cómo se utiliza el cine en la formación de los estudiantes de la Facultad de Educación de la Universidad de Málaga. Parece lógico pensar que si los maestros y maestras tienen que enseñar estos códigos de expresión a sus futuros alumnos y alumnas, antes los tienen que aprender ellos. Algunos profesores utilizan el cine como un simple auxiliar didáctico, pero son muy pocos quienes entienden que el cine es un lenguaje con un código propio que hay que entender y en el que las personas se pueden expresar.</p>
<p>Con una buena formación se pueden conseguir tres objetivos. El primero, no dejarse engañar por quienes hábilmente manejan estos lenguajes. No me refiero solamente al uso del lenguaje subliminal. El segundo es la capacidad de apreciación de aquellos mensajes que tienen calidad y aquellos otros que solo son pura bazofia. El tercero es la capacidad de expresar ideas y emociones a través de este lenguaje.</p>
<p>Hay muy pocas personas que fabrican imágenes en un país y millones que las consumen. Al ser analfabetos en ese código es muy fácil la manipulación del espectador. Y es casi imposible la expresión de ideas y emociones en un lenguaje del que se desconocen los códigos.</p>
<p>Ante la pantalla hay que situar a un espectador inteligente, capaz de descubrir las trampas y de valorar la calidad de los mensajes. De lo contrario, los productores de imágenes seguirán ofreciendo unos productos tramposos y de baja calidad. ¿Por qué  existió en Francia la nouvelle vague? Porque existían directores con talento como François Truffaut, Eric Rommer, Jean-Luc Godard…, sí, pero también porque ese cine le gustaba a las personas que acudían a verlo. Por eso, una entrada en una taquilla es un voto a favor de un tipo de cine.</p>
<p>La principal preocupación de los agentes educativos ha sido la protección del menor respecto a la contemplación de imágenes potencialmente nocivas. “No veas ese programa”, “no vayas a ver esa película”… han sido los objetivos prioritarios. Como si se pudiese aprender a ver cine o televisión por arte de magia. Algunos abren a la vez los ojos y la boca. Se lo tragan todo.  Hace unos años se colocaba un rombo o dos en la pantalla para advertir a los espectadores del potencial dañino de las imágenes. Un padre dibujó por fuera de la pantalla dos espléndidos rombos…</p>
<p>La pregunta no puede ser más clara: ¿Qué hacemos en la casa y en la escuela para que nuestros hijos y alumnos aprendan a ver cine y televisión? En un mundo saturado de imágenes, en una iconosfera como esta en la que vivimos inmersos, la escuela (y con mucha más razón la Facultad que forma a los futuros maestros y maestras) no puede seguir siendo un islote de palabras. </p>
<p>Ver una película no es solo entender la trama, es comprender el mensaje y descifrar su significado. ¿Qué ha querido decir el director?  ¿De qué va esta película? ¿Cómo está contada la historia? ¿Cómo está elaborado el mensaje?¿Con qué fuerza está explicado? </p>
<p>Puesto que el cine nació como un espectáculo de barraca, muchos intelectuales lo despreciaron como un vehículo adecuado para expresar ideas. Poco a poco se fue comprobando que, a través de una película, se podían expresar las tesis más ambiciosas y más complejas.</p>
<p>Me voy a referir como ejemplo, a una obra de John Sturges (no Preston Sturges, sino John), ya muy antigua, que se encuadra en el género del oeste. Sturges es un buen director. Un buen artesano. Un magnífico narrador de historias. Todo el mundo recordará algunas obras suyas como “Los siete magníficos”, “La gran evasión”, “Fort Bravo”, “Duelo de titanes”…  En 1959 estrenó “El último tren de Gun Hill” (The last train from Gun Hill) que, en mi opinión, es un alegato a favor de la educación. </p>
<p>Nunca olvidé, desde la primera vez que la vi, hace muchos años, cuando hice en Valladolid la Diplomatura de Cinematografía, la frase que cierra el guión y que pronuncia antes de morir el fantástico actor Anthony Quinn. </p>
<p>-	Edúcalo bien, Matt.</p>
<p>-	Matt es su íntimo amigo en la historia. Matt, que acaba de ver morir al hijo de su amigo, tiene también un hijo. El agonizante Quinn le pregunta por la edad que tiene el hijo de su amigo. </p>
<p>-	Ocho años.</p>
<p>Es entonces cuando le ofrece ese  sabio consejo que él no ha sabido darse a sí mismo. Esa es la tesis. Ese es el núcleo temático al que sirve toda la narración, llena de dramatismo. Quinn tiene un hijo a quien  ha consentido todo, que se ha convertido en un abusador, un racista y un asesino. Y todo ello, que va a llevarle a la silla eléctrica, le conduce prematuramente a una absurda muerte.</p>
<p>Kirk Douglas, cuya mujer, una joven  india, ha sido asesinada, descubre que el asesino es el hijo de su mejor amigo y en su condición de sheriff decide que se haga justicia. Se enfrenta a Anthony Quinn, a la sazón cacique de Gun Hill. Tendrá para ello que enfrentarse a su amigo y a todo el pueblo al que tiene sometido a su única ley. Quiere llevarse al chico al tren de las 21 horas (el último tren de Gun Hill). Antes de subirse al mismo ocurren las muertes del padre y de hijo.</p>
<p>(No quiero reventar la película al espectador. Una cosa es que la trama no sea lo más importante y otra que el articulista le robe al espectador la clave de la intriga. Me ha gustado siempre aquella vieja historia del acomodador de cine que se quiere vengar del espectador que le ha dado una raquítica propina y que se acerca sigilosamente a él durante la proyección y le dice al oído: El asesino es el sheriff).</p>
<p>La educación no es, según la tesis que se mantiene en la película y que yo comparto plenamente, la sobreprotección que impide crecer, la concesión de todos los caprichos que acaba debilitando el carácter, la falta de exigencia, la falta de responsabilidad y de esfuerzo… Se ve claramente en esta obra de Sturges. Ha explicado de forma meridiana que una vida puede ser destruida por una mala educación.</p>
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		<title>Vuelva dentro de quince días</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Apr 2013 05:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estoy escandalizado por los casos de corrupción que nos estallan cada día en pleno rostro. Aunque no soy de los que piensan que estemos metidos en un lodazal y que la corrupción es generalizada, creo que no se pueden soportar tantos casos de mal ejemplo en la esfera del poder. 
En una democracia es doblemente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy escandalizado por los casos de corrupción que nos estallan cada día en pleno rostro. Aunque no soy de los que piensan que estemos metidos en un lodazal y que la corrupción es generalizada, creo que no se pueden soportar tantos casos de mal ejemplo en la esfera del poder. <div id="attachment_1903" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/Azúcar.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/04/Azúcar-300x198.jpg" alt="" title="Azúcar" width="300" height="198" class="size-medium wp-image-1903" /></a><p class="wp-caption-text">- Hace quince días yo comía azúcar.</p></div></p>
<p>En una democracia es doblemente repugnante la corrupción porque las personas que acceden al poder están puestas ahí por el pueblo. De modo que quienes son elegidos para gobrernar, quienes son depositarios de la confianza del electorado, quienes son designados por el pueblo para la administración de los bienes y servicios, se aprovechan de esa confianza para burlarse de él y llevarse de forma fraudulenta su dinero.</p>
<p>No digo que en una dictadura la corrupción esté más  justificada. La dictadura es la corrupción. Pero, en una democracia estos casos reiterados de abuso de poder (aunque se hagan públicos, se denuncien y se juzguen) acaban por desacreditarla, amenzarla y  destruirla. </p>
<p>Si los grandes triunfadores del sistema educativo que son quienes han llegado más alto, es decir, quienes gobiernan los pueblos, no solo no están preocupados porque exista justicia sino que ellos mismos se onvierten en la encarnación de quien la destruye, ¿por qué hablamos de éxito del sistema educativo?</p>
<p>Me repugna que aquellos banqueros en los que la gente deposita su confianza para que custodien su dinero, acaben robándoselo con artes que los clientes desconocen. Esta misma mañana he oído en la radio el caso de unos bancos de Mataró que han robado a sus clientes todos los ahorros de su vida mientras los responsables de esas entidades se han llevado el dinero a expuertas.</p>
<p>Me indigna que quienes más saben (quienes se han beneficiado más de la enseñanza pública, quienes más han recibido de la sociedad en su formación) utilicen ese conocimiento para robar, explotar y engañar mejor al prójimo. </p>
<p>Y eso es lo que sucede también con quienes, desde situaciones de responsabilidad educativa, hacen daño a quienes tienen el deber y la responsabilidad de cuidar, de guiar y de  apoyar en su desarrollo. No es justo que quien tiene que cuidar, destruya; que quien tiene que guiar, desoriente y que quien tiene que apoyar, desmorone.</p>
<p>No sé qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando, quienes deben dar ejemplo, quienes están en la cima de la sociedad muestran esos comportamientos tan despreciables. ¿Qué autoridad nos asiste para decirle a los niños y jóvenes cómo deben comportarse?</p>
<p>No hay forma más hemosa y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Suelo decir que educamos como somos, no como decimos que los demás deben ser. De forma muy insistente sermoneamos a nuestros  hijos y a nuestros alumnos tratándoles de aconsejar sobre el modo deseable de comportarse, olvidando muchas veces que nuestras acciones contradicen nuestras palabras.</p>
<p>No sé si el lector conocerá la anécdota que se cuenta de  Mahatma Gandhi acerca de la importancia del ejemplo. De cualquier manera, es bueno recordarla y reflexionar sobre ella.</p>
<p>Una madre le llevó a su hijo de seis años y le dijo a Mahatma Ghandi:</p>
<p>- Se lo ruego, Mahatma, dígale a mi hijo que no coma más azúcar, es diabético y arriesga su vida haciéndolo. A mí no me hace caso y estoy sufriendo por él.</p>
<p>-	Lo siento, señora, ahora no puedo hacerlo. Traiga a su hijo dentro de quince días.</p>
<p>Sorprendida, la mujer le dio las gracias y le prometió que haría lo que le había pedido. Quince días después, volvió con su hijo. Gandhi miró a los ojos al muchacho y le dijo:</p>
<p>-	Chico, deja de comer azúcar.</p>
<p>- ¿Por qué me pidió que lo trajera dos semanas después?, preguntó, desconcertda, la madre. Podía haberle dicho lo mismo la primera vez.</p>
<p>Gandhi respondió:</p>
<p>- Hace quince días yo comía azúcar.</p>
<p>En del ámbito educativo es fundamental hablar con los hechos. Gandhi entendía que le faltaba autoridad para decir a alguien que no comiera azúcar mientras él la comía. La autenticidad consiste precisamente en eso, en no engañarse a uno mismo. Y en no engañar a los demás. Podía haberle dicho a la madre y a su hijo en la primera visita que no es bueno comer azúcar. Ellos no tenían por qué saber que él lo hacía, pero la coherencia y la autenticidad le impidieron decirlo.</p>
<p>¿Cuántas veces contradice nuestra forma de ser lo que expresamos con las palabras? Voy a poner algunos ejemplos de la familia, de la escuela y de la sociedad en los que los hechos contradicen los consejos.</p>
<p>Cuando loa padres y las madres les decimos a los hijos e hijas que no tienen que decir mentiras, deberíamos repasar nuestros comportamientos y pensar en las veces que, delante y detrás de ellos, engañamos.</p>
<p>Cuando les decimos que lean, que estudien, que los libros son importantes, y no nos ven nunca leer un libro, ni estudiar, ni preocuparnos por el saber, nuestro consejo pierde todo su valor.</p>
<p>La escuela tiene la pretensión de educar a los alumnos y alumnas, de enseñarles a vivir en una sociedad ejemplar. Para conseguirlo elabora reglamentos e imparte consignas de forma casi constante, olvidando, a veces, que los alumnos y las alumnas tienen más en cuenta lo que ven que lo que oyen.</p>
<p>Cuando les decimos que trabajen en equipo, que se ayuden, que cooperen, que sean solidarios, que escuchen y se respeten unos a otros y nos pueden decir que por qué no nos hablamos con quien entra antes en la misma clase, esa recomendación queda desvirtuada.</p>
<p>Si en la escuela hay un programa muy bien estructurado de coeducación pero los docentes varones  se permiten hacer bromas procaces respecto a sus compañeras, todas las pretensiones coeducativas quedan aniquiladas.</p>
<p>La sociedad no debe permanecer ajena al proceso de socialización de los niños y jóvenes. Es decir, debe ofrecer pautas para el aprendizaje de la ciudadanía. Pero, si los comportamientos de los adultos contradicen las propuestas de horadez, de nada servirán los discursos.</p>
<p>Cuando los polìticos nos dicen que cumplamos con nuestros deberes ciudadanos, que paguemos nuestros impuestos, que  respetemos la propiedad ajena y nos enteramos de que algunos tienen el dinero robado en paraisos fiscales, esa demanda queda devaluada.</p>
<p>Cuando en el Congreso los parlamentarios se insultan con persistencia y poco ingenio, de nada servirán las peticiones de respeto a la dignidad que se lanzan oficialmente.</p>
<p>Cuando los sacerdotes predican la castidad a sus fieles y estos saben que ellos mismos abusan de menores, esa exigencia queda reducida a pavesas.</p>
<p>Cuando en la televisión se grita, se insulta y se discute sin escucharse, de poco servirán las consignas de respeto a la dignidad de todas las personas y al necesario respeto a quien habla.</p>
<p>Todos podemos encontrar ejemplos en los que la realidad contradice los discursos, en los que la práctica niega la teoría, en los que los hechos ensombrecen las palabras. Deberíamos callarnos hasta que pudiésemos decir con nuesrtra forma de vivir: así ha de ser la vida. </p>
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		<title>El saltamontes no oye</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Mar 2013 05:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre me ha parecido llamativa la facilidad y la arbitrariedad con la que establecemos los nexos causales que nos interesan. Una cosa son los hechos y otra las relaciones que establecemos entre ellos. Planteamos nexos de causalidad de forma constante. “Esto ha sucedido por esto”, decimos sin  la menor vacilación. “Esto va a suceder por esto”, anunciamos con sorprendente contundencia. Como si esas conexiones fuesen siempre palmarias e indiscutibles. <div id="attachment_1898" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/03/Saltamontes.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/03/Saltamontes-300x225.jpg" alt="" title="Saltamontes" width="300" height="225" class="size-medium wp-image-1898" /></a><p class="wp-caption-text">Cuando  a un saltamontes se le cortan las patas, no oye.</p></div></p>
<p>Atribuimos a la intervención divina un hecho que nos ha sucedido sin tener constancia alguna de la conexión causa/efecto.“Dios nos salvó de la muerte”, dicen los supervivientes del accidente aéreo, sin caer en la cuenta de que al decir eso, afirman que condenó a muerte a los que fallecieron. Explicamos que los alumnos han suspendido porque no tienen capacidad o preparación o interés, sin tener en consideración que puede haber muchas otras causas, entre ellas la incompetencia de los docentes o la estupidez del currículo. El partido del gobierno dice que todo el problema económico actual proviene de la herencia que le ha dejado el partido socialista. La causa del paro era para el PP el mal gobierno de Zapatero y el incremento de un millón de parados que se ha producido con el actual gobierno es también para el PP consecuencia de aquella forma de gobernar. En definitiva que utilizamos sin cesar la lógica de autoservicio. Un mecanismo intelectual que le hace hablar a la realidad para que nos de la razón.</p>
<p>La fe es una fuente de causalidades frecuentemente gratuitas. Los creyentes dicen sin ambages que ha sido el Espíritu Santo quien ha inspirado a los cardenales la elección del actual Pontìfice. ¿Cómo se puede demostrar esa causalidad? Dicho sea con todo mi respeto a los creyentes. Las oraciones son estrategias que pretenden establecer la causalidad entre lo bueno que nos pasa y el favor divino. Recuerdo que, en una lejana investigación que hicimos sobre la educación diabetológica, algunos padres/madres atribuían la enfermedad del hijo a un castigo que habían recibido por algo malo que habían hecho en el pasado.</p>
<p>Otra fuente de causalidad arbitraria es la supersptición. Esto me ha pasado porque he visto un gato negro (resulta curioso saber que en Irlanda el gato negro es símbolo de buena suerte). Como es martes, día 13, lo malo que suceda  ese día tendrá su origen en la fecha. ¿Qué rigor tienen estas afirmaciones?</p>
<p>Podría seguir poniendo ejemplos de forma ininterrumpida porque la frecuencia con la que manejamos la atribución causal es casi constante. Y, desde luego, poco rigurosa. Esta arbitrariedad responde casi siempre a intereses más o menos camuflados, más o menos legítimos, más o menos confesables. Cuando nos interesa llegar a una conclusión hacemos que los datos hablen a nuestro favor. Los datos, sometidos a tortura, acaban confesando lo que quiere quien los maneja.</p>
<p>Voy a traer a colación una pequeña anécdota que refleja muy bien lo que estoy diciendo. Supongamos que tengo un saltamontes en la palma de la mano izquierda. Y le digo imperativamente mostrándole la palma de la mano derecha:</p>
<p>-	¡Saltamontes, salta!<br />
Y salta.<br />
Cuando le tengo en la palma de la mano derecha le vuelvo a decir mostrándole la otra mano:<br />
-	¡Saltamontes, salta!<br />
Y salta.</p>
<p>Cuando se encuentra en la palma de la mano izquierda le corto todas las patas (es sólo un ejemplo, que nadie se asuste por el imaginario maltrato) le vuelvo a decir:<br />
-	¡Saltamontes, salta!</p>
<p>Y ahora no salta. Entonces saco la conclusión: Cuando  a un saltamontes se le cortan las patas, no oye.</p>
<p>Claro que puedo sacar esa conclusión, pero está muy claro  también también que es completamente gratuita. </p>
<p>Los procesos de atribución que manejamos en la vida nos llevan muchas veces al autoengaño. Y, lo que es más grave, son utilizados para engañar y agredir al prójimo. Frecuentemente son utilizados en el debate político para atacar al  adversario. Te propongo, querido lector o lectora, que analices un discurso político o un mitin y descubras cuántas atribuciones se hacen a la ligera. </p>
<p>Respecto a esta parcela me remito al libro “Aristóteles y un armadillo llegan a la capital”, libro que los autores (Thomas Cathcart y Daniel Klein) subtitulan de esta manera: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. En la primera de las ilustraciones se puede ver a varias personas en la Sede de Campaña electoral. Una de ellas dice a las demás: “Es un buen discurso… sólo hay un par de puntos que necesitan un poco más de confusión”.</p>
<p>No me puedo evadir de otro campo en el que las atribuciones se hacen con excesiva frecuencia y ligereza. Me refiero al campo educativo. Un campo en el que, además, no suele suceder que si A entonces B, sino algo mucho más problemático: si A, entonces B, quizás. ¿Cuántas veces hemos oído decir que el bajo nivel de los alumnos y alumnas actuales se debe al influjo nefasto de la LOGSE?Sin duda, muchas, Pero, ¿existen pruebas? Sí, existen, pero de la afirmación contraria.</p>
<p>También en este segundo bloque que he elegido para ejemplificar el problema de los procesos atributivos  interesados quiero hacer mención a un libro que desmonta con humor muchos tópicos y muchos estereotipos en los que se atribuyen de forma ligera determinados efectos a determinadas causas. Se trata de  “Retrato canalla del malestar docente. Una defensa inteligente y mordaz del actual sistema educativo frente a los tópicos anti-LOGSE”, escrito por Juan José Romera, profesor de Lengua y Literatura en un IES de Málaga. Altamente aconsejable.</p>
<p>Hay un tercer campo en el que las atribuciones son, si cabe, más frecuentes y arbitrarias. Me refiero, como planteaba más arriba, al campo religioso. Cuando los feligreses sacan en procesión al santo patrón para invocar que su intervención traiga la lluvia, ¿se puede establecer el nexo causal entre la lluvia que realmente cae horas después y las oraciones de los fieles? ¿Cómo se puede probar? Cuando el futbolista sale al campo y hace la señal de la cruz pidiendo a Dios que le ayude a realizar un buen partido, ¿se puede establecer un nexo causal entre su gesto suplicante y el hecho de que después marque un gol? Me remito también aquí a un estupendo libro de  Luis Rojas Marcos que lleva por título “Superar la adversidad”. En él podemos leer lo que sigue: “Las explicaciones positivas estimulan la confianza en uno mismo. Así, la explicación “Nos salvamos del accidente porque soy un buen conductor y tengo excelentes reflejos” es más reconfortante que “No nos matamos porque Dios no quiso”. Sería un buen ejercicio de racionalidad analizar una homilía y ver cuántas atribuciones se hacen de manera poco fundada.  </p>
<p>Hay que ponerse a la tarea de buscar nexos causales arbitrarios en cualquiera de las parcelas de la vida. Eso es la educación: pasar, como decía Paulo Freire, de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica. Dejarse engañar es malo. Perro engañarse uno a sí mismo es peor. Seamos rigurosos. En honor a la verdad.</p>
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		<title>De espléndida a pésima</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Mar 2013 05:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Ángel Santos Guerra</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos meses tuve la suerte y el honor de impartir en Úbeda la lección inaugural del curso académico en la Escuela Universitaria de la SAFA (Universidad de Jaén). Una de las personas que asistió a la conferencia tuvo la amabilidad de  hablar conmigo al terminar y de contarme sus vivencias en el sistema ¿educativo?. Le pedí que me escribiera su historia porque creo que nos vendría bien a todos y a todas pensar en ella. Una historia muy dura, por cierto. Voy a dedicar el artículo de hoy a contarla sucintamente tomando prestadas algunas palabras de su protagonista. Este artículo es, pues, más suyo que mío.<div id="attachment_1892" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/03/Puño.jpg"><img src="http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/files/2013/03/Puño-300x199.jpg" alt="" title="Puño" width="300" height="199" class="size-medium wp-image-1892" /></a><p class="wp-caption-text">. La mano que estaba destinada a cuidar y guiar se convirtió en un puño que golpeó sin piedad.</p></div><br />
Ella me ha autorizado a publicar los nombres de víctima y verdugo, pero he preferido mantenerlos en el anonimato, ya que no es necesario romper ese silencio para avivar la reflexión y despertar el compromiso. En educación debemos ser honestos, no crueles.<br />
“Hasta la edad de 16 años, dice, fui una niña muy comprometida con mis estudios y motivada por aprender al máximo de todo lo que me enseñaban mis profesores (…). En Secundaria, siempre estaba atenta y dispuesta ante cualquier sugerencia del profesor. Nunca me llamaban la atención en clase ni me distraía hablando.<br />
Mis notas eran muy buenas y mi comportamiento ante mis profesores  excepcional. Quería tener el beneplácito de mis docentes, ser premiada de cualquier forma por mi conducta. Valoraba por encima de todo que mis profesores estuvieran contentos conmigo y con mi esfuerzo, así que nada me distraía de esta intención. He sido y soy muy familiar, para mí la familia lo es todo, sobre todo mi madre, que es mi meta a seguir en lo personal.<br />
Al llegar a bachillerato todo estaba bien, hasta que conocí a Don X, mi profesor de Geografía e Historia y Filosofía. A mí me gusta mirar más allá de lo aparente, y veía que era un hombre amargado por su vida privada, que traspasaba esa rabia al aula (…).<br />
Al ser una persona premiada por mis logros, no entendía el comportamiento aversivo de Don X. Normalmente le gustaba ser irónico y se reía de los compañeros cuando hacían algo mal. Se mofaba de todos y mis compañeros le reían las gracias… Hasta que llegó a mí, a la alumna perfecta a la que todo le salía bien. No estaba preparada para ello ni tenía las herramientas adecuadas para afrontarlo. Ahí se desbordó mi debilidad, me frustré y exploté por dentro. Para otros sería algo exagerada mi reacción, tampoco era para tanto, pero para mí sí lo fue, encontró el botón para desenchufar mi burbuja.<br />
Todo sucedió porque él pasaba a diario por cada mesa para comprobar que llevábamos los deberes hechos. Ponía positivos si estaban y negativos si no. Antes de que pasara me di cuenta de que no los había traído, le dije que me había traído otro cuaderno y olvidé traerlos a clase. Pero él no me creyó y de forma burlona empezó a amenazarme con ponerme mala nota, ya no era un negativo, sino bajarme la nota. Puede que ni siquiera pensara hacerlo, y que solo era una regañina, pero yo lo creí, además me sentí ridiculizada ante mis compañeros que respondían a sus payasadas. Rompí a llorar, no supe afrontar la situación y me vine abajo. Nada más acabar la clase teníamos recreo y empecé a notar hormigueo en los dedos, uno por uno. Pasó a hormiguear parte de mi cara, lo noté extraño pero no le di mayor importancia.<br />
Al acabar el recreo, en clase de latín, mientras explicaba el profesor, mi cerebro parecía haberse descodificado. Escuchaba al profesor hablar en un lenguaje que no comprendía, y no era el latín. Al ocurrirme esto, intenté comunicárselo a mi amiga pero mis palabras tampoco tenían sentido al salir de mi boca. No conseguía ordenarlas y hablaba en un idioma inventado. Entonces me asusté y mi amiga me llevó andando a casa. Al llegar noté mucho dolor en la cabeza, angustia y adormecimiento en las extremidades, veía flashes e iba a más. Mi madre, muy asustada me llevó al hospital y corriendo me llevaron a urgencias donde me hicieron pruebas para descartar posibles enfermedades graves. Estaba semiinconsciente y me trasladaron en ambulancia a Jaén para hacerme un TAC. Descartado esto, volví a observación al hospital de Úbeda donde me hicieron la última prueba posible, sacar líquido de mi médula espinal. Al no encontrar nada, pensaron en las migrañas. No habían conocido un caso tan grave de migrañas, habían visto síntomas sueltos, pero no todos a la vez.<br />
Creo que ese día fue el principio de mi fracaso. Me vine abajo por completo y empezó a afectarme en otras asignaturas, mi rendimiento había caído en picado y empezaron a quedarme 4 o 5 asignaturas. En septiembre pude recuperar alguna y pasar de curso, pero no cambió mucho. Mis padres no entendían lo que me pasaba ni yo supe explicarles el por qué de este cambio tan abismal. Mi madre se decepcionó mucho y toda mi familia también. Pasé de ser espléndida a pésima(…)”.<br />
Hasta aquí, algunos fragmentos de su relato. Un relato que me impresionó cuando me lo contó personalmente. Resulta triste ver cómo una trayectoria excelente se trunca por el encuentro con un mal docente. A Don X le pagaban un sueldo por hacer lo que hizo. Es decir, por hundir a una persona. El daño fue causado no por un ciudadano cualquiera sino por quien tenía el deber y de ayudarla. La mano que estaba destinada a cuidar y guiar se convirtió en un puño que golpeó sin piedad.<br />
No se puede aceptar este tipo de actuaciones profesionales.  Un mal profesor es como un lanzador de cuchillos con la enfermedad de Parkinson. ¿Nos parecería bien que operase a una hija nuestra un cirujano ebrio?<br />
Esta chica pasa de ser espléndida a ser pésima, como ella misma dice, por la intervención de quien tenía el deber de ayudarla a crecer. Ese profesional ha invertido el sentido de su tarea. No ha sido una ayuda sino una lacra. La tarea no ha sido beneficiosa sino tóxica. ¡Cuánto hubiera dada esa mujer por no haberse cruzado con ese docente en su camino escolar. ¡Con la cantidad de personas que hasta pagarían por hacer bien esa tarea! ¡Con la cantidad de excelentes profesores que han visto aniquiladas por las circunstancias sus ansias de ser ejercer esta profesión.<br />
Esta es una tarea comprometida. Para bien o para mal. No es una tarea aséptica que se pueda desempeñar sin repercusiones. “A mi me salvaron la vida (no dice el curso, dice la vida) tres profesores que tenían una característica común: nunca soltaban a su presa”, dice Pennac en su estupendo libro “Mal de escuela”. En otros casos, como el que nos ocupa, la repercusión es la inversa. Ella podría decir: “A mí me destruyó la vida el encuentro con un docente”. He aquí nuestra responsabilidad. He aquí el riesgo y la oportunidad. La cara y la cruz de una moneda de altísimo valor.<br />
A la víctima de esta historia le digo que hay que saber construir con dos signos menos un signo más. Que ninguna herida es un destino. Y que las dificultades, cuando se superan, pueden enseñarnos y fortalecernos.</p>
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