Docentes jubilados en Cantabria

El pasado viernes, 29 de enero, tuve la feliz oportunidad de participar en un doble homenaje. Uno de carácter genérico, ya que se celebraba el día del Docente en la Comunidad cántabra y otro más específico, ya que en el mismo acto se rendía tributo de gratitud y felicitación a los docentes que se jubilan en el presente curso, casi doscientos, aunque no todos presentes.

La Consejería de Educación, Cultura y Deportes, responsable de la iniciativa y de su desarrollo institucional. tuvo el enorme acierto de elegir el Parlamento de Cantabria como escenario del acontecimiento. No había, a mi juicio, un lugar mejor. El Gobierno y el Pueblo tienen allí su epicentro democrático.

La Consejería de Educación, Cultura y Deportes, responsable de la iniciativa y de su desarrollo institucional. tuvo el enorme acierto de elegir el Parlamento de Cantabria como escenario del acontecimiento. No había, a mi juicio, un lugar mejor. El Gobierno y el Pueblo tienen allí su epicentro democrático.

La autoridades políticas (Consejero de Educación que presidió el acto, Vicepresidenta del Ejecutivo y Presidenta del Parlamento), en su papel de representantes del pueblo, respaldaron con su presencia el acto y le imprimieron ese sello que la autoridad confiere a las actividades en las que cree. He visto muchas ausencias significativas y muchas presencias fugaces y meramente protocolarias. En una ocasión vi a una autoridad ¿educativa? dirigir a los presentes unas palabras de Clausura para un Congreso que se encontraba en el acto de Apertura. Las buenas y las malas actitudes se huelen. Algunas veces apestan. Dos presentadoras hilvanaron las diversas partes con soltura, eficacia y simpatía. La cultura de los detalles es fundamental en educación.

Los docentes jubilados eran protagonistas. Durante el acto se proyectó un interesante documento con testimonios autobiográficos de algunos homenajeados. La Consejería les hizo entrega de una bolsa con los correspondientes regalos y yo tuve el honor de añadir el minúsculo obsequio de un libro que publiqué el año pasado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) y que lleva por título “El Arca de Noé. La escuela salva del diluvio”. Dice García Márquez que un libro no se acaba de escribir hasta que no se dedica. Por eso escribí en la primera página: “A los docentes jubilados este año en Cantabria: Enseñar no es solamente una forma de ganarse la vida es, sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros”. Les dije que ellos habían salvado muchas vidas surcando el océano proceloso de la cultura neoliberal, que habían sorteado muchos escollos y atravesado olas gigantescas, consiguiendo que la frágil barca de la escuela no zozobrase. En ella habían salvado del diluvio de la ignorancia, de la insolidaridad y de la desigualdad a miles y miles de alumnos. ¿Cómo no sentirse orgullosos de ellos? ¿Cómo no expresarles gratitud después de tantos años de esfuerzo y de valerosa y hábil navegación?

Hablaron las autoridades con palabras certeras y sentidas. Uno nota con facilidad si los discursos están huecos o si, por el contrario, están llenos de sinceridad y de hondura. Uno nota si quien habla se cree lo que está diciendo.

Hubo también música. Excelentes interpretaciones del Dúo ARtCOS que arrancaron aplausos entusiastas. Es bueno que se mimen estos actos, que se ponga en ellos alma, que se elijan interpretaciones de calidad, que se de realce y visibilidad a lo que se hace. Los destinatarios y la causa lo merecen.

Y más música. Ahora de otro tipo. Música arraigada en la tierra cántabra, con guitarra y rabel de Chema Puente. Y el broche de una habanera que aspira a convertirse en himno de la bella ciudad de Santander y cuya estrofa central estuve tarareando el resto de la jornada. (¿Cómo era, cómo era, me pregunto ahora?). Hermosa canción, magníficos artistas.

En la Comunidad es ya una tradición este homenaje. Y lo es también la edición de un libro de hermoso título: “Vidas maestras”. Ya van 11 años. 11 ediciones. Se trata de una obra en la que se invita a participar a los jubilados. Los interesados escriben una breve biografía de su trayectoria profesional. Todas hermosas. Cada una peculiar. Es muy buena la idea de escribir. Porque ese pensamiento caótico y errático que tenemos sobre la educación, a la hora de escribir, tiene que ser disciplinado. Hay que poner unas cosas delante de otras, hay que estructurar, ordenar, explicar, argumentar… Y eso ayuda a comprender. Y, por supuesto, otros pueden leer. El libro está primorosamente editado con pastas y hojas de calidad y numerosas fotografías que encarecen y a la vez engrandecen la edición. Es hermoso leer esas trayectorias vitales. Ese tránsito del comienzo ilusionado hasta el final que acaban de tocar con la mano. Es hermoso compartir la experiencia.

Me concedió el Consejero veinte minutos. Sé lo cuidadoso (casi obsesivo) que es con el respeto de los tiempos. Y me dije: ni un minuto más, ni uno menos. Mi tarea consistió en cantar las excelencias de la profesión docente, en mostrar su decisiva importancia en la sociedad y, también, en hacer patentes las dificultades que sin duda existen. Y, cómo no, en agradecer y felicitar a los jubilados y jubiladas por el largo y decisivo trabajo realizado. No me cabe la menor duda de que Cantabria es hoy mejor por la tarea educativa que han realizado estos profesionales. Lo hice sustentando la alabanza en cuatro pilares fundamentales. Diré algo en cada uno que allí no pude decir, a causa de los límites de tiempo.

Ser docente es difícil. Porque la presión social es cada día mayor, esperándose de él, y exigiéndole incluso, que responda a todas las necesidades de formación: para la paz, para el consumo, para las nuevas tecnologías, para la imagen, para al seguridad vial, para el medio ambiente, para la sexualidad, para la convivencia, para los valores… Con parecida formación, peores condiciones y el mismo sueldo.

Ser docente es importante. Porque trabaja con “materiales” delicados, complejos, de altísima fidelidad, como son las ideas, las expectativas, las emociones, los sentimientos, las concepciones, las actitudes, los motivos, los valores… En otros trabajos, el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales, en ésta es quien más y mejor los libera. De esa tarea depende el futuro de los individuos y de la sociedad.

Ser docente es hermoso. Porque su tarea se destina a personas y se realiza en equipo, hecho que enriquece a sus miembros y multiplica la eficacia. No hay niño que se resista a diez profesores que estén de acuerdo. Esta es la tarea más importante que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con la mente y el corazón de las personas.

Ser docente es ser inmortal. Presenté algunos botones de muestra sobre las repercusiones beneficiosas de la tarea docente. Ahora añadiré otro que me brinda mi médica de familia en una carta que dirige a su profesor de Lengua y Literatura, recientemente jubilado. Una hermosa carta de la que extraigo este párrafo: “Porque aprendimos de él que una palabra es correctamente usada cuando comunica, dice, reclama, critica, apoya, consuela, discrepa argumenta enamora o maldice, como reconocimos en tantos textos que nos hizo desmenuzar como un azucarillo de café, para después beberlos a sorbitos durante el resto de nuestra vida”.

Hice una propuesta al final: que en la ciudad de Santander hubiese una CALLE DE TODOS LOS MAESTROS. Los que han sido, los que son y los que vendrán. Luego departimos animadamente al buen sabor de unos aperitivos y de un vino español. Honor, admiración y gratitud eterna a los docentes jubilados este año en Cantabria.

El suicidio de Diego

La noticia sacude los cimientos del sistema educativo el 14 de octubre de 2015. Un niño de 11 años llamado Diego González se suicida en Madrid arrojándose por la ventana de un quinto piso, atribuyendo en una carta su decisión al rechazo insuperable a ir al Colegio.

Un niño de 11 años llamado Diego González se suicida en Madrid arrojándose por la ventana de un quinto piso, atribuyendo en una carta su decisión al rechazo insuperable a ir al Colegio.

La policía descarta, en una primera investigación, que se trate de un caso de bullying escolar y la juez de instrucción del Juzgado nº 1 de Leganés archiva la causa. El hecho ha recobrado actualidad al publicar el periódico El Mundo (20 de enero de 2016) la carta manuscrita que Diego dejó a su familia y al entrevistarse los padres del niño con la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, pidiendo la reapertura del caso. Los padres dicen que quieren “que se sepa la verdad”.

El niño dejó sobre el alféizar de la ventana por la que se arrojó al vacío un mensaje para sus padres: “Mirad en Lucho”. Lucho era su muñeco fetiche de los Lunnis. En él había depositado la conmovedora carta que transcribo a continuación y que debería ser de lectura obligatoria en las aulas.

“Papá, mamá, estos 11 años que llevo con vosotros han sido muy buenos y nunca los olvidaré como no os olvidaré a vosotros.
Papá, tú me has enseñado a ser buena persona y a cumplir las promesas, además, has jugado muchísimo conmigo.
Mamá, tú me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios.
Los dos sois increíbles, pero juntos sois los mejores padres del mundo.

Tata, tú has aguantado muchas cosas por mí y por papá, te estoy muy agradecido y te quiero mucho.
Abuelo, ti siempre has sido muy generosos conmigo y te has preocupado por mí. Te quiero mucho.
Lolo, tú me has ayudado mucho con mis deberes y me has tratado bien. Te deseo suerte para que puedas ver as Eli.
Os digo esto porque yo no aguanto ir al Colegio y no hay otra forma de no ir. Por favor, espero que algún día podáis odiarme un poquito menos.
Os pido que no os separéis papá y mamá., solo viéndoos juntos y felices yo seré feliz.
Os echaré de menos. Y espero que un día podamos volver a vernos en el cielo. Bueno, me despido para siempre.
Firmado Diego. Ah, una cosa, espero que encuentres trabajo muy pronto, Tata.
Diego González”

Un niño, que debería ir a la escuela para encontrar una vida mejor, una vida más justa y más hermosa, encuentra en ella el sendero de la muerte. Las dos finalidades supremas de la escuela, a mi juicio, son enseñar a pensar y enseñar a convivir. ¿Cómo es posible que la convivencia en esa institución, le haya llevado a la muerte?

Uno se imagina al pequeño Diego, inclinado sobre la hoja blanca en la silla donde habitualmente hacía los deberes, escribiendo su despedida y pidiendo perdón por el dolor que iba a causar a sus seres queridos. Se le imagina depositando en Lucho la fatídica noticia y, sobre todo, fraguando antes de dormir la terrible decisión al no encontrar ninguna salida al problema de su miedo y de su angustia.

Imagino también las lágrimas que habrán derramando y que seguirán derramando los miembros de esa familia.: el papá y la mamá (Carmen y Manuel, de 52 y 57 años), la Tata (su hermana), el abuelo, el tío Lolo, Eli… ¿Cómo es posible que no nos diéramos cuenta? ¿Cómo es posible que no nos dijera nada? ¿Cómo es posible que no intuyéramos lo que se cocía en su mente y en su corazón? ¿Cómo es posible que no detectásemos tanta angustia, tanto infortunio, tanto dolor a través de su mirada…?

Imagino la consternación de los educadores de ese Colegio cuando se hayan reprochado la falta de intuición o de observación o de perspicacia… ¿Cómo es posible que nadie haya dicho nada, que no tuviésemos la más leve sospecha, que nadie hubiera observado nada, que no hubiera llegado la menor información…?, ¿cómo no le supimos persuadir para que nos hablara?

Habría que contar el número de personas que han estado mirando hacia otra parte, antes, durante y después del suicidio de Diego

He leído muchas informaciones sobre este caso que no puedo sintetizar aquí. Muchos testimonios de padres y de alumnos que apuntan a la existencia de casos de acoso en el Colegio. Un colegio concertado religioso con un millar de alumnos, dirigido por Padres Mercedarios. Todo apunta a la existencia de acoso escolar, aunque el niño nada diga de ello en la carta y nada hubiese planteado en la familia y en el Colegio al respecto. Todo el mundo conoce las presiones que los verdugos ejercen sobre las víctimas en estos casos: “Como digas algo…”.

- El día antes de morir, el niño salió muy pálido del Colegio, dice la madre, aunque no conseguí sacarle nada.

No me gusta que los responsables de los centros reaccionen, en este tipo de casos, tratando de salvar su imagen. Es comprensible, pero inaceptable. ¿Por qué tanto hermetismo, tanta ocultación, tanto deseo de cuidar la imagen cuando esa imagen mejoraría si hubiera humildad, honestidad, autocrítica y transparencia…? Parece justo y lógico preguntarse por qué se suicidó Diego, sobre todo sabiendo que era un buen estudiante.

Cuando he visto en la televisión o en la prensa el rostro inocente de esa criatura me he quedado sin capacidad de reacción. ¿A quién se le puede pedir cuentas de esta muerte? Quien era víctima de las agresiones de los iguales, se convirtió en la víctima fatal de su propia y última decisión. ¿Por qué? ¿Por quién? ¿Cómo evitar otro caso como el de Diego?

Nadie puede quedar fuera de la interpelaciones que esta muerte suscita, sea o no un caso probado de bullying (aprovecho la ocasión para aconsejar el libro de Alejandro Castro Santander: “Bullying blando, bullying duro y ciberbullying”). Todos hemos de sentirnos interpelados.

Los responsables políticos que, al reabrirse el caso, se han apresurado a proponer 70 medidas para prevenir, atajar y solucionar el acoso escolar. Una vez más, tarde. Una vez más, con parches y no con medidas estructurales.

Los educadores y educadoras por no afinar más la mirada para detectar las situaciones que se producen ante nuestros ojos y pasan inadvertidas, por no insistir lo suficiente en la necesidad del respeto a la dignidad del otro y en la obligación moral de denunciar el acoso.

Los padres y las madres que no hemos sabido conquistar la confianza de nuestros hijos e hijas para que nos hagan partícipes de sus miedos, de sus temores, de sus golpes, de sus angustias…

Los alumnos y alumnas que machacan a sus compañeros con insultos, con bromas, con violencia, con amenazas que hacen insoportable no solo la vida escolar sino, en general, la vida. Y por callar y encogerse de hombros ante el atropello. Jay Asher escribió hace unos años un interesante libro titulado “Por trece razones”. Un libro que cuenta la historia de un suicidio escolar en el que la víctima escribe a los trece causantes de su decisión de quitarse la vida.

El pequeño Diego González se ha convertido en una lección para quienes tenemos la delicada, difícil y tremenda tarea de educar a los alumnos y alumnas, a los hijos y a las hijas.

Obsesionados a veces por el desarrollo del curriculum, nos olvidamos de que quien va al Colegio, quien estudia y se examina, es una persona que tiene sentimientos, miedos, angustias y terrores. Nadie que no esté en condiciones de aprender podrá hacerlo por más presión que le metamos al sistema. El pequeño Diego ha suspendido el examen de la vida. Consideró que el miedo y el terror eran insuperables. Él lo dice: “Yo no aguanto ir al colegio y no hay otra forma de no ir”. ¿Por qué pensante eso, querido Diego? Por qué no pensaste en hablar con tus padres, en acudir a la dirección del colegio, en contarlo a tus profesores y profesoras, en denunciar a tus verdugos, en contar con algunos testigos y amigos…? Claro que había formas de no ir al Colegio o de no ir ASÍ al Colegio… O no te hablamos de ellas o, si lo hicimos, no fue con la convicción necesaria… Perdónanos.

Desigualdades intolerables

Los datos son aterradores, insoportables, indignantes, vergonzosos, inadmisibles, crueles… Y así podríamos seguir hasta completar el espacio del artículo. Oxfam Intermón España acaba de publicar (18 de enero de 2016) un informe sobre la desigualdad en el mundo. El título del Informe es demoledor: “Una economía al servicio del 1%”. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. La crisis económica está haciendo cada vez más patente esta realidad. Basten diez referencias para justificar la cadena de adjetivos que abren el artículo y para que veamos la magnitud del problema:

Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. La crisis económica está haciendo cada vez más patente esta realidad.


1. 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial, es decir, más que 3.600 millones de seres humanos.
2. La desigualdad afecta de manera despropocionada a las mujeres: De esas 62 personas más ricas, 53 son hombres y 9 son mujeres. La mayor desigualdad de ingresos condiciona el acceso de las mujeres a servicios sanitarios, educación, participación en el mundo laboral y representaión en las instituciones. También se ha demostrado que la brecha salarial entre hombres y mujeres es mayor en sociedades más desiguales.
3. En España, el 1% más rico de la población concentra más riqueza que el 80% más pobre.
4. Desde 2010 los ingresos de la mitad de la poiblación se han reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 41%. Mientras, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares.
5. La riqueza individual oculta en paraísos fiscales alcanza los 7,6 billones de dólares, lo que supone una pérdida de 190.000 millones de dólares más cada año en ingresos fiscales para los Gobiernos que se podrían destinar a la educación y a la salud de los más pobres.

6. La inversión empresarial en paraísos fiscales se ha multiplicado casi por cuatro entre 2000 y 2014, y supone unas pérdidas de al menos 100.000 millones al año para los países en desarrollo.
7. En Africa, el 30% del patrimonio financiero se encuentra en paraísos fiscales, lo que hace perder al continente al menos 14.000 millones de dólares al año en impuestos no recaudados. Esta cantidad sería suficiente para garantizar la atención sanitaria a madres y niños, lo cual podría salvar la vida de cuatro millones de niños al año, y permitiría contratar profesores para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.
8. En América Latina, la región más desigual del mundo, la evasión y elusión fiscal es también una de las causas es una de las causas ue favorecen la extrema concentración de riqueza. Se ha estimado que solo en 2014 la evasión en el impuesto sobre la renta y los beneficios empresariales costó a Latonoamética el equivalente al 4% del PIB de toda la región, más de 175 millones de euros.
9. 188 de las 201 mayores empresas del mundo están presentes en al menos un paraíso fiscal.
10. La inversión desde España hacia paraísos fiscales creció un 200% en 2015.
Los datos no pueden ser más escandalosos. Con el agravante de que el proceso es creciente, cada vez más acelarado, cada vez más intenso. Los datos nos abofetean sin compasión, pero existe una pasividad de los poderes públicos que resulta insoportable.

“Se ha hablado mucho de desigualdad, pero se ha hecho muy poco todavía. No podemos seguir permitiendo que cientos de millones de personas padezcan hambre cada día mientras que las élites económicas absorben los recursos que deberían ayudar a estas personas a tener una vida segura y digna”, explica José María Vera, Director General de Oxfam Intermón.

Eastoy de acuerdo. No lo podemos seguir poermitiendo. ¿Qué hacer ante esta realidad flagrante, ante tamaña injusticia, ante estas crecientes desigualdades que nos avergüenzan como miembros de la especie humana? El Informe ofrece algunas propuestas de interés a las que me remito. Ayer las comentaba en este periódico mi colega Pablo Castaño en su artículo “Vacuna contra la desigualdad”.

Lo primero que debemos hacer es estar informados, conocer estos datos, ser conscientes de su dimensión y de su alcance. Ser conscientes de que detrás de esas cifras hay personas que mueren de hambre mientras otras nadan en la abundancia y en el lujo. Es preciso conocer sus causas, los mecanismos que dan lugar a esa situación injusta. Debemos propagarlos, darlos a conocer, difundirlos. Convertirlos en una bandera. Llevarlos como se lleva un estandarte ante la consideración y la conciencia de la gente, de los políticos, de la sociedad.

En segundo lugar, hay que desarrollar un compromiso polìtico para tener gobernantes sensibles ante estas cuestiones, compromotidos con la lucha contra ellas. Hay opciones políticas más sensibles que otras ante la desigualdad. Pues bien, hay que votar a quienes tienen sensibilidad y programas contra ellas. Y hay que dejar de votar a quienes los incumplen.

Los polìticos tienen que querer y tienen que saber hacer. Existen muchas formas de entender la política. Nancy Fraser es una intelectual feminista estadounidense, profesora de ciencias políticas y sociales en The New School de Nueva York. Nancy Fraser habla de dos tipos de polìticas. Políticas de redistribución y políticas de reconocimiento. Ante las desigualdades descritas hacen falta polìticas del primer tipo. Entre grupos de pobres y de ricos, hay que distriubir. Hay también, dice, políticas de reconocimiento. Existen grupos que son tratados de forma injusta, por ejemplo, el de homosexuales y lesbianas y el de teherosexuales. Son grupos diferente naturaleza al de pobres y ricos. Para estos grupos hay que hacer polìticas de reconocimiento. Habrá también que emprender polìticas mixtas. Por ejemplo, en el caso de hombres y mujeres, como hemos visto, las mujeres reciben salarios discriminatorios.

En tercer lugar, hay que exigir de forma enérgica y urgente la desaparición de los paraísos fiscales. ¿Cómo es posible que la justicia no pueda entrar en ellos? ¿Cómo es posible que se tolere ni un minuto más este abuso? ¿Qué pensaríamos de un reducto en el que se pudiesen concentrar los teroristas, los asesinos, los violadores… y en el que la justicia tuviera la puerta cerada?

En cuarto lugar, hay que incluir en el curriculum de la educación estos problemas. Hay que estudiarlos, desmenuzarlos, analizar sus causas, conocer sus consecuencias… Y hay que generar actitudes de compasión hacia los desfavorecidos y compromisos eficaces contra la desigualdad.

En quinto lugar, es preciso pensar que las cosas son así no por designio de los dioeses, por la mala suerte o por la fatalidad de los hechos. Las cosas son así, pero podrìan (deberían) ser de otro modo. La realidad es ésta porque hay quien quiere que sea esta la realidad y porque hay quien la ampara, consiente o favorece. Nada es inocente. Se defienden teorías para mantener el statu quo porque supone una fuente de intereses. Estamos viendo cómo hay quien convierte la miseria y la desgracia de la crisis en beneficios que se multiplican sin cesar.
Es preciso terminar con esa actitud fatalista, resignada, pesimista, que se apoya en la idea de que las cosas son así, de que no pueden ser de otro modo. “Siempre hubo pobres y ricos”, ”las cosas son como son”, “a quien Dios se la da, San Pedro se la bendice”… La pobreza es para los ricos una ley de la naturaleza. Nada más lejos de la verdad y nada más cerca del interés.

Decálogo sobre participación

Hace unos años publiqué en Homo Sapiens (Rosario) un libro titulado “Arte y parte. Desarrollar la democracia en la escuela”. Luego vio la luz en la Editorial Eduforma de Sevilla. Cuando se le niega a alguien el derecho a decir o a decidir en un asunto, se le advierte: “Aquí no tienes ni arte ni parte”. El título del libro pone de manifiesto mi postura sobre tan importante cuestión educativa.

Cuando se le niega a alguien el derecho a decir o a decidir en un asunto, se le advierte: “Aquí no tienes ni arte ni parte”. El título del libro pone de manifiesto mi postura sobre tan importante cuestión educativa.


La participación en los centros educativos es un fenómeno que ha de impregnar todas sus dimensiones estructurales y curriculares. Me refiero a la auténtica participación de todos los miembros de la comunidad educativa. Hay leyes que la promueven y otras que la coartan. Es el caso de la LOMCE, que la ha recortado.
La participación se aprende, se ejercita, se perfecciona, se desarrolla, se enriquece. Pero también se puede atrofiar, cercenar, empobrecer… Está en nuestras manos. De hecho, con la misma legislación, con las mismas estructuras, con el mismo curriculum básico, podemos encontrar centros que la cultivan y otros que la recortan o destruyen.
1. Hay que precisar qué se entiende por participación
El lenguaje sirve para entendernos y también para confundirnos. El problema fundamental radica no en que no nos entendamos sino en creer que nos entendemos cuando utilizamos las mismas palabras. El alumno que aplaude a los jugadores del equipo colegial está “participando”. Pero no lo hace de la misma forma que los que compiten en el campo. El padre o la madre que acude al Consejo Escolar para votar lo que le ha “pedido” el Director está “participando”, pero no de la misma forma en que lo hace quien ejerce libremente el derecho a la palabra y al voto. El profesor que asiste a una reunión como un convidado de piedra está “participando”, pero no de la misma manera que quien la ha preparado y luego la dirige. ¿Se puede calificar todo tipo de acciones de auténtica participación? Claro que no. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de verdadera participación en la escuela? He aquí una cuestión capital bajo la que se esconden muchas trampas. Participar exige dialogar, tomar parte activa, responsabilizarse y adoptar decisiones.
2. La participación no es un regalo que hace quien tiene poder a quien no lo tiene
Es preciso saber que la participación es un derecho y un deber. Nace ese derecho de nuestra condición de personas y de miembros de una comunidad. Nos equivocamos cuando pensamos que el poder participar es una concesión que se nos hace y no una exigencia que surge de la identidad ciudadana y comunitaria. No es cierto que mientras no tengamos responsabilidad no podemos participar. Más bien sucede lo contrario, que si no hay participación no podemos aprender a ser responsables.
3. La participación está cargada de beneficios
Cuando se participa se siente como propio lo que se hace, se produce un fenómeno de implicación, de motivación, de pertenencia. Muchos problemas de convivencia en los centros se solucionarían no aumentando la vigilancia, las amenazas y los castigos sino potenciando, profundizando y ampliando la participación. El que hace las normas está en mejor disposición para cumplirlas que aquel a quien se le imponen por la fuerza. Los beneficios de la participación tienen dos dimensiones: se beneficia quien participa y se beneficia la institución.
4. Se puede (y se debe participar) en todos los ámbitos
En un centro se puede (y se debe) participar en todas las dimensiones que atañen a su estructura y su funcionamiento. Se puede (y se debe) participar en el gobierno, en el diseño, desarrollo y evaluación del currículo, en la relación del centro con el entorno y, en definitiva, en la vida comunitaria. Cada estamento y cada persona tiene el deber de intervenir en todos los aspectos de la vida escolar. No es bueno que en una institución educativa unos piensen por todos, decidan por todos y se responsabilicen de todo. Porque los demás aprenderán a no pensar, a no decidir y a no responsabilizarse.
5. Para que haya participación es preciso que existan estructuras que la hagan posible
No basta con querer participar. Ni siquiera es suficiente saber hacerlo. Para que haya participación real es preciso que existan unas buenas estructuras que la hagan posible. De tiempo (¿cómo se puede participar si no hay momentos para hacerlo?), de espacio (¿cómo se puede participar si no hay lugares para hacerlo?), de condiciones (¿cómo se puede participar si no hay autonomía para poder decidir?).
6. A participar se aprende participando
No hay forma más eficaz de aprendizaje que la acción. Se aprende a montar en bicicleta subiéndose a ella y no leyendo y aprendiéndose de memoria el manual de instrucciones. Hay que ejercitarse en la participación. Habrá fallos, pero sólo cuando se practica se llegará a dominar la competencia. Nadie nace sabiendo hacer las cosas a la perfección. Hay que entrenarse.
7. La cultura de la participación no se improvisa
A veces nos pierde la impaciencia. No se puede plantar una semilla de manzano por la tarde y acudir a la mañana siguiente con una canasta para recoger las manzanas. Sería un error destruir la semilla porque no haya frutos. Hay que darle su tiempo. Los Consejos Escolares tienen limitaciones, pero hay que esperar a que vayan aprendiendo y mejorando. Lo cual supone exigencia. La semilla tiene que ser regada, abonada y protegida. No basta con dejarla estar.
8. La participación es el eje de la convivencia
Cuando la autoridad se convierte en poder no existe participación sino sumisión. Los centros escolares han de ser instituciones educativas, no coercitivas. Quien participa piensa, analiza, critica, decide e interviene, respeta, ayuda, colabora, se responsabiliza. Una escuela democrática es un buen escenario para la participación. Y el mejor camino para aprender a vivir en democracia.
9. Hay muchas falacias en la participación
No hay participación auténtica cuando está excesivamente formalizada porque sólo importa la dimensión superficial, el mecanismo legal, la dinámica de los votos, la ley de las mayorías. No hay participación auténtica cuando está recortada y limitada a los aspectos marginales e insustanciales. No hay participación auténtica cuando está domesticada y puesta al servicio del poder. No hay participación auténtica cuando está entendida como un campo intrascendente.
10. Hay que superar los obstáculos que limitan y empobrecen la participación
Existen graves obstáculos que anulan o frenan la participación: el pesimismo (“nunca lo haremos bien”), el fatalismo (“nosotros somos así”), la rutina (“lo haremos como siempre se ha hecho”), la comodidad (“pudiendo no hacer nada, ¿por qué vamos a hacer algo?”, el individualismo (“cada uno, a lo suyo”), la rigidez (“lo que hay que hacer es lo que hay que hacer”), el cansancio (“estoy harto de hacer esfuerzos”), el desamor (“no los soporto”), los fracasos (“ya viste lo que pasó”)…
Terminar diciendo que hay obstáculos no es una invitación al desaliento sino al optimismo. Porque también de los obstáculos se puede aprender si somos inteligentes y estamos comprometidos a superarlos.

Manos educadoras

Hace muchos años, exactamente en 1973, mi querido amigo José María Cabodevilla, fallecido en 2003, escribió una sugerente obra titulada “El libro de las manos. Relación de los siete montes de la mano o noticia general de todos sus méritos, trabajos y vanidades”. Un canto ilustrado a la importancia de las manos, que acarician, indican, llaman, despiden, señalan, saludan, trabajan, crean, aplauden, cocinan, curan, protegen…

Las manos son las palabras y los sentimientos del corazón. Las manos expresan y transmiten nuestras emociones, nuestros afectos.


Las manos son las palabras y los sentimientos del corazón. Las manos expresan y transmiten nuestras emociones, nuestros afectos.
Hoy me encuentro con un hermoso artículo cuyo titulo y cuyo texto, “Las manos de la educadora”, me llevan a reflexionar sobre la importancia de las manos en la educación. La autora es Anna Tardós, psicóloga húngara, continuadora del trabajo y de la concepción renovadora de la primera infancia iniciados en la década de 1930 por su madre, la pediatra Emmi Pikler e influenciada también por el pensamiento de su padre. pedagogo progresista de la época.
La mano del adulto es una fuente inagotable de experiencias para los niños y las niñas. Qué expresión tan hermosa la de “estar en sus manos”. Porque es así: los niños y las niñas están en las manos de sus educadores y educadoras.
Tardós se ocupa, investiga y escribe principalmente sobre la primera infancia, sobre esa etapa de plena invalidez del ser humano en la que todo queda pendiente del corazón y de las manos de los adultos. Muchas de sus ideas son aplicables plenamente a las manos de los padres y de las madres.
“En el proceso de la atención, dice Tardós, el contacto corporal es a veces ofensivo, molesto e incluso puede provocar sentimientos de frustración en el niño. ¿Qué podemos hacer para que este contacto consiga su verdadera función? Si nos ocupamos de él de forma placentera, si se siente bien durante la limpieza, el baño, mientras le vestimos y le desnudamos, se relaja cada vez más. El pequeño se prepara para que el adulto lo coja y, mientras le viste y le baña relaja su cuerpo mucho antes de que el adulto le toque. De un modo casi automático continúa los movimientos iniciados por el adulto”.
Hay que combinar el cariño con el saber. No es solo cuestión de buena voluntad y de afecto. Tampoco sirve solamente el conocimiento técnico desposeído del amor. Porque el amor es lo que cimenta la tarea educativa.
Las manos pueden golpear y hacer daño. Ese es el primer mandamiento sobre las manos que educan. No dañar. No maltratar. No herir con gestos bruscos, duros y agresivos. Y nunca golpear. Las manos en la educación están para sanar, para salvar.
Acumular experiencias agradables es depositar en el banco de la vida un capital humano con el que siempre se podrá contar. Por el contrario, los gestos rutinarios, mal ejecutados, que no aseguran el mínimo sentimiento de confortabilidad y que, finalmente, impiden que nazcan todo tipo de relaciones afectivas entre el pequeño y el adulto empobrecen y dañan:
El interés sincero, los esfuerzos abiertos con el fin de obtener una verdadera cooperación le harán, en general, las manos sensibles, delicadas y tiernas. En lo que se refiere al desarrollo y al cambio de comportamiento de los profesionales de la educación, la “cultura”, la ternura de la mano ejerce un papel muy importante, al igual que los movimientos que comunican seguridad y que resultan más agradables a los más pequeños, cosa que les permite la cooperación con el adulto.
Después de esa primera etapa educativa, vienen otras. En cada una de ellas las manos desempeñan un papel fundamental. En efecto:
Las manos saludan al llegar a la escuela. Damos la mano, damos el afecto y la ternura a través de ella. Un apretón de manos cálido, sincero, afectuoso, es un canal que transmite emociones y seguridad.
Las manos acompañan. Llevamos de la mano. Pero progresivamente dejamos que ellos aprendan a caminar solos, a tener independencia, a decidir por si mismos. Si siempre les llevásemos de la mano, nunca aprenderían a encontrar el camino por sí mismos.
Las manos explican, aclaran ideas, ayudan a entender, acompañan a las palabras de la exposición. Las manos hablan con elocuencia para aclarar las ideas.
Las manos indican. La jerarquía de los dedos es rica y compleja. Con el índice señala el educador el libro, la tarea, la puerta, el encerado, la mesa, el camino.
Las manos entregan cuadernos y libros. Y reciben ejercicios y tareas realizadas por los alumnos y las alumnas. Las manos permiten compartir actividades y experiencias.
Las manos escriben. Escribe el educador y ayuda a que el niño y la niña lleven su lápiz con corrección o pulsen con habilidad el teclado del ipad.
Las manos curan cuando un niño o una niña se cae en el patio o se golpea contra el borde de una mesa. Las manos salvan del dolor.
Las manos aplauden las cosas buenas que hacen los alumnos y las alumnas. Las manos permiten felicitar.
Las manos despiden. Con las manos decimos adiós, hasta luego, hasta mañana, hasta siempre. Las manos son elocuentes para expresar.
Las manos ayudan a poner o quitarse el abrigo, a cargar la mochila, a recoger un objeto que se ha caído al suelo, a localizar un libro, a
Las manos permiten hacer signos de diverso tipo: hacemos el signo de la victoria, pedimos silencio, transmitimos aliento al levantar el dedo pulgar…
Qué decir del valor de las manos cuando desarrollan el lenguaje de signos que permite a los niños y a las niñas con sordera estar en comunicación con sus semejantes. Qué decir de las manos cuando, a través de la sensibilidad de las yemas, llevan a la mente de un niño ciego los significados de las palabras escritas en Braille.
Un hermoso cometido didáctico para los educadores será ayudar a que los niños sepan valorar y utilizar sus manos.
Hace algunos años, en un curso que dirigí en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, decidí presentar a los ponentes, asignando a cada uno la parte del cuerpo que, a mi juicio, mejor casaba con sus características personales y profesionales. A uno de ellos, inolvidable y querido Manuel Zafra, Director de un IES de Andalucía, le tocó ser las manos y expliqué por qué: “Porque sus manos están hechas para el saludo, para el trabajo, para la caricia, para la escritura y para la magia. Con sus manos da la bienvenida (durante el presente curso ha recibido a más de 800 estudiantes de Secundaria), abre las puertas, señala el camino… Con sus manos trabaja cada día en su Centro. De sus manos ha salido un hermoso libro en el que cuenta su experiencia. Sus manos, como vais a comprobar, explican, aclaran, ejemplifican lo que piensa y lo que dice. Su dedo índice acusa con severidad y orienta con precisión. Su mano está permanentemente tendida a los más desfavorecidos de la sociedad”.
Es que las manos nos definen.