PISA o la cesta de piedras

Se acaban de hacer públicos los resultados de la sexta edición de las pruebas PISA (Programme for International Student Assessment). Todo el mundo sabe que PISA  es una prueba estandarizada que se aplica de forma trienal a estudiantes de 15 años. La primera aplicación tuvo lugar en el año 2000. Se trata de un proyecto de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que se ha convertido en un magnífico cesto de piedras para atizar a todo el que se ponga a tiro. Luego vuelvo a esta idea.

PISA se ha convertido, decía más arriba, en un cesto de piedras para arrojar a quien se desee.

PISA evalúa los resultados (no los procesos) obtenidos por los alumnos y las alumnas en tres áreas de conocimiento: ciencias, matemáticas y lectura. No aborda otras áreas del curriculum como el arte, la música o la educación física y, por supuesto, nada relacionado con la esfera de las actitudes y los valores.

¿Para qué sirve PISA? Poco se puede deducir de dichas pruebas para la mejora del sistema educativo. Julio Carabaña, catedrático de sociología de la Universidad Complutense, ha publicado recientemente en la Editorial Catarata un libro titulado “La inutilidad de PISA para las escuelas”. A élme remito.

Nos recuerda el autor que, desde su primera edición, PISA advierte de que lo que miden sus pruebas depende de la experiencia acumulada en toda la vida de los alumnos, desde su nacimiento. “Si un país puntúa más que otro no se puede inferir que sus escuelas son más efectivas, pues el aprendizaje comienza antes de la escuela y tiene lugar en una diversidad de contextos institucionales y extraescolares. Sin embargo, si un país puntúa mejor, puede concluirse que el impacto acumulativo de todas las experiencias de aprendizaje, desde la primera niñez hasta los catorce años, en la escuela y fuera de la escuela, ha producido resultados más deseables en ese país” (OCDE, 2001a: 26). Este texto se recoge idéntico en el apéndice sobre la muestra que hay en todos los informes PISA, y la misma advertencia se expresa repetidamente en otros lugares.

Por tanto, para comparar sistemas educativos hay que diferenciar lo aportado a las puntuaciones PISA en cada país por la escuela de lo aportado por los demás factores, tanto naturales como sociales. Solo una vez aisladas estas aportaciones cabría compararlas entre sí y relacionar las diferencias entre las contribuciones con las instituciones y las políticas. Esto es muy difícil de hacer por dos razones. La primera es que no hay un método para aislar la influencia de la escuela; la segunda es que el número de países es siempre pequeño para los análisis estadísticos.

Pero estos informes se han convertido en la Biblia para que, de manera dogmática, cada uno sitúe a las escuelas, a los legisladores, a los maestros o al sistema educativo, donde quiera ponerlo. Casi siempre en mal lugar. Para muchos ciudadanos no hay otro criterio de valoración. No podemos olvidar que se está comparando lo incomparable. No podemos olvidar que se hacen atribuciones completamente gratuitas dada la naturaleza de las pruebas, el número incontrolable de variables que intervienen en los resultados y las advertencias que nos hacen, como hemos visto, los  autores de las mismas.

PISA se ha convertido, decía más arriba, en un cesto de piedras para arrojar a quien se desee. Se tiran piedras de arriba hacia abajo sobre quienes están en puestos inferiores, se arrojan piedras de abajo hacia arriba culpando a los gobiernos de todos los males educativos, se lanzan piedras en horizontal contra el profesorado por parte de muchos padres, contra los padres por parte de los profesores, contra el alumnado por parte de quienes los consideran poco esforzados y capaces. Muchas piedras y poco compromiso de todos y cada uno para mejorar el sistema educativo. Ese es, a mi juicio,  el problema de PISA.

Porque PISA se ha convertido en un fin, no en un medio como debería ser. Tiene como  finalidad, en último extremo, enseñar a tener mejores resultados en las pruebas PISA. Una pura tautología

He firmado un manifiesto demandando la anulación de los contratos que los diversos gobiernos han suscrito con la OCDE. El manifiesto se apoya en cuatro razones. Respeto la redacción del texto.

Político-educativa: los Ministerios de Educación tienen un limitado control de esta evaluación, teniendo como efecto una intensificación de la estandarización de procesos y mediciones. Progresivamente, organismos internacionales como la OCDE han impuesto transformaciones en las políticas educativas en el mundo, alineando los procesos educativos a una concepción limitada de progreso. Esta estandarización incluye la instalación o adaptación de las pruebas nacionales a un parámetro global a través de la presión ejercida por los rankings. Por otra parte, la estandarización ha impulsado la fuerte entrada de empresas privadas que han desplazado a los ministerios de educación, a las y los docentes, a sindicatos y escuelas de la conducción y perfeccionamiento docente han sido alineados a las evaluaciones estandarizadas. En definitiva, esta lógica reduce los procesos de enseñanza-aprendizaje que apuntan a un desarrollo integral y holístico, enraizado en una consciencia histórico-social crítica.

Técnica: PISA promueve rankings de países en virtud de los resultados. Esta práctica busca neutralizar las enormes diferencias culturales, cosmovisiones y características lingüísticas propias de cada contexto nacional. Este factor implica que esta prueba no cumple con los más mínimos criterios de validez y confiabilidad.

Pedagógica: el régimen de pruebas estandarizadas de alto impacto y los procesos que desencadenan han implicado una transformación radical del quehacer de nuestras escuelas. El estrechamiento curricular ha significado la eliminación de asignaturas como artes, música, filosofía e historia. El tiempo escolar se ha reestructurado para dar cabida al entrenamiento para tener éxito en estas pruebas. Cabe señalar que estas mediciones no son sometidas al arbitrio social ni pedagógico. Estas medidas no toman en cuenta los contextos sociales, ni la diversidad de valores y prácticas pedagógicas.

Social y Psicológica: la medición PISA y sus variantes nacionales discriminan, presionan, y estigmatizan a regiones, países y pueblos en sus comparaciones. El control y la presión por obtener buenos puntajes recae finalmente en las comunidades de maestros y estudiantes, instalando un régimen de alto estrés que está destruyendo el clima escolar y estabilidad emocional de nuestras escuelas. La medición ha profundizado prácticas de exclusión y segregación en nuestras escuelas, despojando de su sentido el  derecho a la educación.

Los sistemas de evaluación deben estar enraizados en las comunidades, deben atender la complejidad, y deben promover una educación respetuosa de los derechos humanos y sociales. Solo de esta manera formamos ciudadanos y ciudadanas en plenitud.

No hacen falta este tipo de pruebas para saber que es preciso mejorar la selección y formación de docentes y directivos, aminorar la ratio profesor-alumno, incrementar el presupuesto destinado a la educación, intensificar y enriquecer la participación de la familia…

PISA aporta, eso sí, un pequeño beneficio: durante unos días todos y todas hablamos de educación. Con algunos chichones en la cabeza debidos a las pedradas, pero pensamos en la educación.

Montse y Chicharita

He aquí dos historias de superación. Dos casos gemelos de coraje. Trayectorias admirables de dos heroínas que han  sabido sufrir para superar la adversidad. En tiempos de molicie, de flojera y de comodidad, es bueno traer a consideración estas dos vivencias paralelas de fortaleza, de perseverancia y de lucha contra el destino.

”En su rehabilitación veo la mía. El proceso ha sido exactamente igual. Y casi a la misma edad en que me sucedió a mí".

Cuando la primera página de los periódicos y las primeras noticias de las radios y las televisiones nos ofrecen casos de corrupción, de perversión, de brutalidad…, creo que es necesario contraponer el ejemplo de personas (en este caso, de una persona y un animal) que tienen un comportamiento admirable, no de forma momentánea sino persistente y tenaz. Ellas no han protagonizado un gesto heroico sino una vida heroica. Debería ser obligatorio abrir los telediarios, los boletines de radio y los periódicos con noticias de este tipo. Porque las hay.

Este es un artículo en el que te gustaría desaparecer, si esto fuera posible, incluso como autor. Porque los protagonistas son otros. En este caso, una querida amiga y su perrita casi resucitada. Nunca había conocido dos casos tan espectaculares, tan emocionantes, tan simétricos. Montse se mira en el espejo de su perrita y ve su propia historia reflejada. Este es un artículo de Montse. Es un artículo para Montse.

Mi adorable amiga es veterinaria de profesión y Chicharita es, en sus palabras, “una perrita pincher de culo inquieto, un manojo de nervios, buscadora, escapista, independiente, alegre, saltarina, juguetona, activa, siempre dispuesta a salir a la calle, correr detrás delos caballos y feliz”.  La definición que hace de su perrita vale perfectamente para ella.

Cuando Montse tenía treinta años, todo le sonreía en la vida. Pero el destino le puso una terrible zancadilla que la estrelló contra la desgracia. Otros no se hubieran levantado nunca. Recuerdo muy bien aquella terrible noticia. Montse había sufrido un accidente de moto que la había dejado tetrapléjica. Recuerdo mi visita al Hospital para verla, aquella sábana blanca que tapaba el frágil cuerpo roto. Y aquella sonrisa que no podían tapar veinte sábanas extendidas.

En un paseo imprevisto, cuando viajaba en el asiento trasero de una moto, en un segundo fatídico, el bordillo de una rotonda la hizo saltar por los aires y estrellarse contra el suelo. Stop a la vida. Quedó condenada a no moverse, a no caminar, a  no correr, a no montar a caballo.

Solo un coraje, una fortaleza, un empeño como el suyo, la han hecho caminar, concebir tres preciosos hijos, dedicarse a su profesión y tener una vida independiente y autónoma. Cuántas lágrimas, cuántas horas de recuperación por medio mundo, cuántos esfuerzos, cuántos sacrificios. Qué fe en si misma y en la vida. Ella se dijo: ninguna herida es un destino.

Montse merece el homenaje emocionado de todos los suyos, de todos quienes la queremos. Porque ha sabido luchar contra la adversidad con una fortaleza inusitada. Admirable. Emocionante. Increíble.

Hoy, a través de un largo mensaje, acabo de conocer la historia de Chicharita, su perra,  que contaré utilizando las palabras de Montse.

“Después de comerse un animal muerto del campo se empezó a debilitar. Ese animal muerto estaba contaminado por el clostridium, que produce la toxina botulínica que hizo que se paralizaran  todos sus músculos de manera progresiva hasta quedar tetrapléjica. La toxina botulínica es un neurotóxico y por eso tiene afinidad con los nervios. Cada vez tenía más afectada la coordinación y estaba más débil. Su ladrido se silenció debido a que sus cuerdas  vocales también se vieron afectadas y no podía deglutir ni hacer sus necesidades fisiológicas. Todo su cuerpo dejó de responder a las órdenes de su cerebro.

Había poco que hacer por ella, pues no existe antídoto y solo cabía esperar que su organismo eliminara  poco a poco la toxina de su cuerpo. Lo peor era que si se paralizaba su sistema respiratorio nada podríamos hacer por ella. El diafragma también es un músculo.

Comenzamos con cuidados intensivos, necesitó alimentación parenteral y vigilancia sobre su respiración. Había que evacuar su vejiga varias veces al día y sacar el contenido intestinal, lavarla y cambiarla de posición. Más de dos meses cambiándole de postura y  masajeando su cuerpo para evitar úlceras de presión. Al mes, había perdido toda la masa muscular y era un saco  de huesos y pellejo sin nada de carne.

A los tres meses comenzó la rehabilitación en el agua. Cada día, Macarena, la peluquera, preparaba la bañera de la peluquería con agua calentita y hacía su sesión de rehabilitación. Poco a poco iba fortaleciendo sus músculos, al principio sin coordinación, pero cada vez con más fuerza.

Poco a poco se podía mover más y mantener su cabeza erguida. Siempre estaba en la recepción de la clínica veterinaria a nuestros pies y a veces en la falda de Gema, la otra veterinaria. (Montse piensa que esta historia es el triunfo del trabajo en equipo de su clínica veterinaria: Gema, Melania, Macarena…).

A los cuatro meses  la perrita conseguía ponerse a cuatro patas con ayuda, a los seis consiguió deambular sola en un suelo no resbaladizo. Casi un año para poder subir un escalón. Saltar y subir al coche le costó casi dos años”.

Lo más hermoso del artículo de esta semana nos lo brinda Montse cuando dice: ”En su rehabilitación veo la mía. El proceso ha sido exactamente igual. Y casi a la misma edad en que me sucedió a mí (ella hace la pertinente traslación  de la edad canina a la humana).  Chicharita tardó seis meses en caminar, pero seis meses para ella son como tres o cuatro años para mí. El agua, para ella como para mí, fue el mejor medio para la recuperación y la acción de los rehabilitadores experimentados, resultó tan decisiva para ella como para mí”.

Añade Montse: “Lo que ahora más me llama la atención, cuando veo los vídeos que tengo de ella, son esas ganas de vivir que tenía y la alegría con la que nos recibía por las mañanas. Sin poder mover ni un músculo, ni su rabo, ni las orejas, ella comía e intentaba moverse, intentaba ladrar, sacudir el rabo y mover las orejas. Era pura expresión de vida.

Cuando empezó a mover el rabo y nos veía, lo sacudía con fuerza  y lo golpeaba contra el suelo. Recuerdo el primer día que volvió a ladrar. Fue un ladrido más parecido al gemido de un gato que a un ladrido de perro. Nos quedamos con los ojos como platos.

Al principio pensé que lo mejor sería dormirla- Me recordó lo que era ser dependiente, necesitar ayuda de una tercera persona, dedicar horas y horas a la rehabilitación

Me recordó que vivir con esa alegría formaba parte de la recuperación. Me recordó que no hay nada imposible, que con tesón y fuerza de voluntad se van alcanzando pequeñas metas que te llevan más cerca de la meta final. Vino a decirme que salir de ese agujero negro en el que estaba metida, solo dependía de mí”.

Este artículo es un homenaje a estas dos heroínas. En especial a Montse, que salió de un pozo profundo a base de coraje y que repitió su historia en la de su perra Chicharita. No se le agotó su corazón en el esfuerzo de su rehabilitación. Le sobró mucho amor para sacar de otro pozo no menos profundo a un animal por el que otras personas no hubiesen dado ni un minuto de tiempo, ni un gramo de ilusión, ni un ápice de amor. Va por ti, querida Montse. Va por las dos.

Si no lo veo, no lo creo

Se han producido recientemente tres votaciones en el mundo cuyo resultado me ha producido estupor y desconcierto: el Brexit, el plebiscito colombiano sobre el acuerdo de paz y la elección a la presidencia de los Estados Unidos. Cada una de ellas tenía un contenido diferente  pero en todas ha ganado la opción, a mi juicio, más negativa. También la más inesperada. Curiosamente, en las tres, los sondeos previos resultaron un completo fiasco. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿No es mucha coincidencia para que todo sea fruto del azar?

Y la escuela tiene que estar al frente de la construcción de la paz.

Tengo que confesar que la más inquietante para mí, la más sorprendente, la más inexplicable, fue la negativa de los votantes colombianos al acuerdo de paz firmado por el Gobierno y las FARC. ¿Cómo puede preferir alguien la guerra a la paz?

Estuve en Colombia (Pereira) antes del plebiscito y he vuelto al país (Medellín y Bogotá) después del resultado. He tratado de explorar los motivos del no porque no alcanzo a descubrir qué puede hacer preferir la guerra a la paz. Algunos me han explicado que no han dicho NO, sino ASÍ NO. Pero la conclusión del ASÍ NO es el NO. Es decir, el deseo de que siga la guerra, de que no haya paz.

Ya sé que la paz no es solo la ausencia de conflicto. Ya sé que la paz es justicia, solidaridad, libertad, equidad, ausencia de diferencias injustas y de discriminaciones crueles. Pero la guerra destruye todas las posibilidades de tener una sociedad habitable.

Me cuesta responder a tres preguntas que, casi de forma obsesiva, me asaltan ante este hecho. La primera se refiere a la abstención. ¿Cómo puede no ir a votar en un asunto tan importante un porcentaje superior al cincuenta por ciento? Porque aquí no cabe esa manida e injusta afirmación de que todos los políticos son malos y de que todos son iguales. ¿Cómo puede alguien pensar o decir que esa cuestión no le incumbe? La segunda tiene que ver con los argumentos para el no. Porque no encuentro ninguno. Ninguno de peso, quiero decir. O del suficiente peso. La tercera se refiere a la formación que han recibido los votantes, al papel que ha desempeñado la escuela en su formación. ¿Para qué les ha servido la escuela a los votantes del no?

Me preocupó conocer, en respuesta a mis preguntas, que el conflicto nunca haya estado en el curriculum escolar, que nunca haya sido objeto de análisis, de reflexión, de  estudio. La escuela ha vivido de espaldas al conflicto,. Como si no existiera. O como si existiera de forma inevitable, por designio de los dioses o del destino.

Probablemente no fueran los mejores acuerdos imaginables, pero eran acuerdos. Quizá no permitieran estar a todos completamente satisfechas, pero permitían que la mayor parte del pueblo estuviera algo satisfecha. Una vez celebrado el plebiscito con el resultado que todos conocemos, se reanudaron las negociaciones para incorporar  las objeciones de los partidarios del no. De 57 se tuvieron en cuenta 56, según manifestaba en su portaba hace unos días el periódico ABC de Madrid. Aún así, el expresidente Uribe, que encabeza la oposición a los acuerdos,  sigue diciendo que no. ¿Cómo es posible?

El acuerdo no es el final del camino sino el comienzo de una nueva era construida sobre los cimientos de la reconciliación, sobre la superación del odio y el dolor.

Días antes del plebiscito, envié a la Asociación de Directivos Escolares del país

ue me inquieta es lo hay debajo y encima del no. LO que eso significa para sibilidadesino ASla elecciido pero de parecido ndiun Manifiesto en el que instaba a decir SÍ apoyándome en doce razones que expongo a continuación.

1. Porque es preciso poner fin a 52 años de horror, de muerte, de asesinatos, de falsos positivos, de violaciones, de secuestros, de destrucción, de odio, de crueldad, de precariedad de presupuestos destinados a la educación… Hay que poner fin a esta sinrazón que es la guerra, por mucho  diminutivo que se le quiera poner.

  1. Porque la alternativa, el decir NO, es volver a la selva, a los tiros, a las armas, a  la muerte, al dolor, a los secuestros, a la inseguridad, a la noche del odio y de la violencia.
  2. Porque no se pueden tirar por la borda tantos esfuerzos, tantas horas de negociación, tantos viajes, tantos estudios, tantas reuniones por alcanzar la PAZ, tantas ilusiones por un futuro mejor…
  3. Porque será toda una lección decirles a nuestros hijos  e hijas y nietos y nietas que lo que no consiguieron las armas lo consiguió la palabra, que lo que no se pudo alcanzar en el campo de batalla, se consiguió en las mesas de negociación.
  4. Porque nadie tiene más amor y más cercanía con las víctimas que aquellos que aceptan y aquellos que deciden con su voto que no haya ninguna víctima más. El SÍ no es una traición a las víctimas sino la solidaridad con ellas de quien desea que no haya ni una sola víctima más.
  5. Porque hay más dignidad en el perdón que en la venganza, más grandeza en el abrazo que en las balas, más cordura en el generosidad que en la revancha… No hay mayor homenaje a quienes han muerto y han sufrido que elevar sobre sus cenizas y su sangre un país justo, digno y hermoso.
  6. Porque es hora de demostrar a los pesimistas que es posible la esperanza, que aun es posible la alegría, que puede llegar la PAZ. Es cierto que los optimistas ven algunas veces una luz donde no existe pero, ¿por qué los pesimistas quieren apagarla con tanta rapidez y empeño?
  7. Porque buscar la paz es una exigencia moral, una obligación democrática, un deber ciudadano. Luchar y alcanzar la PAZ es un compromiso ético al que todos y todas estamos llamados.
  8. Porque hay que construir una nueva PAZ después del acuerdo.  PAZ no es la mera ausencia de conflicto armado. Esa nueva paz ha de asentarse en la educación. Si la guerra nace en la mente y en el corazón de las personas, es en la mente y en el corazón donde han de construirse los baluartes de la paz. La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe.
  9. Porque no se puede situar a los niños y a las niñas en un escenario de guerra, mientras se les habla de PAZ y valores en la escuela y en la familia. No se les puede hablar de un mundo mejor cuando ven cada día espectáculos cercanos cargados de horrores. Hace falta un pueblo entero para educar a un niño, a una niña.
  10. Porque el país tiene que mirar esperanzado hacia adelante, construir una nueva historia que se asiente en la igualdad, en la libertad, en la solidaridad, en la justicia. Y para ello tiene que cesar el terror. No hay causa que justifique el precio de una vida.
  11. Porque hay que abrir las puertas a quienes desean incorporarse a la vida pública participando democráticamente en las instituciones.  La fortaleza de la democracia se muestra en la inclusión, no en el destierro, en la apertura, no en la clausura.  La democracia tiene que saber decir: Ninguna herida es un destino.

Pero ganaron, por poco margen es cierto, los partidarios del no. Si no lo veo, no lo creo. Al parecer no habrá otro plebiscito. Los nuevos acuerdos, firmados anteayer, serán llevados al Congreso para ser sometidos a la aprobación de los representantes del pueblo.

Lo que me inquieta es lo que hay debajo del no. Lo que eso significa para reconstruir la paz. Porque quienes tienen que hacer la tarea no son solo los firmantes del acuerdo. La tienen que hacer los ciudadanos y ciudadanas de Colombia. Y la escuela tiene que estar al frente de la construcción de la paz.

¿Cuántas piensas pasar tú?

En la vida nos fijamos objetivos. Queremos llegar a ser algo o alguien, queremos conseguir determinadas cosas, nos proponemos realizar algunos sueños, alcanzar algunas metas. Cado uno pone el horizonte más o menos lejos para comenzar a caminar hacia él.

Cado uno pone el horizonte más o menos lejos para comenzar a caminar hacia él.

Hay objetivos más o menos ambiciosos, más fáciles o más difíciles, más altruistas o más egoístas. Hace poco me contaba un profesor de la Universidad de Costa Rica que su meta era transformar el mundo. Me hablaba de que para ello quería ser un científico loco. Alguien a quien le hizo esta misma confidencia le aconsejó que dejase de soñar con ser un científico. Ayer mismo me escribió: “Sigo soñando con la necesidad de cambiar el mundo”.

De la ambición que tengan nuestros objetivos dependerá el esfuerzo y la perseverancia que vamos a necesitar para conseguirlos.

Nuestra autoestima será fundamental para fijar y perseguir los sueños que nos propongamos. También influirá en la fijación de las aspiraciones lo que los demás esperen de nosotros, las capacidades que tenemos, lo que suelen hacer las personas que nos rodean, lo que realmente vamos  alcanzando, el sexo y género que tenemos… Digo esto último porque se esperan cosas diferentes de hombres y mujeres. Todavía queda mucho camino para superar las discriminaciones que genera una sociedad androcéntrica.

Hace muchos años, en las clases que  recibí para graduarme como Psicólogo en la Universidad  de Boston, un profesor hizo un ejercicio que luego yo he repetido en mis clases  (y que he incluido en mi libro “Ideas en acción”, publicado en Argentina por la Editorial Homo Sapiens).

Está muy bien ideado porque permite a las personas que lo realizan reflexionar sobre cómo se fragua su nivel de expectativas ante la tarea que van a realizar y, por traslación, ante los proyectos o planes que se les presentan en la vida.

No es cuestión baladí. Porque muchas veces alcanzamos solo aquello que pensamos que vamos a alcanzar. Ajustar bien las expectativas a las posibilidades es una importante exigencia. Si son más elevadas de lo que podemos conseguir es fácil que se produzca la frustración. Si son más bajas, es posible que perdamos muchas oportunidades.

Vayamos al ejercicio. Pido que cuatro voluntarios salgan del aula. Los cuatro tienen que realizar, de uno en uno, la misma tarea de forma consecutiva. Les digo a cada uno que van a pasar unidades de objetos (clips, cerrillas, garbanzos…)  de uno en uno, con una mano, de un recipiente a otro, durante un minuto. Al primero se le dice que por término medio, cuando se ha hecho el experimento en una población de  similares características, los sujetos han conseguido una media de 50 unidades por minuto. La media es supuesta.

En ese momento formulo al sujeto del experimento la siguiente pregunta:

-        ¿Cuántas piensas pasar tú en ese mismo tiempo y condiciones?

Además del análisis racional de la situación el sujeto tiene la referencia de lo que consigue la media. Se produce una comparación interesante. El sujeto se sitúa por encima (mucho o poco), por debajo  (mucho o poco) o en el nivel de la media. Se le puede preguntar  a continuación por qué ha hecho esa elección.

Hay respuestas para todos los gustos: soy malo en actividades manuales, prefiero asegurar, nunca he hecho este tipo de actividad, estoy nervioso, tengo las manos húmedas, no quiero parecer petulante (si se sitúa por debajo), por qué voy a hacer menos que la media (si toma esa opción), soy muy bueno haciendo estas cosas (si se sitúa por encima)…

Hace el ejercicio en presencia del grupo (también se puede hacer en solitario). El experimentador cuenta el número de unidades que pasa.  Imaginemos que pasa 65.  Y entonces se le dice que lo va a hacer por segunda vez en exactas condiciones y se le pregunta cuántas unidades piensa pasar. Y ahora el sujeto tiene un nuevo dato de referencia para decidir: lo que ya ha conseguido. Esa suele ser la cantidad esencial para tomar la decisión. Se puede observar si la repite sin arriesgar nada, si se sitúa por debajo de lo ya conseguido o se sitúa muy por encima o razonablemente por encima.

Lo hace por tercera vez y se vuelve a plantear la misma pregunta: ¿cuántas crees que vas a pasar en un nuevo ensayo?

Luego pasa el segundo sujeto. Y repite el ejercicio pero barajando la media supuesta de 60. El tercero de 70 y el cuarto de 80. La media sirve de referencia cuando no hay otra de más importancia.

Veamos algunas conclusiones que casi siempre se pueden derivar de forma evidente. El diálogo con los interesados y con los asistentes suele ser muy enriquecedor.

- Mientras mayor es la aspiración que se proponen, más alto es el número de unidades que consiguen pasar.

- Lo conseguido es el principal elemento para la decisión. De donde se deduce la necesidad de propiciar éxitos que insten a buscar logros mayores.

- La presencia de público es un condicionante que no se puede ignorar.

- Algunos sujetos son muy persistentes y se mantienen en la cantidad inicial aunque hayan tenido evidencias de que no es posible conseguirla.

-        Algunos son muy prudentes y se sitúan siempre en una cifra que puedan sobrepasar con creces. Nunca se arriesgan a quedar por debajo. Le tienen mucho miedo al fracaso.

- Ante el fracaso (sobre todo quien ha actuado en el cuarto lugar)  alguno ni se inmuta y otros se ven afectados de manera que van reduciendo sus aspiraciones para no tener más desajustes.

Suelo incorporar algunos elementos para provocar la reflexión.

- Les digo que  yo voy a contar, pero algunos o no se fían o prefieren contar ellos. No es lo mismo actuar de una manera que de otra.

- Como les he dicho que yo  me encargo de contar las unidades que pasan, luego les pregunto si ellos lo han hecho. Algunos dicen que si, otros que no. A quienes han contado les quito una o dos unidades. A otros les quito 10  o 12. Es curioso. comprobar cómo algunos aceptan sin rechistar que les quite una docena y otros protestan airadamente por una sola.

- Días después pregunto cuántos han repetido la experiencia en sus casas, con sus amigos, con sus grupos de trabajo. Resulta curioso comprobar que muchos lo han hecho con el mismo tipo de objetos que lo han visto hacer en la clase. Si se hizo con cerillas lo hacen con cerillas.

Plantearse unas aspiraciones pertinentes, ambiciosas, claras, altruistas, exigentes… resulta decisivo en la vida de una persona. Es una fuente de satisfacción ir consiguiendo los objetivos que nos proponemos.

Las metas van cambiando en la vida, dependiendo de muchos factores: del éxito o del fracaso conseguido, de las ayudas disponibles, de la administración de las fuerzas, de la información con la que se cuenta, de  las necesidades reales o supuestas, de la actitud ante la vida, ante los demás y ante nosotros mismos…

También es importante la capacidad de superar las frustraciones cuando falle el intento de alcanzar lo que se busca.  Hay quien es destruido por un fracaso, otros se sienten estimulados por él. Hay un arte y una ciencia en  la vida que resultan imprescindibles: saber coinvertir dos signos menos en un signo más.

La boa te está midiendo

He leído la reciente e interesante novela de Rosa Montero titulada “La carne”. Suelo, cuando leo,  tener una hoja en blanco en la que anoto el comienzo de una frase, de una anécdota, de un diálogo que me han llamado especialmente la atención. Y, al lado de ese comienzo, coloco una flecha hacia arriba, hacia abajo o en horizontal, para indicar en qué parte de la página se encuentra la cita. De esa manera, cuando termino el libro o algún tiempo después de haberlo leído, y quiero localizar una cita, puedo hacerlo con suma facilidad acudiendo a mis notas. Cuando no lo hacía así, me veía obligado a recorrer el libro hacia delante y hacia atrás en busca de la referencia, con  un esfuerzo largo y, a veces, baldío.

Solo esperará a tener un tamaño suficiente para engullir a su víctima. Una gran desgracia para el cuidador, pero una enorme tragedia para quien se ha convertido en un monstruo al calor de sus cuidadores.

Pues bien, leí una historia en el libro de Rosa Montero que me estremeció. La he localizado sin pérdida de tiempo en la página 188, parte superior. Dice así.

“Recordaba ahora Soledad aquella historia que le contaron años atrás de un niño de Perú que tenía una boa como mascota. El chico había incubado el huevo él mismo, había viso salir a la serpiente de entre las cáscaras y le tenía un comprensible aprecio. El joven reptil dormía con el niño en la cama, aprovechando su calor. Pero, curiosamente,  todas las noches antes de enroscarse, la boa se estiraba todo lo larga que era y permanecía muy quieta y muy rígida durante unos segundos junto al pequeño. Nadie sabía por qué hacía eso, hasta que un día acertó a pasar por allí un zoólogo. “La boa te está midiendo –le dijo al niño-. Cuando sea más grande que tú, te comerá”.

Quiero que esta inquietante historia me sirva para plantear algunas ideas sobre la educación. Pienso en los hijos caprichosos, malcriados, consentidos, que acaban devorando a quien los crió, a quien los alimentó, a quien les dio cobijo y calor. El niño peruano habría tenido un triste final si no le hubieran advertido a tiempo del peligro que corría y hubiera hecho caso omiso de la crucial advertencia.

Me remito al libro de Javier Urra “El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas”, que  tiene este preocupante subtítulo: “Del niño consentido al adolescente agresivo”. Ahora ha tenido una nueva edición con el título “El pequeño dictador crece”. En esos libros aparecen muy fundamentadas las advertencias del zoólogo.

Creo que los padres y madres que dejan a sus hijos a su completo albedrío, que los sobreprotegen, los defienden de sus tropelías y desvergüenzas, están alimentado a una boa que acabará devorándolos. En primer lugar a ellos, porque son quienes están más cerca, con quien tienen más contacto, con quien conviven cada día.

Me contaban no hace mucho tiempo el caso de un joven cuyos padres son convocados a una reunión con el tutor porque su hijo había insultado gravemente a una profesora. Cuando se sientan en el despacho del tutor y éste es informa de lo sucedido, lo primero que dicen es lo siguiente:

-    Eso es mentira. Nuestro hijo nunca nos engaña. Y él lo niega. Eso no es verdad. El problema está en que la profesora, como é dice, le tiene una manía enfermiza.

-

¿Puede alguien en su sano juicio,  a excepción de estos progenitores permisivos, ver las cosas de ese modo? ¿Qué interés puede tener la profesora en inventarse esos hechos? Sin embargo, es fácil suponer los intereses que esconde el chico con su negativa. Lo ve un ciego. Lo ve todo el mundo, menos el que no lo quiere ver.

En el mismo centro de Secundaria un alumno se niega a sacar el libro como ha pedido la profesora. Dice que no le da la gana. Llega la Jefa de estudios al rescate y le hace la misma petición con similar resultado. Acude el Director que formula la misma exigencia y consigue idéntica respuesta. Llaman a la madre, que se queda unos minutos a solas con el hijo en el aula. Al cabo de un rato sale diciendo que ha convencido a su hijo para que saque el libro. Cuando le preguntan cómo lo ha conseguido, les dice a los docentes:

-           Le he prometido que, si lo hacía,  le iba a dejar jugar con la Nintendo toda la tarde.

Es decir que por haber desobedecido y desafiado a la profesora, a la Jefa de estudios y al Director,  por haberla hecho venir desde la casa, por haber provocado una situación negativa ante todos los compañeros y compañeras, el “señorito” va a tener un premio: va a jugar toda la tarde con su Nintendo.

No se puede consentir todo lo que hacen, permitir todo lo que dicen, conceder todo lo que piden, comprar todo  lo que desean. Dice María Jesús Álava en su libro “El NO también ayuda a crecer”: “Es importante que, desde el principio, los acostumbremos a no darles todo aquello que nos piden, aunque económicamente no nos suponga problema. Los niños deben valorar las cosas, aprender a esperar, a soñar, a desear lo que quieren, a esforzarse por conseguir lo que anhelan y… a no frustrarse cuando no lo pueden obtener. De otro modo empiezan por no darle  valor a las personas”.

Hay muchas formas, por acción y por omisión, de hacer que la boa que está a nuestro lado vaya creciendo y preparándose para acabar con quien la protege y la cuida.

Alimentar la boa es no imponer limites, no establecer  y exigir el cumplimiento de normas, no demandar responsabilidades.

Alimentar la boa es sobreproteger  a los niños y a las niñas, hacer las cosas por ellos, pensar por ellos, decidir por ellos, responsabilizarse de ellos y por ellas.

Alimentar la boa es pasar por alto las insolencias, las malas respuestas,  los malos modos, los gestos violentos, las amenazas o las  faltas de respeto.

Alimentar la boa es disculpar su desobediencia, no corregir sus malos modos, consentir sus caprichos, sus agresiones, su pereza, sus malos comportamientos.

Alimentar la boa es reír sus gracias faltas de respeto hacia los demás, disculpar todas sus groserías y faltas de urbanidad.

Alimentar la boa es  hacerles creer que solo tienen derechos y no obligaciones, que solo pueden hacer peticiones  exigentes pero no donaciones generosas.

Alimentar la boa es aceptar su pereza para levantarse, para estudiar, para colaborar en las tareas de la casa, para ayudar a los demás.

Alimentar la boa es acceder a todos sus caprichos y exigencias, a todas sus peticiones y deseos, a todas sus  reclamaciones y súplicas.

Alimentar la boa es dar premios por toda buena acción, por cualquier buena nota, por el más pequeño esfuerzo, casi hasta por respirar.

Alimentar la boa es ir recogiendo la ropa que van tirando, ir limpiando servilmente lo que van ensuciando,  ir ordenando lo que abandonan en cualquier parte.

Alimentar la boa es convertirse en sus vasallos, en sus recaderos, en sus taxistas, en sus secretarias, en sus criadas, en sus abogados defensores.

Podría seguir, pero cada uno de mis lectores y lectoras está en condiciones de hacer una lista mucho más larga que esta. La boa, crecida y alimentada, acabará devorando con insensibilidad, egoísmo, desamor y crueldad a quien la ha alimentado, cuidado y protegido durante años. Solo esperará a tener un tamaño suficiente para engullir a su víctima. Una gran desgracia para el cuidador, pero una enorme tragedia para quien se ha convertido en un monstruo al calor de sus cuidadores.