De buena, eres maravillosa

En este mundo cargado de injusticias, carente de buenos sentimientos y donde la postura de los malvados tiende a respetarse e incluso a tomarse como referente de lo que hay que hacer en la vida para llegar a no sé dónde, a las buenas personas como lo es mi amiga Olga se les tiende a afear su conducta y a recriminar su excesiva bondad ante la vida; fíjense qué contradicción más tremenda. Los buenos como ella tienen que soportar a diario frases (estoy seguro que dichas desde un sentimiento de protección) como: «De buena que eres, eres tonta». Quiero manifestar mi profundo desacuerdo con esta afirmación y les pido desde mi humilde posición que no vuelvan a emplear con nadie esta categórica expresión, porque si hay algo de lo que estamos faltos en este barrio es de buenas personas y sentimientos. A Olga de todas formas siempre le ha traído al pairo que alguien le dijera eso; ella ha tenido siempre muy claro que la mejor forma de ser feliz es haciendo feliz a los demás y ésa es, y ha sido, la forma de entender su paso por este mundo. Olga, echando la vista atrás, no recuerdo ni un solo día que no me hayas regalado una de tus preciosas sonrisas, tampoco recuerdo ni un solo día donde no hayas atendido mis interminables charlas telefónicas sobre proyectos e ideas para la ciudad y no te hayas emocionado escuchándolas conmigo. Tampoco recuerdo un mal día, un mal gesto, una mala palabra, una pelea contigo; eso es casi imposible. Ahora que te has ido sin avisar, yo creo que porque tu sonrisa está más acorde cerca de las estrellas que por aquí abajo, me gustaría escribirte algunas cosas que no te he dicho y que seguro conociéndote te gustará leer. Aunque nos conocemos de hace muchos años, cuando muy jóvenes y desde esa Facultad de Teatinos deseábamos comernos el mundo, ser los mejores periodistas; aquellos años donde íbamos de fiesta en fiesta y nos divertíamos tanto, no ha sido hasta los últimos seis o siete años donde tu amistad ha sido imprescindible para mí.

En un momento de mi vida muy triste y donde necesitaba reírme y hacer cosas diferentes, conseguiste darme aliento y fuerza, me enseñaste no sólo a hacer televisión y a abrirme una cuenta en Facebook (dos enseñanzas por las que te estaré eternamente agradecido), sino a mirar la vida desde otro prisma diferente, con ironía, con elegancia, con humildad, mucha humildad, con trabajo y entrega, pero con alegría. No sabes cómo te agradezco tus risas y tu complicidad cuando me ponía delante de la cámara y te confieso que cuando soltaba alguna de aquellas barbaridades con las que nos reíamos juntos, no lo hacía para la audiencia, las hacía para ti, porque me encantaba verte reír y flipaba con los piropos con los que me recompensabas. Olga, un día de grabación contigo eran como tres meses con el mejor terapeuta del mundo, subías mi autoestima tres puntos por minuto. Voy a echar mucho de menos ir a buscarte a Gorky y verte sentada en un taburete copa de vino en mano saboreando unos deliciosos espárragos trigueros con jamón con modelazo puesto a cualquier hora del día; voy a echar mucho de menos distinguir tu elegancia cuando aparecías por cualquier bocacalle de Larios y me invitabas a pasar contigo un rato de charla en la puerta de la tele; voy a echarte tanto de menos, Olguita.

Orgulloso

Pero a pesar de todo voy a intentar no estar triste porque sé que a ti eso no te gusta. Tengo que decirte que estoy muy orgulloso de ti y de lo que has dejado por aquí, Olga. Una familia maravillosa que acabo de conocer y que se parece tanto a ti (ahora me explico de dónde viene tanto bueno), y un reguero de amor y sentimiento que a los que te queremos nos da mucho consuelo. Te has ido de repente, currando por esa televisión que tan a gala llevabas y de la que eras reportera, montadora, editora, presentadora y miles de cosas más. Tu amplia y seria formación y tu vasta cultura forjada a base de las cientos de pelis que has visto y los tantos libros que te has leído hacían de ti una periodista de primera. Tu humildad y tu pasión no te hacían desfallecer pese a ir cargada con un pesado trípode y una cámara de noticia en noticia, haciendo del día a día información para todos. Por eso, Olga, me gustaría que unos premios de periodismo al mejor reportaje de televisión local llevasen tu nombre, para dignificar a tantos que como tú se patean las calles cámara al hombro. Sé que donde estás, estarás feliz y dando cariño a los que tienes cerca. Sólo te pido un último favor, que cuando llegue allí me estés esperando porque estar toda la eternidad riendo a tu lado tiene que ser alucinante.

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