Pensemos en Tívoli World

Todos hemos sentido en más de una ocasión un pellizco en el estómago cuando hemos oído hablar de este parque de atracciones construido en Benalmádena en el año 1972 por la familia Olsen. No es para menos, Tivoli World representa para muchos un recuerdo de ilusión y disfrute de la infancia; un momento de pleno goce y felicidad. Cuando escuchabas la voz de tus padres haciéndole mención, los ojos enseguida se nos volvían dos platos brillantes y la emoción recorría cada uno de los pequeños poros de nuestra piel. Recuerdo como algo grandioso atravesar aquella marquesina de la entrada con innumerables arcos blancos, como el que pasaba por debajo del arco del triunfo, y encontrar al otro lado un inmenso paraíso de luces y fiesta.

Este recinto de ocio y diversión representa un icono insustituible de la memoria colectiva del turismo de la Costa del Sol, conservando aún en nuestros días todo su tipismo y estética absolutamente vintage. Sólo hay que darse un paseo por sus ajardinadas avenidas para constatar que por allí no han pasado los años y que, lejos de convertirse en algo obsoleto, si entre todos ponemos de nuestra parte, puede perdurar como objeto de patrimonio cultural y turístico de la provincia.

Sus antiguas atracciones mecánicas empiezan a tener un regusto a otra época, a un pasado estéticamente dorado de la Costa del Sol y por eso deberíamos plantearnos de qué manera podemos conservar esto que ha sido objeto de un devenir fortuito. Desde que la familia Olsen vendiera la propiedad del parque al conocido y polémico empresario Rafael Gómez (más conocido como Sandokán) en el año 2004, el parque de atracciones se mantiene con un mínimo presupuesto y apenas se han sucedido las inversiones en una infraestructura tan carismática en la Costa del Sol. Pero no es mi intención solicitar que se invierta precisamente en renovar completamente las instalaciones haciendo del parque algo nuevo y completamente diferente; la idea que quiero trasladar es que se debe recuperar precisamente como espacio de ocio en normal funcionamiento, pero conservando ese sabor y atractivo histórico que le confiere una identidad especial. Seguro que el afamado director de películas de serie B, afincado en Torremolinos, Jess Franco, pensó algo parecido a lo que estoy hoy expresando cuando decidió rodar allí en el año 2002 una de sus más divertidas películas, Killers Barbys contra drácula.

Afortunadamente para el futuro del parque, la burbuja inmobiliaria explotó y dejó de pensarse en él como objeto de especulación urbanística, dejando a un lado otros intereses y manteniéndose abierto al público de manera regular durante los últimos años. Es por tanto el momento de aunar voluntades y recuperar la esencia del parque para otros fines más culturales y de ocio. Todos nos acordamos de la magnífica y extensa programación musical y de variedades que acogía Tivoli durante todo el verano. Por su amplio teatro al aire libre, con capacidad para 2200 personas, pasaban innumerables artistas nacionales e internaciones de prestigio, que dieron a conocer el recinto por todo el país como uno de los más importantes de la temporada veraniega. Recuerdo aún estar pendiente de las avionetas de publicidad que sobrevolaban las playas con el nombre del artista que esa noche actuaba y pensar con ilusión el poder ir a disfrutar de alguno de esos espectáculos; de hecho, me he quedado con las ganas de haber disfrutado precisamente allí de un concierto de Rocío Jurado.

Ahora que somos cada vez más conscientes de que la actividad cultural y musical se debe realizar en espacios con cierto encanto, se podría plantear como actividad regular y continuada, la celebración de un festival de música con carácter anual dedicado a la música independiente en sus más diversos géneros. Teniendo en cuenta que además de ese auditorio, Tivoli World cuenta con más escenarios (como los que se encuentran en la Plaza Andalucía y en la Plaza del Oeste), sería muy viable organizar en sus instalaciones un evento que trascendiera como una cita ineludible del verano. Sólo hay que recordar como en festivales como el Sónar, el Festival de Benicassim o el SOS en la región de Murcia sus organizadores incluyen, dentro de las actividades propias,  atracciones mecánicas y juegos para hacer más divertida la estancia a sus asistentes. En Tivoli esta infraestructura existe además con Pasaje del Terror incluido, siendo un recinto de excepcionalidad para programar un gran evento de este tipo. Pensemos en un cartel de lujo con bandas nacionales e internacionales durante dos días en Tivoli World, un parque de atracciones con estética vintage en el corazón de la Costa del Sol: lo más.

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