Málaga la nuit

  La noche también es cultura. Las principales ciudades del mundo suelen albergar en su vida nocturna numerosas conexiones entre intelectuales, artistas, bohemios, poetas y demás personajes en cafés y bares hasta altas horas de la madrugada. La noche tiene mucho de literatura, de música, de tertulia, de baile, de risas, de sueños, de amor. Las ciudades con carácter y encanto también se miden por su capacidad de ofrecer distintos ambientes y formas de diversión a aquellos que prefieren conectar con nocturnidad y alevosía.

La noche en Málaga requiere de una seria reflexión de todos los actores implicados en ella. Armonizar la vida de día y la que transcurre después de que cae el Sol se hace cada vez necesario. Sin que un modelo de vida haga desaparecer al otro. Ésto es lo que no ha ocurrido en Málaga desde hace algunos años. Poco a poco se han ido limitando los horarios, las licencias, las ideas y las ganas de muchos empresarios que ven en sus negocios de noche una amenaza más que una oportunidad. No podemos olvidar que el principal activo de esta ciudad es el turismo y que después de visitar el Museo Picasso y comernos unos espetos debemos ofrecer locales para la música en directo, baile, buen ambiente y diversión.

El problema es que el Ayuntamiento desde hace ya varios años no concede licencias de café-teatro, que son las que permiten la música en directo, porque también llevan implícito cerrar a las seis de la mañana. Y por esa regla de tres no existen en la ciudad cabarets, salas de jazz, clubs, tablaos flamencos o salas de conciertos de pequeño formato que hagan que la noche no sólo sea música en lata sino también espectáculo en directo. Es necesario, por tanto, empezar a pensar que tenemos que firmar un nuevo contrato ciudadano que haga que la noche malagueña se potencie y vuelva a ser referencia como ya lo fue en los ochenta.

A menudo solemos escuchar la cantinela de que Granada o Córdoba son ciudades más divertidas y con más oferta nocturna y que hemos perdido fuelle en este sentido. No olvidemos que Málaga es cantaora, que así la definió el poeta. Me pregunto si Picasso hubiera sido el mismo sin los encuentros con sus coetáneos en las noches de Montmartre. Y no sólo Picasso sino la mayoría de los artistas de las vanguardias. La respuesta despeja mis dudas.

La necesidad de empezar a concebir la ciudad con una visión más global nos debería permitir diseñar distintos espacios. Conjugar áreas de reposo y tranquilidad con zonas más dinámicas que favorezcan estos intercambios de afectividad y creación. El entorno es clave para favorecer estas relaciones. Por definición, el centro de las ciudades suele ser el lugar elegido para concentrar estas infraestructuras del ocio y en Málaga debemos recuperar vitalidad en esta zona. El resto de distritos y barrios seguirían siendo espacios para el descanso nocturno.

El Centro debe estar poblado en su mayoría por jóvenes, artistas, músicos y por gente con cierto ritmo que soporte la intensidad de la actividad turística, monumental y creadora. El motor de la ciudad cultural. La chispa que dinamice este proceso. Es evidente que esta nueva infraestructura de ocio nocturno requiere de un nuevo enfoque legislativo y un apoyo claro a los empresarios para que inviertan en sus negocios haciéndolos más atractivos e innovadores.

Debemos pensar a su vez en la Málaga en expansión: por un lado la que ofrece el nuevo Puerto y por otro la del Paseo Marítimo Antonio Banderas, para dibujar un nuevo escenario frente al mar. Precisamente al final del mismo existe un barbecho industrial que el nuevo PGOU pretende que se destine a uso comercial. Un lugar ideal para que emerjan nuevas propuestas.

Pero aún así y pese a las dificultades hay que destacar la labor de muchos emprendedores que a día de hoy hacen de sus negocios refugios para las ideas, la iniciativa, el encuentro y la cultura. No podemos olvidar las veladas de música en directo del Velvet, las cuidadas sesiones de electrónica del Nómada café de artes, el incombustible ZZ pub y sus noches de conciertos de rock, soul y jazz, el mítico Road House, el templo del indie en Málaga, el Village Green. Los amigos del Level, tan modernos y exóticos, coronados con la sonrisa cómplice de la guapa Nuria Ruiz.

Las tertulias reposadas en los espacios diseñados del Café Negro o el Casino con el encuentro casi seguro de artistas y literatos reunidos frente a un Cosmopolitan o un Dry Martini. El desenfreno y la pasión de las noches del Reinas y del Warholl con Javier Boxó como maestro de ceremonias. El refinamiento y la clase de nuevos garitos como el Toulouse. La apuesta cultural que desarrollan el Trifásico y los Paragüitas con ciclos de poesía que ya son imprescindibles en la agenda literaria de la ciudad. El acogedor y divertido café de El Carmen en el corazón de la plaza de la merced. El evocador, glamuroso e histórico Bar Emily con sus inagotables charlas solo a veces interrumpidas por el subidón de volumen de alguna ópera o la voz de uno de los grandes o el majestuoso Bar el Liceo, con sus noches de famoseo durante el Festival de Cine.

En el texto aparecen estrellas pero hace falta completar una gran constelación. Con planetas del estilo a lo que fue en su época la discoteca Tiffanys en Torremolinos. Las luces de neón, los leds, la decoración con diseño futurista, el buen sonido, las sinergias de músicos improvisando en directo con las bases de un dj y las coreografías de bailarines aportando movimiento al ambiente son elementos para que esta ciudad con excelente clima aporte calidad y diversión a sus noches haciendo de ella el paraíso de los noctámbulos

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Comentarios

Cuanta razon llevas por favor!!! Estoy totalmente de acuerdo contigo. Esperemos q esto cambie!! BESOS

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