Sinceramente, la Feria
Quedan veinticinco días para que comiencen los fastos de agosto. Y he de confesar que yo, como cientos de malagueños, aprovecho esos días para desaparecer de la ciudad. Y no me entiendan mal. No es que no me sienta malagueño, los que me conocen saben que llevo esta ciudad incrustada entre la aorta y el mediastino, sino que soy de la opinión, cada vez más extendida por cierto, de que la Feria de Málaga necesita reinventarse.
Si hacemos un poco de historia recordaremos que la Feria tuvo su punto de inflexión en 1987, coincidiendo con el quinto centenario de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos. La gran fiesta del verano cambió su sinuoso rumbo y llego a convertirse de nuevo en un foco de atracción para los malagueños. Nacía la Feria del Centro. Me acuerdo de ir subido vestido de corto con apenas diez años en una carreta tirada por bueyes de la Asociación Cultural El Portón, formada ese mismo año por los sanitarios del Hospital Civil en la primera romería de la Virgen de la Victoria. También recuerdo pasar todas las noches de feria con mis padres en el Real de la Feria e ir de El Péndulo a La Rebotica, pasando por el Patio del Galeno y sin poder casi entrar en la Pingrá, siempre a reventar, para acabar a las tantas de la madrugada saliendo por la puerta de atrás de esa primera caseta de El Portón donde mi hermano y yo lo pasábamos en grande y que abría sus puertas ese mismo año.
Pasados unos años la Feria del Centro y la del Real entraron en competencia. Ésta última adolecía de visitantes que se quedaban de juerga en la primera, y llegó el momento en que se restringió el horario de cierre de las casetas de por la mañana para que la gente se trasladase al recinto de Teatinos. La feria del Centro es algo que inventamos los malagueños y que pronto se empezó a exportar a otros rincones del país. Pero a mi modo de ver dejó de tener su encanto cuando los peñitas, los caballistas y demás juerguistas se fueron al nuevo recinto del Cortijo de Torres, también en horario matutino. Algo que hizo partir el encanto de la Feria en dos. La Feria del Centro que presumía de unir a todos los públicos en una fiesta común se resentía y perdía el encanto de los trajes de gitana, de los coros rocieros cantando, del folclore y del arraigo y empezó a ser tomada por la chavalería sin camiseta, con sombreros de gangsters y con demasiada violencia y desenfreno. Mientras los nuevos inquilinos del Cortijo de Torres se afanaban en ofrecer a los malagueños paellas, ollas gitanas y pucheros de berzas gratis para animar un poco el ambiente a cuarenta grados a la sombra de unos toldos. Eso fue hace algunos años.
De un tiempo a esta parte, la Feria ha ido recomponiéndose y en la actualidad la de la mañana ha conseguido librarse en buena medida de los violentos y parece haber recuperado algo de color (las charangas en las plazas y en calle Larios del último año han sido un acierto). Pero sigue a años luz de la que fue. Y es normal cuando el ambiente se divide por la mitad. Yo sería partidario de decidir sin miedo por alguna de las dos, renunciando a seguir con este juego de ferias paralelas que las hace existir conjuntamente pero ambas sin demasiado fuelle ni gracia.
Auditorio
Hace unos días conocíamos la programación del Auditorio para estos días. Protagonizada por Marta Sánchez (el único concierto al que asistiría junto al de los malagueños Chandé y Vanesa Martín), Lolita, Tamara, Melocos o Edurde. Esta lista nos aventura tiempos de crisis, por no ahondar en otras consideraciones más estéticas. Además, por primera vez en muchos años, la Caseta de la Juventud se ha descapitalizado de grupos con cierto renombre y solamente actuarán las bandas participantes de la última edición del Málaga Crea, dándoles la oportunidad de actuar en un escenario grande, pero seguramente con escaso público y sin el tirón que aporta el ser telonero de una banda nacional con peso. Tampoco este año tenemos estrellas internacionales ni MTV la noche de los fuegos. Y es comprensible en los tiempos en los que vivimos (no seré yo el que apoye un incremento presupuestario de la Feria, más bien todo lo contrario). Aún así, siempre nos queda la satisfacción de darnos una vuelta por la Caseta Municipal de Verdiales, que adoro, y en la que no me importa estar todo el tiempo que sea; o refugiarnos en la mítica Sala Factoría, caseta que dirige el amigo Luis Rubio y que desde hace algunos años sobrevive contra viento y marea, ofreciendo una programación propia de gran calidad.
Festival
Pero los tiempos de crisis son también tiempo para las oportunidades. Málaga necesita un gran festival de verano que haga que el país y el resto de Europa la mire de reojo y quiera venir. Un festival que aúne tradición, cultura, diversión y actualidad artística y creadora. Y sería bueno que durante todo el verano se sucedieran distintas actividades en múltiples rincones de la ciudad (rollo Edimburgo o los Veranos de la Villa pero con la brisa del mar). Conciertos, talleres, exposiciones, cursos de verano, cine, teatro, danza, flamenco, juegos, deporte, etc., en una sucesión de actividades que culminen en una traca final durante los días de Feria intentando conseguir que vengan artistas de renombre (y ya vemos que muchos grupos con nivel vienen hasta gratis; si no que se lo pregunten a los del Wild Weekend Festival), implicando a la ciudadanía en actividades y haciendo que la ciudad se movilice culturalmente todo el verano. Sería algo bastante ambicioso y no se le puede cargar sólo al Ayuntamiento. Debería de ser algo para hacer entre todos.
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