El mercado de las artes
Las ciudades posmodernas y culturalmente desarrolladas reciclan sus espacios y edificios. Son numerosos los ejemplos que constatan este nuevo pensamiento basado en un modelo de desarrollo urbano sostenible. La idea es bien simple: se conservan y se da valor a infraestructuras que por la propia dinámica de la ciudad han dejado de tener el uso para el que fueron construidas. Viejas estaciones que albergan museos, lonjas de puertos que se convierten en salas expositivas, antiguas iglesias que hoy son salas de conciertos, fábricas y mataderos como centros culturales, etc. Además del ahorro y de la idea de sostenibilidad, estos nuevos espacios suelen tener encanto, ya que evocan situaciones vividas por la ciudad, o a menudo son fuente de inspiración de creadores y artistas.
Hace unos días se inauguró el remodelado mercado de Atarazanas. Durante más de dos años las obras obligaron a construir un edificio que albergaba el mercado de manera provisional. Diseñado por el arquitecto Eduardo Rojas se planteó como una estructura metálica de vigas y pilares de alta resistencia con uniones de tornillos y tuercas que permiten el montaje y desmontaje del mismo. En un primer momento, una vez finalizase su función en esa ubicación, se pensó que pasaría a albergar de nuevo un mercado provisional, esta vez el de Huelin. Pero según he podido saber, las últimas decisiones al respecto apuntan al derribo del mismo y a la venta al mejor postor de los perfiles y planchas metálicas.
Teniendo en cuenta la necesidad que tiene la ciudad de infraestructuras, este edificio se podría convertir en un gran contenedor cultural en el Centro que diera cabida a distintas manifestaciones y propuestas de artistas, creadores y ciudadanía en general. Podría albergar un gran zoco donde ilustradores, fotógrafos, pintores, diseñadores de moda, actores, músicos, poetas mostrasen y vendiesen sus creaciones haciendo del nuevo espacio un referente de la cultura actual y emergente de la ciudad. No habría que usar todo el espacio. Dejando únicamente la nave principal se podría desmontar el resto para recuperar la plaza como espacio ciudadano. La inversión sería mínima y se amortizaría para otro uso un edificio que costó alrededor de tres millones de euros.
Acciones de este tipo son las que nos acercan a la meta de conseguir la capitalidad cultural y hacen que la ciudad se posicione frente a otras en un espacio de modernidad. La acción cultural no se puede limitar a la programación institucional de eventos y espectáculos, sino que debe permitir que la ciudadanía desarrolle capacidades propias y sea también protagonista de los cambios. La recuperación de este espacio a la vida cultural de la ciudad puede ser el mejor ejemplo.
Interzona
Durante todo el invierno en el reformado bar Trifásico de la calle Beatas, después de la obra reducido a un alargado y triste pasillo, se han venido sucediendo distintas sesiones poéticas dedicadas a descubrir a nuevos talentos literarios. Coordinado por el incombustible Francisco Cumpián y auspiciado por el Centro del 27, este ciclo ha sido una demostración fehaciente de que la poesía no es algo de señores mayores con gin tonic en mano que hablan de torsos o de alondras, sino también vehículo de expresión de los anhelos, sueños y sentimientos de los más jóvenes. El pasado miércoles se cerraba la temporada con la participación de muchos de ellos que en series de tres poemas cada uno se iban sucediendo entre cervezas y algunos nervios. A María Fernández Lago no la escuché porque no llegué a tiempo. Superiores fueron los poemas de David Leo García y encantadores los de Virginia Aguilar, cautivadores los de Cristian Alcaraz y muy frikis los de Manuel del Barrio. Elevados y oscuros los de Bárbara Zagora y muy suculentos los de Carmen López. Pero el premio a la interpretación se lo llevó Alejandro Robles, que, entre poema y poema, iba disertando sobre acontecimientos vividos junto a su inseparable amiga Olivia, internada en el colegio de Campillos algunos años, y descubridora junto a él de los efectos perturbadores del LSD. Beatriz Ros, a la que estaba deseando ver, no apareció.
Me llamó muchísimo la atención que en un momento de la velada un hombre de cierta edad se subiese al atril cual espontáneo en el ruedo, y leyese, bastante bien por cierto, un largo poema cargado de sentimientos. Mi sorpresa se reveló cuando el señor comentó que la poesía la había escrito su hijo, pero que no se atrevía a leerla porque no se valoraba lo suficiente y pensaba que sus letras no importarían a nadie. Él quiso demostrarle ante todos que eso no era cierto. La escena me enterneció y me hizo pensar en lo que son capaces de hacer los buenos padres por sus hijos.
Pop malagueño
El próximo miércoles en el remozado cine Albéniz, al que le han dejado una estructura metálica horrenda en la fachada de no se qué pantalla del Festival, se presenta el libro Una historia del pop malagueño 1960-2009, del genial e incansable Javier Ojeda. Un recorrido por los 50 últimos años de música pop en Málaga. Estoy deseando que caiga en mis manos. Me consta que han preparado algo bueno para la ocasión. Una banda creada al uso, entre los que encontramos a los músicos Miguel Paredes, productor del último disco de Danza Invisible o Paula Gaviño entre otros, se encargará de hacer un par de popurrís con éxitos del pop malagueño. También acudirá a la cita el cantante Tony Zenet y el periodista Manolo Bellido, colaborador del libro en uno de sus capítulos. No viene nada mal recuperar de vez en cuando la memoria y recordar que en otras décadas, sobre todo en los ochenta, Málaga aparecía en el universo de la movida como un lugar de referencia, que no tenía nada que envidiar a Madrid o Vigo. Eran otros tiempos.
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Pues el libro de la historia del pop malagueño tiene buena pinta, no tenia ni idea. Un saludo.