Almuerzos orwellianos
Dudo que en las cárceles españolas se coma peor. No me creo que un pederasta que purga sus penas en una celda de aislamiento reciba peor alimento de sus carceleros. El visionario Orwell ya lo vaticinaba en su digna novela ‘1984’, cuando Winston Smith, el protagonista, debía comer unos guisos acuosos y repetidos donde abundaba la patata y escaseaba la carne. Para beber, café de la Victoria y ginebra de nulas calidades.
Viajo a lomos del progreso chino. No es que lo hayan inventado ellos pero sí es cierto que se lo han tomado como un éxito propio. Hablo de sus trenes de alta velocidad, que llegando a los 306 km/h unen a Shanghái y Pekín en poco más de cinco horas.
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Atropello
Sorprendente día de fabulosa temperatura en Shanghái. El sol, aunque sin brillar lo que resplandece en Camboya –gracias progreso- era más poderosos que la muchedumbre habitual. A la salida de un colegio vi una estampa triste: doscientos padres y madres arremolinados en torno a la única sombra existente, a unos cincuenta metros de la salida de los chavales. En China, a partes iguales, la gente huye del agua y del sol.
El viento fresco se agarraba a mis poros, que por estas fechas solían estar repletos del sudor más ignominioso. Seguramente durará poco, pero si el caso hubiera sido al contrario -40ºc en el primer tercio de mayo- hoy los predicadores del cambio climático habrían abierto telediarios y parecidos. Que otro problema del progreso es ver cómo progresan algunos a costa de los otros.
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Diferencias insalvables
Paseo por la calle 51 de Phnom Penh, la Rue Pasteur, apreciando los contrastes que ensucian al ser humano. Que en mi materia gris acepto que en la carrera por amasar, si dos personas nacen iguales, y la una genera, por su trabajo e inteligencia, el triple que la otra, nadie tiene el derecho de seccionar al ganador para ayudar al supuestamente necesitado. Que habría que ver si el que gana tres veces menos no desea trabajar domingos y festivos o si el que maneja más billetes se lleva la oficina a casa acostándose siempre a eso de la media noche.
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¿Quién confecciona píldoras de carne en polvo de bebés fallecidos?
No, no es un concurso. Es el nuevo paso delante de China para mostrar a la humanidad que décadas de reclusión en sí mismos les han valido para mucho. Pero estaba claro: cuando Mao mandaba fundir tenedores por ese tétrico ‘Gran Salto Adelante’, o el mismo estratega enviaba a los niños a asesinar a los profesores de escuela, se estaban sentado las bases de lo que hoy es el peor ejemplo de este desdichado mundo, un país que contamina como nadie, que tortura a lo campeón, que asesina en masa y que además, ha sacado –según dicen los vendidos- a cientos de millones de chinos de la pobreza gracias a un brutal ascenso económico. Pero recordemos sin cansarnos estos dos datos: en esa hambruna, guerra y pobreza se metieron ellos mismos –el PCCh tiró del carro-; y los que hoy ya no pasan hambre, cientos de millones, viven bajo una nube de cáncer, ganan 200 euros al mes sin derecho a seguridad social o estudios públicos, y son desinformados constantemente porque el día que se enteren de todo se levantarán en armas.
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Campos de reeducación
Es curioso. Hace cuatro días recibí un correo duro, a la sien. En él, una conocida me insinuaba que “ya que estás en Camboya podrías dejar de seguir metiéndote con China”. Por supuesto, la dama que me remitió su pedido reside en la bazofia que defiende, bajo importante sueldo de expatriada, convencida de que si se llega a saber todo sobre China, el mundo se volverá contra el país donde reside obligándola a salir del mismo. O sea, que tendría que volver a buscarse las castañas al lugar del que nunca debió salir: España.
Y bien, ¿cómo voy a dejar de hablar de China si cada día fusilan, detienen, chantajean, extorsionan y expulsan injustamente a decenas de seres humanos? ¿Cómo voy a tirotearme a mí mismo empezando un serial literario sobre el abejorro común y sus apareamientos en la jungla jemer si en el gigante asiático se siguen generando multitud de acontecimientos?
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Impuestos volátiles
Camboya está entre los países del mundo donde más crece su turismo. Ha habido años que en torno al 30%. El aeropuerto de Pochetong, al oeste de su capital Phnom Penh, se les queda pequeño. Como sus carreteras de otros tiempos que siguen valiendo para enlazar las principales ciudades así como para mercadear en sus riberas. El peligro es constante y el asfalto, a veces, desaparece bajo una manta de arena rojiza.
Son incontables las ONG que saturan Camboya. Y aún más prodigioso el número de cooperantes que con sueldos de expatriados, ayudan a que la economía camboyana salga a flote. Phnom Penh, al ser capital, también mantiene a no pocos cuerpos diplomáticos del mundo. Con todo esto, quiero decir, que Camboya ya no es la Kampuchea de hace un cuarto de siglo, cuando la herencia de Pol Pot seguía apestando un país donde no había turista que se atreviera a poner sus pies.
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Cartografía trolera
Bonito el arte de la cartografía, en donde gentes con cartabones y escuadras en sus cabezas, tiraron mapas marítimos que cuanto más antiguos más imaginación tenían. Y de uno de ellos se saca China las razones que hoy parecen justificar el atentado que está realizando contra todos y cada unos de sus vecinos del sur y del sudeste asiático. Porque si Manolito tiene un problema con veintitrés compañeros de pupitre, sería más que comprensible aceptar que Manolito se merece una reprimenda, une recolocación cerebral y un verano a la sombra de un reformatorio. Que podría ocurrir lo contrario, y que al nadie pararle los pies, Manolito se convirtiera en un mozo mayor de edad cargado de razones –las mismas que no les quitaron sus tutores- para seguir creyéndose el centro del universo.
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El final de Weetabix
Recuerdo la primera vez que hablé sobre el vino en China. No fue una ponencia pero sí una charla importante ante dos docenas de consumidores nativos. Tras ella, se me acercaron dos distribuidores de la ciudad de Dalian, que aparte de brindar conmigo dieciséis veces –en China si sólo brindas tres veces en una hora se considera una tremenda falta de educación- me comentaron el siguiente avance para el ser humano: “¿Y no es posible hacer vino en tres meses? Estoy seguro que esperar cuatro años para vender una cosecha no es rentable”. Por supuesto, aquel pirómano cultural estaba convencido de que solamente se gana dinero cuando se gana rápido; o sea, cuando se introducen virutas de madera en el vino en vez de depositar el líquido en barricas de roble francés durante año y medio. O cuando se juntan polvos, colorantes, saborizantes y agua, y se copia una etiqueta sacada de internet. Que no son pocos los casos de delito contra la salud pública por gentes que vendían vino que en realidad era veneno. Cuando se enteren que el jamón ibérico debe curarse durante largos espacios de tiempo me temo que, ahora sí, España será historia pasada. Que a nuestros preciados cerdos morenos les inyectaran la sal en vena desde en sus primeros meses de vida.
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