Cuenta atrás para el diario impreso
Como si de un cohete programado se tratara, de esos que se lanzan al espacio entre vítores y banderas, la cuenta atrás para los periódicos impresos está llegando a su finalización, con la clara intención de sus responsables en que nos olvidemos del papel y nos centremos en los digital. El vinilo vuelve –nunca terminó de marcharse-, el libro electrónico sigue a años luz del libro original, y el diario, tan importante en nuestra vidas, está llegando a su fin. España será, por cierto, uno de los primeros países del mundo donde se llevará a cabo esta osadía cultural.
Las culpas hay que repartirlas entre editores, directores, periodistas y lectores. Los primeros, por estar vendidos a la sombra de la política, que les hace cada año recibir ingentes cantidades de millones de euros en publicidad institucional; los segundos, por aceptar las ordenes del editor de turno que no les permite informar sobre ciertos dramas si el denunciado es el anunciante; los terceros, los periodistas, por haberse tomado la profesión como si de un funcionario de tratara, dándole énfasis al deporte, fusilando teletipos y contando los minutos para levantarse de la silla e irse a casa; y los lectores, cómo no, por no haber llenado las secciones de ‘cartas al director’, de quejas, insultos y desprecios por la bajísima calidad y la nula independencia de casi todos los diarios que se editan en España, que para capear el temporal creyeron haber descubierto la gallina de los huevos de oro en forma de promociones ridículas, tales como cuberterías innecesarias, platillos de café o chubasqueros futboleros, cuando en España cada vez llueve menos.
El diario gratuito, de esos que se reparten en las bocas de metro o en las calles más tumultuosas de cada población, fue un importante empujón que ha llevado al diario impreso y de pago a esa lanzadera donde nadie es capaz de detener la cuenta atrás (El diario Qué cierra su edición impresa). Sólo viendo los contenidos de esos panfletos uno puede llegar a comprender en qué tipo de deriva está metido el periodismo, de donde sólo se saca más dinero si el periodista se trasviste de contertulio radiofónico o televisivo, se hace reportero de éxito –de esos que posan en las fotos que anteceden a la noticia con gestos irritantes-, o deriva en un futbolero talibán.
Los columnistas, incluso, están viendo perder su cuota de mercado, a causa de la innegable incapacidad cultural de la gran mayoría de lectores, que ante seiscientas palabras sin foto, prefieren pasar la página para tranquilizarse ante esas emotivas noticias con titular, subtítulos, antetítulos, cinco fotografías y decenas de entrecomillados.
Hoy se han volcado a la opinión pública –y a los medios semi hundidos- los últimos datos de la OJD (Oficina de Justificación de Difusión) –no confundir con el absurdo EGM que basa sus resultados en unas cuantas encuestas telefónicas- en donde se aprecia una hemorragia de lectores casi mortal. Ejemplos: El País ha dejado de vender casi 50.000 ejemplares diarios de mayo del año pasado a mayo del 2012. Es el que más pierde, aunque todos han visto decrecer sus ventas de manera alarmante.
La prensa escrita, que indudablemente tiene un serio contrincante en internet, debería apostar por la rigurosidad, la opinión, los reportajes propios y en definitiva, la calidad. Porque no nos olvidemos que el papel lo pagamos y la edición digital no. Y me apuesto un millón de peniques a que el primero que dé un salto de calidad se habrá llevado el gato al agua. Porque aún quedan clientes dispuestos a pagar por un bien necesario. Lo que no es de recibo es que los que abonan tengan la obligación de releer lo que un día antes ya habían visto en internet. Porque si esto sigue así, en mayo de 2013, al menos, dos diarios nacionales en papel habrán desaparecido, como avanzadilla de la muerte total de la prensa escrita.
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totalmente de acuerdo