El hombre del tanque y el que conducía el mismo
La verdad. Me emociono viendo las imágenes que ayudan a entender que en China no todo es materialismo. Porque uno de sus ciudadanos se atrevió, un día después de la masacre de Tiananmén, donde murieron, aproximadamente, algo más de dos mil estudiantes, a frenar a una hilera de tanques gracias a que la cabeza del mismo no se atrevió a aplastarlo. Porque hubo dos milagros, no nos engañemos: el valiente que se jugó la vida sin saber que el que le grababa desde el Hotel Beijing generaría unas imágenes para la historia; y el de la persona que manejaba el tanque, que rompiendo una máxima del enfermo bélico –aplastar al enemigo- piso el pedal de freno para acercarse, también, a la gloria de la historia de la humanidad.
Porque veintitantas horas antes, esos mismos acorazados, pasaron por encima de miles de ‘hombres tanque’, de centenares de tipos que intentaron evitar la tragedia, que seguramente se interpusieron entre ellos y sus sombras, entre la muerte y la vida, para acabar siendo aplastados cuales moscas veraniegas. Y sin camarógrafos apuntando desde la inmensa cercanía.
Hoy día, el mundo adopta posiciones de éxito sin saber bien el por qué. Que está claro que el ‘Hombre Tanque’ fue un ejemplo de exagerada valentía y carácter -¿podría haber sido un Mao Zedong en potencia?- aunque parece mentira que la Humanidad aún no haya chocado contra la otra parte del milagro: ¿quién fue el hombre que conducía el tanque que frenó en seco ante la vida?
No sería de extrañar que ambos –el valiente y el ignorado- hubieran sido tiroteados en ambas nucas tras haberse enfrentado, a la vez aunque en la distancia, al gobierno de Deng Xiaoping, al que pocos, incluso veintitrés años después, piden cuentas. Porque nunca una asociación contraria de conductor y atropellado, llegó más lejos en el enfrentamiento, que al final resultó ser un abrazo a la vida. Un insulto al Partido.
El ‘Hombre Tanque’ sigue abriendo telediarios. Y con todo su derecho. Pero nadie, absolutamente nadie, es capaz de reconocer la labor de aquel conductor de un tanque convertido en miniatura de Guisval. “Murió en un campo de reeducación”; “Le dispararon en la nuca”; “Aún se pudre en la cárcel”… demasiadas muertes y vidas para un valiente sin saberlo. Pero, qué será del tanquista, que en memorable tango del mejor tanguero, bailó a la par de un insolente desconocido, una danza en donde el débil fue reconocido y el fuerte ninguneado.
Hoy, veintitrés años y un día después de la Masacre de Tiananmén, rompo una lanza en favor del conductor de un tanque que, sin orden de los de arriba, se dobló de rodillas ante la vida, para pasar a ser un absoluto desconocido; aún mayor que aquel señor que con bolsas de la compra se interpone entre la cordura y el delirio de masas. Nunca Youtube fue más clasista. Porque nunca la humanidad fue más moderna. E ignorante.
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Comentarios
Tienes toda la razon, y creo que son estos actos de humanidad los que dan un poco de esperanza. Y obvio que no son solo materealistas en un pais de 1.3 billones habra de todo, yo tengo la fortuna de conocer gente de china de gran corazon, si quieren mas informacion sobre este acontecimiento y otros en china tambien les recomiendo que visiten http://laredchina.com
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La mejor reflexion que he leido sobre TankMan. Chapeau.