Reciprocidad confuciana

Importante polvareda –siempre basada en el ultra nacionalismo chino que cree ilegítima cualquier acción contra sus bienes- la que han levantado los norteamericanos al obligar a todos los profesores de chino en su territorio con visado J1 a regresar a su país y solicitar el permiso correspondiente, que según dicen no es éste. El problema no es que se den clases de mandarín en los Estados Unidos –son ya 61 los centros Confucio repartidos de costa a costa estadounidense- sino que muchos de los profesores se cuelan también en colegios estatales de primaria para aumentar sus honorarios. Y parece ser que ese visado no les permite más que enseñar en sus centros oficiales en mandarín, y no en escuelas de primaria e institutos.

Pero claro, la ira del ‘han’ ha manipulado la noticia hasta extremos francamente ridículos, como titulaba un diario local pekinés en el día de ayer: “¿Por qué Estados Unidos complica la vida a Confucio?”; demostrando que por estos lares ser periodista es actuar como el payaso del circo más estrambótico. Primero: porque no se debe utilizar el periodismo para alarmar a la población. Sobre todo si está desprovista de capacidad de discernir y se cree a pies juntillas lo que ese panfleto le dice malintencionadamente. Y segundo: porque no se debe utilizar a Confucio como arma arrojadiza. Ni él pudo imaginar lo que iban a hacer con su nombre. Aunque lo peligroso es que el PCCh lo sitúa en una diana solamente creada por las autoridades chinas que quieren inflar una noticia que no debería haber pasado de ser un breve. Y por cierto: ya va siendo hora de que en este país salga alguien con cara y ojos para sustituir a su leyenda milenaria, a un Confucio que ejerció muchos siglos antes del comienzo de nuestra era. Culturalmente: ¿hay alguien ahí?

Además, es inaudito que el país que está persiguiendo a ‘laowais’ “para limpiar” Pekín de extranjeros, se sienta insultado porque otra nación le exija pasar por el aro de las leyes de inmigración. Bastante deberían agradecer que ese supuesto estado opresor llamado Estados Unidos, le permita levantar nada menos que 61 centros Confucio a lo largo y ancho de su país. Recordemos que la ruinosa España, aún mantiene el Instituto Cervantes de Shanghái, inaugurado hace cuatro años por los Príncipes de Asturias, en estado de tanatorio: ni se dan clases ni se sabe aún la fecha en que se podrán dar. Cinco son, sin embargo, los centros Confucio que ya ejercen en la destruida España. Cinco contra uno –sólo funciona el Cervantes de Pekín-, que demuestra muy a las claras la penosa política exterior española, reflejo exacto de sus políticas interiores.

Como anécdota, la del retrogrado Kung Qingdong, que o es hijo de tejano o sus antepasados, en vez de cercanos a Confucio, eran criminales de guerra japoneses. Porque o si no, es imposible explicar semejante disparate: “Unilateralmente Estados Unidos aprovecha para echar a profesores chinos a sabiendas de que están explicando a sus ciudadanos la realidad china. Mientras, en China se pueden ver por todos lados películas de Hollywood, productos tecnológicos de Silicon Valley y patatas fritas del McDonald’s. Se puede decir que los Estados Unidos nos han invadido totalmente”.

Si los Estados Unidos hubieran invadido en su totalidad a China, tipos como Kung Qingdong no ejercerían de maestros en universidades. Además, la población china hoy sería más culta, libre y aseada, algo que no vendría mal a la evolución del planeta, que sigue cojo gracias a tipos como Kung y sus amigos del Partido Comunista Chino.

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